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Vainica Doble, la caricia popVainica Doble. La Caricia Pop
De madres de La Movida al Donosti Sound
Marcos Gendre
Editorial Milenio, 2014

Tras esta «sorprendente» portada, que poco o nada tiene que ver con el exquisito gusto gráfico que destilaron las Vainica a lo largo de su trayectoria, se esconde un completo estudio de Marcos Gendre en torno al mítico dúo, obra que surge con vocación completista de aquel libro de Fernando Márquez editado por Ediciones Júcar en 1983. La cuidada edición a cargo de Milenio incluye un libreto con fotografías, pinturas y cartelería de películas a las que compusieron sus bandas sonoras, procedentes del archivo familiar (sobre todo, de Elena Santonja) así como instantáneas de algunos de los grupos que según el autor continuaron su estela o se vieron influenciados.

Son ya varios los libros leídos y reseñados a Marcos Gendre, en los cuales hemos tenido la oportunidad de contribuir humildemente, y quizá sea en éste en el que el autor más se desmelene, posiblemente fruto de la gran admiración que parece profesar por las susodichas. Esta pasión le lleva en ocasiones a ser vehemente de más, como si el mito de las Vainica necesitara de revancha, tono que pienso podrá en ocasiones desconcertar al lector, que ya por encontrarse con el libro en cuestión entre manos no puede sino tratarse o bien de un fan irredento o bien de un curioso diletante sin necesidad alguna de acicate.

En este afán revanchista se intentan buscar finales felices a historias que no pueden tener mejor final que el ya evidente, que no es otro que Vainica Doble está escrito con letras de oro en las líneas de la historia del pop español. Así, por mucho que se desee, el disco de Elefant es emotivo y tierno, pero lejos queda de sus grandes obras, de ninguna manera equiparable a «Heliótropo» (Ariola, 1973) o «Taquicardia» (Nuevos Medios, 1984), dicho esto con perdón.

Otro punto en el que difiero con el autor es en el de intentar mostrar a las Vainica como víctimas de lo que no fueron más que sus propias decisiones artísticas, sin obviar que muchas de ellas -por no decir la mayoría- fueron acertadas y si la comercialidad les dio la espalda, antes se la dieron ellas de manera deliberada con sus actos, hecho éste en el que radica gran parte de su mito, por otro lado. Tan sólo cuando pretendieron acercarse a ella, ya de manera tardía y por motivos meridianamente económicos, es cuando fracasaron estrepitosamente en el intento; pero de que supieron aprovechar su momento no cabe la menor duda al contemplar el elenco de personalidades del que se rodearon y el interesante espectro de trabajos desarrollados en torno a la música: encargos para Tickets, Nuevos Horizontes o La Romántica Banda Local, canciones para programas y series de televisión tales como «Fábulas» (Jaime de Armiñán, 1968-1970) -desperdigadas en su discografía y recopilatorios posteriores-, portadas a cargo de ilustradores tan reputados como Eguillor o Iván Zulueta, musicazos y arreglistas como Pepe Nieto, Manuel Gálvez, Hilario Camacho o Gualberto en sus discos, actrices como Chus Lampreave o Amparo Baró entre sus amistades, viajes exóticos a enclaves recónditos e inusitados como Pakistán, relación con cineastas como Jaime de Armiñán, Jaime Chávarri, Borau o el clan Berlanga… Todo esto y más se cuenta con todo lujo de detalles en el libro en lo que supone un gran acierto.

Igualmente interesante es que se ahonde en su inclinación pictórica y su faceta cinematográfica, aspectos ambos más bien desconocidos, algo que es muy de agradecer por lo curioso y relevante del asunto, amén de por la calidad de las obras enumeradas.

A diferencia del libro de Fernando Márquez, se pierde inevitablemente la frescura de la primera persona en las propias entrevistadas, pero se gana en perspectiva y recorrido histórico. Es cierto que a veces se otorga demasiado protagonismo a las impresiones en forma de citas de diferentes personajes del ámbito musical, entre los cuales me incluyo. Tan cierto como que uno de los pasajes más interesantes es precisamente el que recoge íntegramente una entrevista de Jesús Ordovás a Carmen en 1976 con motivo del lanzamiento de «Contracorriente» (Movieplay-Gong, 1976), el testimonio de Paco Clavel, uno de los principales valedores y amigo del dúo en su última etapa, y una entrevista reciente a Elena Santonja, hermana de Carmen.

Si lo más intrascendente es el tedioso recorrido discográfico canción a canción, plagado de detalles técnicos inapreciables salvo escucha simultánea de la composición en cuestión, lo más jugoso llega con las conexiones musicales posteriores. El testigo que tomó Carlos Berlanga y su férrea reivindicación de las Vainica durante La Movida y una vez pasada ésta en su carrera en solitario, entroncó con el llamado Donosti Sound y una serie de bandas que dotaron de cierta idiosincrasia al pop español en castellano, a sus letras, evitando emular las fórmulas anglosajonas, enriqueciéndose de ellas pero ahondando en las raíces populares de aquí: la copla, el villancico, la música sacra… Se describe, como se ha dicho, la evolución lógica de los herederos de Berlanga en forma de agrupación denominada por la prensa como Donosti Sound y que englobaría a bandas con un componente común en su sonido tales como Aventuras de Kirlian, El Joven Bryan, La InsidiaAñade este contenido, Family, Le MansLa Buena Vida y, postreramente y como colofón a todo ello, Single.

Entre los grupos sucesores, más muertos que vivos, todo sea dicho de paso, una muestra un tanto personal por parte del autor: Parade, Refree, El Hijo, Kikí d’Akí, Pauline en la Playa, SerpentinaAñade este contenido, Grupo de Expertos Solynieve, Klaus & Kinski, Nosoträsh, Prin’ La LáAñade este contenido. Un listado válido para tener presente la constelación de grupos actuales influenciados de alguna manera por el universo vainiquero, la mayoría con un toque evidente, otros de cariz más subjetivo.

Más disparatado es el apartado denominado «telaraña en expansión», extenso name dropping en el que se fuerza a la práctica totalidad del indie patrio de calidad a verse infectado por un supuesto virus Vainica en expansión, con autores como Josele Santiago o Nacho Vegas incluidos, y que de alguna manera no hace sino identificar cualquier feliz anomalía para situarla en la misma órbita. Sinceramente, dudo que muchos de estos grupos citados conozcan a Vainica Doble más que de una manera superficial, aunque sí las profesen respeto como se lo podrán profesar a, qué se yo, otros imprescindibles como Triana.

Pero estas discrepancias que entran en el terreno de la subjetividad no pueden empañar un libro minucioso y preñado de detalles, a todas luces necesario, natural y digna continuación del de 1983 incluso para el propio Fernando, tal y como ha manifestado en su Facebook personal recientemente.

¿Es Fernando Márquez tan fiero como lo pintan o se ha amansado con el paso de los años?
Es algo menos idiota y procura desperdiciar menos energías y entrar menos al trapo. En cuanto a la fiereza, quienes me seguís en Facebook podeis juzgar si me he amansado (ya sabes, el tema de los peajes, los baneos, las semblanzas con acritud de la red social, etc).

¿Por qué piensas que, siendo objetivamente como eres una de las personas más importantes de la historia de la música española, no ostentas públicamente ese reconocimiento como sí lo pueden tener otras que igualmente pueden haber generado antipatías en algún momento como Carlos Berlanga o Santiago Auserón?
Supongo que resultar persona non grata para el PSOE con un veto y campaña de caza de brujas en toda regla como fue la encabezada por Manrique (hasta convertirme en el Céline de La Movida –algo que no sufrieron ni Carlos ni Santiago-) pues lo explica bastante.

La Movida está a estas alturas muy trillada, no nos vamos a detener demasiado tiempo en esto… pero si sólo pudieras rescatar una cosa de esta etapa, ¿qué rescatarías?
La explosión de creatividad interdisciplinar de los tres primeros años. Sólo la época primorriverista de los años 20 se le podría comparar.

¿Cuánto de mitificada está? ¿No érais todos demasiado pequeños para el desfase y hedonismo que se le presupone justo en el período más interesante creativamente hablando de esta?
El quid es que en La Movida se querían vivir a un tiempo varias épocas, la Factory neoyorkina, la oscuridad morrisoniana, el glam británico, el punk, la new wave… y esto, sumado a la adherencia indeseable de vampiros oportunistas como Almodóvar, sobrecargó la situación y creó equívocos y derivas y excusas para el kistch y la picaresca.

¿Hasta qué punto eres responsable de tu propio malditismo?
En tanto en cuanto no he besado culos y he pecado de excesiva ingenuidad en las expectativas y poca estrategia en el combate dialéctico, soy, lo reconozco, bastante responsable. He sido un agónico del compromiso, nunca un profesional ni un narcisista del mismo, como se estila en los últimos años. Y eso resulta imperdonable “para hacerse una carrera”.

¿Te consideras una persona íntegra? En este sentido, ¿te arrepientes de tu consabida significación puntual con las FE-JONS allá por el 84? ¿Crees que los grupos han de significarse políticamente?
Con FE/JONS me significo puntualmente en el 86, con el famoso spot y la primera actuación del grupo Proyecto Bronwyn. Lo hago porque apoyo el paso de ese partido, bajo la jefatura de Diego Márquez, del feroz escuadrismo de la etapa raimundista previa a un abandono de la violencia y un alejamiento formal del culto a Franco. Meses después, cuando las elecciones vascas, al descubrir que esos cambios estaban desembocando en un acercamiento a las suciedades antiterroristas del PSOE, tema GAL y cloacas de Interior, rompo con el partido. No me arrepiento de las intenciones con que me signifiqué pero, de haber estado más informado sobre las conexiones entre azules y el gobierno felipista y que la reconversión del golpismo y del búnker iba a consistir en readaptarse a un modelo delincuencial a la mexicana, me habría ahorrado el acercamiento a FE/JONS y la creación de Proyecto Bronwyn. Y, claro, no habría habido veto (porque se me vetaba no por fascista desestabilizador de la prístina democracia del PSOE, sino por metepatas, por hacer propaganda de algo, FE/JONS, cuya tarea dentro del orden felipista era mantenerse en las cloacas cumpliendo su tarea de machaca, no bajo los focos como partido trendy, de moda). En cuanto a lo de la integridad, creo que mi problema es el ya mentado, el haber hecho (por exceso de ingenuidad y vehemencia) un ejercicio poco funcional de la misma (y, por cierto, en lo que yo pueda tener de tonto útil, soy completamente inútil: así, con mi presencia en el spot, FE/JONS logró los resultados más pobres hasta ese momento, pues por una parte ahuyenté al facherío más irreductible y, por otra, no logré atraer a elementos críticos del partido, fuesen azules de izquierda o gentes directamente ajenas a lo falangista).

¿Es «El Eterno Femenino» (Nuevos Medios, 1982) tu obra cumbre como artista? ¿Aquella donde desarrollaste todos tus miedos y obsesiones, desde osos de peluche a perversiones inconfesas?
Mi obra cumbre no la veo en un disco determinado sino en canciones sueltas («La cólera», «En cualquier fiesta», «El único juego en la ciudad», «Diálogo», «El eterno femenino», incluso alguna poco conocida de experiencias ulteriores como «La Exposición Internacional de los 80», «El hombre que sabía demasiado», «Sunset Boulevard» o «Con paciencia» –recuperadas estas dos con mi actual grupo La Ruleta China-…).

¿Como es que nunca llegó un proyecto o colaboración con Carlos salvo en los albores creativos de ambos? ¿Y con tus admiradas Vainica?
Supongo que con Nacho Canut por medio, intrigando, era imposible. Quedó claro con el fallido intento de Piernas Ortopédicas, experimento paralelo a Paraíso y Pegamoides cuando compartíamos local de ensayo en Tablada. Y con las V2 ya tuve mi momento en aquella canción, «Sueño 84», donde hicieron voces y cuya música y arreglos corrió a cargo de Álvaro, el hijo de Gloria y bajista de La Mode, amén de la entrevista en profundidad para el libro de Júcar. Después, cuando se fueron acercando más y más a gentes como Sabina, Wyoming o Luz Casal, era inevitable que me viesen cada vez más como alguien ajeno a su mundo. Recuerdo el sofocón y disgusto que me llevé cuando vi en el programa de Tola la presentación de «Mi alumno» en plan duet con Wyoming (ahí abrí los ojos sobre cuál era mi lugar real en el mundo de las Vainica).

¿Qué opinión te merece todo el sonido continuador del pop que Carlos y tú os cansasteis de reivindicar durante los 80, con clara inspiración en las Vainica? Me refiero especialmente a lo que se dio en llamar Sonido Donosti, desde Aventuras de Kirlian o Family, pasando por Le Mans y La Buena Vida, y que en definitiva acabó impregnando al pop español de una cierta idiosincrasia de la que carecía.
Me alegro por Carlos. Es su revancha campeadora. Lo echan de su grupo, Dinarama, y en solitario, rumiando miserias, traiciones y soledades, alumbra momentos mayúsculos que servirán como referente para ese pop de los 90.

¿Por qué no ha habido revival de La Mode como sí lo ha habido de multitud de otros grupos de la época? Tus seguidores te lo agradecemos, pero ¿por qué? ¿Tan traumático fue el fin del grupo?
Hubo la rentreé en directo del 94 (el llenazo de Revólver y el vacío de la sala Apolo –por el boicot catalanista contra lo madrileño-). Mario Pacheco propuso preparar un nuevo disco pero ni Mario (Gil) ni Antonio (Zancajo), por entonces plenamente integrados en sus historias televisivas (y Mario, además, con sus ServandosAñade este contenido y sus Pingüinos), mostraron el menor interés. De hecho, ni se molestaron en hablarlo conmigo y me enteraría años después a través de Pacheco.

¿Qué paso con ese máster de LP de Paraíso que circula por Internet? ¿Por qué aún permanece inédito?
Miguel Ángel Sánchez tiene contrato conmigo para sacarlo desde 2002 y parece ser que, por fin, saldrá este mes de marzo.

¿Tan enemigo de la nostalgia eres como para negar el «Para ti»?
Fue un encargo de Carlos Berlanga en los inicios richmanianos de Paraíso, no una idea que me surgiese de manera espontánea. A medida que sacaba otros temas, su posible carisma se empequeñecía a mis ojos, y el hecho de que los antifans -esos personajes a lo «Misery» (Stephen King, 1987) que quieren encajarte en la estrecha caricatura que tienen de sus ¿ídolos?- me la pidan, me incita todavía más a pasar de recuperarla. Con Charlie quiero deconstruirla (algo a lo Flyng Lizards o Residents) y entonces, sí, interpretarla de nuevo como un zas, en toda la boca.

¿Qué queda del Zurdo adolescente que todos sus seguidores conocemos? Las Vainica, los comics, la nouvelle vague, la timidez enfermiza… ¿Sigues dibujando? ¿Has cambiado mucho desde entonces?
Ahora le doy al Photoshop: en esta entrada cuento toda mi grafopeya (palabra que acabo de inventar en un alarde de genialidad torera). Sobre la adolescencia, el jetlag entre mi corazón quinceañero, mi cronología mediando la cincuentena y mi sangre sabia a base de bofetadas y (todo sea dicho) alguna que otra recompensa, convierte al Tom Hanks de «Big» (Penny Marshall, 1988) en un sujeto de lo más equilibrado y armónico.

¿No crees que a veces te has complicado la vida con declaraciones más o menos polémicas? Por ejemplo, te leí una vez afirmar que la película representativa de la nueva ola en España sería «Arrebato» (1979) de Zulueta, pero para apoyar tus argumentos denostabas la filmografía primigenia de Almodóvar, tachándole de advenedizo. Mi pregunta es, ¿crees que la pasión y el fervor con que has defendido tus ideas te ha podido llevar a la automarginación? ¿Has buscado la polémica a propósito o te la has ido encontrando a tu paso?
Me reafirmo en lo de «Arrebato» y Almodóvar. No busco la polémica pero no sé mentir ni eufemizar: o digo lo que creo debo decir o me callo. Mi madurez consiste en callar cada vez más.

Háblanos de El Zurdo hoy. ¿Cómo es un día cualquiera en la vida de Fernando Márquez? ¿A qué dedicas tu tiempo?
Internet (Facebook y correo, escribir para los blogs y la web, ver algunas series…), lectura, televisión, audición de música mientras me hago la comida, ir a la compra, ensayos… Más o menos como antes, pero en más pobre (desde 2006, por el affaire de AFINSA).

Recientemente publicabas en tu Facebook el supuesto estado de precariedad económica en el que te hallabas. Sin embargo, hace algún tiempo existía el mito, quizá extendido por ti mismo, de que vivías suficientemente con los derechos del «Para ti».
No cobro de la SGAE desde 2006, salvo las devoluciones de Hacienda por retenciones. Todo se lo llevan los plazos de la sociedad médica.

¿Sigues componiendo habitualmente? ¿Qué hay de La Ruleta China, tu proyecto musical junto a Charlie Mysterio y Clara Collantes?
Tenemos apalabrado un Siroco para el 1 de febrero aparte de que, según buenas fuentes, Siesta quiere sacar el disco que grabamos en 2008 para este 2013. A ver si es verdad…

¿Son estas dos personas tu nexo de unión con la actualidad musical? ¿La sigues de cerca?
Charlie, por su condición de apóstol y misionero del pop, es mi nexo desde que lo conozco con novedades y hallazgos. Últimamente, también Fb por cosas que cuelga el personal y que, de cuando en cuando, me llaman la atención.

¿Sigues escribiendo? ¿Alguna novela o ensayo en ciernes? ¿Quizá algún libro que plasme tus dotes culinarias?
Tengo ese libro que hice con dos fotógrafas y que busca editor desde 2010. El resto se me va en cosas para la red y en alguna letra.

¿Por qué tu manía de autocitarte continuamente en tus escritos? ¿Crees, como aquella canción de El Niño Gusano, que todo lo que estás diciendo lo dijiste antes ya?
No es creencia, es certeza. También, con los años y los palos y los trillones de entrevistas, tengo cada vez menos paciencia para repetir las cosas. Para eso están los links.

Recientemente Pedro Pinzolas ha editado una película sobre tu figura. ¿Estás contento con el resultado o más bien te sientes a lo Panero tras ver «El Desencanto» (Jaime Chávarri, 1976)? Por cierto que poco o nada se conoce de tu familia…
Pinzolas está encantado conmigo y yo con Pinzolas. «El Bosque Zurdo» (2012) es el anti «Desencanto». De mi familia (mi madre, mi abuelo, y otros parientes), cuando me da la vena, suelo largar alguna que otra píldora.

¿Cómo te gustaría ser recordado?
Como lo seré: por pocas, pero excelentes personas. El resto arderán en las llamas eternas y tendrán cosas más importantes de que preocuparse que pensar en mí.

Recientemente y con motivo de su primera exposición en Madrid, Javier Aramburu ha vuelto a estar en boca de todos; aunque a decir verdad, nunca lo ha dejado de estar, bien sea por la mitología que rodea al universo Family, bien por las pequeñas píldoras gráficas con las que nos ha ido obsequiando a cuentagotas desde su decisión de dejar de lado la ilustración de portadas, Single mediante, principalmente.

Cuando uno repasa la obra de Aramburu no puede sino experimentar una sensación de respeto absoluto, pues hablamos de una persona -no vamos a descubrirla a estas alturas- que ha dado color, y de qué manera, a gran parte de los discos más míticos de los 90 y, por ende, del undergroundespañol. Curiosamente, a la mayoría de esos que ajenos a la moda del tiempo han conservado toda su esencia, aupándose en los altares del reconocimiento general y envejeciendo mejor que bien. No todo lo de Aramburu, por cierto, lo ha hecho del mismo modo. Ahí quedan carteles y flyersrelacionados con Contempopráneas y Benicàssims, vericuetos poperos plasticosos y cosas anodinas mucho más comerciales que ustedes mismos pueden juzgar en este fantástico blog recopilatorio de su obra.

Me gustaría destacar, atendiendo a mis gustos personales, cinco portadas geniales. El criterio empleado para ello es un compromiso entre lo estético y lo musical, pero primando más lo primero, pues sino estaríamos hablando de citar de una tacada «Un Soplo en el Corazón» (Elefant, 1993) de Family, el «Soidemersol» (Siesta, 1997) de La Buena Vida, el «Super 8» (RCA, 1994) de Los Planetas y un par más que podrían estar entre las que confeccionó para los lanzamientos en Elefant de Vainica Doble, Décima Víctima, Alaska y los Pegamoides y Carlos Berlanga; precisamente, ninguna de ellas de mis preferidas, pero simbolizando una asociación del todo natural.

Allá va, pues, mi selección:


 
Ana D – «Satélite 99» (Elefant, 1997)
Una rareza tan exigua como misteriosa como «Satélite 99» encuentra su mejor aliado en el arte de Aramburu, así como los textos de Javier Corcobado e Ibon Errazkin y las múltiples versiones que nos hallamos deconstruidas en el disco lo encontraron en la hiriente voz de Ana D. Un universo concentrado en un madejado de flores por el que Ana asoma tímidamente la cabeza, quizás reivindicando su huequito en la historia del popespañol. Una portada dulce, delicada y enigmática para un feliz accidente.
 
 
 

 
Apenino – «En la Hora Azul» (Jabalina, 2003)
Tras Dar Ful Ful, Apenino, o lo que es lo mismo Marco Maril, nos entrega este breve EP que entronca con el estilo más puramente Family, saliendo airoso del envite y dando forma a un trabajo tan disfrutable como la maravillosa portada con vistas al mar con la que Aramburu desdibujó el tiempo y la distancia. Una portada que sugiere de manera fehaciente lo que nos vamos a encontrar dentro.
 
 
 
 

 
Aventuras de Kirlian – «Aventuras de Kirlian» (DRO, 1989)
El do-it-yourself del pop viene presentado por una portada simple pero magnética, como las propias composiciones del grupo. Todo el arte gráfico de la corta pero interesantísima discografía de Aventuras de Kirlian, como no podía ser de otro modo, corre a cargo de Javier, quien se inclina para este disco por los colores grises, taciturnos y apagados, representativos de la saudade característica del Sonido Donosti, escena a la que el grupo en cuestión da el pistoletazo de salida. «Un día gris en una casa…»
 
 
 

Single – «Pío, Pío» (Elefant, 2006)
Quizá sea la de este «Pío, Pío» de las portadas más recientes de Aramburu la más hermosa. Teresa, convertida ya a estas alturas en una musa absoluta, de perfil e inundada en verdes besa a un pajarillo sin que sepamos cuál de los dos es más delicado, dando lugar a una de esas portadas que incitan a comprar el disco aun sin tener idea de lo que uno se puede encontrar dentro. O mejor aún, dando por sentado lo excelso del contenido a partir de la magnífica portada. Luego ya cuando uno descubre lo que hay dentro, no puede sino rendirse ante tan sublime asociación gráfica y musical.
 
 
 

Le Mans – «Mi Novela Autobiográfica» (Elefant, 1997), «Yin Yang» (Elefant, 1998) y «Aquí Vivía Yo» (Elefant, 1998).
Y, para terminar, la mejor despedida posible y una pequeña trampa por mi parte, al tratarse no de una sino de tres portadas. No se me ocurre una manera más sobria, sutil y elegante de decir adiós. Sin dramas ni ruido. Una despedida eterna, como su obra.
 
 
 
 
La mística de Aramburu, su aura de artista inaccesible extensible a su entorno, el misterio. Indudablemente ha sido, y posiblemente sea aún durante los próximos años, el portadista de la independencia española por antonomasia.

1 – Los Sencillos, el grupo del ilustre Miqui Puig, se llamó antes Aullidos en el Garaje.

2 – Rafa Gutiérrez, guitarra de Hombres G (y también de Plástico) es hermano de Felipe Gutiérrez, integrante de Tequila (además son igualitos).

3 – El hoy reconocidísimo cocinero Sergi Arola, perteneció al grupo Los Canguros, y de vez en cuando ejerce como DJ en eventos y fiestas de guardar.

4 – Los gallegos Aerolíneas Federales (uno de los grupos favoritos de Los Nikis por aquella época) editaron una canción que se llamaba “Soy una punk”, en la que la letra narraba: “(…) Asusto a las viejas, y me pinto de azul, yo, yo, yo hago lo que quiero porque soy una punk…”. Los Nikis, desde Algete, replicaron en “Mi chica se ha ido a Katmandú”: «Ella era una chica muy punk con el pelo teñido de azul, pero ahora se ha ido Katmandú. Con unos hippis se fué al Himalaya hace ya un mes, no la he vuelto a ver. Desde entonces mi cabeza me falla, yo no sé, yo no sé que me vá a suceder. Porque mi chica se ha ido a Katmandú, uh. Mi chica se ha ido a Katmandú. Me parece que no volveré a verla más». Y, José Luis Moro, o lo que es lo mismo Un Pingüino En Mi Ascensor, ideó algo después el fin de esta historia en su fabulosa tonadilla «Moda y meditación»: «Después de cuatro años por fin Emilio está contento, su chica volvió de Katmandú y le pidió perdón…» (Supuestamente, se refiere a Emilio Sancho, voz de Los Nikis).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5 – De la misma forma, las -generalmente sobreenaltecidas- Vainica Doble, tenían una canción muy bonita, que se llamaba “Cartas de amor”. En ella contaban cómo alguien enviaba cartas de amor imaginarias, sin destino… Años después, el injustamente defenestrado grupo La Monja Enana escribió la canción del destinatario de esas cartas; una tonadilla que decía: “Cartas de amor en mi buzón, cartas de amor sin dirección, nunca sabré quién las mandó, debe tratarse de un error…”. Una historia de amor imposible e intergeneracional.

 

 

 

 

 

 

 

 

6 -Pedro San Martín, Javi Sánchez, Raúl Sebastián y Mikel Aguirre, se interesaron por Irantzu Valencia, en un principio por ser la hermana de Nacho Valencia (uno de los dos Nachos de La Dama Se Esconde). Enseguida conectaron en lo musical y nació La Buena Vida, con una voz más que característica y áspera: la de la propia Irantzu.

Dicen que el amor es el motor del mundo. El Eros, como señalaba Freud, es el instinto que, sublimado, da lugar a las más elevadas artes. Pero claro, no es él único sentimiento en el mundo. En lo musical, el amor ha sido el tema más recurrente, pero justo es decir que los anglosajones han coreado himnos que nada tenían que ver con corazones rotos y anhelos sentimentales. Temáticas como la perdida de la fe, la diferencia de clases o la vacuidad de la música electrónica han sido material para hits tan indiscutibles como «Losing my religion», «Common People» o «Panic». El asunto de las letras en el pop y el rock español, sin embargo, ha sido escasamente revisado. Críticos y oyentes a veces han manifestado un cierto conformismo con esta cuestión, desviando el análisis hacia otros aspectos de la música, y dando el visto bueno siempre que la letra no acabara directamente cargándose la canción.

Tal es así que en los 90 se llegó a ver el curioso fenómeno, no sólo del viraje a un inglés deficitario y de temáticas burdas; sino incluso que algunos grupos ni siquiera cantaban en ese idioma, y simplemente balbucearan un fraseo sin sentido que imitaba su dicción. Los pocos grupos de los 90 que rompieron desde el inicio con esa tendencia, solían solucionar el problema enterrando la voz en el sonido hasta hacerla prácticamente ininteligible, caso de Los Planetas o Sr. Chinarro, o tiraron por una suerte de surrealismo críptico, como hicieron El Niño Gusano. Hay algo evidentemente entrañable para nosotros, oyentes, en todo esto, que nos hace mirarlo con ternura y nostalgia. Sin embargo, no parece que los propios artistas sean tan benevolentes. Curiosamente, la mayoría de ellos han avanzado a lo largo de sus carreras hacia una música donde las letras se hacen cada vez más claras, las voces se oyen cada vez más altas, y se reniega un poco de esos primeros discos, que han acabado por convertirse en una especie de huella incómoda.

Sin embargo, no hay que desdeñar la identidad lírica que muchos grupos han conseguido en su manera particular de enfrentarse al escollo del texto. Las letras de desamor y resentimiento, en un lenguaje llano y certero, tan típicas de Jota de Los Planetas, por ejemplo, han acabado siendo una seña de identidad innegable. El problema quizá viene cuando aparecen sucedáneos que se agarran a esa temática como la única posible y, quedándose en lo superficial, acaban haciendo cada vez peores copias de la idea original. Afortunadamente, algunos heterodoxos de las letras de pop y rock español nos han enseñado que hay un camino más allá del amor, el lamento y la deriva existencial, y que ese camino no pasa necesariamente por el hermetismo, la poética vacía y la vaguedad argumental. Con esta excusa voy a repasar en diez nombres lo que para mi representa esa manera de entender el texto como algo narrativo y abierto a los más improbables temáticas.

Vainica Doble: Vainica doble es, sin duda, uno de los más extraños casos que se ha visto en esta tierra. Santonja y Van-Aerssen eran capaces de hacer una canción a una funcionaria («La funcionaria»), reclamar con psicodelia cañí los productos de la tierra («Déjame vivir con alegría») o abrir un disco con una amarga canción sobre una amistad decepcionante («Réquiem por un amigo»). En su lírica, los refranes y la terminología popular conforman un mundo tan personal e intransferible como sus giros y armonías vocales.

Mecano: Cuesta creer ahora la popularidad que alcanzó un grupo que a veces dedicó sus canciones a las temáticas más marcianas. Su primer éxito estaba inspirado en una resaca («Hoy no me puedo levantar»), pero no sólo eso, también fueron capaces de cantar a cementerios («No es serio este cementerio»), perras astronautas («Laika»), y excéntricos personajes («Dalai Lama», «‘Eungenio’ Salvador Dalí»). En las canciones de Mecano cabe desde la frivolidad esteta («Maquillaje»), a la trascendencia naïf («El fallo positivo»), pasando por el cuento gótico («Hijo de la luna»).

Antònia Font: Los mallorquines llevan colgada, casi desde el inicio, la etiqueta de exquisita rareza. Por cantar en mallorquín sin sonar a cançó catalana, por inspirarse casi exclusivamente en otros heterodoxos como Jaume Sisa, y por meternos en un mundo extraño, lleno de astronautas rimadores, robots con sentimientos, alpinistas-samurais, iglús y batiscafos. Con esa materia prima cocinan fantásticas historias, instan a los alienígenas a hacer una visita turística a este planeta de polvo y de mierda que es la tierra («Extraterrestres») o dedican una canción entera a las ocurrencias de su compositor, Joan Miquel Oliver, cuando está aburrido con un papel delante («Wa yeah!»)

Single: Quizá la depuración definitiva de la manera de entender la música de Ibón Errazkin, el hombre que creó el, posiblemente, primer grupo indie de la historia de España. Single es un grupo de barroquismo marciano, capaz también de hacer canción de cualquier cosa. Con ese estilo narrativo que bordea lo relamido para alcanzar lo genial, igual hacen una oda al trino de un pájaro («Pio Pio»), al amor platónico entre un perro y su dueña, desde el punto de vista del perro («Mi perrito librepensador») o la eterna procrastinación de dos amantes («Posponías»).

Airbag: Aunque gran parte de su repertorio encuentra la inspiración en las historias de amor y desengaño post-adolescente, hay otro grueso de las canciones de punk pop de la banda que encaran las temáticas más freaks. Han dedicado varias canciones a sus películas favoritas, como a «La Matanza de Texas» (Tobe Hooper, 1974) –«Familia de subnormales todos locos»-, a «El Resplandor» (Stanley Kubrick, 1980) –«El resplandor»– o «La Mujer Explosiva» (John Hughes, 1985) –«Ciencia explosiva»-, suelen hablar de cómics, videojuegos y ciencia ficción y han dedicado sus singles más exitosos a temas como el suceso de Roswell («Roswell 1947») o la mafia rusa («Mafia rusa en la Costa del Sol»).

Los Punsetes: El sarcasmo y el humor retorcido de Los Punsetes supuso un soplo de aire fresco para el panorama nacional. Lo que ha marcado la diferencia de su monolítico post-punk han sido sus particulares letras. Tras sorprender con un himno dedicado a la excesiva presencia policial en la noche de Malasaña («Dos policías»), han tenido palabras para la gente que mira en los accidentes («Accidentes»), los tipos que observan con asco a las parejas («Queridoalberto») o la tendencia de la naturaleza al desastre («Lo natural»). Entropía y misantropía, solo ellos podían hacer un estribillo mandando a tomar culo a tus amigos («Tus amigos») y conseguir que se coree en las discotecas.

Ornamento y Delito: Tan oscuros como Los Punsetes, pero sin recurrir al humor, o haciéndolo con tanta seriedad que no se le ve la gracia a la cosa. Ornamento y Delito presentan los temas más escabrosos con una crudeza que hiela la sangre. Así, adolescentes violentos («Policía»), licenciados abúlicos («Beñat») y ciudades corrompidas («Madrid») pueden ser objeto de un frío análisis, que revela lo grotesca que es la realidad cotidiana. Como la rara avis que son, pueden permitirse sacar un single («Bono es Dios») en que a través de una anécdota personal, abordan el origen de la gente que hoy copa el establishment musical.

Klaus & Kinski: Los murcianos han definido su peculiarísima personalidad no sólo a través del eclecticismo, sino también a través de sus textos. Así, pueden retorcer los refranes («Ojo por diente», «Lo que no cura mata»), dedicar un bolero a Mengele («Mengele y el amor»), hacer un charlestón político-económico para Bakunin («Carne de Bakunin») o darle sabor folk al lamento de un niño lleno de miedos («Mamá, no quiero ir al colegio»).

Raúl Querido: Conocido por su incontinencia creativa y por haber dedicado canciones con sorna a Christina Rosenvinge, Amaia Montero, Antonio Luque o Mai Meneses, entre otros, la canción para Raúl Querido es una libreta abierta a cualquier tipo de reflexión. Detrás del humor cafre y punk («Sostres Sostres», «NNO, Nana del Nuevo Orden») suele haber una provocación con enjundia, pero ante la tentación de leerle sólo en clave de postmodernidad, es recomendable acercarse al Raúl más reflexivo («Reinventar el domingo», «Invierno perpetuo») donde las inquietudes personales alcanzan una franqueza devastadora.

Astrud: En ese arte de hacer canción de cualquier cosa, nadie ha alcanzado un nivel tan depurado como Astrud. Todos los temas valen, desde un niño que acaba de enterarse de que no existen los Reyes Magos («Son los padres»), a las deletéreas personalidades de los poetas patrios («Nuestros poetas»), pasando por la añoranza de un bar que cerró («Acordarnos»). Salen victoriosos de casi cualquier reto, ya sea cantar a la grabación de un CD casero («CD»), dedicar un pasodoble a un chiste sobre la personalidad española («Hay un hombre en España»), abordar lo decorativo de las ansiedades neuróticas («Miedo a la muerte estilo imperio»), hacer una canción sobre afirmaciones que se hacen y se deshacen como si fueran un dibujo de Escher («Me desdigo») o dedicar una letra a la última vez que se hacen las cosas («La última»). Las canciones parecen hacer de diván para las angustias y fantasías de Manolo, y hasta cuando habla de amor, lo puede hacer de las maneras más exóticas, por ejemplo, con Noam Chomsky protagonizando un improbable idilio por la red («Noam Chomsky»).

El camino de los heterodoxos no acaba aquí, claro. Canciones de bandas nuevas como «Cruzo los dedos» de Doble Pletina, que aborda la desidia de una ciudad que se vuelve cada vez menos excitante, «Trovadores» de Solletico, que repasa la evolución de la música cantada a lo largo de la historia o «Sentido y referencia» de Los Lagos de Hinault, que analiza una conversación trivial desde distintos focos, son buenos ejemplos de que hay aún espacio y talento para salir de la obviedad a la hora de hacer una canción. Parece que sí, que hay vida más allá del amor.