portada del disco Viva el rey

Definidas las coordenadas con las que gestionar las ganas de exploración de los universos sonoros más dispares, Mohama Saz vuelven a la carga con una nueva entrega. Si para el anterior disco, "Negro es el Poder" (Humo, 2017), habían cuidado el capítulo de colaboraciones, encontrando una amplia lista de ayudas externas, las premuras de tiempo con las que se elaboró este "Viva el rey" (para el que especificaron el uso de minúsculas en el título) para cubrir los plazos que le indicó Pablo, responsable del sello asturiano Humo, hizo que trabajasen de manera más autónoma. Fueron las mismas cuestiones de premura con el calendario las que obligaron a descartar la opción de la masterización en Circo Perroti, optándose, en cambio, por Carlos Díaz en Santa María de la Vega (Granada).

Pero con todo, nada se ha perdido de la esencia de la música orientalista de los madrileños. Logran, por ejemplo, que "Esplendor de cristal", suene a una mezcla de aventura espacial, como de astronauta de Bowie perdido sin solución por el Espacio y de destrucción a modo de auto-inmolación de todo un reino apretando el botón que desencadena lanzamiento de misiles. Todo ello manteniendo la arquitectura de canción pop interpretada con instrumentos y maneras de latitudes situadas en las antípodas de la corriente anglosajona dominante, y de la que explícitamente dicen querer escapar.

Todo ello coexistiendo en pie de igualdad con composiciones de verdadero free jazz como "Nenúfar".

Mucha de las capacidades de la banda para integrar las distintas capas que conforman sus fuentes de inspiración quedan de manifiesto en cortes como 'Altiplano'. Para el mismo se hace versión de dos tonadas bolivianas ("Viday" y "Putucun") a las que se añaden aires africanos y, como explican ellos mismos, onda moondog.

La música de Mohama Saz está compuesta para disfrutar identificando las distintas aportaciones, como si de desgajar un milhojas se tratara. Apertura de mente, eliminación de prejuicios y restricciones.

Quejíos con regusto flamenco sobre fondo de rock para ambientación de navajas, sol, miedo, sangre y confesión para "Semana santa", una canción que termina en un ejercicio de experimentación soltando las riendas.

Una nueva gran entrega que parece reafirmar que las posibilidades abiertas a la filosofía musical de Mohama Saz son, sencillamente, infinitas.

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