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Automatics, una de las bandas que mejor desarrolló lo que algunos denominaron como noise-pop vuelven a juntarse para, al menos, dar un concierto en enero en la sala El Sol de Madrid. Compañeros de viaje de grupos como Usura, Penélope Trip, El Inquilino Comunista, Parkinson DC, Los Planetas, Patrullero Mancuso y muchos más, fueron responsables de llenar la escena de los 90 del panorama nacional con cortinas sonoras tejidas a partir de guitarras y distorsiones inmisericordes. Facturaron canciones y discos que para muchos vinieron a poner banda sonora a toda una década, la de los 90. Aprovechamos la excusa de su inminente reunión para charlar con ellos sobre si tiempos pasados fueron mejores o no, sobre festivales de música, sobre su historia y los proyectos que les ocupan en estos momentos.

Pasado el tiempo, al hacer recuento de los años 90, de las bandas, sellos, fanzines, revistas y festivales uno sacaría la impresión de que se trataron de unos años especialmente activos. ¿Fue así? ¿Se vivió una época de efervescencia musicalmente hablando? ¿Qué diferencias marcaríais vosotros con respecto a otras etapas?
Sí que fueron unos años muy activos musicalmente, pero a diferencia de los 80 los grupos no pasaron de la escena alternativa al mainstream, creo que en parte por el tema de cantar en inglés (a excepción de Dover). Por lo demás, los movimientos musicales pasan, salen nuevos, se hacen revisiones de décadas pasadas, etc. La ruleta sigue dando vueltas.

¿Se apoya ahora a las nuevas bandas desde la radio, revistas, etc. como entonces?
No. ¿Qué radios? ¿Qué revistas? Sinceramente, Internet ha matado la música. Gracias a Dios ha resurgido el vinilo, para los que verdaderamente nos gusta la música y coleccionarla. Tal y como está actualmente el panorama es muy complicado funcionar con un grupo.

¿Fue real la aparente dispersión geográfica de focos de actividad de bandas: Asturias, Andalucía, Madrid, Barcelona? ¿Estuvo todo menos centralizado en los 90 quizá que en etapas anteriores?
Sí fue real, y a diferencia de los 80, que se centralizó casi todo en Madrid y su dichosa Movida, en los 90 había actividad musical en muchos puntos diferentes del país. Aparte de esto las compañías discográficas no había que buscarlas necesariamente en la capital.

¿Fueron los Automatics abanderados de lo que vino a llamarse noise-pop? ¿Hubo realmente una escena de bandas con actitudes muy similares con respecto a las querencias por el ruido, distorsión, etc.?
No, no fuimos abanderados de nada, nacimos en medio de la tormenta, si entendemos noise-pop como canciones pop ruidosas pues efectivamente encaja un poco en nuestra forma de componer, aunque en directo estábamos más cercanos al rock, esa fuerza no conseguimos llevarla al estudio. También es verdad que para muchos esas “querencias” por el ruido tapaban las “carencias” como músicos, algo parecido al movimiento punk, que con dos acordes tenías una canción.

¿De dónde os venía a vosotros la afición por ese tipo de sonidos? ¿Os cansaron las comparaciones con The Jesus & Mary Chain?
Normalmente refleja la música que oyes, y en los 90 es lo que salía del mercado anglosajón que sigue siendo (aunque nos pese) la referencia, y lo de The Jesus & Mary Chain pues nos lo tomábamos a chufla. Tanto es así que en directo tocábamos «Sidewalking» para que la comparación tuviese más peso.

¿Por qué decidís cantar en inglés?
Bueno, nuestro inglés era muy peculiar; de todas formas nuestra música no la entendíamos o tenía la sonoridad que buscábamos cantándola en español, había que adaptar la melodía de la voz como un instrumento más a las canciones y para eso el inglés encaja mejor. También fue decisión de Jose.

A lo largo de vuestra trayectoria mantuvisteis una fidelidad absoluta por Elefant Records. ¿Por alguna razón en concreto?
Por amistad. Ahora que ha pasado el tiempo te contaré que estuvimos a punto de fichar por Subterfuge. Nuestro manager nos puso en contacto con Carlos, nos reunimos y quedó prácticamente acordado el cambio, pero a última hora nos echamos para atrás y decidimos seguir con Elefant.

Yo fui uno de los muchos que os vieron en el Festival de Benicàssim. Desde las primeras ediciones, el festival ha cambiado mucho, pero ¿creéis que, al menos en los comienzos, fue representativo del espíritu musical del momento? ¿Os gustaba tocar en él?
Digamos que ese espíritu estuvo presente en las tres o cuatro primeras ediciones, después cambió de manos, se masificó y los grupos españoles cada vez contaban menos. A nosotros nos encantaba tocar en Benicàssim, además de servirnos de promo para darnos a conocer a un público más amplio.

Tocasteis fuera de España, en Inglaterra por ejemplo. ¿Recordáis algo de la experiencia? ¿Fue importante para el grupo?
Fue muy importante; nos sirvió para quitarnos los complejos, en Inglaterra la experiencia fue genial y al público le gustaba (para variar nos comparaban con Oasis). En Francia fue aún mejor porque Eurockeennnes es un festival importantísimo a la altura de un Glastonbury y recuerdo que nos calló una tromba de agua impresionante y la gente aguantó hasta el final.

¿Es real la pequeña fama de ariscos que os ganasteis para con el ambiente exterior de la banda? ¿Teníais buena relación con el resto de grupos del momento? ¿Con qué bandas tuvisteis un mayor contacto?
Eso es totalmente falso, el problema es que nosotros hacíamos 100% vida rock and roll y no pretendíamos ni queríamos adoptar la pose de otros, y en ese grupo se incluyen bandas y algunos nuevos periodistas musicales; en fin, que tocábamos y nos lo pasábamos en grande después del concierto. En cuanto a nuestra relación con el resto de grupos de aquella época era excelente además de haber compartido escenario multitud de veces con ellos: Los Planetas, Nothing, Pribata IdahoAñade este contenido, Mercromina, Chucho

En vuestros últimos discos se aprecian elementos de evolución en vuestro sonido, introducción de efectos técnicos, exploración de nuevas atmósferas… ¿Erais de los que os gustaba experimentar?
Sí, nos gustaba mezclar nuestras guitarras con efectos y samplers en alguna que otra canción. De haber seguido funcionando seguramente la tecnología habría formado parte de las canciones en un 50% junto con las guitarras.

¿Algún disco del que os sintáis especialmente orgullosos?
Bueno, supongo que cada miembro del grupo tendrá sus preferencias pero en lo que si estamos de acuerdo es que “Space Rock Melodies” (Elefant, 1997) fue el que hizo despegar a Automatics y las críticas fueron excelentes.

¿Cómo situariais en esa posible evolución sonora vuestro último trabajo «Wilson Love Me» (Elefant, 2001)?
La supuesta evolución de «Wilson Love Me» no es tal, fue el techo al que llegamos en ese momento, y la meta final de Automatics, creo que en nuestro interior sabíamos que la historia estaba finiquitada y era el broche final.

¿Qué os lleva a disolveros?
Principalmente por personas ajenas al grupo y por otras que se habían incorporado en la última etapa y que no formaban parte de la filosofía de Automatics. Todo esto propició la separación, otro error fue no hablar y volver a coger las riendas los tres miembros fundadores (Jose, Manolo y Poncho). Había un claro distanciamiento y eso finalmente propició la separación.

Volvéis en enero a tocar en la Sala El Sol, ¿cómo os decidís a reuniros de nuevo? ¿Qué formación traerá Automatics para la ocasión?
Luis Calvo, nuestro antiguo jefe (Elefant), se puso en contacto con nosotros para comentarnos lo que estaba organizando la sala El Sol y la posibilidad de juntarnos para un concierto. Hablamos y nos gustó la idea. Tocaremos los que hemos estado en la formación desde el principio hasta nuestra separación, además de ser los fundadores del grupo, Jose Lozano (voz), Alfonso Linares (guitarra) y Manuel Aranzana (guitarra). En el bajo estará Javier H. Aranzana, que es el bajista original, el que más tiempo ha estado con nosotros y que ha grabado “Cesarea” (Elefant, 1994), “Space Rock Melodies” y parte de “Duty” (Elefant, 1999). La batería la compartirán Antonio Salas y Alvaro de Blas, además nos echará una mano en los teclados David Morales.

¿Teneis intención de hacer algo más como Automatics?
No lo creo, segundas partes nunca fueron buenas, cada uno tenemos otras historias musicales que atender: Universal Circus entran ahora a grabar nuevo disco y Husband terminando el segundo LP, pero… ¡Nunca se sabe! Tampoco creíamos que volveríamos a juntarnos después de tantos años y fíjate. El tiempo dirá.

Cuando en petit comité comenté que estaba preparando un artículo sobre escenas musicales, desde LaFonoteca no parecieron muy entusiasmados, la verdad. Aunque hubo algún resoplo, se me insistió en que podía hablar de lo que quisiera y bueno, pues al final de eso mismo es de lo que he querido hablar. Cierto es que el asunto está un poco manido, pero no es menos cierto que algo hay en él que siempre provoca prurito y, si el objetivo es generar debate, hay que decir que el debate sobre las escenas no está apagado. Bueno, tampoco encendido, la verdad. Más bien echa algún hilillo de humo de vez en cuando. Se ha convertido en algo así como un fuego fatuo, un asunto fantasmagórico.

Hace poco, un twittero con el original nombre de «indiegnado» (los sagaces juegos de palabra con el «indie» están apunto de superar al “funk” en cantidad y calidad) clamaba ante sus ¡cuatro followers! contra “la absurda microescena madrileña pop de Solletico, Rusos Blancos, Hazte Lapón y Cosmen Adelaida. No puedo evitar ver en esto algo entrañable. Yo soy de la idea de que en España es imposible alcanzar el éxito sin que haya un grueso de gente que te deteste. La pena es que sólo hubiera cuatro testigos ante tal arremetida. Pero me ha vuelto a surgir la duda, ¿hoy día, hay escena o no la hay? Y más importante aún, ¿a alguien le importa lo más mínimo? Porque al fin y al cabo, ¿cuantas escenas han existido en España? Voy a intentar hacer un repaso rápido y a ver si sacamos algo en claro. Prometo ser lo menos riguroso posible, a ver si así, al menos, le damos chicha a un tema fofo.

Respecto a las escenas pasadas, seguramente la única que todo el mundo tenga clara es La Movida madrileña, aunque posiblemente, nadie sepa ya muy bien qué fue movida y qué no. Todos los grupos parecen haber adoptado el término o renegado de él según conveniencia, y con tanto intento de rentabilizar el concepto, este ha acabado funcionando prácticamente como sinónimo de “música española hecha en los 80”. Los recopilatorios de cuatro cedés de lo mejor de la década han acabado por mezclar la velocidad con el tocino, y aunque aún haya quien se acuerde de las viejas polémicas entre babosos y hornadas irritantes, al final Mamá y Glutamato Ye-Yé han acabado condenados a aparecer de la mano hasta el fin de los días. Protagonistas directos como la ubicua Alaska, que igual posa desnuda para una foto antitaurina, sale en portada de la revista Psychologies o hace de tertuliana en la COPE, siempre ha dicho que entonces eran cuatro gatos que salían apedreados de los conciertos patronales y a palos con las fuerzas del orden. No me extraña que no añore aquella época, cuando, con el tiempo, ha sido la que se ha llevado la parte más grande del pastel (al menos, una parte tan grande con la de Almodóvar).

Pero entonces, si los grupos no estaban unidos y el público no era tan abundante, ¿dónde estaba la escena? Sí que parece cierto que más allá de rivalidades coyunturales y dificultades de un país recién llegado a la democracia, hubo un continuo intercambio de ideas entre artistas, no sólo de la música, también del cine o las artes plásticas. E independientemente de que en lo primeros años la mayoría de los españoles permanecieran aún ajenos a aquella efervescencia, Madrid era un hervidero.

Más que el estilo musical, sometido a continuo cambio, incluso dentro de una misma banda en un corto espacio de tiempo, lo que los unió fue ese fluir de ideas. Luego las rivalidades no eran para tanto, por ejemplo Javier Urquijo, de Tosv, germen de Los Secretos, llegó a ser miembro de los Pegamoides durante un tiempo. Víctor Coyote, de Los Coyotes, daba al respecto una visión interesante: En esa época no había suficientes rockabillies, suficientes punks, suficientes siniestroso suficientes modscomo para abrir un bar para cada estilo, y entonces todos coincidían en la misma sala o en el mismo pub, y el intercambio de opiniones surgía de forma natural. Cuando aquella música minoritaria fue creciendo, las tribus se separaron, las ideas dejaron de mezclarse y ese fue el principio del fin.

Sí puede decirse que La Movida tuvo lugares comunes: fanzines como La Liviandad del Imperdible dieron un pueril pero potente componente ideológico, concursos como el Villa de Madrid abrieron paso a la joven cantera, Ordovás dio salida a las nuevas bandas en su programa de radio, y, de forma natural, nacieron nuevos sellos para sacar los primeros singles de estos grupos. Se abrieron salas, como Rock-Ola, que además de a Ramoncín, abrieron sus escenarios a bandas imberbes, que podían recibir los oportunos gargajos tan de moda en aquellos tiempos, pero también compartir cartel con Echo & The Bunnymen o Spandau Ballet. Más adelante, un interés político por destacar todo aquello como un paso de España hacia la modernidad dio como resultado un programa en la televisión estatal, «La Edad de Oro» (TVE), que además de dar difusión masiva (con sólo dos canales y sin mando a distancia no había guerra de shares) ha quedado como el mejor testimonio de la época. Pocos grupos de aquellos tuvieron carreras largas, y como herencia han quedado algunos discos disfrutables pero también mucha tontería, mirada con muy buenos ojos, y sin embargo, las crónicas ayudaron a darle el lustre que todo mito necesita.

Los 90 parece que están más claros. Indie(antes “música alternativa”) es aquello que salía en el «Generation Next Music» (1998) de Pepsi, ¿no? Bueno, aquel recopilatorio fue el primer contacto con aquella música que tuvimos muchos adolescentes, pero no hay que ser tramposos. Alternativo era lo que presentaba una alternativa a la música mainstream, aunque luego las marcas comerciales, siempre astutas, enturbiaran el espíritu inicial. Este fenómeno, más descentralizado que el anterior, tuvo epicentros esparcidos por la península. Sabemos que hubo un Xixon Sound, un Donosti Sound, que había escenas más o menos nutridas en Granada o Sevilla. Y también estaban Dover, que eran alternativos al principio, pero luego no, porque tuvieron éxito a partir de un anuncio de la tele, ¿no es así? Aunque eso también les sucediera a Australian Blonde, que eran un icono de aquella eclosión asturiana, junto a grupos como Penelope Trip, Los Locos de Paco Loco o Eliminator Jr. ¿Entonces, en que consistía la escena?

Fran Fernández, que lo vivió todo de primera mano, siempre dudó de que hubiera habido una escena real. Más bien eran unos pocos chavales interesados por nuevas bandas ruidosas, anglosajonas y americanas, como Ride, My Bloody Valentine, Dinosaur Jr. o Sonic Youth, referentes musicales que no compartían con la mayoría de la gente de su alrededor, lo que los animó a intentar hacerla ellos mismos. Esto posiblemente hubiera sido muy minoritario si no hubieran sido arrastrados por el fenómeno Nirvana, que al desbancar en las listas a Michael Jackson demostró las inmensas posibilidades comerciales de la música underground. Antes de eso, eran tan pocos que en Oviedo, uno de los dueños del bar Movie, que resistía desde del inicio de los 90 (recientemente cerró) me contaba que en esos años se acercaba a hablar con cualquiera que llevara una camiseta de The Pastels. El público era tan escaso que a veces sólo se iban a ver los unos a los otros; pero los propios grupos, a través de radios locales de escaso alcance, podían pinchar los discos que se traían de sus viajes a Inglaterra o directamente intercambiar en mano las cintas de cassette que grababan.

Así lo hicieron Tito Pintado o Ibón Errazkin, introduciendo nuevos sonidos, igual que hiciera Olvido Gara a finales de los 70. Estos fenómenos locales difícilmente se hubieran unificado si no hubieran existido fanzines como Malsonando, nuevos sellos, como Elefant o Acuarela, o concursos de maquetas como los de la revista Rockdelux, donde destacaron grupos como Los Planetas o Australian Blonde, aunque luego fueran premiados proyectos ignotos, como el grupo de hip hop Eat Meat. En aquellos primeros años, la prensa tuvo mucho importancia a la hora de apoyar a los nuevos músicos, valorando la novedad y el riesgo por encima de aspectos más discutibles. Una mirada crítica generosa dejó crecer a la bandas, haciendo la vista gorda ante plagios obvios, voces desafinadas, grabaciones apresuradas y letras muchas veces pobres.

Luego vino el tontipop. Eso también parece que fue una escena, ¿no? Y lo que les une está bastante claro, porque el nombre es delator: pop de tontos ¿o para tontos? Con la llegada de Meteosat cantando “Mi novio es bakala”, una horda de niños pijos dieron carpetazo al existencialismo abrasivo y la decadencia loser de los 90 saludando al nuevo milenio con ganas de diversión. Los recopilatorios de lo mejor del año, sin embargo, se llenaron sobre todo de canciones de herencia sixties y electropop de letras más costumbristas que bobas, influidas por Family y Los Fresones Rebeldes.

Aparecen grupos como Portonovo, Ellos, La Monja Enana, Me Enveneno de Azules, Mirafiori o La Casa Azul, muchos de los cuales tendrán una trayectoria breve, que a veces ni siquiera culmina en un disco. Pero radio y prensa, ansiosos de una nueva cosa de la que hablar, prestan atención a este “huracán de sensaciones pop, algo nuevo, diferente y muy moderno”, aunque no siempre los tratan con tanta amabilidad como a sus predecesores.

Hoy resulta curioso que por tontipop pasara, por ejemplo, un grupo como Astrud, que hablaba de “proyecciones mitopoyéticas” y hacían juegos de palabra con “lounge” y “Lynch” y que, con su pinta de empollones, más bien parecían los listos de la clase. Todo vuelve a ser confuso, pero lo que está claro es que, una vez más, parece que es una imprecisa etiqueta de la prensa la que actúa de aglutinante. La escena es fugaz y muere al poco de nacer, pero eso no es necesariamente un impedimento. Si uno lo piensa, más o menos eso duró el punk británico.

¿Qué pasó después? Pasa el tiempo sin que surja nada nuevo hasta que de repente, un polémico artículo de Rockdelux sobre las nuevas escenas de Madrid y Barcelona, (ignorando al resto de ciudades, por cierto) marcan un nuevo maridaje generacional. Los Punsetes en Madrid y Tarántula en Barcelona, con los sellos Gramaciones Grabofónicas y Producciones Doradas detrás, capitanean un nuevo relevo generacional.

Empieza a hablarse de Cohete y de Garzón, de Juanita y los Feos y de Decapante, de Za! y de Manos de Topo, de El Guincho y de Le Pianc. Pero, ¿puede haber escena entre grupos tan dispares? Si lo pensamos, el punk americano agrupó a Suicide y a Blondie, a Talking Heads y a Television, a Devo y a Patti Smith. Entonces, el nexo común fue una sala de conciertos, el CBGB. ¿Y aquí?

Pues no está claro, aunque hay salas en estas ciudades que se convierten en señeras, como es el caso de la madrileña Nasti, quizá la clave para entender comuniones tan eclécticas sea la influencia de Internet. Las canciones ahora se pueden oír de forma inmediata, sin necesidad de que exista formato físico, y los numerosos blogs musicales se encargan de pregonar las buenas nuevas y convertir algunas maquetas en vox populi. Puede parecer algo muy desmembrado, pero si hacemos un análisis más a fondo, si que puede decirse que hubo muchos nexos entre los grupos: conversaciones, colaboraciones, splits, conciertos compartidos, miembros que saltan de un grupo a otro. Las relaciones entre ellos son fáciles de rastrear, a través de los amigos que se exhibían en el entonces rutilante MySpace. Otra vez, aunque el germen real existe, es un artículo periodístico el que hace de cemento para que los oyente asocien algunos nombres.

Mi conclusión es que ese es el principal punto común en toda esta historia, las escenas existen si se hablan de ellas como tal. Son los cronistas los que convierten a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia espacio-temporal en una escena. Entonces, volviendo al principio e intentando responder a “indiegnado”, ¿existe aún esa absurda microescena en Madrid a día de hoy? ¿La hubo en algún momento? ¿La va a haber en el futuro? Supongo que eso dependerá de que alguien quiera contarlo así. Muchas de las personas de generaciones anteriores puede que frunzan el ceño, es ley de vida. También George Harrison dijo que iba a dejar la música cuando surgió el punk.

Si establecemos similitudes con otras escenas, haberlas, haylas. Hay un concurso de grupos revelación del festival Contempopránea donde aparecen en puestos destacados grupos como Rusos Blancos, Cosmen Adelaida, Los Ingenieros Alemanes, Alborotador Gomasio o Ed Wood Lovers, hay un bonito disco llamado “No Te Apures Mamá, Es Sólo Música Pop” (LaFonoteca, 2011) donde muchos de esos nombres se repiten, añadiéndose otros como Solletico, Los Autócratas, Raúl Querido o Betacam y un concierto de presentación de este disco, con un lleno absoluto de la sala Siroco y un centenar de personas que se quedan a las puerta. Hay un blog (y radio) como Aplasta Tus Gafas de Pasta, en cuyos recopilatorios y fiestas pueden rastrearse las primeras grabaciones y actuaciones de algunos de estos grupos, así como los primeros debates sobre la presencia o no de una nueva escena. Hay continuas colaboraciones y nexos, hay nuevas publicaciones, como Jenesaispop, que han dado cuenta, aunque tímidamente, de estas primeras andanzas. También es cierto que hay una repercusión de público aún pequeña.

Posiblemente, hay tantos argumentos para estar a favor como en contra. Al fin y al cabo, la mayoría ni siquiera hemos publicado aún un disco largo, a pesar de que casi todos nos acercamos o superamos la treintena. Esto, al fin y al cabo, también puede ser el espíritu de los tiempos. La repercusión a la larga está aún por ver. ¿Alguien se acordará de todo esto? ¿Alguien se encargará de alimentar el mito? Vete tú a saber. Hagan sus apuestas.

Así de bonita quedó mi cinta

2012 parece ser un año de reconocimientos infinitos para la siempre genuina figura de Daniel Johnston. Descorcharon la botella los chicos de Ondas del Espacio editando desde Granada un cassette pinta-y-colorea (del cual no quedarán muchos ejemplares, si es que aún quedan) en el que un montón de grupos españoles y latinoamericanos versionaban distintas canciones del artista californiano. El lanzamiento, cuya gestación se remontaba a un par de años atrás, no podía llegar en mejor momento: el 51 cumpleaños de Daniel y el 50 aniversario del primer modelo de cinta compacta editado por Philips.

Así, inspirados por el proyecto internacional «Discovered Covered – The Great Late Daniel Johnston» que contó con el apoyo de grupos como Eels o Teenage Fanclub, una importante representación de nuestra escena independiente, desde Odio París (que no se pierden una versión, y mejor que no lo hagan porque son fantásticas) a La Estrella de David, hacen lo propio configurando un artefacto con disparidad de aciertos pero sobresaliente en intenciones.

Alguno de estos grupos, caso de Los Punsetes o los argentinos Valentín y los Volcanes ya contaban con estas versiones de Daniel grabadas con anterioridad. Lamentablemente, los precursores de esta idea no pudieron hacerse con una muestra en condiciones del «Speeding motorcycle» que Penelope Trip representaba en la cinta de un concierto que su amigo Paco de Subterránea Comics – Discos conserva. Hubiera sido un puntazo.

Ya al mes siguiente, y con la rumorología hirviendo con la posibilidad de la visita de Daniel Johnston a la capital, pudimos ver -comprar, todavía no- una pequeña muestra de su obra pictórica en ARCO. Un aperitivo para lo que nos podremos encontrar desde el 20 de este mes en La Casa Encendida, dentro de la exposición «Visiones Simbólicas – Una Mirada al Universo de Daniel Johnston» capitaneada por Íñigo Munster y Estela Aparisi a partir de la colección privada del ex manager de Daniel Jeff Tartakov, quien parece conservar más obras de Daniel que el propio Daniel.

Pero antes de que ello suceda, en concreto hoy mismo, el gran día. El día en el que por fin Daniel Johnston dará un concierto en Madrid. A mí todo esto me recuerda a la escena que Jardiel Poncela evoca en la «La Tourneé de Dios» (1932) del pueblo de Madrid completamente extasiado ante la inminente visita divina, no tanto por el aforo del recinto sino por la premura con que se agotaron las entradas a la venta; algo así como media hora. Y yo, que sin ser ningún fanático tuve la fortuna de ver a Daniel en Londres en el 2009, me debato ante una duda existencial: ¿Debería ir poniendo en riesgo el espectáculo singular e hipnótico que de él conservo en mi retina? Esperemos que todo esto no termine como en la citada novela.