Recuerdos de mi Tierra

Nos encontramos ante un LP que delimitó dentro de ese cajón de estilos diversos denominado música progresiva un territorio llamado Córdoba, dotado de características propias ajenas a la música que se hacía en la vecina Sevilla. Seguramente se trata de uno de los cinco mejores LP del floreciente género que dominó la música española de los 70 para desaparecer cual dinosaurio en la siguiente década. Esas características distintivas, compartidas con sus paisanos Medina Azahara, eran las de un rock duro trufado de elementos arábigos en la instrumentación y unas letras pegadas al asfalto de la calle, huyendo en ambos casos de las tonadillas y ensoñaciones oníricas propias de lo que algún estudioso ha bautizado particularmente como estilo trianero.

El disco se inicia con una larga declaración de principios sonoros “Recuerdos de mi tierra”, en la que escuchamos sin extrañeza el maridaje de la agresiva guitarra eléctrica con los arpegios delicados de su hermana española, todo ello bajo la atenta mirada de unos teclados escapados de alguna torre árabe. Una delicia de tema que no fatiga al oyente a pesar de sus casi ocho minutos de duración y su complejo desarrollo melódico.

“El bizco de Los Patios” está dedicado a un curioso ladronzuelo cordobés, que lo mismo te robaba la cartera que te regalaba mil duros. Una letra plena de argot y una guitarra solista tan enloquecida como la vida del protagonista del tema. Muchos años después de la desaparición del grupo, es su canción más recordada, a pesar de que en su momento fueron otras las más valoradas. A destacar la conjunción de elementos rockeros y andaluces en los solos guiterreros.

La batería inaugura “Desde que somos dos” y da paso a un desarrollo de elementos del otro lado del estrecho dentro de una estructura rítmica occidental con un notable bajo. Tras la tempestad rockera, de nuevo el remanso de una guitarra española. Cuando todo parece indicar que nos encontramos ante un número instrumental, la voz de cazalla grita una letra herida. Otro tema para quitarse el sombrero con José Rafa García y sus guitarras para echarles de comer aparte.

Aires de zambra gitana en “Ara Buza” con otra larga introducción instrumental en la que la guitarra y la batería se explayan. Letra alegre, casi verbenera, cantada a dos voces en algunos momentos. En el centro, una ruptura total del tema con una percusión cargada de originalidad y unos coros voceando el título de la canción entre sones morunos en el teclado. Otro tema de obligada escucha para los que quieran descubrir un grupo, una tierra y una época.

Pura sinfonía rock en “Suicidio”, un tema pródigo en cambios de ritmo, por momentos difícil de seguir y que, desde luego, merece y necesita más de una escucha para disfrutar de detalles como el registro estridente de los teclados, los garganteos flamencos del cantante o la belleza de la inesperada serenidad instrumental aportada en algunos momentos por la guitarra y rota a puntapiés por la batería y el bajo.

Se cierra el disco con “Obertura en si bemol”, otro tema cargado de fuerza instrumental, que suena un tanto deslavazado en algunos instantes.

En resumen, un disco que chorrea energía en todas sus pistas y con una banda de apabullante despliegue instrumental. Tal vez se echa en falta un tema lento ante la auténtica paliza rockera que nos propone Mezquita en este su primer y, con diferencia, mejor trabajo.

Grupo:

Hacia 1970 los jóvenes cordobeses con inquietudes...

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Tracklist:

  1. Recuerdos de mi tierra
  2. El bizco de Los Patios
  3. Desde que somos dos
  4. Ara Buza (Dame un beso)
  5. Suicidio
  6. Obertura en Si bemol

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