Acetona

Para su nueva entrega, La Masacre volvería a los estudios Guamasa de Ayoze Hernández, contando en este caso con el abrigo de Los Ochenta Pasan Factura para la edición.

Con un intrigante diseño a partir de un omnipresente color rojo y fotos de enfermeras (toda una promoción probablemente recibiendo su consabido título), los canarios parecen predisponer al expectante oyente a una atmósfera de aparente y obsesiva quietud, precediendo a una tormenta. Si no los rayos y truenos, lo que abre el disco es la electricidad como de motosierras que aportan las guitarras de «Nunca debo estar«. Tensión y contundencia para una letra complicada, zizagueante.

Han contando con la colaboración de Fafe (Ataúd Vacante, Brutalizzed Kids) que ayuda en «Muñeca sensorial«, uno de los temas en que probablemente mejor construyen una de esas melodías casi industrial que termina picando en la piel y que han acompañado por un videoclip más que recomendable.

Y es que, ya es conocido de sus trabajos anteriores, la de La Masacre es una propuesta áspera y dura. Penetra en la carne incidiendo de manera sinuosa como grunge o post-hardcore denso y pesado. Consiguen imprimir a su música un punto de irritante electricidad que quizás sea él mejor envoltorio para unas letras que apenas si ofrecen asidero alguno para el oyente que se pierde intentando desentrañar significados que lo estabilicen en su escucha.

Una letra dura como la de «El perfume«, con sangre y hedor desagradable, que como las del resto del álbum, suenan a interpelaciones de quien entre espasmos y convulsiones, como si de enfermedad o un mal viaje químico, se dirige agresivo a una segunda persona. «Nunca me miras igual«, «Ni siquiera tú te lo crees«, «Arrástrate y ven«, «En el acto tú quieres más«, «Ahora quieres mi suero, tu cuerpo se viene al suelo» …. recriminaciones, órdenes y hasta descalificaciones en crudo: «Chiquito gilipollas ¡Miserable! Gente como tú, mejor ¡lejos!«. El disco transmite la misma claustrofobia de quien permanece obligado y encerrado en la misma habitación que la víctima de posesión diabólica o simple síndrome de abstinencia. No resulta precisamente una frivolidad la primera suposición a tenor del tema que dedican a la actriz de Carrie (1976), la película de terror de Brian de Palma.

En lo musical, se mueven bien en diferentes aguas, apuntando a las maneras de las L7 («La bestia«), sonando casi a stoner americanos en «Sissy Spacek» y permitiendo que temas como «Menos de cinco minutos» o «Elektra» evolucionen en lo que avanzan los minutos, surgiendo a retazos la música a puñetazos o disparos.

No es una apuesta clara y única por la velocidad sin control, y dejan, por ejemplo que la agresividad de «Mierdas» venga contenida en forma de cuerpo sinuoso, lento casi de reptil con ganas de morder.

Potencia, percusiones ametrallantes, hechuras de gran banda americana y una envolvente de gran misterio, sin quererse mostrar abiertamente a modo de marcado sello personal.

Grupo:

Exponentes de la frenética actividad musical que...

Compartir:

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en linkedin
Compartir en pinterest
Compartir en whatsapp
Compartir en email

Tracklist:

  1. Nunca debo estar
  2. Muñeca sensorial
  3. Menos de cinco minutos
  4. El perfume
  5. Cortes
  6. Mierdas
  7. La bestia
  8. Sissy spacek
  9. Elektra

Compartir:

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en linkedin
Compartir en pinterest
Compartir en whatsapp
Compartir en email