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LaFonoteca, Disco: El Limpiabotas que Quería ser Torero
portada del disco El Limpiabotas que Quería ser Torero

Desde el sardónico título, pasando por una portada repleta de disfraces, utensilios a cada cual más excéntricos y los pintorescos pseudónimos de los creadores en su interior (Lolilla Cardo, Pulpo Baquetas, El Azogue, Se Llamaba Manolo, Con él Llegó el Escándalo...) uno bucea en uno de los discos de rock más olvidados de la época dorada de éste en nuestro país y todo lo que halla parece un poco marciano, circense, surrealista. Y es que "El Limpiabotas que Quería ser Torero" (Chapa, 1979),es uno de los discos más sobresalientes que ha parido el hambre, el rollo, la marijuana y la poesía urbana con tintes de cambio y transformación.

El viaje empieza con la casi psicodélica "Desconcierto flamenco" (J. Vidal), un guiño instrumental que burla con ironía y un ay algo ebrio la ferviente moda de rescatar acordes flamencos a toda costa para subirse al son que más calienta, y desgraciadamente a veces con más marketing que alma. Lo que desconcierta es que esta canción aún podría estar de actualidad debido a algunos abusos por parte de los autoproclamados artistas que hacen enrojecer y llorar. La guitarra empieza como adormilada o perdida, después es rodeada por sintetizadores, oleadas eléctrizantes de guitarras, una percusión personalísima del gran Tito Duarte y un saxo delicioso que parecen deshacer la marca hispánica e inaugurar nuevos caminos tan bien urdidos por Morente y Camarón.

"Tan reprimido" (J.M. Tena-A. Molina) abandera un rock 'n' roll sin concesiones, con un ritmo rompedor, de vértigo, la letra hace muecas a la burguesía acomodada y a sus todoperosos gustos musicales (radiofórmulas), los riffs de guitarras se enroscan agonizantes y se escucha "me siento tan deprimido / oprimido / reprimido para componer un himno, tiro,tiro, tiroriro", esto último alude a cosas nada arbitrarias sobre algunos desajustes políticos y sociales de aquellos turbulentos años; el duduá ingeniosísimo y el amor cierran esta maravillosa canción.

El siguiente corte "Made in U.S.A." firmado a la lirón por Alpuente e Hilario Camacho es quizá la más floja musicalmente con un ritmo sureño de blues rock; ahora bien lo profético de la letra no es baladí, el mimetismo e injerencia cultural y de hábitos que hemos sufrido de "iu es ei" invita a alarmarse, no se deja aquí el autor la abominable inyección de conflictos y extorsión que los yankees han accionado en países en transformación como Sudamérica... "Canción para pedir limosna" de Vidal es cómica y a la vez tétrica, oímos las voces del grupo representando el papel de vendedores ambulantes y tiene su gracia, pero el protagonismo acaba recayendo en guitarra de palo, guitarra eléctrica y una percusión que dibujan con precisión y melancolía la desolación de la calle, del hambre, la terrible desesperación. Exquisita.

El binomio "Abarca y devora" (F. Martín - J.M. Díez) - "Compre (Pase ¡no molesta!)" (J.M.Tena - J. Vidal) amalgamados en una canción es la verdadera obra maestra de este disco, una de las mejores canciones denuncia que jamás se han hecho en la dura época de cambios en este país. La primera con gemidos de una guitarra enloquecida ataca con muchísimo cinismo un tema que de nuevo está en plena actualidad y si se me permite herido de muerte: la devoración por parte del urbanismo de cualquier terreno al mejor postor ("Convertimos cualquier lugar en zona residencial, adquiera su propio hogar con toda comodidad...", reza el estribillo) y del estrangulamiento de las economías más modestas con virguerías snobs de última generación ("pistas de tenis, parquets, azulejos serigrafiados..."), batería y guitarras sirven paranoia y rudeza como presas del voraz capitalismo. Su gemela le supera, es el perfecto culmen para acabar de rematar tétricamente los vicios más sinuosos del capitalismo, su lírica muerde en la yugular: "Comprar es la llave de la felicidad / compre hoy, pero pague mañana / es la costumbre que ya se hizo ley...", "Compre nuevos problemas para solucionar sus problemas", "Porque usted necesita lo que no necesita / si nosotros necesitamos vender"; el ingenio de la canción no es sólo mostrar el asedio sufrido por los clientes sino la desesperación del vendedor ("Compre con dinero y sin dinero / cómprenos algo, lo que sea, estamos en la ruina"). La escupen vigorosos riffs de guitarra, un bum bum de batería perdiéndose como eco en un redoble; y tras dos estrofas sobreviene una muestra fehaciente del carácter teatral del grupo, la música se suaviza en ritmos caribeños con instrumentos de vientos y una percusión infantil mientras la voz expira a través de un megáfono. La originalidad y humor de este corte, su incisiva caricatura nada violenta de la realidad nos entrega lo mejor de este hervidero de creatividad y actitud teatral y denunciante ante las lacras de un sistema que aún arrastra los mismos abismos.

"No soy formal" de H. Camacho es un buen medio tiempo articulado frenéticamente y que después de la explosión de las anteriores es como un sorbete de limón destinado a rebajar los manjares precedentes, el grito de 36 por Monsieur Lolua y una letra defensora de la contradicción y de la ambigüedad sacan alguna sonrisa. Por último aquí "Social peligrosidad" tiene unos arreglos mucho más consistentes y cañeros, en donde se hace ver la mano del por aquel entonces solidario productor Teddy Bautista y deja con un subidón del que son testigo es-tas te-clas.

Una sorpresita en off nos espera al final, un testigo para la superficialidad y ese mirar para otro lado de algunos grupúsculos. La obra en cuestión cincela este show de variedades y humor sarcástico e hiriente que fue Cucharada, armados de rock del bueno y elementos teatrales no dejaron ni taparrabos en alguna de las situaciones más injustas y mezquinas de la sociedad emergente. Como se ve, todo se repite en nuestros días aunque en distintos términos (marginación y fantasmización de inmigrantes, colapso del urbanismo con sus fatídicas epidemias: desempleo, carestía de todos los sectores implicados, daños irreversibles al medio ambiente...).

Aquí un nacido del 83 ha vibrado y disfrutado con este CD tan perdido como el oro de Moscú; casi 30 años después uno se pregunta qué demonios hacen las formación de rock actuales repitiendo y repitiendo los mismos esquemas, cuando con medios escasos y menos plataformas de promoción Cucharada rasgó el Viva el Rollo con menos progresidades y más agallas, apuntando directamente a verdaderos problemas, y el público aún los busca en mercados de coleccionismo. Así que para el invierno de crisis que aguarda lo mejor sería medicarse con generosas cucharadas de este cocido y mirar al futuro con humor y escepticismo.

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