UN ACONTECER ERÓTICO

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Claufotis de moras/Susana Estrada

La memoria es tan infiel como caprichosa. No se retiene tanto lo que a uno le gustaría como lo que ella determina y dicta. Son insondables los motivos que la llevan a retener por siempre ciertas cosas y no otras. Sólo ella sabe, por ejemplo, por qué nunca se me ha olvidado aquel verso de La venganza de don Mendo en el que Manolo Gómez Bur le decía a una de las concubinas: “Vete a la zarza, mora”. Ya podría haber sido al menos en la versión de Fernando Fernán Gómez, pero no. Así que cuando cada septiembre tiro al monte a recolectar moras, la astracanada de Muñoz Seca, y ese solo verso en particular, me asalta indefectiblemente. Va adosado a mí, forma parte de mi existencia, me completa y explica.
Lo mismo les ocurrirá a otros con la figura de Susana Estrada, que pertenece a la educación sentimental de toda una generación. Para algunos fue una santa que bien merecería una hagiografía dado el bien social que hizo en pro de la liberación sexual; para otros, no hay eufemismo capaz de maquillar su concupiscente naturaleza. Sin embargo, tengo para mí que quien más quien menos la admiró aunque fuese en secreto, porque de ella debió de fascinar su espíritu libre y que hacía con su vida (y su cuerpo) lo que le salía de la gana, firme, inflexible para todo lo que supusiera tener que salirse de su camino. En las casas con niños, decoraditas con moralidad católica, no se hablaba de ella, su nombre era el de una proscrita, pero luego en las calles se vendían a mansalva las revistas en las que salía con sus carnes al aire; su espíritu flotaba en el ambiente, fue el aroma de una época, pese al sigilo y la ocultación.
Lo que de verdad no llegó a conocerse mucho de la gijonesa fue su faceta musical. Ahora alguien se ha acordado de ella y ha decidido reeditar un sabrosísimo recopilatorio (Espacial Discos, 2017), toda una fiesta de cosmic disco y unas letras explícitas —asegura que las compuso ella misma, aunque la autoría corresponde a su manager, que la tangó con los derechos— expresadas con la cabeza muy alta y las ideas muy claras.
Clafoutis es palabra francesa, y como tal es descocada, sensual; las moras, por su parte, tienen ese halo romántico de todo fruto que se recolecta en el campo. Juntarlas en la cocina mientras te acompaña musicalmente Susana Estrada es de una voluptuosidad que raya en el vicio y la gula. Y a mucha honra.

Twitter: @goghumo

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