portada del disco Las Increíbles Aventuras de Juan Antonio Canta

Puro en intenciones e inocente en las formas, como si de un “Te quiero” inconscientemente susurrado a una fotografía de “Catherine Deneuve” se tratara. Así se nos presenta Juan Antonio Canta en solitario, tras haber dejado satélites flotantes girando alrededor de sus trabajos psiquiátricos que ya denotaban su valía en la labor compositiva.

Otorgando un poder absoluto a la palabra y explorando los múltiples recovecos de su voz, apenas arropados por el sosegante murmullo de su guitarra, pronto nuestra atención se ve embelesada por la mezcla de aromas de café, trucos de juglar y malabares lingüísticos, que nos llevan de aquí para allá. De “Copla del viudo submarino” a “Johnny Mc 'n' Roe”. De un callejón de un arrabal francés con ecos de acordeón, a una delirante y divertida lluvia de ideas fruto del juego de la improvisación, llegando a esa agridulce melancolía a veces paladeable que es “Cama roja”: una cama sudorosa de utópicas ilusiones, deformemente reflejadas en el espejo resquebrajado de la realidad que termina por sumirnos en el desasosiego y el desengaño (“Entre lo malo y lo peor yo no elijo nada y sigo soñando”).

Es cierto que tras el rojo resulta difícil mantener el tono, y quizá por ello igual resulta repentina la irrupción en escena de esa banda de trileros y mangantes con sus sonidos circenses y cabareteros, arramplando a su paso con todo, y dejándonos literalmente desplumados. Pero es que los sinvergüenzas siempre han tenido venia para hacer lo que les diera la gana y, aprovechándose de esta impunidad, primero una balada al más puro estilo italiano, cuyas reminiscencias a Sergio Dalma resultan inevitables, y dotada de un estribillo que, aunque sometido al cristal de la burla irónica, francamente la desmerece. Luego un disparatado tema tecno-pop que bien podrían firmar los mismísimos Astrud, y para finalizar, “Una jaula de monos”, que directamente entrega la llave a Lou Reed para que nos acabe encerrando a todos.

Sí, por el medio se ha quedado la “Danza de los 40 limones”. Dadaísta con referencias explícitas al cineasta Peter Greenaway, rebuscados guiños al jugo empleado por ciertos toxicómanos, simple y mera broma para los amigos de la Peña Limón...

Quédense con la versión que más les guste y disfruten del disco.

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Comentarios

foto del usuario C.F. Esteban
C.F. Esteban
24 agosto, 2009 at 15:28

Qué pena que estas canciones se hayan perdido, como otras tantas cosas bonitas, por el absurdo, nimiedades varias y miedos esquivos.

foto del usuario Adrià
Adrià
31 agosto, 2009 at 21:51

Gran e infravalorado cantautor.

foto del usuario C.F. Esteban
C.F. Esteban
1 septiembre, 2009 at 11:15

Sí, genial que se reivindique” desde lafonoteca, yo, en cierta manera, le conocí gracias a ella 🙂

foto del usuario antonio javier lopez gomez
antonio javier lopez gomez
24 octubre, 2010 at 01:43

Un pedazo de cantautor…menudas risas me he pegado yo en sus momentos con pabellon psiquiatrico.

Una pena que la gente le acabara conociendo por lo del limon 🙁

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