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Una de las muchas satisfacciones que me produjo la elaboración de «50 Anos de Pop, Rock e Malditismo Na Música Galega» (Toxosoutos, 2010) fue poder conversar con Germán Coppini sobre el pasado, presente y futuro de la música y descubrir su amor incondicional hacia ella. En el siguiente texto simplemente transcribo sus impresiones, sin adulteraciones innecesarias, justamente a dos días de enterarnos de su trágico y fulminante fallecimiento.

Un placer, Germán.

Foto de Xulio Correa
Foto de Xulio Correa

La Movida fue ante todo euforia, creatividad; había menos posibilidades que ahora, y muchos menos medios, pero esto lo suplimos con una gran curiosidad. Teníamos muchas ganas de hacer cosas, la falta de medios y de conocimientos musicales en muchos casos se suplió con talento. Fuimos una generación técnicamente inferior a la siguientes pero dejamos grandísimas canciones que perduran y perdurarán a lo largo de la historia. Hoy en día sufrimos una avalancha de nada, vivimos en un mercado saturado en el que no hay tiempo para escuchar música con la tranquilidad necesaria.

En esos primeros 80 éramos una hinchada generalizada, amigos unos de otros y los éxitos de nuestros vecinos los asumíamos como propios. En ese sentido podemos hablar de corporativismo. En la actualidad la música está regida por el anarco-individualismo, falta definir unos objetivos y unas formas. Nosotros vivimos los inicios de todo, tanto los grupos como los medios y las discográficas fueron pioneros en todos los aspectos; era un proceso continuo de acción-reacción, no había miedo a equivocarse: primero se hacían las cosas y si funcionaban se mantenían. Era todo como un constante programa piloto. La curiosidad llevaba al descubrimiento, y no teníamos ningún pudor a la hora de reconocer influencias o apropiaciones ajenas. Esto es importante, las generaciones antiguas deben estar presentes siempre, la música carece de puertas, es un proceso en continua construcción que tiene unos cimientos que deben reflejarse.

En cuanto a mis inicios con Siniestro Total y Golpes Bajos tengo que decir que Vigo era un territorio muy duro en el que la mejor manera de hacer soportable la semana era tener un grupo con otro tres o cuatro descerebrados en el que tocar los fines de semana. Sin proponérnoslo alcanzamos la notoriedad. Creo sinceramente que el hecho de que con el tiempo se generara ese romanticismo acerca de los primeros Siniestro y Golpes Bajos fue su corta vida, no dio tiempo a desgastarse, a convertirse en réplicas absurdas de lo que habían sido.

Luego llegó mi aventura en solitario, de la que tengo que decir que me hizo desmarcarme de un mundo y una industria en la que perdí la fe -aunque la pasión del músico se regenera constantemente, por eso continuo en escena-. Los 90 fueron años terriblemente tristes para mí, perdí a mis padres y a mi hermano y me sentía formando parte de una industria mezquina sin visión para llevar adelante mi carrera. Reconozco que tuve una trayectoria atípica y que pagué los platos rotos por ser un pionero, por ser el primer solista, y es que fui el primer solista, entendiendo por esta definición el primero que salió en solitario a un escenario alejándose del prototipo de cantante romanticón. No se valoró mi papel, Urrutia, Manolo García abrirían el camino posteriormente.

Lo que más me duele hoy en día, es que se reconozca nuestra labor mediante premios y palmadas en la espalda pero al mismo tiempo nos cierren las puertas de la industria y los medios para dar a conocer lo que hacemos actualmente. En otros países el artista lo es hasta que muere, y se le reconoce su trabajo dándole la oportunidad de desarrollarlo durante su vida. Aquí nos reconocen las canciones que hicimos de adolescentes, con apenas veinte años, y ahora que tenemos el doble de edad y el doble de cosas que contar, se nos condena al olvido.

De lo que más orgulloso me siento es de ser siempre fiel a mí mismo y no convertirme en un trabajador de la música que edita un villancico cada Navidad, todo eso a pesar de ser lento y prejuicioso para hacer determinadas cosas y de tener un carácter muy visceral que fue el responsable de algún que otro encontronazo.

Con motivo de la exposición «Esta Canción Me La Encontré Tirada» (Ferrol, Centro Torrente Ballester) que se inagura el viernes 19 de julio a las 20:00, uno de nuestros administradores, Fernando Fernández Rego, analiza la escena independiente gallega actual y sus antecedentes en este artículo que forma parte del proyecto editorial con carácter divulgativo y recopilatorio que presenta, con gran calidad gráfica, una serie de fichas técnicas, letras de canciones, fotografías y todo el trabajo de autoedición y producción compartida que rodea al singular universo creativo de cada grupo. Ahí aportamos nuestra base de datos como material de apoyo principal. La exposición pone de manifiesto la estrecha relación entre la música y las artes gráficas, intentando analizar todo desde la perspectiva de cómo los grupos consiguen su propia imagen trabajando el do it yourself, creando sus propios canales de difusión o colaborando con gente de otros campos creativos como el diseño gráfico o el audiovisual.

Hubo un tiempo en que para encontrar propuestas medianamente interesantes a nivel musical había que viajar a Londres o Nueva York, a Madrid o Barcelona. Desde los años 80, aquellos años de Movida en Vigo y del despegue de la música pop gallega con Siniestro Total y Os Resentidos al frente, los tiempos han ido cambiando, y mucho. Hablar de escenas es complicado, de hecho a veces me da la sensación de que éstas tan sólo existen si se habla de ellas, de que somos los cronistas los que convertimos a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia en el espacio y en el tiempo en una escena. Como ejemplo tenemos aquellos hoy lejanos años 80. A mucha gente le sonará La Movida de Vigo, aunque pocos tengan claro qué es movida y qué no. Unos grupos se suben al carro y otros reniegan, según sus intereses; pero todos asociamos el término a “música hecha en los 80”, a recopilatorios de cuatro CD e innumerables libros sobre el tema. Un término fagocitador que terminó absorbiéndolo prácticamente todo, incluso bandas de zonas geográficamente deslocalizadas del área de influencia viguesa. Con todo, pocos se acuerdan de formaciones como Cuadros Malvendidos (Ferrol), Metro (Carballo), Bar (Vigo), Desertores (Vigo) y muchos otros, quedándose todo en el ramillete Siniestro – Resentidos – Aerolíneas Federales – Semen Up – Golpes Bajos.

Los 90 parecen más claros, supusieron el desarrollo del término independiente o alternativo para referirse a todo lo que presentaba una alternativa a la música mainstream. El problema como suele ocurrir en estos casos es que pronto las multinacionales vieron un filón en las bandas que seguían los jóvenes y entraron en el negocio, tanto las discográficas como las marcas de bebidas, coches y demás. Incluso se generaron todo tipo de grupos prefabricados. A nivel nacional bandas como Australian Blonde, Sexy Sadie o Dover alcanzaron un importante y efímero, salvo en el caso de estos últimos, reconocimiento. De hecho los madrileños llegaron a vender más de 800.000 copias del “Devil Came To Me” (Subterfuge, 1997), cifra astronómica en España para un grupo que, además de pertenecer a una compañía independiente sin demasiados medios, tenía el estigma de cantar en inglés… con nivel de COU. En los 90 Galicia no gozaba de una buena infraestructura ni de una industria como tal que pudiese sacar a delante las propuestas que surgían, diseminadas por toda su geografía. Los inicios fueron duros, en algunos casos, muy duros. La falta de medios dificultaba no sólo la edición física, sino también el desarrollo de las carreras musicales de los grupos. Aunque bandas como Os Resentidos, Los Suaves o Siniestro Total gozaban de una posición privilegiada a nivel nacional, no todos alcanzaron el reconocimiento, y el malditismo estuvo también muy presente. Bandas como La Rosa del incombustible Magín Blanco, Cosecha Roja –hoy en día Burgas Beat– o Los Eskizos y Los Contentos –profetas que trajeron a nuestras tierras el garage más sucio y ayudaron a que muchos descubrieran a los Stooges, a The Cynics, a MC5 y el rock más visceral-, no alcanzaron nunca el reconocimiento que realmente merecen. ¿La razón? En Galicia no teníamos una industria consolidada, faltaba un circuito de salas en la que los grupos pudiesen realizar conciertos en condiciones, faltaban estudios de grabación profesionales, un público que respondiese, festivales, compañías de management, discográficas propias que pudiesen editar a los grupos y un largo etcétera. En otra liga jugaban los que lograban firmar con sellos multinacionales, como es el caso de Los Piratas, quienes rápidamente dieron el salto y se colaron en las radiofórmulas, haciendo que las ventas se disparasen con aquel “Poligamia” (Warner, 1995) y ese himno titulado “Promesas que no valen nada”.

En estos años tiene lugar la eclosión del Rock Bravú, que es la gran aportación gallega a la música de los 90. El bravú fue un movimiento heterogéneo con una serie de pautas comunes: la utilización de la lengua gallega, una acérrima reivindicación de las raíces, un nivel elevado de costumbrismo agrícola y rural, y en unos casos muchas ganas de fiesta. en otros un carácter insurgente y crítico. El movimiento creció gracias al apoyo de la TVG y a un programa en concreto de esa cadena: el Xabarín Club; debido a la realización de múltiples videoclips que se emitían a modo de karaoke y que consiguieron que muchos de nosotros tengamos esas canciones grabadas a fuego en nuestra memoria. Grupos bravú como Os Diplomáticos de Monte-Alto, Heredeiros da Crus o los propios Yellow Pixoliñas lograron un importante calado en los medios y el público gracias a que cada tarde miles de personas cantaban sus temas frente al televisor. Como decíamos, los primeros años 90 fueron los de la eclosión indie. Con grupos como Pavement, Sonic Youth o Nirvana en mente, surgen multitud de bandas que copiando geometrías sonoras anglosajonas y con el inglés por bandera fueron poco a poco tomando posiciones. Los asturianos Australian Blonde dieron el primer gran pelotazo con aquel “Pizza Pop” (Subterfuge, 1992) y aquellas “Chup chup” o “September song”. En Galicia el movimiento independiente también cobra pujanza con bandas como Blood Filloas, Os Maruxa o The Killer Barbies.

Estos últimos irrumpen con gran éxito en la escena nacional. Hablamos de uno de los grupos con una mayor visión para el espectáculo y la diversión, con un impacto internacional realmente importante. Enamorados de la serie B, los ídolos de la cultura basura, el cómic y bandas como los Ramones o Misfits, su irrupción a mediados de los 90 facturando cómic punk o trashy punk trajo consigo un soplo de aire fresco necesario en una escena dominada por el pop y el noise. Tras grabar sus primeros trabajos en su propia discográfica –Toxic Records-, su fichaje por el sello del diablo, Subterfuge, y el pelotazo “Love killer” los catapultan al estrellato: suenan en las radios, en la televisión –gracias a que el tema es utilizado para el spot de Radical Fruit Company- y alcanzan las 10.000 copias vendidas de su primer largo, “Dressed To Kiss” (Subterfuge / Toxic, 1994). Una forma distinta a Los Piratas de alcanzar el éxito, desde la independencia más absoluta. Una de las bandas que más importancia concede a la imagen en estos años es Kozmic Muffin, grupo coruñés de rock progresivo y sinfónico que, como suele pasar en estos casos, tuvo un mayor reconocimiento en el extranjero que en nuestro país. Unos rara avis dentro de la escena gallega que se acercaron al mundo multimedia gracias a los trabajos de su batería, percusionista, letrista y guionista Patxi Valera. Resumiendo, podemos decir que los 90 fueron tiempos de luces y sombras, tiempos en los que se fueron estableciendo las bases para la explosión que se produce en los primeros años de la década del 2000.

Con el auge de Internet y la mayor disponibilidad de los medios tecnológicos se produce una democratización del sector y los grupos y la edición de discos comienzan a crecer de forma exponencial. Hoy podemos decir que algo importante se cuece en Galicia. Podemos hablar de escena underground, independiente… llamadlo como queráis. ¿El mejor momento de la escena de aquí? Pues posiblemente sí. Ahora en Galicia hay muchas bandas de diferentes estilos musicales como el powerpop, garage, electropop, punk, noise, hardcore, etc. Nunca antes en la historia de la escena musical gallega ha habido tantos grupos, de tan diferentes estilos y que derrochen tanta calidad. Esto evidentemente no pasa desapercibido, y los medios especializados tanto a nivel regional como nacional se han dado cuenta de ello y las bandas gallegas realizan con frecuencia giras nacionales. Al mismo tiempo es habitual que los medios realicen artículos cubriendo la escena gallega, preguntándose qué les dan de comer por aquí. En estos últimos tiempos han aparecido estos especiales en revistas como Rockdelux o Mondosonoro y webs como Hipersónica, por poner ejemplos. ¿Cuándo y por qué se ha empezado a gestar esta nueva escena musical? ¿Cómo se ha alcanzado este posiblemente mejor momento en cuanto a creación musical en la historia de la música alternativa gallega?

Podemos hablar de distintos factores, siendo quizá el más importante la revolución digital de nuestros días que supuso ante todo la democratización de la música, de sus medios de producción y distribución. La bajada de precios a la hora de hacerse con un equipo profesional ha facilitado por un lado la proliferación de estudios de grabación por toda la geografía gallega y por otro la de los estudios caseros. Internet es otra de las claves, los grupos además de grabar con facilidad tienen en la red la clave fundamental para su relación con el público y una fuente inagotable de promoción gratuita, utilizando plataformas como Bandcamp o Soundcloud para subir canciones y discos; y portales como Vimeo o Youtube para colgar videoclips y actuaciones. Es decir, no es necesario tener miles de euros para poder producir, ni tener un gran conocimiento técnico musical para poder realizar un disco. Cualquiera puede comprar un ordenador, descargar un programa de edición musical, grabar su propia música y hacer en días lo que antes se hacía en meses. Además, el talento de los artistas tiene más oportunidades de darse a conocer. Todo esto ha liberalizado los medios de producción y promoción. El proceso en muchos casos se cierra con la autoedición, es decir la edición física del disco (cassette, CD, vinilo…), que supone una nueva actitud ante el trabajo creativo. Esta puede hacerse de diversas formas. La más profesional sería recurrir al micromecenazgo o crowdfunding, que consiste en la aportación económica de muchos donantes para la causa a través de Internet; pero también se recurre a ediciones más “artesanales” y menos costosas. Porque lo importante es la música, emocionarse con ella, y eso en la actualidad puede hacerse sin intermediarios ni grandes campañas promocionales. Autoeditarse, además, es la forma de poder controlar todo el proceso de edición de un disco, evitar ese eterno conflicto entre el creador y la industria, decidir sobre el disco antes y después de la grabación, evitar que se convierta en un objeto ajeno en el estante de cualquier tienda.

También ha cambiado la manera en la que el público escucha música a través de Internet, destacando el crecimiento del streaming musical, que ha facilitado por un lado el descubrimiento de propuestas por parte de público y bandas, y por otro lado traspasar Pedrafita vía cable de alta velocidad para dar a conocer a las bandas gallegas por toda la geografía española y más allá. Hoy en día es frecuente que bandas reconocidas como Triángulo de Amor Bizarro triunfen en México –ya han ido a tocar en varias ocasiones al país azteca- y Sudamérica en general, pero otras con menor calado como Mequetrefe suenan por todo el globo y sus discos se reseñan en lugares como Costa Rica o Rusia. Incluso bandas como los ferrolanos Quant consiguieron llamar la atención del sello de Michigan Jam Records y Bang 74 recibieron elogios de uno de sus ídolos musicales, Michael Davies de los MC5, tras descubrirlos por casualidad. Le gustó tanto la canción “Time to make things right” que la puso en el perfil de su MySpace. Evidentemente todo esto sería prácticamente imposible sin Internet. Esta nueva era de transformaciones y democratización global ha sido crucial para dar el empujón que necesitaba la industria musical gallega y sacar a la luz muchos proyectos que de no ser por esta revolución seguramente no podrían haber tenido tantas posibilidades. Pero como casi siempre ocurre, las máquinas necesitaron calor humano para ponerse en marcha.

Pero un factor primordial es atender a los distintos colectivos que agrupan bandas, aunando fuerzas para salir hacia delante y hacer más ruido, tirando de ingenio con el do it yourself (hazlo tú mismo) por bandera. Ahí está la gente del Galician Bizarre (Novedades Carminha, Metralletas Lecheras, Carrero Bianco, Fantasmage…) haciendo piña y realizando recopilaciones en vinilo que se distribuyen a nivel nacional; colectivos como Seara Records (Jay, Vietnam) realizando recopilaciones de vídeos en VHS y lanzamientos en cassette con caja de lija (artesanía pura); Metamovida (Unicornibot, Cró!, Es Un Árbol, Why Go…) aglutinando grupos de Pontevedra y Vigo con lemas como “El verdadero arte está en lo amateur” (R. Crumb) y “Toca desde el puto corazón” (Bill Hicks); o Discos da Máquina (Ataque Escampe, Grampoder, Das Kapital…) en Santiago de Compostela. Todos ellos como amantes de la música, cuidan muchísimo la estética, el diseño… el disco como formato físico, como arma cargada de futuro. A todo ellos contribuyen grandes diseñadores gráficos, todo un lujo tenerlos por estas tierras, como Andrés Magán, Rubén Domínguez, Zé Pequenho o Santiago Paredes. Esto es lo más underground pero también existen discográficas profesionales que siguen cauces establecidos, como Ernie Records (Igloo, Maryland, Holywater, Niño y Pistola…) y Grabaciones de Impacto (The Allnight Workers…), y células de resistencia como El Beasto y Lixo Urbano (Samesugas, Curtinaitis, The Brosas…).

No todo es de color de rosa, y aunque «el momento en que vivimos es tan brillante que hay que usar gafas de sol», parafraseando a los Carrero Bianco, sólo se han puesto las primeras piedras del camino y resulta necesario profesionalizar una industria que, en realidad, vive mucho del hazlo tú mismo, del compañerismo, de la autogestión y de la autoedición, aspectos loables pero que no garantizan de por sí el futuro, una escena y una industria que permita que los gallegos creemos, produzcamos y consumamos nuestras ideas y nuestra música. Para ello sigue faltando infraestructura, discográficas profesionales, medios de comunicación con un importante calado, más promotores, salas que apuesten por la música en directo… y que no se pongan trabas a las que intentan hacerlo bien. Dejando a un lado a Triángulo de Amor Bizarro -lo suyo es para darles de comer aparte ya que no es que sean la punta de lanza de la escena gallega, sino que son una de las bandas más importantes de la escena independiente nacional-, tenemos que hablar de los grandes nombres del panorama actual; y ahí sin duda están Telephones Rouges una banda que ha alcanzado la madurez suficiente para desarrollar una personalidad propia que produce brillos centelleantes, para entregar canciones que convulsionan corazones y nos permiten viajar por la memoria con una sonrisa dibujada en el rostro, entre tintes siniestros e hipnóticos, entre melodías inquietantes, con una profunda carga poética y urbana.

“Recibo no meu buzón as partes dun laberinto de pel escamas a contraluz, fronteiras que amargan partes en ti. Non busco explicacións, debúxoas e agora podo seguir as cordas nas túas mans, sinais que me remiten á fin… sentirte é resucitar, sentirte é resucitar de min”.

También tenemos que hablar de Franc3s, los de Carballo han desarrollado una personalidad dominada por el ruido y el ritmo, por las sombras y la electricidad, por un imaginario propio que crece con cada entrega, por melodías envenenadas que como indica Henrique Mariño «suenan a nanas para el hijo del diablo». Y por supuesto de Disco Las Palmeras! -una verdadera descarga de rock oscuro y ruidoso-, de Novedades Carminha y su punk old schoolcon las miras puestas en la actualidad y con la dosis justa de costumbrismo casero y mucha mala leche. Fluzo, es decir, el MC que es es feliz siendo triste, Hevi, y el hombre tras los aparatos, Javier Álvarez, saltaron directamente al frente, con su rap del futuro. Ellos representan la vertiente más experimental y renovadora del hip hop tanto gallego como nacional, se alejan del rap tradicional y amplían horizontes dejándose llevar por la frescura y la efectividad. Hay un personaje que merece mención aparte y no es otro que Rafa Anido: una de las mentes más inquietas de la escena más subterránea gallega. Nombrar todas las formaciones por la que pasó a lo largo de su vida es una tarea complicada, desde los tiempos del colectivo La Familia Feliz de Santiago en los 90, en el que nos encontramos a Marco Maril –Dar Ful Ful, Apenino-, hasta Travesti Afgano, pasando por Los Iribarnes, Jiménez del Oso, Jiménez Los Santos y los ya citados Metralletas Lecheras. Sin olvidarnos de sus inquietantes y recomendables maquetas en solitario. Esta es la primera línea, pero pisando fuerte vienen formaciones como los antes mencionados Mequetrefe y su post rock aderezarlo con filtros de ruido, electrónica y psicodelia perfectamente canalizados. Los de Santiago acaban de firmar con El Genio Equivocado (Barcelona).

Otras como Unicornibot y Lendrone han demostrado que el rock instrumental y experimental también tiene cabida en estas tierras. Carrero Bianco revisan la nueva ola y el tecnopop, fabricando hits como forma de vida. También destacan el dúo de garage punk Fantasmage -Daniel Nicolás (batería y voz), de los extintos Indómitos y Andrés Magán (guitarra y voz), artista polifacético responsable de gran cantidad de portadas de discos-; las riot grrrl Wild Balbina –fichadas por un sello mítico de la independencia nacional: Elefant (Madrid)-, el noise rock de Tora! Tora! Tora!, la crudeza y visceralidad de Jay –del colectivo Seara han pasado a grabar para Discos Humeantes (Asturias)-, los inclasificables e irreverentes Srasrsra –ellos se autodefinen como “dos pavos de A Coruña que tocan movidas guapas”-, el rock de serie B de Ataque Escampe… y un sinfín de nombres. La riqueza de bandas que vivimos en la actualidad es tan grande que cada vez es más difícil abarcarla. Se trata de una suerte de juego de muñecas rusas, como tirar del hilo de una madeja, cada grupo lleva a otro.

Tras estos dos frentes principales tenemos que hablar de nuevas formaciones como Cró!, Guerrera, Mvnich, Estrambote, Puma Pumku, Lobishome, Curtinaitis, When Nalda Became Punk, Alex Casanova, Lee Van Cleef, Vietnam, Mullet, Terbutalina, Músculo!, Mano de Obra… que garantizan el futuro. Debemos disfrutar del momento y apoyar la escena local. Y esto lo digo con la mano en el corazón. Es importante apoyar las bandas de tu barrio, de tu ciudad, de tu comunidad. Y más en tiempos de crisis. Este llamamiento no alude a razones chauvinistas, ni al tópico de que los tiempos de crisis son tiempos de oportunidades -aunque deberían serlo-, pero antes de pagar 30€ por ir a ver al último hype inglés de turno, se puede obtener más por menos: conciertos por 5€, maquetas, discos autoeditados, splits, 7″… ayudando a la creación de grupos o pequeños sellos discográficos, blogs, vídeos, diseños o más conciertos. Con Internet y los medios digitales el efecto llamada es mucho más grande, se agotan las ediciones en vinilo, CD-r o cassette dejándonos auténticas joyas en muchos casos, totalmente artesanales y próximas a la reliquia que desafiarán al tiempo y al olvido.

Está en tus manos, en nuestras manos, que esto que parece una escena alternativa de verdad no se estropee y continué creciendo. “Support your local scene”. Y, como decía Frank Zappa: “La cultura oficial sale a tu encuentro, pero al underground tienes que ir tú”.

No sé vosotros pero yo estoy bastante cansado de los míticos años 80, en lo musical y todo lo demás. No creo que fueran tan importantes como quieren que pensemos. Nos bombardean continuamente con artistas y grupos de aquella época, con la Constitución, la Democracia y el pretendido cambio que eso trajo en todos los ámbitos, incluido por supuesto el cultural. Claro que hay cosas que valen la pena y discos y canciones que me gustan, pero de ahí a pensar que no hubo un antes y un después hay un trecho.

Pocos artistas o grupos nacidos en ese momento son capaces de mantenerse hasta hoy a un nivel de creatividad decente. Si lo comparamos con el mundo anglosajón, el resultado es pobre. Sonic Youth, Mark E. Smith, Kim Salmon, Ian MacKaye, Robert Smith, Billy Childish o Steve Albini, entre otros muchos, también nacieron alrededor de esos años y nos han dejado un buen puñado de discos incontestables. Mientras en España, como digo, encuentras muy pocos ejemplos: Fernando Alfaro (aunque este ya tira más hacia los 90), Ilegales, Los Enemigos, Sex Museum y Javier Corcobado son ejemplos de carreras relativamente largas y fructíferas.

Después hubo un poco de todo, casos con final precipitado (Parálisis Permanente, Desechables, Eskorbuto), primeros tiempos (Siniestro Total, Duncan Dhu, Gabinete Caligari, Los Ronaldos, Los Coyotes o Aviado Dro) y carreras cortas (Golpes Bajos, Pegamoides, Nikis, Dinarama, Último Resorte, Los Vegetales, Décima Víctima). Pero antes y después, hubo música tanto o más importante que la que se hizo durante los 80.

A finales de los años 70 había entre las altas esferas un temor muy grande a una vuelta a la situación anterior a la Guerra Civil tras la muerte de Franco. Había que nombrar un sucesor, para lo que se eligió al actual Rey y cambiar un poco el sistema político, por lo que se montó la democracia. Era necesario también abrir un poco la mano a todos los niveles ya que la gente en la calle presionaba por un cambio total. Sólo de esta forma se puede explicar que un disco como «Cuando Se Come Aquí» (DRO, 1982) de Siniestro Total llegase a vender la cantidad de copias que vendió o que un grupo como las Vulpess saliese por la tele. Todo esto hoy día es totalmente impensable. En ese momento surgieron muchos grupos que en otra situación nunca hubiesen tenido la repercusión que tuvieron, pasaban del local de ensayo a fichar por una multinacional directamente. Por otro lado, el público también los necesitaba, ya que buscaban algo nuevo y diferente.

He visto demasiados capítulos de la serie «Cuéntame» (TVE) y, como digo, la famila Alcántara no tiene la culpa; no es más que una familia de clase media como otra cualquiera superando las dificultades de la vida. Pero esa voz en off omnipresente es la que realmente me perturba, recordándonos lo cutre que era todo antes de la llegada de la democracia y todo lo que le debemos por lo que vino después. Una broma de mal gusto con la que está cayendo. Es triste pensar que los tiempos que nos ha tocado vivir son peores en cierto sentido que los que les tocó vivir a nuestros padres. No veo que este país haya cambiado tanto, como la propaganda nos vende: Las esperanzas que muchos pusieron en la llamada Transición no se han cumplido.

Buscando información por Internet para escribir esto, me encontré con varias reflexiones de Alejo Alberdi sobre su grupo, Derribos Arias, uno de los pocos protagonistas de esa época que parece conservar algo de cordura. Otros contemporáneos suyos podrán presumir de haber logrado cierto éxito o vivir de rentas, pero están demasiado desnortados para que podamos tener en cuenta sus declaraciones.

El grupo duró seis años, desde 1981 hasta 1987 y, según él, al principio pecaban de autoindulgencia e irregularidad, teniendo que responder a una serie de expectativas creadas. Cuando consiguieron paliar esos defectos era tarde, y el interés de los medios y público se había enfriado. Sin embargo, piensa que en su mejor momento consiguieron evitar algunos de los males del rock nacional: la falta de sentido del humor, la pretenciosidad, el excesivo mimetismo, y una imagen penosa. Se puede decir que no fue una carrera muy larga y su producción es prácticamente de un disco y varios maxis y EP, pero fueron un ejemplo de lo que sí se debe hacer.

Bajo el nombre de una de las recopilaciones míticas del punk ibérico de los 80, hemos decidido abrir una sección en el blog en la que dar cabida precisamente a este tipo de música. Para ello, pretendemos ir citando a los protagonistas de aquellos días para que en nuestro suplemento compartan con todos nosotros su visión retrospectiva, sus valoraciones y recuerdos. La idea es convocar, en la medida de lo posible, a representantes de las diferentes escenas tanto geográficas como estilísticas que se desarrollaron entonces. Si bien en algunos casos ya estuvieron en contacto con nosotros para asesorarnos y garantizar así la rigurosidad de las reseñas de las bandas que ya están en nuestro archivo, ahora buscamos el lado estrictamente personal de quienes participaron de forma activa y directa en aquella explosión que sacudió todo el país tras el arranque del punk al final de los 70 en el Reino Unido.

Comenzamos esta galería de entrevistas con una visita muy especial, la de Miguel Alférez, batería de una de las bandas más emblemáticas de aquella época: Decibelios. El grupo de Barcelona hizo de auténtica punta de lanza en géneros como el oi!, ska y punk-hardcore en general. Desde su debut con el sencillo “Paletas Putrefactos” (DRO, 1982) hasta su disco LP “Con el Tiempo y Una Caña” (1989, Twins), dejaron buena muestra de su rabia en discos que constituyen auténticos clásicos del género. Situados en el ojo del huracán por lo extremo de su propuesto no pudieron sustraerse de polémicas sobre su posible orientación política y cambios de estilo. De todo ello nos habla Miguel en la entrevista que os presentamos a continuación.

¿Piensas que Decibelios fue una banda pionera en la música oi! y de una forma de entender el ska de este país?
Bueno, no se si decir pionera, pero sí que fuimos los que de alguna manera dimos a conocer tanto la música oi! como el ska. En el 82 no había muchas bandas haciendo ska; recuerdo que en alguno de nuestros primeros conciertos por Madrid, cuando tocábamos el tema “Oi! Oi! Oi!”, mucha gente no sabía de que iba y nos preguntaban qué era eso del oi!

¿Qué recuerdas del ambiente, de la escena musical de Barcelona cuando empezasteis?
Lo que recuerdo es que había muchas bandas con muchas ganas de hacer cosas, pero muy pocos medios, apenas salas donde tocar y nadie te hacía mucho caso, veáse radios, revistas especializadas, prensa y no hablemos de las televisiones. Se tuvo que empezar de cero, a base de mucha voluntad y mucho esfuerzo por parte de mucha gente. Ahí empezaron a salir las radios libres, los fanzines, locales pequeños que programaban actuaciones, pero sin cobrar. Normalmente el caché de los grupos era barra libre y nada más, tenías que poner la furgoneta, desplazarte y después del concierto, recogerlo todo, cargar y para el local a descargar. Era la tónica habitual.

¿Fue con DRO que entablasteis contacto con la escena o los grupos de Madrid? ¿Qué impresión os causó lo que se hacía en Madrid cuando ibais de visita? ¿Con qué grupos de punk de la capital tocasteis o tuvisteis relación? ¿Había diferencias con Barcelona?
Nosotros hicimos algún bolo por Madrid y veíamos que los grupos estaban mejor organizados. Era frecuente que hubiera conciertos en cualquier Instituto o colegio con grupos como Alaska, Gabinete, Loquillo, Parálisis Permanente y aquí no era posible organizar este tipo de actos por falta de apoyo. Allí conocimos a un montón de bandas ya que cuando había concierto en el Rockola se podía ver la flor y nata de La Movida Madrileña, era como otro mundo. Recuerdo estar en un bar al lado de Rockola y coincidir con Antonio Flores, Eduardo Benavente o los Siniestro Total que también andaban mucho por Madrid. Si querías conseguir algo, tenia que ser vía Madrid. Por lo tanto las diferencias eran notorias.

Cuéntanos igualmente de vuestra relación e impresiones por lo que se hacía en el País Vasco por entonces. ¿Qué bandas os sorprendieron o gustaban más de lo que había por allí? ¿Notaste la politización del punk vasco de la que se ha hablado tanto?
Nosotros realizamos bastantes conciertos por el País Vasco y también nos sorprendió su propia autogestión. Casi cada fin de semana había algún concierto que solían organizar el algún frontón o en alguna sala. Lo de la politización no era muy notable en aquella época, creo que también los grupos se buscaban la vida como podían, allí coincidimos con gente como Eskorbuto, La Polla Records, RIP, MCD, Vulpess o Kortatu y teníamos muy buena relación con todos ellos. Pienso que comos todos los grupos de cualquier punto de España, perseguían lo mismo, tocar en directo y poder editar tus canciones en algún sello independiente que en aquella época tenía más valor que fichar por cualquier multinacional.

¿En qué momento notáis que Decibelios se está convirtiendo en una banda importante?
No sé si Decibelios llegó a convertirse en una banda importante, al menos en aquella época, porque desde dentro del grupo, vivíamos el día a día normal, seguíamos con nuestros trabajos y ensayábamos cada día. Sí que es cierto que a partir de la edición del segundo disco “Oi!” (DRO, 1985) y posteriormente el “Vacaciones en el Prat” (DRO, 1986) cogimos más nombre, teníamos más conciertos, aparecíamos más en televisión, pero el grupo seguía siendo el mismo que cuando empezó, cuatro tíos unidos por la música y por una gran amistad. Con el paso de los años quizás Decibelios ha llegado a formar parte de la historia musical de este país y muchos grupos jóvenes tienen a Decibelios como una referencia y eso es un orgullo para nosotros.

Me imagino que resulta inevitable mencionar a Decibelios y no pensar en toda la polémica en la que se vio envuelta la banda respecto a sus posibles tendencias políticas ¿Piensas que se os maltrató injustificadamente en su momento?
Quizás sí, pero sobre todo fue debido a la desinformación y manipulación que hubo por parte de mucha gente. Tampoco nos preocupaba mucho por aquel entonces, pues teníamos muy claro lo que éramos y cuales eran nuestros objetivos, pero no siempre lo controlas todo y hubo muchas cosas que se nos fueron de las manos. Con los años se ha llegado a decir muchas cosas, pero en su gran mayoría son falsas, pues nadie ha sacado información directa del grupo, sino que hablan de lo que han oído, o de lo que les han contado, vamos como el cuento de la portera.

¿Qué es lo primero que te viene a la memoria cuando echas la vista atrás pensando en toda aquella época? ¿Nostalgia, algún tipo de ganas de cambiar algo de lo que hicierais?
Cuando miro atrás lo que veo son diez años compartidos con otras tres personas que fueron una parte importante de mi vida. No siento nostalgia, porque el tiempo pasa y en esta vida vas cubriendo etapas y Decibelios fue una etapa en mi vida. En cuanto a lo de cambiar algo, pues no sé, quizás, beberme más cervezas de las que me bebí.

¿El peor momento del que te acuerdes durante la trayectoria de la banda?
Quizás el palo del “Vacaciones en el Prat». Fue un disco que hicimos con mucho esfuerzo y mucha ilusión; tener que destruir cinco mil copias fue bastante duro. Pero como se suele decir, nos caemos para aprender a levantarnos.

¿Resultó tan decepcionante todo lo que ocurrió en el concierto en el que grabasteis «Vivo’s 88»?
Con el tiempo sí, en su momento no, porque no fuimos conscientes de lo que pasó en la sala. Lo he dicho ya un millón de veces, desde el escenario no ves si unos tíos están con el brazo en alto o el portero se está tirando a la guardarropa. Como el “Vacaciones” el “Vivo’s” (DRO, 1988) fue un disco que hicimos con mucha ilusión, hacia tiempo que no tocábamos en Barcelona y nos apetecía hacer un buen concierto delante de nuestra gente y grabarlo en directo. Fue una gran inversión por parte de DRO a los que también les apetecía mucho y mucho trabajo por la nuestra. De hecho, creo que el disco quedó muy bien, pero ciertos medios de comunicación magnificaron en demasía lo que ocurrió y eso no ayudó mucho.

¿Fuisteis conscientes en algún momento de toda la repercusión que llegaríais luego a tener?
La verdad es que no, porque cuando empiezas una historia como es montar una banda de rock, siempre tienes ilusión en que funcione, pero todos éramos conscientes de lo difícil que era en aquella época y más con el estilo putrefacto, punk, oi!, ska que nosotros hacíamos, así que nunca imaginas que treinta años después, tengas tantos seguidores como tiene Decibelios. Como he dicho, es un orgullo.

¿Cómo fue la relación de la banda con sus seguidores? Tengo entendido que había quienes os pedían una respuesta más enérgica contra el sector más politizado del público o quienes no aceptaban de buen grado cambios de estilo con respecto a vuestros primeros trabajos. ¿Cómo se conjuga el hacer lo que realmente os apetece y soportar la presión de vuestros seguidores?
Siempre tuvimos seguidores fieles y los que estaban cerca de nosotros nos conocían muy bien. En cuanto a las presiones, para nosotros no existían, sólo los medios de comunicación presionaban sobre el tema tras el concierto del “Vivo’s”, pero como siempre Decibelios seguía el camino que creía más conveniente al margen de los rumores.

¿Queda algo por decir que no hubierais dicho entonces? En vuestra música, en las respuestas a las críticas…
Jamás nos cortamos un pelo al momento de poner las cosas claras, de hecho creo que éramos el único grupo que decía las cosas tal como eran sin ningún tapujo. ¿Algo pendiente? No creo que nos quedara nada, hicimos y dijimos lo que había que decir, pero te vuelvo a repetir: la manipulación periodística es una lacra. Me recuerda mucho al periodismo deportivo, lo mismo te encumbran como te hunden en la miseria, se llama el poder de la pluma.

Siento curiosidad por saber cómo empezáis a trabajar con Rosendo y cómo resultó la experiencia.
Nuestra relación con Rosendo fue increíble, él vino a Barcelona para escuchar los temas que íbamos a grabar y enseguida surgió una buena amistad, estuvimos casi un mes en Madrid grabando y Rosendo parecía nuestra niñera, se preocupaba de que todo estuviera a punto, nos venia a buscar al hotel con su coche, nos traía cerveza al estudio de grabación, como te digo increíble, aparte de que es un profesional como la copa de un pino.

Tengo especial predilección por alguno de los temas de vuestro repertorio: «Matar o morir», «Ningún nombre de mujer»… ¿hay alguna canción de la que te sientas especialmente contento? ¿Algún disco en especial?
Los discos, suelen decir los músicos que son como hijos y que es muy difícil decantarte por uno u otro. A mi me pasa algo parecido, me gustan todos los discos, pues todos ellos fueron compuestos con la misma pasión y entrega, aunque si tuviera que elegir uno, quizás me quedaría con el “Oi!”. Creo que es el disco que mejor define la rabia de Decibelios, en cuanto a composiciones, letras, diseño, etc.

¿Qué ha sido lo más gratificante a nivel personal de tu pertenencia a una banda como Decibelios?
Sin duda la gran amistad que se forjó entre los cuatro. Diez años son muchos, sobre todo si los vives intensamente como los vivimos nosotros. Creo que conocer a Fray y Manel, aparte de que Manolo es mi hermano, fue lo más gratificante que te queda con los años.

¿Cuáles son a tu juicio las razones para haberos convertido en una banda de referencia del género?
Pueden haber varias, pero creo que la mas importante fue que la gente vio en nosotros a una banda diferente, auténtica y que hablaba de problemas reales, problemas que de hecho siguen vigentes, esa forma directa de denunciar las injusticias, unido a la música y los shows que montábamos en directo nos hizo un grupo diferente.

¿Sientes después de todo el tiempo que ha pasado el reconocimiento al grupo?
Han pasado más de veinte años desde la disolución de Decibelios y mucha gente sigue escribiéndonos y escuchando nuestra música, otros grupos que empiezan hacen versiones nuestras… No necesitamos ningún reconocimiento para satisfacer ningún ego personal, el reconocimiento está ahí y es un orgullo ver que la gente no te olvida.

En breve celebráis aniversario del nacimiento de la banda, ¿qué estáis planeando para la ocasión? ¿Qué habéis hecho en aniversarios anteriores?
Bueno cuando estábamos en activo montábamos auténticas bacanales, con fiesta, cerveza y algún directo. Ahora se cumple el 32 aniversario del grupo y en principio hemos quedado los cuatro para reencontrarnos y repasar todos estos años que no nos hemos visto, al menos no como nos veíamos antes y celebrarlo a nivel privado. Lo que venga después ya se verá.

Me imagino que uno no se embarca en una banda como Decibelios simplemente por cuestiones musicales. ¿Sentíais ganas de cambiar o criticar aquello que no os gustaba de entonces? ¿Cuál es el balance de ese posible enfrentamiento con lo que criticabais? ¿Te llevas alguna cicatriz de todo aquello?
Todas las batallas dejan cicatrices. Cuando nació Decibelios, teníamos muy claro que iba a ser diferente; no sé, es una cosa que sientes enseguida. Indudablemente queríamos cambiar cosas, denunciar injusticias, apoyar causas perdidas, pero el sistema es indestructible y por más que luches es difícil lograr algo positivo. Pero nos queda la satisfacción de que al menos durante diez años fuimos un grano en el culo del sistema.

Vigo a 80Emilio Alonso Pimentel durante los años 80 realizó programas radiofónicos de éxito en Galicia como «Montaje Curioso» (con Pilar Comesaña y Antón Cancelas) y «A Trincheira», además de ser coordinador de la revista Tintimán y coordinador en Galicia de la Rockdelux. También fue co presentador del concurso musical «Racha Coas Ondas» (TVE-Galicia) y columnista de periódicos como Diario 16 o El Faro de Vigo.

Publicado por Edicións Xerais, «Vigo a 80 Revolucións Por Minuto» (2011) nos hace una crónica de La Movida Viguesa, tomando como referente el 27 de diciembre del 81, día en el que en el cine del colegio Salesianos Siniestro Total ofrecían su primer concierto. Un día marcado en rojo en el calendario como acto fundacional del movimiento musical más importante de la historia musical gallega.

El 23 de noviembre del 2011, tras la presentación del libro en la Casa del Libro de Vigo, en la sala Iguana tuvimos la oportunidad de continuar la velada con música en directo. En primera instancia Nico Pastoriza (Bromea O Qué?) acompañado por Oscar Avendaño (Siniestro Total) tocó simplemente dos cortes, pero no dos cortes cualquiera, su último single extraído de su primer disco en solitario y «La piscina», el primero que escribió a lo largo de su dilatada carrera.

A continuación, Emilio Alonso, emocionado («La piscina» es su canción favorita) presentó a Los Cafres, que se reunían para la ocasión tras veintidós años alejados de los escenarios. Billy King (The Killer Barbies), Lápidas y Antonio Amblés, acompañados por Oscar Avendaño, demostraron estar en plena forma ante un público entregado que cantó con ellos cuatro cortes entre los que destacó su himno «Algún día caeré».

Cerraron la noche Inculpados, una interesante propuesta que comienza su andadura en el 2011 en la que nos encontramos veteranos músicos de la escena viguesa.

Una noche para el recuerdo y la nostalgia, en la que tanto la gente que vivió aquellos años como los que no, salimos con una sonrisa dibujada en el rostro.

En lo que a nosotros nos concierne, estamos muy contentos con nuestra aportación bibliográfica al proyecto. En el libro aparecemos referenciados en una gran cantidad de grupos cuyos perfiles aquí hemos abordado. Así, Aerolíneas Federales, Siniestro Total, Os Resentidos, Callos Louriña o Golpes Bajos.

Os dejamos ya como bonus track un pedacito de la emotiva actuación de Los Cafres y su «Algún día caeré».