Etiqueta: silvia escario

«LA EVOLUCIÓN SECRETA»

SILVIA RESORTE 

TEGE (2018)

 

silvia_resorte

 

Superviviente de aquellos peligrosos y anfetamínicos años 80, Silvia Escario, esto es, Silvia Resorte, constituye, probablemente muy a su pesar, algo parecido a todo un icono de esa época. Tiene mucho de símbolo de una manera de entender la vida, o más bien de enfrentarse a ella a lo que tiene de gris, rutinaria y opresiva. En aquellos años la cantante fue la del pezón a través de una redecilla, o a la que alguien del público del Rockola quiso dejar sin camiseta sobre el escenario, la que quiso marcar la diferencia entre las muñequeras de pinchos que llevaba ella en Barcelona y las que utilizaba Alaska en Madrid.

Ahora que quizás estemos viviendo los momentos de lucha más decidida y convencida por parte de las generaciones más jóvenes por abolir de una vez por todas cualquier distinción discriminatoria por cuestiones de género, su figura junto a la de Ana Curra, las componentes de Vulpess o las de Chute de Esperma cobran una especial relevancia. En una escena en la que siguen existiendo reflujos y maneras impropias de un género que se debiera distinguir por su carácter contracultural y vanguardista, la pelea y provocación que sostuvieron todas ellas en condiciones especialmente adversas las coloca probablemente como verdaderas pioneras.

Si antes fue al frente de Último Resorte y más tarde con Berlín 80, desde hace un tiempo Silvia combate desde las filas de Algo Tóxico y Días de OdioAñade este contenido. Silvia Resorte sigue marcando con su cabellera luminosa el camino a la utopía, sigue indignándose ante las miradas de repulsa o de burla que adivina en los transeúntes de a pie con los que se cruza. Es la misma que acumula bloqueos de su cuenta de Facebook cada vez que los guardianes de la moral del gigante de la redes sociales considera que el material fotográfico de sus porno fiestas punk no es apropiado. Silvia sigue manteniéndose, a pesar del paso de los años, terrible, radical, excesiva, categórica. En realidad sigue siendo consecuente con los parámetros de conducta que garantizan el desarrollo de la libertad personal sin cortapisas de inercia sociales.

Por todo ello, si en Londres tuvieron a Johnny Rotten o Siouxie y en Berlín a Nina Hagen ¿por qué no se ha de reivindicar con igual determinación que en Barcelona tuvieron a Silvia?

Con este pequeño librito de relatos ella no hace sino abrir un frente más en una nueva dirección de su lucha, la de la escritura. El contenido de estos cuentos parece extraído del mundo de las pesadillas. Dice la introducción de su editorial que el texto narra sobre la salvación y la destrucción de la Humanidad. Quizá sea así, quizá sea ése el objetivo final que persigue, pero en cualquier caso, el formato escogido es sin duda el de un mal sueño, uno de aquellos antibióticos sueños de los que hablaba La Polla Records, esos momentos de pseudo realidad que da el éter hospitalario o los narcóticos medicinales.

Vomitona argumental en la que aparecen, entremezclados y arrastrados por el flujo de la narración ingredientes de lo más variopinto: movimientos de extrema derecha que consiguen instalarse en el poder, el odioso presidente de Estados Unidos, repúblicas catalanas independientes, incluso Fermín Muguruza el cantante y líder de Kortatu. Pero probablemente sea todo lo que subyace de fondo, las manías personales persecutorias, las paranoias opresoras, los laberintos cíclicos casi imposibles de romper o la personal visión de la lucha feminista lo que más interesante hacen este libro. Son todas ellas en realidad coordenadas válidas para entender a Silvia o al menos para poder interpretar las señales que emite al exterior. Resulta especialmente conmovedor ese último momento del drogadicto que con la jeringuilla clavada en el brazo yace agonizante tirado en un callejón que apesta a orines y emplea sus últimas fuerzas en llamar con un grito desgarrador a su madre.

Silvia concitaba tanto adhesiones incondicionales como repulsas decididas. Su personaje no admitía ni las medias tintas ni las valoraciones intermedias y eso evidentemente no ha cambiado con el paso del tiempo.

Si bien a los de Nueva York se les ha perdonado desde siempre su despreocupación total por nihilismos y veleidades político-sociales que se le supone al género, los Ramones madrileños, los de Algete, tuvieron en contra a gran parte de la comunidad más ortodoxa para con estas cuestiones. Víctimas directas del enfrentamiento entre escenas musicales, a Los Nikis, al igual que a Siniestro Total, por ejemplo, su aparente frivolidad y su estética les granjearon cierta antipatías desde otras geografías peninsulares en las que se estaba haciendo punk. A pesar de ello quedaron incluidos en recopilatorios míticos de la época, como aquel «Punk Ibérico» que circulaba en cinta de cassette por los mercadillos, reconociéndoles así su papel en esto de las guitarras poderosas. Siempre tuvieron claro que la música era una cuestión secundaria, que estudios al principio y trabajo posteriormente iban primero, por lo que, sobre todo, se propusieron pasarlo bien. Y bien que lo hicieron, además de transmitir algo especial que atrapó a legiones de fans que aún hoy en día, años después de su disolución, siguen venerándolos, como lo demuestra la reacción en su reaparición sorpresa en octubre de 2011 en un concierto de Airbag.

Los Nikis sirvieron igualmente de inspiración a multitud de bandas que hicieron del punk-pop su único credo. Joaquín, que tras la disolución del grupo se embarcaría en labores de producción con Javier Pelayo (ddt, Vigilante Gitano) y en un nuevo proyecto musical, Los Acusicas, responde a nuestras preguntas en un capítulo más de nuestra particular revisión de aquellos años.

¿Cómo descubrís a los Ramones? ¿Es el único grupo punk que os influencia?
Rafa tenía algún disco y ya era fan. El primer disco que me compré en mi vida fue el «Leave Home» (Sirex, 1977) de los Ramones de oferta por 200 pts. en Pan de Azúcar Jumbo. Reconozco que lo compré por la oferta. ¿El único? No. Supongo que nos influyeron todos los de la época.

¿Estarían Los Nikis en el mismo capítulo de la historia de la música que bandas como La Polla Records, Kortatu o Decibelios? ¿Qué os distingue o qué tenéis en común?
No te puedo contestar, porque nunca los he oído. No sé si me gustan o no. Tampoco sé si tenemos algo en común. Sólo podía escuchar lo que sonaba en las radios que yo escuchaba o los discos que me regalaban en DRO. Antes no era tan fácil como ahora escuchar la música de otro grupo y ponerme a escucharlos ahora me da pereza. Realmente todo lo de los 80 suena tan mal que me da mucha pereza escucharlo, empezando por Los Nikis.

¿Tuvisteis algún tipo de relación con bandas del punk que se hacía en el País Vasco o en Cataluña en aquella época?
No. Tuvimos relación con los gallegos y los de Madrid. ¿Loquillo es punk? Con él si tuvimos relación.

¿Qué repercusión llegasteis a alcanzar fuera de Madrid? ¿Gustaban Los Nikis en los primeros conciertos que disteis en otras ciudades? ¿Cómo era la acogida fuera de la capital?
Salimos muy tarde a tocar fuera de Madrid. Sobre el 84, creo. Llevábamos ya cuatro años tocando. La acogida fue buena después del «Marines a Pleno Sol» (DRO / Tres Cipreses, 1984) porque al menos les sonaba el nombre del grupo.

¿Fue fundamental para el punk despreocupado de Los Nikis el haber crecido en el Madrid de La Movida? ¿Hubierais llegado igual de lejos en otros ámbitos?
Realmente nosotros estábamos a 30 km. de La Movida, que entonces no se llamaba Movida ni nada. Y no teníamos coche. Tampoco salíamos por los sitios de moda, porque el último autobús salía a las 22.30h. Vamos, que sólo crecimos en «el Madrid de La Movida» a ratos cortos por las tardes.

¿Qué contactos tuvisteis con el punk dela capital de La UVI, Commando 9mm, Espasmódicos, OX Pow…? ¿Y de la vertiente más oscura, como Parálisis Permanente?
Con Parálisis bastante. Compartíamos a Johnny de batería. Con los demás cero. Yo creo que por lo del autobús que te he contado antes.

¿Por qué crees que se ataca desde posiciones punk ortodoxas a la música que hicisteis vosotros o Siniestro Total? ¿Es posible el punk sin hacer crítica social o política?
Nosotros no hacíamos punk ortodoxo. Era más bien cristiano porque todos habíamos hecho la Comunión. Y, siendo pijos, sería poco consecuente hacer crítica social, ¿no?

Hubo quien vio en vuestras pintas de niños bien, en las referencias a Ultras-Sur y retornos al imperio de la tortilla de patata razones para recelar, mientras que otros para saludar brazo en alto vuestras canciones. ¿Finalmente se politizó vuestra música desde fuera? ¿Como vivisteis toda esta polémica? 
Todo eso fue post-mortem, en los 90. En la época que estuvimos en activo la gente era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que nuestras letras sólo hablaban de chorradas como la tortilla de patatas, Brutus, el perro de Rafa o Charlton Heston en «El Planeta de los Simios» (Franklin J. Schaffner, 1968). En fin, cualquier tema chorras para evitar hacer canciones de amor.

¿Mereció la pena haber participado de todo lo vivido en aquellos años de La Movida? ¿Fueron tiempos creativos?
Tocar en un grupo es muy divertido en cualquier época. Yo creo que todas las épocas son creativas, lo que pasa es que nosotros somos subjetivos y nos gusta más la nuestra, pero para gustos, los colores.

¿Se han dicho muchas exageraciones o inexactitudes de aquella época pasado el tiempo?
Está todo muy mitificado. El otro día vi un documental en la tele sobre los 80 y mi conclusión fue: Qué gris y qué cutre. De verdad.

¿Por qué terminan Los Nikis? ¿Cansancio?
Bueno, llevábamos ya diez años tocando y yo no me veía con fuerzas para hacer otras doce canciones para un disco. Además, Emilio y Arturo se fueron a vivir a USA.

¿Cual es el secreto de la repercusión de Los Nikis?
Pues reconozco que a esa pregunta le he dado muchas vueltas. Han hecho diez nikifiestas en nuestro honor con gente que viene de toda España. Yo flipo. ¿El secreto? Yo creo que las letras y Emilio, que es insustituible.

Con Los Acusicas se recuperan a mi juicio los mejores momentos de tus letras, ¿En qué te sueles inspirar para escribirlas? ¿Qué diferencia el nuevo grupo con respecto a Los Nikis?
Te agradezco mucho el piropo. Me sienta mal cuando la gente idolatra las letras de Los Nikis y ni se fija en las de Los Acusicas, que son más de lo mismo, pero hechas con mas empeño porque la música no era mía sino de Mauro Canut y me sentía con más responsabilidad. Me ponía a mi mismo un listón muy alto para cada frase. Intento hacerlas de temas originales y que no haya hecho nadie antes. Por ejemplo, una canción de relleno contando su vida en primera persona. El grupo es parecido. Chunta-chun, dos minutos y fuera.

¿Cuándo comienzas a dedicarte a todas las cuestiones técnicas de la producción? ¿Resulta más gratificante que tocar tu propia música?
Empecé en los 90 con el «Mas de lo Mismo» (Hormigonera, 1998). Grabar a otros grupos, si me caen bien, es muy gratificante.

¿Tienes planes de seguir con Acusicas o algún otro proyecto?
Pues no, la verdad.

¿Cual es el balance que te sale después de todos estos años dedicados a la música? ¿Has tenido momentos especialmente malos?
Balance totalmente positivo. Como esto nunca ha sido un trabajo, sólo he hecho exactamente lo que me apetecía hacer en cada momento.

¿Cómo se os ocurrió la reaparición sorpresa en Madrid recientemente? ¿Qué sensaciones tuvisteis en el concierto? ¿Qué tal reaccionó el publico?
Fue idea mía. Yo quería que saliéramos a tocar sólo una canción y por sorpresa total. El que estuviera meando se lo perdía. Luego Johnny y Emilio se empeñaron en hacer seis canciones. Debo ser muy mal negociante porque al final tocamos seis. Yo he ido a casi todos los conciertos que ha dado Airbag en Madrid y sabía lo que iba a pasar conociendo al público de Airbag. A los demás les pilló por sorpresa y alucinaron. Nos aprovechamos de la mitificación de la que hablaba antes. La gente pensó que estaba ante un momento histórico y no se dieron cuenta de la realidad: Cuatro abuelos tocando seis canciones viejas. Punto pelota.

Volvemos hoy a Barcelona para encontrarnos con Silvia Escario, cantante de Último Resorte, uno de los grupos míticos de aquellos años 80 en la Ciudad Condal. Fueron uno de los pioneros tras la estela que abrieron La Banda Trapera del Río con su rock de las cloacas, su proto-punk de las alcantarillas. En una Barcelona gris, la de los años de la Transición, como otros tantos jóvenes desencantados, decidieron hacer de la calle y de los locales de ensayo, su hábitat natural. De ahí, además de violencia en muchos casos, surgieron un puñado de bandas que conformaron el tejido de una escena musical que haría de Barcelona uno de los centros principales del punk y el hardcore de la península.

Formados junto con su entonces inseparable Juanito tras el regreso de Silvia de un viaje a Londres, donde entre otras cosas, se enzarzó en una pelea con Nancy Spungen, compañera del mismísimo Sid Vicious, Último Resorte sólo registrarían en vida dos sencillos: “Cementerio Caliente” (Flor y Nata, 1982) y “Una Causa Sin Fondo” (Flor y Nata, 1983), con canciones vertiginosas, directas, contundentes y con las deficiencias de sonido propias de las prisas del momento.

Víctima de la respuesta irracional que su provocación llevada al extremo generaba, la cantante vivió en su propia carne, experiencias desagradables como la de tener que ser prácticamente rescatada de entre la audiencia de la madrileña sala Rock-Ola que trataba de despedazar su camiseta. Una vez disuelto el grupo y tras un doloroso silencio, Silvia regresó formando sucesivamente Berlin 80 y Algo Tóxico, banda esta última con la que sigue en activo. Personaje indiscutible, testigo pero sobre todo protagonista de toda aquella virulenta época, comparte experiencias en su blog. Hoy lo hace con nosotros en esta entrevista:

Decías de aquella época que os sentíais jóvenes y llenos de energía, con ganas de romper y llevar la contraria. ¿Crees que fue ése el secreto de lo explosivo de los 80, de la importancia que tuvieron aquellos años?
Sí, sin duda, yo siempre digo que el entusiasmo es el arma secreta de los punks para destruir el mundo, aunque la verdadera intención sea salvarlo de sí mismo.

¿Piensas que con el paso del tiempo se han exagerado o distorsionado las cosas?
No, yo creo que no, pienso que tiene precisamente el aura que se merece porque fue un tiempo donde continuamente tratábamos de divertirnos, llevando el sentido del humor a pie de calle, pero que, sin embargo, jamás lo conseguíamos. Todo era urgente y peligrosamente descabellado, y todos más o menos lo sufrimos con mucha intensidad.

¿Qué aspecto lamentarías más de aquellos años: drogas, posibles rencillas entre bandas, entre escenas?
Yo creo que lo más peliagudo fue que cerraran el grifo de las anfetaminas en las farmacias, pues debido a ello, al no haber nada que supliera la excitación y buen rollo que daban, muchos de sus acólitos se arrojaron a los brazos de la heroína; o así al menos es como lo cuenta el fallecido Kike Kangrena en el libro “Harto de Todo” (BCore, 2011) de Jordi Llansamá, pues fue exactamente lo que les ocurrió tristemente a Kangrena como a otros muchos, a los cuales, más tarde la llegada del speed desde Holanda, les sirvió para librarse de nuevo de las ataduras del jaco.

¿Dónde situarías a Último Resorte dentro de lo que ocurría musicalmente en Barcelona en los 80?
No es por vacilar, porque a mi esa sensación, me daba vértigo, pero Último Resorte estaba justo en el centro; en el centro de todas las contrariedades, de todos los prejuicios, de todas las miradas, de toda la acción en los escenarios. Éramos la causa de los pogos, y los culpables de una escena que nadie se la hacía suya tanto como nosotros. Nosotros creíamos en nuestros propósitos, a pesar de que estaba mal, hacer el mal, y eso nos contrariaba a todos aunque lo hacíamos igualmente, pues hacer el mal para nosotros eran cosas tan consideradas hoy en día inocentonas, como era el hecho de montar un grupo y tocar en directo, sin saber tocar, y sonando a rayos y truenos. Afortunadamente esto a día de hoy esta superadísimo, todo el mudo sabe que la actitud es el 80% de la música.

¿Con qué bandas tuvisteis una mayor relación?
Con Kangrena y Desechables principalmente, pero también con Vulpess, R.I.P., Frenopaticss y Decibelios, además de un cordial trato con Alaska y los Pegamoides. Al principio Juanito y yo nos relacionábamos con Carlos de Tendre Tembles y/o con Gay el cantante de Peligro o con Magda de los Xerox. También tuvimos relación con Ruidos Molestos, Zoquillos, Attak, o con el Flash, el cantante de Disturbio.

¿Qué crees que os distinguió?
El caos que siempre nos rodeaba, y la obcecación de volver a empezar siempre desde cero, ocurriese el desastre que ocurriese, se fuera quien se fuera del grupo, nuestro lema era «punto partida cero»… de hecho teníamos un tema, inédito, que se llamaba así.

¿Cómo os influyeron bandas inmediatamente anteriores como La Banda Trapera del Río? ¿Ves en su música un precursor del punk o directamente punk?
Sí, Trapera nos influyó con sus letras, aunque musicalmente nosotros tendíamos a hacer una fórmula punk mucho más novedosa, temas cortos, rápidos y con estribillos directos a la cabeza, mientras que Trapera seguían una fórmula musical más cercana al rock clásico. Sin embargo, su cercanía a las calles, a la gente de la calle, era la vertiente que les hacía más punks, además de que cuando apareció la Trapera con sus guitarrazos, los saltos estricnínicos de Morfi, y sus berridos, aquí en la Barcelona de los 70, nadie hacía lo que hacían ellos, pues todo el mundo se dedicaba a hacer jazz, jazz-rock, folk, nova canço, psicodelia, rock sinfónico, o hasta incluso progresivo. Pero a nadie se le había ocurrido ser soez y cagarse en la puta sociedad, y eso también los hacia muy punkies.

¿Es el punk una forma de ver las cosas más que un simple estilo musical? ¿Canal de expresión, arma de protesta?
No te líes, no te líes. El punk es una actitud, una actitud escéptica principalmente, no conformista, vital, urgente, una locura, una broma, un insulto, son patadas y puñetazos al aire. Es depresión, es ser grandes perdedores orgullosos, temerarios suicidas que se suicidan sólo por vivir intensamente, es una forma de que los chicos y las chicas hagan cosas juntos, para erradicar el machismo, tanto femenino como masculino… En fin, así podría seguir media hora más enumerando las cualidades del punk, pero creo que ya te habré azorado bastante.

¿Ser mujer te hizo las cosas especialmente complicadas para la época? Cuéntanos del papel que os tocó desempeñar a ti, a Tere (Desechables) en todo aquello.
Tengo una postal enviada por Loles Vulpess donde me cuenta que hicieron un concierto en la ejpaña profunda, y que los muy bejarracos empezaron a tirarles piedras, botellas y todo lo que pillaban, y que las Vulpes corrieron a esconderse detrás de los bafles, donde se estrellaban todas aquellas cosas, y que corrieron verdadero peligro. Otro ejemplo es lo que me ocurrió a mí en el Rock-Ola, que me tiraron del escenario y me arrancaron la camiseta sin contemplaciones. Sí era una situación difícil pues el punk se trataba de provocar, pero había quien se tomaba esas provocaciones por el ámbito de la perversión y la obscenidad, y subrepticiamente te hacían notar su aversión a ti y a tus modos haciéndote el vacío; y te dejaban sola en un rincón del bar sin que nadie te dirigiera la palabra o se inventaban mentiras con las cuales acrecentar tu mala fama. Como por ejemplo, el día que el PSUC trajo a los Ramones a Barcelona, alguien corrió la voz de que yo había provocado una pelea entre punks y rockers en primera fila, cosa que nunca sucedió, pero que lo hacían continuamente para hacerme servir de cabeza de turco de sus envidias y ofuscaciones del ego.

Tuviste ocasión de ir a Londres en un momento especialmente activo en lo que a la música se refiere. Aparte de sonados encuentros con protagonistas de todo aquello como los mismos Sid y Nancy, ¿qué te encontraste allí? ¿Fue realmente una fuente de inspiración?
Totalmente. El sol brillaba más radiante, el mundo era un sitio emocionante en donde ocurrían un montón de cosas interesantes e intensas, y además cualquier punk era tu aliado, era como de tu familia, de tu equipo. Los punks eran fascinantes, hacían cosas que nadie hacía y estaban extrañamente unidos en una hermandad en donde la mayor perversión a alcanzar era ejercer continuamente tu voluntad, estuviera bien o mal, pero es que el bien y el mal es relativo a la época y lugar donde vives.

Cuéntanos cómo era la relación con la escena madrileña. ¿Cómo veíais a los grupos de la denominada Movida Madrileña? Alguna vez has comentado haber sentido todo aquel altercado a cuenta de las muñequeras de Alaska, ¿fue con ella y los Pegamoides con los que encontrasteis más conexión?
Aunque había mucho ingenio, como La Broma de Ssatán con el “Baila pogo sobre un nazi”, y aunque los Espasmódicos sonaran a los mismísimos Dead Kennedys, nosotros decíamos que en la Movida había mucho punk de plástico, y eso era debido a que los punks de Madrid, como músicos, se habían dignificado y hasta eran reconocidos por la tele y por el alcalde Tierno Galvan, mientras que en Barcelona, no paraban de apalizarnos por las calles por ser punks, cualquier energúmeno, entre ellos principalmente los quillos. Además de que la policía nos detenía a diario y nos llevaba a comisaria sin haber hecho , solo por vestir punk y esto resultaba ser mucho más crudo que la escena social de Madrid. Y por eso yo vestía mis muñequeras con el propósito de defenderme de tanta agresividad callejera, de ahí la frase que dije de Alaska, pues ella no tenía que usarlas como yo para algún asalto de violencia ocasional como la que vivíamos los punks en Barcelona. Así que la cosa no iba exactamente como agravio hacia ella, sino como resultas de una situación que ella en la Villa de Madrid no tenia que afrontar, mientras que aquí todo el mundo era unos incivilizados, nosotros incluidos.

¿Qué es lo primero que te viene a la mente al echar la vista atrás?
Dolor, pero también emoción, momentos, situaciones y personas únicos, pero como decían los Ramones en “Pet semetary”: “Yo no quiero volver a vivir mi vida otra vez”. Si tuviera que volver a pasar por lo que pasé dentro del laberinto, o una de dos, o me mataba yo, o mataba a alguien con mis propias manos.

Alguna vez has hecho hincapié en la tensión que te supuso ser parte activa del punk de la época. Al evaluar todo con el paso del tiempo, ¿encuentras que el balance fue positivo? ¿Te llevas muchas cicatrices de aquellos años?
La época que estoy viviendo actualmente de reconocimiento, es sumamente dulce y embriagadora… Casi me hace olvidar. También es que cuento actualmente con un grupo y unos amigos formidables. Por otro lado, mi mejor aliada de toda la vida, mi madre, ya esta muy viejita aunque muy lúcida y tan divertida como siempre, e igualmente lúcida y divertida está mi mejor amiga Deborah, que tiene una terrible enfermedad que me va a dejar sin ella. Pero aparte de esto es que ya llevo veintiún años conviviendo con el corazón más punk de lo que me merezco, se lo debo todo. Aparte de todo eso es que yo sigo estando en mis ejes aunque a veces me vuelva conspiranoica con los que me rodean.

¿El final de Último Resorte resulta una liberación?
Noooo, yo creía que sí lo sería pero fue precisamente el verdadero principio de mi caída al infierno profundo…

¿Qué lamentas no haber hecho entonces? ¿De qué te arrepientes más?
De no haber trabado amistad con Sid y Nancy. Pero de lo que hice por ser punk no me arrepiento de nada, es más, me reafirmo: reivindico mis buenas intenciones.

Tras un periodo de silencio volviste con Berlín 80. Háblanos de cómo iniciaste el nuevo proyecto. ¿Qué cosas diferentes querías intentar?
Yo creo que el descenso al infierno y su posterior ascenso con las uñas, me ha dejado un poso de sabiduría de valor incalculable, y precisamente en las letras que compuse para Berlín 80 llevaban en su trasfondo todo ese tesoro, tanto por lo que contaba, como el modo tan efectivo como se lo hacia llegar a los demás. Una de las cosas que más maravillosamente me han complacido últimamente con respecto al “Punk Fiction” (Outline, 2002) de Berlín 80 es que mi amigo Pitufo se ha llegado a enamorar del tema “Ahora o nunca” y se lo escucha continuamente, una y otra vez, dejándose regar por las endorfinas que suelta esa canción. No sé, a mi esto me llena de orgullo y satisfacción.

Cuéntanos también de Algo Tóxico, tu proyecto actual, ¿cómo se pone en marcha? ¿Qué es lo que más te ilusiona de esta nueva etapa?
Lo que más me ilusiona es que a mis cincuenta y pico años, aún me quedan oportunidades de subirme a un escenario a punkrockear. Me ilusiona que gracias a eso tengo millones de amigos, gente que por ser quién soy me trata con cariño y deferencia. Algo Tóxico se puso en marcha en cuanto tuvimos que matar el cadáver de Berlín 80. Con Berlín 80 habíamos subido muy alto, pero tal vez no era ese nuestro lugar, el de Wilko y yo, y a lo mejor tampoco era ese nuestro momento. Así que partimos de cero a encontrar nuestro nuevo lugar, y lo encontramos en La Báscula; allí la diversión se convirtió en nuestra segunda piel, y yo perdí todo el recato y encontré mi lugar haciendo la cucaracha entre los pies de la gente que nos estaba viendo mientras Irene me lamía la cara como un gato. Pero aunque habíamos encontrado nuestro camino, tal como empieza una época termina otra, y aquella época esplendorosa en La Báscula aparentemente terminó, aunque no fue así exactamente. La Báscula sigue estando ahí sólo que hay que mirarla con nuevos ojos y darle más oportunidades, pues sigue estando llena de gente valiosa. En la actualidad Algo Tóxico acabamos de cambiar por enésima vez de formación. Pero es que esta formación que tenemos ahora es la hostia consagrada. Estamos afiladísimos. Derrapamos de alta velocidad pero con toda elegancia. Tenemos personalidades que brillan. No sé a dónde llegaremos, pero no nos creemos los malos rollos de los Mayas: es imposible que ahora se acabe el mundo con el pedazo de banda que tenemos, y si se acaba, estaremos al filo de los acantilados y las grietas arrojando sobre el pogo de víctimas nuestro sulfatado aliento tóxico.

¿Cabe imaginarse una explosión como la que hicisteis vosotros por parte de los jóvenes de ahora?
Nunca tiempos pasados fueron mejores, el ahora siempre está por construir y eso ya es mejor. ¡Sí, creo en la juventud de ahora! Tienen muy buen trasfondo y no pueden seguir masticando lo que ya está masticado, pero pueden abrir ramificaciones por doquier. Yo les recomiendo tres cosas: que crean en sí mismos, que escojan bien a las personas que han de tener alrededor y por último que no tengan miedo ni se sientan culpables de querer ser felices. La felicidad es como una melodía, es magia.