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El Madrid Popfest, una cita ya habitual en la capital, llega a su fin tras cinco ediciones. Lo que surgió como el sueño de unos amantes de la música, echa el telón, pero ni mucho menos por los malos resultados cosechados o por falta de ilusión, sino como fin de ciclo en la cumbre, un poco al estilo de Sarah Records y la mitomanía y malditismo que tanto atrae a todo apasionado por la música indie pop que se precie.

Entre sus filas, muchas caras conocidas, Óscar, de Discos de Kirlian, Ignacio, de Discos Garibaldi, Marco, de Alborotador Gomasio, Dani, de Aplasta Tus Gafas de Pasta y Puzzles y Dragones, Cris, de Sundae, Jorge y Eva, habituales asistentes de conciertos cámara en ristre… otros miembros cuyas caras también nos suenan a fuerza de verlos edición tras edición, y siempre en el puesto de merchandising los miembros oficiosos María y Hoffa de Calabaza Discos y Celica XX. Y es que el Madrid Popfest no dejaba de ser eso: un punto de reunión de amigos, una cita anual que homenajeaba al indie pop, el DIY y el amateurismo.

Un encuentro que nos ha dejado multitud de buenos detalles, de confraternización, en estos cinco años, y cuya última edición pensamos disfrutar a lo grande, tanto desde nuestro puesto de venta como a pie de escenario. Encima, para colmo, este año pincha nuestro compañero de LaFonoteca BCN… Desde aquí, un agradecimiento a estos abnegados melómanos, a los cuales entrevistamos.

Madrid Popfest
Organización inicial del Madrid Popfest

Entonces se acaba el Popfest en Madrid, ¿por qué?
Sentimos que hemos acabado un ciclo tras estos cinco años. Iniciamos esto con el objetivo de tener un festival en Madrid con esos grupos que era prácticamente imposible ver porque no entraban en los grandes festivales o nadie se arriesgaba a traerlos, que incluyera grupos de aquí que nos emocionan. Y eso llevarlo adelante sin patrocinadores, en una sala con buen sonido, dimensiones medianas, sin ánimo de lucro y partiendo de cero. Tras estos cinco años pensamos que hemos conseguido el festival que soñamos en aquel principio, y sencillamente preferimos dejarlo aquí y en este momento, en el que por parte de la organización aportamos lo mejor de cada uno. Quizá es mejor parar, con la ilusión y las ganas en todo lo alto.

¿Cuál es el balance de estos cinco años?
Cuando empezamos años atrás a través de ideas sueltas en el foro People Like Us, que aportábamos gente que no nos conocíamos de nada, difícilmente pensamos que el Popfest tendría cinco ediciones. Nos ha hecho mucha ilusión ver cómo el festival se convertía en el punto de encuentro musical anual de amigos que no se ven a lo largo del año, las ganas de muchos grupos que nos han enviado sus propuestas queriendo participar, cómo grupos dicen «SÍ, queremos estar ahí», sin importarles el que no podamos llegar al caché al que están acostumbrados con otro tipo de promotores o festivales… Y todo esto aprendiendo mientras íbamos andando el camino, porque desde fuera tienes una idea de cómo puede hacerse, pero hasta que no estás dentro no te das con la realidad. Y claro, también ha habido de eso, ver cómo no se termina de entender el que no tengamos patrocinadores, el que no podamos tener cachés normales, el que no haya acreditaciones, el nombre Popfest… Increíble la sensación de comprobar que si se quiere, se puede, no hacer un festival sino mantenerlo. Y habernos podido dar a conocer y que gente de la ciudad, de otra ciudades, otros países e incluso continentes hayan querido estar. Y haber podido traer grupos que actuaban por primera vez en España, grupos nacionales que nos emocionan, reuniones tras muchos años sin tocar…. Un sueño.

Sabemos que en la organización ha ido entrando y saliendo gente, y que sois un grupo nutrido… ¿Pero qué momentos destacaríais?
Desde el principio hemos sido un grupo numeroso y cada festival implica muchos meses de curro de organización y tareas e infinidad de emails por detrás. Algunas veces miembros de la organización lo han dejado por no poder dedicarle el tiempo suficiente, o porque sencillamente han decidido que era mejor parar por un motivo u otro, quizá algo que todos y todas los que estamos hemos pensado en algún momento. No destacaríamos ningún momento especialmente, quizá los primeros años en que en la organización estábamos cerca de quince personas decidiendo todo a través de debate y votaciones y miles de emails. Actualmente estamos diez. Todas las personas que han estado han aportado un punto de vista diferente y necesario.

¿Habéis tenido algún sinsabor?
Quizá cuando te encuentras a alguien que juzga el festival sin conocerlo y sin conocernos, pero hace ilusión cuando al indagar un poco más o participar en él, la opinión de ese alguien cambia completamente y así nos lo han hecho llegar. También nos da pena no haber podido tener en el cartel a grupos que nos gustan y que nos han mostrado su interés en participar en alguna o varias ediciones, debido al hecho de querer tener todas las propuestas representadas o al número limitado de huecos en cada edición.

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Fanzines Madrid Popfest

¿Cómo encajaríais que otra gente tomara el relevo de la «marca» Popfest en Madrid?
El Popfest no nos pertenece a las personas que estamos ahora en la organización, por supuesto. En nuestros comienzos decidimos hacer aquí lo que ya se estaba haciendo en otros lugares del mundo siguiendo sus principios de total independencia y DIY; y tras estos cinco años los que estamos hemos decidido no hacer más Madrid Popfests en el futuro y dejarlo aquí. Cualquiera que se sienta con ganas e ilusión puede retomarlo con su idea de Madrid Popfest, pero nos gustaría que se respetaran las ideas fundamentales de autonomía, independencia, altruismo y falta de ánimo de lucro que caracterizan a los Popfests. Por supuesto que sería el Madrid Popfest, pero no el conocido hasta ahora. Ni mejor ni peor, sino un Madrid Popfest nuevo y diferente y de acuerdo a las preferencias de las personas que estuvieran detrás.

¿Qué os parece el surgimiento de otros Popfest en Zaragoza y Santiago (de Chile) inspirados en vosotros?
Hace mucha ilusión, porque surgen en base a vivir el nuestro de cerca y de sentir la cercanía entre organizadores, público, grupos, y han decidido querer reproducirlo en otros lugares ya no sólo siguiendo el modelo general Popfest, que también, sino teniendo el nuestro como referente. Realmente muy ilusionante y desearles a todos lo mejor para el futuro.

¿Cómo veis la oferta de conciertos en Madrid? ¿No pensáis que llenabais un hueco necesario?
Es muy destacable y positivo que prácticamente cada día o fin de semana haya múltiples propuestas, que grupos que emergen toquen una y otra vez, y que haya colectivos varios como vosotros, Madrid Radical, Autoplacer, La Resistencia DC, etc que lo hagan posible a pesar de los cada ver mayores impedimentos y dificultades como escasez de salas, IVA cultural, restricción de horarios… Nosotros hemos intentado ser uno más, intentando aglutinar a los grupos que nos emocionan de aquí o de fuera durante tres días; quizá no hay otra propuesta de festival en Madrid con grupos nacionales e internacionales de pequeño formato como el nuestro, eso es verdad. Queda también hueco para propuestas de conciertos internacionales pequeños, hueco que antes llenaba Pacific Street.

A lo largo de estos años el abanico estilístico del Popfest ha ido dando cabida a otras propuestas que, por sonido, inicialmente no cuadraban, sobre todo en el apartado nacional. ¿A qué ha sido debido?
Creemos que es coincidencia, los grupos se eligen tras votación entre quienes estamos en la organización, y quizá grupos que han estado en los últimos años nos hubiera gustado que estuvieran en ediciones previas pero no fue posible. O también ocurre que no tenemos huecos suficientes para todos los que nos gustan y no pueden estar en una edición pero se intenta en la siguiente. O que se dan situaciones especiales que hacen que un grupo que consideramos imposible pueda estar en una edición determinada en el festival. En cada edición hemos intentado que todos los estilos estuvieran representados, esperamos haberlo conseguido.

¿Algún sueño irrealizable en esta andadura?
Respecto a la idea conjunta de festival, lo que hemos conseguido ha sido un sueño que hemos visto convertirse en realidad. No hemos conseguido tener algún grupo que por motivos de fechas en ocasiones o por no poder alcanzar sus condiciones ha sido imposible, muchas veces eran quimeras pero no hemos querido dejar de intentarlo. En los casos en que veíamos que había puerta abierta para años siguientes lo hemos vuelto a intentar. Seguramente ese grupo, nacional o internacional que alguna vez habéis pensado, «jo, ya podían traer a este grupo al Popfest», sea uno de ellos.

Por último, ¿qué os movía a hacer esto y cómo afrontáis esta última edición?
Nos movían y nos mueven las ganas e ilusión desde el minuto uno. Esta edición es muy especial porque es la última y los sentimientos estarán a flor de piel, porque tendremos grupos en el cartel que nos emocionan, incluyendo grupos con enormes ganas de tocar aquí venidos de otros continentes, por todas las amigas y todos los amigos que estarán esta última vez… Desde aquí y hasta que quitemos la banderola del Popfest del escenario de Clamores tras la pinchada del sábado, seguiremos esforzándonos con la misma ilusión para que todo salga lo mejor posible, como intentamos hacer en cada edición y que la gente que compra su abono sea lo más feliz posible de nuevo en estos tres días de música. Queremos aprovechar esta entrevista para dar las gracias una vez más al público del festival por estar ahí apoyando año tras año y en las fiestas preliminares, a los colectivos que nos hacéis un hueco en vuestras plataformas o habéis compartido algo del Madrid Popfest en algún momento, a los grupos y DJ’s participantes de las fiestas de presentación y de estas cinco ediciones, a los grupos que han aportado lo mejor de ellos mismos para que cada año tuviéramos la mejor sintonía, y a todas y todos los que en algún momento habéis sentido el festival como vuestro también: GRACIAS.

Madrid Popfest

Parece que fue ayer cuando un grupo de fanáticos del indie pop que frecuentaban un anacrónico foro decidían organizarse para dar forma a sus sueños mediante la organización de un Madrid Popfest. Pero no fue exactamente ayer, pues el Madrid Popfest encara ya la recta final de lo que será su tercera edición, de nuevo en Clamores, y de nuevo enarbolando la bandera de la autogestión (recordemos que es un festival sin ningún tipo de patrocinio) y del amor hacia la música independiente, concretamente hacia el indie pop.

En todo este tiempo la Asociación Madrid Popfest se ha movido mucho y ha contribuido a la dinamización de la escena madrileña con sus fiestas satélite recaudatorias. Además, en las dos ediciones anteriores han dejado grandes momentos, nos vienen a la cabeza las actuaciones de Allo Darlin’ o The Orchids en la primera edición, o de Close Lobsters el año pasado.

Como siempre, la presencia de bandas nacionales en la programación del Popfest es reseñable. En concreto, en esta edición parecen abrirse estilísticamente a diferentes propuestas que de seguro consideran necesarias tener en cuenta sin ser estrictamente clasificables dentro del twee pop por el cual sienten adoración. En el apartado nacional, se contará con las actuaciones de Capitán Sunrise, Betacam, Papá Topo. Computadora, Los Bonsáis, Los Lagos de Hinault, Zipper y Prisma en Llamas.

Por nuestra parte, y como viene siendo habitual, apoyamos esta iniciativa y celebramos su continuidad. De hecho, y aprovechando que hemos empezado a distribuir material en vinilo de los sellos independientes nacionales que más nos gustan, estaremos atentos a lo que suceda encima del escenario, pero también detrás de un puesto de discos provisto de cassettes, bolsas, algún libro y más de cien referencias en vinilo, tanto nuestras como autoproducidas o pertenecientes a diferentes sellos.

 

La selección literaria de hoy se centra en el Rock Radikal Vasco, con obras escritas por periodistas y protagonistas directos de la música que se hizo en Euskadi en los 80.

HRV-600x842HISTORIA DEL ROCK VASCO
Edozein herriko jaixetain
Elena López Aguirre
Ediciones Aianai, 2011

Tengo la sensación de que un proyecto de las dimensiones que se ha impuesto Elena López Aguirre, periodista y antigua guitarrista de Potato representa una empresa de alto riesgo. Como bien indica en la sección final de esta revisión de la crónica del rock vasco, condensar en unas pocas frases la trayectoria, muchas veces de años de duración, de todos aquellos grupos, sellos, salas, promotores, revistas, etc. es, cuando menos, complicado. Se expone de entrada al lamento del que no encuentre algún nombre en concreto o del que se decepcione de la brevedad con la que se mencione o trate a otro. Pero además, supongo que se ha de ser extremadamente cuidadoso en no apabullar al lector con una riada de datos e información. Y, sin embargo, sale bien airosa de la empresa. Poco amigo como soy de las guías de cualquier cosa creo que el libro trasciende la condición de mero listado de nombres y fechas. La suma de las pequeñas contribuciones individuales de los protagonistas citados termina conformando una gran historia, que no es sino la de la música, esa marea que subyace por debajo, de forma soterrada a veces, en el devenir de pueblos, ciudades y comunidades. Empapa el día a día, venciendo en su avance a la represión de reyes, la censura de dictadores, la cortedad de miras de militancias intransigentes o la mezquindad comercial de compañías discográficas. Imparable pues, elemento consustancial a la cultura de cualquier colectivo, entra en las casas por los aparatos de radio, por las verbenas de los pueblos, en salas de fiesta o night clubs, aprovecha determinaciones de concilios vaticanos para acercarse a salones parroquiales, se toca en frontones, polideportivos o en gaztetxes. Es de ese eje vertebrador del que realmente se habla.

Iniciada la crónica en la labor recopiladora y archivística de monjes y clérigos pasa rápido al ámbito de txistularis y bertsolaris, al de las orquestas de pueblo, al de los cantautores de una época de nubarrones en el cielo, de barbas pobladas y de faldas largas en repuesta a la frivolidad de las ye-yé. Recuperación de una lengua para forjar con bonitas melodías letras que cantaban de las excelencias de Mao Tse Tung.

Quedan reflejados los momentos de cambios y revolución, el paso del txistu, férreamente instaurado como símbolo nacional («Herria lantzen txistua jotzen» / «El pueblo trabajador toca el txistu«) a la electrificación, de las arcadias etéreas de una Euskadi pastoril a las ratas de Vizcaya y demás centros industriales que trajeron el punk. Se habla por supuesto de la irrupción del Rock Radikal Vasco, que arrasó todo en lo que la izquierda aberztale filosofeaba sobre si el rock podía o no ser considerado revolucionario. De las encrucijadas que los nuevos aires traían («Las rutinas del anti franquismo cobraban vigencia día a día y las canciones contra la policía, los maderos, txakurras, txibatos, txotas, cipayos, pitufos y pikoletos triunfaban mientras en la cara B, el antimilitarismo vitoreaba a la lucha armada«) se pasa al ska y al Euskadi tropical.

Entra todo, los que quedaron al margen en aquellos 80, el Donosti Sound, mods y rockers, la escena jazz vasca, el pop, la aparición del metal, el folk, Oskorri, Errobi, la Orquesta Mondragón, los mestizajes propuestos desde Negu Gorriak

No es necesariamente cronológico el hilo argumental que sigue Elena López, y así, no duda en romper toda rigidez que eso hubiera podido imponer, retrocediendo en el tiempo lo que haga falta al empezar un capítulo con respecto al final del anterior si es necesario; o incluso abrir un apartado nuevo dedicado a temas específicos: bandas de mujeres, la escena en Iparralde (el País Vasco francés), la visión desde el mundo académico (sociología, antropología, museos…), la industria en sí, con cachés, promotores e instituciones.

En resumen, completísimo ejercicio periodístico con una exposición más que agradable. Libro de consulta, libro para la reflexión.

 

HERTZAINAK. LA COhertzNFESIÓN RADICAL
Pedro Espinosa & Elena López
Ediciones Aianai, 1993

También es Elena López Aguirre responsable, a medias esta vez, de la biografía, a estas alturas ya antológica, de Hertzainak. Se trata de su primer libro y según tuve la suerte en su momento de constatar de primera mano, lo considera por tanto como «el más natural y el más querido«. Escribe en esta ocasión, o quizás fuera mejor decir, transcribe, en compañía de Pedro Espinosa, su compañero en proyectos vitales, Potato entre ellos. Y digo transcribe porque la historia está montada a través de las voces de sus protagonistas, allegados y testigos de las numerosas etapas por las que pasó la banda vitoriana. Únicamente falta Xabier Montoia -Gamma-, el cantante de la formación original y cuya salida del grupo supuso todo un pequeño seismo, que residía en Estados Unidos en el momento en que se escribió el libro.

Hertzainak nació en un caldo de cultivo de txistularis y bertsolaris, células políticas contestatarias y unas ganas enormes de romper con un montón de cosas y hacerlo cantando en euskera. Alrededor suyo muchos nombres, grupos y colectivos: Karra Elejalde, La Banda Municipal de Ska, el AEK (Coordinadora de Alfabetización y Euskaldunización). Fueron pioneros a la hora de iniciar y desarrollar muchas vertientes que luego seguirían otros (Cicatriz y Potato por poner dos ejemplos de bandas de su misma ciudad que participan en el relato) pero empeñados en que no se les pudiera encasillar en etiqueta alguna se dedicaron a ir quemando etapas diferentes a toda prisa, hasta terminar convirtiéndose en uno de los nombres más grandes del rock vasco, con giro incluido a una orquestalidad e intimismo -el de la confesión «Aitormena» (Oihuka, 1989)– que les acercó a un público mucho más amplio que el que conformaba sus audiencias originales. No todo lo amplio que ellos hubieran querido, ya que, como les ocurriera a Zarama, su apuesta idiomática a ultranza les cerraría el mercado en el resto de la Península.

El libro está plagado de interesantísimas anécdotas contadas de primera mano, de actuaciones interrumpidas por la irrupción de tanquetas de la policía y botes de humo, de viajes a Cuba…  Pero asimismo los autores no olvidan conceder hueco para poder escuchar a aquellos que trabajaron con Hertzainak, los que discutieron con ellos (que no fueron pocos), los que disfrutaron a su lado y los que finalmente despidieron a la banda alavesa. Letras de canciones, discografía, una sucinta cronología y un prólogo de otro imprescindible, Pablo Cabeza, terminan por rematar la presentación de un texto histórico.

 

FLORES EN LA BASURA
Los Días del Rock Radikal
Roberto Moso
Hilargi Ediciones, 2003

Roberto Moso es el cantante de Zarama, la banda que puede acreditar el haber editado el primer disco sencillo de punk cantado en euskera, el «Nahiko» (Discos Suicidas, 1982). Pero además es licenciado en Ciencias de la Información, habiendo ejercido de periodista en radio y prensa escrita desde muy pronto. De hecho fue uno de artífices de Muskaria, aquella primera revista-fanzine que se encargó de documentar los cambios vividos en la escena musical del País Vasco desde finales de los 70. Su doble condición de protagonista y cronista de aquella escena le ha hecho uno de los candidatos ideales para participar y dirigir algunas de las revisiones documentales del Rock Radikal Vasco. Este «Flores en la Basura», de título a caballo entre una de las estrofas del «God save the Queen» de los Sex Pistols y el significado del nombre de la banda, es un ejemplo, delicioso además, de sus capacidades para dejar por escrito la crónica de aquellos días.

Elige Roberto Moso una línea argumental personal, basada principalmente en su experiencia propia, lo que posibilita a mi juicio, casi desde el principio, un acercamiento inmediato entre lector y narrador. Sabremos pues de sus partidos de fútbol de juventud o del engorro que el servicio militar le supone a su incipiente carrera en Zarama. Pero igualmente, directamente implicados en lo que se cuenta en las líneas del libro, aparecerán Iosu Eskorbuto, que tocaría además con ellos en los primeros conciertos del grupo, La Polla Records, Zipper, una banda de rockeros-moteros a la que vencieron Zarama en uno de los primerísimos certámenes-concursos en los que participaron, RIP o Hertzainak, banda en la que terminaría tocando Gari, cantante primero de Zipper, precisamente.

Y es que, quizá escudado en esa cercanía con el receptor labrada con el buen talante deplegado, no tiene empacho en reconocer abierta y entrañablemente los problemas o pequeñas competiciones con estos compañeros de escena. Tiene uno la sensación de que Zarama vivió en una continua necesidad de demostrar al resto su condición de grupo lo suficientemente duro como para ser reconocidos con todo merecimiento en aquel devenir radical que se cocía en los 80 en Euskadi. Cuenta Roberto Moso en el libro cómo tuvieron por ejemplo que dejarse literalmente la piel para convencer o impactar a una audiencia que esperaba en realidad el momento de poder ver a La Polla Records. De todas maneras, no rezuma hiel de afilado ajuste de cuentas tardío todo ello, y no falta ni un solo reconocimiento a los méritos (discos, directos, etc.) de las demás bandas, detalle que sin lugar a dudas se agradece y que creo engrandece la crónica.

El libro se hace extremadamente corto, se lee prácticamente de un tirón y resulta rico en anécdotas referentes a conciertos, festivales, grabaciones, grupos y demás detalles que agradará sin duda al seguidor, no sólo de Zarama sino de esta música. Un auténtico lujo de crónica de aquellos años de alguien que los vivió y además sabe contarlo de forma entretenida y completa.

Es complicado poner fecha al nacimiento de Los Autócratas, pero este podría ser el cumpleaños de María en noviembre de 2008, cuando sus amigos le regalaron un bajo. Ese mes Miguel A. se había comprado también una guitarra eléctrica, y Frankie andaba cacharreando con un rudimentario programa de ordenador. Para la batería se piensa en Kototo, quien ya en el primer ensayo demostraría estar técnicamente a años luz del resto, cosa que a él no pareció importarle demasiado.

Tras las primeras versiones de rigor llega Frankie con la primera canción, «La plaga de Benioff», que no se llegó a grabar ni tocar nunca en directo, pero que daba mucho juego en los ensayos para desarrollar un medley en el que cabía desde Spiritualized y Elvis hasta Family o Mocedades. Las canciones siguen surgiendo y así aparece «Plutón no es un planeta», con la que María se lanza definitivamente a cantar; un pequeño hit de MySpace que recibe comentarios muy positivos de gente como Papá Topo, Zipper, Linda Guilala, Mano de Santo o Raúl Querido, con quien precisamente tocarían en el local de ensayo que ocupaban en el ático de La Matilda en Carabanchel, como fiesta de despedida a Kototo, que parte a Irlanda.

Su debut oficial se produce el 30 de julio de 2010 vía el colectivo Aplasta Tus Gafas de Pasta, en un concierto organizado en la Wurlitzer junto a Alborotador Gomasio y Hazte Lapón. Los Autócratas fueron la gran sorpresa de una noche exitosa en la cual destacan la presencia de Pili al violín y el primero de una larga lista de disfraces de Frankie: camisa hawaiana, alas de angelito y orejas de orco. Pronto llega una segunda cita, esta vez en el Ocho y Medio con Ed Wood Lovers y Raúl Querido. Para sustituir a Kototo, se elige a Miguel S., guitarrista de Capitán Sunrise, y tras la marcha de Miguel A. a Barcelona, entra Enrique en la formación. Con esta formación tocan junto a Los Lagos de Hinault, Regiones Devastadas, telonean a las Aias en el Ocho y Medio y tienen la oportunidad de participar en la primera edición del Madrid Popfest.

«El Período Demo-Crático» (2012), cuatro canciones grabadas de la mano de Ricardo Alonso, miembro de Mata a Tus Ídolos, a comienzos del 2011, ve ahora por fin la luz. De ellas, ya conocíamos la aquí rebautizada como «La república independiente de tu casa», que había formado parte del recopilatorio que editamos de grupos maqueteros de la escena independiente madrileña –«No Te Apures Mamá, Es Sólo Música Pop» (LaFonoteca, 2011)-, en el que comparten surco con muchos compañeros de escenario.

La edición -y presentación- de estas canciones coincide con el momento en que Frankie, obligado por la situación actual, decide marchar a Chile a ganarse la vida, por lo que el futuro del grupo es incierto. Enrique está volcado en Gatopersa, Miguel S. sigue con Capitán Sunrise y Pili toca habitualmente con un proyecto en Talavera llamado El Leopardo Más Lento, además de ser violinista de estudio y de directo de Klaus & Kinski. Lo que está claro es que la amistad seguirá incólume.

Es, para nosotros, muy emotivo organizar este concierto de presentación y despedida.

El Popfest es un festival de indie pop que se celebra a lo largo y ancho del globo, desde Nueva York hasta Roma, organizado por pequeñas células independientes, unidas eso sí, por el mismo espíritu: autogestión y ausencia de patrocinadores, sin renunciar a colaboraciones puntuales con colectivos afines, y querencia por un estilo heredero de sellos legendarios como Sarah o K Records.

El año pasado, un grupo de foreros de People Like Us, se hicieron la siguiente pregunta: ¿Si era posible en Londres, Roma o Berlín, sería también posible en Madrid? Dicho y hecho. Se pusieron manos a la obra y parieron la primera edición del Madrid Popfest, con grupos tan míticos como Allo Darlin’, la reverencial presencia de Amelia Fletcher, y momentos impagables como cuando el bajista de The Orchids salió a cantar junto a los primeros la que quizá sea su canción más conocida, «Dreamin'».

En el apartado nacional, se contó con la participación de Autócratas, Zipper, Aias, Fred i Son y Cola Jet Set, los cuales sorprendieron a todos tocando hasta cinco versiones de Family, provocando un pogo de dimensiones descomunales que pilló por sorpresa al propio grupo cuando cerraron su concierto con «Al amanecer» de Los Fresones Rebeldes.

Obviamente, para poner en marcha todo un festival sin ningún tipo de patrocinio, fue necesario desarrollar durante todo el año una serie de fiestas de presentación, que sirvieron tanto para abrir boca como para recolectar fondos.

Así, LaFonoteca, por afinidad con la organización y su filosofía, se une a esta empresa por partida doble. Por un lado, el día 4 de febrero estaremos en Barcelona, en La [2] de Nitsa con los madrileños Zipper y los barceloneses Grushenka. Por otro, el día 10 de febrero, ahora en Madrid, en la sala Siroco podremos disfrutar de la presentación del debut homónimo en largo de la mano de Limbo Starr de Reina Republicana, acompañados inmejorablemente por Wild Honey y Zippper.

Estamos muy contentos de colaborar con una edición que va a contar con el inesperado regreso de Close Lobsters, y que refuerza la sección nacional con la incorporación de las siguientes bandas: Parade, Los Ginkas, Sundae, Doble Pletina, When Nalda Became Punk y Alborotador Gomasio. Un auténtico cartelazo.

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LaFonoteca es una plataforma para la promoción y difusión de la música española tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Lo que comenzó en 2008 como una página web colaborativa a modo de archivo histórico online compuesto por biografías y discografías de elaboración propia, fue diversificando sus actividades y ampliando sus fronteras mediante la organización de conciertos, principalmente en Madrid y Barcelona, donde contamos con sedes permanentes, pero también en Londres, Sevilla y Oporto. Además, nos hemos afianzado en el terreno de la edición discográfica y bibliográfica con más de una quincena de referencias en vinilo, cuatro libros sobre música y la reedición de los míticos fanzines «Rockocó» del fotógrafo Miguel Trillo sobre la juventud que asistía a conciertos en los ochenta. Nuestra filosofía es, por un lado, apoyar la escena musical emergente y por otro reivindicar y divulgar la historia de la música española. LaFonoteca está involucrada también en diferentes actividades relacionadas con la música, como son la producción de eventos corporativos para marcas e instituciones, la programación en espacios públicos y privados y la asesoría jurídica y legal para profesionales del sector. Más detalles, aquí.


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