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Como si de un escaparate de tribus urbanas se tratara, hemos seleccionado en esta ocasión tres títulos que hablan por separado de mods, rockers y punks. Si bien los dos primeros, ambos del 2009, constituyen números consecutivos dentro de la colección de la Editorial Milenio, el tercero corresponde a la colección Los 80 Pasan Factura, de la editorial canaria Lágrimas y Rabia, centrada en la música de aquellas islas.

AhoraNo

¡AHORA! NO MAÑANA
Los mods en la nueva ola española 1979-1985
Pablo Martínez Vaquero
Editorial Milenio, 2009

Componen el núcleo importante del libro las biografías, comprendidas en el intervalo de tiempo que reza el título, de un buen puñado de bandas (Los Flequillos, Los Elegantes, Los Nocturnos, Telegrama, Sprays, Kamenbert, Brighton 64, EscándalosAñade este contenido, Pánico Speed, Scooters, Los Scooters y Los Negativos) que «fueron mods sencillamente porque decidieron serlo«, como dice el autor en el comienzo. Escritas inicialmente en un informe que apareció allá por el 1999 en una revista musical y dos portales cibernéticos, se han actualizado y completado con datos sobre las escenas del revival mod en Madrid y Barcelona, apuntes sobre bandas del momento con cierta relación, modzines y contribuciones externas.

El volumen dista mucho de ser una mera relación de fechas, conciertos y grabaciones, sino que el aporte de los protagonistas e implicados permite conocer no sólo de las bandas mencionadas, sino de la época y el ambiente en que se desenvolvieron con todo lujo de detalles y narrado de forma amena y dinámica.

Llama la atención al profano la importancia que adquiere en el universo mod las cuestiones cronológicas relacionadas con las generaciones a las que pertenece cada cuál. Al respecto se pronuncia Kiko Amat en su prólogo, donde no desperdicia la oportunidad de mostrar sus credenciales personales. Asimismo destaca la relevancia concedida a la estética, muchas veces por encima de la posible valía de la banda en cuestión. Pero por las mismas conmueve el sentimiento de pertenencia al movimiento: «Y es que, entre las mejores cosas que podían pasarte siendo mod en aquella España de la Transición, es que si encontrabas a un desconocido ataviado con una parka, o una gabardina con una diana o bandera británica cosida en ella, era motivo suficiente para que se entablase una camadería a prueba de clases sociales o ideologías«.

En el campo de las anécdotas, de las que lógicamente hay muchas, se encuentra una con la posibilidad de saber del pasado mod de artistas como Fernando Pardo (Sex Museum, Los Coronas) o Mario Martínez (La Unión), que es uno de los que aparece precisamente en la foto de la portada, o de las raíces musicales de Sergi Arola, que antes de dedicarse a cuestiones culinarias militó en una banda llamada Los Interrogantes.

Cierra un epílogo sobresaliente de Miguel Trillo, responsable además de mucho del material fotográfico del libro, en el que se resalta lo triste de tener que acabar la historia relatada con la muerte a puñaladas de un joven. Se refiere al triste suceso acontecido a las puertas de la sala Rockola en la que tocaba Pánico Speed, una de las bandas protagonistas. Su biografía se ve interrumpida por copiosa información acerca de las pesquisas y procedimientos judiciales, así como el tratamiento en la prensa de la noticia tras el acontecimiento que provocó la desaparación de los denominados Camel Boys, uno de los grupos de mods más nutridos de Madrid.

 

Rockers desterrados de la movidaROCKERS… DESTERRADOS DE LA MOVIDA
Laurén Jordán
Editorial Milenio, 2009

Laurén Jordán, miembro de Inoportunos y Gatos Locos, es el autor de este repaso por la escena rocker desde los 80. Protagonista por tanto del día a día que acompaña a la pertenencia a una banda, y bien relacionado con colegas y amigos de dicho mundo, a los que invita en diferentes momentos a participar de la narración, es mucha la información sacada de la propia experiencia la que llena las páginas más interesantes del libro.

Descoloca un tanto, eso sí, lo específico del título. No parece ser precisamente la descripción de abandono o destierro de las bandas rockers durante los años de La Movida madrileña el nudo argumental principal. Salvo la mención explícita hecha en el prólogo de Pedro J. Pérez (Nueva Ola 80), tampoco es que las referencias a aquella escena de la capital española sean constantes (y a mi juicio, ni falta que hace). De haber sido así sospecho que se hubiera requerido de una mayor profundidad en la descripción de personajes como Alberto García-Alix, por poner tan sólo un ejemplo. Además, en varias ocasiones se reitera el buen momento vivido por la música nacional durante aquella década en general, sin excluir género alguno.

La descripción de las bandas en las que se centra el autor es detallada. Gusten o no al lector, el libro proporciona información interesante sobre una buena relación de grupos. Si bien son inevitables los debates de lo acertado o no de la inclusión de unos en detrimento de otros, sorprende lo categórico de afirmaciones acerca de lo prescindible de los 90 en lo musical para rescatar casi en exclusiva a bandas como Los Rodríguez como enseña «heredera de los años 70 y 80«.

El curso de la narración se hace a veces algo anárquico. Algunos de los capítulos pueden contener cuestiones muy variopintas sin solución clara de continuidad: Consideraciones generales pueden venir seguidas casi inmediatamente por biografías concretas de bandas, experiencias en la producción del propio autor o encendidas deliberaciones sobre aspectos no directamente relacionados con la música. Pero, por contra, la descripción de la elaboración del disco homenaje a Elvis por parte de bandas nacionales, el consiguiente viaje para depositarlo en la residencia natal del cantante o las disquisiciones previas sobre el movimiento rocker son más que notables.

El volumen lo completa una jugosa cantidad de fotos y una lista de treinta discos recomendados.

Degeneración Troll
DEGENERACIÓN
Troll
Colección Los 80 Pasan Factura
Editorial Lágrimas y Rabia, 2010

«Degeneración» es la crónica de un superviviente, Alberto Troll. Relato despiadado, cruel y demoledor, ambientado en principio en el origen del punk en las Islas Canarias en los 80, el texto transciende sin embargo dichos límites para convertirse por contra en el « punto de vista donde los perdedores van a los restaurantes caros, y los ganadores tirados en la cuneta, brillan como estrellas viviendo en plenitud, comprobando que se puede sobrevivir… con tan poco».

Deambulan los personajes del libro movidos por un sólo afán, el de escapar; de la familia, de las Islas Canarias, de España, de un «sistema de vida hipócrita de la gente normal, que hacen lo que deben hacer y no realmente lo que quieren hacer». Prueban en su rumbo errante en casas okupadas, en sectas milenaristas, en parejas, por separado… Vagan por las calles, importunan al ciudadano de a pie con su transgresión de las más mínimas normas cívicas de convivencia, follan, se drogan…

Todo desde el más absoluto rechazo a cualquier estímulo social externo: «Así las cosas, todo aquel que pensase que había que luchar por cambiar algo en el mundo, allí o no tenía cabida, o no iba a durar mucho tiempo. Porque en esa situación de pura decadencia sin límites, al primero que se le ocurría hablar de cualquier movilización en defensa de no se qué coño importa ahora, recibía un rechazo total por parte de todos. Ese ‘todo mierda y todo a la mierda’, más allá de cualquier manipulación o engaño venida de los supuestos idealistas antisociales, esa lucha estéril asumida, se entendía perfectamente desde cualquier perspectiva antisocial. No nos habíamos olvidado del Johny Rotten con su destroy anarquista, cantando ‘No future for you, no future for me’ junto a Sid Vicious con su esvástica nazi, en una colosal apología del sin sentido, evitando alinearse a toda costa.»

La música es seleccionada como banda sonora de esta existencia al límite. Las letras de las canciones de Larsen, Decibelios, R.I.P., Eskorbuto, La Broma de Ssatán, Psicosis Crítica, Guerrilla Urbana y No describen, como era de esperar, el día a día de estos jóvenes embarcados en un viaje sin retorno. Pero además, habiendo sido el autor miembro de Hemorragia Sexual y Psicosis Crítica, aparece también el relato de los comienzos de estos primeros, así como de la violenta respuesta que generaba su música en los pueblos de la isla.

Autodestrucción con locura, SIDA, prostitución o drogadicción como alternativas. Un libro francamente sobrecogedor.

Alejandro Díez (Los Flechazos, Cooper) ha iniciado una aventura editorial, Ediciones Chelsea, en la que da cobijo a las experiencias y reflexiones de una cada día mayor lista de amigos. Si bien el arranque de esta colección Mis Documentos lo hizo con su «Reflejos en el Retrovisor» (2013), donde él mismo comenzaba con esta revisión de documentos personales, en esta nueva entrega de la sección Música Para Leer reseñaremos los títulos confeccionados por Fernando Pardo (Sex Museum, Los Coronas) y Joaquín Felipe Spada (Los Canguros, Los Fresones Rebeldes, Cola Jet Set). Presentados de forma cómoda e impecable, los textos no se han escrito para la ocasión sino que cada volumen constituye una recopilación de material publicado previamente en fanzines, recortes de prensa, revistas, entrevistas o que sencillamente andaba perdido entre los papeles de cada uno de los autores. Es prevenido con esto como uno mejor afronta la lectura de estos volúmenes, en los que el perfil de cada protagonista va quedando definido con la combinación de diversos retazos.

Fernando Pardo - Cuando éramos eléctricos

 
CUANDO ÉRAMOS ELÉCTRICOS
Fernando Pardo
Colección Mis Documentos
Ediciones Chelsea, 2013

He de confesar que con Sex Museum soy víctima de un constante sentimiento de culpa. Paradigma envidiable de cómo mantenerse haciendo la música que les gusta y de gestionar su carrera de modo totalmente independiente y autónomo, me ocurre con ellos lo mismo que con ese amigo al que quieres llamar pero que sin embargo no terminas de encontrar el momento de hacerlo. Leer a Fernando Pardo en esta colección paliaba de alguna manera toda esta pereza imperdonable para entrar de lleno en sus discos.

Es precisamente gracias a un proyecto inconcluso del propio personaje por documentar la trayectoria y biografía de Sex Museum que uno tiene la oportunidad de llegar con «Los Chicos Eléctricos» a ciertas profundidades de la esencia de la banda, de sus períodos críticos y de la evolución realizada a partir de los mismos. Reflexiones desde su primer concierto en octubre de 1985, en el que se fragua el dejar atrás toda su vida anterior y apostar por un grupo de rock visceral.

Parte de ese pasado tiene que ver con una acreditada pertenencia a la escena mod del Madrid de los 80, detalle que sin duda habrá tenido algo que ver en la amistad que mantiene con Alejandro. Protagonista de la labor de investigación de campo realizada para documentar «¡Ahora! No Mañana. Los Mods en la Nueva Ola (1979-1985)» (Milenio, 2009), la presente recopilación se beneficia de las conversaciones mantenidas con Pablo Martínez Vaquero, autor de dicho libro. Mucha de la información que no encontró sitio en aquella revisión de la oleada mod, sirve aquí de interesante y en cierto modo desolador reflejo de aquellos días y de su violencia gratuita.

A través de algunas de las entrevistas y textos Fernando Pardo cuenta, mezclando las trayectorias de Sex Museum y Los Coronas, cómo es convivir en una gira con grandes artistas, sufriendo la ignorancia o el despecho de muchos de tus ídolos. O como ocurrió en uno de los capítulos más interesantes que contempla este libro, cuál fue la relación de la banda con Steven Van Zandt, miembro de la banda de Bruce Springsteen y que se mostró interesado en la música de los españoles para su propio sello discográfico. Del éxtasis ante la posibilidad de ver su música distribuida por todo el mundo a la desilusión de ver las condiciones del contrato que les ofrecía el norteamericano.

Involucrados directamente en la escena del barrio de Malasaña y su cuartel general El Ágapo, son varios los extractos que salen acerca de la reedición del disco «Ágapo Live» (Romilar-D, 1989) en el año 2011 o refiriéndose a la desaparición de protagonistas de todo aquello: «Y entonces un día Kike (Turmix) murió. Y con él murió La Malasaña en la que vivíamos«.

El libro termina con la crónica de la gira de Los Coronas por Australia. Relato que atrapa y que uno no lamenta ocupe en proporción uno de los mayores pedazos del libro. Aunque evidentemente hay momentos que resultan mucho más flojos o que al menos a mí me interesan menos (las disquisiciones sobre el Atlético de Madrid o sobre guitarras e instrumentos varios, por ejemplo) el balance es claramente positivo.

 

Felipe Spada

 
CONFESIONES EN LA PISTA
Joaquín Felipe Spada
Colección Mis Documentos
Ediciones Chelsea, 2013

Poco o nada conocía de ninguno de los grupos por los que ha pasado J. Felipe Spada salvo los nombres, y eso que no han sido pocos: Los Canguros, Los Bretones, Los Fresones Rebeldes o Cola Jet Set. Sí sabía de su pasado de activista mod, y por alguna razón aquello me valió como excusa más que suficiente para entrar con todas las ganas del mundo a leer su contribución a estos Mis Documentos de la editorial de su amigo Álex.

La lectura descubre a un personaje del que termina atrapando su pasión por la música, la que le lleva no sólo a gestionar un más que interesante fanzine, sino a detallar de forma impecable a la amiga a la que acaba de grabar una cinta casete, las características de las canciones y los grupos que ha elegido para ella.

Música entendida como elemento capaz de tocar alguna fibra del alma y generar unas ganas irrefrenables de hacer algo creativo. O viceversa, sentirse tocado para bien o para mal por sentimientos que te hacen componer música. De todo ello se habla en los textos, extractos de entrevistas que ha seleccionado Felipe Spada.

Atrae igualmente la manera en la que se habla, brevemente, de momentos y vicisitudes varios en la trayectoria de alguno de los grupos arriba citados. Idas y venidas, alegrías y desencuentros. Cuando habla de compañeros de escena como los Brighton 64 al documentar la reedición de aquel «Barcelona Blues» (Flor y Nata, 1983), o de cómo vivió el éxito comercial de Los Sencillos como muestra de lo que les hubiera podido acontecer a ellos mismos de haber tenido algo más de paciencia.

Cuadernos de viaje en escapadas por Italia o tocando en festivales en Liverpool aprovechando la mística de Los Beatles. Caben muchas cosas, pero quizás demasiado dispersas. De hecho sale algo mal parado de la comparación con el libro de Fernando Pardo; se evidencia un poco la brevedad e inclusión de facetas en exceso ortogonales a las cuestiones estrictamente musicales (la nota de queja en la comunidad de vecinos por asuntos de tuberías o la reseña de novelas). Todo ello termina jugando algo a la contra e induce a la sospecha de falta de material o de ganas de buscarlo. Aún con todo me doy por satisfecho con los momentos más apasionados de lo que deja ver Felipe Spada.

 

RocanrolHoy traemos al blog la experiencia de Iván Muñiz, autor del documental «Rocanrol» (2013), o lo que es lo mismo, la historia vivida durante el festival del Valle de Tobalina, Burgos, un pequeño evento musical que reunió a bandas como J. Teixi Band, The Imperial Surfers, Los Chicos, Mutagénicos y Sex Museum. El festival, con un par de ediciones a sus espaldas, es el resultado del esfuerzo de unos aficionados a la música rock que consiguen agrupar de forma artesanal, implicando en ello a la mayoría de los vecinos de esta pequeña localidad, a un ramillete de bandas cada año para pasar un par de días en torno a la música en directo. Cámara en mano, Iván, junto a la ayuda de un amigo, registró el espíritu del festival, se coló con los músicos y preguntó, entre otras cosas, a todos los allí congregados ¿Qué es la música para ti?

El documental comparte con el propio evento el marcado carácter de bajo coste. En una estética cercana a la de experiencias televisivas de nuevo cuño que apuestan por realismo e inmediatez, recorre las dos noches de festival de manera entretenida y profundamente humana buscando la motivación de los amantes del rock en vivo y de quienes lo practican. Incluye imágenes de los conciertos de aquellos días y entrevistas con muchos de los artistas, periodistas locales que cubrían el evento, los organizadores y demás participantes. No hace Iván sino arrastrarnos en la euforia por la música en directo, por el trasnoche al que obliga el rock and roll, y por la pasión de quienes lo hacen posible, por muy precarios que puedan ser los medios a su alcance.

Iván es el autor de un largometraje «Carbón Elvis» (2007), un corto «Derechos de Autor Mortales» (2011) y videoclips para grupos, como The Government. «Rocanrol» es su última obra y para su presentación, además de la proyección en el Cine Victoria de Madrid el sábado 11 de mayo a las 11.30h de la mañana, ha organizado un concierto en la sala Fun House a las 20:30h de ese mismo día en el que tocaran los propios The Government, The Down Down Downs y The Reformers, un combo formado por miembros de Los Chicos y Soul Gestapo.

Cuéntanos a qué te dedicas profesionalmente.
Me dedico al rollo audiovisual, llevo más de quince años trabajando de mercenario. Los últimos cuatro años he estado trabajando mucho en la televisión, haciendo realities.

¿Qué tal resultó la experiencia de tu película «Carbón Elvis»? ¿Cómo se te ocurre elaborarla? ¿En qué te inspiraste?
«Carbón Elvis» fue una necesidad. La inevitable consecuencia de tener que hacer una película. Una experiencia bestial y única. Después de malgastar un año buscando financiación para hacer un largometraje de un guión que escribimos un amigo y yo que se llamaba «Declaraciones polémicas de un director de cine porno» decidimos dejar de intentar hacer una peli y hacerla sí o sí, fuesen cuales fuesen los medios que tuviésemos. Como dijo John Casavettes: «¿Quieres hacer una película? Hazla. Nada te lo impide«. Con la perspectiva que otorgan los cinco años que han pasado desde que se hizo, te puedo decir que es mala. Pero infinitamente más interesante que la mayoría de las cagadas que se estrenan. Y tiene una banda sonora buenísima.

¿Y con «Derechos de Autor Mortales»?
Pues un poco lo mismo que «Carbón Elvis», una necesidad de hacer películas, en este caso un cortometraje. Hoy por hoy esta es la obra que mejores resultados ha tenido; la seleccionaron en varios festivales (cosa que jamás me había pasado) incluido uno de los gordos, el Festival de Cine Fantástico de Roma. Un día mientras estaba viendo la obra maestra de Jacques Tourneur «La Noche del Demonio» (1957) se me ocurrió la trama del corto, esa misma noche escribí el guión del tirón. El resto es sencillo: un ímpetu a prueba de tornados y poder rodearte del mejor equipo. Esto es clave, saber tener contigo a un grupo de personas que van a ser tu familia durante un mes. El trabajo en equipo es la clave.

¿Cómo surgió la posibilidad de hacer el videoclip para The Government? ¿Conocías al grupo de antes?
A los Government los conocí en un concierto en el que telonearon a Los Chicos en el Rock Palace. Les envié un mail al día siguiente, diciéndoles que les había visto, que me gustó mucho su música y que podíamos hacer un videoclip. Les pareció buena idea y hasta hoy. El videoclip quedó muy bien pero logré algo mejor, la amistad de tres músicos que cuando se juntan son excepcionales.

¿Fue tu primera experiencia directamente relacionada con la escena musical?
No. En 2004 tuve el privilegio de grabar, montar y realizar el último concierto que dió el grupo madrileño A Room With A View. Se editó «Último Concierto de A Room With A View», un DVD muy chulo con portada de mDonada y grafismo de Joaquín Jordan. Según hablé con Conrado (guitarrista de ARWAV) hace un par de meses, creo que se va a reeditar. Este trabajo marcó para siempre un elemento en común para todos mis trabajos en el mundillo de la música futuros: todos los he hecho por la cara, por amor a la música y puro placer ya que los grupos bastante tienen con poder pagar el local y las deudas contraídas para grabar sus discos. Todas las bandas con las que he trabajado se caracterizan por estar al margen de la industria o por lo menos por tener una actitud de querer jugar al margen de la industria generalista. La industria musical española me da bastante asco.

¿Qué tiene de diferente respecto a lo que ya habías hecho el grabar a un grupo?
La idea del videoclip «Friedmanized» es una idea que llevaba tiempo intentando plasmar. Una estética llena de Moiré, desenfocados, agresiva a la vista. Por lo que sea, aquí se ha conseguido plasmar mientras que los anteriores videoclips tienen una estética mas convencional.

¿De dónde viene tu afición por la música?
Mi madre. Desde pequeño la música forma parte de mi vida, del día a día. Eso y que con siete años me llevó a ver a los Stones. Uno de mis recuerdos más antiguos es estar hablando, hablando de lo que puede hablar un niño de 4-5 años, del solo de John Bonham en Moby Dick.

Preguntas en el documental a las personas que entrevistas por su primer concierto, ¿cuál fue el tuyo?
Los Ramones en Vistalegre en el 1980. Cinco añitos. Sólo recuerdo gente corriendo y alguien que decía «¡vámonos, vámonos!».

¿Y el que mejores recuerdos te trae?
Rolling Stones en Praga en el 97; Azkena del 2007 con Radio Birdman y Mc5; Chuck Berry en Aqualung, 92; Los Enemigos, Plaza del 2 de mayo del 95; Hellacopters en Nueva York en 2002; la primera vez que vi a los Stooges, en Talavera de la Reina; Bad Religion en el Espárrago del 98; Metallica en la gira del album negro en el estadio del Rayo Vallecano; Neil Young con Booker T & The Mgs en Coruña. Ya paro..

¿Cuándo y por qué decides grabar «Rocanrol»? ¿Por qué en un festival pequeño?
El documental «Rocanrol» no es del todo intencionado. Mi amigo Pachi es uno de los organizadores y desde que se celebra, siete años ya, me lleva invitando a ir. Por fin el septiembre pasado pude asistir, en principio me llevaba solo una cámara para hacer fotos pero una vez más ese Alien interno me decía que tenía que grabar más, registrar el evento y contar su historia. No podía evitarlo y tuve que llevarme otra cámara y pedir prestado más material para poder rodarlo todo y complementarlo con entrevistas. Me faltaba un cámara y lié a mi amigo Pedro Toledano, que simplemente venía a ver el Festival, para que hiciese de segundo cámara. Pedro es ingeniero y jamás había cogido una cámara. En el viaje de ida le hice el cursillo express de conceptos básicos de fotografía.

Está claro que a Sex Museum no, pero ¿descubriste a alguna de las bandas que tocaron en la edición a la que fuiste ?
Descubrí a Los Chicos, el mejor directo que hay en España y desde luego uno de los grupos más importantes que han aparecido en los últimos diez años. Hay otros muy buenos pero que lleguen tan, tan al limite como ellos, ninguno.

¿Con qué medios dispusiste para la elaboración del documental?
Dos cámaras, una 60d mía y una 550 prestada. Me dejaron un trípode, un monopié, el 70-200 f4, un grabador digital de audio y un micro de corbata. Como ves, ir de prestado es bastante habitual en estos proyectos. Si no fuese por la ayuda de mucha gente este tipo de proyectos no se podrían hacer. Detrás siempre hay mucho trabajo, esfuerzo y colaboración desinteresada.

¿Tienes planeado presentar el documental en más sitios además del próximo día?
Me gustaría que así fuese. Queremos hacer algo en Burgos. He hablado con Rafa, el cantante de Los Chicos, para ver como podríamos hacer una proyección en Coruña.

¿Vas a rodar más cosas de este estilo?
Ahora mismo estoy liado con un nuevo docu. Se llama «The King Of Rock And Roll» y trata sobre el proceso de grabación de un disco. Estoy grabando todo el proceso de grabación del nuevo disco de Paul Zinnard y estoy entrevistando a gente del mundillo para que nos cuenten sus experiencias al respecto. Hay personas que están colaborando y ayudandome muchísimo, como la gente de Estudio Uno o Folc Records. Otros me han hecho perder mucho tiempo y algo de dinero con falsas promesas.

¿Qué documental de música te hubiera gustado haber hecho?
Sin ninguna duda «El Último Vals» (1978), la película de Scorsese sobre The Band.

¿Puede uno ganarse la vida hoy en día cámara en mano?
Un gran cineasta, genial creador de historias, imprescindible cronista de los males de España de los últimos 20 años, Enrique Urbizu, aseguraba en una entrevista antes del reconocimiento que tuvo en los Goya de hace dos años que para ser director de cine tienes que vivir prácticamente en la mendicidad.