Etiqueta: rock radikal vasco

La Polla Records anunciaba el mes de marzo pasado a bombo y platillo, convocando a los medios en el Wizink Center de Madrid, que volvía a la carga. Se celebraban los 40 años transcurridos desde que empezaran a funcionar en su pueblo, Agurain – Salvatierra (Álava), pero como confesaban abiertamente, el tratar de tener controlados los derechos digitales de su repertorio es lo que, finalmente, desembocó en que terminaran subiendo a los escenarios. Fueron, sin lugar a dudas, uno de los nombres destacados de lo que vino a denominarse Rock Radikal Vasco, cantando en sus letras las verdades como puños que atraparon a toda una generación y que les convirtieron en embajadores de excepción de lo que se cocía en el norte. La vuelta del grupo vasco coincide además con la activa promoción del libro que su cantante, Evaristo Páramos, ha escrito recogiendo anécdotas a lo largo de su trayectoria con la banda: «Qué Dura es la Vida del Artista» (Desacorde, 2018).

Con motivo de todo el despliegue informativo suscitado, tuvimos la ocasión de acudir tanto a la rueda de prensa como de entrevistarlo cara a cara en la cafetería de un hotel situado en la zona de Callao de Madrid. Le preguntamos acerca de su trayectoria con La Polla Records, por muchos de sus discos, los comienzos… El resultado de aquel encuentro quedó reflejado en el número del mes de junio de 2019 de la revista Ruta 66, y en nuestra sección de Punk, ¿Qué Punk? la incluimos en su totalidad, sin los inevitables recortes que impone la edición impresa.

Evaristo llega saludando amable a los que le esperábamos. Venía, nos cuenta, de Radio Marca donde ha estado con unos “mariachis” deportivos llevando su bufanda del Celta de Vigo. La conversación comienza pues con la conexión con el equipo de futbol gallego: “Mostovoi dijo cuando habían salido rumores de que el Madrid lo quería dijo que él por venir al Real Madrid era capaz de venir de Vigo a Madrid caminando”.

¿Eso os dolió a los celestes?

A los celestes no sé pero a mí sí. Yo desde que la tele era en blanco y negro me di cuenta que para el Madrid siempre hacían trampas. Eso es algo que a mi nadie me va a quitar de la cabeza porque lo vi yo, que era un niño inocente y me traumatizó.

Háblanos por favor de los comienzos, ¿Qué supuso la edición de «Salve» (Soñua, 1984) ?

Recuerdo empezar a ir a tocar a un montón de sitios. Que venían a llamarnos al local para tocar, que no teníamos que ir nosotros a ver si había algún hueco para tocar. Todo empezó ahí. No había entonces internet, pero ya entonces entre los colegas y conocidos nos decían que nos habíamos vendido. Éramos Los Polla Ricos y Los Peseteros.

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Evaristo durante la entrevista que mantuvimos con él (Foto de Alba G. Nogales)

El Salve nos abrió las puertas para 30 ó 40 festivales. Ahí empezamos a tocar y no volvimos a parar nunca.

En su libro «Flores en la Basura» (Hilargi, 2004), Roberto Moso, el cantante de Zarama hablaba de la rivalidada (sana) que tenían con Hertzainak. De igual manera, se podía entender entre líneas, que siempre se veían obligados a demostrar que no eran una banda blanda en comparación con vosotros. ¿Notabais este tipo de competición?

No lo veo yo como para tanto. ¿Por tener que defenderse que eran más moñas quieres decir? Ellos se vieron metidos en los grupos llamados punk, y eso no es más que un nombre ¿no? En los primeros tiempos había una variedad inmensa. Estos que había que no sé cómo se pronuncian, los Undertones, que el tipo tenía una voz que parecía una chica de la voz tan fina que tenía (hace una especia de falsete con la voz) y luego le veías y era un mandíbula, quiero decir que no era guapo el chaval, y el grupo era muy bueno, a mi me parecían super punk. Incluso mogollón de punkies que yo he conocido estábamos con esa guitarra blanda desde los Ilegales (imita el sonido de la guitarra). Todos estábamos meneando allí el pie en los bares a las 4 de la mañana con los Ilegales, que no eran punkies ¿vale? Así que todo eso es una tontería. Para mi el concepto de punk es muy amplio. Había un grupo Wire que tenía un disco «Pink Flag» (Harvest, 1977) que tenía canciones muy largas, muy pesadas, otras de más de un minuto que estaban muy bien

Bueno R.I.P. hicieron precisamente una versión de ellos; el «Txapelgorri» era en realidad su «1 2 X U»

Pues claro, a ver qué te piensas, nosotros éramos de pueblos del Norte pero no éramos tampoco giles; que nosotros oíamos las cosas. Éramos grupos que íbamos a conciertos o festis y siempre estábamos hablando con todo el mundo, veíamos a los demás grupos y luego tocábamos nosotros… Entonces sí teníamos fuerza para eso y para más, igual ya no. Y hablabas de todo y te decían ¿Y cómo siendo punkie no conoces a estos? Pues yo qué sé, lo de punkie no sé y lo de no conocerles, pues tampoco. No les conozco ¿qué problema hay? A mi me gustaban los Pretenders e Iggy Pop.

Con los que sí tuvisteis alguna movida fue con Eskorbuto.

No tuvimos movida. Tengo en mi libro un capítulo en el que no lo hago explícito pero sí que dejo claro que no quiero más preguntas sobre el tema. ¿Por qué? Pues porque las canciones de Eskorbuto me merecen mucho respeto, la mayoría, y de los tres de Eskorbuto dos están muertos y uno viajaba aparte. No quiero más polémicas ni discusiones de internet ni decirte que «El Albardao» no está dedicado a ellos (Nota: Evaristo se refiere a «El avestruz» contenido en «Donde se Habla» (Ohiuka, 1988)). «El Albardao» es una versión de los Boys que nosotros escuchábamos mucho en nuestro bar de Agurain. Teníamos un colega en el bar, el Malcon, el Mariano, al que le decíamos en el bar: “Pon la de los Boys”, y nosotros nos poníamos a cantar “Albardao” (lo canta) y entonces él de tantas veces de ponerla nos decía “Teneis que ponerle letra”. La letra de esa canción la puse para mi mismo, porque yo no salía de casa porque me ponía como un Cristo, y estaba todo emparanoiado con las persianas bajadas y había mucha luz en la calle y no me atrevía a salir. Que luego la mítica y toda esta mierda que digan que yo le saqué esa canción a Eskorbuto…¡Es una bobada! Y que te lo diga parece que suena a que me estoy justificando. Si pones esto pon también por favor que: “¡Mierda para todos!”

¿Dedicabas uno de los capítulos de tu último libro a Josu o Juanma?

Era una conversación que tenía pendiente. Un día voy a sacar un libro entero con mi padre, que con ése tengo más. Se me ocurrió para poder hablar con él. Nada más. Paso de insistir más. Porque una cosa insospechada que me ha ocurrido en la vida es que tengo casi 59 años, una cosa que yo no me esperaba para nada. No esperaba llegar, yo me tenía que haber muerto mucho antes, técnicamente y según todas las estadísticas, me tenía que haber muerto hace bastante. Pero bueno como no me he muerto me estoy dando varios gustos y quitarme varios pesos de encima. Más que pensar en el futuro, no sea que no te mueras y tengas alguna cosa que hacer. Y yo tengo cosas para hacer hasta los 120 años seguro, ojalá llegue pero con la mente en condiciones. Me da igual lo del follar y eso, son pequeñeces, eso al final se acaba.

La verdad es que, al final, la etiqueta de Rock Radikal Vasco no estaba tan mal traída.

Sí sobre todo el chaval que lo escribió, convenció al Egin para que sacara cosas de rock. Ahora ya no ocurre pero en sus momentos había unas diferencias técnicas muy gordas entre la juventud drogada y la juventud revolucionaria.

¿Notasteis vosotros ese cambio de actitud de la izquierda abertzale?

Nosotros menos. A ver, gente para los que no éramos santos de su devoción nos llamaba para que tocáramos en sus conciertos porque iban a vernos 1200. Lo tenemos clarísimo, yo y todos los demás: “Mira nos llaman por esto”. Pero no sólo ellos, los del gaztetxe, los de por la insumisión… A ver, que eso no invalida las causas, todo lo que estaba haciendo esa gente, era super válido. Pero nos llamaban para eso, no querían abrazarnos, ni conocernos, ni nada hijos de puta (Simula llorar) ¿vale? En realidad, nosotros les importábamos una mierda.

¿A vosotros os vino bien el ser de pueblo?

Sí, sí nos salvó la vida. Primero nos juntamos los que nos juntamos porque no había más en el pueblo, y si hubiéramos sido por ejemplo de Gasteiz ya no nos hubiéramos juntado los cinco mismos. Probablemente se hubieran juntado el Abel y el Fernandito que eran primos y los otros tres hubiéramos estado cada uno en otro grupo. Hubiera habido cuatro grupos de cinco tíos, caso que los demás hubieran querido hacer un grupo. Yo lo tenía clarísimo.

Hay gente a que le ha pasado, que ha intentado hacerse un grupo y no ha encontrado con la gente adecuada, el momento no era, lo que cantaban tal, se les ocurrió otra movida y les salió para allá.. Lo que fue ocurrió porque ocurrió, no era una estrategia planeada, una cosa que dices pues pasó., yo me alegro enormemente de que me pasara a mi.

¿Entonces Jamaica no era puro ska? ¿No os gustaba el reggae y al ska?

Hombre aquella del “Perro salvaje” con lo de “corre la sangre...”.

Hombre pero eso no era precisamente ska ¿no? “Perro salvaje” era una canción impresionante de las que te pone los pelos de punta..

Perro salvaje” era yo mismo con esa juventud que tenía.

Foto de Alba G. Nogales

¿Entonces no compusisteis el tema en contra de todo aquello que se vino a llamar el Euskadi Tropical?

Nunca le dimos mucha importancia a aquello. Bien estudiado tampoco me suena que haya habido oficialmente una dictadura oficial en Jamaica. No, no tiene nada que ver con la Euskadi tropical. Hubo un momento eso sí que se puso tan de moda el reggae que nos tocaba las narices. Pero en serio ahora todo eso lo veo como errores. Teníamos la de “Muy punk”, muy bien, pero luego teníamos una, “Gilimetal”, que luego se cambió de letra (Nota: es muy probable que la canción derivase en “Confusión”), la de “Stupidjaus”, y al final parece que eres un telediario. Veo tonto que estuviéramos haciendo esas tontadas. ¿Cosas de las que me arrepiento? Pues no porque era yo, pero son cosas que no están bien, una tontería, perder energías en chorradas.

«Donde se habla» (Oihuka, 1988) me parece un disco espectacular. Todas las canciones girando en torno a animales, una canción compuesta con historias de William Burroughs sacadas de «El Exterminador» (1973) …

Sí claro, ¿cómo se llama eso? Un disco conceptual. Me estaba leyendo «El Nombre de la Rosa» (1980). Sí lo de Burroughs, ¿quieres creerme lo alucinante que fue leyéndome eso a la primera vez que quedó como si estuviera preparado?

Pero entonces ¿no estabas leyendo el libro? ¿Cómo se decide meter aquello, que por cierto no se dice en ningún lado en la información que dais en el disco?

Eso se me ocurre a mí. Sí sí claro que lo había leído. Ese libro todavía lo tengo en casa, se me salen todas las hojas. Lo tengo debajo de otros libros para que no se me salgan. Se nos olvidaría decir que era sacado de allí porque, mira en la de los Boys que hablábamos antes, siempre hemos intentado hacer lo correcto porque nunca hemos sido manguis.

Fue que se me metió a mi en la cabeza y no le dije a nadie nada. Era un capítulo en el que hablaba del máximo control, el mínimo esfuerzo etc si no lo piensas, va directo. El otro, sí, “El advenimiento del héroe púrpura”, es un rollo que mira ahora Donald Trump. Burroughs, ése sí que era un visionario y luego sabía de drogas la ostia.

Luego hablais de lesbianas, del ama de casa que se siente ninguneada, de homosexuales…, algo no muy habitual en su momento

Los amigos del hórreo me querían matar. ¿Pero cómo dices eso? Pues no haberlo hecho. El tema era que yo me tenía pensados los temas antes de que tuviéramos las canciones. Después adjudiqué un tema a una canción y luego me tiré 36 horas de anfetaminas de la buena. ¿Tú sabes lo que es tener estas orejas salidas y ponerte unos cascos de la época durante 36 horas y quitártelos sólo para mear? De ir y venir al baño sale la de “Confusión”, que no es ningún animal. Era yo un poco adornado, porque en realidad no es que hubiera gente o que no supiera dónde estaba. Sabía que estaba en mi casa y que no había ni Dios en casa.

Es un disco con mucho de atmósfera, no te voy a decir lisérgica, pero sí de drogas, hospital, medicamentos..

Claro imagínate, 36 horas sin dormir. Quería sacar el sueño, la locura..

Si lo piensas, «Salve» (Soñua, 1984) fue un poco la explosión, «Revolución» (Soñua, 1985) es como querer llegar más allá, vivía por entonces en Gasteiz y me tocó toda la movida de Hala Bedi

Evaristo
(Foto de Alba G. Nogales)

¿Es el más político?

Sí, querer llegar más allá. El «No Somos Nada» (Txata, 1987) fue un poco por “Vosotros sois anarquistas, vosotros sois comunistas” uff frena. Era un intento de eso, que también decir, no somos nada, me puedes responder ¿qué mierda me cuentas? Yo mismo respondería eso, ¿y a mi qué coño me impora? como Ella Baila Sola ¿y qué? ¿Qué me quieres decir? Y con «Donde se Habla» era demostrar que nos salíamos por todos los lados. Al final se ha demostrado que no en realidad el escorpión no se pica a sí mismo cuando se ve rodeado de fuego, pero bueno.

¿Tienes un disco preferido de La Polla?

Pues ése es uno y «Toda la Puta Vida Igual» (GOR, 1999) es otro.

¿Y del Negro -«La Polla Records» (Oihuka, 1992)– renegais?

No, no renegamos pero es que quisimos hacer como un grupo de rock consolidado, con canciones de mayor minutaje un rollo así. Por eso el Negro no se titula así, sino Corporation Consolidated, como las empresas americanas.

Pero canciones como «Europa«, «Capitalismo«… son impresionantes.

Tiene unas cuantas sí.

EntrevistaEvaristo
Un momento de la entrevista (Foto de Alga G. Nogales)

 

Algunas letras de ese disco, como “Es cojonudo que uno pueda decidir, dentro de un círculo y sin poder salir” son también de las mejores de vuestro repertorio

Sí o la de “La culpa la tiene esto de aquí” que está basada en hechos reales.

No no es que renegemos sino que nos jodió un poco la casa de discos, que nos abarató la portada. Justo Metallica acababa de sacar un disco en negro y nosotros lo preferíamos un poco más tirando a plateado. Lo sacaron un poco tirando a naranja porque el plateado les costaba una perrilla más. Eran patrones pobres.

Hablando de discográficas ¿por qué habéis tenido tantos problemas la práctica totalidad de los grupos?

Porque eran unos manguis.

¿Tuvisteis que firmar cláusulas leoninas?

No, no que va. Los contratos no valían de nada más que para ellos. Tú podías reclamar cualquier contrato y no podías saber nada. Ellos podían joderte sí querían. Llegó un momento en el que nosotros con Elkar sacábamos los discos sin contrato. Vosotros sacar lo que os salga de los cojones pero yo no te firmo nada, porque total ¿para qué? Ellos sabían que nosotros teníamos algo más de decencia que ellos y que no nos íbamos a ir a ninguna parte.

¿Os pasó con todas las discográficas?

El tipo de Basati que le sacó los discos a R.I.P. fue el único que me parecía decente pero yo no he tratado con él. Las que he tratado yo, Suicidas, GOR, Soñua… toda esta peña no era más que manguis, y si no lo eran se convirtieron en cuanto vieron un poco de color. No es más que eso. Tengo respuestas mandadas a la editorial por el libro en las que me ponen.. Les jodía que les pidiera tabaco, he sacado esa conclusión. Dame otro cigarrillo, que les contara mis problemas personales, igual que ellos me contaban sus mentiras. Sí sí les ha jodido, “Pavoneate en tu palomar” me dicen. Yo no veo a ningún pavo en ningun palomar, pues si caen.. pesan mucho. En otra carta me ponen: “Hasta nunca”, espero que sea verdad.

Se están reeditando ahora discos de muchos grupos de entonces sin que los componentes sepan nada.

Es todo absolutamente ilegal.

¿Cómo habéis hecho vosotros para recuperar el control de vuestras canciones?

Muchos de nuestros amigos de entonces se han hecho abogados, han cambiado de vida, algunos llevaban los derechos del Barcelona F. C., de la Liga Inglesa … Y nos asesoraron. A algunos sellos les dijimos “Buuuh” y se asustaron. A otros les dijimos que les íbamos a meter una demanda que se iban a cagar, pero te metías en discusiones de cinco años y yo no tenía ganas de perder tanto tiempo de mi vida en esas mierdas. Igual no a tener cinco años más de vida. Esa es la historia.

La cosa ha sido así, de aquella simple pregunta que nos hicieron los amigos de «¿Cómo llevais los derechos digitales?» ahora estamos tú y yo aquí hablando en esta entrevista. Y así con un poco de suerte llegaremos a tocar en octubre y el año que viene, y después con un poco más de suerte La Polla habrá hecho su final o quedarse latente o lo que sea y yo me volveré a mi submundo, con Gatillazo.

¿Vas a volver a Gatillazo?

Estoy con ellos ahora, en agosto tenemos 9 festis.

Por cierto, ¿en qué se diferencia Gatillazo de La Polla?

En realidad en nada, que los chavales ya venían sabidos de tocar. No han tenido que aprender, ya sabían, y en lo demás nada. Viajar con ellos es un amor, son increíbles. Es lo que tiene juntarte con gente más joven te rejuvenece.

(Foto de Alba G. Nogales)

¿Cómo conociste a Carlos Azagra?

Ahora mismo no recuerdo exactamente dónde le conocí

Participó de manera decisiva en el disco de «Los Jubilados» (Oihuka, 1990) ¿Cómo surgió aquello?

Yo quería hacer un panfleto comunista, que es lo que es realmente, pero un panfleto en el que las letras las pudieran oir las viejas en el supermercado. Azagra era el dibujante perfecto.

Él reconocía que os fastidió el título ¿no? Que vosotros queríais Los Jubilaos pero él os hizo el dibujo con Los Jubilados.

Ya bueno, pero aparte de eso también le pusieron La Polla Records, pero nosotros queríamos poner Los Jubilaos como si fuera otro grupo y sacarlo por sorpresa, pero a ver, ¿cuánto tiempo hubiera tardado la gente en darse cuenta que efectivamente éramos los de La Polla? Se hubieran enterado igual pero los disqueros lo querían de la otra manera en la propaganda y por eso queda así: La Polla Records “Los Jubilados”.

¿Y The Meas y The Kagas?

Fue simplemente un atáque aéreo. Yo quería hacer lo de The Kagas y que la gente dijera “Ah, ya se han juntado en un macrogrupo, los R.I.P. y el Evaristo”. Luego la continuación se decidió estando tumbados en un sofá después de un festi y dijimos “Vamos a juntarnos los jueves”

¿No te sientes incómodo con toda esta promoción que habeis tenido con esta vuelta a los escenarios?

Propaganda la llamo yo y no, no lo estoy porque he sido yo el que ha decidido hacerla así. Se trata de rodearte de amigos y de gente que haga las cosas bien.

Han pasado los años y los hijos de los que nos criamos con las letras de vuestras canciones ahora escuchan las de las canciones de Los Chikos del MaizAñade este contenido.

Eso suelo decir yo mucho, a la gente que he criado sin haberles comprado comida. Las peñas de otras generaciones ya sacan ellos sus propias conclusiones. A mi con 13 años me decías que no era un hombre, que no lo era, y te buscabas un problema, te iba a hacer putadas y muy gordas. A esta gente joven no hay que tratarlos con condescendía. No vengamos con historias de adolescencias y pre-adolescencias…

¿Qué es lo que más te ha dolido en todos estos años de trayectoria de La Polla Records?

Pues principalmente los ataques que han llegado de los que pensabas que eran tus amigos.

«QUÉ DURA ES LA VIDA DEL ARTISTA»

EVARISTO PÁRAMOS PÉREZ

DESACORDE (2018)

QueDuraeslavidadelArtista

Con varios libros ya a sus espaldas en los que ha dado rienda suelta a pensamientos, ensoñaciones, poesías, reflexiones y cuestiones varias, Evaristo Páramos, cantante de La Polla Records, The Kagas, The Meas y Gatillazo, ha decidido centrarse en su andanzas en el que, sin duda, ha sido el proyecto musical más relevante de los varios en los que ha participado. No se trata de una crónica o historia de la trayectoria de La Polla Records, como a muchos hubiera gustado, sino que se limita a relatar una gran cantidad, eso sí, de anécdotas que le tocó vivir en lo que el grupo estuvo en activo. Lo hace, dice, movido por el objetivo de adelantarse a que lo haga otro cualquiera antes: «Mejor lo cuento yo que cualquier hijo de puta» son sus palabras literales.

Así, en una secuencia en la que no se adivina un especial cuidado en conservar orden cronológico estricto de los hechos relatados sino siguiendo más bien el borbotón natural que parece surgir una vez puestos a la faena de recordar, se rememoran conciertos, viajes, ensayos, historias de carretera y furgoneta… Se detalla asimismo mucha de la interacción con el mundo exterior con el que se relacionó La Polla Records durante su existencia, esto es, bandas de la época, promotores de conciertos, managers, sellos discográficos y público en general. Utiliza para ello ese estilo directo, de ribera alavesa, del que ha presumido siempre el autor cuando ha tenido que dirigirse, ya no por escrito, sino de viva voz a público, periodistas y demás interlocutores. Giros, expresiones, muletillas varias y una retranca imparable con la que mordazmente narra y enjuicia de manera totalmente consecuente a como le hemos oido cantar las letras de sus canciones.

El libro tiene mucho de ejercicio de expiación de demonios varios que parece se habían quedado enquistados en la memoria del cantante, y que han podido salir a la superficie al escribir sobre ellos en el papel. Saca así Evaristo a la luz engaños sufridos por parte de quienes les llevaba de gira en alguna de las visitas por Latinoamérica, desencuentros varios con sellos discográficos y resuelve cuentas pendientes tanto con antiguos miembros del equipo técnico que les rodeaba como algún que otro componente que se fue añadiendo al pasar los años. Lo hace implacable indicando además la razón para tomarse la venganza, encontrando en las páginas de su libro el foro en el que contestar cuando no pudo en el pasado. «Y ahora, aunque estés muerto y no puedas contestarme, yo tengo que contarlo, que esta mierda ya me tiene hasta las pelotas, y tú ya dijiste todo lo que te dio la puta gana cuando estabas vivo» dice contundente en uno de los apartados, en la que parece alusión a los desencuentros que tuvo el grupo con los componentes de Eskorbuto. Conscientes los editores de la carga que contienen las páginas de este «Qué Dura la Vida del Artista», añaden un prólogo extra (el primero lo dedican a un dudoso juego de palabras con el término «polla») donde, a modo de teléfono de aludidos, dan una dirección de correo electrónico al que dirigirse en caso de que así lo considere el lector con preguntas de cualquier tipo.

El anecdotario incluye cantidad de situaciones referentes a La Polla Records. Aunque de algunas ya se sabía, como de la participación de Evaristo en una película de Uribe, «Adios Pequeña» (1986), haciendo un cameo con Ana Belén, o del famoso concierto con final agitado en fiestas de San Isidro en Madrid, o de aquella vez en Asturias en una Casa del Pueblo en el que les interrumpieron unos cabezas rapadas… hay multitud de información que se airea aquí por primera vez.

El cantante se desnuda de alguna manera en estas páginas. Desde fuera se adivinan las ganas por aclarar cosas, dialogarlas o al menos no rehuir la confrontación (dialéctica) hasta donde se pueda, sintiendo cómo en numerosas ocasiones no sirva de nada. Reconoce por otro lado no haber tenido ocasión de plantearse llegar a más si las palabras no funcionan, más que nada porque no ha tenido nunca el físico en que apoyarse para ello.

La reacción del gran público a este primer acercamiento escrito a La Polla Records ha sido enorme. Nunca antes se había visto a Evaristo tantas veces en entrevistas, en sitios de lo más diverso además. El revuelo que ha generado el libro ha removido de verdad, y al poco de su edición, los tres componentes originales del grupo supervivientes han comunicado ya la vuelta a los escenarios.

Hacía tiempo que no refrescábamos nuestra sección Punk ¿Qué Punk?, en la que conversamos con muchos de los protagonistas del punk de los 80. La reactivamos ahora con una entrada de excepción ya que tenemos la gran suerte de contar con el testimonio de Fermín Muguruza. El artista de Irún fue, junto a su hermano Íñigo, componente primero de Kortatu y luego de Negu Gorriak, formaciones ambas sin las que probablemente, el punk del País Vasco no hubiera sido para nada lo mismo. No es, sin embargo, la musical la única faceta a la que ha dedicado sus esfuerzos, iniciando asimismo una actividad frenética tanto en cine como en teatro. Desde aquí, ya tuvimos ocasión de asistir a «Guerra» (2016), el espectáculo multimedia que puso en marcha junto a Refree y Albert Pla.

Fermín Muguruza se ha caracterizado siempre por su decidido posicionamiento social y político, sin desperdiciar oportunidad alguna por dejar impronta de su opinión en todas y cada una de las manifestaciones culturales y artísticas en las que se implica. Su actitud enérgica en defensa de aquello en lo que cree le ha colocado en numerosas ocasiones en el centro de polémicas, denuncias y enfrentamientos, que le han acompañado casi desde el principio de los tiempos, cuando Kortatu se erigía en una de las bandas más directamente implicada en la corriente más política de aquello que vino a denominarse Rock Radikal Vasco.

Convertido ya desde hace mucho en referente para muchas de las bandas que hoy en día mantienen viva la llama de lo que removió todo aquel punk de los 80, se le ha visto en colaboraciones recientes como la de poner voces en «Biolentzia 1984» de Kaleko Urdangak. De igual forma, en algunas de sus producciones, como «Zuloak» (2012) han participado componentes de grupos como Hexen.

Black is Beltza, la película de animación que presenta estos días, da continuidad al tebeo editado años atrás en colaboración con Harkaiz Cano y Jorge Alderete. Una historia que, como explicaba en su momento, se inicia a partir de una fotografía tomada en Nueva York a finales de los 60 en la que se veía una comparsa de las que desfilan durante las fiestas de San Fermín traida desde Pamplona en la que se había prohibido la participación de dos gigantes negros. A partir de dicho germen se cuentan las peripecias de un personaje vasco-francés en un hilo narrativo que conecta a Malcolm X, Andy Warhol, los servicios de espionaje cubanos, los Panteras Negras, El Ché… Con motivo de la edición del comic se organizaron en Bilbao actividades que involucraron a muchos de los artistas que ahora participan poniendo música a una banda sonora más que recomendable. Hemos logrado que, a pesar de la vorágine en la que se encuentra, nos haga un hueco en su apretada agenda para respondernos a un buen número de cuestiones.

Activismo sin descanso

Antes de nada, agradecerte el esfuerzo y el tiempo que nos dedicas. Desde el principio, casi desde la época de Kortatu te has mostrado incombustible, inagotable a la hora de afrontar proyectos de todo tipo, musicales, teatrales, cinematográficos. ¿De dónde sacas la energía, la fuerza para no parar?
Imagino que habrá algo genético, pero sobre todo está la pasión por todo lo que quiero vivir y contar.

¿Cuánto de ese esfuerzo en desarrollar tus inquietudes artísticas se va en defenderse de quienes tratan de frenarte o censurarte? ¿Desmoraliza las actitudes tan decididamente contrarias que despiertas en determinados sectores?
Hay mucho desgaste, incluso cansancio, pero también coraje, por lo tanto, no es desmoralizante en ningún momento ser consecuente con lo que pienso y defenderlo a través de mis propuestas culturales.

¿Tienes identificado el perfil de quienes se oponen radicalmente a todo lo que lleve el signo de Fermín Muguruza? ¿No hay posibilidad alguna de diálogo sobre todo si, por ejemplo, ha sido posible con personas como Eduardo Madina?
Creo que es bastante fácil, toda la derechona y el centro comercial odian todo lo que lleve mi firma. También las ortodoxias de cualquier ámbito, ya sean ideológicas o artísticas. Con Eduardo Madina no solo ha sido posible el diálogo, sino que nos hemos convertido en grandes amigos.

En cualquier caso, ¿de dónde crees que procede todo ese rechazo? ¿Qué lo ha originado? ¿Que mostrases abiertamente tus posturas políticas?
Soy un activista cultural antifascista y todo lo que propongo tiene una repercusión lo suficientemente considerable como para intentar acallarme.

En relación a toda esa cuestión de energías empleadas y desgastes, de imagen de incombustible, ¿cuál es el punto débil de Fermín Muguruza? ¿Qué es lo que realmente te desarma o de lo que cuesta reponerse?
No mostraré en público mi talón de Aquiles.

Black is Beltza, la película

Ya te vimos con Raül Refree en Guerra aquel montaje teatral que incluso pudimos reseñar en LaFonoteca, pero ¿de dónde surge la colaboración con Raül? ¿Cuándo fue esa primera vez en la que os embarcasteis en algo juntos?
En el año 2001 la revista Rockdelux cumplía su número 100 y organizó un espectáculo en el que Raül era su director. Yo interpreté junto a la banda que organizó para ese evento el tema de Public Enemy: «Don’t believe the hype»

La banda sonora de Black is Beltza me ha encantado. Creo que habéis logrado dotarle de vida propia e independiente respecto de la película. El esqueleto que monta Raül con sus composiciones, de todo tipo además, me parece buenísimo, pero háblanos por favor de aquellas en las que participas tú. ¿Cuáles has compuesto o simplemente colaborado que se hayan elaborado específicamente para la banda sonora? De las que habéis rescatado de tu repertorio, ¿por qué la versión tan personal de «Respect» con Negu Gorriak?
Todos los temas los creábamos juntos en la fábrica de creación Fabra i Coats de Sant Andreu. Raül hacía de médium para interpretar las emociones que yo quería potenciar en cada escena de cada secuencia, y para crear las canciones yo hice de maestro de ceremonias y Raül componía tras largas horas de charla sobre cada invitado o el tema que queríamos que interpretara. «Balazalak» de mi disco “Asthmatic Lion Sound System” (Talka, 2008) en versión acústica se me antojaba interesante para comenzar la película con esa frase que dice: “Están lloviendo casquillos de bala…” En cuanto a «Respect» de Otis Redding tenía que aparecer en la versión de Negu Gorriak: hachas afiladas para el rey del Soul que ante la alucinación de nuestro protagonista le cantará en euskera.

De igual forma guíanos un poco en los criterios que os han llevado a rebuscar entre el repertorio pasado de Sonido Gallo Negro, Manu Chao o Ceci Bastida, por ejemplo, que entiendo pedís prestado para incluir en el disco.
Sonido Gallo Negro es la banda de cumbia mexicana en la participa Jorge Alderete, el ilustrador del cómic «Black is Beltza» (Talka, 2014); Manu Chao, colaboró en el espacio expositivo cuando estuvo en Bilbao, y conocía de cerca la idea de la película. En ese momento concreto en el que interviene, con el avión aterrizando en México, Manu Chao con su «Seeds of Freedom» era indispensable. Ceci Bastida es la antigua cantante de Tijuana No!, grupo al que produje en el año 1994 y para el que escribí “La Esquina del Mundo” que ahora interpreta Ceci sobre una guitarra acústica grabada por Raül.

RosalíaAñade este contenido, Maika Makovski por el contrario, si no me equivoco, han elaborado cosas específicas para el proyecto, ¿no es así? Háblanos de tu relación con estas artistas. ¿Cómo interseccionan universos artísticos que, en principio uno diría, son tan dispares con el de Fermín Muguruza?
Los estereotipos son bien perniciosos, y en la música también. Mi universo es muy amplio y a mis trabajos me remito. Alguna gente no sabe que además de ser un gran amigo de La Mala, hemos colaborado juntos, por ponerte un ejemplo. Maika, además de colaborar en mi falso documental «Zuloak» (2012), tuvo durante años al guitarrista Oscar Benas, que es el mismo guitarrista que me acompaña en mis giras desde hace 20 años. Y Rosalía, venía a las actuaciones de Guerra para encontrarse con Raül con el que ya comenzaba a preparar la producción de su disco “Los Ángeles” (Universal, 2017). Ahí nos conocimos, y a los dos meses de editar el disco ya estábamos preparando la versión de «Catalina«.

¿Cómo se define un proyecto como Black is Beltza? ¿Cuándo ves clara la intención de embarcarte en una empresa de este calibre?
Black is Beltza es un artefacto transmedia con múltiples ramificaciones narrativas y un movimiento contra el racismo. Hace 10 años que comienzo con la idea, pero es a partir de noviembre del 2014 que todo empieza a coger forma con la edición del cómic y la inauguración de la exposición con sus actividades paralelas en Bilbao.

Aunque ya has hecho documentales, ¿es ésta la primera ocasión en la que haces una película de cine?
Son ya 12 años desde que firmé el primer documental, y llevo 10 films. Black is Beltza es un film de animación y me falta hacer ficción.

¿Cuánto hay en la animación y dibujos animados de Black is Beltza de la pasión por los comics y tebeos de tu juventud? Pasión que si no me equivoco compartías, por ejemplo, con Víctor de Vómito o que se dejaba ver en algunos pasajes del “Estado de las Cosas” (Soñua, 1985) con las menciones a Stefano Tamburini.
Mi pasión por los cómics y tebeos son el origen de este trabajo. Víctor de Vómito y yo teníamos la misma edad, fuimos a la misma escuela, teníamos las mismas inquietudes políticas y vitales. Cuando montamos la tienda de discos en Irun, él se encargaba de la sección de cómics.

Desde la época quizás inmediatamente posterior a Negu Gorriak la imagen que transmite Fermín Muguruza va ligada a un sinfín de viajes a una multitud de destinos multiculturales diferentes. ¿Tiene Black is Beltza algo de carrusel de geografías y sonidos diferentes por ello?
Mis viajes comienzan con Kortatu por toda Europa y con Negu Gorriak cruzando el Atlántico. Mi conocimiento de las ciudades por las que transcurre la acción de la película, me ayudó mucho en la confección de ese crisol de sonidos que quería construir. Black is Beltza es un viaje concreto a unas ciudades concretas por donde se movía un corredor logístico revolucionario, una red de apoyo en la que tuvo que ver mucho el propio Che Guevara.

¿Qué respuesta estais obteniendo con la película?
Algo increíble para una película independiente completamente alejada de lo mainstream, pues pronto llegaremos a los 20.000 espectadores con más de 7 semanas en cartelera.

Aunque sospecho que no es el momento, que estarás suficientemente ocupado con la promoción de la película, ¿tienes ya en mente el siguiente paso, algún nuevo proyecto?
No tengo nada en mente por el momento.

Punk golpe a golpe

Oía cómo decías recientemente que al encontrarte con Pako Eskorbuto en un aeropuerto sentiste algo parecido a encontrarte con otro superviviente de algo en el que sólo participasteis unos cuantos. ¿Con qué recuerdos o sentimientos te quedas de todo lo vivido en el pasado con Kortatu y Negu Gorriak?
Lo de Pako fue como una emoción, un instante que recorrió toda una época en un abrazo. Kortatu y Negu Gorriak son dos épocas muy distintas. Uno son los 80 y Negu los 90, cada uno de los grupos está atravesado por el contexto de esos años.

Kortatu ha sido para muchos banda sonora de juventud fundamental en sus vidas. ¿Os esperabais todo esto cuando empezasteis? ¿Qué sensación te produce ahora que ha pasado tanto tiempo?
Con 19 años no podía imaginar que pudiera responder a una pregunta como ésta a mis 55 años. La sensación es que en cada momento hice lo que sentí que tenía que hacer.

¿Era el punk finalmente un buena arma de lucha y protesta política? ¿Estuvo politizada la escena del Rock Radikal Vasco?
Todas las escenas estaban politizadas, pero la nuestra era radicalmente explícita.

Siempre quise saber tu opinión acerca de una de las cosas a las que aludía el prólogo que escribió Bernardo Atxaga al libro «El Estado de las Cosas de Kortatu. Lucha, Fiesta y Guerra Sucia» de Roberto Herreros e Isidro López (Lengua de Trapo, 2013). Te lo transcribo aquí: “Cabe preguntarse si hay algo que oponer a esa forma de militancia política practicada por Kortatu, tan decantada hacia un lado en concreto; un lado que, además –lo podemos ver ahora, cuando ETA parece haber abandonado las armas- creó mucho sufrimiento. Bien, la respuesta es afirmativa, y llegará, creo, el día en que el eco pregunte a Fermín Muguruza –como también me preguntará a mí, como nos preguntará a todos- sobre lo que escribió y cantó. Pero hay algo que se debe tener en cuenta: sin ideas firmes, sin ideología, sin un partido o un movimiento de apoyo, no hay fuerza, no hay protesta que dure”. ¿Qué te parece? ¿Te ha preguntado ya el eco acerca de lo que escribiste en las letras de las canciones de Kortatu?
Los gritos desgarrados de amigas y amigos torturados son todavía demasiado estremecedores e insoportables para percibir ecos que preguntarán a todos los lados, a los equidistantes también. Si se hubieran registrado en video esas sesiones de tortura que sistemáticamente se aplicaban a vascos y vascas, la idea del porqué de la lucha armada cambiaría totalmente. De momento solo tengo un clic ensordecedor del gatillo de un arma apuntando a mi compañera embarazada. No estaba cargada. Otras sí lo estuvieron.

Para terminar, no me resisto a preguntarte un detalle puntual acerca de Kortatu: El verdadero origen del nombre del grupo.
Kortatu fue un mugalari de ETA, asesinado por la Guardia Civil en 1976 cuando trataba de ayudar a otros clandestinos a cruzar el río Bidasoa, ese río que delimita el País Vasco norte y el sur en Irun, ciudad de donde proveníamos los miembros de la banda.

«LARGA VIDA A RIP»

JUDIT URIACH Y FERNANDO ALONSO

TÓXICO RECORDS (2018)

 

RIP

 

Los responsables del fanzine Silencio Tóxico ya habían entrevistado a Txerra en un número del 2013 de lo más jugoso que además traía encuentros igualmente interesantes con Evaristo de La Polla Records y con Pollo (Larsen, La UVI, Commando 9mm). Aquella primera toma de contacto con el batería de R.I.P. probablemente sentaría las bases para este proyecto más ambicioso posterior, el de un libro que repasara la historia del que fuera sin lugar a dudas el grupo punk más famoso que haya tenido Mondragón (Guipúzcoa). Judit Uriach y Fernando Alonso, sus autores, lo han diseñado en formato de relato oral, para lo que han recurrido a una nutrida lista de protagonistas del momento, gente del entorno del grupo y muchos de quienes se dicen deudores del legado que, sin realmente pretenderlo, dejó uno de los cuartetos más destacados de la primera ola de punk vasco de los 80. Las diferentes contribuciones de todos ellos, entre las que se intercala un texto a modo de narración, se presentan junto a gran cantidad de material fotográfico en estética de fanzine lo que resulta a la postre todo un acierto.

Estructurado en diferentes secciones el libro va recorriendo primero la trayectoria de la banda, para centrarse finalmente en cada uno de los cuatro componentes de la formación final tras estabilizarse Carlos Mahoma como cantante supliendo al original, Mallabi, que se fue a cumplir el servicio militar. De dicho cuarteto participa activamente en la elaboración de este documento, Txerra, único miembro superviviente de la banda después del fallecimiento de su hermano Jul, el guitarrista, en 2014 acontecido sobre un escenario en lo que interpretaba una versión de un tema de R.I.P. con The Potes, el grupo local en el que tocaba el banjo.

Tras un breve repaso por las canciones de toda su discografía, incluida una maqueta, este «Larga Vida a RIP» contiene una jugosa colección de recortes sobre reseñas y artículos sobre R.I.P., sellos discográficos en los que editaron disco y algunos de los grupos en los que participarían sobre todo Jul y Txerra tras la disolución de la banda: The Kagas, The Meas, Karrocerías Betoño, The Potes…

La lista de contribuciones es amplia (aunque se echa en falta por ejemplo la participación de Roberto Moso, cantante de Zarama, que en su libro «Flores en la Basura» (Zirkus, 2003) se detenía en alguna ocasión para contar de las veces en las que coincidió con R.I.P.) dando cabida, no sólo a grupos vascos del momento como La Polla Records, Kortatu, Cicatriz, Vulpess, Anti-Régimen, Vómito, MCD, Odio, BAP, Cirrosis… sino a los maños IV Reich y la representación catalana de Ultimo Resorte, Frenopaticss, AntidogmatikssAñade este contenido, Subterranean Kids o L’Odi Social. Es de destacar la implicación de personajes como Jabier Sayés (responsable del fanzine Destruye y de programas de radio donde siempre encontraba hueco la música que muchas veces él mismo grababa de conciertos o ensayos de R.I.P. y grupos del entorno) y de Iker Barandianan, periodista en diferentes medios y responsable, junto a Ibán Toledo del documental “RIP – Punkaren 25 Urteko Historia Bizia / RIP- 25 Años de Historia Viva del Punk” (Goiena-Hotsak, 2005).

Se tratan todas las cuestiones, incluso las más espinosas, como es la presencia de la droga durante la trayectoria del grupo. Siendo el caso de R.I.P. similar a la de otras bandas del momento como Eskorbuto o Cicatriz, para las que la adicción a la heroína de sus componentes resultó determinante, resultaba éste un punto obligado a desarrollar. Se habla incluso de las visitas de los vascos a El Masnou (Barcelona), donde tenían su campamento base Kangrena, otro de los grupos punk castigados igualmente por el mismo problema, ya que en su momento, en «Harto de Todo: Historia Oral del Punk en Barcelona» (BCore, 2011) de Jordi Llansamà, se señalaba precisamente a estas estancias del cuarteto de Mondragón en Barcelona como el momento en el que los componentes del grupo catalán entraron en contacto por vez primera con la jeringuilla.

Los autores no han querido privar a nadie de los que contactaron de la oportunidad de dejar constancia de la repercusión o recuerdo que R.I.P. ha dejado tras de sí, incluyendo así la que probablemente sea la sección más emotiva del libro. Si bien es cierto que resulta larga en extensión, permite hacernos una idea de la impronta que ha dejado el grupo y de su relevancia en la escena punk, no sólo del Pais Vasco, sino del resto de la Península.

El libro se hace acompañar de un CD en el que un total de 27 bandas hacen versiones de temas del repertorio del grupo con el plus de poder oir, versionados por Never Surrender & Lagunak, canciones inéditas como «El pastor» y «El violador«.

Se trata sin duda de un libro crucial para todos los seguidores del grupo y los interesados en el punk de los 80.

La selección literaria de hoy se centra en el Rock Radikal Vasco, con obras escritas por periodistas y protagonistas directos de la música que se hizo en Euskadi en los 80.

HRV-600x842HISTORIA DEL ROCK VASCO
Edozein herriko jaixetain
Elena López Aguirre
Ediciones Aianai, 2011

Tengo la sensación de que un proyecto de las dimensiones que se ha impuesto Elena López Aguirre, periodista y antigua guitarrista de Potato representa una empresa de alto riesgo. Como bien indica en la sección final de esta revisión de la crónica del rock vasco, condensar en unas pocas frases la trayectoria, muchas veces de años de duración, de todos aquellos grupos, sellos, salas, promotores, revistas, etc. es, cuando menos, complicado. Se expone de entrada al lamento del que no encuentre algún nombre en concreto o del que se decepcione de la brevedad con la que se mencione o trate a otro. Pero además, supongo que se ha de ser extremadamente cuidadoso en no apabullar al lector con una riada de datos e información. Y, sin embargo, sale bien airosa de la empresa. Poco amigo como soy de las guías de cualquier cosa creo que el libro trasciende la condición de mero listado de nombres y fechas. La suma de las pequeñas contribuciones individuales de los protagonistas citados termina conformando una gran historia, que no es sino la de la música, esa marea que subyace por debajo, de forma soterrada a veces, en el devenir de pueblos, ciudades y comunidades. Empapa el día a día, venciendo en su avance a la represión de reyes, la censura de dictadores, la cortedad de miras de militancias intransigentes o la mezquindad comercial de compañías discográficas. Imparable pues, elemento consustancial a la cultura de cualquier colectivo, entra en las casas por los aparatos de radio, por las verbenas de los pueblos, en salas de fiesta o night clubs, aprovecha determinaciones de concilios vaticanos para acercarse a salones parroquiales, se toca en frontones, polideportivos o en gaztetxes. Es de ese eje vertebrador del que realmente se habla.

Iniciada la crónica en la labor recopiladora y archivística de monjes y clérigos pasa rápido al ámbito de txistularis y bertsolaris, al de las orquestas de pueblo, al de los cantautores de una época de nubarrones en el cielo, de barbas pobladas y de faldas largas en repuesta a la frivolidad de las ye-yé. Recuperación de una lengua para forjar con bonitas melodías letras que cantaban de las excelencias de Mao Tse Tung.

Quedan reflejados los momentos de cambios y revolución, el paso del txistu, férreamente instaurado como símbolo nacional («Herria lantzen txistua jotzen» / «El pueblo trabajador toca el txistu«) a la electrificación, de las arcadias etéreas de una Euskadi pastoril a las ratas de Vizcaya y demás centros industriales que trajeron el punk. Se habla por supuesto de la irrupción del Rock Radikal Vasco, que arrasó todo en lo que la izquierda aberztale filosofeaba sobre si el rock podía o no ser considerado revolucionario. De las encrucijadas que los nuevos aires traían («Las rutinas del anti franquismo cobraban vigencia día a día y las canciones contra la policía, los maderos, txakurras, txibatos, txotas, cipayos, pitufos y pikoletos triunfaban mientras en la cara B, el antimilitarismo vitoreaba a la lucha armada«) se pasa al ska y al Euskadi tropical.

Entra todo, los que quedaron al margen en aquellos 80, el Donosti Sound, mods y rockers, la escena jazz vasca, el pop, la aparición del metal, el folk, Oskorri, Errobi, la Orquesta Mondragón, los mestizajes propuestos desde Negu Gorriak

No es necesariamente cronológico el hilo argumental que sigue Elena López, y así, no duda en romper toda rigidez que eso hubiera podido imponer, retrocediendo en el tiempo lo que haga falta al empezar un capítulo con respecto al final del anterior si es necesario; o incluso abrir un apartado nuevo dedicado a temas específicos: bandas de mujeres, la escena en Iparralde (el País Vasco francés), la visión desde el mundo académico (sociología, antropología, museos…), la industria en sí, con cachés, promotores e instituciones.

En resumen, completísimo ejercicio periodístico con una exposición más que agradable. Libro de consulta, libro para la reflexión.

 

HERTZAINAK. LA COhertzNFESIÓN RADICAL
Pedro Espinosa & Elena López
Ediciones Aianai, 1993

También es Elena López Aguirre responsable, a medias esta vez, de la biografía, a estas alturas ya antológica, de Hertzainak. Se trata de su primer libro y según tuve la suerte en su momento de constatar de primera mano, lo considera por tanto como «el más natural y el más querido«. Escribe en esta ocasión, o quizás fuera mejor decir, transcribe, en compañía de Pedro Espinosa, su compañero en proyectos vitales, Potato entre ellos. Y digo transcribe porque la historia está montada a través de las voces de sus protagonistas, allegados y testigos de las numerosas etapas por las que pasó la banda vitoriana. Únicamente falta Xabier Montoia -Gamma-, el cantante de la formación original y cuya salida del grupo supuso todo un pequeño seismo, que residía en Estados Unidos en el momento en que se escribió el libro.

Hertzainak nació en un caldo de cultivo de txistularis y bertsolaris, células políticas contestatarias y unas ganas enormes de romper con un montón de cosas y hacerlo cantando en euskera. Alrededor suyo muchos nombres, grupos y colectivos: Karra Elejalde, La Banda Municipal de Ska, el AEK (Coordinadora de Alfabetización y Euskaldunización). Fueron pioneros a la hora de iniciar y desarrollar muchas vertientes que luego seguirían otros (Cicatriz y Potato por poner dos ejemplos de bandas de su misma ciudad que participan en el relato) pero empeñados en que no se les pudiera encasillar en etiqueta alguna se dedicaron a ir quemando etapas diferentes a toda prisa, hasta terminar convirtiéndose en uno de los nombres más grandes del rock vasco, con giro incluido a una orquestalidad e intimismo -el de la confesión «Aitormena» (Oihuka, 1989)– que les acercó a un público mucho más amplio que el que conformaba sus audiencias originales. No todo lo amplio que ellos hubieran querido, ya que, como les ocurriera a Zarama, su apuesta idiomática a ultranza les cerraría el mercado en el resto de la Península.

El libro está plagado de interesantísimas anécdotas contadas de primera mano, de actuaciones interrumpidas por la irrupción de tanquetas de la policía y botes de humo, de viajes a Cuba…  Pero asimismo los autores no olvidan conceder hueco para poder escuchar a aquellos que trabajaron con Hertzainak, los que discutieron con ellos (que no fueron pocos), los que disfrutaron a su lado y los que finalmente despidieron a la banda alavesa. Letras de canciones, discografía, una sucinta cronología y un prólogo de otro imprescindible, Pablo Cabeza, terminan por rematar la presentación de un texto histórico.

 

FLORES EN LA BASURA
Los Días del Rock Radikal
Roberto Moso
Hilargi Ediciones, 2003

Roberto Moso es el cantante de Zarama, la banda que puede acreditar el haber editado el primer disco sencillo de punk cantado en euskera, el «Nahiko» (Discos Suicidas, 1982). Pero además es licenciado en Ciencias de la Información, habiendo ejercido de periodista en radio y prensa escrita desde muy pronto. De hecho fue uno de artífices de Muskaria, aquella primera revista-fanzine que se encargó de documentar los cambios vividos en la escena musical del País Vasco desde finales de los 70. Su doble condición de protagonista y cronista de aquella escena le ha hecho uno de los candidatos ideales para participar y dirigir algunas de las revisiones documentales del Rock Radikal Vasco. Este «Flores en la Basura», de título a caballo entre una de las estrofas del «God save the Queen» de los Sex Pistols y el significado del nombre de la banda, es un ejemplo, delicioso además, de sus capacidades para dejar por escrito la crónica de aquellos días.

Elige Roberto Moso una línea argumental personal, basada principalmente en su experiencia propia, lo que posibilita a mi juicio, casi desde el principio, un acercamiento inmediato entre lector y narrador. Sabremos pues de sus partidos de fútbol de juventud o del engorro que el servicio militar le supone a su incipiente carrera en Zarama. Pero igualmente, directamente implicados en lo que se cuenta en las líneas del libro, aparecerán Iosu Eskorbuto, que tocaría además con ellos en los primeros conciertos del grupo, La Polla Records, Zipper, una banda de rockeros-moteros a la que vencieron Zarama en uno de los primerísimos certámenes-concursos en los que participaron, RIP o Hertzainak, banda en la que terminaría tocando Gari, cantante primero de Zipper, precisamente.

Y es que, quizá escudado en esa cercanía con el receptor labrada con el buen talante deplegado, no tiene empacho en reconocer abierta y entrañablemente los problemas o pequeñas competiciones con estos compañeros de escena. Tiene uno la sensación de que Zarama vivió en una continua necesidad de demostrar al resto su condición de grupo lo suficientemente duro como para ser reconocidos con todo merecimiento en aquel devenir radical que se cocía en los 80 en Euskadi. Cuenta Roberto Moso en el libro cómo tuvieron por ejemplo que dejarse literalmente la piel para convencer o impactar a una audiencia que esperaba en realidad el momento de poder ver a La Polla Records. De todas maneras, no rezuma hiel de afilado ajuste de cuentas tardío todo ello, y no falta ni un solo reconocimiento a los méritos (discos, directos, etc.) de las demás bandas, detalle que sin lugar a dudas se agradece y que creo engrandece la crónica.

El libro se hace extremadamente corto, se lee prácticamente de un tirón y resulta rico en anécdotas referentes a conciertos, festivales, grabaciones, grupos y demás detalles que agradará sin duda al seguidor, no sólo de Zarama sino de esta música. Un auténtico lujo de crónica de aquellos años de alguien que los vivió y además sabe contarlo de forma entretenida y completa.