portada del disco Senderos de Traición

Si bien gracias a “El Mar no Cesa” (EMI, 1988) Héroes del Silencio habían comenzado una meteórica ascensión dentro del panorama rock nacional que en poco tiempo se les escaparía de las manos, es bien conocido que no estaban muy satisfechos con el resultado. No tanto con las canciones como con el sonido, ese que, según ellos, sí conseguían en lo alto de un escenario.

Para paliar eso se editó sólo un año después un disco en vivo, “En Directo” (EMI, 1989), que recogía ese sonido más crudo del que el grupo hablaba. El siguiente paso no podía ser otro que un segundo trabajo acorde con esta actitud. Y para ello necesitaban a un productor que les entendiera y plasmase sus deseos en la mesa de mezclas.

Ese productor fue el mismísimo Phil Manzanera (mítico guitarrista de los míticos Roxy Music). Manzanera y Héroes hicieron buenas migas, tantas que el resultado fue posiblemente el mejor disco de la historia del grupo (para ellos y para los fans). O por lo menos el disco más “Héroes”, ya que aunque “El Mar no Cesa” apunta ese sonido deseado, no acaba de conseguirlo. Además pasa por el necesario estado del “disco adolescente” (o por lo menos en su equivalente para Héroes del Silencio), con letras un tanto ingenuas (insistimos, para lo que serían Héroes del Silencio).

“Senderos de Traición” (EMI, 1990) es otra cosa. El ambiente devastado que parece sugerir el viento que se escucha instantes antes de que la guitarra de Juan Valdivia irrumpa como rápidas cuchilladas, muestra a un grupo adulto y (si cabe) más serio. No es cosa de broma, y el LP comienza con las que serían las dos canciones más populares del grupo (ya que el disco sería un rotundo éxito). Primero “Entre dos tierras”, puente de paso entre esos Héroes enamorados de los complicados arpegios de Johnny Marr y los que vendrían, más partidarios de los riffs de Jimmi Page, Joe Perry o el propio Slash. En ella Enrique Bunbury habla en segunda persona: da igual a quien se está refiriendo, el aludido es el oyente que no tiene más remedio que agachar la cabeza, avergonzado ante las acusaciones del cantante.

El tema, tras un encendido interludio hard rock, da paso al otro gran himno de Héroes, “Maldito duende”. La canción, con la intención inicial de ser una balada, acaba convirtiéndose en un canto épico cuyos versos, aparentemente inconexos más allá de la mente del propio Bunbury, se unen bajo su voz cobrando coherencia y fuerza. Tanto es así que uno se puede sorprender a sí mismo subido sobre la mesa con el puño en alto cantando aquello de “Amanece tan pronto y yo estoy tan solo…”. De nuevo ocurre eso tan habitual con las canciones de Héroes del Silencio: al igual que en un partido de fútbol, la involucración del grupo es igual a la de su audiencia.

El resto del disco no le anda a la zaga a estos dos clásicos. Tanto que “Senderos de Traición” se convierte en el decálogo perfecto del fan medio de Héroes de Silencio (coincidiendo además con una popularidad fuera de lo común en un grupo de rock oscuro español en España). En su conjunto, además, es un paso definitivo a la madurez con que Héroes se enfrentan a sus temas, aquí mucho más cercanos a cierto romanticismo salvaje de escritores como William Blake, Charles Baudelaire o Arthur Rimbaud. Mucho de esto  volverá a aparecer en “El Espíritu del Vino” (EMI, 1993)¸ incluyendo un matiz de sabiduría oriental afín a estos temas, todo hay que decirlo.

En “Despertar” regresan al mar (tema que tampoco les abandonará nunca); “Hechizo” alude a esos paraísos artificiales de los que hablaba Baudelaire y contiene uno de los más célebres estribillos del grupo: “vámonos de esta habitación al espacio exterior. Se nublan los ojos todo de un mismo color mientras todo da igual, mientras toda da igual...”, y cuyo clímax es una apabullante cuenta atrás, guiño voluntario (o no) al despegue de la nave espacial del Comandante Tom en la “Space Oddity” de uno de los grandes héroes de Bunbury, David Bowie (el cantante volverá a Bowie una y otra vez en su carrera en solitario).

"Con nombre de guerra" pertenece a un subgénero de canción: el de las que están dedicadas a prostitutas (siendo la más famosa de todas "The Sisters of Mercy", de otro de los favoritos de Bunbury, Leonard Cohen).

Resaltar, por último, la gran canción “en la sombra” de “Senderos de Traición” (aunque sería uno de los grandes momentos de sus conciertos, haciéndose paulatinamente más larga): “Decadencia”, concepto muy propio de Blake (además de otros ilustres como Oscar Wilde y Friedrich Nietzsche) con el que juega Bunbury y que contiene la frase más sugerente (e inquietante) que escribiera jamás: “La casa iluminada espera que alguien entre…”.

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Comentarios

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jose
17 septiembre, 2015 at 03:42

Cuando Bunbury habla de Héroes cita este disco como el mejor de ellos. Coincido plenamente con él, temas como Entre dos tierras, Maldito duende, La carta, Decadencia, Oración, Con nombre de guerra, Senda, Hechizo, en definitiva todas son las canciones son de sobresaliente para arriba y si nos ponemos tiquismiquis algún notable, pero notable alto. Es cuestión de gustos, pero este álbum puede ser fácilmente considerado el mejor disco de pop rock en nuestra lengua. Manzanera supo captar su verdadero sonido insignia.

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