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Biografía de Claustrofobia - La Fonoteca, página 2
foto del grupo Claustrofobia
Periodos activos
1982 - 1992
Procedencia
Barcelona
Estado
Inactivo
Publicado por
TGL
Fecha publicación
22/08/2018
Estilos
1 fan

 

Recuerdo una vez en Lleida, un concierto nuestro lleno de gente con crestas, vestimentas oscuras… Y nosotros vamos y salimos de blanco y tocando un bolero con una caja de ritmos”, contaba Pedro Burruezo acerca de los comienzos de Claustrofobia. Era el momento de la ola siniestra, la corriente gótica que llegada desde el Reino Unido marcaba muchas de las directrices de la música de comienzo de los 80 por el resto de Europa. Y, sin embargo, las coordenadas elegidas por el dúo que formó con María José Peña en Barcelona en 1982 apuntaban hacía otra dirección completamente distinta. “Lo que queríamos era tocar boleros de una forma transgresora y nada más y no ceñirnos a unos cánones estilísticos llegados desde UK”. La evolución y trayectoria posterior del grupo dejaría claro que aquello no respondía a frivolidad o extravagancia con la que ir a contracorriente (“Nadie mantiene durante años una actitud estilística sólo por epatar”) sino a una predilección clara por una línea a seguir a la hora de hacer música.

Pedro y María José se habían conocido en 1980 y sólo un par de años después formarían Claustrofobia una vez que el proyecto que había iniciado el primero, Los Inútiles, termina por disolverse. Él se encargaría de la guitarra y voz mientras que ella, que también cantaba, tocaba teclados. Queda la cuestión de elegir un nombre para el nuevo proyecto, uno que marcara con claridad cuáles son las intenciones musicales del grupo: “Creo que estábamos en el Metro. Se trataba de encontrar un nombre para el grupo que indicara que detrás de ese nombre había unos músicos con la voluntad de hacer una música intimista: no para las masas”.

En octubre de 1982 el dúo graba una maqueta en la que aparecían temas como “Aquel viejo cantante de jazz” y “Sintonía astral”, e incorporan poco después a la banda a Antoni Baltar (al que conoció poniendo un anuncio en la revista Rock Espezial para formar Los Inútiles) y a Sebastián Montesinos, que provenía del heavy y del punk.

Tras debutar en directo con la actuación que dan en el Pub Lunàtic del barrio de Sans, hacen llegar la cinta que acababan de grabar a Wilde Records, el sello de Patrick J. Boissel, protagonista de la escena punk de Barcelona militando en Ultimo Resorte. “Nos contestaron enseguida. Les encantaba. Así de sencillo. Patrick estaba entre dos aguas. Él venía del punk, pero quería caminar hacia músicas menos rockeras”. El resultado fue la invitación a participar en un sencillo compartido con su proyecto, Patrick y La Marca Amarilla: "Barcelona Ciudad Abierta: Patrik y la Marca Amarilla / Claustrofobia" (Wilde Records, 1983), en el que Claustrofobia incluía “Fiesta en la noche”, en la cara B, mientras que Patrik y La Marca Amarilla contribuían con "Il pleur sur Barcelone".

La grabación la realizaron como cuarteto en un estudio del Prat de Llobregat en lo que resultó ser toda una experiencia positiva para el grupo por la profesionalidad de las instalaciones y medios de los que dispusieron para la época, pero antes de que el disco viera la luz, Sebastián decide dejar la banda: “A él le motivaban otras cosas. Cuidaba mucho las formas y muy poco los contenidos. En lo personal nos llevábamos muy bien, pero, musicalmente, teníamos ideas muy distintas”, informa Pedro de su salida.

El sencillo compartido era en realidad parte de un recopilatorio más amplio de igual nombre “Barcelona Ciudad Abierta” (Wilde Records, 1983) que reunía una docena de grupos como Retrovisor, Elásticos, Melodrama, Relaciones Paralelas, SS-20, Edison… La fiesta de presentación tuvo lugar en la sala Metro de Poble Nou en diciembre de 1983, y consistió en la actuación en directo de Claustrofobia, Melodrama y Relaciones Paralelas. El periodista Juan Bufill no escatimaba elogios a la actuación de los primeros en su crónica del evento para El Noticiero Universal. De los mismos hablaba definiéndoles como “inclasificable trio que enlaza directamente ciertos sonidos de los sesenta (…) con otros ya característicos de los ochenta”, además de emparentar su actitud con la de bandas como Eyeless in Gaza.

También se cuenta con Claustrofobia para el directo de presentación de la revista Accions en la Galeria Maeght en junio de 1983.

El 17 de enero de 1984 volverían a tocar presentando el recopilatorio, en este caso, en la Galería Ciento. De aquella ocasión quedaron registrados una serie de temas como “Amor sensible”, “L’Espía”, “El fracasado”, “Lágrimas en el infierno”, “Isabel se enamoró de aquel cantante de rock’n’roll” y parte de “Fiesta en la noche”, con el que habían participado en el disco de Wilde Records. El resto del año fue de gran actividad para la banda, que tocaría en el Primer Encontre del Nou Rock Catalá celebrado el 19 de julio en la sala Zeleste o el concierto que dieron en Radio Nacional de España en agosto.

Muchos de los temas que componían el repertorio del grupo por entonces encontrarían acomodo en el que sería el disco de debut de la banda en solitario. "Arrebato (Música per a Vetllades d’Intriga)" (Wilde Records, 1984) editado todavía bajo la órbita de Wilde Records, que apuesta decididamente por el grupo, al que ya había mimado con respecto al resto, a la hora de promocionar el recopilatorio de bandas de Barcelona. Para su elaboración el grupo grabó en varias localizaciones: Por un lado “La espía que me amó”, “Sueños de amor” y “Amor sensible” se registran en los Estudios Gema de Barcelona donde trabajan con Joan Sirvent y de su mezcla se encarga Enric Catalá. Por su parte, “Sombras en la alcoba” se grabó en los Estudios Tramontana, con José Romance al cargo de todas las cuestiones técnicas. Finalmente, los temas que cierran la cara B (“Rapsodia bajo el Volga”, “Paris nostalgic (Tango)” y “Lágrimas por un bolero”) se grabaron en directo en la sala Metro de Barcelona utilizando un cuatro pistas Fóstex; de ello se encargó March Roch. La mezcla de este directo la hizo M. Jesús Rodrigo en los Estudios Sonocentro. Como anécdota indicar que la presentación del grupo, que aparece en la grabación, la realizó Javier Sardá. La inclusión de los temas del directo respondió a un tema económico: “Eran tiempos de mucha precariedad presupuestaria para la grabación de un disco. Así que la casa de discos invirtió lo que pudo en algunas piezas, pero se acabó el capital. Hubo que completar el disco con un directo. De todas formas, no hay mal que por bien no venga. En realidad, todo el mundo decía que el directo era nuestro fuerte. Así que decidimos aprovechar el asunto… grabando algunas piezas en directo, lo cual era más barato” relataba Pedro cuando le preguntamos al respecto.

La contribución en directo no fue nada mal recibida, y, de hecho, fue uno de los aspectos que destacaba la reseña del disco que apareció en El Correo Catalán el 10 de enero de 1985. En la misma, tras criticar “el maremágnum de ruidos” que a su juicio apagaba la “excelente voz del señor Burruezo y logra, ¡ay!, banalizar la propuesta en aras de una mal entendida comercialidad” se indicaba que el tratamiento deficiente de la primera cara se arreglaba entonces por la libertad del grupo en directo, utilizando astutamente el fondo de insultos que recibían del público como fondo sonoro.

El debut de Claustrofobia es un compendio de exploraciones en diferentes direcciones, incluidas algunas más cercanas a esas oscuridades afterpunk de las que siempre quisieron distanciarse (“Sombras en la alcoba”). En otras, como en “Amor sensible” se adivinan ya las posibilidades de utilizar muchos de los recursos del pop electrónico de teclados y secuenciadores propios de la época para facturar música de manera muy personal, con la voz de María José sugiriendo arabescos en una atmósfera de burbujeante oscuridad, así como destellos similares a Golpes Bajos y Alphaville en momentos como los de “Sueños de donna”. El disco lo cerraba la interpretación en directo precisamente de una de sus pasiones: el bolero; eso sí, bajo el sello personal que impregnarían desde entonces a su música.

El siguiente disco de Claustrofobia, "El Silencio (Música per a Nits de Luxe i Solitud)" (Justine, 1986), saldría en el sello Justine que pone en marcha José Luis Escuer, que trabajaba antes en Wilde Records, hasta que decide iniciar un proyecto discográfico independiente por su cuenta. “Nos conocíamos y él mismo nos propuso que siguiéramos con él”, nos cuenta Pedro.

El disco se graba en los Estudios Música del Sur. Pedro se encargaría de la voz, las guitarras (española y eléctrica), armónica, piano, percusión y bajo sintetizador; María José de sintetizadores, coros y percusión y Antoní de la programación de ritmos, percusiones electrónicas y sintetizadores. Directamente relacionado con el título del trabajo se incluía en la contraportada la frase “En el país de los sordos reina un príncipe llamado silencio”, atribuida a Tristán Burr y añadían como atributos de cada uno de los componentes, respectivamente, emoción, seducción y brutalidad.

El trío logra afianzarse en su propuesta sorprendiendo con los sobresalientes resultados que obtienen jugando a retorcer la frescura electrónica de New Order con letras casi empujadas a trompicones por Pedro engarzándose con los coros de María José. Pizcas de gravedad intelectual de Battiato, alguna historia propia de El Aviador Dro y sus Obreros Especializados, querencias de espiritualidad árabe, egipciaca por momentos como Los Iniciados, para títulos como “Lluvia dorada en tu boca” componían el collage sonoro de la nueva entrega de Claustrofobia.

El disco vino acompañado del sencillo "El Sudor de las Minas" (Justine, 1986) con dos de los temas que aparecían en la cara B del LP. Por un lado, “El sudor de las minas” proponía un ritmo peleón, casi de jazz salvaje, con un rap de Ragnampizza y la guitarra solista de Sammy “Brother Sam” Keating, y una letanía de nombres de notables como Ian Curtis, Germán Coppini, David Byrne, Chrissie Hynde, o los mismos componentes del grupo. Por otro, la característica elegancia sensual en una pequeña maravilla como es “Rito gitano”.

Poco tardarían los barceloneses en presentar nuevo disco, en concreto, menos de un año. "Repulsión" (Justine, 1987) fue grabado y mezclado en Aprilia Sonido, estudio localizado en Barcelona, con J. F. Santandreu y Peter Eicmenberg como técnicos de sonido. Contaron además con una nutrida lista de colaboradores: para el piano y saxo (Víctor Alba), bajo (José Mingorance), guitarras (José Luis Escuer, responsable del sello Justine), programación de ritmos (Juan Antonio Álvarez) y palmas y voces (Víctor y Paco de Relaciones Paralelas). Pedro recuerda bien quienes eran Relaciones Paralelas: “Eran un grupo harto curioso. Eran gitanos de Sabadell haciendo música siniestra y eléctrica. Luego, con el tiempo, uno de ellos se ha convertido en el notable cantaor Blas Córdoba “El Kejío”. Actúa mucho con el pianista flamenco Chano Domínguez”.

En la elaboración del disco los catalanes tuvieron además dos contribuciones internacionales. Uno de ellos era el artista de Costa de Marfil, Aimé Loba, al que decían haber reclutado en los bajos fondos de la Ciudad Condal. El otro era Robert Wyatt que canta en castellano el tema “Tu traición”. El contacto con el artista británico se produce a través del ya mencionado periodista Juan Bufill, que lo trajo a Barcelona para grabar una aparición en Estoc de Pop, el programa de la TV3 en el que trabajaba entonces. “Le propusimos grabar con nosotros ‘Tu traición’ y a él le pareció estupendo. Sin más. Dudó hasta el último momento por el mal estado de su salud. Pero al final pudo con todo, cantó, hizo algunos pequeños cambios… Fue toda una experiencia grabar con él. Y, más aún, conocerle profundamente”, nos cuenta Pedro, que recuerda la profunda influencia que ejerció el inglés en su manera de pensar en los seis meses en que éste vivió en Gavá (Barcelona). El título aparecería, años después, en el recopilatorio “Flotsam Jetsam” (Rough Trade, 1994) que el sello británico Rough Trade sacó del artista.

“La Elegancia de tus Lágrimas” (Justine, 1987) fue un EP con cuatro canciones de “Repulsión”, “La elegancia de tus lágrimas”, “Carlove”, “La sombra sabe” y “Algo en el amor tiene un sabor tan amargo”, que el sello Justine decidió sacar acompañando promocionalmente el disco. Junto al sencillo de promoción “Mamma Winnie” (Justine, 1987) que llevaría "Los milicianos" por la cara B.

El disco resultaría elegido el mejor disco nacional de 1987 en opinión de la revista Rock de Lux, lo que animaría al sello a apostar por dos reediciones del mismo, la última de las cuáles incluía como extra el tema “Los milicianos”, una canción enorme que corría sino peligro de quedar casi inédita. Pedro rememoraba la importancia que supuso el reconocimiento de los lectores de la revista: “Fue muy importante para nosotros. El disco había pasado totalmente desapercibido, y gracias a aquello se editó en casi toda Europa”.

Parte de la razón de la buena acogida que logró finalmente “Repulsión” puede estar en que es el primer disco que Claustrofobia puede grabar en condiciones. “En el primero y segundo disco hicimos lo que pudimos con lo que nos pusieron a mano. En el tercero, intervino Jorge Peribáñez que nos cedió su estudio porque entró a formar parte de Justine. Ello nos permitió tener acceso a un buen estudio, a más tiempo de grabación, a poder contar con algunos buenos músicos y, en definitiva, a trabajar en unas condiciones más profesionales”, cuenta Pedro, que concede una importancia especial a las primeras grabaciones: “La grabación de los primeros discos siempre fue siempre corriendo y corriendo. La grabación del tercero ya fue una grabación en serio. Hubo momentos, en todas, de gran creatividad, de explosión de ideas, de momentos de improvisación muy creativos… Luego, también hubo mucho estrés porque no controlábamos muy bien cómo funcionaba todo. Cuando no controlas, es fácil que algunas cosas se te escapen de las manos… Fueron años de un gran aprendizaje”.

“Repulsión” fue el último trabajo en el que Claustrofobia funcionó como trío, ya que, tras su edición, Antoní decidió dejar el grupo. Preguntado pasado el tiempo acerca de las razones que le llevaron a tomar semejante decisión, respondía: “Supongo que quería seguir mi propio camino, porque en el fondo pensaba que Claustrofobia era Pedro, y yo tenía que ‘matar al padre’. Casi siempre me consideré un invitado de lujo, con derecho a voz, voto, influencia mutua … No acababa de ser algo mío”. Igualmente apuntaba tanto a que en aquel momento sentía cómo el grupo se acercaba a la profesionalización, sin que le estuviera ofreciendo en cambio ingresos suficientes, como a no sentirse totalmente identificado con el proyecto musical.

Fuera cual fuera la razón última que llevara a Antoni a dejar la banda, el caso es que, para el siguiente trabajo, "Un Chien Andaluz" (Nuevos Medios, 1988), Claustrofobia son ya un dúo en el que Pedro se encarga de la voz, guitarras y laúd, y María José de los coros y sintetizadores. El nuevo disco se graba en los estudios Espai Records situados en Bellcaire d’Urgell, y allí trabajan con Pedro González como ingeniero. Las mezclas se realizaron en los estudios londinenses Trident, y corrieron a cargo de David Young. En la relación de colaboradores que participaron en la grabación aparecen, por ejemplo, Manuel Castilla aportando guitarra flamenca; Antonio “Tacita” Moreno la batería y Mauricio Villavecchia piano y acordeón.

Se iniciaba una nueva etapa del grupo, ya que al cambio en la formación se unía la posibilidad de trabajar con uno de los sellos más activos del momento, Nuevos Medios, dejando atrás su colaboración con Justine: “La gente de Justine eran buena gente, pero no eran editores. José Luis Escuer era un buen tipo, pero más músico que editor. Acabaron en la edición un poco por casualidad”. Tal y como cuenta el propio Pedro, fue Mario Pacheco, responsable de Nuevos Medios, el que le llamó un día por teléfono. ”Me dijo que quería hablar conmigo para ver si podíamos trabajar juntos. Quedamos y empezamos a trabajar. Planeamos juntos “Un Chien Andaluz”. Su intervención mejoró los resultados”. La valoración del trabajo conjunto con el productor es muy positiva (“Nos entendimos muy bien”), aunque finalmente el resultado comercial del trabajo no fue el esperado: “El disco no tuvo el éxito que Mario esperaba y la relación se enfrió un poco. Era normal. Nuevos Medios tenía por aquel entonces mucho éxito con Pata Negra y Ketama y todos sus lanzamientos de grupos británicos en España. Así que nosotros nos quedamos un poco ahí, en el vacío. Pero la relación siempre fue muy buena. Y yo nunca me quejé de nada ante Mario. Siempre sentí que, en cualquier caso, aquella colaboración había sido un lujo en mi vida de artista y como persona (que deberían ser una misma cosa)”. Preguntado por la contribución artística que pudiera haber aportado a la trayectoria de Claustrofobia, el músico también responde sin cortapisas: “Para mí Mario fue un visionario y un productor extraordinario que supo sacar lo mejor de algunos músicos. Sin él, probablemente, algunos músicos no hubieran llegado tan alto desde un punto de vista artístico. No sé si hubo un antes y un después de Mario; Yo diría que no. Porque nosotros siempre hemos sido tan personales que hemos marcado nuestro territorio más allá de las influencias de los productores que hemos tenido”.

Uno de los posibles aspectos a plantear a colación de la relación entre Claustrofobia y Nuevos Medios, sello en el que terminaron recalando, entre otras muchas propuestas, los denominados Nuevos Flamencos, es si el grupo vivió un mayor acercamiento a dicho género a raíz de la misma. A pesar de aceptar el debate, Pedro sí que aprovecha para dejar claros algunos términos: “Siempre quise dejar claro que lo mío iba por derroteros diferentes que, en algún caso, eso sí, podía acercarse o tomar un aire a lo flamenco, pero que nunca sería flamenco ni nosotros lo anunciaríamos así. Siempre fui honesto en esto, creo. El flamenco son palabras mayores. Me merece un gran respeto. Podía decirse, eso sí, que, dentro de lo pop, Claustrofobia podía ser un grupo de una cierta hondura. Alguna de nuestras canciones de la época eran, al pop, lo que la soleá al flamenco. Por ejemplo, ‘Nana del amor amargo’ “.

En una entrevista previa respondía que uno de los aspectos que más le atrajo del flamenco cuando empezó a profundizar en él fue que “los artistas eran artistas en virtud de lo que representaban para unos pocos y, generalmente, para unos pocos muy cercanos, no tanto en virtud de su aparición en los medios, de sus ventas de discos, de las críticas de los que se supone que entienden…”.

De la mano de Mario Pacheco lo cierto es que a Claustrofobia se le abrieron multitud de puertas para tocar en directo: “Nos sentimos muy afortunados de poder trabajar con Mario y Nuevos Medios. Fue para nosotros una bendición. Y nos salieron muchos conciertos interesantes alrededor de todo aquello. Tocamos en un montón de sitios”, recuerda Pedro.

Claustrofobia seguía apostando por el sentimiento a toda costa a la hora de volcarse en su propuesta innovadora. Como acertadamente señalaba Luis Troquel para la revista Factory al analizar toda su andadura, su música siempre estuvo “sobre la cuerda floja entre lo sublime y lo ridículo”. María José indicaba: “Cuando no tienes músicos que te arropen ni demasiada técnica, si te entregas mucho corres el riesgo de resultar histriónico”.

Su música tenía ya por entonces un público que aceptaba lo singular de su propuesta, en la que cabían matices provenientes de muy diferentes fuentes: “sonido andalusí”, “roces con rumba catalana”, “dejes latinos” o “constantes referencias a la música marroquí” eran algunas de las componentes que reconocían en la matriz sonora de los catalanes desde las páginas de El Correo de Andalucía cuando reseñaban “Un Chien Andaluz”. El resultado final, concluían, no era “un disco pretencioso, en absoluto” sino que lograba “personalidad en un sonido poco explorado con melodías sedosas e instrumentación precisa”.

A pesar del enfriamiento entre el grupo y el responsable de Nuevos Medios a cuenta de la poco entusiasta respuesta del público para con “Un Chien Andaluz”, el caso es que Claustrofobia volvería a editar un nuevo disco en el sello. Aunque eso sí, tuvieron que pasar unos cuatro años desde su anterior lanzamiento. La razón del retraso había que buscarla, en opinión de Pedro, en la manera de funcionar de la discográfica: “Nuevos Medios estaba volcada en otras cosas. No creo que hubiera mala fe. Era una compañía pequeña que tenía que aprovechar el tirón de otros grupos para, precisamente, poder financiar otras grabaciones que no serían tan exitosas”.

"Encadenados" (Nuevos Medios, 1992) estaba grabado en Íntima Sound, un estudio situado en el barrio de Gracia perteneciente a uno de los componentes del grupo de salsa Pernil Latino. Con su nueva entrega Claustrofobia parecía satisfacer el deseo formulado desde los principios de hacer boleros y tiempos lentos. Traía casi una decena de temas en los que parecían regodearse en la quietud y suavidad. “El disco es muy sencillo, muy humilde, pero tiene cosas que no han muerto ni morirán. Precisamente por ser tan sencillas” sostienen al echar la vista atrás. Hay de hecho quienes ven que la versión que incluyeron del tema “Cita en Hawaii” de La Mode resiste mejor el paso del tiempo que el propio original, “demasiado apegado a los sonidos de la época”, en palabras de Pedro.

El siguiente paso en su carrera discográfica seria en forma de recopilatorio, “una buena manera de cerrar una etapa y, por otra parte, incluir algunas piezas nuevas”. Para ello, aciertan de lleno con el sello que pueda encargarse de ello: “Un día, al azar, llamé a K Industria Cultural. Al teléfono, se puso directamente Enric Pedascoll. Yo no sabía ni quién era. Al presentarme, me dijo inmediatamente que conocía muy bien mi trayectoria y que le gustaba mucho. Y que había estado en un concierto legendario que dimos, sobre el 84 o así, en la Galería Ciento de Barcelona, concierto que fue un hito en nuestra historia”. El resultado en el que fructificó este acercamiento fue "Les Trèsors 1982-1999" (K Industrial Cultural, 1999) en el que, además del consabido recorrido a través de su discografía, se incluyeron tres temas inéditos y una revisión más actual de algunos de canciones antiguas.

El disco se presentó con un concierto en la sala Apolo, que dejó muy buen sabor de boca en los componentes del grupo: “Fue un concierto digno. Participaron Antoni Baltar, Ragnampiza y otros. Vinieron muchos seguidores claustrofóbicos”.

El final de Claustrofobia llegaría como conclusión de una etapa artística, fruto de la necesidad de cerrar puertas para posibilitar que se abran otras nuevas. Al menos así lo explicaba Pedro en una extensa entrevista que se le hizo acerca de toda su trayectoria profesional. No hubo, según aclaraba, ni discusiones, ni peleas, “ni nada parecido”. Tampoco sentimiento alguno de frustración por sentirse incomprendidos. “Fuimos desapareciendo sin decir nada”, contaba a su vez María José, que indicaba que “aunque más enclaustrados que nunca pero ya no como Claustrofobia” no dejaran de hacer cosas.

La conexión que se establece entonces entre Enric Pedascoll y Pedro Burruezo sirve para proyectar la carrera en solitario ya en la primera década del siglo XXI de este último una vez que la actividad de Claustrofobia se detiene por completo. Sería en el sello K Industria donde se editarán los trabajos de Burruezo & Bohemia Camerata, la vía de escape de la música espiritual que encuentra el músico catalán.

La labor de Violeta Gómez, cercana a la banda en su momento y que ha mantenido siempre una relación de amistad con Pedro, posibilita la edición de "Fiesta en la Noche" (Discos del Arrabal / Discos de Paseo, 2006), un verdadero ejercicio de fuerza en formato de doble CD que contenía abundante material de Claustrofobia correspondiente a la etapa previa a la edición de “Arrebato”, su álbum de debut.

Pedro seguiría canalizando su actividad musical con diferentes proyectos como Burruezo & Nur Camerata y Burruezo & Medievalia Camerata. Cuando, para terminar este recorrido por lo que fue Claustrofobia le preguntamos por los recuerdos que le vienen cuando piensa en todo aquello responde: “Recuerdo, principalmente, sensaciones de conciertos en que sentía una gran excitación. Una especie de conexión con el universo a través de una música que se nos escapaba de las manos y de ahí su lirismo y su belleza. Éramos unos provocadores para la época. Ahora eso me cansa un poco. Realmente, ahora voy directo a la búsqueda de la belleza y lo de la provocación ya me sobra, aunque, quizás sin quererlo, sea ahora más provocador que nadie”.

La presencia de Claustrofobia se ha hecho notar en recopilatorios posteriores de muy diferente signo: “Nana del amor amargo” se puede encontrar, por ejemplo, en “Nanas Contemporáneas” (K Industria, 2005) y “Nuevos Medios 30 Aniversario 1982-2012” (Nuevos Medios, 2012); “Paris Nostàlgic” encontró acomodo en “Tensión – Spanish Experimental Underground 1980-1985” (Munster Records, 2012) y “Sombras en la alcoba” en “Sombras (Spanish Post Punk + Dark Pop 1981 – 1986)” (Munstre Records, 2013). El sello madrileño Munsters volvería a contar con material suyo una vez más en “Interferencias Vol. 2 (Spanish Synth Wave 1980-1989), donde utilizó “La espía que me amó”. Todo ello habla de la repercusión a posteriori de uno de los proyectos más interesantes, personales y arriesgados de la década de los 80.

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