portada del disco Heliotropo

Tras su notable álbum de debut el poeta jerezano José Manuel Caballero Bonald propone a las Vainica continuar su carrera discográfica en el sello Ariola donde trabaja como cazatalentos sin limitación –en este álbum ejerce también de productor-, ya que su sola presencia hacía sentir orgullo a la casa discográfica. Las ficha únicamente para un LP, las impone un ritmo de trabajo estable y un equipo de músicos profesionales, además después de las mil batallas que tuvieron con los arreglos del anterior disco, en éste dejan todo el trabajo sin inmiscuirse en él a Pepe Nieto (Los Pekenikes), todo un acierto a posteriori. El grupo de acompañamiento para este disco fue el formado por Eduardo Gracia (bajo), el peruano José Ébano (batería), Carlos Villa y Martín Carretero (guitarras) y Agustín Serrano y José Manuel Gracia (pianos).

En Heliotropo llevan a su máximo esplendor todo lo que habían apuntado en su debut. Los arreglos están más cuidados y son más adecuados con los temas, el sonido es mucho más homogéneo y la pluma de Carmen está más acertada y/o afilada según requiera la ocasión. Es un trabajo más personal e íntimo, cantan sobre sí mismas y su infancia, un período de la vida donde no tenemos limitaciones, en el cual tenemos mil sueños y nos parece posible que cualquier cosa pueda ocurrir. Pero más que una mirada alegre, las Vainica se presentan aquí con una visión más introspectiva de su pasado. Así tenemos la maravillosa "Habanera del primer amor" que curiosamente las Vainica no la querían meter en el disco y si no fuera por la insistencia de Caballero Bonald nunca hubiera visto la luz, o la "Elegía al jardín de mi abuela, con una dedicatoria y un suspiro" donde Carmen rememora sus bonitos recuerdos en ese rincón de su niñez en el que incluyen un fragmento de Widmung, Op.25 nº1 de Schumann, uno de los temas favoritos de las dos.

Pero no todos los recuerdos de su niñez son buenos. "Réquiem por un amigo" es una canción de desengaño con ritmo funerario y unos arreglos extraordinarios donde la letra es poesía pura. Y "El pabú" a pesar de empezar como una alegre canción infantil se torna en algo más personal para presentar a una madre absorbente y autoritaria con la que nos volveremos a encontrar en el futuro en la canción "Madre que no hay más que una" del LP "El Tigre del Guadarrama" (Guimbarda, 1981). Una figura autoritaria que choca frontalmente con la forma que se tenía que educar a los hijos según las Vainica.

Pero todas las canciones no son tan personales, sino que el dúo, a veces, simplemente crítica aquello que no le gusta, y ahí es donde afila más su pluma Carmen sabiendo donde hacer más daño. Que decir de "Dos españoles, tres opiniones" nada más que es una de las canciones que mejor refleja la esencia de este país, de querer tener siempre la razón, estar a la gresca y no ceder ni dialogar sino imponer. En "Ay, quién fuera a Hawai" critican el uso maniqueo del lenguaje de la época, un tema que iba a salir en la película que Iván Zulueta pensaba hacer sobre El Dorado. Por último en "Agáchate que te pierdes" surge la vena más política del dúo y cargan contra una sociedad gris tanto en lo físico -en las ciudades cada vez había más hormigón y menos jardín- como en lo mental.

Las Vainica llevaban tiempo con la idea de meter interludios musicales en sus álbumes, ya que ellas valoraban más su música que sus letras. Para su primer trabajo no se atrevieron pero en el segundo LP introdujeron el instrumental "Moros, cristianos y chinos" y un pequeño intermedio, esta vez cantado, con "A la sombra de un banano".

El dúo también era muy dado a dar una vuelta de tuerca a sus temas y de ese modo nada es como parece de inicio como se puede comprobar en "Réquiem por un amigo", pero también en "Nana de una madre muy madre" que empieza con un tono dulce para después convertirse en una serie advertencia a su retoño sobre los problemas que se encontrará en el futuro y como tendrá que pelear por sí mismo para conservar lo que desea; y en "La máquina infernal" donde se nota la influencia del rock andaluz.

"Heliotropo" termina con uno de sus temas más icónicos, "Coplas de un iconoclasta enamorado", una canción de amor total donde un hombre es capaz de destrozar todo a su paso en nombre del amor cosa que a Gloria le parecía muy bonito y, a pesar de que la letra inicial de Carmen era contraria al iconoclasta, al final se convirtió en uno de los grandes temas de amor del dúo y un broche perfecto para uno de los mejores discos que ha dado la música en este país.

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