TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO

Concepción de Alejandro Magno, Ilustración en la traducción de la obra Historiae Alexandri Magni de Quintus Curtius Rufus, hacia 1468-1475 en Brujas 
Concepción de Alejandro Magno, Ilustración en la traducción de la obra Historiae Alexandri Magni de Quintus Curtius Rufus, hacia 1468-1475 en Brujas

 

La entrada de hoy sirve para rendir tributo a  uno de los grupos más impactantes del panorama nacional. A unos gallegos que han llevado el noise, el shoegaze, las guitarras bien altas, para que nos entendamos, al gran público melómano patrio. Triángulo de Amor Bizarro, por supuesto.

Hablando sobre el último disco de Nadadora, otro gran grupo gallego, dos amigos míos, hermana y hermano, de Ferrol, me contaron su teoría de por qué en Galicia se hace mucho del mejor shoegaze y noise de España: Llueve. Llueve muchísimo. Es todo lúgubre. Y la mejor forma de hacer salir toda esa frustración es cogiendo una guitarra e intentar volar unos cuantos hórreos a base de feedback, eco y saturación, y todo mezclado con una sensibilidad sutil y delicada. Y tiene sentido: no obstante, My Bloody Valentine son Irlandeses. Slowdive, ingleses. Y allí no ven el sol desde el siglo XVII, como en Galicia, Galicia que nos trae a Nadadora, a Disco Las Palmeras!. A Triángulo de Amor Bizarro.

Lo cierto es que su nombre nunca me convenció. ¿Traducir literalmente el título de una canción de New Order y encima de las más conocidas? Parecía un nombre de banda de instituto que dura exactamente desde abril hasta septiembre. Pero el caso es que funcionó. Y funcionó porque son una auténtica apisonadora. Te apabullan, te atropellan como una locomotora diesel sin frenos y te dejan con una sonrisa en los labios. Son como tener una noche loca de desenfreno sexual con un dios griego metido en cuerpo de dragón. Y eso es exactamente lo que le pasó a la señora de nuestra ilustración, una mujer con un nombre muy bonito: Olimpia.

Esta especie de ilustración de SitCom medieval muy loca describe el momento de la concepción de Alejandro Magno. Su madre, Olimpia, está haciendo cosas indecentes con un dragón mientras su padre, Filipo II observa asombrado como se la están pegando con una criatura que él creía mitológica. Pero primero recordemos al angelito Alejandro Magno.

Alejandro Magno fue un conquistador macedonio del siglo IV a.C. Él solito conquistó toda extensión de tierra desde Grecia hasta el río Indo. Un trecho que se tarda bastante en recorrer en avión. Y lo hizo a la edad de 32 años. Imaginad la cantidad de gente asesinada, violada y sometida por orden de este señor, cuando no por él mismo. Y la historia le recuerda como un héroe, un excelente estratega y un humano ejemplar. Gengis Khan por el contrario era una bestia sanguinaria y hostil. ¿Por qué? Porque Alejandro era hijo de un dios y los dioses sólo castigan al que lo merece porque son el bien.

Así que tenemos una leyenda muy bonita, al estilo de la mitología clásica, la de que el mismo Zeus había engendrado a Alejandro Magno. Había hasta dos versiones:

En la primera, un faraón egipcio mago, visita y seduce a Olimpia y engendra a un niño. Finalmente, el faraón mago no es faraón y es mago porque en realidad es el dios egipcio Amón que quería tener descendencia.

En la segunda, en la que nos atañe, Olimpia, soñaba cómo un rayo alcanzaba su útero y de él salía (!) una llamarada que se extendía hasta el infinito. Se conoce que la cosa degeneró hasta interpretar que el mismo Zeus se disfrazó de dragón y tuvo relaciones con la pobre Olimpia, mientras Filipo, que era otro sanguinario, quiero decir, genial estratega y héroe de guerra macedonio estaba fuera. Pero parece ser que no muy lejos a juzgar por la ilustración. El caso es que Alejandro, que murió con 32 años, casi la misma edad que otro hijo de Dios (este con mayúscula), tenía ascendencia divina (y por tanto era un hombre Notable), ya fuera Amón, ya fuera Zeus embarazando con un rayo, ya fuera pasando una noche inolvidable con un dragón escupiendo fuego, montando un Triángulo de Amor Bizarro.

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