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Doble Pletina
Doble Pletina por Iñaki Espejo

Ya está muy manido, y probablemente muchos estemos hartos de escuchar esa frase que dice algo así como que la crisis es un momento de oportunidades, y es cierto que cada día que pasa, dejamos de creer en todas esas consignas sacadas de guías de autocomplaciencia; pero a decir verdad, no sé si cegado por un optimismo casi desconocido en mí o qué, he observado cómo en cierto modo esto se está haciendo realidad en la escena independiente, o quizá mejor dicho, underground.

Hace no tanto tiempo veía cómo promotoras nos bombardeaban con propuestas bastante pobres y a precios exagerados, porque para qué engañarnos, el ultimo hype inglés del momento, con un repertorio que difícilmente superaba los cuarenta minutos, sin teloneros y a más de veinte euros la entrada, era algo demencial. Yo aún recuerdo la amarga sensación que me producía imaginarme un taxímetro virtual encima del escenario que a cada minuto subía cincuenta céntimos; supongo que era algo mucho más entretenido que ver a un grupo que por lo general tenía una nula empatía con el público y que claramente se planteaba aquella pantomima como un viaje recaudatorio y puro trámite para que la promotora editara el disco aquí en España y luego les colocara en algún festival.

Yo, concretamente un mes de septiembre, me cansé de todo eso y mandé a todos a la mierda: No volvería a pagar más de veinte euros por un concierto, salvo en ocasiones muy concretas y especiales.

Obviamente no dejé de ir a conciertos, lo que ocurrió es que dentro de la nueva franja de precios autoimpuesta me reencontré mucho más con las bandas locales, que estaban empezando o que militaban en el underground como ejercicio voluntario y artístico. Grupos que ofrecían fiestas en las que lo normal pasaba a ser que actuaran dos, tres, cuatro o hasta cinco grupos, a precios más que razonables y sintiendo que mi asistencia pasaba a ser mucho más valorada, que importaba que fuera allí y que incluso con la diferencia de lo pagado y lo que me hubiera costado anteriormente un concierto, me permitía llevarme a casa sus maquetas, discos autoeditados en CD-r, splits, 7″… Desde entonces más que nunca volví al lema “support your local scene”.

Hoy el escenario es bien distinto, las vacas gordas ahora son anoréxicas y el dinero no va y viene como antes; ahora toca pensar en qué nos gastamos el dinero y ya no es tan fácil colar a cuatro mindundis imberbes procedentes de Londres, que por puro azar han logrado crear cinco o seis canciones graciosetas y que obviamente no van a ir a más. No será tan fácil colarlos en un festival y tampoco montar un concierto de ellos en la sala Moby Dick explicándoles además que no van a tocar por un caché fijo, sino que irán a un tanto por ciento de lo que se saque en taquilla… “Seriusly, are you kidding me? Fuck you Spanish bastard!”. A fin de cuentas en la NME salen todas las semanas como la nueva promesa británica, es normal una respuesta así. Con esto algunos promotores más listos han dejado la música “indie” de lado, se han pasado al rock, con un público más fiel y con cachés menos inflados, otros han optado por cerrar puertas. Además el público se iba cansando de que les torearan, o claro, quizá su beca, su contrato en prácticas, el paro o la paga de sus padres ya no les deje espacio para hacer el idiota acudiendo a la sala Randall a escuchar ruido poco distinguible que sale del escenario que a su vez es tapado por columnas.

¿Y qué pasa con el vacío creado en la actualidad? ¿Vacío? ¿Qué vacío? La gente con inquietudes musicales está reencontrándose con su propia escena underground, descubriendo cómo son capaces de obtener más por menos, sintiéndose mucho más participativos y con la capacidad de aportar cosas nuevas mediante la creación de grupos o pequeños sellos discográficos; o blogs, o produciendo vídeos, o aportando diseños, u organizando conciertos; generando muchísima más actividad de la que se podía tan sólo soñar hace diez años. Tanta actividad a su vez está produciendo el efecto llamada, los medios digitales están provocando que a su vez los mayoritarios presten atención a grupos pequeños y, claro está, que cada día más y más gente vaya a los conciertos.

La falta de medios generalizada parece que se está aliando con aquellas propuestas más modestas pero que se hacen desde el corazón. Hoy por hoy, es más fácil lograr llenos en los conciertos underground que se están celebrando en el circuito de salas de Madrid, ya sea Fotomatón, Juglar, El Perro, Costello, Nasti o Siroco, y tengo claro que en un corto periodo de tiempo aún veremos crecer más el circuito y la integración de bandas a nivel estatal. Los sellos están agotando las ediciones en vinilo producidas para sus LP y singles, dejándonos auténticas joyas editadas que pasaran a ilustrar una época, de reliquias editadas en CD-r o cassette desafiando al paso del tiempo y el olvido.

Esta es una etapa dulce que se debe aprovechar pero con la que no nos debemos dejar cegar, ya que como todo en la vida, tiene su trampa: Lo que hoy es una oportunidad, mañana puede ser otra vez la tumba de toda una escena si cuando se vuelvan a tener medios no se evita repetir los errores que se cometieron hace casi ya veinte años con lo lo más parecido a lo que fue una escena alternativa.