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portada del disco The Last  Laugh

Si algo sugiere este disco a primer golpe de escucha, es que Aroah ha decidido asentarse en nuestras fronteras, a pesar de cantar en inglés, y acomodarse en ese norte nublado y fresco que tan bien combina con sus canciones. Y podríamos hablar así de la saudade y la morriña. Del viento y el oleaje de la costa cantábrica. Quizá me equivoque, o quizá no, su segundo tema se llama precisamente Vigo. Sea como sea, con la primera escucha ya atrapa.

El disco suena de nuevo, y esa impresión descrita continúa. Ahora con más detalle podría decirse que Aroah recoge la tradición de los sonidos americanos de los que bebe y los moldea para que puedan sonar así, a nuestro, a propio, en un disco que, curiosamente, por primera vez, no contiene tema alguno en español.

Grabado durante los meses de julio y agosto de 2003, tras concluir una gira americana acompañando a Grez Weeks, en Esperhaus, Filadelfia, contó con la producción del propio Weeks, y de toda una banda de músicos norteamericanos como acompañamiento. Sí, aún me sigue pareciendo algo gallego a pesar de lo dicho y de las siempre influencias a Townes Van Zandt, May Timony y Tara Jane O'Neal, que puedan citarse con referencia a Irene.

Íntimo y rasgado, hasta cuenta con canción biográfica sobre su relación con la música, “The Last Laugh” (Acuarela, 2004), segundo largo de Aroah, se mantiene en esa línea de cuidar el detalle que ya iniciara con su anterior trabajo, e incorpora los arreglos precisos a cada canción. Una batería suave, órganos, flautas, componen el atrezzo perfecto para una voz que parece siempre desnuda. Una voz en primer plano, nunca ensordecida, al igual que ocurre con la guitarra acústica, elemento inseparable e indivisible de la música de Irene.

“Katharine says” rompe un poco con el cielo gris de la música que Aroah sugiere y da un bello respiro con una de las canciones más destacadas del disco. Breve, dulce, con una voz algo country y un órgano constante que hace que las cuerdas puedan caer, como si de una arpa se tratara. Y siguiendo la estela marcada de enternecedoras canciones “The lonely drunk” no podía dejar de ser reseñada, con de nuevo la voz desprovista de artificios, y esos brincos dulzones de guitarra, en un tema que se erige entre los más destacados.

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