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Para hablar de la historia de Ernie Records quizá habría que empezar por hablar antes de la prehistoria de Ernie Records. Porque Ernie (Records y Producciones, que a veces no nos aclaramos ni nosotros) es una agencia de management convertida en sello discográfico que ya era sello discográfico antes de ser agencia de management.

Por no embrollarlo más de lo necesario: Ernie Records nace para publicar los discos de Free Serena, grupo vigués de vida efímera que llegó a publicar dos referencias (un EP y un LP) en los años 2000-2003 antes de desaparecer como tantas otras bandas, aunque para nosotros al menos nunca haya sido como tantas otras bandas.

Desaparecido el grupo que justificaba los viajes en furgoneta y las sesiones de carga y descarga antes y después de cada bolo, Ernie Producciones (o Josiño Carballo, con posteriores incorporaciones) continuó en este gran mundillo de la música encargándose del managementde Holywater y un par de años después de otras bandas como Igloo, Jugoplastika, Niño y PistolaNiños Mutantes o Nadadora.

Eso fue así durante un tiempo, hasta que la necesidad de atender de la mejor forma posible a los grupos con los que trabajábamos llevó a la (re)fundación de Ernie Records, otra vez sello discográfico. “La Transición de Fase” (Ernie, 2009) de Igloo marca el nuevo comienzo de esta historia, en el año 2009.

Y ahí están, para quien quiera escucharlas, las referencias que se han ido añadiendo a la pequeña historia del sello: desde los históricos de la casa (Igloo, Jugoplastika, Holywater, Nadadora, Niños Mutantes, Niño y Pistola, Portrait), a nombres que se han unido a la escudería con posterioridad, como Maryland, Julio de la Rosa, La Familia o Rusos Blancos. Este 2012 hemos publicado nuestra primera referencia internacional, “The Stars Are Indifferent To Astronomy” (Ernie, 2012) de Nada Surf.

Nos vamos a saltar eso de destacar cuáles son los discos de los que nos sentimos más orgullosos. Nos vamos a saltar también la parte de la queja amarga por la situación de la industria discográfica y la crisis y demás. La palabra industria parece quedar un poco grande cuando se habla de algo que se intenta hacer con mimo y de forma casi artesanal a veces. Y creemos que no vale la pena dedicarse a esto si a uno no le gusta lo que hace y va a apoyar proyectos en los que no confía.

Por eso estamos encantados de poder repasar la actualidad del sello y ver que hemos publicado el octavo disco de Niños Mutantes, un nuevo single en vinilo de Maryland, “Something To Share” (Ernie, 2012), los debuts de Rusos Blancos y La Familia, y que estamos deseando escuchar lo que estén preparando para sus nuevos trabajos, que esperamos publicar a principios de este año, Novedades Carminha, Julio de la Rosa, Holywater, Nadadora o Niño y Pistola. Y ahí seguiremos, creciendo muy poco a poco e ilusionándonos por cada paso de los artistas con los que trabajamos. Aunque lo de cargar y descargar con los años va cansando cada vez más y no vemos qué tiene que ver con la publicación de discos.

De un tiempo a esta parte la presencia de mujeres en bandas del panorama independiente español se ha hecho cada vez más frecuente. Y no me refiero con ello a grupos «de chicas», aunque los haya habido tan buenos que hayan logrado escapar del tópico. Si aún, en pleno siglo XXI, puede resultar raro que una chica decida tocar un instrumento musical en un país donde la música es algo accesorio, optar por tocar la batería siempre me ha parecido un acto que denota un carácter bien marcado, tanto por el momento en que se suele tomar la decisión, muchas veces en un período de inestabilidad como la adolescencia, como porque probablemente sea el instrumento menos «femenino» de cuantos haya, dentro de los cánones socialmente estipulados.

Para la sevillana Rosa Ponce, de Tigres Leones y Hazte Lapón, dos de los grupos más pujantes de la escena madrileña, la elección fue casi algo de lo más natural, aunque no exenta de dificultades: «Supongo que con doce o trece años es mucho más atractivo una cosa que suena bien dando golpes que ponerte a estudiar notas y solfeo. Las pocas amigas que tenía por esa época no lo entendían muy bien, alguna decía que era un instrumento de chicos y otras sólo lo pensaban. Durante los primeros años no quería que se enteraran en clase, porque ya se reían bastante de mí y esto ya iba a ser el colmo. Luego ya nos hicimos mayores y vinieron los ‘¡que guay! yo siempre he querido tocar la batería’ por parte de las chicas que conocía. ‘Pero de pequeña pensaba que era un instrumento de chicos’, les faltaba decir».

Si Rosa empezó copiando los ritmos de Ben Gillies de Silverchair, Elisa Pérez (Cosmen Adelaida, Rusos Blancos), afirma haber copiado en ocasiones sin ningún pudor a Stephen Morris (Joy Division). ¿Ninguna mujer inspiradora a las baquetas? Por supuesto, ahí aparece la imprescindible Maureen Tucker de la Velvet Underground, «por su manera tan sencilla, efectiva y poco pretenciosa de tocar».

Elisa le quita hierro a los motivos por los cuales comenzó a tocar la batería: «Empecé por razones muy estúpidas. Tenía dos amigos que tocaban la guitarra y el bajo respectivamente, así que me pareció buena idea aprender a tocar la batería para montar un hipotético grupo que nunca tuvo lugar. Además siempre he sido bastante vaga y me gusta estar sentada, supongo». Aunque luego, sin embargo, encuentre razonamientos de mayor enjundia al buscarle el atractivo a un instrumento que carece de cables, botones o cuerdas: «Lo que ves el lo que hay y lo que suena si le das con un palo, hasta aquí no hay más misterio que el que tú quieras darle. En alemán se llama ‘schlagzeug’, que traducido es ‘chisme para golpear’, me gusta mucho que sea algo tan tonto. No extraña que con estas explicaciones Elisa sea conocida en el entorno por poseer un estilo, sea en broma o en serio, calificado como «muñonada» por su técnica, digamos, un tanto primitiva.


Un héroe de la batería para Elisa. Lo prometemos.

Este estilo primitivo al que me refiero parece ser un denominador común entre las entrevistadas, sobre todo cuando me dirijo a Sofía Pedreira, de los asturianos Indienella, o a María Costa del grupo gallego Franc3s. Las dos comenzaron a tocar la batería por necesidades del grupo, ambos con el espíritu K Records en órbita. Así, la primera define su estilo como «simple y cacharrero», y la segunda nos remite a la calificación de Eric de Los Planetas sobre sus modos, «en clave de coño».

«En casa me decían que no hiciera tanto ruido porque tocaba con demasiada energía. Cuando empezamos a tocar por Galicia, me decían de todo, sobre todo los heavies de cada pueblo, que no comprendían que no intentara ser John Bonhan, como intentaban ellos durante siglos en sus locales de ensayo». ¿España 1976? Negativo, díganselo a María.

The Fall, Bobby Gillespie, Beat Happening, los Gories… ¿qué pasa en tierras norteñas? Nos vamos al otro extremo septentrional. Cati, de Doble Pletina, parece la persona más idónea para tratar este tema, pues anda muy involucrada con la revista Tom Tom Mag, radicada en Brooklyn y única en el mundo dedicada a chicas bateristas. Es allí donde precisamente echó a rodar un proyecto llamado Tres Drums, junto con la editora de la revista y otra baterista.

Cati en Tres Drums

¿Por qué la batería y no cualquier otro instrumento, Cati? «En palabras de Karen Carpenter: Why not?. Puede que en los primeros conciertos hubiera gente más sorprendida o admirada por el hecho de que una chica tocara la batería, además en ese caso (con el grupo Amarillo) era la única chica del grupo y tal vez llamara más la atención».

De todas las entrevistadas podríamos pensar en Cati como la más ortodoxa y refinada, dada su formación y el grupo en el que milita. Sin embargo, en este otro proyecto del que nos informa, Tres Drums, se entrega mucho más a la improvisación. Por eso no extraña el conglomerado de influencias que cita al ser preguntada sobre ello: «Desde Karen Carpenter que es más clásica, hasta Greg Saunier de Deerhoof, los beats de Tune-Yards, Janet Weiss de Sleater Kinney, Marc Pell de Micachu & The Shapes. Últimamente me fijo bastante en baterías algo desestructuradas o que rompen un poco los ritmos más comunes, y en cualquier combinación de dos o más baterías».

Bateristas sin complejos, con un único modelo a seguir: el propio. Y un anhelo común: «tener pipa para la carga y descarga».

Ángel VadilloAquí os dejo varios apuntes recogidos durante mi estancia en el Contempopránea 2012, festival al que acudo año tras año como parte ya casi de una tradición.

1. – Igual no lo has oído, pero el alcalde de Alburquerque (Badajoz) lleva cuarenta y dos días en huelga de hambre. Se llama Ángel Vadillo y se alimenta a base de agua con miel. Protesta frente al Ministerio de Industria contra la retirada de las primas a las renovables. Todo el pueblo está con él y la plaza está empapelada con carteles de apoyo. Al parecer, la televisión pública extremeña tiene prohibido difundir nada relacionado con el tema. Puedes ayudar (o al menos eso dicen) firmando aquí y si quieres seguir a Ángel Vadillo (que no es ningún DJ aunque tenga nombre de pincha poligonero) está como @Angelvadillo en Twitter.

2. – No he leído ni un titular en tres días, pero un amigo me dijo que la prima de riesgo superaba ya los 600 puntos básicos. Y mientras los Rusos Blancos y Cosmen Adelaida tocaban en el festival de la escena indie española, en varias ciudades había convocadas manifestaciones en contra de los recortes y también en contra de la subida del IVA a la cultura. Los recortes también estaban presentes en el festival, y este año no había el librito con los horarios y la información de las bandas. ¿Consecuencia? Que Klaus & Kinski tocaron a las diez de la noche y nadie se enteró. Tocaron para cien personas, máximo.

3. – La facilidad para ver un concierto en primera fila ha tocado su máximo (como la prima de riesgo). Con el concierto ya empezado, sólo tienes que avanzar entre la gente y casi sin decir perdón llegas a colocarte a cinco metros de tu artista favorito. No soy muy bueno con las cifras y las estimaciones de público, pero no creo que llegaran a mil personas las que se reunieron durante el concierto de La Casa Azul, cuyo puesta en escena se va pareciendo cada vez más a un showde Britney Spears.

4. – Hay grupos míticos del festival, véase La Habitación Roja, que saquen disco o no, siempre están ahí. Y siempre sucede lo mismo: la gente se entrega con los hits de toda la vida, pero las canciones nuevas se la traen al pairo.

5. – También hay otros grupos muy molones que no encajan en un escenario tan grande.

6. – Amaral atrajo a todo el pueblo (quinceañeras y cuarentones) y a los de alrededor. No soy fan de Amaral, pero conozco las canciones que todo el mundo puede tatarear porque no paran de sonar en la radio. Pues creo recordar que no se escuchó ninguna de esas, pero ella salvó el festival (al menos en tema de asistencia y no sé si económico). ¿Quién vendrá el año que viene para “rescatar” el festival? ¿Dani Martín? Él dice ser mucho más indie que algunos indies.

7. – La gente del pueblo es muy simpática y amable. Y hay bakalas bailando temas rollo indie en los garitos cercanos al festival. Y todo eso no tiene precio. Sólo por ello el festival debería seguir, aunque cada vez tenga más difícil su continuidad.

Vídeo de la actuación de Niños Mutantes, con mensaje:

 

Cuando en petit comité comenté que estaba preparando un artículo sobre escenas musicales, desde LaFonoteca no parecieron muy entusiasmados, la verdad. Aunque hubo algún resoplo, se me insistió en que podía hablar de lo que quisiera y bueno, pues al final de eso mismo es de lo que he querido hablar. Cierto es que el asunto está un poco manido, pero no es menos cierto que algo hay en él que siempre provoca prurito y, si el objetivo es generar debate, hay que decir que el debate sobre las escenas no está apagado. Bueno, tampoco encendido, la verdad. Más bien echa algún hilillo de humo de vez en cuando. Se ha convertido en algo así como un fuego fatuo, un asunto fantasmagórico.

Hace poco, un twittero con el original nombre de «indiegnado» (los sagaces juegos de palabra con el «indie» están apunto de superar al “funk” en cantidad y calidad) clamaba ante sus ¡cuatro followers! contra “la absurda microescena madrileña pop de Solletico, Rusos Blancos, Hazte Lapón y Cosmen Adelaida. No puedo evitar ver en esto algo entrañable. Yo soy de la idea de que en España es imposible alcanzar el éxito sin que haya un grueso de gente que te deteste. La pena es que sólo hubiera cuatro testigos ante tal arremetida. Pero me ha vuelto a surgir la duda, ¿hoy día, hay escena o no la hay? Y más importante aún, ¿a alguien le importa lo más mínimo? Porque al fin y al cabo, ¿cuantas escenas han existido en España? Voy a intentar hacer un repaso rápido y a ver si sacamos algo en claro. Prometo ser lo menos riguroso posible, a ver si así, al menos, le damos chicha a un tema fofo.

Respecto a las escenas pasadas, seguramente la única que todo el mundo tenga clara es La Movida madrileña, aunque posiblemente, nadie sepa ya muy bien qué fue movida y qué no. Todos los grupos parecen haber adoptado el término o renegado de él según conveniencia, y con tanto intento de rentabilizar el concepto, este ha acabado funcionando prácticamente como sinónimo de “música española hecha en los 80”. Los recopilatorios de cuatro cedés de lo mejor de la década han acabado por mezclar la velocidad con el tocino, y aunque aún haya quien se acuerde de las viejas polémicas entre babosos y hornadas irritantes, al final Mamá y Glutamato Ye-Yé han acabado condenados a aparecer de la mano hasta el fin de los días. Protagonistas directos como la ubicua Alaska, que igual posa desnuda para una foto antitaurina, sale en portada de la revista Psychologies o hace de tertuliana en la COPE, siempre ha dicho que entonces eran cuatro gatos que salían apedreados de los conciertos patronales y a palos con las fuerzas del orden. No me extraña que no añore aquella época, cuando, con el tiempo, ha sido la que se ha llevado la parte más grande del pastel (al menos, una parte tan grande con la de Almodóvar).

Pero entonces, si los grupos no estaban unidos y el público no era tan abundante, ¿dónde estaba la escena? Sí que parece cierto que más allá de rivalidades coyunturales y dificultades de un país recién llegado a la democracia, hubo un continuo intercambio de ideas entre artistas, no sólo de la música, también del cine o las artes plásticas. E independientemente de que en lo primeros años la mayoría de los españoles permanecieran aún ajenos a aquella efervescencia, Madrid era un hervidero.

Más que el estilo musical, sometido a continuo cambio, incluso dentro de una misma banda en un corto espacio de tiempo, lo que los unió fue ese fluir de ideas. Luego las rivalidades no eran para tanto, por ejemplo Javier Urquijo, de Tosv, germen de Los Secretos, llegó a ser miembro de los Pegamoides durante un tiempo. Víctor Coyote, de Los Coyotes, daba al respecto una visión interesante: En esa época no había suficientes rockabillies, suficientes punks, suficientes siniestroso suficientes modscomo para abrir un bar para cada estilo, y entonces todos coincidían en la misma sala o en el mismo pub, y el intercambio de opiniones surgía de forma natural. Cuando aquella música minoritaria fue creciendo, las tribus se separaron, las ideas dejaron de mezclarse y ese fue el principio del fin.

Sí puede decirse que La Movida tuvo lugares comunes: fanzines como La Liviandad del Imperdible dieron un pueril pero potente componente ideológico, concursos como el Villa de Madrid abrieron paso a la joven cantera, Ordovás dio salida a las nuevas bandas en su programa de radio, y, de forma natural, nacieron nuevos sellos para sacar los primeros singles de estos grupos. Se abrieron salas, como Rock-Ola, que además de a Ramoncín, abrieron sus escenarios a bandas imberbes, que podían recibir los oportunos gargajos tan de moda en aquellos tiempos, pero también compartir cartel con Echo & The Bunnymen o Spandau Ballet. Más adelante, un interés político por destacar todo aquello como un paso de España hacia la modernidad dio como resultado un programa en la televisión estatal, «La Edad de Oro» (TVE), que además de dar difusión masiva (con sólo dos canales y sin mando a distancia no había guerra de shares) ha quedado como el mejor testimonio de la época. Pocos grupos de aquellos tuvieron carreras largas, y como herencia han quedado algunos discos disfrutables pero también mucha tontería, mirada con muy buenos ojos, y sin embargo, las crónicas ayudaron a darle el lustre que todo mito necesita.

Los 90 parece que están más claros. Indie(antes “música alternativa”) es aquello que salía en el «Generation Next Music» (1998) de Pepsi, ¿no? Bueno, aquel recopilatorio fue el primer contacto con aquella música que tuvimos muchos adolescentes, pero no hay que ser tramposos. Alternativo era lo que presentaba una alternativa a la música mainstream, aunque luego las marcas comerciales, siempre astutas, enturbiaran el espíritu inicial. Este fenómeno, más descentralizado que el anterior, tuvo epicentros esparcidos por la península. Sabemos que hubo un Xixon Sound, un Donosti Sound, que había escenas más o menos nutridas en Granada o Sevilla. Y también estaban Dover, que eran alternativos al principio, pero luego no, porque tuvieron éxito a partir de un anuncio de la tele, ¿no es así? Aunque eso también les sucediera a Australian Blonde, que eran un icono de aquella eclosión asturiana, junto a grupos como Penelope Trip, Los Locos de Paco Loco o Eliminator Jr. ¿Entonces, en que consistía la escena?

Fran Fernández, que lo vivió todo de primera mano, siempre dudó de que hubiera habido una escena real. Más bien eran unos pocos chavales interesados por nuevas bandas ruidosas, anglosajonas y americanas, como Ride, My Bloody Valentine, Dinosaur Jr. o Sonic Youth, referentes musicales que no compartían con la mayoría de la gente de su alrededor, lo que los animó a intentar hacerla ellos mismos. Esto posiblemente hubiera sido muy minoritario si no hubieran sido arrastrados por el fenómeno Nirvana, que al desbancar en las listas a Michael Jackson demostró las inmensas posibilidades comerciales de la música underground. Antes de eso, eran tan pocos que en Oviedo, uno de los dueños del bar Movie, que resistía desde del inicio de los 90 (recientemente cerró) me contaba que en esos años se acercaba a hablar con cualquiera que llevara una camiseta de The Pastels. El público era tan escaso que a veces sólo se iban a ver los unos a los otros; pero los propios grupos, a través de radios locales de escaso alcance, podían pinchar los discos que se traían de sus viajes a Inglaterra o directamente intercambiar en mano las cintas de cassette que grababan.

Así lo hicieron Tito Pintado o Ibón Errazkin, introduciendo nuevos sonidos, igual que hiciera Olvido Gara a finales de los 70. Estos fenómenos locales difícilmente se hubieran unificado si no hubieran existido fanzines como Malsonando, nuevos sellos, como Elefant o Acuarela, o concursos de maquetas como los de la revista Rockdelux, donde destacaron grupos como Los Planetas o Australian Blonde, aunque luego fueran premiados proyectos ignotos, como el grupo de hip hop Eat Meat. En aquellos primeros años, la prensa tuvo mucho importancia a la hora de apoyar a los nuevos músicos, valorando la novedad y el riesgo por encima de aspectos más discutibles. Una mirada crítica generosa dejó crecer a la bandas, haciendo la vista gorda ante plagios obvios, voces desafinadas, grabaciones apresuradas y letras muchas veces pobres.

Luego vino el tontipop. Eso también parece que fue una escena, ¿no? Y lo que les une está bastante claro, porque el nombre es delator: pop de tontos ¿o para tontos? Con la llegada de Meteosat cantando “Mi novio es bakala”, una horda de niños pijos dieron carpetazo al existencialismo abrasivo y la decadencia loser de los 90 saludando al nuevo milenio con ganas de diversión. Los recopilatorios de lo mejor del año, sin embargo, se llenaron sobre todo de canciones de herencia sixties y electropop de letras más costumbristas que bobas, influidas por Family y Los Fresones Rebeldes.

Aparecen grupos como Portonovo, Ellos, La Monja Enana, Me Enveneno de Azules, Mirafiori o La Casa Azul, muchos de los cuales tendrán una trayectoria breve, que a veces ni siquiera culmina en un disco. Pero radio y prensa, ansiosos de una nueva cosa de la que hablar, prestan atención a este “huracán de sensaciones pop, algo nuevo, diferente y muy moderno”, aunque no siempre los tratan con tanta amabilidad como a sus predecesores.

Hoy resulta curioso que por tontipop pasara, por ejemplo, un grupo como Astrud, que hablaba de “proyecciones mitopoyéticas” y hacían juegos de palabra con “lounge” y “Lynch” y que, con su pinta de empollones, más bien parecían los listos de la clase. Todo vuelve a ser confuso, pero lo que está claro es que, una vez más, parece que es una imprecisa etiqueta de la prensa la que actúa de aglutinante. La escena es fugaz y muere al poco de nacer, pero eso no es necesariamente un impedimento. Si uno lo piensa, más o menos eso duró el punk británico.

¿Qué pasó después? Pasa el tiempo sin que surja nada nuevo hasta que de repente, un polémico artículo de Rockdelux sobre las nuevas escenas de Madrid y Barcelona, (ignorando al resto de ciudades, por cierto) marcan un nuevo maridaje generacional. Los Punsetes en Madrid y Tarántula en Barcelona, con los sellos Gramaciones Grabofónicas y Producciones Doradas detrás, capitanean un nuevo relevo generacional.

Empieza a hablarse de Cohete y de Garzón, de Juanita y los Feos y de Decapante, de Za! y de Manos de Topo, de El Guincho y de Le Pianc. Pero, ¿puede haber escena entre grupos tan dispares? Si lo pensamos, el punk americano agrupó a Suicide y a Blondie, a Talking Heads y a Television, a Devo y a Patti Smith. Entonces, el nexo común fue una sala de conciertos, el CBGB. ¿Y aquí?

Pues no está claro, aunque hay salas en estas ciudades que se convierten en señeras, como es el caso de la madrileña Nasti, quizá la clave para entender comuniones tan eclécticas sea la influencia de Internet. Las canciones ahora se pueden oír de forma inmediata, sin necesidad de que exista formato físico, y los numerosos blogs musicales se encargan de pregonar las buenas nuevas y convertir algunas maquetas en vox populi. Puede parecer algo muy desmembrado, pero si hacemos un análisis más a fondo, si que puede decirse que hubo muchos nexos entre los grupos: conversaciones, colaboraciones, splits, conciertos compartidos, miembros que saltan de un grupo a otro. Las relaciones entre ellos son fáciles de rastrear, a través de los amigos que se exhibían en el entonces rutilante MySpace. Otra vez, aunque el germen real existe, es un artículo periodístico el que hace de cemento para que los oyente asocien algunos nombres.

Mi conclusión es que ese es el principal punto común en toda esta historia, las escenas existen si se hablan de ellas como tal. Son los cronistas los que convierten a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia espacio-temporal en una escena. Entonces, volviendo al principio e intentando responder a “indiegnado”, ¿existe aún esa absurda microescena en Madrid a día de hoy? ¿La hubo en algún momento? ¿La va a haber en el futuro? Supongo que eso dependerá de que alguien quiera contarlo así. Muchas de las personas de generaciones anteriores puede que frunzan el ceño, es ley de vida. También George Harrison dijo que iba a dejar la música cuando surgió el punk.

Si establecemos similitudes con otras escenas, haberlas, haylas. Hay un concurso de grupos revelación del festival Contempopránea donde aparecen en puestos destacados grupos como Rusos Blancos, Cosmen Adelaida, Los Ingenieros Alemanes, Alborotador Gomasio o Ed Wood Lovers, hay un bonito disco llamado “No Te Apures Mamá, Es Sólo Música Pop” (LaFonoteca, 2011) donde muchos de esos nombres se repiten, añadiéndose otros como Solletico, Los Autócratas, Raúl Querido o Betacam y un concierto de presentación de este disco, con un lleno absoluto de la sala Siroco y un centenar de personas que se quedan a las puerta. Hay un blog (y radio) como Aplasta Tus Gafas de Pasta, en cuyos recopilatorios y fiestas pueden rastrearse las primeras grabaciones y actuaciones de algunos de estos grupos, así como los primeros debates sobre la presencia o no de una nueva escena. Hay continuas colaboraciones y nexos, hay nuevas publicaciones, como Jenesaispop, que han dado cuenta, aunque tímidamente, de estas primeras andanzas. También es cierto que hay una repercusión de público aún pequeña.

Posiblemente, hay tantos argumentos para estar a favor como en contra. Al fin y al cabo, la mayoría ni siquiera hemos publicado aún un disco largo, a pesar de que casi todos nos acercamos o superamos la treintena. Esto, al fin y al cabo, también puede ser el espíritu de los tiempos. La repercusión a la larga está aún por ver. ¿Alguien se acordará de todo esto? ¿Alguien se encargará de alimentar el mito? Vete tú a saber. Hagan sus apuestas.

Betacam es el proyecto personal del torrelaveguense afincado en Madrid Javier Carrasco. Perteneciente a grupos como Templeton y Rusos Blancos, Javier crea este proyecto con el fin de ser 100% autoindulgente.

Considera que el recopilatorio que hemos lanzado (que por cierto toma el nombre de la estrofa de una de sus canciones) propicia una infraestructura para un grupo de bandas que, por separado, tienen su valor pero unidos crean una «escena», en el mejor sentido de la palabra.

Rescatamos «Primos lejanos» de su paso por Siroco, cita de la cual destaca el silencio respetuoso y la gran afluencia de público.

No te apures mamá

Sacamos a la luz nuestra primera referencia, un recopilatorio que esperemos tenga una gran acogida entre los amantes del vinilo y del mundo maquetero en general. Catorce canciones pertenecientes a catorce grupos de la escena madrileña, con el pop como denominador común, masterizado por Javier Ferrás, arte a cargo de María Silva, y en edición limitada y numerada a 300 copias en vinilo de 12″.

Se pretende recoger un puñado de buenas canciones pop procedentes de bandas maqueteras de la efervescente escena madrileña, reflejando un momento que consideramos que vale la pena señalar. No están todos los que son (ahí nos dejamos fuera a amigos como Tigres Leones o a Los Ingenieros Alemanes), pero sí son todos los que están. Canciones bonitas en un envoltorio bonito.

1.Hazte Lapón«Astrología Universal»
2.Alborotador Gomasio«En el espejo»
3.Ed Wood Lovers«DC»
4.Los Autócratas «Ikea»
5.Rusos Blancos «Carreras de lesbianas»
6.Los Claveles«Viaje al centro de mi habitación»
7.Cosmen Adelaida«Supermercado»
8.Betacam «Primos lejanos»
9.Little Toys«El día de la Independencia (o toma, conquista y derrota de Santa María de los Andes)»
10.Solletico«Las barbas del capitán»
11.Luis Brea «Me cago en la puta»
12.El Mago Howl «Mijail»
13.Alquitrán (no es poco)«Tesis»
14.(bonus track) Raúl Querido «Fin de año»