portada del disco Chill Out

La gente dice que Joe Crepúsculo ha vuelto, pero yo en cambio me pregunto, ¿acaso nos había dejado? Joe estaba aquí, con nosotros, simplemente andaba cambiándose de camisa, un ligerísimo parón, prácticamente un parpadeo, para deleitarnos con el que ya es el tercer trabajo de su particular maratón musical y creativa: "Chill Out" (Discoteca Océano, 2009). La palabra presión carece de significado cuando hablamos de Jöel Iriarte, o al menos eso parece, ya que, con “Chill Out", sin duda uno de los discos nacionales más esperados del 2009 tras el victorioso "Supercrepus" (Producciones Doradas, 2008), la leyenda de este trovador moderno continúa alargándose, si cabe incluso haciéndose un poquito más grande de lo que ya era.

El disco prometía sorpresas y si, las tiene, pero más que una brusca ruptura con lo anterior, éste viene a resultar, en mi opinión, algo así como un importante punto y aparte en el camino, una evolución en la forma, en los arreglos (aunque todavía permanecen los míticos órganos y sintetizadores) y en la producción, pero la misma esencia macarrilla a la que nos tiene acostumbrados.

Joe, vuelve a jugar bajo una manta de aparente banalidad e ironía para hablarnos de cosas profundas, cosas tan serias como el amor -tema por excelencia del álbum-, la muerte, la vida, con unas letras que conmueven, que tocan hueso, que sólo pueden nacer de muy adentro, y eso, para una compositor que estoy seguro muchos aplauden únicamente por lo bizarro de la propuesta, es una clara muestra del tipo de artista que tenemos delante: uno que se toma muy en serio su trabajo.

De momentazos como la melancólica balada existencialista con la que se abre el disco (“Toda esa energía”), pasamos al ska ralentizado de “Si no te beso”, descendemos por el valle de la ligera y melódica “Canción del adiós” y de repente, ya estamos ante la bailable “Ritmo mágico”. De la oscuridad tribal de “Cráneo” saltamos en bomba y sin mirar hacia la nostálgica piscina chachachá de la “Noche eterna”, para dar paso a la colorida y vivaz tecno-rumba de “Todo lo bello es gratis”, canto al optimismo donde los haya muy bien acompañadito del siempre hermoso y refrescante sonido de la guitarra española.

Así pues, esto es lo que hay, despejado el interrogante de aquellos que negaban la evidencia y todavía tildaban su fulgurante éxito como algo anecdótico, algo pasajero; Bravo Joe.

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Comentarios

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Raúl Alonso
25 octubre, 2009 at 00:29

Para mi, sin duda lo mejor de Joe Crepúsculo hasta ahora. Por fin, comedido en su longitud! Lo mejor para mi, “Una paloma atraviesa el fuego”, escalofriante. Lo peor, “Siento que muero”, que como todo el mundo ha indicado ya, recuerda a Maná.

Uno de los mejores discos del 2009, sin duda.

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Alejandro López
14 noviembre, 2009 at 15:01

Me gusta un cojón y medio, pero me sigo quedando con el “Supercrepus”. Tengo la impresión de que no se valora suficientemente la gloriosa tanda final de ese disco. “Iván y Laura” es su “Lobo López”.

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