portada del disco Solo un Hombre

Con un título que pretendía disipar dudas sobre la masculinidad del cantante, se publica a finales de 1972 su segundo LP. En aquellos años, tener piel suave, ojos azules y voz capaz de llegar a notas agudas eran rasgos suficientes para ser acusado de falta de hombría en un país de morenos acostumbrados a comunicarse a voces destempladas.

La producción correspondió a Juan Pardo y entre los temas destacan además del triunfador “Amor, amar”, primer hit del cantante alcoyano, una estupenda “Fresa salvaje” en la que demuestra que no solo se le dan las baladas. Coros femeninos casi extraterrestres para gustarse diciendo la letra de una canción poco exigente para su voz. Este tema estaba destinado a encabezar un single y ya el año anterior se había distribuido en un promo, pero finalmente se optó por potenciar la faceta más suave de Camilo, en detrimento de sus canciones más movidas.

Con “Fuego” el cantante empieza a ejercer de superstar, colocándose delante de un orquestón y un nutrido coro para tirar de vozarrón y marcarse una interpretación de crooner de los grandes. En la misma línea, aunque menos brillante y también con el omnipresente coro femenino tenemos a “Sara”, un tema movido solo apto para chorros vocales importantes. La balada susurrante marca de la casa tiene su representante en una aburrida “El porqué”. Algo mejor resulta “Piedra sobre piedra”, que nos suena a canción norteamericana –tipo Johnny Mathis o Andy Willians, en su melodía y tratamiento.

Tirando de inglés, una lengua en la que luego se prodigaría, Camilo interpreta la discotequera “To be a man”, que, salvando distancias, nos recuerda bastante algunas canciones de Barrabás de esos mismos tiempos. Un grupo, éste, por cierto, que colaboraría más tarde en un fallido proyecto junto a Camilo que, no olvidemos, siempre fue un buen amigo de Fernando Arbex.

Finalmente hay que referirse a la canción que titula todo el álbum. Precedido de un solo de oboe, instrumento al que volveremos a escuchar más tarde, Camilo desgrana una lentísima letanía envuelta en violines. Una buena canción, pero que carece del tirón comercial que otras similares que encabezarían exitosos singles anteriores y posteriores.

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