portada del disco El Adiós Salvaje

"El Adiós Salvaje" (Grabaciones en el Mar, 2005) sólo podía hablar de despedidas, de finales, de rupturas. De nuevo un disco conceptual, como ya lo fuera "El Amor Visto Desde el Aire" (Grabaciones en el Mar, 2002), pero esta vez tratando el amor de una manera más concreta: desde los distintos puntos de vista y las distintas sensaciones que se dan en un punto final.

Y el disco suena de manera más acertada que nunca. Canciones que atraen, que se diversifican, más reales. "Si te pregunto por qué hay lágrimas por toda la habitación y callas, si el daño que yo te hice me duele mucho más que a ti, no debes ser sano seguir. Recoge del suelo las sobras de amor, tus ropas, las llaves, porque ya no pienso abrir mas esa puerta aunque lo olvides, por favor sal y no vuelvas". Fragmentos tan destacados como "Pondré un final al dolor para no odiarnos los dos, pondré un final con dolor a nuestro dolor sin final" o "No es perverso que seas joven, lo perverso es que ignores que te uso para encontrar donde estoy".

Y además de ese certero disparo, la música proporciona el elemento vivo, diferenciador, que envuelve a este álbum de distintas canciones. Que sube un escalón en la discografía de Deneuve. Ayudado por temas como "Tesoro 25", o "El sabor de las cerezas", ambas en esa estela poética del anterior trabajo de los cordobeses.

"Algo pasa que no siento despegar los pies del suelo". En este caso ellos si lo lograron.

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