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El Madrid Popfest, una cita ya habitual en la capital, llega a su fin tras cinco ediciones. Lo que surgió como el sueño de unos amantes de la música, echa el telón, pero ni mucho menos por los malos resultados cosechados o por falta de ilusión, sino como fin de ciclo en la cumbre, un poco al estilo de Sarah Records y la mitomanía y malditismo que tanto atrae a todo apasionado por la música indie pop que se precie.

Entre sus filas, muchas caras conocidas, Óscar, de Discos de Kirlian, Ignacio, de Discos Garibaldi, Marco, de Alborotador Gomasio, Dani, de Aplasta Tus Gafas de Pasta y Puzzles y Dragones, Cris, de Sundae, Jorge y Eva, habituales asistentes de conciertos cámara en ristre… otros miembros cuyas caras también nos suenan a fuerza de verlos edición tras edición, y siempre en el puesto de merchandising los miembros oficiosos María y Hoffa de Calabaza Discos y Celica XX. Y es que el Madrid Popfest no dejaba de ser eso: un punto de reunión de amigos, una cita anual que homenajeaba al indie pop, el DIY y el amateurismo.

Un encuentro que nos ha dejado multitud de buenos detalles, de confraternización, en estos cinco años, y cuya última edición pensamos disfrutar a lo grande, tanto desde nuestro puesto de venta como a pie de escenario. Encima, para colmo, este año pincha nuestro compañero de LaFonoteca BCN… Desde aquí, un agradecimiento a estos abnegados melómanos, a los cuales entrevistamos.

Madrid Popfest
Organización inicial del Madrid Popfest

Entonces se acaba el Popfest en Madrid, ¿por qué?
Sentimos que hemos acabado un ciclo tras estos cinco años. Iniciamos esto con el objetivo de tener un festival en Madrid con esos grupos que era prácticamente imposible ver porque no entraban en los grandes festivales o nadie se arriesgaba a traerlos, que incluyera grupos de aquí que nos emocionan. Y eso llevarlo adelante sin patrocinadores, en una sala con buen sonido, dimensiones medianas, sin ánimo de lucro y partiendo de cero. Tras estos cinco años pensamos que hemos conseguido el festival que soñamos en aquel principio, y sencillamente preferimos dejarlo aquí y en este momento, en el que por parte de la organización aportamos lo mejor de cada uno. Quizá es mejor parar, con la ilusión y las ganas en todo lo alto.

¿Cuál es el balance de estos cinco años?
Cuando empezamos años atrás a través de ideas sueltas en el foro People Like Us, que aportábamos gente que no nos conocíamos de nada, difícilmente pensamos que el Popfest tendría cinco ediciones. Nos ha hecho mucha ilusión ver cómo el festival se convertía en el punto de encuentro musical anual de amigos que no se ven a lo largo del año, las ganas de muchos grupos que nos han enviado sus propuestas queriendo participar, cómo grupos dicen «SÍ, queremos estar ahí», sin importarles el que no podamos llegar al caché al que están acostumbrados con otro tipo de promotores o festivales… Y todo esto aprendiendo mientras íbamos andando el camino, porque desde fuera tienes una idea de cómo puede hacerse, pero hasta que no estás dentro no te das con la realidad. Y claro, también ha habido de eso, ver cómo no se termina de entender el que no tengamos patrocinadores, el que no podamos tener cachés normales, el que no haya acreditaciones, el nombre Popfest… Increíble la sensación de comprobar que si se quiere, se puede, no hacer un festival sino mantenerlo. Y habernos podido dar a conocer y que gente de la ciudad, de otra ciudades, otros países e incluso continentes hayan querido estar. Y haber podido traer grupos que actuaban por primera vez en España, grupos nacionales que nos emocionan, reuniones tras muchos años sin tocar…. Un sueño.

Sabemos que en la organización ha ido entrando y saliendo gente, y que sois un grupo nutrido… ¿Pero qué momentos destacaríais?
Desde el principio hemos sido un grupo numeroso y cada festival implica muchos meses de curro de organización y tareas e infinidad de emails por detrás. Algunas veces miembros de la organización lo han dejado por no poder dedicarle el tiempo suficiente, o porque sencillamente han decidido que era mejor parar por un motivo u otro, quizá algo que todos y todas los que estamos hemos pensado en algún momento. No destacaríamos ningún momento especialmente, quizá los primeros años en que en la organización estábamos cerca de quince personas decidiendo todo a través de debate y votaciones y miles de emails. Actualmente estamos diez. Todas las personas que han estado han aportado un punto de vista diferente y necesario.

¿Habéis tenido algún sinsabor?
Quizá cuando te encuentras a alguien que juzga el festival sin conocerlo y sin conocernos, pero hace ilusión cuando al indagar un poco más o participar en él, la opinión de ese alguien cambia completamente y así nos lo han hecho llegar. También nos da pena no haber podido tener en el cartel a grupos que nos gustan y que nos han mostrado su interés en participar en alguna o varias ediciones, debido al hecho de querer tener todas las propuestas representadas o al número limitado de huecos en cada edición.

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Fanzines Madrid Popfest

¿Cómo encajaríais que otra gente tomara el relevo de la «marca» Popfest en Madrid?
El Popfest no nos pertenece a las personas que estamos ahora en la organización, por supuesto. En nuestros comienzos decidimos hacer aquí lo que ya se estaba haciendo en otros lugares del mundo siguiendo sus principios de total independencia y DIY; y tras estos cinco años los que estamos hemos decidido no hacer más Madrid Popfests en el futuro y dejarlo aquí. Cualquiera que se sienta con ganas e ilusión puede retomarlo con su idea de Madrid Popfest, pero nos gustaría que se respetaran las ideas fundamentales de autonomía, independencia, altruismo y falta de ánimo de lucro que caracterizan a los Popfests. Por supuesto que sería el Madrid Popfest, pero no el conocido hasta ahora. Ni mejor ni peor, sino un Madrid Popfest nuevo y diferente y de acuerdo a las preferencias de las personas que estuvieran detrás.

¿Qué os parece el surgimiento de otros Popfest en Zaragoza y Santiago (de Chile) inspirados en vosotros?
Hace mucha ilusión, porque surgen en base a vivir el nuestro de cerca y de sentir la cercanía entre organizadores, público, grupos, y han decidido querer reproducirlo en otros lugares ya no sólo siguiendo el modelo general Popfest, que también, sino teniendo el nuestro como referente. Realmente muy ilusionante y desearles a todos lo mejor para el futuro.

¿Cómo veis la oferta de conciertos en Madrid? ¿No pensáis que llenabais un hueco necesario?
Es muy destacable y positivo que prácticamente cada día o fin de semana haya múltiples propuestas, que grupos que emergen toquen una y otra vez, y que haya colectivos varios como vosotros, Madrid Radical, Autoplacer, La Resistencia DC, etc que lo hagan posible a pesar de los cada ver mayores impedimentos y dificultades como escasez de salas, IVA cultural, restricción de horarios… Nosotros hemos intentado ser uno más, intentando aglutinar a los grupos que nos emocionan de aquí o de fuera durante tres días; quizá no hay otra propuesta de festival en Madrid con grupos nacionales e internacionales de pequeño formato como el nuestro, eso es verdad. Queda también hueco para propuestas de conciertos internacionales pequeños, hueco que antes llenaba Pacific Street.

A lo largo de estos años el abanico estilístico del Popfest ha ido dando cabida a otras propuestas que, por sonido, inicialmente no cuadraban, sobre todo en el apartado nacional. ¿A qué ha sido debido?
Creemos que es coincidencia, los grupos se eligen tras votación entre quienes estamos en la organización, y quizá grupos que han estado en los últimos años nos hubiera gustado que estuvieran en ediciones previas pero no fue posible. O también ocurre que no tenemos huecos suficientes para todos los que nos gustan y no pueden estar en una edición pero se intenta en la siguiente. O que se dan situaciones especiales que hacen que un grupo que consideramos imposible pueda estar en una edición determinada en el festival. En cada edición hemos intentado que todos los estilos estuvieran representados, esperamos haberlo conseguido.

¿Algún sueño irrealizable en esta andadura?
Respecto a la idea conjunta de festival, lo que hemos conseguido ha sido un sueño que hemos visto convertirse en realidad. No hemos conseguido tener algún grupo que por motivos de fechas en ocasiones o por no poder alcanzar sus condiciones ha sido imposible, muchas veces eran quimeras pero no hemos querido dejar de intentarlo. En los casos en que veíamos que había puerta abierta para años siguientes lo hemos vuelto a intentar. Seguramente ese grupo, nacional o internacional que alguna vez habéis pensado, «jo, ya podían traer a este grupo al Popfest», sea uno de ellos.

Por último, ¿qué os movía a hacer esto y cómo afrontáis esta última edición?
Nos movían y nos mueven las ganas e ilusión desde el minuto uno. Esta edición es muy especial porque es la última y los sentimientos estarán a flor de piel, porque tendremos grupos en el cartel que nos emocionan, incluyendo grupos con enormes ganas de tocar aquí venidos de otros continentes, por todas las amigas y todos los amigos que estarán esta última vez… Desde aquí y hasta que quitemos la banderola del Popfest del escenario de Clamores tras la pinchada del sábado, seguiremos esforzándonos con la misma ilusión para que todo salga lo mejor posible, como intentamos hacer en cada edición y que la gente que compra su abono sea lo más feliz posible de nuevo en estos tres días de música. Queremos aprovechar esta entrevista para dar las gracias una vez más al público del festival por estar ahí apoyando año tras año y en las fiestas preliminares, a los colectivos que nos hacéis un hueco en vuestras plataformas o habéis compartido algo del Madrid Popfest en algún momento, a los grupos y DJ’s participantes de las fiestas de presentación y de estas cinco ediciones, a los grupos que han aportado lo mejor de ellos mismos para que cada año tuviéramos la mejor sintonía, y a todas y todos los que en algún momento habéis sentido el festival como vuestro también: GRACIAS.

Madrid Popfest

Tras el patrón navideño retomamos nuestra colaboración mensual en «El Sonido de las Montañas del Revés» con la sección «Puente Aéreo». En esta ocasión el entrevistado ha sido Pablo Santoro, miembro de grupos tan relevantes en el underground madrileño y nacional como Ensaladilla Rusa, Bicicross o Prisma en Llamas. La idea de la sección es acercar a los oyentes a grupos emergentes o quizá menos conocidos de Madrid. Ya hemos hablado en ella de Sector de Agitadas y Puzzles y Dragones.

Desde hace unos quince años Pablo ha pasado por diferentes grupos y transitado diferentes estilos, desde el hardcore hipersónico de Ensaladilla Rusa donde compartió grupo con Jose Atomizador, pasando por Bicicross, recientemente reivindicados por Gramaciones Grabofónicas que han reeditado toda su discografía en un precioso vinilo, hasta Prisma en Llamas, uno de los grupos mas geniales que han surgido en los últimos años y que puso en marcha junto a Hugo Sierra (Margarita).

Pero en esta ocasión quisimos hablar con él porque acaba de subir a su Soundcloud “Domesticidad” (2015), doce canciones en forma de particulares nanas infantiles dedicadas a sus hijos. Somos unos cuantos los que hemos alucinado con las canciones y a algunos nos han calado mucho, así que nada más escucharlas pensamos en contactarle para que nos contará algo más sobre ello y así ya con la excusa aprovechar para repasar su mencionada trayectoria.

La entrevista se puede escuchar a partir del 52′

Parece que fue ayer cuando un grupo de fanáticos del indie pop que frecuentaban un anacrónico foro decidían organizarse para dar forma a sus sueños mediante la organización de un Madrid Popfest. Pero no fue exactamente ayer, pues el Madrid Popfest encara ya la recta final de lo que será su tercera edición, de nuevo en Clamores, y de nuevo enarbolando la bandera de la autogestión (recordemos que es un festival sin ningún tipo de patrocinio) y del amor hacia la música independiente, concretamente hacia el indie pop.

En todo este tiempo la Asociación Madrid Popfest se ha movido mucho y ha contribuido a la dinamización de la escena madrileña con sus fiestas satélite recaudatorias. Además, en las dos ediciones anteriores han dejado grandes momentos, nos vienen a la cabeza las actuaciones de Allo Darlin’ o The Orchids en la primera edición, o de Close Lobsters el año pasado.

Como siempre, la presencia de bandas nacionales en la programación del Popfest es reseñable. En concreto, en esta edición parecen abrirse estilísticamente a diferentes propuestas que de seguro consideran necesarias tener en cuenta sin ser estrictamente clasificables dentro del twee pop por el cual sienten adoración. En el apartado nacional, se contará con las actuaciones de Capitán Sunrise, Betacam, Papá Topo. Computadora, Los Bonsáis, Los Lagos de Hinault, Zipper y Prisma en Llamas.

Por nuestra parte, y como viene siendo habitual, apoyamos esta iniciativa y celebramos su continuidad. De hecho, y aprovechando que hemos empezado a distribuir material en vinilo de los sellos independientes nacionales que más nos gustan, estaremos atentos a lo que suceda encima del escenario, pero también detrás de un puesto de discos provisto de cassettes, bolsas, algún libro y más de cien referencias en vinilo, tanto nuestras como autoproducidas o pertenecientes a diferentes sellos.

 

Si ya es difícil plasmar en unas cuantas líneas todo lo acaecido en un año, mucho más lo es en una lista. Quizá por ello no me gusten nada. Me parecen añejas, feas, insensibles e innecesarias en los tiempos que corren, y no deja de suscitarme auténtico estupor el hecho de que alguien sea capaz de hacer un repaso mental tan exhaustivo, o acaso lleve preparándose todo el año para tan señalado día. Si la memoria me falla lo suficiente como para hacer impensable lo primero, el acto premeditado que supone lo segundo nubla por completo uno de los principales parámetros que deberían emplearse a la hora de valorar un disco, que es el poso que este ha dejado en nosotros. Claro que el poso es algo pausado, reñido del todo con el ritmo frenético de Internet. Pero seamos serios: es absolutamente imposible que en un año nos hayan marcado cincuenta discos. Y si lo han hecho -hay quien es muy impresionable-, ¿acaso hay alguna diferencia entre el puesto 19 y el 32? La gente como yo, que lo descubre todo tarde, no puede hacer listas. Tendría que rehacerlas continuamente. Por no hablar de los discos que se mueven en la barrera que separa el año en curso del siguiente, o aquellos que copan los puestos altos incluso antes de haber sido publicados. El disparate llega ya cuando encima y pese a toda la sobreinformación a la que estamos sometidos, van y éstas son ABSOLUTAMENTE IGUALES.

Desde el punto de vista musical, y si de descubrir cosas se refiere, veo mucho más útil echar la vista atrás y preguntarse qué discos hemos escuchado más, qué escenas nos han cautivado, qué lugares hemos frecuentado con mayor asiduidad, cuáles directos nos han sorprendido. Las listas tienden a aislar y por tanto sepultar el contexto, haciendo en realidad flaco favor a la música, que ya de por sí se consume de una manera demasiado voraz. ¿Para quién están hechas? La listas deberían ofender tanto al que crea como al que promociona, y al melómano no le aportan nada. Las listas de fin de año, tal y como están ahora mismo concebidas, deberían desaparecer.

Comenzando como no podía ser de otro modo con aquello que atañe a nuestra propia actividad, está claro que uno de los motivos de más orgullo para nosotros llegaría el 8 de septiembre, con la presentación en Siroco de la que es nuestra tercera referencia, «Madrid Está Helado» (2012). De nuevo y tal y como sucedió con el anterior recopilatorio de bandas emergentes de Madrid que publicamos -el «No Te Apures Mamá» (2011)– la sala quedó abarrotada para ver un puñado de grandes grupos pequeños, demostrando que en ocasiones es verdad eso de que la unión hace la fuerza. Si pasado ya un tiempo más que razonable desde el lanzamiento del primero se puede advertir una clara progresión: la consagración de Los Claveles o Cosmen Adelaida, la expectación por los trabajos en ciernes de Alborotador Gomasio y Hazte Lapón. En menos de un año del segundo percibimos que muchas de las bandas incluidas en él han dado ya un gran paso adelante, bien publicando sus primeros trabajos en largo (caso de Tigres Leones o Cómo Vivir en el Campo), o sencillamente insertándose en el circuito independiente de conciertos de la capital. Nos referimos a grupos que, como Esquimales o Alberto Azul han pasado de dar sus primeros conciertos a hospedar a bandas más asentadas como Franc3s o Blacanova en sus visitas a la capital, además de las numerosas listas en las que se insta a seguir a muchos de ellos, mención especial para Trajano! y Computadora.

En esta línea, es bonito observar los lazos casuales que se crean en directo entre grupos de sobra conocidos, como Juanita y los Feos, con otros más noveles, como Hielo en Varsovia. Como también lo es el entusiasmo con que gente que ha sido un referente en la independencia madrileña están acogiendo las proposiciones de los que llevamos menos tiempo en esto. Me refiero al entorno Gssh! Gssh!, Afeite al Perro, Isa Charades (ahora Aries y con discazo bajo el brazo), Chingaste la Confianza, etc.

Creo que este año no ha habido ningún disco que me haya obsesionado, pero el nivel medio ha sido muy elevado y a cambio he podido disfrutar de grandes directos, hasta el punto que se puede decir en voz alta y sin temor que los grupos españoles han derribado ya por fin del todo el tópico de que suenan mal. Sí, como espectador he podido disfrutar (y como organizador, padecer) un más que bullicioso estado de salud de la independencia en Madrid. Al buen hacer de sellos ya casi veteranos como Gramaciones Grabofónicas o Gran Derby, ejemplos de colectividad, se ha sumado la estruendosa y feliz irrupción de los ya omnipresentes Sonido Muchacho. Y de su fino olfato han venido algunas de las novedades más sorprendentes en este pasado 2012, desde Diego García a Tucán, pasando por Juventud Juché o Terrier. Sin duda, uno de los sellos que más alegrías nos depararán en este 2013, al menos yo espero con inusitada expectación cada uno de sus próximos e imprevisibles lanzamientos. Relevante es al hilo de esta colectividad mencionada el surgimiento de Nueva Monarquía, sello basado en la financiación por crowdfunding, signo de los nuevos tiempos, veremos si modelo válido e imperecedero también.

Mucho sello pequeño, diréis. Sinceramente, poco me interesan las propuestas de los «grandes», salvo contadas excepciones. Sus apuestas son tan conservadoras que tan sólo Limbo Starr me suscita cierto interés periódico. Así, Ornamento y Delito, Franc3s o Cuchillo han sacado muy buenos discos a su abrigo. Plausible es también el paso dado por Acuarela para engancharse de nuevo a la actualidad abanderando un proyecto tan joven como El Faro. O que Jabalina mime cada lanzamiento de ese grupazo que es Klaus & Kinski. Pero no oculto que mis miras cada día se vuelcan más hacia lo minoritario, con el universo Atomizador, Extinción de los Insectos, Prisma en Llamas, Grosgoroth. Con el do-it-yourself heroico en estos tiempos de crisis, con Madrid Radical retomando la senda iniciada por Aplasta Tus Gafas de Pasta, con Palo Alto. Y, sobre todo, con la resistencia de los sellos unipersonales enarbolados por los románticos empedernidos, siendo Manu Bang! (Autoplacer Sindicalistas, Discos Walden y su Club del Single), Hoffa (Discos Calabaza) e Ignacio (Discos Garibaldi, Madrid Popfest) mi troika favorita. Y La Faena II el nuevo lugar de evasión. A decir verdad, uno tan sólo echa en falta un festival en condiciones en la capital. Todo se andará.

Pero esta es mi «no-escena», que si vais y preguntáis a mi compi fonoteco TGL, con lo que más se va a emocionar es con todo lo que sucede alrededor del Rock Palace y grupos como Vigilante Gitano, Obediencia o Sudor. Es cuestión de gustos y mentideros, y a este último respecto no me gustaría pasar por este repaso a la actualidad musical de Madrid sin hacer referencia al Nuevo Anochecer, proyecto que desarrollo junto a Manu Bang! y Láynez Coca (Regiones Devastadas, Futuro), y fruto del cual una vez al mes el Tempo II se entrega al baile, a los sintetizadores, el post-punk, el italo raro y la new wave, y donde aprovecho siempre que puedo para colar ritmos de grupos que encajen en esta fête triste, llámese Futuro, Linda Mirada, Granit, Violeta Vil (uno de los directos del año), Villarroel (lo mismo) o Espanto (a los que deseo que hagan algún otro este mismo año).

Alguno dirá que encuentra demasiados nombres de grupos que hemos programado. Obvio. Si no los encontráramos interesantes no lo haríamos. Y algún otro que hay muchos amigos citados. Lógico también. Cuando uno se pone a hacer balance es normal que tire de lo que tiene más a mano. Al fin y al cabo es lo que hace la Rockdelux sin rubor alguno y muchos aún se rasgan las vestiduras por ello. Pero cambiemos de coordenadas, que no todo sucede -afortunadamente- en Madrid.

Galicia. Desde aquí miramos con expectación lo que sucede en torno al consabido Galician Bizarre, otro exponente de cómo de una manera colaborativa se puede trascender. No todo lo que se engloba bajo esta etiqueta heredera del Zeitgeist encarnado por el buque insigne del undergroundnacional, Triángulo de Amor Bizarro, me resulta igual de interesante, pero no cabe duda que ya son dos años consecutivos generando una cantera más que envidiable, y así lo han demostrado Telephones Rouges, Fantasmage y Tora! Tora! Tora! en este 2012 que ya se esfumó.

Tampoco quitamos ojo a Barcelona, con más admiración que recelo de lo que se nos presupone. Dos conquistas, el llenazo de Doble Pletina dentro de nuestro ciclo de conciertos en El Juglar en colaboración con Grabaciones Azul Alcachofa, con un público absolutamente rendido, y lo mágico de Pegasvs musicando “El Gabinete del Dr. Caligari” (Robert Wiene, 1920) en el Festival SyFy. En general seguimos con mucho detenimiento cada uno de los pasos de Canadá, así como los geniales proyectos efímeros a los que nos tiene acostumbrados la modernidad de la Ciudad Condal, me vienen irremediablemente a la cabeza los ya mencionados Granit.

Preguntando en nuestro foro, Roberto Macho nos señala la confirmación de dos bandas del sello Sones, como son Mujeres y Fred i Son, cuyos segundos largos han cumplido las expectativas depositadas en ellos. Nos apunta que los recientes trabajos de Mishima y Antonia Font los siguen conservando como los dos grandes grupos de la escena local. Y nos señala a Isaac Ulam del sello Bankrobber. «Folk mediterráneo optimista y luminoso que seguramente no aparecerá en casi ninguna lista pero que merece toda nuestra atención». Dicho queda.

En esta senda más desconocida, algo más outsider, Miguel Atienza nos destaca al Colectivo Detakón. Y un humilde servidor se decanta por HAO! y la Cofradía de la Pirueta, cuyos movimientos sigo con atención, especialmente a lo que suceda con Corte Moderno, el enésimo proyecto de El Ortiga (Anticonceptivas, Thelematicos, Pelea!, Cotolengo). Por supuesto es digna de mención la gran labor de El Genio Equivocado, que está ofreciendo la posibilidad de que grupos noveles crezcan bajo su auspicio: los ya citados Cosmen y Blacanova, Odio París, Las Ruinas o Grushenka, así como la incombustibilidad del universo Austrohúngaro, este año a la carga con Hidrogenesse, Espanto y Lidia Damunt. ¡Qué rara avis es Foehn también!

Por último, y desde la distancia, me gustaría señalar la percepción de hervidero de buenos grupos que supone Pamplona en la escena nacional (Tremenda Trementina, Violeta Vil, Kokoshca, Los Ginkas, Reina Republicana), y la gran personalidad de las bandas que nos llegan desde Sevilla (Tannhauser, Blacanova, Pony Bravo, Las Buenas Noches, Fiera, Marina Gallardo); la irreverencia valenciana (Tucán, Rajoy Division) y el movimiento alicantino (recién empezado el año estoy flipando y mucho con el sello Musagre y todito todo lo que está sacando en cassette); el terremoto asturiano que es Discos Humeantes y más que curiosa la actividad en el Baix Llobregat: Gúdar, Primogénito López. Pero todas estas cosas dan para un capítulo aparte, y si no tienen cabida en una entrada así de larga, imaginaos en una lista.

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Doble Pletina por Javi Castro

La idea de Libros de Kirlian viene de lejos. Antes incluso que Discos de Kirlian. Hubo un tiempo en que Óscar devoraba cualquier cómic que caía en sus manos. Los viajes en cercanías, por aquel entonces para ir a la facultad, daban para mucho. Ya entonces empezó a rondarle por la cabeza crear una editorial para editar pequeños libros, pequeños tanto en dimensiones como en pretensiones, de dibujantes más o menos conocidos a los que por aquel entonces seguía la pista. Pero todo aquello se fue desvaneciendo poco a poco.

Todo cambió y volvió a tomar forma el día en que descubrió los dibujos de Javier Castro. Para empezar le pidió un logo para la imagen del sello que pondría en marcha en octubre del pasado año, Discos de Kirlian. El talento de Javi es innato, un diamante en bruto por descubrir y fue ayudándole en otros aspectos gráficos. En su Flickr descubrió y quedó bastante sorprendido al ver que se atrevía a dibujar a grupos como Los Ginkas o Pegasvs y la manera en que lo hacía, así que le comentó la posibilidad de recopilar en un libro todos estos y otros dibujos de grupos del nuevo underground nacional, que admiraban mutuamente como Atomizador, Solletico, Montañas, Prisma en Llamas, Bigott, Sundae o Triángulo de Amor de Bizarro. Así es como surgió «Ilustrando el Underground» (Libros de Kirlian, 2012).

El libro es una muestra bastante representativa, a pasar de que tuvieron que dejarse en el tintero algunos grupos como Raúl Querido, Espanto, La Estrella de David, Los Claveles o Templeton, por decir algunos que gustan a ambos.

La idea de Libros de Kirlian es prácticamente la misma que en su faceta vinilera: Editar textos, dibujos o una mezcla de ambos, que merezcan la pena, cuidando la edición (hay personas que han etiquetado el libro como “cuco”) y sin abusar con el precio.

En «Ilustrando el Underground» se presenta la discografía completa del grupo, una pequeña biografía y un trozo de letra de una canción en las páginas pares, y el dibujo en cuestión en las impares, hasta un total de veintidós grupos. Además, encargó el prólogo a Andrea Galaxina, conocida fanzinera que ya había sacado «Que los Monstruos Nos Cojan Durmiendo» (2011) el año pasado, un libro de ilustraciones de Javier en su editorial Bombas Para Desayunar. Como curiosidad, decir que aún con este libro recién publicado ya se piensa en la siguiente referencia, que tiene incluso nombre «Menta y Agua (Historias de La Buena Vida)», en el que varios autores darán su particular visión del mítico grupo donostiarra.

En el libro se pueden encontrar varios grupos que han pasado por los conciertos de LaFonoteca BCN, como Solletico, Atomizador, Prisma en Llamas, Wild Honey o Doble Pletina, con quienes inauguramos la serie de conciertos en la Ciudad Condal. Precisamente os dejamos con la ilustración correspondiente a estos contenida en el libro.

El libro además de poder comprarlo en el Bigcartel de Discos de Kirlian, se puede encontrar en las siguientes tiendas: 
Luchador, Revolver, Fattbottom, BCore y Mutt (Barcelona), Librería Dadá (Valencia) y La Integral (Madrid).

Cuando alguien se ha preparado en un campo determinado o tiene aptitudes para algo concreto es más que razonable que aspire a poder desarrollarse profesionalmente hasta poder vivir de ello. Cierto es que tal y como están las cosas uno parece incluso tener que agradecer el tener un puesto de trabajo, pero no hace demasiado tiempo estábamos acostumbrados a oír esta frase en distintos ámbitos. ¿Y en el musical? Es de suponer que alguien que cultiva una pasión tan grande por la música habría de dejarlo todo si tuviera la más mínima oportunidad. ¿Seguro? ¿Aun teniendo un trabajo bien remunerado y/o que nos gusta? ¿Es esto posible o simplemente irreal? Nos ceñimos, por supuesto, a lo que todos conocemos como escena independiente, porque como bien indica Saray, de Hazte Lapón, oncóloga, a pesar de los pesares «a David Bisbal no le va nada mal, la verdad».

Anntona, de Los Punsetes, productor audiovisual, no lo duda: «Me encantaría probar, al menos uno o dos años, aunque no creo que me alejara del todo de mi trabajo, que me gusta bastante». Tampoco parece pensárselo demasiado Marc, publicista y diseñador gráfico al frente de uno de los grupos revelación del año pasado, Doble Pletina: «En caso de que me alimentase, sí». Ahora bien, ¿es esta pretensión básica posible? Anntona es rotundo: «No. Apostaría a que el 90% de los grupos que te gustan actualmente no viven de la música. De hecho estoy seguro que un buen 70% de ese 90% pierde dinero haciendo música».

Bueno, pues voy a ello. Rodrigo de Triángulo de Amor Bizarro, uno de los grupos más punteros de nuestra escena, define la situación como para ir tirando y con suerte: «No ves ningún futuro a largo plazo, pero vas haciendo cosas mientras dure». Marina de Klaus & Kinski, autores ya en febrero de uno de los discos del año, nos muestra un panorama mucho más desalentador: «Imposible. No sé dónde está el punto, pero vivir con lo que nosotros facturamos, no se puede».

Una de las claves la apunta Guille Wild Honey, quien también trabaja en el sector audiovisual: «Creo que no existe una red profesional real. La clase media es inexistente, pero es un problema estructural; no hay ni público, ni circuito de salas consolidado, ni una idea de explotar música de manera seria, por ejemplo, en el extranjero». Hugo de Prisma en Llamas y Margarita, diseñador gráfico, cree que el problema es endémico: «Este país siempre ha funcionado de una manera un tanto oscura frente a la cultura». El reivindicativo Raúl Querido, empleado en las oficinas de una conocida cadena de televisión, va un paso más allá y apunta a la Administración sin exculpar a la sociedad, de la que por cierto, todos formamos parte: «No deja de ser una manifestación de fenómenos bastante generalizados en nuestro entorno, como la dejadez y el enchufismo de la Administración, el nepotismo extremo de prácticamente toda la sociedad y la habitual falta de aprecio por la cultura o las formas de ocio que se salen un poco de lo habitual».

En los casi tres años que estuve viviendo en Londres, pude observar que, al igual que aquí, tan sólo se fantasea con la posibilidad de vivir de la música. La competencia es brutal y las cifras que se mueven ahora nada tiene que ver con las de antes. Pero a diferencia de España, sí que parece existir un tejido industrial que lo hace factible. Guilhem Fraisse, nuestro técnico de sonido en los conciertos que organizábamos allí nos contaba que era poco menos que imposible llegar. Pero también nos contaba cómo su grupo Black Cherry iba a tocar en Glastonbury el verano siguiente. No hace falta ser muy espabilado para saber que la proyección que te da tocar en Glastonbury, aunque sea a las cuatro de la tarde, no es la misma que la que te da tocar en el Contempopránea… pero, ¿y en el Primavera Sound o en el FIB? ¿Tanto nos cuesta vender nuestros productos al exterior? Si atendemos a la repercusión que tienen nuestros vinos o nuestro aceite fuera de nuestras fronteras, la respuesta parece clara: sí. Volviendo a la música, que aún Latinoamérica siga siendo un terreno por explorar es bastante sintomático; como lo es que el mismo grupo de Guilhem, a pesar de las artimañas de las que se sirviera su manager para conseguirlo, haya logrado ya girar por Estados Unidos o, sin ir más lejos, que un grupo como A Grave With No Name, a quienes ví en un pubeto junto a otras veintipico personas más, vayan a tocar en La Boite en Madrid la semana que viene. ¿Hechos aislados? Me temo que no. Los grupos anglosajones están más acostumbrados a girar, y en numerosísimas ocasiones, aunque nos escueza aceptarlo, esto se sigue percibiendo encima del escenario.

¿De veras no hemos mejorado nada en todo este tiempo? ¿Tan malos emprendedores somos? David Rodríguez (La Estrella de David), que lleva en la brecha desde la eclosión del indie en España, nos confiesa que es profesional por accidente: «¡Y que dure! En los 90 ni por accidente ni por hostias. Ahora, claro, estoy al borde de la miseria. Pero bueno, como la mayoría de los españoles». Parece, por tanto, que algo vamos aprendiendo porque, dicho sea de paso, estos accidentes cada vez son más frecuentes; aunque también lo es que muchos respondan, como bien indica Lolo de Hazte Lapón, psiquiatra, al hecho de entrar en un círculo de influencias y reconocimiento: «Evidentemente, esto sólo está al alcance de algunos grupos. Por eso hay gente que ha tocado veinticinco años y está viviendo de la música ahora, cuando sus amigos y colaboradores han constituido el circuito que domina la programación de festivales».

Entonces, si eso de que el directo era lo que iba a salvar a los músicos de la crisis discográfica era mentira, ¿ahora qué hacemos? Según Raúl Querido, la solución a corto plazo pasa por la especialización en actividades relacionadas: «Difícilmente se puede vivir de los directos, pero al menos creo que se debería poder vivir de las actividades de corte profesional y especializado relacionadas con lo anterior: produciendo buenos discos, organizando buenos directos… Está por ver». Eso mismo pero en otro marco laboral es lo que indica Guille: «El tiempo y el esfuerzo que le puedo dedicar a la música es muy limitado. Dejaría mi trabajo si pudiera tener perspectivas de hacer algo relacionado con la música pero en una industria real, algo tipo hacer música para televisión o publicidad».

Está claro que uno los factores que preocupan a nuestros entrevistados a la hora de plantearse pegar el salto es la inestabilidad económica. Marc asegura que «como cualquier autónomo, no tener garantías de cobrar en un futuro ni un sueldo fijo al mes» serían algunas de las principales contras, aunque como bien indica Raúl «hablar de estabilidad laboral es ya casi utópico». Laura, también en Doble Pletina y profesional de uno de los sectores más sumidos en la crisis, la arquitectura, piensa al respecto: «Vivir de la música en España es muy difícil, como lo es vivir de cualquier profesión hoy en día en este país. Si pudiera vivir de la música estaría seriamente preocupada por mi futuro laboral, del mismo modo que lo estoy ahora». En este sentido, Rodrigo dice estar contento con la decisión tomada: «Nada nos asegura, tal y como está el panorama, que si hubiésemos continuado en los trabajos que teníamos antes estuviéramos mejor económicamente que ahora».

Dejando de lado el aspecto pecuniario y atendiendo a exigencias creativas, entramos en un terreno repleto de interrogantes. Raúl Querido afirma que dejaría su profesión por la música, con matices: «No me convence enfocar mi faceta como compositor e intérprete de manera profesional, por lo que ello impone de servidumbre creativa». Lolo incluso ve sus ventajas en el hecho de no vivir de ello: «Puedes imponer tu propio ritmo y ser totalmente selectivo con tu propio material. No sentirte en la necesidad de hacer canciones para un público masivo permite también hablar de todo cuanto quieras». La música convertida en trabajo; Jaume, de Doble Pletina, ingeniero ferroviario, sentencia: «Mejor no mezclar negocios y placer». Incluso para otros, como Saray, la música no es más que un hobby: «Si la música me diera para vivir dejaría de ser atractiva para mí». Eso sí, un hobby al cual se le dedica mucho, mucho, pero que mucho… tiempo. ¿Compensa la pechada?

«Lo bueno es que tu música no se ve afectada nunca por temas comerciales y económicos. Hay libertad absoluta. Entiendo que cuando vives de ello hay una parte que implica hacerlo con miras comerciales y eso puede afectar un poco a tu creatividad. Eso sí, hay que hacer malabarismos con la organización de tu tiempo. Pero esto se vive con alegría», dice Hugo. Para Lolo, hacer música es un forma de vivir: «Yo no podría dejarla hoy y dedicarme a mis pacientes como si nada. Incluso para la música más minoritaria hace falta una dedicación y una constancia que nada tienen que ver con un hobby al uso. La música es una forma de vida».

El tiempo, la hora, ¿¡qué hora es!? Dilucidamos de todo este embrollo que poderse dedicar a la música en exclusividad también tiene sus ventajas. Rodrigo no se arrepiente: «Hacemos lo que queremos, a nuestro ritmo y no tenemos jefe, y en cierta medida dependemos de nosotros mismos». Anntona abre la caja a un universo de posibilidades: «Supongo que si me dedicara plenamente a la música lo haría todo mejor: tocaría mejor, compondría más, cuidaría más los directos y los discos y sería algo más ambicioso en general». ¡Qué desazón! ¡Qué de potencial desperdiciado! Pronto nos alivia de este sufrimiento: «Ninguna de esas cosas está garantizada, al menos en mi caso».

¿Está entonces nuestra música condenada a ese amateurismo que tanto nos gusta según qué propuesta? Lolo replica: «Cuando Faulkner escribía mientras trabajaba en un prostíbulo, ello no le convertía en un amateur. Cuando la música es un simple entretenimiento no funciona, se nota porque se extingue ella sola». ¿¡Se va a extinguir la música!? «Si tuviera que volver a trabajar en otra cosa, pues tampoco pasaría nada. Música voy a seguir haciendo siempre». Me quedo más aliviado tras estas palabras de Rodrigo. La única certeza es que el trabajo no nos hará libres.