portada del disco The Fall of Public Man

He de confesar que este trabajo es el que más me intrigaba de todos los que conforman la discografía de Mishima, quizá porque es el que resulta más difícil de adquirir y por las polémicas que suscita acerca de su continua ascensión en la escalada del grupo, o más bien de decepción, descenso de calidad y de las expectativas creadas. Pues como suele ocurrir, ni lo uno ni lo otro: por una parte es muy difícil con una ópera prima tan redonda mantener el tipo y todavía más la respiración; por otra, aunque no vamos a discutir ese bajón, no es en absoluto un trabajo desechable. Porque es curioso, pero la intriga y el suspense siempre van unidos en el pop a los viajes más ambiguos, más indecisos y arriesgados, y éste lo es.

De nuevo con título de libro, en esta ocasión de Richard Sennett, que contrapone la cara pública (su proyección social) o privada del individuo, la dificultad de buscar un equilibrio entre ambas y en cuya ecuación siempre acaba perdiendo la estabilidad éste, cayendo entre el bullicio sin saber muy bien qué papel cumple, frustrándose, amortiguando la confusión -¿hay algo de esto en los mensajes subliminales del CD?-. Algunas ascuas, pero en éste se pierde la mayor ortodoxia del primero en cuanto a Leitmotiv, apostando por algo más convencional que toque numerosos temas y perspectivas.

"Sunny day", primer brochazo del controvertido album, es un tema impecable, de sabor californiano, con una interpretación vocal muy adecuada a su hippismo, aunque dejando entrever en el registro una cierta pesadumbre como si se tratase de una mirada cínica que opusiese ese día perfecto con los fantasmas interiores. La música parece somnolienta, como si despertase de un profundo sueño, con power pop a fuego lento que va cubriendo con pinceladas impresionistas, ágiles y precisas, los pequeños matices, los aminados colores; muy buen comienzo.

Otro gran tema y además muy recordado en los directos por su creador es este insistente "Dolor", que mira sin pudor a Spector en una canción circular fantástica que empieza y acaba en la misma taberna de autocomplacencia, con pocos vuelcos de tempo y arreglos que logran intensificar el significado primitivo del despecho muy en el ejercicio casi naúfrago en cuanto a la letra de Enrique Urquijo en solitario; una canción, pues, perfectamente estructurada.

Refresca un poco la cara la popísima "Beatiful drunk", con unas programaciones iniciales que recuerdan mucho a las baladas dance de los 80, ideal para deleitarse tranquilamente con un buen combinado, mirando cómo el correr de la vida te desafía mientras tu te das un paréntesis. Una canción que vira desde la conformidad a una fragilidad, para finalmente desembocar en un cauteloso grito; aunque es un buen tema la versión del directo muestra sus verdaderas garras.

Hasta aquí, como se ve, bien, aunque hemos ido saltando de planos muy distintos tanto anímica como melódicamente, siendo esto tanto su mayor atractivo como su talón de Aquiles, dado que a veces estos cambios de sentido desconciertan. Pero "New & Strange" da el primer golpe bajo en el hasta ahora buen curso de las aguas. Tiene un comienzo prometedor y muy sugerente -pensaba que por fin alguién iba a tomar el relevo de los experimentos de Marvin Gaye y poner un poco de sensualidad no inductiva en la Iberia Sumergida-, pero el tempo deriva en una composición que ni vocal ni melódicamente se hacen con el control, de lo más soso y prescindible de la formación.

Alivia ésser "Eterna com Roma", pero algo falla en la masterización de este doctorando spectoriano. Especializado en sus excesos con Ike y Tina, por ejemplo, la programación musical suena dentro de un ascensor y la voz solista parece agonizar en medio de una ventisca donde no se entiende nada. Quizá es intencionado, pero no funciona y entristece saber lo que podría haber sido esta canción con otra producción y otro enfoque distinto a este, en el que tanto Jordi C. Corchs como el grupo fondean en una deriva irreversible. A este respecto deberíamos reseñar que en el libreto del disco reza una frase que dice: "Por favor, danos una oportunidad. Al menos una vez en tu vida, esúchanos a todo volumen". ¿Tuvo algo que ver con este corte? ¡Qui lo sap!

La gema que llega ahora borra de un plumazo estas distorsiones cognitivas, y (sí i tant) nos deja helados este "No tant", quizá una de las mejores canciones de amor de toda la carrera de Carabén, real, sufrida, contrastable con la experiencia; una verdadera alocución de la dificultad del querer sin ahorrarse rutinas, decepciones, involuciones, miedos, tormentas... increíble. La viste ajustado, pegado a la piel, un medio tiempo tan consistente que parece una instrumental que suena de fondo. Además, la gran Marina Rosell ponen sus heridas y emotividad en esta preciosidad, nuevamente circular y cotidiana, y ahora más que nunca, clara anticipación de la descendencia.

El último tramo del disco viene magnánimente capitaneado por ese "Summertime", que es quizá el que más recoge los recuerdos del "Lipstick Traces" (The Rest is Silence / Discmedi, 2000) junto al ya comentado "Beautiful drunk", vital pero añorante, en un ruego que no renuncia a arañar, y que engancha espiritualmente con el "Sunny day", provista de coros dignos del California Girls. Pop fresco y juvenil sin mayores jaquecas.

Es una pena que la solemnidad pejiguera de "Somethin' stupid" (título muy acertado con su agreste resultado) vuelva a emponzoñar la caída, una canción que se estira y tensa, mientras no sucede nada, y uno aguarda sujetando, y se vuelve a reiterar discursivamente en un espacio estéril y vacuo; excepto una sola cosa: ese marvilloso solo de trompeta de Xavi Tort que tanto recuerda a la más excelsa "My whole life cryin". Así que en cierto modo me retracto y confieso que por esta delicia instrumental merece la espera.

El complejo título "A little dark spot in the city" vuelve a fletar la empresa en una bipolar canción que retoma las lagunas melódicas tan incisivas de "Summertime" para recrearlas en una visión de la rutina urbana fagocitándose en sus habitantes. Vocalmente David parece guiñar a Lou Reed y su "There she goes"; casi como de caja de muñecas se nos abre la cortina mientras la percusión va ganando altivez hasta arribar a ese poderoso solo de eléctrica de Christian A. Korn que da cauces insospechados a un tema que parecía ya controlado por el oyente. Muy interesante.

La oda a Jimmy Herf refuerza la idea de que no nos hemos equivocado de apostar por este trayecto. ¿Personaje de "Manhattan Transfer" (1925) de Dos Passos? Seguro que sabe que su desperación en amar y sentirse protegido le hace caer delante de la cámara de Carabén, quien sabe que el erratismo propaga pérdidas e inmovilización. Musicalmente es delicada, etérea, pero su fondo de aguerridas cuerdas muestra un transfondo más dramático, aderezado por esos dulces susurros de violín suponemos que de Lidia Viñes. Silencio para digerir y ordenar las carcasas e intimidades, y antes de acabar la guitarra de Carabén y su voz más conmocionada ante el abandono y la despedida, apenas un minuto de sollozos y despecho pero muy grandes. "Tan pronto como fuistes olvidado, tan pronto como fuistes sustituido..."

Pues queda dicho, en contra: dos canciones principalmente que chirrían y acusarían aparte mucho la distensión musical en comparación con las sucintas canciones actuales, y un cierto desconcierto a la hora de marcarse un rumbo conceptual y melódico, picando de diversas corrientes no siempre compatibles, desde reminiscencias al anterior disco ("Beatiful drunk" o "Summertime"), primeros coqueteos Philles Records y circularidad ("Dolor", "Eterna com Roma"), brisas californianas ("Sunny day") u odas llenas de lirismo ("Jimmy Herf"), sin olvidar experimentos desafortunados o la ya casi "Trucar a Casa" (Discmedi, 2005) ("No tant"); extravío que además sólo se percibe en este trabajo. Pero a favor: tenemos la garra ("A little dark spot in the city"), la belleza padecida ("Dolor"), la brisa húmeda y cálida ("Sunny day"), la experimentación ambigua ("Extraña com Roma"), la verdadera herida vivida ("No tant"), etc. Eso sin olvidar la marca de agua y de ADN de un grupo que iba a pegar un salto al vacío grandioso, mediante esta obra necesaria para comprender y saborear las mieles que depararían estos caballos desbocados.

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