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LaFonoteca, Disco: El Espectador
portada del disco El Espectador

Bien, vale, se puede entender. Que sí, que para los que adoren “Las Leyes del Equlibrio” (Recordings From The Other Side, 2005) por su oscuridad, su difícil acceso, su audaz estructura, pues el tercer disco de Julio de la Rosa puede que les siente como un jarro de agua fría. Sin embargo, es equivocado decir que un trabajo como “El Espectador” (Recordings From the Other Side, 2008) sea fácil en su totalidad. Grabado como maqueta, según Julio de la Rosa, en un ambiente relajado, entre amigos, entre los que se encuentra Abraham Boba y Pablo Magariños y Wences, de Nueva Vulcano, tras dedicarse a la banda sonora de la película de Gonzalez-Sinde, “Una Palabra Tuya” (2008), el disco se publica en el 2008 tal y como quedó en aquellas sesiones. La masterización, sin embargo, se realizó en Barcelona y, de hecho, se siente el ambiente portuario omnipresente en el álbum, tan cercano a Calamaro (solo de refilón, las influencias se deberían buscar más lejos).

“Caradura”, acertada elección para single, es cierto que es mucho más accesible que la oscuridad de “Las Leyes del Equilibrio”, pero sin embargo la letra da muchas más vueltas de lo que parece. Gracias a estar escrita en tercera persona, la canción engancha de principio a fin. A lo largo del disco, el ubicuo acordeón le da frescura y luminosidad a las composiciones, pero en ningún lugar le alejan de su estilo propio. Es decir, siguen estando ahí los recursos que utiliza en “M.O.S” (Recordings From the Other Side, 2004), y más en este que en “Las Leyes del Equilibrio”. Sí es cierto que es un disco ambicioso en lo que se refiere a la lírica: desde la propia “Caradura” a la genial “El transformista”, influida, según reconoce el autor por una idea de Ortega y Gasset. Más ambicioso también porque propone temas más allá de las relaciones amorosas (“Las Musas”, “Amigos de mirar”). Sin embargo, la radiable “La cama” es toda una excepción, pues más que en la letra, más directa y previsible que las demás, su fuerte está en la melodía.

También juega a favor de Julio de la Rosa, el canallismo heredado de Tom Waits, más allá que el de Andrés Calamaro, al que solo se acerca por el tono de la voz y el papel del acordeón en determinados momentos, sobre todo en la citada “La cama”.  Y es un punto a favor, ya que suena más natural que cuando Nacho Vegas y Bunbury se acercaron al compositor de Pomona en “El Tiempo de las Cerezas” (EMI, 2006).

Afortunadamente para Julio de Rosa, es capaz de enfocar su creatividad hacia otros temas lejos del amor, como en las citadas “Las musas” y “El transformista”, así como en la declaración de principios de “No era uno de esos locos”. Al referirse a otros, en muchos casos se puede interpretar que efectivamente, Julio de la Rosa, es un espectador de sus personajes. Sin embargo, no es un disco sin pasión. Y, aunque, parezca más simple en sus concepción, es mucho más sincero y menos pensado que “Las Leyes del Equilibrio”.

Una nueva forma para él como compositor con esta accesibilidad. Aunque hay que estar de acuerdo con el propio Julio, cuando dice que él no se considera inaccesible. Aquí demuestra que esos mismos estribillos, depende de cómo se revistan, aparentan mayor o menor dificultad.

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