portada del disco Imán Califato Independiente

Nos encontramos ante una propuesta extremista donde las haya. Un disco formado por cuatro temas, uno en la cara A y tres en la cara B, todos ellos improvisados sin ceñirse a un patrón establecido. Música progresiva en estado puro y llevada hasta las últimas consecuencias. El jazz, el flamenco, la música árabe, el sinfonismo, el rock progresivo forman dentro de él una amalgama de estilos que lo convierte en una propuesta original. Tan sólo los Pink Floyd del "Ummagumma" (Capitol, 1969) se habían atrevido a tanto.

Se ha querido ver en los veinte minutos largos de “Tarantos del califato independiente” la cumbre de la música progresiva española. Oídos en la distancia temporal y sin apasionamientos, hay que aceptar que es una obra más que interesante, pero también es preciso señalar que tiene pasajes repetitivos, que las desordenadas voces del principio están de más, que carece premeditadamente de hilo conductor y que el derroche de virtuosismo instrumental solo está justificado cuando está al servicio de una idea compositiva que lo requiera, pues en caso contrario se convierte en puros fuegos de artificio. El tema tiene guitarras más que notables, un mellotrón y otros teclados que despliegan una gama de sonidos sintetizados avanzados para su época y, en general, una atmósfera etérea que invita a sumergirse en las raras aguas en las que se bañan los cuatro imanes protagonistas. La fusión entre jazz y flamenco, tan recurrente después, está bien planteada, pero queda un tanto oscurecida por la mezcla, a veces excesiva, de estilos musicales.

No quiero extenderme demasiado sobre “Darshan”, pues puedes leer su crítica y su comentario en el single correspondiente. De momento sólo diré que me parece lo mejor de este LP y eso debió pensar también su productor Teddy Bautista, que se empeñó en editarla en disco pequeño, a pesar de que este formato breve se prestaba mal a las características de aquella época del grupo.

Dejo para el final las dos piezas menos conocidas de este LP, cuya escucha he seleccionado. Dos temas que, cada una a su manera, nos presentan el estilo del grupo. Los teclados de Marcos Montero y la guitarra de Manolo Rodríguez en“Cerro alegre” mezclan sabiamente lo andaluz, lo árabe y el free jazz. Destaco el principio con el piano acústico entretegiendo una tela de araña alrededor del rotundo sonido del sintetizador, seguido de una larga intervención de una guitarra eléctrica cargada de sugerencias sevillanas. El ambiente creado bien puede adelantarse una decena de años a lo que luego se llamó new age. Aquí el desarrollo del tema queda más claro que en los “Tarantos”, alcanzando un final pianístico memorable.

“La canción de la oruga” es el único tema cantado del disco; concretamente cantado por Iñaki Egaña con letra sacada de textos inspirados por la enseñanza del Guru Maharaji. Una balada hecha de brisa suave, que va creciendo hasta convertirse en un denso viento cargado de arena. A destacar el discreto y efectivo papel de la batería, las percusiones árabes del final y la forma de cantar, casi de rezar, de Iñaki.

No quiero terminar este comentario sin hacer una reflexión. Este álbum experimental fue grabado, producido y editado por CBS sin importarle jugársela con un grupo raro, desconocido fuera de Andalucía y que hacía una música en las antípodas de lo comercial. ¿Se atrevería ahora la más potente discográfica a hacer una apuesta de tal calibre? Gracias CBS y gracias a su director artístico Aurelio González, estés donde estés, porque gracias a vuestra valentía hoy podemos escuchar y opinar sobre esta música.

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