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Muchos son quienes han descubierto recientemente al veterano Julio Bustamante, pero lo cierto es que este músico valenciano lleva más de treinta años componiendo canciones. Tras varios conciertos homenaje tanto en Barcelona como en su Valencia natal, este fin de semana visita Madrid para presentar su último disco “Viento Desatado” (Comboi, 2012) teloneados por La Ruleta China, actual proyecto de Fernando Márquez (Paraíso, La Mode) y Charlie Mysterio (Los Caramelos).

Fotografía de David Sagasta

¿Qué puedes contarnos de tus comienzos en el mundo de la música? ¿Cómo era el ambiente musical en el que te movías en los 70?
Comencé a escribir canciones en los 60, poco después empecé a actuar en solitario o en dúo, con mi hermano Tico o con otros músicos, formando parte a veces de grupos esporádicos. El ambiente de Valencia era muy underground y casi todos nos conocíamos, tanto aficionados como músicos y solíamos encontrarnos por garitos del barrio del Carmen donde sonaban discos que nos gustaban.

¿Qué recuerdas de esas primeras grabaciones con Remigi Palmero i Bon Matí? Como los discos de Pep Laguarda y otros contemporáneos, son grabaciones envueltas en una extraña magia, una fantástica mezcla de inocencia, calidez e imaginación que compensa con creces cualquier posible deficiencia técnica…
En aquella época, como ya he dicho, éramos todos amigos y de alguna manera compartíamos las mismas referencias y gustos musicales, interactuábamos entre nosotros y hacíamos lo mejor que sabíamos hacer, por el puro placer de tocar música. No teníamos ínfulas de ninguna clase y la creación fluía sin tener que rendir cuentas a nadie.

Si estamos en lo cierto, los temas de «Cambrers», tu primer disco en solitario, se comenzaron a gestar a la vez que «Humitat Relativa» (Zafiro, 1979). Sin embargo, el disco no se publicó hasta 1981, cuando ya tenías treinta años ¿Te costaba dar el paso de interpretar tus propios temas? ¿Te sentías más cómodo componiendo para otros?
En el 78, Tico (que venía de grabar baterías y flautas en «Brossa d’Ahir» (Ocre, 1977) de Pep Laguarda) y yo conocimos a Remigi en Altea, preparaba su primer disco solo tras su salida del grupo Els 5 Xics y me pidió algunas canciones… A partir de ahí empezó nuestra colaboración que siguió en «Cambrers» e In Fraganti. Entonces yo me proponía ser compositor, había hecho un par de singles para Epic, y mi idea era que otros grabaran mis canciones en catalán o castellano. Pero la gente de Tabalet Estudis, Remigi, etc., me decidieron a que cantara mis temas yo mismo. Después de tantos discos aún me siento, sobre todo, compositor de canciones, más que de discos. A la hora de hacerlos me como mucho el coco con el repertorio, porque siempre se van acumulando temas, así que me ayuda mucho el consejo de la gente más próxima, la banda, etc.

Valencia ha estado siempre presente en tu obra, desde tus composiciones para «Humitat Relativa», como «Radio Alger», hasta tu último disco «Viento Desatado», con temas como “Malvarrosa” o esa delicia titulada “València no s’acaba mai”. ¿Cómo te inspira tu ciudad?
Valencia es una fuente permanente de inspiración, también de preocupación y vergüenza. En mi faceta de columnista en el Diario de Levante he escrito bastante sobre todo esto a menudo, porque ya viene de lejos. De todos modos conviene desligar la imagen que da la derecha de la realidad cultural que siempre ha sido muy positiva, animada y fértil. Como ejemplo ahí está la respuesta de la unión de artistas y músicos en el festival y actividades de Primavera Valenciana de hace un par de meses, entre muchas otras.

Y culturalmente, ¿en qué momento crees que se encuentra la ciudad? ¿Hay algún nuevo grupo o propuesta musical que te interese?
Valencia está viviendo un gran momento efervescente a nivel cultural (diseño, literatura, pintura…) que choca contra la posición política cultural obsoleta y extremadamente conservadora que gobierna la ciudad y la Comunidad Autónoma. En los dos últimos años se han abierto muchos nuevos locales de exposiciones, librerías-cafeterías que programan presentaciones y showcases de músicos… En cuanto a grupos también hay una gran oferta de savia nueva muy interesante, bandas como Senior i El Cor Brutal, Tórtel, Maronda, Arthur Caravan, Limbotheque, Emma Get Wild, La Gran Alianza, Son los Grillos

Hablando un poco de la triste realidad que nos rodea, tú que comenzaste a hacer música en tiempos convulsos, ¿cómo vives la actual dictadura de los mercados? ¿Es de alguna manera comparable a aquellos años?
Debemos deshacernos de esta dictadura como lo hicimos, bien que mal, en los 70. Hay que unir todo este gran descontento en una fuerza frontal, para que no se disperse.

En “Viento desatado”, la canción que da título a tu nuevo disco, hablas con cierta esperanza de un nuevo tiempo en el que la gente recupera su dignidad…
En mi último disco hablo de esto en «Viento desatado» y en «Abril», que habla de lo que hizo posible en su día la República. Así están las cosas hoy, de nuevo.

“Hubo una vez un país que vio la luz en Abril / y aquella luz tan blanca quemaba en las gargantas /con un clamor tan grande que aún llega hasta aquí.” ¿Qué es y dónde está «Abril»?
«Abril» es un canto a los valores sociales y políticos que promovió la República y que ahora debíamos reclamar de nuevo. «Abril» late en el interior de todos nosotros.

Todo el mundo comenta que tu música destila madurez, serenidad, equilibrio. ¿Algo que decir en tu defensa?
Si mis canciones o mis textos destilan madurez o serenidad sin duda es porque es lo que busco cada día para mí y los demás.

Es cierto que este nuevo disco tiene un aire más melancólico, como de sentarse a mirar, tomar distancia, recapitular. ¿Se nota quizá el paso de los años?
Cumplir años no sirve de nada si no vas dejando atrás el lastre de lo que ya no sirve, lo que no te deja vivir en paz contigo y con el mundo.

Franco Battiato dice en su último disco algo así como “viva la juventud, que afortunadamente pasa”
En ese sentido estoy de acuerdo con la opinión de que ser joven es algo que lleva toda la vida aprender, o puedes quemar tu vida en tonterías de corto alcance. Batiatto por otro lado me gusta mucho, es un referente y en mi próximo disco le tributaré con una versión de “La estación de los amores”.

¿Cómo te sientes cuando chavales de veinte años te homenajean tocando tus canciones o haciendo documentales sobre tu figura?
Profundamente emocionado y agradecido.

¿Sabes si hay intención de plasmar ese homenaje en un disco tributo?
De hecho, se está preparando un disco que reúne versiones de mis canciones de bastantes de los músicos que intervinieron en los homenajes de Barcelona y Valencia. Si todo va como está previsto, aparecerá con la Rockdelux próximamente.

Estas nuevas generaciones reivindican sobre todo tus primeros trabajos, especialmente «Cambrers» y «Cargo de Mí» (Discos Medicinales, 1986). ¿Crees que son tus mejores obras o simplemente cuentan con un sonido más reconocible, más fruto de su época y, por tanto quizá son más fáciles de escuchar con cierto afán revivalista?
En los conciertos que comparto en festivales o salas con mis amigos Fred i Son, hacemos un repertorio basado en «Cambrers», «Cargo de Mí» o «Entusiastas» (Chewaka, 1998); tal vez de ahí también salga una recopilación en directo, pero en solitario no la pienso hacer: siempre estoy por grabar cosas nuevas. Evidentemente Cambrers es el disco del que más se ha escrito y ahora que hay muchos grupos interesados en el folk y los sonidos acústicos era fácil que les llegara a interesar.

Ahora se llevan mucho estos conciertos en los que un artista interpreta en exclusiva las canciones de su álbum más emblemático. ¿Te ves en el Primavera Sound tocando el «Cambrers»? ¿Qué opinión te merecen este tipo de macrofestivales?
Hace pocos años Remigi Palmero y yo montamos unos acústicos en los que interpretábamos temas de «Cambrers» y «Humitat Relativa». Lo pasamos muy bien, así que no es descartable vuestra idea sobre «Cambrers» en un futuro no lejano. No soy mucho de ir a festivales como espectador, pero cuando coincido en alguno me encanta el feeling que se crea entre los diferentes artistas en el backstage, el escenario y también con el público. Cuando se dan estas circunstancias, es mágico.

¿Cómo ha sido y cómo es actualmente tu relación con eso que llaman la industria de la música? Llevas unos años publicando tus discos en Comboi. ¿Qué tal con ellos? ¿Cómo funcionáis?
Estoy muy a gusto en Comboi, con mis discos en solitario. Somos amigos desde mucho antes que montarán el sello y nos entendemos más a nivel familiar que profesional.

Tus viejos LP se venden en Internet por 75€. ¿Eres coleccionista? ¿Qué opinas de la vuelta del vinilo como formato físico definitivo?
No soy coleccionista, soy minimalista, huyo de lo superfluo: amo a la gente y la cultura, no a los objetos ni nada que interfiera.

Dado lo inaccesible y disperso de gran parte de tu discografía, ¿te has planteado reeditar alguno de tus álbumes?
Tal vez, si hay una buena oferta, es posible alguna reedición de «Cambrers».

¿Puedes presentarnos a Paisanoas, la banda que te acompaña en directo? ¿Cómo es eso de compartir escenario con un hijo?
Compartiendo el grupo con Carlos Carrasco, Montse Azorín estoy muy cómodo, trabajamos y grabamos juntos desde hace años. Que finalmente Lucas, mi hijo, se decidiera a apoyarnos con su bajo ha traído solidez a la banda. Sus ideas siempre han estado ahí, como las del resto.

Por último, ¿puedes adelantarnos algo de tu próximo concierto en Madrid junto a La Ruleta China?
Hace tiempo que no actuamos en Madrid y La Boca del Lobo es un local que hemos pisado varias veces y me gusta. Tenemos la ocasión de presentar todas las nuevas canciones de «Viento Desatado» además de otros temas conocidos de mi discografía. Estoy seguro que va a ser un día especial y estoy encantando de compartir escenario con La Ruleta China, a los que no conozco como banda, pero si sus referencias que son altamente interesantes. Estoy expectante por verlos actuar.

Si ya es difícil plasmar en unas cuantas líneas todo lo acaecido en un año, mucho más lo es en una lista. Quizá por ello no me gusten nada. Me parecen añejas, feas, insensibles e innecesarias en los tiempos que corren, y no deja de suscitarme auténtico estupor el hecho de que alguien sea capaz de hacer un repaso mental tan exhaustivo, o acaso lleve preparándose todo el año para tan señalado día. Si la memoria me falla lo suficiente como para hacer impensable lo primero, el acto premeditado que supone lo segundo nubla por completo uno de los principales parámetros que deberían emplearse a la hora de valorar un disco, que es el poso que este ha dejado en nosotros. Claro que el poso es algo pausado, reñido del todo con el ritmo frenético de Internet. Pero seamos serios: es absolutamente imposible que en un año nos hayan marcado cincuenta discos. Y si lo han hecho -hay quien es muy impresionable-, ¿acaso hay alguna diferencia entre el puesto 19 y el 32? La gente como yo, que lo descubre todo tarde, no puede hacer listas. Tendría que rehacerlas continuamente. Por no hablar de los discos que se mueven en la barrera que separa el año en curso del siguiente, o aquellos que copan los puestos altos incluso antes de haber sido publicados. El disparate llega ya cuando encima y pese a toda la sobreinformación a la que estamos sometidos, van y éstas son ABSOLUTAMENTE IGUALES.

Desde el punto de vista musical, y si de descubrir cosas se refiere, veo mucho más útil echar la vista atrás y preguntarse qué discos hemos escuchado más, qué escenas nos han cautivado, qué lugares hemos frecuentado con mayor asiduidad, cuáles directos nos han sorprendido. Las listas tienden a aislar y por tanto sepultar el contexto, haciendo en realidad flaco favor a la música, que ya de por sí se consume de una manera demasiado voraz. ¿Para quién están hechas? La listas deberían ofender tanto al que crea como al que promociona, y al melómano no le aportan nada. Las listas de fin de año, tal y como están ahora mismo concebidas, deberían desaparecer.

Comenzando como no podía ser de otro modo con aquello que atañe a nuestra propia actividad, está claro que uno de los motivos de más orgullo para nosotros llegaría el 8 de septiembre, con la presentación en Siroco de la que es nuestra tercera referencia, «Madrid Está Helado» (2012). De nuevo y tal y como sucedió con el anterior recopilatorio de bandas emergentes de Madrid que publicamos -el «No Te Apures Mamá» (2011)– la sala quedó abarrotada para ver un puñado de grandes grupos pequeños, demostrando que en ocasiones es verdad eso de que la unión hace la fuerza. Si pasado ya un tiempo más que razonable desde el lanzamiento del primero se puede advertir una clara progresión: la consagración de Los Claveles o Cosmen Adelaida, la expectación por los trabajos en ciernes de Alborotador Gomasio y Hazte Lapón. En menos de un año del segundo percibimos que muchas de las bandas incluidas en él han dado ya un gran paso adelante, bien publicando sus primeros trabajos en largo (caso de Tigres Leones o Cómo Vivir en el Campo), o sencillamente insertándose en el circuito independiente de conciertos de la capital. Nos referimos a grupos que, como Esquimales o Alberto Azul han pasado de dar sus primeros conciertos a hospedar a bandas más asentadas como Franc3s o Blacanova en sus visitas a la capital, además de las numerosas listas en las que se insta a seguir a muchos de ellos, mención especial para Trajano! y Computadora.

En esta línea, es bonito observar los lazos casuales que se crean en directo entre grupos de sobra conocidos, como Juanita y los Feos, con otros más noveles, como Hielo en Varsovia. Como también lo es el entusiasmo con que gente que ha sido un referente en la independencia madrileña están acogiendo las proposiciones de los que llevamos menos tiempo en esto. Me refiero al entorno Gssh! Gssh!, Afeite al Perro, Isa Charades (ahora Aries y con discazo bajo el brazo), Chingaste la Confianza, etc.

Creo que este año no ha habido ningún disco que me haya obsesionado, pero el nivel medio ha sido muy elevado y a cambio he podido disfrutar de grandes directos, hasta el punto que se puede decir en voz alta y sin temor que los grupos españoles han derribado ya por fin del todo el tópico de que suenan mal. Sí, como espectador he podido disfrutar (y como organizador, padecer) un más que bullicioso estado de salud de la independencia en Madrid. Al buen hacer de sellos ya casi veteranos como Gramaciones Grabofónicas o Gran Derby, ejemplos de colectividad, se ha sumado la estruendosa y feliz irrupción de los ya omnipresentes Sonido Muchacho. Y de su fino olfato han venido algunas de las novedades más sorprendentes en este pasado 2012, desde Diego García a Tucán, pasando por Juventud Juché o Terrier. Sin duda, uno de los sellos que más alegrías nos depararán en este 2013, al menos yo espero con inusitada expectación cada uno de sus próximos e imprevisibles lanzamientos. Relevante es al hilo de esta colectividad mencionada el surgimiento de Nueva Monarquía, sello basado en la financiación por crowdfunding, signo de los nuevos tiempos, veremos si modelo válido e imperecedero también.

Mucho sello pequeño, diréis. Sinceramente, poco me interesan las propuestas de los «grandes», salvo contadas excepciones. Sus apuestas son tan conservadoras que tan sólo Limbo Starr me suscita cierto interés periódico. Así, Ornamento y Delito, Franc3s o Cuchillo han sacado muy buenos discos a su abrigo. Plausible es también el paso dado por Acuarela para engancharse de nuevo a la actualidad abanderando un proyecto tan joven como El Faro. O que Jabalina mime cada lanzamiento de ese grupazo que es Klaus & Kinski. Pero no oculto que mis miras cada día se vuelcan más hacia lo minoritario, con el universo Atomizador, Extinción de los Insectos, Prisma en Llamas, Grosgoroth. Con el do-it-yourself heroico en estos tiempos de crisis, con Madrid Radical retomando la senda iniciada por Aplasta Tus Gafas de Pasta, con Palo Alto. Y, sobre todo, con la resistencia de los sellos unipersonales enarbolados por los románticos empedernidos, siendo Manu Bang! (Autoplacer Sindicalistas, Discos Walden y su Club del Single), Hoffa (Discos Calabaza) e Ignacio (Discos Garibaldi, Madrid Popfest) mi troika favorita. Y La Faena II el nuevo lugar de evasión. A decir verdad, uno tan sólo echa en falta un festival en condiciones en la capital. Todo se andará.

Pero esta es mi «no-escena», que si vais y preguntáis a mi compi fonoteco TGL, con lo que más se va a emocionar es con todo lo que sucede alrededor del Rock Palace y grupos como Vigilante Gitano, Obediencia o Sudor. Es cuestión de gustos y mentideros, y a este último respecto no me gustaría pasar por este repaso a la actualidad musical de Madrid sin hacer referencia al Nuevo Anochecer, proyecto que desarrollo junto a Manu Bang! y Láynez Coca (Regiones Devastadas, Futuro), y fruto del cual una vez al mes el Tempo II se entrega al baile, a los sintetizadores, el post-punk, el italo raro y la new wave, y donde aprovecho siempre que puedo para colar ritmos de grupos que encajen en esta fête triste, llámese Futuro, Linda Mirada, Granit, Violeta Vil (uno de los directos del año), Villarroel (lo mismo) o Espanto (a los que deseo que hagan algún otro este mismo año).

Alguno dirá que encuentra demasiados nombres de grupos que hemos programado. Obvio. Si no los encontráramos interesantes no lo haríamos. Y algún otro que hay muchos amigos citados. Lógico también. Cuando uno se pone a hacer balance es normal que tire de lo que tiene más a mano. Al fin y al cabo es lo que hace la Rockdelux sin rubor alguno y muchos aún se rasgan las vestiduras por ello. Pero cambiemos de coordenadas, que no todo sucede -afortunadamente- en Madrid.

Galicia. Desde aquí miramos con expectación lo que sucede en torno al consabido Galician Bizarre, otro exponente de cómo de una manera colaborativa se puede trascender. No todo lo que se engloba bajo esta etiqueta heredera del Zeitgeist encarnado por el buque insigne del undergroundnacional, Triángulo de Amor Bizarro, me resulta igual de interesante, pero no cabe duda que ya son dos años consecutivos generando una cantera más que envidiable, y así lo han demostrado Telephones Rouges, Fantasmage y Tora! Tora! Tora! en este 2012 que ya se esfumó.

Tampoco quitamos ojo a Barcelona, con más admiración que recelo de lo que se nos presupone. Dos conquistas, el llenazo de Doble Pletina dentro de nuestro ciclo de conciertos en El Juglar en colaboración con Grabaciones Azul Alcachofa, con un público absolutamente rendido, y lo mágico de Pegasvs musicando “El Gabinete del Dr. Caligari” (Robert Wiene, 1920) en el Festival SyFy. En general seguimos con mucho detenimiento cada uno de los pasos de Canadá, así como los geniales proyectos efímeros a los que nos tiene acostumbrados la modernidad de la Ciudad Condal, me vienen irremediablemente a la cabeza los ya mencionados Granit.

Preguntando en nuestro foro, Roberto Macho nos señala la confirmación de dos bandas del sello Sones, como son Mujeres y Fred i Son, cuyos segundos largos han cumplido las expectativas depositadas en ellos. Nos apunta que los recientes trabajos de Mishima y Antonia Font los siguen conservando como los dos grandes grupos de la escena local. Y nos señala a Isaac Ulam del sello Bankrobber. «Folk mediterráneo optimista y luminoso que seguramente no aparecerá en casi ninguna lista pero que merece toda nuestra atención». Dicho queda.

En esta senda más desconocida, algo más outsider, Miguel Atienza nos destaca al Colectivo Detakón. Y un humilde servidor se decanta por HAO! y la Cofradía de la Pirueta, cuyos movimientos sigo con atención, especialmente a lo que suceda con Corte Moderno, el enésimo proyecto de El Ortiga (Anticonceptivas, Thelematicos, Pelea!, Cotolengo). Por supuesto es digna de mención la gran labor de El Genio Equivocado, que está ofreciendo la posibilidad de que grupos noveles crezcan bajo su auspicio: los ya citados Cosmen y Blacanova, Odio París, Las Ruinas o Grushenka, así como la incombustibilidad del universo Austrohúngaro, este año a la carga con Hidrogenesse, Espanto y Lidia Damunt. ¡Qué rara avis es Foehn también!

Por último, y desde la distancia, me gustaría señalar la percepción de hervidero de buenos grupos que supone Pamplona en la escena nacional (Tremenda Trementina, Violeta Vil, Kokoshca, Los Ginkas, Reina Republicana), y la gran personalidad de las bandas que nos llegan desde Sevilla (Tannhauser, Blacanova, Pony Bravo, Las Buenas Noches, Fiera, Marina Gallardo); la irreverencia valenciana (Tucán, Rajoy Division) y el movimiento alicantino (recién empezado el año estoy flipando y mucho con el sello Musagre y todito todo lo que está sacando en cassette); el terremoto asturiano que es Discos Humeantes y más que curiosa la actividad en el Baix Llobregat: Gúdar, Primogénito López. Pero todas estas cosas dan para un capítulo aparte, y si no tienen cabida en una entrada así de larga, imaginaos en una lista.

Aún recuerdo cuando en 2006 abrió el Fotomatón. Cómo no recordarlo si desde su inauguración hasta que me marché un año después a vivir a Londres nos pasamos allí los fines de semana enteros. Mis recuerdos de esa época son un tanto vagos. Recuerdo el humazo que lo inundaba todo, recuerdo al de la camisa blanca -nunca supimos si tenía una sóla o varias-, al que Javi le pegó un gancho de derecha mientras hacía uno de sus bailes acrobáticos… pero, sobre todo, recuerdo que era un sitio con un criterio musical inusitado con gran querencia hacia la escena nacional; tan pronto podías escuchar Animal Collective o Akron / Family como El Niño Gusano o Chucho. Buenos tiempos.

Sitio como era habitual de reunión, no es extraño que en uno de esos encuentros se fraguase, tercios en mano, esta criatura. O al menos la intención de ponerla en marcha. La conexión con el Fotomatón se seguiría ampliando una vez de regreso de Londres, ya en 2010, con la organización del que sería nuestro primer concierto en Madrid, el estreno de nuestros amigos de Tigres Leones junto a Los Ingenieros Alemanes. El sonido de la velada seguramente no fuera el mejor de la historia, pero yo recuerdo el concierto con especial cariño. En cierto modo, el hecho de que saliera tan bien nos animó a seguir adelante en esta parcela.

No crean que este ejercicio de nostalgia es gratuito, hay una explicación. Y es que seis años después el Fotomatón sigue dando guerra, dando rienda suelta a distintas iniciativas como la de La Butaca del Foto, su sección audiovisual, que en esta ocasión quiere rendir un bonito homenaje al programa que marcó a toda una generación: «La Bola de Cristal» (1984-1988, TVE). Está claro que la nostalgia que pueden despertar la Bruja Avería, la Bruja Truca, el Hada Video, Maese Cámara y Maese Sonoro es ilimitada. Como lo es el elenco de pirados al que este programa dio cabida de manera única e irrepetible, educando a los más pequeños con las locuras creativas de Alaska, Santiago Auserón, Kiko Veneno, Loquillo, etc.

Durante tres días por el Fotomatón pasarán distintos colaboradores para expresar sus impresiones sobre el programa y sus diferentes secciones. El lunes 28 se dedicará a Los Electroduendes, y ahí estará todo un especialista como Nico Grijalba aka Aviador Deluxe. Al día siguiente, será el turno de las secciones relacionadas con montajes de imágenes de archivo y escenas de ficción: El Librovisor y La Cuarta Parte. Gente tan reputada como Jesús Ordovás, David Saavedra (Rockdelux) e incluso el mismísimo Paco Quintanar, principal documentalista del programa, hablarán sobre ello. Y, por último, el miércoles 30 será el turno de la música. Ahí estaremos unos cuantos, -Jorge Obón (El Telescopio), Luis Brea, Juan Santaner (Marxophone) o yo mismo- charlando sobre las actuaciones en directo y los videoclips que se emitieron en el programa, también de los que produjo el mismo.

Poco puedo adelantar por la parte que me toca. Aparte de mi punto de vista personal como persona que no vivió el programa (soy del 82) pero que adora los 80 españoles, prepararé una serie de entrevistas a varios personajes involucrados intentando huir de lugares comunes, que es el riesgo que tiene tratar un tema tan manido como el de La Movida y sus derivados. Desde luego la iniciativa lo merece. Están todos invitados.

Cuando en petit comité comenté que estaba preparando un artículo sobre escenas musicales, desde LaFonoteca no parecieron muy entusiasmados, la verdad. Aunque hubo algún resoplo, se me insistió en que podía hablar de lo que quisiera y bueno, pues al final de eso mismo es de lo que he querido hablar. Cierto es que el asunto está un poco manido, pero no es menos cierto que algo hay en él que siempre provoca prurito y, si el objetivo es generar debate, hay que decir que el debate sobre las escenas no está apagado. Bueno, tampoco encendido, la verdad. Más bien echa algún hilillo de humo de vez en cuando. Se ha convertido en algo así como un fuego fatuo, un asunto fantasmagórico.

Hace poco, un twittero con el original nombre de «indiegnado» (los sagaces juegos de palabra con el «indie» están apunto de superar al “funk” en cantidad y calidad) clamaba ante sus ¡cuatro followers! contra “la absurda microescena madrileña pop de Solletico, Rusos Blancos, Hazte Lapón y Cosmen Adelaida. No puedo evitar ver en esto algo entrañable. Yo soy de la idea de que en España es imposible alcanzar el éxito sin que haya un grueso de gente que te deteste. La pena es que sólo hubiera cuatro testigos ante tal arremetida. Pero me ha vuelto a surgir la duda, ¿hoy día, hay escena o no la hay? Y más importante aún, ¿a alguien le importa lo más mínimo? Porque al fin y al cabo, ¿cuantas escenas han existido en España? Voy a intentar hacer un repaso rápido y a ver si sacamos algo en claro. Prometo ser lo menos riguroso posible, a ver si así, al menos, le damos chicha a un tema fofo.

Respecto a las escenas pasadas, seguramente la única que todo el mundo tenga clara es La Movida madrileña, aunque posiblemente, nadie sepa ya muy bien qué fue movida y qué no. Todos los grupos parecen haber adoptado el término o renegado de él según conveniencia, y con tanto intento de rentabilizar el concepto, este ha acabado funcionando prácticamente como sinónimo de “música española hecha en los 80”. Los recopilatorios de cuatro cedés de lo mejor de la década han acabado por mezclar la velocidad con el tocino, y aunque aún haya quien se acuerde de las viejas polémicas entre babosos y hornadas irritantes, al final Mamá y Glutamato Ye-Yé han acabado condenados a aparecer de la mano hasta el fin de los días. Protagonistas directos como la ubicua Alaska, que igual posa desnuda para una foto antitaurina, sale en portada de la revista Psychologies o hace de tertuliana en la COPE, siempre ha dicho que entonces eran cuatro gatos que salían apedreados de los conciertos patronales y a palos con las fuerzas del orden. No me extraña que no añore aquella época, cuando, con el tiempo, ha sido la que se ha llevado la parte más grande del pastel (al menos, una parte tan grande con la de Almodóvar).

Pero entonces, si los grupos no estaban unidos y el público no era tan abundante, ¿dónde estaba la escena? Sí que parece cierto que más allá de rivalidades coyunturales y dificultades de un país recién llegado a la democracia, hubo un continuo intercambio de ideas entre artistas, no sólo de la música, también del cine o las artes plásticas. E independientemente de que en lo primeros años la mayoría de los españoles permanecieran aún ajenos a aquella efervescencia, Madrid era un hervidero.

Más que el estilo musical, sometido a continuo cambio, incluso dentro de una misma banda en un corto espacio de tiempo, lo que los unió fue ese fluir de ideas. Luego las rivalidades no eran para tanto, por ejemplo Javier Urquijo, de Tosv, germen de Los Secretos, llegó a ser miembro de los Pegamoides durante un tiempo. Víctor Coyote, de Los Coyotes, daba al respecto una visión interesante: En esa época no había suficientes rockabillies, suficientes punks, suficientes siniestroso suficientes modscomo para abrir un bar para cada estilo, y entonces todos coincidían en la misma sala o en el mismo pub, y el intercambio de opiniones surgía de forma natural. Cuando aquella música minoritaria fue creciendo, las tribus se separaron, las ideas dejaron de mezclarse y ese fue el principio del fin.

Sí puede decirse que La Movida tuvo lugares comunes: fanzines como La Liviandad del Imperdible dieron un pueril pero potente componente ideológico, concursos como el Villa de Madrid abrieron paso a la joven cantera, Ordovás dio salida a las nuevas bandas en su programa de radio, y, de forma natural, nacieron nuevos sellos para sacar los primeros singles de estos grupos. Se abrieron salas, como Rock-Ola, que además de a Ramoncín, abrieron sus escenarios a bandas imberbes, que podían recibir los oportunos gargajos tan de moda en aquellos tiempos, pero también compartir cartel con Echo & The Bunnymen o Spandau Ballet. Más adelante, un interés político por destacar todo aquello como un paso de España hacia la modernidad dio como resultado un programa en la televisión estatal, «La Edad de Oro» (TVE), que además de dar difusión masiva (con sólo dos canales y sin mando a distancia no había guerra de shares) ha quedado como el mejor testimonio de la época. Pocos grupos de aquellos tuvieron carreras largas, y como herencia han quedado algunos discos disfrutables pero también mucha tontería, mirada con muy buenos ojos, y sin embargo, las crónicas ayudaron a darle el lustre que todo mito necesita.

Los 90 parece que están más claros. Indie(antes “música alternativa”) es aquello que salía en el «Generation Next Music» (1998) de Pepsi, ¿no? Bueno, aquel recopilatorio fue el primer contacto con aquella música que tuvimos muchos adolescentes, pero no hay que ser tramposos. Alternativo era lo que presentaba una alternativa a la música mainstream, aunque luego las marcas comerciales, siempre astutas, enturbiaran el espíritu inicial. Este fenómeno, más descentralizado que el anterior, tuvo epicentros esparcidos por la península. Sabemos que hubo un Xixon Sound, un Donosti Sound, que había escenas más o menos nutridas en Granada o Sevilla. Y también estaban Dover, que eran alternativos al principio, pero luego no, porque tuvieron éxito a partir de un anuncio de la tele, ¿no es así? Aunque eso también les sucediera a Australian Blonde, que eran un icono de aquella eclosión asturiana, junto a grupos como Penelope Trip, Los Locos de Paco Loco o Eliminator Jr. ¿Entonces, en que consistía la escena?

Fran Fernández, que lo vivió todo de primera mano, siempre dudó de que hubiera habido una escena real. Más bien eran unos pocos chavales interesados por nuevas bandas ruidosas, anglosajonas y americanas, como Ride, My Bloody Valentine, Dinosaur Jr. o Sonic Youth, referentes musicales que no compartían con la mayoría de la gente de su alrededor, lo que los animó a intentar hacerla ellos mismos. Esto posiblemente hubiera sido muy minoritario si no hubieran sido arrastrados por el fenómeno Nirvana, que al desbancar en las listas a Michael Jackson demostró las inmensas posibilidades comerciales de la música underground. Antes de eso, eran tan pocos que en Oviedo, uno de los dueños del bar Movie, que resistía desde del inicio de los 90 (recientemente cerró) me contaba que en esos años se acercaba a hablar con cualquiera que llevara una camiseta de The Pastels. El público era tan escaso que a veces sólo se iban a ver los unos a los otros; pero los propios grupos, a través de radios locales de escaso alcance, podían pinchar los discos que se traían de sus viajes a Inglaterra o directamente intercambiar en mano las cintas de cassette que grababan.

Así lo hicieron Tito Pintado o Ibón Errazkin, introduciendo nuevos sonidos, igual que hiciera Olvido Gara a finales de los 70. Estos fenómenos locales difícilmente se hubieran unificado si no hubieran existido fanzines como Malsonando, nuevos sellos, como Elefant o Acuarela, o concursos de maquetas como los de la revista Rockdelux, donde destacaron grupos como Los Planetas o Australian Blonde, aunque luego fueran premiados proyectos ignotos, como el grupo de hip hop Eat Meat. En aquellos primeros años, la prensa tuvo mucho importancia a la hora de apoyar a los nuevos músicos, valorando la novedad y el riesgo por encima de aspectos más discutibles. Una mirada crítica generosa dejó crecer a la bandas, haciendo la vista gorda ante plagios obvios, voces desafinadas, grabaciones apresuradas y letras muchas veces pobres.

Luego vino el tontipop. Eso también parece que fue una escena, ¿no? Y lo que les une está bastante claro, porque el nombre es delator: pop de tontos ¿o para tontos? Con la llegada de Meteosat cantando “Mi novio es bakala”, una horda de niños pijos dieron carpetazo al existencialismo abrasivo y la decadencia loser de los 90 saludando al nuevo milenio con ganas de diversión. Los recopilatorios de lo mejor del año, sin embargo, se llenaron sobre todo de canciones de herencia sixties y electropop de letras más costumbristas que bobas, influidas por Family y Los Fresones Rebeldes.

Aparecen grupos como Portonovo, Ellos, La Monja Enana, Me Enveneno de Azules, Mirafiori o La Casa Azul, muchos de los cuales tendrán una trayectoria breve, que a veces ni siquiera culmina en un disco. Pero radio y prensa, ansiosos de una nueva cosa de la que hablar, prestan atención a este “huracán de sensaciones pop, algo nuevo, diferente y muy moderno”, aunque no siempre los tratan con tanta amabilidad como a sus predecesores.

Hoy resulta curioso que por tontipop pasara, por ejemplo, un grupo como Astrud, que hablaba de “proyecciones mitopoyéticas” y hacían juegos de palabra con “lounge” y “Lynch” y que, con su pinta de empollones, más bien parecían los listos de la clase. Todo vuelve a ser confuso, pero lo que está claro es que, una vez más, parece que es una imprecisa etiqueta de la prensa la que actúa de aglutinante. La escena es fugaz y muere al poco de nacer, pero eso no es necesariamente un impedimento. Si uno lo piensa, más o menos eso duró el punk británico.

¿Qué pasó después? Pasa el tiempo sin que surja nada nuevo hasta que de repente, un polémico artículo de Rockdelux sobre las nuevas escenas de Madrid y Barcelona, (ignorando al resto de ciudades, por cierto) marcan un nuevo maridaje generacional. Los Punsetes en Madrid y Tarántula en Barcelona, con los sellos Gramaciones Grabofónicas y Producciones Doradas detrás, capitanean un nuevo relevo generacional.

Empieza a hablarse de Cohete y de Garzón, de Juanita y los Feos y de Decapante, de Za! y de Manos de Topo, de El Guincho y de Le Pianc. Pero, ¿puede haber escena entre grupos tan dispares? Si lo pensamos, el punk americano agrupó a Suicide y a Blondie, a Talking Heads y a Television, a Devo y a Patti Smith. Entonces, el nexo común fue una sala de conciertos, el CBGB. ¿Y aquí?

Pues no está claro, aunque hay salas en estas ciudades que se convierten en señeras, como es el caso de la madrileña Nasti, quizá la clave para entender comuniones tan eclécticas sea la influencia de Internet. Las canciones ahora se pueden oír de forma inmediata, sin necesidad de que exista formato físico, y los numerosos blogs musicales se encargan de pregonar las buenas nuevas y convertir algunas maquetas en vox populi. Puede parecer algo muy desmembrado, pero si hacemos un análisis más a fondo, si que puede decirse que hubo muchos nexos entre los grupos: conversaciones, colaboraciones, splits, conciertos compartidos, miembros que saltan de un grupo a otro. Las relaciones entre ellos son fáciles de rastrear, a través de los amigos que se exhibían en el entonces rutilante MySpace. Otra vez, aunque el germen real existe, es un artículo periodístico el que hace de cemento para que los oyente asocien algunos nombres.

Mi conclusión es que ese es el principal punto común en toda esta historia, las escenas existen si se hablan de ellas como tal. Son los cronistas los que convierten a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia espacio-temporal en una escena. Entonces, volviendo al principio e intentando responder a “indiegnado”, ¿existe aún esa absurda microescena en Madrid a día de hoy? ¿La hubo en algún momento? ¿La va a haber en el futuro? Supongo que eso dependerá de que alguien quiera contarlo así. Muchas de las personas de generaciones anteriores puede que frunzan el ceño, es ley de vida. También George Harrison dijo que iba a dejar la música cuando surgió el punk.

Si establecemos similitudes con otras escenas, haberlas, haylas. Hay un concurso de grupos revelación del festival Contempopránea donde aparecen en puestos destacados grupos como Rusos Blancos, Cosmen Adelaida, Los Ingenieros Alemanes, Alborotador Gomasio o Ed Wood Lovers, hay un bonito disco llamado “No Te Apures Mamá, Es Sólo Música Pop” (LaFonoteca, 2011) donde muchos de esos nombres se repiten, añadiéndose otros como Solletico, Los Autócratas, Raúl Querido o Betacam y un concierto de presentación de este disco, con un lleno absoluto de la sala Siroco y un centenar de personas que se quedan a las puerta. Hay un blog (y radio) como Aplasta Tus Gafas de Pasta, en cuyos recopilatorios y fiestas pueden rastrearse las primeras grabaciones y actuaciones de algunos de estos grupos, así como los primeros debates sobre la presencia o no de una nueva escena. Hay continuas colaboraciones y nexos, hay nuevas publicaciones, como Jenesaispop, que han dado cuenta, aunque tímidamente, de estas primeras andanzas. También es cierto que hay una repercusión de público aún pequeña.

Posiblemente, hay tantos argumentos para estar a favor como en contra. Al fin y al cabo, la mayoría ni siquiera hemos publicado aún un disco largo, a pesar de que casi todos nos acercamos o superamos la treintena. Esto, al fin y al cabo, también puede ser el espíritu de los tiempos. La repercusión a la larga está aún por ver. ¿Alguien se acordará de todo esto? ¿Alguien se encargará de alimentar el mito? Vete tú a saber. Hagan sus apuestas.