portada del disco Hombres

Loquillo los Trogloditas se encuentran ante su gran reválida: el principal compositor, Sabino Méndez, ya no forma parte de la banda. Ricard Puigdomenech, que es quien hace las funciones, de alguna manera, de segundo compositor, musicando habitualmente las letras de Loquillo, no puede momentáneamente asumir ese papel, ya que se está recuperando de unos problemas de oído.

Hay que seguir , y hay que hacerlo pronto y sin mirar atrás.  Así que Loquillo asume el mayor peso compositivo, prepara la mayoría de las letras, trabajando las canciones con Sergio Fecé. Aporta también la música del que será sencillo de éxito, “Un hombre puede llorar”, su viejo amigo Carlos Segarra, que no suele fallar cuando se le necesita.

Se estrena, asimismo, como compositor, el bajista, Josep Simón.

Musicalmente, la banda ha ganado a un importante guitarrista, rápido, contundente y eficaz, Xavi Tacker, pero ha perdido en orden y en liderazgo. El sonido es, de alguna manera, caótico. Las guitarras son potentísimas, y en ocasiones no dejan que se escuche la voz. Se palpa cierta ansiedad, mucha rabia contenida, ganas de gritar "estamos aquí, y no hemos aflojado", Los Trogloditas tocan muy rápido y muy fuerte,con fiereza, y Loquillo, más que cantar, ruge con voz rota. Hay mucha rabia, pero Loquillo y Los Trogloditas, en este disco más que nunca, transmiten una gran desorientación, lleno de cancioens menores y caminos a medio explorar. Sólo "Brillar y brillar", en la que después nos detendremos, da la sensación de estar a un nivel comparable a las mejores canciones de las anteriores entregas.
Con todo, se pasa el trago y se obtiene un gran éxito de ventas, alcanzando el disco de platino, en gran parte por el efecto arrastre que tenían los discos anteriores, pero también por el éxito de canciones publicadas como sencillo, como “Hombres” o la citada  “Un hombre puede llorar”.

Lo más destacable de este disco, sin embargo, es más oculto, y ocurre cuando el técnico de sonido del grupo y ayudante en tareas de producción, Iñaki Altolaguirre, le hace llegar a Loquillo una grabación de un tal Gabriel Sopeña: músico, poeta y catedrático universitario aragonés de historia antigua. El tema se llamaba “Brillar y brillar”, es una gran canción, y Loquillo encuentra que esa es exactamente el tipo de composición que él necesita y que iba buscando. Decide grabarla e incluirla en el disco, comenzando una colaboración que ya no dejará de repetirse, y que ha marcado gran parte de la producción musical de Loquillo en estas dos últimas décadas.

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