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Kétchup / Las Rodilleras
Kétchup / Las Rodilleras

 

Pulverización de cristales en el suelo de la cocina. Se te ha caído un vaso, que no ha dudado en deshacerse en pedazos de todos los tamaños al llegar abajo. Te agachas para recogerlos, pero con uno de ellos te pinchas y de la yema del dedo asoma una gota de sangre. Te quedas mirándola unos instantes, atraído por ella como por las llamas de un fuego, antes de llevarte el dedo a la boca y succionar la dulzura del tibio fluido.

La imagen de la sangre nos lleva a pensar en un vino denso, pimentón líquido, cerezas licuadas, kétchup a borbotones. Ay, el kétchup… El kétchup tuvo que existir porque las patatas fritas pedían a gritos chapotear en algo. Su historia incluye ese punto de genialidad que diferencia una creación de otra: tiene como origen al ketsiap chino, una salsa picante que acompañaba el pescado y la carne pero que no incluía el tomate entre sus ingredientes, algo que se ocurrió al señor Heinz. Desde entonces, kétchup y sangre han convivido juntos como símil. La de kétchup que sale en una película, decimos, cuando tiene escenas con mucha “sangre”. Bien lo sabe, por ejemplo, Peter Jackson, que dirigió una de las cintas consideradas más sanguinolentas de la historia del cine —Braindead (Tu madre se ha comido a mi perro)— y que parece rodada durante una tomatina de Buñol.

El kétchup con patatas fritas es infancia pura. Una niñez que no se nos ha borrado; continúa en nosotros. Es un plato tan ligado a aquella época de nuestra vida como las rodilleras que nos cosía nuestra madre para alargar la vida de los pantalones o las que nos poníamos en el patio del colegio para no desollarnos las rodillas cuando nos tocaba de portero. No llegaremos aquí al extremo de Paquita la del Barrio, que en una de esas canciones suyas rebosantes de resentimiento recomendaba a su expareja unas rodilleras para que las usara con su propia madre si se ponían ambos en determinada posición. Nos quedamos con otras Rodilleras, el trío de chicas que residían en Londres cuando grabaron Horror Pleni (Disundead Records/Cruda Realidad, 2009). El álbum es un catálogo de garage-punk truculento y onda siniestra, cobijado bajo el espíritu de The Cramps. Gore musical, podría decirse, ya desde los títulos de algunos de los temas: Festín caníbal, Roja como la sangre, Sosa cáustica u Homicida. En esta última, nuestra favorita del disco, cantan: “Llevo dos muertos en el maletero / soy una homicida total”.

 

Atención, la salsa de tomate casera, cuando hierve, es tremendamente bulliciosa y escandalosa. A poco que no tengas cuidado con las tapaderas, paredes, encimeras y puertas de armarios lucen como si se hubiese cometido un asesinato en la cocina. Y pueden tomarte por un asesino en serie, por el carnicero de Milwaukee, por otro homicida total.

 

Twitter: @goghumo

La Polla Records anunciaba el mes de marzo pasado a bombo y platillo, convocando a los medios en el Wizink Center de Madrid, que volvía a la carga. Se celebraban los 40 años transcurridos desde que empezaran a funcionar en su pueblo, Agurain – Salvatierra (Álava), pero como confesaban abiertamente, el tratar de tener controlados los derechos digitales de su repertorio es lo que, finalmente, desembocó en que terminaran subiendo a los escenarios. Fueron, sin lugar a dudas, uno de los nombres destacados de lo que vino a denominarse Rock Radikal Vasco, cantando en sus letras las verdades como puños que atraparon a toda una generación y que les convirtieron en embajadores de excepción de lo que se cocía en el norte. La vuelta del grupo vasco coincide además con la activa promoción del libro que su cantante, Evaristo Páramos, ha escrito recogiendo anécdotas a lo largo de su trayectoria con la banda: «Qué Dura es la Vida del Artista» (Desacorde, 2018).

Con motivo de todo el despliegue informativo suscitado, tuvimos la ocasión de acudir tanto a la rueda de prensa como de entrevistarlo cara a cara en la cafetería de un hotel situado en la zona de Callao de Madrid. Le preguntamos acerca de su trayectoria con La Polla Records, por muchos de sus discos, los comienzos… El resultado de aquel encuentro quedó reflejado en el número del mes de junio de 2019 de la revista Ruta 66, y en nuestra sección de Punk, ¿Qué Punk? la incluimos en su totalidad, sin los inevitables recortes que impone la edición impresa.

Evaristo llega saludando amable a los que le esperábamos. Venía, nos cuenta, de Radio Marca donde ha estado con unos “mariachis” deportivos llevando su bufanda del Celta de Vigo. La conversación comienza pues con la conexión con el equipo de futbol gallego: “Mostovoi dijo cuando habían salido rumores de que el Madrid lo quería dijo que él por venir al Real Madrid era capaz de venir de Vigo a Madrid caminando”.

¿Eso os dolió a los celestes?

A los celestes no sé pero a mí sí. Yo desde que la tele era en blanco y negro me di cuenta que para el Madrid siempre hacían trampas. Eso es algo que a mi nadie me va a quitar de la cabeza porque lo vi yo, que era un niño inocente y me traumatizó.

Háblanos por favor de los comienzos, ¿Qué supuso la edición de «Salve» (Soñua, 1984) ?

Recuerdo empezar a ir a tocar a un montón de sitios. Que venían a llamarnos al local para tocar, que no teníamos que ir nosotros a ver si había algún hueco para tocar. Todo empezó ahí. No había entonces internet, pero ya entonces entre los colegas y conocidos nos decían que nos habíamos vendido. Éramos Los Polla Ricos y Los Peseteros.

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Evaristo durante la entrevista que mantuvimos con él (Foto de Alba G. Nogales)

El Salve nos abrió las puertas para 30 ó 40 festivales. Ahí empezamos a tocar y no volvimos a parar nunca.

En su libro «Flores en la Basura» (Hilargi, 2004), Roberto Moso, el cantante de Zarama hablaba de la rivalidada (sana) que tenían con Hertzainak. De igual manera, se podía entender entre líneas, que siempre se veían obligados a demostrar que no eran una banda blanda en comparación con vosotros. ¿Notabais este tipo de competición?

No lo veo yo como para tanto. ¿Por tener que defenderse que eran más moñas quieres decir? Ellos se vieron metidos en los grupos llamados punk, y eso no es más que un nombre ¿no? En los primeros tiempos había una variedad inmensa. Estos que había que no sé cómo se pronuncian, los Undertones, que el tipo tenía una voz que parecía una chica de la voz tan fina que tenía (hace una especia de falsete con la voz) y luego le veías y era un mandíbula, quiero decir que no era guapo el chaval, y el grupo era muy bueno, a mi me parecían super punk. Incluso mogollón de punkies que yo he conocido estábamos con esa guitarra blanda desde los Ilegales (imita el sonido de la guitarra). Todos estábamos meneando allí el pie en los bares a las 4 de la mañana con los Ilegales, que no eran punkies ¿vale? Así que todo eso es una tontería. Para mi el concepto de punk es muy amplio. Había un grupo Wire que tenía un disco «Pink Flag» (Harvest, 1977) que tenía canciones muy largas, muy pesadas, otras de más de un minuto que estaban muy bien

Bueno R.I.P. hicieron precisamente una versión de ellos; el «Txapelgorri» era en realidad su «1 2 X U»

Pues claro, a ver qué te piensas, nosotros éramos de pueblos del Norte pero no éramos tampoco giles; que nosotros oíamos las cosas. Éramos grupos que íbamos a conciertos o festis y siempre estábamos hablando con todo el mundo, veíamos a los demás grupos y luego tocábamos nosotros… Entonces sí teníamos fuerza para eso y para más, igual ya no. Y hablabas de todo y te decían ¿Y cómo siendo punkie no conoces a estos? Pues yo qué sé, lo de punkie no sé y lo de no conocerles, pues tampoco. No les conozco ¿qué problema hay? A mi me gustaban los Pretenders e Iggy Pop.

Con los que sí tuvisteis alguna movida fue con Eskorbuto.

No tuvimos movida. Tengo en mi libro un capítulo en el que no lo hago explícito pero sí que dejo claro que no quiero más preguntas sobre el tema. ¿Por qué? Pues porque las canciones de Eskorbuto me merecen mucho respeto, la mayoría, y de los tres de Eskorbuto dos están muertos y uno viajaba aparte. No quiero más polémicas ni discusiones de internet ni decirte que «El Albardao» no está dedicado a ellos (Nota: Evaristo se refiere a «El avestruz» contenido en «Donde se Habla» (Ohiuka, 1988)). «El Albardao» es una versión de los Boys que nosotros escuchábamos mucho en nuestro bar de Agurain. Teníamos un colega en el bar, el Malcon, el Mariano, al que le decíamos en el bar: “Pon la de los Boys”, y nosotros nos poníamos a cantar “Albardao” (lo canta) y entonces él de tantas veces de ponerla nos decía “Teneis que ponerle letra”. La letra de esa canción la puse para mi mismo, porque yo no salía de casa porque me ponía como un Cristo, y estaba todo emparanoiado con las persianas bajadas y había mucha luz en la calle y no me atrevía a salir. Que luego la mítica y toda esta mierda que digan que yo le saqué esa canción a Eskorbuto…¡Es una bobada! Y que te lo diga parece que suena a que me estoy justificando. Si pones esto pon también por favor que: “¡Mierda para todos!”

¿Dedicabas uno de los capítulos de tu último libro a Josu o Juanma?

Era una conversación que tenía pendiente. Un día voy a sacar un libro entero con mi padre, que con ése tengo más. Se me ocurrió para poder hablar con él. Nada más. Paso de insistir más. Porque una cosa insospechada que me ha ocurrido en la vida es que tengo casi 59 años, una cosa que yo no me esperaba para nada. No esperaba llegar, yo me tenía que haber muerto mucho antes, técnicamente y según todas las estadísticas, me tenía que haber muerto hace bastante. Pero bueno como no me he muerto me estoy dando varios gustos y quitarme varios pesos de encima. Más que pensar en el futuro, no sea que no te mueras y tengas alguna cosa que hacer. Y yo tengo cosas para hacer hasta los 120 años seguro, ojalá llegue pero con la mente en condiciones. Me da igual lo del follar y eso, son pequeñeces, eso al final se acaba.

La verdad es que, al final, la etiqueta de Rock Radikal Vasco no estaba tan mal traída.

Sí sobre todo el chaval que lo escribió, convenció al Egin para que sacara cosas de rock. Ahora ya no ocurre pero en sus momentos había unas diferencias técnicas muy gordas entre la juventud drogada y la juventud revolucionaria.

¿Notasteis vosotros ese cambio de actitud de la izquierda abertzale?

Nosotros menos. A ver, gente para los que no éramos santos de su devoción nos llamaba para que tocáramos en sus conciertos porque iban a vernos 1200. Lo tenemos clarísimo, yo y todos los demás: “Mira nos llaman por esto”. Pero no sólo ellos, los del gaztetxe, los de por la insumisión… A ver, que eso no invalida las causas, todo lo que estaba haciendo esa gente, era super válido. Pero nos llamaban para eso, no querían abrazarnos, ni conocernos, ni nada hijos de puta (Simula llorar) ¿vale? En realidad, nosotros les importábamos una mierda.

¿A vosotros os vino bien el ser de pueblo?

Sí, sí nos salvó la vida. Primero nos juntamos los que nos juntamos porque no había más en el pueblo, y si hubiéramos sido por ejemplo de Gasteiz ya no nos hubiéramos juntado los cinco mismos. Probablemente se hubieran juntado el Abel y el Fernandito que eran primos y los otros tres hubiéramos estado cada uno en otro grupo. Hubiera habido cuatro grupos de cinco tíos, caso que los demás hubieran querido hacer un grupo. Yo lo tenía clarísimo.

Hay gente a que le ha pasado, que ha intentado hacerse un grupo y no ha encontrado con la gente adecuada, el momento no era, lo que cantaban tal, se les ocurrió otra movida y les salió para allá.. Lo que fue ocurrió porque ocurrió, no era una estrategia planeada, una cosa que dices pues pasó., yo me alegro enormemente de que me pasara a mi.

¿Entonces Jamaica no era puro ska? ¿No os gustaba el reggae y al ska?

Hombre aquella del “Perro salvaje” con lo de “corre la sangre...”.

Hombre pero eso no era precisamente ska ¿no? “Perro salvaje” era una canción impresionante de las que te pone los pelos de punta..

Perro salvaje” era yo mismo con esa juventud que tenía.

Foto de Alba G. Nogales

¿Entonces no compusisteis el tema en contra de todo aquello que se vino a llamar el Euskadi Tropical?

Nunca le dimos mucha importancia a aquello. Bien estudiado tampoco me suena que haya habido oficialmente una dictadura oficial en Jamaica. No, no tiene nada que ver con la Euskadi tropical. Hubo un momento eso sí que se puso tan de moda el reggae que nos tocaba las narices. Pero en serio ahora todo eso lo veo como errores. Teníamos la de “Muy punk”, muy bien, pero luego teníamos una, “Gilimetal”, que luego se cambió de letra (Nota: es muy probable que la canción derivase en “Confusión”), la de “Stupidjaus”, y al final parece que eres un telediario. Veo tonto que estuviéramos haciendo esas tontadas. ¿Cosas de las que me arrepiento? Pues no porque era yo, pero son cosas que no están bien, una tontería, perder energías en chorradas.

«Donde se habla» (Oihuka, 1988) me parece un disco espectacular. Todas las canciones girando en torno a animales, una canción compuesta con historias de William Burroughs sacadas de «El Exterminador» (1973) …

Sí claro, ¿cómo se llama eso? Un disco conceptual. Me estaba leyendo «El Nombre de la Rosa» (1980). Sí lo de Burroughs, ¿quieres creerme lo alucinante que fue leyéndome eso a la primera vez que quedó como si estuviera preparado?

Pero entonces ¿no estabas leyendo el libro? ¿Cómo se decide meter aquello, que por cierto no se dice en ningún lado en la información que dais en el disco?

Eso se me ocurre a mí. Sí sí claro que lo había leído. Ese libro todavía lo tengo en casa, se me salen todas las hojas. Lo tengo debajo de otros libros para que no se me salgan. Se nos olvidaría decir que era sacado de allí porque, mira en la de los Boys que hablábamos antes, siempre hemos intentado hacer lo correcto porque nunca hemos sido manguis.

Fue que se me metió a mi en la cabeza y no le dije a nadie nada. Era un capítulo en el que hablaba del máximo control, el mínimo esfuerzo etc si no lo piensas, va directo. El otro, sí, “El advenimiento del héroe púrpura”, es un rollo que mira ahora Donald Trump. Burroughs, ése sí que era un visionario y luego sabía de drogas la ostia.

Luego hablais de lesbianas, del ama de casa que se siente ninguneada, de homosexuales…, algo no muy habitual en su momento

Los amigos del hórreo me querían matar. ¿Pero cómo dices eso? Pues no haberlo hecho. El tema era que yo me tenía pensados los temas antes de que tuviéramos las canciones. Después adjudiqué un tema a una canción y luego me tiré 36 horas de anfetaminas de la buena. ¿Tú sabes lo que es tener estas orejas salidas y ponerte unos cascos de la época durante 36 horas y quitártelos sólo para mear? De ir y venir al baño sale la de “Confusión”, que no es ningún animal. Era yo un poco adornado, porque en realidad no es que hubiera gente o que no supiera dónde estaba. Sabía que estaba en mi casa y que no había ni Dios en casa.

Es un disco con mucho de atmósfera, no te voy a decir lisérgica, pero sí de drogas, hospital, medicamentos..

Claro imagínate, 36 horas sin dormir. Quería sacar el sueño, la locura..

Si lo piensas, «Salve» (Soñua, 1984) fue un poco la explosión, «Revolución» (Soñua, 1985) es como querer llegar más allá, vivía por entonces en Gasteiz y me tocó toda la movida de Hala Bedi

Evaristo
(Foto de Alba G. Nogales)

¿Es el más político?

Sí, querer llegar más allá. El «No Somos Nada» (Txata, 1987) fue un poco por “Vosotros sois anarquistas, vosotros sois comunistas” uff frena. Era un intento de eso, que también decir, no somos nada, me puedes responder ¿qué mierda me cuentas? Yo mismo respondería eso, ¿y a mi qué coño me impora? como Ella Baila Sola ¿y qué? ¿Qué me quieres decir? Y con «Donde se Habla» era demostrar que nos salíamos por todos los lados. Al final se ha demostrado que no en realidad el escorpión no se pica a sí mismo cuando se ve rodeado de fuego, pero bueno.

¿Tienes un disco preferido de La Polla?

Pues ése es uno y «Toda la Puta Vida Igual» (GOR, 1999) es otro.

¿Y del Negro -«La Polla Records» (Oihuka, 1992)– renegais?

No, no renegamos pero es que quisimos hacer como un grupo de rock consolidado, con canciones de mayor minutaje un rollo así. Por eso el Negro no se titula así, sino Corporation Consolidated, como las empresas americanas.

Pero canciones como «Europa«, «Capitalismo«… son impresionantes.

Tiene unas cuantas sí.

EntrevistaEvaristo
Un momento de la entrevista (Foto de Alga G. Nogales)

 

Algunas letras de ese disco, como “Es cojonudo que uno pueda decidir, dentro de un círculo y sin poder salir” son también de las mejores de vuestro repertorio

Sí o la de “La culpa la tiene esto de aquí” que está basada en hechos reales.

No no es que renegemos sino que nos jodió un poco la casa de discos, que nos abarató la portada. Justo Metallica acababa de sacar un disco en negro y nosotros lo preferíamos un poco más tirando a plateado. Lo sacaron un poco tirando a naranja porque el plateado les costaba una perrilla más. Eran patrones pobres.

Hablando de discográficas ¿por qué habéis tenido tantos problemas la práctica totalidad de los grupos?

Porque eran unos manguis.

¿Tuvisteis que firmar cláusulas leoninas?

No, no que va. Los contratos no valían de nada más que para ellos. Tú podías reclamar cualquier contrato y no podías saber nada. Ellos podían joderte sí querían. Llegó un momento en el que nosotros con Elkar sacábamos los discos sin contrato. Vosotros sacar lo que os salga de los cojones pero yo no te firmo nada, porque total ¿para qué? Ellos sabían que nosotros teníamos algo más de decencia que ellos y que no nos íbamos a ir a ninguna parte.

¿Os pasó con todas las discográficas?

El tipo de Basati que le sacó los discos a R.I.P. fue el único que me parecía decente pero yo no he tratado con él. Las que he tratado yo, Suicidas, GOR, Soñua… toda esta peña no era más que manguis, y si no lo eran se convirtieron en cuanto vieron un poco de color. No es más que eso. Tengo respuestas mandadas a la editorial por el libro en las que me ponen.. Les jodía que les pidiera tabaco, he sacado esa conclusión. Dame otro cigarrillo, que les contara mis problemas personales, igual que ellos me contaban sus mentiras. Sí sí les ha jodido, “Pavoneate en tu palomar” me dicen. Yo no veo a ningún pavo en ningun palomar, pues si caen.. pesan mucho. En otra carta me ponen: “Hasta nunca”, espero que sea verdad.

Se están reeditando ahora discos de muchos grupos de entonces sin que los componentes sepan nada.

Es todo absolutamente ilegal.

¿Cómo habéis hecho vosotros para recuperar el control de vuestras canciones?

Muchos de nuestros amigos de entonces se han hecho abogados, han cambiado de vida, algunos llevaban los derechos del Barcelona F. C., de la Liga Inglesa … Y nos asesoraron. A algunos sellos les dijimos “Buuuh” y se asustaron. A otros les dijimos que les íbamos a meter una demanda que se iban a cagar, pero te metías en discusiones de cinco años y yo no tenía ganas de perder tanto tiempo de mi vida en esas mierdas. Igual no a tener cinco años más de vida. Esa es la historia.

La cosa ha sido así, de aquella simple pregunta que nos hicieron los amigos de «¿Cómo llevais los derechos digitales?» ahora estamos tú y yo aquí hablando en esta entrevista. Y así con un poco de suerte llegaremos a tocar en octubre y el año que viene, y después con un poco más de suerte La Polla habrá hecho su final o quedarse latente o lo que sea y yo me volveré a mi submundo, con Gatillazo.

¿Vas a volver a Gatillazo?

Estoy con ellos ahora, en agosto tenemos 9 festis.

Por cierto, ¿en qué se diferencia Gatillazo de La Polla?

En realidad en nada, que los chavales ya venían sabidos de tocar. No han tenido que aprender, ya sabían, y en lo demás nada. Viajar con ellos es un amor, son increíbles. Es lo que tiene juntarte con gente más joven te rejuvenece.

(Foto de Alba G. Nogales)

¿Cómo conociste a Carlos Azagra?

Ahora mismo no recuerdo exactamente dónde le conocí

Participó de manera decisiva en el disco de «Los Jubilados» (Oihuka, 1990) ¿Cómo surgió aquello?

Yo quería hacer un panfleto comunista, que es lo que es realmente, pero un panfleto en el que las letras las pudieran oir las viejas en el supermercado. Azagra era el dibujante perfecto.

Él reconocía que os fastidió el título ¿no? Que vosotros queríais Los Jubilaos pero él os hizo el dibujo con Los Jubilados.

Ya bueno, pero aparte de eso también le pusieron La Polla Records, pero nosotros queríamos poner Los Jubilaos como si fuera otro grupo y sacarlo por sorpresa, pero a ver, ¿cuánto tiempo hubiera tardado la gente en darse cuenta que efectivamente éramos los de La Polla? Se hubieran enterado igual pero los disqueros lo querían de la otra manera en la propaganda y por eso queda así: La Polla Records “Los Jubilados”.

¿Y The Meas y The Kagas?

Fue simplemente un atáque aéreo. Yo quería hacer lo de The Kagas y que la gente dijera “Ah, ya se han juntado en un macrogrupo, los R.I.P. y el Evaristo”. Luego la continuación se decidió estando tumbados en un sofá después de un festi y dijimos “Vamos a juntarnos los jueves”

¿No te sientes incómodo con toda esta promoción que habeis tenido con esta vuelta a los escenarios?

Propaganda la llamo yo y no, no lo estoy porque he sido yo el que ha decidido hacerla así. Se trata de rodearte de amigos y de gente que haga las cosas bien.

Han pasado los años y los hijos de los que nos criamos con las letras de vuestras canciones ahora escuchan las de las canciones de Los Chikos del MaizAñade este contenido.

Eso suelo decir yo mucho, a la gente que he criado sin haberles comprado comida. Las peñas de otras generaciones ya sacan ellos sus propias conclusiones. A mi con 13 años me decías que no era un hombre, que no lo era, y te buscabas un problema, te iba a hacer putadas y muy gordas. A esta gente joven no hay que tratarlos con condescendía. No vengamos con historias de adolescencias y pre-adolescencias…

¿Qué es lo que más te ha dolido en todos estos años de trayectoria de La Polla Records?

Pues principalmente los ataques que han llegado de los que pensabas que eran tus amigos.

«INTERTERROR

HISTORIA DE UN GRUPO DE CULTO EN LA VALENCIA PUNK»

HÉCTOR HUGO NAVARRO

PER(R)UCHO – LIBROS DE PAPEL (2019)

 

InterterrorProbablemente fueran Interterror una de las bandas más destacadas del punk valenciano de los 80. No ha de extrañar por ello que quedara seleccionada como representante del capítulo dedicado al denominado Punk Ibérico en nuestro «Punk, pero ¿Qué Punk» (LaFonoteca, 2016), y que tuviera también su hueco destacado en la crónica oral que hizo Eduardo Guillot en su «Miles de Muchachos» (Generalitat Valenciana, 2018) y que ahora contribuye en esta obra con un prólogo inicial.

El autor, que en una de sus novela anteriores «La Ciudad Encendida» (Imcrea Diseño Editorial, 2013), ya había incluido alguna mención tanto a Interterror como La Resistencia, cuenta en los prolegómenos del libro cómo, a pesar de las opiniones pesimistas al respecto de alguno de los componentes de la banda a los que contactó primeramente, se fue involucrando en la confección de esta crónica.

Contando con la participación, no sólo de los protagonistas principales de la historia (para los que se reserva un apartado independiente para cada uno), sino de muchos personajes cercanos a ellos, se elabora una completa visión de la escena del momento, con una detallada descripción de ambientes tan específicos como los que se desarrollaron alrededor de la lechería del señor Vicent, verdadero padrino de toda aquella cuadrilla de primeros punks. Queda registrada incluso la aparición de los primeros skins, sus derivas hacia la extrema derecha y la curiosa coexistencia que entre elementos de ideología distinta se vivió en la capital del Turia. Se relata asimismo con toda suerte de detalles el que se denomina «el suceso más truculento protagonizado por los cabezas rapadas» que se congregaban en el callejón en el que se encontraba aquel ultramarinos: la muerte de un indigente en octubre de 1985. Del suceso queda señalado el nombre de la víctima pero no así de los cabezas rapadas que finalmente ingresarían en prisión preventiva.

Jugoso relato asimismo de la corta trayectoria de Interterror, desde sus inicios y primeros ensayos, hasta la fatídica grabación del disco que llevaría a la disolución tras un corto período de actuaciones. Enfrentados a la dramática disyuntiva de ceder ante la presión de su manager Toni Pep para cambiar una frase de su «Felices días en Auschwitz» que les exhortaba a no mencionar al bando soviético en lo referente a campos de concentración o mantenerse fieles a la letra escrita por el Enano Infiltrado, el bajista de la formación y lider en la sombra, la unión entre ellos termina herida de muerte.

Presentado con un diseño coqueto y cuidado que se disfruta no sólo con la vista sino que hace partícipes activos tanto al tacto como el olor, el libro, que se extrae de una carpeta negra, contiene un plano de Valencia con los puntos de encuentro de las tribus urbanas del momento, una tira con un comic ambientando el «Adios Lili Marlen» y un librillo con fotos.

Si hubiera que señalar alguna pega, habría que buscarla quizás en lo excesivo del desarrollo de algunos temas colaterales al hilo de la narración, como la cuestión de las anfetaminas en general, o en alguna repetición en la que se incurre (como la del origen de La Resistencia y la elección del nombre de la banda), pero el balance es claramente positivo. Se agradece lo completo del libro y su aportación a enriquecer la información acerca de una etapa en Valencia junto a otras obras recientes, como la ya mencionada de Eduardo Guillot o «¡Bacalao! Historia Oral de la Música de Baile en Valencia, 1980- 1995» (Contra, 2016) de Luis Costa donde aparecen igualmente algunos de los productores, salas y discotecas de la época de las que se habla en esta crónica sobre Interterror.

«MILES DE MUCHACHOS.

UNA CRÓNICA ORAL DEL PUNK EN VALENCIA»

EDUARDO GUILLOT

GENERALITAT VALENCIANA (2018)

MilesdeMuchachos

Aquel documental sobre el punk de Valencia en los 80 que se venía preparando desde hacía ya tiempo finalmente no pudo ser por quedarse Eduardo Guillot, su responsable, sin fondos para ello. Tuvieron que cambiar los aires en la Generalitat Valenciana para que los que esperábamos con impaciencia el desenlace de la operación, pudiéramos disfrutar, si no del mencionado documento audiovisual, sí de un igualmente suculento libro acerca de la escena punk valenciana.

«Miles de Muchachos», con título tomado de una de las canciones de La Resistencia, el grupo con el que se cierra este dossier, viene a llenar el hueco que existía en muchos de los informes y recopilaciones que sobre el punk se ha hecho hasta la fecha (salvo excepciones como la de la misma LaFonoteca que menciona el autor) en lo que respecta a los grupos de Valencia y su entorno en la década de los 80. Y es que efectivamente, la ausencia de información detallada al respecto dejaba en el ostracismo a un buen puñado de grupos que, como en muchas otras partes de la geografía estatal, se encargaron de avivar la llama de la explosión llegada desde el Reino Unido.

Además de los ya mencionados La Resistencia, nombres como Interterror -del que sí nos ocupamos en nuestro «Punk, pero ¿Qué Punk?» (LaFonoteca, 2016)-, Generación 77, N.E.S. (Nuevo Ejército de Salvación), La Morgue, Sade, Éxtasis, Las Terribles o Cómplices encuentran así por fin un merecido hueco en las páginas impresas de un libro. Si bien quedan fuera por disquisiciones estilísticas otros proyectos de la época como Extrema Cordialidad Homicida, Áridos o Crenom que hubieran podido entrar de haberse aplicado filtros algo más flexibles, por contra, el autor nos da la oportunidad de conocer los orígenes punk de un grupo como Seguridad Social, que sin embargo emprendería al poco tiempo otros caminos sonoros.

El libro, además de ilustrar las distintas vicisitudes, encuentros y desencuentros que dieron al traste con varias de aquellas formaciones, está plagado de grandes momentos, con pasajes especialmente recomendables. Podrían destacarse algunos como la accidentada visita de Angelic Upstarts a Valencia para tocar con La Resistencia, que sufrieron en sus propias carnes las consecuencias de la curiosa convivencia que en aquella escena se dio entre diferentes ideologías políticas, o el origen del nombre de Seguridad Social tras tener que visitar un ambulatorio tras la pelea callejera que mantuvieron con componentes de otros de los grupos protagonistas también de esta crónica. Llama la atención igualmente la repercusión que en muchos de ellos tuvo la emisión de la película «La Naranja Mecánica» (1971) de Stanley Kubrick, como así cuentan en uno de los capítulos.

Si hubiera que poner un único pero, éste sería exclusivamente debido al formato de crónica oral, tan en boga en estos tiempos. Con el mismo, la información contenida se limita, evidentemente, a lo que recuerdan los personajes principales o los que accedieron a ponerse delante de la cámara o grabadora de Eduardo Guillot. En algún caso, por fallecimiento prematuro, se tuvo que recurrir a entrevistas del pasado, en aras de no dejar incompleta parcelas concretas. Igualmente la cronología de los hechos o el simple detalle de la estructura de las distintas formaciones, muchas veces cambiante en el tiempo, queda oscurecida y poco clara. Esto se hace más palpable, por ejemplo, en el capítulo dedicado a varias bandas de vida breve, donde todo queda aún más entremezclado. Quede claro, sin embargo, que son éstas menudencias muy específicas de quien devora este tipo de lecturas con vistas a un aprovechamiento posterior de la documentación contenida para posibles labores arqueológicas.

Este «Miles de Muchachos» es una crónica imprescindible, elaborada por quien ha tenido muy cerca y a mano a los protagonistas y que ha facturado y presentado en una edición inmejorable: diseño atractivo, páginas consistentes con ese fuerte olor a papel que nos gusta disfrutar a quien preferimos tener en la mano un libro físico, generoso material gráfico y un recuento discográfico final de agradecer.

Bienvenidas sean todas estas iniciativas para impedir que toda esta información de todos los rincones y escenas musicales posibles caiga en el olvido.

Hacía tiempo que no refrescábamos nuestra sección Punk ¿Qué Punk?, en la que conversamos con muchos de los protagonistas del punk de los 80. La reactivamos ahora con una entrada de excepción ya que tenemos la gran suerte de contar con el testimonio de Fermín Muguruza. El artista de Irún fue, junto a su hermano Íñigo, componente primero de Kortatu y luego de Negu Gorriak, formaciones ambas sin las que probablemente, el punk del País Vasco no hubiera sido para nada lo mismo. No es, sin embargo, la musical la única faceta a la que ha dedicado sus esfuerzos, iniciando asimismo una actividad frenética tanto en cine como en teatro. Desde aquí, ya tuvimos ocasión de asistir a «Guerra» (2016), el espectáculo multimedia que puso en marcha junto a Refree y Albert Pla.

Fermín Muguruza se ha caracterizado siempre por su decidido posicionamiento social y político, sin desperdiciar oportunidad alguna por dejar impronta de su opinión en todas y cada una de las manifestaciones culturales y artísticas en las que se implica. Su actitud enérgica en defensa de aquello en lo que cree le ha colocado en numerosas ocasiones en el centro de polémicas, denuncias y enfrentamientos, que le han acompañado casi desde el principio de los tiempos, cuando Kortatu se erigía en una de las bandas más directamente implicada en la corriente más política de aquello que vino a denominarse Rock Radikal Vasco.

Convertido ya desde hace mucho en referente para muchas de las bandas que hoy en día mantienen viva la llama de lo que removió todo aquel punk de los 80, se le ha visto en colaboraciones recientes como la de poner voces en «Biolentzia 1984» de Kaleko Urdangak. De igual forma, en algunas de sus producciones, como «Zuloak» (2012) han participado componentes de grupos como Hexen.

Black is Beltza, la película de animación que presenta estos días, da continuidad al tebeo editado años atrás en colaboración con Harkaiz Cano y Jorge Alderete. Una historia que, como explicaba en su momento, se inicia a partir de una fotografía tomada en Nueva York a finales de los 60 en la que se veía una comparsa de las que desfilan durante las fiestas de San Fermín traida desde Pamplona en la que se había prohibido la participación de dos gigantes negros. A partir de dicho germen se cuentan las peripecias de un personaje vasco-francés en un hilo narrativo que conecta a Malcolm X, Andy Warhol, los servicios de espionaje cubanos, los Panteras Negras, El Ché… Con motivo de la edición del comic se organizaron en Bilbao actividades que involucraron a muchos de los artistas que ahora participan poniendo música a una banda sonora más que recomendable. Hemos logrado que, a pesar de la vorágine en la que se encuentra, nos haga un hueco en su apretada agenda para respondernos a un buen número de cuestiones.

Activismo sin descanso

Antes de nada, agradecerte el esfuerzo y el tiempo que nos dedicas. Desde el principio, casi desde la época de Kortatu te has mostrado incombustible, inagotable a la hora de afrontar proyectos de todo tipo, musicales, teatrales, cinematográficos. ¿De dónde sacas la energía, la fuerza para no parar?
Imagino que habrá algo genético, pero sobre todo está la pasión por todo lo que quiero vivir y contar.

¿Cuánto de ese esfuerzo en desarrollar tus inquietudes artísticas se va en defenderse de quienes tratan de frenarte o censurarte? ¿Desmoraliza las actitudes tan decididamente contrarias que despiertas en determinados sectores?
Hay mucho desgaste, incluso cansancio, pero también coraje, por lo tanto, no es desmoralizante en ningún momento ser consecuente con lo que pienso y defenderlo a través de mis propuestas culturales.

¿Tienes identificado el perfil de quienes se oponen radicalmente a todo lo que lleve el signo de Fermín Muguruza? ¿No hay posibilidad alguna de diálogo sobre todo si, por ejemplo, ha sido posible con personas como Eduardo Madina?
Creo que es bastante fácil, toda la derechona y el centro comercial odian todo lo que lleve mi firma. También las ortodoxias de cualquier ámbito, ya sean ideológicas o artísticas. Con Eduardo Madina no solo ha sido posible el diálogo, sino que nos hemos convertido en grandes amigos.

En cualquier caso, ¿de dónde crees que procede todo ese rechazo? ¿Qué lo ha originado? ¿Que mostrases abiertamente tus posturas políticas?
Soy un activista cultural antifascista y todo lo que propongo tiene una repercusión lo suficientemente considerable como para intentar acallarme.

En relación a toda esa cuestión de energías empleadas y desgastes, de imagen de incombustible, ¿cuál es el punto débil de Fermín Muguruza? ¿Qué es lo que realmente te desarma o de lo que cuesta reponerse?
No mostraré en público mi talón de Aquiles.

Black is Beltza, la película

Ya te vimos con Raül Refree en Guerra aquel montaje teatral que incluso pudimos reseñar en LaFonoteca, pero ¿de dónde surge la colaboración con Raül? ¿Cuándo fue esa primera vez en la que os embarcasteis en algo juntos?
En el año 2001 la revista Rockdelux cumplía su número 100 y organizó un espectáculo en el que Raül era su director. Yo interpreté junto a la banda que organizó para ese evento el tema de Public Enemy: «Don’t believe the hype»

La banda sonora de Black is Beltza me ha encantado. Creo que habéis logrado dotarle de vida propia e independiente respecto de la película. El esqueleto que monta Raül con sus composiciones, de todo tipo además, me parece buenísimo, pero háblanos por favor de aquellas en las que participas tú. ¿Cuáles has compuesto o simplemente colaborado que se hayan elaborado específicamente para la banda sonora? De las que habéis rescatado de tu repertorio, ¿por qué la versión tan personal de «Respect» con Negu Gorriak?
Todos los temas los creábamos juntos en la fábrica de creación Fabra i Coats de Sant Andreu. Raül hacía de médium para interpretar las emociones que yo quería potenciar en cada escena de cada secuencia, y para crear las canciones yo hice de maestro de ceremonias y Raül componía tras largas horas de charla sobre cada invitado o el tema que queríamos que interpretara. «Balazalak» de mi disco “Asthmatic Lion Sound System” (Talka, 2008) en versión acústica se me antojaba interesante para comenzar la película con esa frase que dice: “Están lloviendo casquillos de bala…” En cuanto a «Respect» de Otis Redding tenía que aparecer en la versión de Negu Gorriak: hachas afiladas para el rey del Soul que ante la alucinación de nuestro protagonista le cantará en euskera.

De igual forma guíanos un poco en los criterios que os han llevado a rebuscar entre el repertorio pasado de Sonido Gallo Negro, Manu Chao o Ceci Bastida, por ejemplo, que entiendo pedís prestado para incluir en el disco.
Sonido Gallo Negro es la banda de cumbia mexicana en la participa Jorge Alderete, el ilustrador del cómic «Black is Beltza» (Talka, 2014); Manu Chao, colaboró en el espacio expositivo cuando estuvo en Bilbao, y conocía de cerca la idea de la película. En ese momento concreto en el que interviene, con el avión aterrizando en México, Manu Chao con su «Seeds of Freedom» era indispensable. Ceci Bastida es la antigua cantante de Tijuana No!, grupo al que produje en el año 1994 y para el que escribí “La Esquina del Mundo” que ahora interpreta Ceci sobre una guitarra acústica grabada por Raül.

RosalíaAñade este contenido, Maika Makovski por el contrario, si no me equivoco, han elaborado cosas específicas para el proyecto, ¿no es así? Háblanos de tu relación con estas artistas. ¿Cómo interseccionan universos artísticos que, en principio uno diría, son tan dispares con el de Fermín Muguruza?
Los estereotipos son bien perniciosos, y en la música también. Mi universo es muy amplio y a mis trabajos me remito. Alguna gente no sabe que además de ser un gran amigo de La Mala, hemos colaborado juntos, por ponerte un ejemplo. Maika, además de colaborar en mi falso documental «Zuloak» (2012), tuvo durante años al guitarrista Oscar Benas, que es el mismo guitarrista que me acompaña en mis giras desde hace 20 años. Y Rosalía, venía a las actuaciones de Guerra para encontrarse con Raül con el que ya comenzaba a preparar la producción de su disco “Los Ángeles” (Universal, 2017). Ahí nos conocimos, y a los dos meses de editar el disco ya estábamos preparando la versión de «Catalina«.

¿Cómo se define un proyecto como Black is Beltza? ¿Cuándo ves clara la intención de embarcarte en una empresa de este calibre?
Black is Beltza es un artefacto transmedia con múltiples ramificaciones narrativas y un movimiento contra el racismo. Hace 10 años que comienzo con la idea, pero es a partir de noviembre del 2014 que todo empieza a coger forma con la edición del cómic y la inauguración de la exposición con sus actividades paralelas en Bilbao.

Aunque ya has hecho documentales, ¿es ésta la primera ocasión en la que haces una película de cine?
Son ya 12 años desde que firmé el primer documental, y llevo 10 films. Black is Beltza es un film de animación y me falta hacer ficción.

¿Cuánto hay en la animación y dibujos animados de Black is Beltza de la pasión por los comics y tebeos de tu juventud? Pasión que si no me equivoco compartías, por ejemplo, con Víctor de Vómito o que se dejaba ver en algunos pasajes del “Estado de las Cosas” (Soñua, 1985) con las menciones a Stefano Tamburini.
Mi pasión por los cómics y tebeos son el origen de este trabajo. Víctor de Vómito y yo teníamos la misma edad, fuimos a la misma escuela, teníamos las mismas inquietudes políticas y vitales. Cuando montamos la tienda de discos en Irun, él se encargaba de la sección de cómics.

Desde la época quizás inmediatamente posterior a Negu Gorriak la imagen que transmite Fermín Muguruza va ligada a un sinfín de viajes a una multitud de destinos multiculturales diferentes. ¿Tiene Black is Beltza algo de carrusel de geografías y sonidos diferentes por ello?
Mis viajes comienzan con Kortatu por toda Europa y con Negu Gorriak cruzando el Atlántico. Mi conocimiento de las ciudades por las que transcurre la acción de la película, me ayudó mucho en la confección de ese crisol de sonidos que quería construir. Black is Beltza es un viaje concreto a unas ciudades concretas por donde se movía un corredor logístico revolucionario, una red de apoyo en la que tuvo que ver mucho el propio Che Guevara.

¿Qué respuesta estais obteniendo con la película?
Algo increíble para una película independiente completamente alejada de lo mainstream, pues pronto llegaremos a los 20.000 espectadores con más de 7 semanas en cartelera.

Aunque sospecho que no es el momento, que estarás suficientemente ocupado con la promoción de la película, ¿tienes ya en mente el siguiente paso, algún nuevo proyecto?
No tengo nada en mente por el momento.

Punk golpe a golpe

Oía cómo decías recientemente que al encontrarte con Pako Eskorbuto en un aeropuerto sentiste algo parecido a encontrarte con otro superviviente de algo en el que sólo participasteis unos cuantos. ¿Con qué recuerdos o sentimientos te quedas de todo lo vivido en el pasado con Kortatu y Negu Gorriak?
Lo de Pako fue como una emoción, un instante que recorrió toda una época en un abrazo. Kortatu y Negu Gorriak son dos épocas muy distintas. Uno son los 80 y Negu los 90, cada uno de los grupos está atravesado por el contexto de esos años.

Kortatu ha sido para muchos banda sonora de juventud fundamental en sus vidas. ¿Os esperabais todo esto cuando empezasteis? ¿Qué sensación te produce ahora que ha pasado tanto tiempo?
Con 19 años no podía imaginar que pudiera responder a una pregunta como ésta a mis 55 años. La sensación es que en cada momento hice lo que sentí que tenía que hacer.

¿Era el punk finalmente un buena arma de lucha y protesta política? ¿Estuvo politizada la escena del Rock Radikal Vasco?
Todas las escenas estaban politizadas, pero la nuestra era radicalmente explícita.

Siempre quise saber tu opinión acerca de una de las cosas a las que aludía el prólogo que escribió Bernardo Atxaga al libro «El Estado de las Cosas de Kortatu. Lucha, Fiesta y Guerra Sucia» de Roberto Herreros e Isidro López (Lengua de Trapo, 2013). Te lo transcribo aquí: “Cabe preguntarse si hay algo que oponer a esa forma de militancia política practicada por Kortatu, tan decantada hacia un lado en concreto; un lado que, además –lo podemos ver ahora, cuando ETA parece haber abandonado las armas- creó mucho sufrimiento. Bien, la respuesta es afirmativa, y llegará, creo, el día en que el eco pregunte a Fermín Muguruza –como también me preguntará a mí, como nos preguntará a todos- sobre lo que escribió y cantó. Pero hay algo que se debe tener en cuenta: sin ideas firmes, sin ideología, sin un partido o un movimiento de apoyo, no hay fuerza, no hay protesta que dure”. ¿Qué te parece? ¿Te ha preguntado ya el eco acerca de lo que escribiste en las letras de las canciones de Kortatu?
Los gritos desgarrados de amigas y amigos torturados son todavía demasiado estremecedores e insoportables para percibir ecos que preguntarán a todos los lados, a los equidistantes también. Si se hubieran registrado en video esas sesiones de tortura que sistemáticamente se aplicaban a vascos y vascas, la idea del porqué de la lucha armada cambiaría totalmente. De momento solo tengo un clic ensordecedor del gatillo de un arma apuntando a mi compañera embarazada. No estaba cargada. Otras sí lo estuvieron.

Para terminar, no me resisto a preguntarte un detalle puntual acerca de Kortatu: El verdadero origen del nombre del grupo.
Kortatu fue un mugalari de ETA, asesinado por la Guardia Civil en 1976 cuando trataba de ayudar a otros clandestinos a cruzar el río Bidasoa, ese río que delimita el País Vasco norte y el sur en Irun, ciudad de donde proveníamos los miembros de la banda.

“ELPASO. A PUNK STORY”

BENJAMÍN VILLEGAS

BANDAÀPARTE (2018)

 

Libro-ELPASO

«ELPASO. A PUNK STORY es la historia de ELPASO. Una banda de punk chicano de El Paso, Texas, que podría haber conquistado la Norteamérica de los 80 y a toda una generación junto a Black FlagSonic YouthMinor Threat o Nirvana… cambiando para siempre la historia del rock.

Una historia sobre todos esos perdedores a ojos del mundo, que se ganan el respeto del público en pequeños locales, girando con sus propios medios y disfrutando de la música en su esencia. Bandas que no han conseguido alcanzar el sueño dorado de la música pero que al menos tienen un puto disco que ponerle a sus nietos!«. Con este entusiasmo es presentado el libro de Benjamín Villegas (Anyzed). Hasta aquí todo aparentemente normal, se intenta reivindicar a un grupo de punk chicano que se abrió paso a finales de los años 80 en una escena underground en la que comenzaban a sobresalir bandas como Black Flag, Sonic Youth, Nirvana o Meat Puppets. ElPaso tenían eso sí, la peculiaridad de cantar en castellano.

Realmente es todo una ficción, una máscara que se pone Benja Villegas con un doble propósito: por un lado contar la historia universal de un grupo que intenta salir a flote en la dura, y muchas veces desagradecida, escena underground (para ello recurre a su experiencia en las múltiples bandas de las que formó parte en el entorno de Ripollet-Barcelona. En ese sentido el aspecto autobiográfico es importante); y por otro contar su visión personal de aquella revolución grunge-hardcore-punk que explotó en la Norteamérica de principios de los 90.

Se trata de un viaje en el tiempo a esa era pre-internet en la que los fanzines, las autoediciones en vinilo, las copias de cassettes, las radios y el do it yourself eras las armas de las escenas subterráneas de todo el mundo. Aquellas que se movían al margen del mainstream y que, incluso en muchas ocasiones, luchaban contra él. Aunque la banda no existió, es una ficción de Benja, sí existió todo el contexto en el que se desarrolla su andadura. En ese sentido, el gran logro del autor es la importante labor de documentación que lleva a cabo (con varios viajes a El Paso (Texas) y múltiples entrevistas a los supervivientes de aquella escena en los 80 y 90), para que nos sumerjamos en una interesante aventura que nos permite descubrir a bandas totalmente recomendables como Teenage Popeye, que telonean a los Ramones en 1979 en la ciudad texana.

A todo ello hay que añadir que Benja se encarga de llevar a cabo el producto total, grabando las canciones que podían haber sido y no fueron (podemos escucharlas en el bandcamp de SomosElPaso), además de llevar a cabo una impecable recreación gráfica (fotos, flyers, carteles de conciertos…).

Además también crea un playlist en spotify para conocer las canciones y grupos que salpican esta loca pero maravillosa historia. Canciones de Surfin’ Bichos (Fernando Alfaro se encarga del prólogo del libro), ElPaso, Los Reyes del Twist, Ramones, Black Flag, Television o Bad Brains.

Al mismo tiempo se pone en marcha la realización de un documental y Benja se recorre media España en una gira de presentación que lo lleva a Galcia y Andalucía.

«LARGA VIDA A RIP»

JUDIT URIACH Y FERNANDO ALONSO

TÓXICO RECORDS (2018)

 

RIP

 

Los responsables del fanzine Silencio Tóxico ya habían entrevistado a Txerra en un número del 2013 de lo más jugoso que además traía encuentros igualmente interesantes con Evaristo de La Polla Records y con Pollo (Larsen, La UVI, Commando 9mm). Aquella primera toma de contacto con el batería de R.I.P. probablemente sentaría las bases para este proyecto más ambicioso posterior, el de un libro que repasara la historia del que fuera sin lugar a dudas el grupo punk más famoso que haya tenido Mondragón (Guipúzcoa). Judit Uriach y Fernando Alonso, sus autores, lo han diseñado en formato de relato oral, para lo que han recurrido a una nutrida lista de protagonistas del momento, gente del entorno del grupo y muchos de quienes se dicen deudores del legado que, sin realmente pretenderlo, dejó uno de los cuartetos más destacados de la primera ola de punk vasco de los 80. Las diferentes contribuciones de todos ellos, entre las que se intercala un texto a modo de narración, se presentan junto a gran cantidad de material fotográfico en estética de fanzine lo que resulta a la postre todo un acierto.

Estructurado en diferentes secciones el libro va recorriendo primero la trayectoria de la banda, para centrarse finalmente en cada uno de los cuatro componentes de la formación final tras estabilizarse Carlos Mahoma como cantante supliendo al original, Mallabi, que se fue a cumplir el servicio militar. De dicho cuarteto participa activamente en la elaboración de este documento, Txerra, único miembro superviviente de la banda después del fallecimiento de su hermano Jul, el guitarrista, en 2014 acontecido sobre un escenario en lo que interpretaba una versión de un tema de R.I.P. con The Potes, el grupo local en el que tocaba el banjo.

Tras un breve repaso por las canciones de toda su discografía, incluida una maqueta, este «Larga Vida a RIP» contiene una jugosa colección de recortes sobre reseñas y artículos sobre R.I.P., sellos discográficos en los que editaron disco y algunos de los grupos en los que participarían sobre todo Jul y Txerra tras la disolución de la banda: The Kagas, The Meas, Karrocerías Betoño, The Potes…

La lista de contribuciones es amplia (aunque se echa en falta por ejemplo la participación de Roberto Moso, cantante de Zarama, que en su libro «Flores en la Basura» (Zirkus, 2003) se detenía en alguna ocasión para contar de las veces en las que coincidió con R.I.P.) dando cabida, no sólo a grupos vascos del momento como La Polla Records, Kortatu, Cicatriz, Vulpess, Anti-Régimen, Vómito, MCD, Odio, BAP, Cirrosis… sino a los maños IV Reich y la representación catalana de Ultimo Resorte, Frenopaticss, AntidogmatikssAñade este contenido, Subterranean Kids o L’Odi Social. Es de destacar la implicación de personajes como Jabier Sayés (responsable del fanzine Destruye y de programas de radio donde siempre encontraba hueco la música que muchas veces él mismo grababa de conciertos o ensayos de R.I.P. y grupos del entorno) y de Iker Barandianan, periodista en diferentes medios y responsable, junto a Ibán Toledo del documental “RIP – Punkaren 25 Urteko Historia Bizia / RIP- 25 Años de Historia Viva del Punk” (Goiena-Hotsak, 2005).

Se tratan todas las cuestiones, incluso las más espinosas, como es la presencia de la droga durante la trayectoria del grupo. Siendo el caso de R.I.P. similar a la de otras bandas del momento como Eskorbuto o Cicatriz, para las que la adicción a la heroína de sus componentes resultó determinante, resultaba éste un punto obligado a desarrollar. Se habla incluso de las visitas de los vascos a El Masnou (Barcelona), donde tenían su campamento base Kangrena, otro de los grupos punk castigados igualmente por el mismo problema, ya que en su momento, en «Harto de Todo: Historia Oral del Punk en Barcelona» (BCore, 2011) de Jordi Llansamà, se señalaba precisamente a estas estancias del cuarteto de Mondragón en Barcelona como el momento en el que los componentes del grupo catalán entraron en contacto por vez primera con la jeringuilla.

Los autores no han querido privar a nadie de los que contactaron de la oportunidad de dejar constancia de la repercusión o recuerdo que R.I.P. ha dejado tras de sí, incluyendo así la que probablemente sea la sección más emotiva del libro. Si bien es cierto que resulta larga en extensión, permite hacernos una idea de la impronta que ha dejado el grupo y de su relevancia en la escena punk, no sólo del Pais Vasco, sino del resto de la Península.

El libro se hace acompañar de un CD en el que un total de 27 bandas hacen versiones de temas del repertorio del grupo con el plus de poder oir, versionados por Never Surrender & Lagunak, canciones inéditas como «El pastor» y «El violador«.

Se trata sin duda de un libro crucial para todos los seguidores del grupo y los interesados en el punk de los 80.

«LA EVOLUCIÓN SECRETA»

SILVIA RESORTE 

TEGE (2018)

 

silvia_resorte

 

Superviviente de aquellos peligrosos y anfetamínicos años 80, Silvia Escario, esto es, Silvia Resorte, constituye, probablemente muy a su pesar, algo parecido a todo un icono de esa época. Tiene mucho de símbolo de una manera de entender la vida, o más bien de enfrentarse a ella a lo que tiene de gris, rutinaria y opresiva. En aquellos años la cantante fue la del pezón a través de una redecilla, o a la que alguien del público del Rockola quiso dejar sin camiseta sobre el escenario, la que quiso marcar la diferencia entre las muñequeras de pinchos que llevaba ella en Barcelona y las que utilizaba Alaska en Madrid.

Ahora que quizás estemos viviendo los momentos de lucha más decidida y convencida por parte de las generaciones más jóvenes por abolir de una vez por todas cualquier distinción discriminatoria por cuestiones de género, su figura junto a la de Ana Curra, las componentes de Vulpess o las de Chute de Esperma cobran una especial relevancia. En una escena en la que siguen existiendo reflujos y maneras impropias de un género que se debiera distinguir por su carácter contracultural y vanguardista, la pelea y provocación que sostuvieron todas ellas en condiciones especialmente adversas las coloca probablemente como verdaderas pioneras.

Si antes fue al frente de Último Resorte y más tarde con Berlín 80, desde hace un tiempo Silvia combate desde las filas de Algo Tóxico y Días de OdioAñade este contenido. Silvia Resorte sigue marcando con su cabellera luminosa el camino a la utopía, sigue indignándose ante las miradas de repulsa o de burla que adivina en los transeúntes de a pie con los que se cruza. Es la misma que acumula bloqueos de su cuenta de Facebook cada vez que los guardianes de la moral del gigante de la redes sociales considera que el material fotográfico de sus porno fiestas punk no es apropiado. Silvia sigue manteniéndose, a pesar del paso de los años, terrible, radical, excesiva, categórica. En realidad sigue siendo consecuente con los parámetros de conducta que garantizan el desarrollo de la libertad personal sin cortapisas de inercia sociales.

Por todo ello, si en Londres tuvieron a Johnny Rotten o Siouxie y en Berlín a Nina Hagen ¿por qué no se ha de reivindicar con igual determinación que en Barcelona tuvieron a Silvia?

Con este pequeño librito de relatos ella no hace sino abrir un frente más en una nueva dirección de su lucha, la de la escritura. El contenido de estos cuentos parece extraído del mundo de las pesadillas. Dice la introducción de su editorial que el texto narra sobre la salvación y la destrucción de la Humanidad. Quizá sea así, quizá sea ése el objetivo final que persigue, pero en cualquier caso, el formato escogido es sin duda el de un mal sueño, uno de aquellos antibióticos sueños de los que hablaba La Polla Records, esos momentos de pseudo realidad que da el éter hospitalario o los narcóticos medicinales.

Vomitona argumental en la que aparecen, entremezclados y arrastrados por el flujo de la narración ingredientes de lo más variopinto: movimientos de extrema derecha que consiguen instalarse en el poder, el odioso presidente de Estados Unidos, repúblicas catalanas independientes, incluso Fermín Muguruza el cantante y líder de Kortatu. Pero probablemente sea todo lo que subyace de fondo, las manías personales persecutorias, las paranoias opresoras, los laberintos cíclicos casi imposibles de romper o la personal visión de la lucha feminista lo que más interesante hacen este libro. Son todas ellas en realidad coordenadas válidas para entender a Silvia o al menos para poder interpretar las señales que emite al exterior. Resulta especialmente conmovedor ese último momento del drogadicto que con la jeringuilla clavada en el brazo yace agonizante tirado en un callejón que apesta a orines y emplea sus últimas fuerzas en llamar con un grito desgarrador a su madre.

Silvia concitaba tanto adhesiones incondicionales como repulsas decididas. Su personaje no admitía ni las medias tintas ni las valoraciones intermedias y eso evidentemente no ha cambiado con el paso del tiempo.

«EL SUEÑO DORADO. CASTILLO INTERIOR Y LA ESCENA MUSICAL DE TENERIFE EN LOS 80»

 

CASTILLO INTERIOR

LOS 80 PASAN FACTURA (2017)

 

ElSuenooDorado

Aunque inicialmente concebido como la biografía de Castillo Interior, grupo de afterpunk de Tenerife de los años 80, el proyecto derivó pronto a algo más extenso que diera cuenta de cuál fue la escena alrededor del género aquellos años en la capital canaria. Descripción que dejaba hueco para conciertos dados por bandas internacionales en sus visitas a las islas, actividad en las salas de Santa Cruz y el material discográfico que llegaba desde fuera a través de las tiendas de discos locales. Participan en la empresa además, no sólo diferentes componentes del grupo, sino algunos conocidos cercanos a ellos, como por ejemplo, Txetxo Baucells (Conemrad).

Otro protagonista externo, Pompeyo Pérez Díaz, profesor de Musicología de la universidad de La Laguna, deja una definición de banda siniestra de lo más interesante: «algo que oscilara entre el porqué de las cosas y la fascinación adolescente por los seres al límite, en cualquier sentido”. Igualmente atractiva es la que aporta Horacio, guitarrista de la formación: «Grupos que envueltos en cierto existencialismo nihilista exploraban musicalmente las tradicionales desazones del alma, como la soledad, el aislamiento, o la desesperanza, mostrando especial interés por las pasiones irracionales y las situaciones extremas«. En todo este entorno intimista es en el que se desenvuelve la trayectoria de los que muy probablemente sean pioneros en Canarias de esta vertiente oscura del punk. El escenario en el que se desenvuelven tiene como protagonistas a combos como Escorbuto Crónico, Familia Real o Conemrad.

Se vertebra la narración en diferentes partes, dedicándose un apartado, por ejemplo, a las actividades en paralelo de los componentes del grupo y algunos amigos en la elaboración de fanzines como La Criba. También se da detalle de las formaciones que tuvo la banda y se regodean en los detalles técnicos que acompañaban a la composición de cada uno de los temas, describiendo la fuente de inspiración en cada caso, y de cómo por el grupo se iban sintiendo las influencias de propuestas como Sonic Youth, que iban enriqueciendo la receta original.

Queda datado también uno de los momentos claves en el devenir del grupo: la grabación del que iba a ser su disco de debut. La ruptura de relaciones entre los dos responsables del estudio en el que estaban registrando los temas impidió que se editara nada de Castillo Interior en su momento. Fue gracias al tesón de Yotty, responsable de Los Ochenta Pasan Factura, que se pudo recuperar, ya no la cinta en la que quedaron grabados los temas, sino los magnetofones correspondientes para poder escucharlas y recuperar lo registrado. En un auténtico ejercicio de fuerza sale ahora aquel documento sonoro tanto en CD como vinilo acompañando a este texto.

Completado con abundante material fotográfico y de recortes de prensa, el libro es altamente recomendable no sólo para los amantes de estos sonidos oscuros sino para todos aquellos que disfrutan con estos ejercicios de arqueología musical

Resulta del todo imposible hablar del punk en Canarias sin referirse a Miguel Díaz Díaz «Zurda», guitarrista entre otros, de grupos como Escorbuto Crónico y Guerrilla Urbana, claves en el desarrollo de la escena insular desde los 80. Con los primeros vivió incluso un «exilio» en el País Vasco, a donde acudieron tras salir de Tenerife acuciados por la presión de las fuerzas del orden e instituciones. Una vez allí llegaron a participar en eventos que el paso del tiempo convirtieron luego en acontecimientos histórios como el festival anti-OTAN celebrado en Tudela (Navarra) que congregó a muchos de los grandes nombres del punk rock vasco que empezaban entonces, o conciertos en localidades como Mondragón junto a R.I.P., Odio, Cicatriz, Basura etc..

Tal y como describe en el prefacio de uno de los libros que comentamos aquí, la suya fue opción diferente a la de alguno de sus compañeros de generación: «Buscando dar salida a todo el resentimiento, la mayoría de mis colegas eligieron la autodestrucción. Que descansen en paz. Yo en cambio opté por no dar ni descanso ni paz a los que empujaban hacia el borde del abismo, así que mangué mi primera guitarra eléctrica y monté mi propia banda de punk rock«. Desde entonces se ha revelado como luchador infatigable utilizando como armas la música y la escritura, tanto de letras para sus canciones, como en esta serie de libros.

No es el suyo un estilo fácil de leer. Amigo de construcciones barrocas y recargadas, haciendo guiños a literatura clásica de siglos atrás, plagado de elementos de jerga tanto underground como local, sus textos no son de digestión sencilla, requiriendo de la complicidad y predisposición del lector. Una vez entendidas y admitidas las reglas del juego con las que Zurda articula todo el odio y la rabia liberados en las páginas de sus libros, uno tiene la sensación amarga de que tras sus fábulas y exageraciones hay mucho de una lamentable realidad cotidiana de fondo con la que se ha ido forjando la historia local de las islas. Reconoce su condición de bardo o narrador que no ahorra truculencia alguna al que lo escucha llevado por la convinción de que «vomite lo que vomite (…) siempre se habrá quedado corto«.

Cabría quizás hacer una posible comparación con Evaristo, cantante de La Polla Records primero y de Gatillazo después, y responsable de mucha de la acidez y sorna con la que están escritas la mayoría de las letras de ambos grupo vascos. También él ha encontrado hueco para mostrar en paralelo una vertiente literaria en la que sus seguidores pueden encontrar muchas de las señas de identidad de su  trayectoria musical. Así, de forma similar, los textos de Zurda en estas tres obras cortas, muestran a las claras el personal estilo y mala baba que rezuman las canciones de Guerrilla Urbana.

Los Ochenta Pasan Factura, responsables de uno de los mayores esfuerzos por preservar y recuperar todo el archivo sonoro del punk y rock de las Canarias, habilita asimismo en su versión editorial Lágrimas y Rabia, el canal con el que muchos de los protagonistas de esa historia musical dan rienda suelta a su versión narrativa. El capítulo dedicado a La Zurda tiene, a día de hoy, los tres títulos siguientes:

ISLAS CANALLAS

MIGUEL DÍAZ DÍAZ «ZURDA»

LÁGRIMAS Y RABIA, 2007

IslasCanallas

Comentaban los contertulios del programa de radio que escuchábamos en casa de buena mañana los resultados de una investigación realizada por una universidad española para determinar aquella comunidad autónoma en la que la calidad de vida fuera la mejor. Servían, por lo visto, como parámetros para dicho estudio cuestiones como la facilidad para solucionar trámites burocráticos cotidianos, la gastronomía etc… El caso es que los participantes de dicha conversación radiofónica mostraban su estupor al comprobar que las Islas Canarias no encabezaban esa lista de sitios del buen vivir, quedando reservados los puestos de honor para regiones del Cantábrico. No pude por menos de sonreírme oyendo todo ello, especialmente porque durante esos días andaba enfrascado en la lectura de este libro con el que se estrenaba La Zurda. Y es que, si hay algo que no falta en ninguno de sus textos es la crítica ácida y despiadada para quienes dirigen los designios en el archipiélago, condenando a sus ciudadanos a la que considera el autor una cerrazón mental que ha determinado la vida de sus pobladores.

Así de explícito lo sostiene en el anexo titulado «Canto a la mierda» que hace las veces de cierre de telón: «Me gustaría pensar que esta novelilla aporta un granito de arena, que ayuda en alguna medida a empezar a evacuar toda la porquería con que han infectado la mentalidad del isleño durante décadas y décadas y ello sin acritud…» Y de evacuaciones, mierdas y escatologías están precisamente plagados los textos de Zurda, y este «Islas Canallas» no es una excepción. Explícito si lo exige el guión (y aunque no lo exija) el autor combina por ejemplo en uno las figuras del Rey Midas y la gallina de los huevos de oro, haciendo que uno de los pobres diablos condenado a las mazmorras de la comisaría de Santa Cruz termine defecando heces del metal precioso. Asimismo, y de manera más impactante, hace que sucumba parte de la población de la capital tinerfeña debido a la radiación del material con el que se construye un «churuzo» gigante de escultura con el que conmemorar las milagrosas deposiciones doradas.

Pero el telón de fondo en el que realmente se centra el texto lo pone la descripción de una sociedad local compuesta por dinastías endogámicas que ocupan los puestos de poder en los que se deciden las grandes operaciones económicas y de política municipal. De eso y de las fuerzas del orden que se ocupan de mantener todo inamovible sin importar lo fraudulento de su modo de operar; de las jerarquías eclesiásticas corrompidas solazándose en el fango de las miserias mundanas contra las que predican en sus homilías dominicales. Todo un pequeño manual de viaje con el que documentarse de la historia de este rincón del Atlántico.

POR AHÍ TE PUDRAS

DEVOCIONARIO POR EL PADRE «ZURDA»

LÁGRIMAS Y RABIA, 2009

PorAhiTePudras

Enmascarado bajo la supuesta identidad de «padre» fundador de La Iglesia Molestante de los Testículos de Jehová, Zurda presenta una colección de salmos de cuya crudeza previene en el preámbulo con el que los acompaña. Justifica el derecho al exabrupto y vómito incontrolado que ha llevado a la escritura de los mismos con «la evidencia de toda una vida pasada, mascando cristales y tragando los sapos de una sociedad de eunucos que bailan, como la cabra del gitano en las ferias de antañazo, al ritmo del tamboril mediático«. La dureza del contenido de los textos se ilustra, con idea de no bajar la presión sobre el lector, con imágenes y fotografías propias de las portadas o encuadernación interior de cualquier disco de punk que se precie.

La mayor parte de los salmos corresponden directamente a canciones de Guerrilla Urbana, y así hay temas de «Toque a Degüello» (Ja Ja Records, 1992)Tierra Quemada» y «Matarife love«), de «Palabra de Dios» (Discos Suicidas, 1994) están «Las moscas«, «Guerrilla Urbana» y «Sastrón«; de «Spanish Diarrea» (Discos Suicidas, 1996)Parasitosis«, «La droga» o «Son la cagada«); de «Bestiario» (Discos Suicidas, 1999) se incluyen «La jauría«, «La consulta de depilación anal del Dr. Hackermann«, «Excrementum crucis«, «Inmigrant song (La mierda seca)«, «Cal viva«, «Inquisición pro-vida«; de «La Venganza de los Pueblos» (Potencial Hardcore, 2003) están «Cleptocracia«, «Los arquitectos del miedo«, «El pudridero» y «Gerontofobia«; de «Microcefalia» (Working Class, 2005) «La mierda que vota al PP«; de «Incendiario» (Los Ochenta Pasan Factura, 2008) están «Reliquias de fe«, «La marcha de los cancerosos en fuck mayor» y «Doctores del fürgol«, mientras que sale incluso una canción del repertorio de Escorbuto Crónico: «Documentación«.

 

EL TRIUNFO DE LA GOLFERÍA

MIGUEL DÍAZ DÍAZ «ZURDA»

LÁGRIMAS Y RABIA, 2011 

El Triunfo de la Golferia

Fiel a su estilo, Zurda previene al lector del carácter del libro que tiene entre las manos, situando su potencial peligro de provocación entre las obras cinematográficas de Oliver Stone y las literarias de Irvine Welsh y Anthony Burguess. Ciertamente es un aviso pertinente porque se trata de una historia plagada de torturas policiales, revanchas contra ex agentes de policía desalmados y mucha de la crudeza que el autor suele utilizar para dar rienda suelta al odio y la rabia acumulado.

Inicia la historia el presunto exilio dorado que las Canarias brindan a un criminal de guerra como Josef Mengele que experimenta con simios algunas de sus teorías científicas. Su paso por la isla permite poner en escena la materia prima con la que tiempo después, la pandilla protagonista de las peripecias narradas ya en nuestros días, perpetrará uno de sus golpes. Ficción exacerbada para desarrollar en realidad  muchos de los parámetros con los que Zurda libra una cruzada sin final contra esa encrucijada de fuerzas represoras y represivas que determinan los destinos, en este caso particular, de los habitantes de las islas.