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Los Suspensos
A finales de los 80 hubo un momento en que los grupos madrileños que hacían pop en castellano lo tuvieron bastante difícil. La Movida había ya pasado y las multinacionales habían exprimido el fenómeno todo lo posible, la alegría con que grupos, mejores y peores, sacaban discos había cesado. Habían cambiado las modas y la proliferación de sellos independientes tal y como la conocemos estaba aún por estallar… Multitud de grupos que facturaban un pop sin pretensiones, directo y heredero de los denominados “grupos babosos” de los primeros 80, esto es: Mamá, Melodrama, Tótem, Nacha Pop o Los Modelos, pasaban las de Caín para mover sus propuestas.

Pero los amantes del pop siguieron fieles a su estilo, reivindicando estas propuestas desde sus canales habituales, siendo las radios piratas (o alegales, pues no había regulación al respecto) el gran vehículo de expresión. En Madrid, Pedro Otero a través de su programa radiofónico «El Kastillo de las Lágrimas» de ámbito autonómico daba la tabarra todo lo que podía, así como el ínclito Juan de Pablos con su «Flor de Pasión» fijaba sus oídos en estas propuestas, prácticamente ignoradas en su momento.

Este podría ser el resumen de Los Suspensos, grupo que podríamos denominar de culto por sus excelentes maquetas, que dieron mucho que hablar y que siguieron siendo recordados mucho tiempo después, sobre todo cuando a principios del 2000 los sellos independientes y los grupos vuelven a mirar sin complejos hacia el pop español, tiempos en que surgen recopilatorios como “Otras Formas de Vida” (Federación de Universos Pop, 2000) o fanzines como Le Touriste a cargo del colectivo Discos de Paseo. Tiempos en que se abraza el pop en castellano sin ambages y surge una escena, de nuevo discutida, denominada de manera despectiva como «tonti pop» que, como poco, dejó algunas grandes joyas en forma de canciones.

Tras varios meses de digitalización y remasterización, Los Suspensos, veinticinco años después, ven materializadas sus ilusiones mediante la publicación en vinilo de parte de sus maquetas perdidas, sus grabaciones en Radio Nacional de España y un par de canciones correspondientes a una breve reunificación posterior. La hoja interior incluye fotografías de la época, flyers y entradas de conciertos, así como un interesante texto sobre el grupo a cargo del propio Pedro Otero (ex Furalita). El proceso técnico ha corrido a cargo de Raúl Querido y todo el arte ha sido realizado por Manuel Moreno.

Charlamos con el núcleo más estable -Cristina Pérez-Serrabona (voz), Miguel Riesgo (guitarra y voz), Tito Lorenzo (bajo y voz) y Quique Berenguer (batería)- para que nos cuenten todo de primera mano, cómo surge el grupo asociado al fenómeno de las emisoras independientes, por dónde se movían y tocaban, por qué no lograron suscitar el interés de ningún sello a pesar de contar con un nutrido grupo de seguidores…

¿De dónde salen Los Suspensos?
Cristina: Salen de la radio. Al menos su mayoría. Yo salí de mi habitación, donde andaba refugiada haciendo canciones. Uno de mis mejores amigos iba al colegio con Tito y le dio una cinta mía llena de canciones parece ser que para que encima le grabara canciones de pop español, que era lo que tanto Miguel como él pinchaban exclusivamente. Por casualidad Tito escuchó la cinta y le preguntó que quién era esa chica…

Tito: El hacer un programa de radio fue fundamental. Camilo, el batería, vino de veranear conmigo en Baiona.

Miguel: El programa se llamaba “Mi Perdido Amor” en homenaje a la canción de Mamá y a mi verdadero perdido amor. Poníamos siempre canciones de la que era nuestra trilogía sagrada: Mamá, Secretos y Nacha Pop. Al poco de empezar, en 1986, nos llamó un oyente para intercambiar discos. Era Tito, enseguida congeniamos y empezamos a ir juntos a conciertos… Tito empezó su propio programa: “Ráfagas de Pop”. El segundo año del programa invitó a Cristina a su programa. Por entonces Tito y yo ya teníamos un embrión de grupo llamado James Dean y cuando se unió Cristina, junto con Quique Melero y Camilo, ya cambiamos el nombre.

¿Dónde ensayábais? ¿Cuál era el proceso de composición de las canciones?
Tito: Empezamos a ensayar en un local de una iglesia en casa de Miguel, luego fuimos a unos locales de ensayo recién abiertos cerca de Conde Casal que se llamaban La Nave, en la última época en los locales de General Perón. Otro lugar habitual fue el garaje de la casa de Cristina en Torrelodones.

Miguel: En La Nave es donde realmente el grupo se consolidó, pasamos allí muchos días metidos. Yo acababa con los ojos rojos del humo del tabaco del resto.

Cristina: Mis canciones salían de casa. Las traía grabadas en cintas y las escuchaban ellos en sus casas. Les daba varias a la vez y elegían cual sería la siguiente que grabaríamos o ensayaríamos.

Tito: Tratábamos de musicar entre todos las canciones de Cristina en los ensayos, el resto eran de Miguel.

Miguel: Poco a poco me fui también animando a llevar algunos temas. Una de las etapas más bonitas, para mí, fue cuando empezamos a componer Cristina y yo juntos en su casa de la sierra.

¿Cómo grabábais? ¿Cómo intentábais mover las canciones?
Tito: Las grabaciones de las maquetas las realizaban amigos de otros grupos más veteranos –Móviles, Stock de Coque, Proyecto, etc.- que disponían de porta estudios, muy de moda en esa época, pero que sin embargo estaban muy limitados y a la hora de incluir la batería no era factible, por lo que incluíamos cajas de ritmos copiadas de las baterías de Camilo; también grabamos en un estudio de Quevedo y en los estudios de Prado del Rey, que nos lo consiguió una hermana de Cristina que trabajaba allí. Las canciones las movíamos en todo tipo de concursos, las enviábamos o llevábamos en mano a los principales sellos…

Cristina: Tito cree que fue mi hermana porque trabajaba allí pero yo creo recordar que fue Scotty, íntimo amigo de Pedro Otero, tenía su propio programa de radio, «Tiempos Perdidos», en Radio Mercurio. Tito era el que movía todo. Yo nunca hice nada de esa parte, porque realmente siempre tenía como una contradicción. Hacía canciones y cantaba pero nunca quería salir a tocar ni que nos conociera más gente. Me daba bastante vergüenza. Para ellos los directos eran salir a reírse, a pasárselo bien… Para mí eran una agonía.

Entrada Bwana Los Suspensos

¿Qué influencias teníais? ¿Cuáles era vuestros grupos amigos y/o admirados? ¿Y vuestras pasiones?
Cristina: A mí me gustaba muchísimo el pop español, como a todos. Era lo que hacía que quisiéramos lo mismo musicalmente hablando. Me encantaba Tótem y tuve la suerte de hacerme amiga de ellos en un concierto al que fui a verles. También me gustaba mucho Un Pingüino En Mi Ascensor, a los que también conocíamos. Los Secretos, por supuesto, Enrique Urquijo era para mí el más grande… Ah, y el pop francés, sobre todo Françoise Hardy, gracias a Juan de Pablos. Viví mi infancia y juventud entre la música, la fotografía y mis perros… A todos nos encantaban y nos siguen encantando los animales.

Tito: Mis influencias eran básicamente pop español y sobre todo pop hecho en Madrid, bien en los primeros 80 o en los últimos, grupos amigos como Stock de Coque, Proyecto, Los Móviles, Los Adorables Sobrinos, Tótem… Nuestra pasión era vivir Madrid a tope con nuestra música, nos encantaba Madrid y a la vez queríamos huir de ella.

Miguel: Tito y yo éramos casi monotemáticos de pop español. Además de la música cada uno tenía su vida. No éramos muy de tribu musical.

¿En qué locales tocábais? ¿Qué tipo de público llevábais?
Tito: Tocábamos en cualquier sitio, fiestas de pueblos, de fin de año, salas, pubs, colegios, facultades…

Cristina: Los locales eran pequeños , casi siempre por Madrid, pero alguna vez también recuerdo un sitio muy grande para algo de Los 40 Principales… Y en Oh Madrid, creo que también. A mí no me gustaba contar a la gente que tenía un grupo. Muchos grandes amigos jamás vinieron a verme, no lo solía decir. No sé bien por qué lo hacía. Quizá me daba vergüenza, no lo sé. Ahora me sorprende que haya gente a quien jamás le dije que tocábamos. Sí, tenía miedo de hacer el ridículo y prefería separar las cosas… Era mucho más tímida en mi vida musical que en mi vida real. Venía mucha gente gracias al programa de radio de Otero, «El Kastillo de las Lágrimas».

Miguel: Había un pequeño grupo de fans que nos seguía donde tocásemos.

Los Suspensos Duduá1988 y 1989 son años en los que grabáis muchos temas distribuidos en dos cassettes, ¿por qué no llegaron a despertar el interés de ningún sello?
Tito: Dicen que José Miguel Nieto (Slogan) estaba interesado para su sello Menú pero nunca nos dijo nada…

Cristina: La Movida había terminado, llegábamos tarde. Las discográficas no arriesgaban ya por nadie y nosotros tampoco queríamos triunfar, la verdad. También es verdad que nadie nos ofreció nada. O varias veces sí, pero no sé qué pasó . Creo que se interesaron Zafiro y Ariola… No me hagas mucho caso…

Quique Berenguer: Sí, después de salir en el programa de Antonio Torres, Discos Zafiro escucharon las canciones de RNE, pero las desecharon porque no encajaban en el estilo en el que ellos estaban interesados.

Miguel: Era un pop fresco y posiblemente en ese momento se buscaban cosas más complicadas y con sonidos mucho más producidos…

¿Fue por la desilusión de no ver plasmadas las canciones que tras las grabaciones de 1990 sufrís un parón creativo?
Cristina: Puede ser. También hubo problemas… Yo quería sonar mejor, ensayar más, hacer las cosas disfrutándolas. Ya no quería tocar dos veces seguidas en un mismo día, en horario de 7 y de 11, ni darme las palizas tremendas para nada… Creo que necesitaba un cambio, necesitaba que el grupo madurara también. Miguel se fue de voluntario con Veterinarios Sin Fronteras a África. Le echábamos mucho de menos, ya no era igual…

Tito: No hubo parón creativo, teníamos similar número de canciones que ensayábamos y nunca grabamos… Pensamos en grabarlas pero no nos decidíamos y al final tocamos un concierto en 1993 y lo dejamos.

Miguel: En esos años empezamos a componer Cristina y yo juntos y fueron años bonitos de ensayos en Tablada y en la casa de Cristina en Torre pero no grabábamos maquetas ni dábamos conciertos, aunque seguíamos con ganas de mantener vivo el grupo. Fueron muchas cosas. Yo creo que más bien el hecho de que la música y el grupo fuesen una actividad secundaria, más o menos, para todos nosotros, influyó. Estábamos acabando la carrera, empezando a trabajar y era más difícil seguir con el mismo ritmo.

Hubo muchos cambios de formación, muchas idas y venidas. ¿Esa inestabilidad jugó en contra?
Tito: Sin duda, después de irse nuestro primer guitarra estuvimos mucho tiempo con Miguel solo a la guitarra y necesitábamos alguien que le apoyara en las melodías. No teníamos nivel para tener un sólo guitarra, pues apenas llevábamos un par de años tocando, y eso se notó en las grabaciones de Quevedo, faltaba algo. Agus de Stock de Coque tocó con nosotros alguna vez, luego llegó Jimmy que era un musicazo y se notó mucho en “Tu soledad” y en “Estás tan lejos”. Luego Camilo se fue y entró Quique Berenguer, a quien conocimos por un fan del grupo. En las grabaciones de RNE 3 estaba José María Corona, que es uno de los culpables de la belleza de “La chica de la gabardina”. Resumiendo, el variar la formación nos quitó estabilidad pero nos aportó ideas nuevas.

Miguel: El núcleo del grupo hasta el 94 fue muy constante: Tito, Cristina y yo, después Quique en la batería y Willy en los teclados también durante bastante tiempo… En cualquier caso no tengo la sensación de que el tener mucha gente entrando y saliendo jugase en contra, sino que supuso una riqueza para el grupo.

¿Qué papel jugaron Pedro Otero y Juan de Pablos en la historia del grupo?
Cristina: Pedro Otero para mí fue mucho más que alguien que nos apoyaba a través de sus programas de radio. Me sentía con él cómoda, me cuidaba. Le pedía a veces que viniera a los conciertos a vernos y hablábamos mucho rato antes de que me tocara subir al escenario. Él confiaba en mí mucho más que yo misma… Le recuerdo más como un amigo que como alguien que nos ayudara muchísimo en el tema musical. Juan de Pablos no es que fuera alquien especial para nosotros, es que es alguien especial para cualquier persona que le conozca. Yo oía sus programas desde que tenía doce años. La forma de regalarte las canciones por la radio, su sensibilidad, hizo que me enganchara a él… Entonces no existía Internet y conseguir canciones antiguas de pop francés solo era posible a través de la radio. La radio se convirtió para mí en una forma de ver el mundo exterior. Dormía con ella encendida la noche entera y siempre tenia un cassette preparado para darle al REC no fueran a poner una canción de las que me encantaban y me la perdiera. Recuerdo ir al colegio muerta de sueño por dormir a medias y siempre estar pendiente de escuchar unos acordes bonitos y grabarlos.

Tito: Otero creó una escena y estuvo radiándonos en «El Kastillo» de forma regular… Juan de Pablos, lo mismo, sin conocernos de nada estuvo años radiando un grupo muerto sólo porque le gustaba.

Miguel: Le encantaba “La chica de la gabardina”

¿Por qué pensáis que tras su disolución el grupo conservó un aura de malditismo y estatus de grupo de culto?
Cristina: No tuvimos la oportunidad, pero eso no significa que no hubiera mucha gente a quienes les gustáramos. Era difícil encontrarnos, no teníamos discos, era el boca a boca… Y eso hizo que nos convirtiéramos en algo maldito.

Tito: El malditismo se crea por Juan de Pablos, por Félix Alzola también, que nos menciona en un disco de Los Modelos… este fan había conseguido canciones inéditas en directo y había hecho este disco artesanalmente, que luego sería editado de forma legal por César Prieto de Discos de Paseo, nos cita en el interior. Decía que sólo un grupo le había hecho sentir algo parecido a Los Modelos y que ese grupo habíamos sido nosotros. Discos de Paseo acabaría sacando canciones nuestras en un CD casero que regalaban con el fanzine Le Touriste.

Miguel: Siempre me ha sorprendido escuchar comentarios de gente veinte años después hablando de nosotros y diciendo que tal canción le emociona… Es una pasada. Las canciones de Cristina tenían algo, me imagino que esa es la clave.

En 2002 hay una breve reunificación, ¿por qué vino motivada y por qué no cuajó del todo?
Miguel: Yo ya no participé en ese proyecto, pero lo viví un poco tangencialmente, Cristina seguía teniendo un montón de canciones maravillosas en el cajón.

Cristina: Si no recuerdo mal fue por Juan de Pablos. Volvimos a intentarlo pero yo quería hacer algo mejor, que sonara mejor. Me había hartado de directos a golpe de desafines. No quería seguir por ahí. Me gustaba la frescura pero la edad hacía que quisiera hacer las cosas mejor…

Tito: Para mí la vuelta fue un error, estábamos muy ilusionados con el reconocimiento de la escena pop hacia nosotros, sentíamos que Los Suspensos habían merecido algo más y queríamos volver al pasado, grabamos dos canciones, pero teníamos diferentes intenciones, para mí faltaba Miguel y yo me había quedado atrás, apenas tocaba desde hacía diez años… Quique y Cris habían seguido tocando juntos, habían evolucionado, no nos entendíamos… Tocamos en la fiesta de despedida de «El Kastillo» y ese mismo día nos dejamos de ver, Quique y Cris formaron Naif.

Quique: Cada uno venía de una experiencia vital diferente y tenía necesidades de expresión distintas. Quizá debimos ver lo que nos unía antes que lo que nos separaba…

Cubierta front peqCuando os contactamos con la intención de publicar en vinilo estas canciones, ¿qué pensásteis?
Tito: Flipamos, fue una ilusión gigante, por fin Los Suspensos, ese sueño, ese proyecto al que dedicamos tantas horas, tantos días, éramos reconocidos por otra generación que nos brindaba nuestro disco de vinilo que tanto quisimos.

Cristina: ¡Estáis locos! Yo lo veo como un milagro, que alguien se interese por lo que hicimos hace tantos años. Es precioso resumir todo aquello en un vinilo hecho con tanto amor, además. Sigo pensando en quién lo comprara…

Miguel: Es una suerte, al final mereció la pena el esfuerzo.

Quique: Siempre había soñado con grabar un disco de vinilo. Nunca es tarde para cumplir con los sueños. Me gustaría que pudiéramos disfrutarlo todos juntos con nuestros amigos que siempre nos acompañaron en los conciertos.

¿Qué otros grupos rescataríais del ostracismo?
Tito: Rescataría las primeras grabaciones de Stock de Coque, Los Adorables Sobrinos o Fraude Nacional. O el segundo LP de Los Móviles, que nunca vio la luz…

Cristina: Yo rescataría a Los Adorables Sobrinos. Creo que no tuvieron ninguna publicidad y era increíbles. No se nada de ellos hace muchísimo años pero no entiendo cómo no arrasaron.

Quique: Proyecto y Adorables Sobrinos eran geniales.

¿Qué pensáis que os hacía diferentes al resto?
Cristina: Éramos como éramos. Ni unos chulitos, ni unos arrogantes. Siempre humildes, con razón, porque los directos eran tremendos, pero había mucha chulería después de una Movida en la que todo el mundo tenía un disco. Todos éramos muy sensibles y tocábamos con el corazón. No había nada de marketing. Las letras eran directas, sin complicaciones. cualquiera se podía sentir identificado.

Miguel: No había necesidad de ser diferente.

Tanto en la programación de conciertos como en la edición discográfica desde el comienzo hemos tenido muy presente a Betacam, el proyecto personal del torrelaveguense Javier Carrasco, miembro de Templeton y Rusos Blancos. De hecho, hace justamente tres años nuestra franquicia barcelonesa debutaba con los locales Doble Pletina y Betacam en el Heliogàbal.

Hace un par de meses colaboramos en un bonito homenajeBernardo Bonezzi en la sala Siroco de Madrid, y uno de los artistas que propusimos para la ocasión precisamente fue el que aquí nos ocupa, quien realizó una magnífica versión del «Amor entre rejas» originalmente interpretado por María Barranco.

Cogiéndole el gustillo a eso de las versiones, Javier Carrasco acaba de sacar del horno un EP con revisiones de diferentes canciones, una de las cuales pertenece a una de las primeras maquetas de Doble Pletina. Corría el 2011. El EP, masterizado por Raúl Querido y con diseño de Mercedes Cervera se estrenará al completo en estos días en This Is Underground. Mientras tanto, he aquí en primicia este adelanto tan simbólico para nosotros:

Sobre la canción y el grupo:

«Es una demo tan antigua que creo que ya no está ni colgada en su Bandcamp y me trae tantos recuerdos que no sé ni por donde empezar. Fundamentalmente me recuerda a un año maravilloso, 2011, en el que me habíais hecho tocar por medio Madrid y hasta en Londres (¡¡en un barco!!). Esta vez me llevásteis a tocar a Barcelona con un grupo por entonces prácticamente desconocido que empezaba a patalear y a ir de oreja en boca como un rumor golosón. No sé muy bien cómo llegué a escucharlos por primera vez, pero quedé fascinado por aquellas grabaciones caseras. Da igual que algunas sonaran a recién grabadas con el micro del iPhone. Sencillez de medios y de fines. Letras certeras, inteligentes sin ser pedantes. Ni teenagers ni adultas. Cantaban bien y se notaba que estaban a punto de partirse de risa. Y había un single ‘espacial’ que tenía TODO lo que me gusta. Boogie, palmas, uuuhs y estrellitas.»

Sobre el concierto en Barcelona:

«Les conocí, cenamos opíparamente, Marc tocó la sierra en una canción mía. El público estuvo todo lo serio y über-respetuoso que se le supone al público barcelonés y al día siguiente fui por primera vez en mi vida al Camp Nou. Ellos han crecido un montón. Como grupo y como personas. Sus grabaciones, también. Como músico da mucha rabia cuando alaban tus canciones antiguas en vez de las nuevas, pero, ¡ay! el cosquilleo de descubrir un grupo nuevo y ‘hecho para mí’ en aquel 2011 no se me olvidará en la vida. De aquel fin de semana me llevo el recuerdo precioso del concierto en el Heliogábal y el disgusto de no ver marcar a Messi. Fue el único partido sin goles en el Camp Nou aquella temporada.»

Esperamos que os guste tanto como a nosotros, como curiosidad os dejamos la maqueta original de Doble Pletina.

Diseño de Santiago Morilla
Diseño de Santiago Morilla

LaFonoteca y LaFonoteca BCN dan pistoletazo de salida a «Puente Aéreo», una colección de 7” en vinilo cuya intención es establecer un diálogo musical entre las ciudades en que tenemos presencia: Madrid y Barcelona. En cada uno de los singles de la colección participará un grupo de cada una de ellas, con alguna aportación especial para la ocasión.

Los escogidos para inaugurar esta colección son Hazte Lapón -grupo desarrollado en Madrid que ya abría nuestra primera referencia discográfica– y Gúdar -del Baix Llobregat, presentes también en el recopilatorio de este año de la escena barcelonesa “Mar y Montaña” (2013)-, y lo hacen versionándose mutuamente. De este modo, en la cara A podemos encontrar las versiones de «Muerte en Bangkok» y «Carretera perdida», y en la cara AA (aquí no hay B que valga) los temas originales.

Este primer volumen, con diseño a cargo de Santiago Morilla y masterización de Raúl Querido, ve la luz con una tirada limitada a 200 copias y se pondrá a la venta en exclusiva en el Café Molar de Madrid y en Ultra-Local Records de Barcelona, colaboradores en la edición, el próximo 19 de abril durante los festejos de celebración del Día de las Tiendas de Discos, en cuya organización y difusión estamos involucrados.

Logo diseñado por Vanessa Millet

El Día de las Tiendas de Discos es una iniciativa surgida en 2011 de la unión de numerosas tiendas y sellos independientes nacionales que no cumplían con los requisitos del oficial Record Store Day para animar al público a visitar los pequeños establecimientos especializados y fomentar el consumo de discos en formato físico. Tras el éxito de las dos ediciones anteriores, el DTD une fuerzas con el RSD para celebrar una gran fiesta el próximo sábado 19 de abril en más de veinte tiendas de discos de diversas ciudades españolas.

Por nuestro lado, aparte de haber formado parte activa de la organización, coordinación y promoción del evento, hemos lanzado en exclusiva un single en el que Hazte Lapón y Gúdar se versionan mutuamente, abriendo la colección de 7″ «Puente Aéreo» entre grupos de Madrid y Barcelona. El lanzamiento sale con la colaboración de dos de nuestras tiendas de discos favoritas, Café Molar y Ultra-Local Records, y se venderá por primera vez en exclusiva en ambas. Aquí tienes todos los detalles relativos al disco.

Además, en Madrid contaremos con una curiosa exposición en el Café Molar, «Del Sur al Cha Cha Cha» con bolsas de tiendas de discos de más de treinta ciudades de todo el mundo (desde Santurce a Madrid, pasando por San Francisco o Tel Aviv). La inauguración de la misma será a partir de las 20h del viernes 18, con algo de picoteo y pinchada en vinilo a cargo de Manu Puñonrostro, que es quien ha venido reuniendo todas estas bolsas durante todo este tiempo. Aquí los detalles.

Para finalizar, el mismo sábado contaremos con los conciertos en acústico de Incendios, M A J E S T A D y Univers en horario vermut y entrada gratuita. Más detalles del evento, aquí.

En definitiva, si te quedas en Madrid esta Semana Santa, te aburrirás sólo si quieres.

Diseño de Marc O' Callaghan
Diseño de Marc O’ Callaghan

LaFonoteca BCN presenta «Mar y Montaña» (2014), recopilatorio en vinilo en el que participan catorce grupos del panorama emergente catalán, como Les Sueques, Son Bou, The Saurs o Elsa de Alfonso y los Prestigio, la mayoría de ellos con temas inéditos. El disco tiene una tirada limitada a 300 copias y está coeditado junto a Shook Down.

“Mar y Montaña” es la segunda referencia de LaFonoteca BCN tras la edición en 2011 de «Espectros» (2011) junto a Discos Walden y Maravillosos Ruidos, y la sexta de LaFonoteca, con tres recopilatorios sobre la escena independiente madrileña análogos a este artefacto.

El disco ha sido compilado y coordinado por Gustavo Martínez (Mama Vynila), Miguel Atienza (LaFonoteca BCN) y Rubén Izquierdo (Shook Down) y ha contado con la masterización de Raúl Querido. El arte es obra de Marc O’Callaghan (Coàgul).

Las fiestas de presentación contarán con ocho de los catorce grupos participantes en el recopilatorio, cuyas actuaciones se repartirán entre la tienda de discos Ultra-Local Records, el local de la asociación cultural Hi Jauh-USB y la sala de conciertos BeGood. Se han buscado tres ubicaciones próximas y cercanas entre sí geográficamente con el objetivo de que los asistentes puedan disfrutar de la totalidad de conciertos programados para dar a conocer el disco, justo el día en el que este se pondrá a la venta.

Diseño de Marta Pina
Diseño de Marta Pina

 
Como los dos años anteriores, volvemos a tomar el pulso al panorama musical independiente de Madrid con la edición de un nuevo recopilatorio en vinilo de bandas emergentes de la capital. «Nuevos Bríos» es la cuarta referencia de LaFonoteca, y la tercera de su catálogo dedicada a la escena independiente de Madrid. Tras el popluminoso de «No Te Apures Mamá» (2011), el oscuro e inquietante «Espectros» (2012), y la melancolía afilada de «Madrid Está Helado» (2012) ve la luz este «Nuevos Bríos» mucho más cercano al punky al garage, que incluye temas de dieciséis de algunos de los grupos que hemos considerado más interesantes durante estos últimos meses.

En una edición limitada de 300 copias en vinilo, con diseño de Marta Pina y masterización de Raúl Querido, “Nuevos Bríos” se presentará en directo en un mini-festival los días 6 y 7 del próximo mes de septiembre en la sala Siroco de Madrid en el que participarán diez de las bandas incluidas en el recopilatorio.

El disco completo puede adquirirse en todos los conciertos organizados por LaFonoteca, en nuestro espacio de vinilos del Café Molar de Madrid, así como en nuestra tienda, donde está también disponible en streamingy descarga digital gratuita.

El mes pasado tuve el honor de pertenecer al jurado del II Concurso de Maquetas Autoplacer, un certamen que contó con la participación de setenta y pico grupos de distinto pelaje y procedencia. De entre todos los participantes los organizadores nos pasaron un filtro de quince finalistas, de entre los cuales se erigieron como ganadores por su regularidad en votos obtenidos los coruñeses Mano de Obra. Tecno-pop desabrido e incómodo deudor de grupos como Esplendor Geométrico, Aviador DroAñade este contenido y coetáneos a sus vecinos Fasenuova.

Mano de Obra eran, para un servidor, dignos candidatos al título. Sin embargo, tres fueron las propuestas que me arrebataron. Aunque he de reconocer que no eran del todo desconocidas para mí, sí que me sorprendieron gratamente y sin duda darán que hablar de manera inminente, si es que no lo están haciendo ya.

 

Hielo en Varsovia son Ki (un tipo extraído de La Movida a lo Rafa Balmaseda), Buddy (un tipo sacado de un mundo más feliz con drones y sitares) y Bea (una tipa sacada de un garage de Seattle); o lo que es lo mismo, una amalgama sonora ante la cual es verdaderamente difícil permanecer impasible. Tuvimos la oportunidad de organizarles un concierto (junto a Franc3s y Trajano!) y desde hace tiempo les seguimos la pista como una de las bandas emergentes madrileñas que mayores sorpresas nos pueden deparar. Por ahora tienen una maqueta que es un post todo, trece cortes intensos y desquiciados que harán las delicias de los buscadores de nuevas experiencias.


 
 

 
Futuro son Cólin y Laynez, a quien ya conocerán por su descacharrante grupo Regiones Devastadas. Amantes de los 80, del italo raro y del synth pop -de hecho el segundo es uno de los cabecillas del Nuevo Anochecer, una noche en Madrid con querencia hacia estos sonidos en la cual también me hallo involucrado (ejem). Futuro pone el punto de mira en el pasado para vislumbrar un futuro distópico mientras nos incitan al baile y el hedonismo.

Aún no han debutado en directo, pero raro sería que en unos meses los mentideros indiesno nos bombardeasen con ello y entonces no nos quedará más remedio que decir aquello tan manido de «ya se lo avisamos».

 

 
Por último, Calma en los Mercados, el enésimo proyecto del inquieto Raúl Querido, concebido como un colectivo abierto de corte contestatario cuya intención es la crítica social y económica a golpe de sinte. Destaca sobre anteriores proyectos la cabida de inquietantes pasajes sonoros instrumentales en los que dar pie al spoken word o simplemente a la reflexión entre cortes de mayor calado político. Un genuino banco de pruebas al que se irán sumando poco a poco otros inconformistas de la escena. Una revisión de la canción protesta y los colectivos de los 70 adaptada a tiempos modernos necesitados de un mismo mensaje.

Cuando en petit comité comenté que estaba preparando un artículo sobre escenas musicales, desde LaFonoteca no parecieron muy entusiasmados, la verdad. Aunque hubo algún resoplo, se me insistió en que podía hablar de lo que quisiera y bueno, pues al final de eso mismo es de lo que he querido hablar. Cierto es que el asunto está un poco manido, pero no es menos cierto que algo hay en él que siempre provoca prurito y, si el objetivo es generar debate, hay que decir que el debate sobre las escenas no está apagado. Bueno, tampoco encendido, la verdad. Más bien echa algún hilillo de humo de vez en cuando. Se ha convertido en algo así como un fuego fatuo, un asunto fantasmagórico.

Hace poco, un twittero con el original nombre de «indiegnado» (los sagaces juegos de palabra con el «indie» están apunto de superar al “funk” en cantidad y calidad) clamaba ante sus ¡cuatro followers! contra “la absurda microescena madrileña pop de Solletico, Rusos Blancos, Hazte Lapón y Cosmen Adelaida. No puedo evitar ver en esto algo entrañable. Yo soy de la idea de que en España es imposible alcanzar el éxito sin que haya un grueso de gente que te deteste. La pena es que sólo hubiera cuatro testigos ante tal arremetida. Pero me ha vuelto a surgir la duda, ¿hoy día, hay escena o no la hay? Y más importante aún, ¿a alguien le importa lo más mínimo? Porque al fin y al cabo, ¿cuantas escenas han existido en España? Voy a intentar hacer un repaso rápido y a ver si sacamos algo en claro. Prometo ser lo menos riguroso posible, a ver si así, al menos, le damos chicha a un tema fofo.

Respecto a las escenas pasadas, seguramente la única que todo el mundo tenga clara es La Movida madrileña, aunque posiblemente, nadie sepa ya muy bien qué fue movida y qué no. Todos los grupos parecen haber adoptado el término o renegado de él según conveniencia, y con tanto intento de rentabilizar el concepto, este ha acabado funcionando prácticamente como sinónimo de “música española hecha en los 80”. Los recopilatorios de cuatro cedés de lo mejor de la década han acabado por mezclar la velocidad con el tocino, y aunque aún haya quien se acuerde de las viejas polémicas entre babosos y hornadas irritantes, al final Mamá y Glutamato Ye-Yé han acabado condenados a aparecer de la mano hasta el fin de los días. Protagonistas directos como la ubicua Alaska, que igual posa desnuda para una foto antitaurina, sale en portada de la revista Psychologies o hace de tertuliana en la COPE, siempre ha dicho que entonces eran cuatro gatos que salían apedreados de los conciertos patronales y a palos con las fuerzas del orden. No me extraña que no añore aquella época, cuando, con el tiempo, ha sido la que se ha llevado la parte más grande del pastel (al menos, una parte tan grande con la de Almodóvar).

Pero entonces, si los grupos no estaban unidos y el público no era tan abundante, ¿dónde estaba la escena? Sí que parece cierto que más allá de rivalidades coyunturales y dificultades de un país recién llegado a la democracia, hubo un continuo intercambio de ideas entre artistas, no sólo de la música, también del cine o las artes plásticas. E independientemente de que en lo primeros años la mayoría de los españoles permanecieran aún ajenos a aquella efervescencia, Madrid era un hervidero.

Más que el estilo musical, sometido a continuo cambio, incluso dentro de una misma banda en un corto espacio de tiempo, lo que los unió fue ese fluir de ideas. Luego las rivalidades no eran para tanto, por ejemplo Javier Urquijo, de Tosv, germen de Los Secretos, llegó a ser miembro de los Pegamoides durante un tiempo. Víctor Coyote, de Los Coyotes, daba al respecto una visión interesante: En esa época no había suficientes rockabillies, suficientes punks, suficientes siniestroso suficientes modscomo para abrir un bar para cada estilo, y entonces todos coincidían en la misma sala o en el mismo pub, y el intercambio de opiniones surgía de forma natural. Cuando aquella música minoritaria fue creciendo, las tribus se separaron, las ideas dejaron de mezclarse y ese fue el principio del fin.

Sí puede decirse que La Movida tuvo lugares comunes: fanzines como La Liviandad del Imperdible dieron un pueril pero potente componente ideológico, concursos como el Villa de Madrid abrieron paso a la joven cantera, Ordovás dio salida a las nuevas bandas en su programa de radio, y, de forma natural, nacieron nuevos sellos para sacar los primeros singles de estos grupos. Se abrieron salas, como Rock-Ola, que además de a Ramoncín, abrieron sus escenarios a bandas imberbes, que podían recibir los oportunos gargajos tan de moda en aquellos tiempos, pero también compartir cartel con Echo & The Bunnymen o Spandau Ballet. Más adelante, un interés político por destacar todo aquello como un paso de España hacia la modernidad dio como resultado un programa en la televisión estatal, «La Edad de Oro» (TVE), que además de dar difusión masiva (con sólo dos canales y sin mando a distancia no había guerra de shares) ha quedado como el mejor testimonio de la época. Pocos grupos de aquellos tuvieron carreras largas, y como herencia han quedado algunos discos disfrutables pero también mucha tontería, mirada con muy buenos ojos, y sin embargo, las crónicas ayudaron a darle el lustre que todo mito necesita.

Los 90 parece que están más claros. Indie(antes “música alternativa”) es aquello que salía en el «Generation Next Music» (1998) de Pepsi, ¿no? Bueno, aquel recopilatorio fue el primer contacto con aquella música que tuvimos muchos adolescentes, pero no hay que ser tramposos. Alternativo era lo que presentaba una alternativa a la música mainstream, aunque luego las marcas comerciales, siempre astutas, enturbiaran el espíritu inicial. Este fenómeno, más descentralizado que el anterior, tuvo epicentros esparcidos por la península. Sabemos que hubo un Xixon Sound, un Donosti Sound, que había escenas más o menos nutridas en Granada o Sevilla. Y también estaban Dover, que eran alternativos al principio, pero luego no, porque tuvieron éxito a partir de un anuncio de la tele, ¿no es así? Aunque eso también les sucediera a Australian Blonde, que eran un icono de aquella eclosión asturiana, junto a grupos como Penelope Trip, Los Locos de Paco Loco o Eliminator Jr. ¿Entonces, en que consistía la escena?

Fran Fernández, que lo vivió todo de primera mano, siempre dudó de que hubiera habido una escena real. Más bien eran unos pocos chavales interesados por nuevas bandas ruidosas, anglosajonas y americanas, como Ride, My Bloody Valentine, Dinosaur Jr. o Sonic Youth, referentes musicales que no compartían con la mayoría de la gente de su alrededor, lo que los animó a intentar hacerla ellos mismos. Esto posiblemente hubiera sido muy minoritario si no hubieran sido arrastrados por el fenómeno Nirvana, que al desbancar en las listas a Michael Jackson demostró las inmensas posibilidades comerciales de la música underground. Antes de eso, eran tan pocos que en Oviedo, uno de los dueños del bar Movie, que resistía desde del inicio de los 90 (recientemente cerró) me contaba que en esos años se acercaba a hablar con cualquiera que llevara una camiseta de The Pastels. El público era tan escaso que a veces sólo se iban a ver los unos a los otros; pero los propios grupos, a través de radios locales de escaso alcance, podían pinchar los discos que se traían de sus viajes a Inglaterra o directamente intercambiar en mano las cintas de cassette que grababan.

Así lo hicieron Tito Pintado o Ibón Errazkin, introduciendo nuevos sonidos, igual que hiciera Olvido Gara a finales de los 70. Estos fenómenos locales difícilmente se hubieran unificado si no hubieran existido fanzines como Malsonando, nuevos sellos, como Elefant o Acuarela, o concursos de maquetas como los de la revista Rockdelux, donde destacaron grupos como Los Planetas o Australian Blonde, aunque luego fueran premiados proyectos ignotos, como el grupo de hip hop Eat Meat. En aquellos primeros años, la prensa tuvo mucho importancia a la hora de apoyar a los nuevos músicos, valorando la novedad y el riesgo por encima de aspectos más discutibles. Una mirada crítica generosa dejó crecer a la bandas, haciendo la vista gorda ante plagios obvios, voces desafinadas, grabaciones apresuradas y letras muchas veces pobres.

Luego vino el tontipop. Eso también parece que fue una escena, ¿no? Y lo que les une está bastante claro, porque el nombre es delator: pop de tontos ¿o para tontos? Con la llegada de Meteosat cantando “Mi novio es bakala”, una horda de niños pijos dieron carpetazo al existencialismo abrasivo y la decadencia loser de los 90 saludando al nuevo milenio con ganas de diversión. Los recopilatorios de lo mejor del año, sin embargo, se llenaron sobre todo de canciones de herencia sixties y electropop de letras más costumbristas que bobas, influidas por Family y Los Fresones Rebeldes.

Aparecen grupos como Portonovo, Ellos, La Monja Enana, Me Enveneno de Azules, Mirafiori o La Casa Azul, muchos de los cuales tendrán una trayectoria breve, que a veces ni siquiera culmina en un disco. Pero radio y prensa, ansiosos de una nueva cosa de la que hablar, prestan atención a este “huracán de sensaciones pop, algo nuevo, diferente y muy moderno”, aunque no siempre los tratan con tanta amabilidad como a sus predecesores.

Hoy resulta curioso que por tontipop pasara, por ejemplo, un grupo como Astrud, que hablaba de “proyecciones mitopoyéticas” y hacían juegos de palabra con “lounge” y “Lynch” y que, con su pinta de empollones, más bien parecían los listos de la clase. Todo vuelve a ser confuso, pero lo que está claro es que, una vez más, parece que es una imprecisa etiqueta de la prensa la que actúa de aglutinante. La escena es fugaz y muere al poco de nacer, pero eso no es necesariamente un impedimento. Si uno lo piensa, más o menos eso duró el punk británico.

¿Qué pasó después? Pasa el tiempo sin que surja nada nuevo hasta que de repente, un polémico artículo de Rockdelux sobre las nuevas escenas de Madrid y Barcelona, (ignorando al resto de ciudades, por cierto) marcan un nuevo maridaje generacional. Los Punsetes en Madrid y Tarántula en Barcelona, con los sellos Gramaciones Grabofónicas y Producciones Doradas detrás, capitanean un nuevo relevo generacional.

Empieza a hablarse de Cohete y de Garzón, de Juanita y los Feos y de Decapante, de Za! y de Manos de Topo, de El Guincho y de Le Pianc. Pero, ¿puede haber escena entre grupos tan dispares? Si lo pensamos, el punk americano agrupó a Suicide y a Blondie, a Talking Heads y a Television, a Devo y a Patti Smith. Entonces, el nexo común fue una sala de conciertos, el CBGB. ¿Y aquí?

Pues no está claro, aunque hay salas en estas ciudades que se convierten en señeras, como es el caso de la madrileña Nasti, quizá la clave para entender comuniones tan eclécticas sea la influencia de Internet. Las canciones ahora se pueden oír de forma inmediata, sin necesidad de que exista formato físico, y los numerosos blogs musicales se encargan de pregonar las buenas nuevas y convertir algunas maquetas en vox populi. Puede parecer algo muy desmembrado, pero si hacemos un análisis más a fondo, si que puede decirse que hubo muchos nexos entre los grupos: conversaciones, colaboraciones, splits, conciertos compartidos, miembros que saltan de un grupo a otro. Las relaciones entre ellos son fáciles de rastrear, a través de los amigos que se exhibían en el entonces rutilante MySpace. Otra vez, aunque el germen real existe, es un artículo periodístico el que hace de cemento para que los oyente asocien algunos nombres.

Mi conclusión es que ese es el principal punto común en toda esta historia, las escenas existen si se hablan de ellas como tal. Son los cronistas los que convierten a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia espacio-temporal en una escena. Entonces, volviendo al principio e intentando responder a “indiegnado”, ¿existe aún esa absurda microescena en Madrid a día de hoy? ¿La hubo en algún momento? ¿La va a haber en el futuro? Supongo que eso dependerá de que alguien quiera contarlo así. Muchas de las personas de generaciones anteriores puede que frunzan el ceño, es ley de vida. También George Harrison dijo que iba a dejar la música cuando surgió el punk.

Si establecemos similitudes con otras escenas, haberlas, haylas. Hay un concurso de grupos revelación del festival Contempopránea donde aparecen en puestos destacados grupos como Rusos Blancos, Cosmen Adelaida, Los Ingenieros Alemanes, Alborotador Gomasio o Ed Wood Lovers, hay un bonito disco llamado “No Te Apures Mamá, Es Sólo Música Pop” (LaFonoteca, 2011) donde muchos de esos nombres se repiten, añadiéndose otros como Solletico, Los Autócratas, Raúl Querido o Betacam y un concierto de presentación de este disco, con un lleno absoluto de la sala Siroco y un centenar de personas que se quedan a las puerta. Hay un blog (y radio) como Aplasta Tus Gafas de Pasta, en cuyos recopilatorios y fiestas pueden rastrearse las primeras grabaciones y actuaciones de algunos de estos grupos, así como los primeros debates sobre la presencia o no de una nueva escena. Hay continuas colaboraciones y nexos, hay nuevas publicaciones, como Jenesaispop, que han dado cuenta, aunque tímidamente, de estas primeras andanzas. También es cierto que hay una repercusión de público aún pequeña.

Posiblemente, hay tantos argumentos para estar a favor como en contra. Al fin y al cabo, la mayoría ni siquiera hemos publicado aún un disco largo, a pesar de que casi todos nos acercamos o superamos la treintena. Esto, al fin y al cabo, también puede ser el espíritu de los tiempos. La repercusión a la larga está aún por ver. ¿Alguien se acordará de todo esto? ¿Alguien se encargará de alimentar el mito? Vete tú a saber. Hagan sus apuestas.

Cuando alguien se ha preparado en un campo determinado o tiene aptitudes para algo concreto es más que razonable que aspire a poder desarrollarse profesionalmente hasta poder vivir de ello. Cierto es que tal y como están las cosas uno parece incluso tener que agradecer el tener un puesto de trabajo, pero no hace demasiado tiempo estábamos acostumbrados a oír esta frase en distintos ámbitos. ¿Y en el musical? Es de suponer que alguien que cultiva una pasión tan grande por la música habría de dejarlo todo si tuviera la más mínima oportunidad. ¿Seguro? ¿Aun teniendo un trabajo bien remunerado y/o que nos gusta? ¿Es esto posible o simplemente irreal? Nos ceñimos, por supuesto, a lo que todos conocemos como escena independiente, porque como bien indica Saray, de Hazte Lapón, oncóloga, a pesar de los pesares «a David Bisbal no le va nada mal, la verdad».

Anntona, de Los Punsetes, productor audiovisual, no lo duda: «Me encantaría probar, al menos uno o dos años, aunque no creo que me alejara del todo de mi trabajo, que me gusta bastante». Tampoco parece pensárselo demasiado Marc, publicista y diseñador gráfico al frente de uno de los grupos revelación del año pasado, Doble Pletina: «En caso de que me alimentase, sí». Ahora bien, ¿es esta pretensión básica posible? Anntona es rotundo: «No. Apostaría a que el 90% de los grupos que te gustan actualmente no viven de la música. De hecho estoy seguro que un buen 70% de ese 90% pierde dinero haciendo música».

Bueno, pues voy a ello. Rodrigo de Triángulo de Amor Bizarro, uno de los grupos más punteros de nuestra escena, define la situación como para ir tirando y con suerte: «No ves ningún futuro a largo plazo, pero vas haciendo cosas mientras dure». Marina de Klaus & Kinski, autores ya en febrero de uno de los discos del año, nos muestra un panorama mucho más desalentador: «Imposible. No sé dónde está el punto, pero vivir con lo que nosotros facturamos, no se puede».

Una de las claves la apunta Guille Wild Honey, quien también trabaja en el sector audiovisual: «Creo que no existe una red profesional real. La clase media es inexistente, pero es un problema estructural; no hay ni público, ni circuito de salas consolidado, ni una idea de explotar música de manera seria, por ejemplo, en el extranjero». Hugo de Prisma en Llamas y Margarita, diseñador gráfico, cree que el problema es endémico: «Este país siempre ha funcionado de una manera un tanto oscura frente a la cultura». El reivindicativo Raúl Querido, empleado en las oficinas de una conocida cadena de televisión, va un paso más allá y apunta a la Administración sin exculpar a la sociedad, de la que por cierto, todos formamos parte: «No deja de ser una manifestación de fenómenos bastante generalizados en nuestro entorno, como la dejadez y el enchufismo de la Administración, el nepotismo extremo de prácticamente toda la sociedad y la habitual falta de aprecio por la cultura o las formas de ocio que se salen un poco de lo habitual».

En los casi tres años que estuve viviendo en Londres, pude observar que, al igual que aquí, tan sólo se fantasea con la posibilidad de vivir de la música. La competencia es brutal y las cifras que se mueven ahora nada tiene que ver con las de antes. Pero a diferencia de España, sí que parece existir un tejido industrial que lo hace factible. Guilhem Fraisse, nuestro técnico de sonido en los conciertos que organizábamos allí nos contaba que era poco menos que imposible llegar. Pero también nos contaba cómo su grupo Black Cherry iba a tocar en Glastonbury el verano siguiente. No hace falta ser muy espabilado para saber que la proyección que te da tocar en Glastonbury, aunque sea a las cuatro de la tarde, no es la misma que la que te da tocar en el Contempopránea… pero, ¿y en el Primavera Sound o en el FIB? ¿Tanto nos cuesta vender nuestros productos al exterior? Si atendemos a la repercusión que tienen nuestros vinos o nuestro aceite fuera de nuestras fronteras, la respuesta parece clara: sí. Volviendo a la música, que aún Latinoamérica siga siendo un terreno por explorar es bastante sintomático; como lo es que el mismo grupo de Guilhem, a pesar de las artimañas de las que se sirviera su manager para conseguirlo, haya logrado ya girar por Estados Unidos o, sin ir más lejos, que un grupo como A Grave With No Name, a quienes ví en un pubeto junto a otras veintipico personas más, vayan a tocar en La Boite en Madrid la semana que viene. ¿Hechos aislados? Me temo que no. Los grupos anglosajones están más acostumbrados a girar, y en numerosísimas ocasiones, aunque nos escueza aceptarlo, esto se sigue percibiendo encima del escenario.

¿De veras no hemos mejorado nada en todo este tiempo? ¿Tan malos emprendedores somos? David Rodríguez (La Estrella de David), que lleva en la brecha desde la eclosión del indie en España, nos confiesa que es profesional por accidente: «¡Y que dure! En los 90 ni por accidente ni por hostias. Ahora, claro, estoy al borde de la miseria. Pero bueno, como la mayoría de los españoles». Parece, por tanto, que algo vamos aprendiendo porque, dicho sea de paso, estos accidentes cada vez son más frecuentes; aunque también lo es que muchos respondan, como bien indica Lolo de Hazte Lapón, psiquiatra, al hecho de entrar en un círculo de influencias y reconocimiento: «Evidentemente, esto sólo está al alcance de algunos grupos. Por eso hay gente que ha tocado veinticinco años y está viviendo de la música ahora, cuando sus amigos y colaboradores han constituido el circuito que domina la programación de festivales».

Entonces, si eso de que el directo era lo que iba a salvar a los músicos de la crisis discográfica era mentira, ¿ahora qué hacemos? Según Raúl Querido, la solución a corto plazo pasa por la especialización en actividades relacionadas: «Difícilmente se puede vivir de los directos, pero al menos creo que se debería poder vivir de las actividades de corte profesional y especializado relacionadas con lo anterior: produciendo buenos discos, organizando buenos directos… Está por ver». Eso mismo pero en otro marco laboral es lo que indica Guille: «El tiempo y el esfuerzo que le puedo dedicar a la música es muy limitado. Dejaría mi trabajo si pudiera tener perspectivas de hacer algo relacionado con la música pero en una industria real, algo tipo hacer música para televisión o publicidad».

Está claro que uno los factores que preocupan a nuestros entrevistados a la hora de plantearse pegar el salto es la inestabilidad económica. Marc asegura que «como cualquier autónomo, no tener garantías de cobrar en un futuro ni un sueldo fijo al mes» serían algunas de las principales contras, aunque como bien indica Raúl «hablar de estabilidad laboral es ya casi utópico». Laura, también en Doble Pletina y profesional de uno de los sectores más sumidos en la crisis, la arquitectura, piensa al respecto: «Vivir de la música en España es muy difícil, como lo es vivir de cualquier profesión hoy en día en este país. Si pudiera vivir de la música estaría seriamente preocupada por mi futuro laboral, del mismo modo que lo estoy ahora». En este sentido, Rodrigo dice estar contento con la decisión tomada: «Nada nos asegura, tal y como está el panorama, que si hubiésemos continuado en los trabajos que teníamos antes estuviéramos mejor económicamente que ahora».

Dejando de lado el aspecto pecuniario y atendiendo a exigencias creativas, entramos en un terreno repleto de interrogantes. Raúl Querido afirma que dejaría su profesión por la música, con matices: «No me convence enfocar mi faceta como compositor e intérprete de manera profesional, por lo que ello impone de servidumbre creativa». Lolo incluso ve sus ventajas en el hecho de no vivir de ello: «Puedes imponer tu propio ritmo y ser totalmente selectivo con tu propio material. No sentirte en la necesidad de hacer canciones para un público masivo permite también hablar de todo cuanto quieras». La música convertida en trabajo; Jaume, de Doble Pletina, ingeniero ferroviario, sentencia: «Mejor no mezclar negocios y placer». Incluso para otros, como Saray, la música no es más que un hobby: «Si la música me diera para vivir dejaría de ser atractiva para mí». Eso sí, un hobby al cual se le dedica mucho, mucho, pero que mucho… tiempo. ¿Compensa la pechada?

«Lo bueno es que tu música no se ve afectada nunca por temas comerciales y económicos. Hay libertad absoluta. Entiendo que cuando vives de ello hay una parte que implica hacerlo con miras comerciales y eso puede afectar un poco a tu creatividad. Eso sí, hay que hacer malabarismos con la organización de tu tiempo. Pero esto se vive con alegría», dice Hugo. Para Lolo, hacer música es un forma de vivir: «Yo no podría dejarla hoy y dedicarme a mis pacientes como si nada. Incluso para la música más minoritaria hace falta una dedicación y una constancia que nada tienen que ver con un hobby al uso. La música es una forma de vida».

El tiempo, la hora, ¿¡qué hora es!? Dilucidamos de todo este embrollo que poderse dedicar a la música en exclusividad también tiene sus ventajas. Rodrigo no se arrepiente: «Hacemos lo que queremos, a nuestro ritmo y no tenemos jefe, y en cierta medida dependemos de nosotros mismos». Anntona abre la caja a un universo de posibilidades: «Supongo que si me dedicara plenamente a la música lo haría todo mejor: tocaría mejor, compondría más, cuidaría más los directos y los discos y sería algo más ambicioso en general». ¡Qué desazón! ¡Qué de potencial desperdiciado! Pronto nos alivia de este sufrimiento: «Ninguna de esas cosas está garantizada, al menos en mi caso».

¿Está entonces nuestra música condenada a ese amateurismo que tanto nos gusta según qué propuesta? Lolo replica: «Cuando Faulkner escribía mientras trabajaba en un prostíbulo, ello no le convertía en un amateur. Cuando la música es un simple entretenimiento no funciona, se nota porque se extingue ella sola». ¿¡Se va a extinguir la música!? «Si tuviera que volver a trabajar en otra cosa, pues tampoco pasaría nada. Música voy a seguir haciendo siempre». Me quedo más aliviado tras estas palabras de Rodrigo. La única certeza es que el trabajo no nos hará libres.

Dicen que el amor es el motor del mundo. El Eros, como señalaba Freud, es el instinto que, sublimado, da lugar a las más elevadas artes. Pero claro, no es él único sentimiento en el mundo. En lo musical, el amor ha sido el tema más recurrente, pero justo es decir que los anglosajones han coreado himnos que nada tenían que ver con corazones rotos y anhelos sentimentales. Temáticas como la perdida de la fe, la diferencia de clases o la vacuidad de la música electrónica han sido material para hits tan indiscutibles como «Losing my religion», «Common People» o «Panic». El asunto de las letras en el pop y el rock español, sin embargo, ha sido escasamente revisado. Críticos y oyentes a veces han manifestado un cierto conformismo con esta cuestión, desviando el análisis hacia otros aspectos de la música, y dando el visto bueno siempre que la letra no acabara directamente cargándose la canción.

Tal es así que en los 90 se llegó a ver el curioso fenómeno, no sólo del viraje a un inglés deficitario y de temáticas burdas; sino incluso que algunos grupos ni siquiera cantaban en ese idioma, y simplemente balbucearan un fraseo sin sentido que imitaba su dicción. Los pocos grupos de los 90 que rompieron desde el inicio con esa tendencia, solían solucionar el problema enterrando la voz en el sonido hasta hacerla prácticamente ininteligible, caso de Los Planetas o Sr. Chinarro, o tiraron por una suerte de surrealismo críptico, como hicieron El Niño Gusano. Hay algo evidentemente entrañable para nosotros, oyentes, en todo esto, que nos hace mirarlo con ternura y nostalgia. Sin embargo, no parece que los propios artistas sean tan benevolentes. Curiosamente, la mayoría de ellos han avanzado a lo largo de sus carreras hacia una música donde las letras se hacen cada vez más claras, las voces se oyen cada vez más altas, y se reniega un poco de esos primeros discos, que han acabado por convertirse en una especie de huella incómoda.

Sin embargo, no hay que desdeñar la identidad lírica que muchos grupos han conseguido en su manera particular de enfrentarse al escollo del texto. Las letras de desamor y resentimiento, en un lenguaje llano y certero, tan típicas de Jota de Los Planetas, por ejemplo, han acabado siendo una seña de identidad innegable. El problema quizá viene cuando aparecen sucedáneos que se agarran a esa temática como la única posible y, quedándose en lo superficial, acaban haciendo cada vez peores copias de la idea original. Afortunadamente, algunos heterodoxos de las letras de pop y rock español nos han enseñado que hay un camino más allá del amor, el lamento y la deriva existencial, y que ese camino no pasa necesariamente por el hermetismo, la poética vacía y la vaguedad argumental. Con esta excusa voy a repasar en diez nombres lo que para mi representa esa manera de entender el texto como algo narrativo y abierto a los más improbables temáticas.

Vainica Doble: Vainica doble es, sin duda, uno de los más extraños casos que se ha visto en esta tierra. Santonja y Van-Aerssen eran capaces de hacer una canción a una funcionaria («La funcionaria»), reclamar con psicodelia cañí los productos de la tierra («Déjame vivir con alegría») o abrir un disco con una amarga canción sobre una amistad decepcionante («Réquiem por un amigo»). En su lírica, los refranes y la terminología popular conforman un mundo tan personal e intransferible como sus giros y armonías vocales.

Mecano: Cuesta creer ahora la popularidad que alcanzó un grupo que a veces dedicó sus canciones a las temáticas más marcianas. Su primer éxito estaba inspirado en una resaca («Hoy no me puedo levantar»), pero no sólo eso, también fueron capaces de cantar a cementerios («No es serio este cementerio»), perras astronautas («Laika»), y excéntricos personajes («Dalai Lama», «‘Eungenio’ Salvador Dalí»). En las canciones de Mecano cabe desde la frivolidad esteta («Maquillaje»), a la trascendencia naïf («El fallo positivo»), pasando por el cuento gótico («Hijo de la luna»).

Antònia Font: Los mallorquines llevan colgada, casi desde el inicio, la etiqueta de exquisita rareza. Por cantar en mallorquín sin sonar a cançó catalana, por inspirarse casi exclusivamente en otros heterodoxos como Jaume Sisa, y por meternos en un mundo extraño, lleno de astronautas rimadores, robots con sentimientos, alpinistas-samurais, iglús y batiscafos. Con esa materia prima cocinan fantásticas historias, instan a los alienígenas a hacer una visita turística a este planeta de polvo y de mierda que es la tierra («Extraterrestres») o dedican una canción entera a las ocurrencias de su compositor, Joan Miquel Oliver, cuando está aburrido con un papel delante («Wa yeah!»)

Single: Quizá la depuración definitiva de la manera de entender la música de Ibón Errazkin, el hombre que creó el, posiblemente, primer grupo indie de la historia de España. Single es un grupo de barroquismo marciano, capaz también de hacer canción de cualquier cosa. Con ese estilo narrativo que bordea lo relamido para alcanzar lo genial, igual hacen una oda al trino de un pájaro («Pio Pio»), al amor platónico entre un perro y su dueña, desde el punto de vista del perro («Mi perrito librepensador») o la eterna procrastinación de dos amantes («Posponías»).

Airbag: Aunque gran parte de su repertorio encuentra la inspiración en las historias de amor y desengaño post-adolescente, hay otro grueso de las canciones de punk pop de la banda que encaran las temáticas más freaks. Han dedicado varias canciones a sus películas favoritas, como a «La Matanza de Texas» (Tobe Hooper, 1974) –«Familia de subnormales todos locos»-, a «El Resplandor» (Stanley Kubrick, 1980) –«El resplandor»– o «La Mujer Explosiva» (John Hughes, 1985) –«Ciencia explosiva»-, suelen hablar de cómics, videojuegos y ciencia ficción y han dedicado sus singles más exitosos a temas como el suceso de Roswell («Roswell 1947») o la mafia rusa («Mafia rusa en la Costa del Sol»).

Los Punsetes: El sarcasmo y el humor retorcido de Los Punsetes supuso un soplo de aire fresco para el panorama nacional. Lo que ha marcado la diferencia de su monolítico post-punk han sido sus particulares letras. Tras sorprender con un himno dedicado a la excesiva presencia policial en la noche de Malasaña («Dos policías»), han tenido palabras para la gente que mira en los accidentes («Accidentes»), los tipos que observan con asco a las parejas («Queridoalberto») o la tendencia de la naturaleza al desastre («Lo natural»). Entropía y misantropía, solo ellos podían hacer un estribillo mandando a tomar culo a tus amigos («Tus amigos») y conseguir que se coree en las discotecas.

Ornamento y Delito: Tan oscuros como Los Punsetes, pero sin recurrir al humor, o haciéndolo con tanta seriedad que no se le ve la gracia a la cosa. Ornamento y Delito presentan los temas más escabrosos con una crudeza que hiela la sangre. Así, adolescentes violentos («Policía»), licenciados abúlicos («Beñat») y ciudades corrompidas («Madrid») pueden ser objeto de un frío análisis, que revela lo grotesca que es la realidad cotidiana. Como la rara avis que son, pueden permitirse sacar un single («Bono es Dios») en que a través de una anécdota personal, abordan el origen de la gente que hoy copa el establishment musical.

Klaus & Kinski: Los murcianos han definido su peculiarísima personalidad no sólo a través del eclecticismo, sino también a través de sus textos. Así, pueden retorcer los refranes («Ojo por diente», «Lo que no cura mata»), dedicar un bolero a Mengele («Mengele y el amor»), hacer un charlestón político-económico para Bakunin («Carne de Bakunin») o darle sabor folk al lamento de un niño lleno de miedos («Mamá, no quiero ir al colegio»).

Raúl Querido: Conocido por su incontinencia creativa y por haber dedicado canciones con sorna a Christina Rosenvinge, Amaia Montero, Antonio Luque o Mai Meneses, entre otros, la canción para Raúl Querido es una libreta abierta a cualquier tipo de reflexión. Detrás del humor cafre y punk («Sostres Sostres», «NNO, Nana del Nuevo Orden») suele haber una provocación con enjundia, pero ante la tentación de leerle sólo en clave de postmodernidad, es recomendable acercarse al Raúl más reflexivo («Reinventar el domingo», «Invierno perpetuo») donde las inquietudes personales alcanzan una franqueza devastadora.

Astrud: En ese arte de hacer canción de cualquier cosa, nadie ha alcanzado un nivel tan depurado como Astrud. Todos los temas valen, desde un niño que acaba de enterarse de que no existen los Reyes Magos («Son los padres»), a las deletéreas personalidades de los poetas patrios («Nuestros poetas»), pasando por la añoranza de un bar que cerró («Acordarnos»). Salen victoriosos de casi cualquier reto, ya sea cantar a la grabación de un CD casero («CD»), dedicar un pasodoble a un chiste sobre la personalidad española («Hay un hombre en España»), abordar lo decorativo de las ansiedades neuróticas («Miedo a la muerte estilo imperio»), hacer una canción sobre afirmaciones que se hacen y se deshacen como si fueran un dibujo de Escher («Me desdigo») o dedicar una letra a la última vez que se hacen las cosas («La última»). Las canciones parecen hacer de diván para las angustias y fantasías de Manolo, y hasta cuando habla de amor, lo puede hacer de las maneras más exóticas, por ejemplo, con Noam Chomsky protagonizando un improbable idilio por la red («Noam Chomsky»).

El camino de los heterodoxos no acaba aquí, claro. Canciones de bandas nuevas como «Cruzo los dedos» de Doble Pletina, que aborda la desidia de una ciudad que se vuelve cada vez menos excitante, «Trovadores» de Solletico, que repasa la evolución de la música cantada a lo largo de la historia o «Sentido y referencia» de Los Lagos de Hinault, que analiza una conversación trivial desde distintos focos, son buenos ejemplos de que hay aún espacio y talento para salir de la obviedad a la hora de hacer una canción. Parece que sí, que hay vida más allá del amor.