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LaFonoteca, Disco: Lo que te Conté Mientras te Hacías la Dormida
portada del disco Lo que te Conté Mientras te Hacías la Dormida

Después del gran paso adelante que supuso su anterior disco, “El Viaje de Copperpot” (Sony, 2000), donde pudieron desarrollar un sonido y un mundo mucho más personal que en su pobre debut, y con una clara voluntad de persistir en esa senda de mayor capacidad de compromiso con su obra -a pesar de las presiones de su posición como grupo de mayor éxito en España y Latinoamérica del momento-, repiten con el mismo productor, Nigel Walker, y mismo estudio en las landas francesas, para alejarse del bullicio que les rodea.

Si el anterior trabajo denotaba un gran esfuerzo de entregar una obra compacta en cuanto a sonido, realmente engrasada, sin duda, en “Lo que te Conté Mientras te Hacías la Dormida”(Sony, 2003), por el contrario, se busca un eclecticismo mayor, una gran diversidad en cuanto a temas y sonidos. Aunque sigue siendo dominante la temática del amor-desamor, una cierta introspección y cierto ensimismamiento quizá debido a sus continuos viajes, hay un claro posicionamiento en cuanto a temática social se refiere, a veces muy plano, pecando de cierto buenrollismo institucionalizado como en la simplona, bailonga y con cierto aire andino “Geografía”. Metáfora en clave de historia de amor entre personas de diferentes naciones, bien pueden aplicar como respuesta a las repetidas preguntas que les plantean sobre la cuestión vasca, a la que siempre se han opuesto con firmeza, y que con esta canción parecen responder a posicionamientos tanto cercanos como universales. De buenas intenciones está el infierno lleno (y, citando a Flaubert, de malos escritores también).

Esta nueva temática social se repite en temas como “Un mundo mejor”, sobre la situación de falta de libertad en Cuba, con una gran estribillo y preñado de un emotivo crescendo. O incluso con detalles antropológicos como el vibrante single “20 de enero” sobre las fiestas locales de San Sebastián, un tema, el de su propia tierra al que le han dedicado bastantes canciones tanto como protagonista, como simple escenario natural de las propias letras. El inicio del tema es muy similar al de “Cerca de Shibuya” de La Casa Azul, por cierto.

La terna comprometida se completa con “La esperanza debida”, sobre el drama de la inmigración, otra balada que recuerda de manera ligera a algunos temas de Mecano, sobre todo en los delicados teclados que la acompañan. Aunque donde más recuerdan al trío madrileño es en otro gran momento del disco, la trágica “Vestido azul”. Tan trágica que resulta un poco tragicómica hablando de un suicidio por amor.

Nada menos que siete singles físicos se extrajeron de este disco, que se acercó al millón de copias vendidas en España y más del doble a nivel mundial, donde ya empieza a ser un grupo muy consolidado con una fuerte entrada incluso en el mercado norteamericano.

De esos siete sencillos destacan, por diferentes motivos, el primero y el último. El adelanto del disco fue la canción “Puedes contar conmigo”, elegiático canto a la amistad tras romper el amor (aunque su ambigua última frase puede dar a pensar que habla de una posible segunda oportunidad). Compuesta por entero por la vocalista Amaia Montero, escuchando el disco se entiende esta elección. No sólo es la mejor del mismo sino que, quizá lo sea de toda la carrera del grupo. Emocionante, con cambios de ritmos que no hacen sino acentuar esos altos y bajos de las relaciones, ya sean amistosas o amorosas, con Amaia cantando mejor que nunca y dejando de lado los mohines de voz que tanto le perjudican en otros momentos (como en la terrible “Rosas” a la que unen una letra floja llena de frases que sacan los colores). El último verso, con ella casi suspirando es realmente enternecedor.

La otra destacada es la última titulada, de manera bastante extravagante, “Bonus track”, porque no es realmente un bonus track sino una canción más del disco. Aunque en el anterior trabajo y en este había pequeños detalles de introducción de elementos electrónicos (el más notable, en el anterior en refrescante “Pop”, pero también “20 de Enero” o “Tú y yo” en este disco) la ruptura estilística, la sorpresa por encontrarnos con un tema enteramente con elementos de música de baile en un sentido estricto, construída con secuencias y una cama de beats sobre la que una flotante voz se desliza, es, como poco, bastante chocante. Para colmo es una de las mejores canciones incluídas, con un gran trabajo vocal que se adapta a la melodía como un instrumento más, sin destacar.

El disco sencillo físico incluía cuatro remezclas bastante pobres (mucho peores que la original con gran diferencia), a cargo de mercenarios de la electrónica más obvia y machaca como Wally López, o de estrellas internacionales de gran relumbrón como Tiga, que poco le vale para hacer algo bastante ramplón. En cambio, insisto, el tema original con un regusto ochentero, lleno de filtros, vocoders, y un sano espíritu hedonista, deja un buen sabor de boca al final de un irregular trabajo que peca de disperso (la bossa suave y un tanto obvia en “Perdóname”).

Quizá su trabajo más ambicioso pero no el más conseguido, honor que corresponde al anterior.

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