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Parálisis Permanente - Adictos a la lujuria
El incombustible Marcos Gendre ha vuelto recientemente a la carga con otro capítulo de la historia musical de nuestro país, esta vez, la correspondiente al mítico grupo Parálisis Permanente a través de Quarentena Ediciones; un libro que viene a plasmar toda la leyenda que envuelve a la formación y en concreto a su líder indiscutible, Eduardo Benavente; pero que también efectúa un importante repaso a los prolegómenos y a lo que aconteció tras aquel fatal accidente de tráfico que le hizo perder la vida con tan sólo veinte años. En este punto, bastante tabú, se otorga la palabra a quien posiblemente más sufrió con todo ello: Ana Isabel Fernández, Ana Curra, pareja sentimental y creativa, quien responde sin tapujos y sin eludir las cuestiones más polémicas. Aquellas referentes a las drogas, a la ausencia de royalties procedentes del grupo por no figurar como miembro oficial al tener en la época contrato exclusivo con Hispavox e incluso las motivaciones que le hicieron presentar hace ya dos años y con otros miembros, «El Acto» (DRO, 1982). Interesante en este punto conocer las impresiones de Rafa Balmaseda, bajista, y la naturalidad y sencillez con que se explica su ausencia en esta gira, suprimiendo cualquier tipo de suspicacia: viviendo en otra ciudad y con una vida organizada en torno a otras prioridades se hacía imposible su presencia, sin más.

Se plantea el libro como una recopilación exhaustiva de testimonios y pareceres, recortes y entrevistas de la época y del momento actual. Por ahí pasan desde Patricia Godes, asumiendo un papel protagonista al ser responsable de uno de los prólogos, hasta el recientemente fallecido Javier Benavente, hermano de Eduardo y presente en la formación inicial, Jesús Ordovás, cronista de excepción de la época, de quien se reproduce a modo de epílogo una interesantísima entrevista inédita a Ana y Eduardo que desempolvara para su libro «La Revolución Pop» (Calamar, 2003) tras la extinción de Alaska y los Pegamoides… Así hasta completar el recorrido completo de la banda, llegando hasta la actualidad.

Y esta es, fundamentalmente, la virtud del libro: erigirse como aglutinador de un universo un tanto disperso. Adolece, quizá por las mismas, de un poquito de ritmo, al tratar de hilvanarse tantísimas citas, episodio en el cual participamos humildemente mi compañero TGL y un servidor. De este se reproduce íntegramente la crónica del ensayo al que pudo de manera privilegiada asistir cuando Ana Curra y sus nuevos secuaces estaban preparando la consabida presentación de «El Acto». Se echa en falta la pluma del escritor que, cuando se lanza, demuestra tenerla bien afilada, y en ocasiones la lectura se hace un tanto tediosa por lo ya comentado y por una homogeneización ortotipográfica algo descuidada.

Se habla del antes: desde los inicios de Eduardo en Plástico, el ingreso de Ana y Eduardo en los Pegamoides, su alianza musical y vital, sus viajes a Londres, la deriva hacia la oscuridad y la gestación de dos proyectos paralelos: el propio Parálisis Permanente, junto a Nacho y Johnny Canut, y Seres Vacíos, creado inicialmente para dar salida a las canciones de Ana que no tenían gran aceptación en Pegamoides -recordar en este punto que la mítica «Quiero ser Santa» de Parálisis Permanente fue compuesta por Ana Curra y la propia Olvido-… En definitiva, todo el meollo de grupos y subgrupos, ajenos y propios, que pululaban en la misma órbita hasta el momento clave de 1982 en que ven la luz dos discos capitales del pop español, el «Grandes Éxitos» (Hispavox, 1982) de los Pegamoides y «El Acto», tras un single compartido ese mismo año con Gabinete Caligari (Jaime Urrutia incluso llegó a formar parte de la formación inicial de Parálisis).

Quizá lo más curioso para los que ya estábamos al tanto de estas asociaciones sea el acopio de testimonios desperdigados en diferentes medios a lo largo de los años, lo cual nos permite conocer un poco más de las diferentes personalidades entrevistadas, además de un ingente cuadernillo con fotos y memorabilia cedidos por el entorno y allegados. Uno encuentra especialmente interesante los relacionados con Servando Carballar y todo lo que rodea a DRO y, en general, al surgimiento de la nada de una industria musical independiente. Pero cada uno puede encontrar su porción de interés en este libro, sea fanático o sea profano. A mí, entre medias de ambos, me ha descubierto entre otras cosas esta actuación televisiva más bestia si cabe que el ínclito piloto de «La Edad de Oro» de Paloma Chamorro. Y en realidad, es por detalles como este que el libro ya vale la pena.

Si bien a los de Nueva York se les ha perdonado desde siempre su despreocupación total por nihilismos y veleidades político-sociales que se le supone al género, los Ramones madrileños, los de Algete, tuvieron en contra a gran parte de la comunidad más ortodoxa para con estas cuestiones. Víctimas directas del enfrentamiento entre escenas musicales, a Los Nikis, al igual que a Siniestro Total, por ejemplo, su aparente frivolidad y su estética les granjearon cierta antipatías desde otras geografías peninsulares en las que se estaba haciendo punk. A pesar de ello quedaron incluidos en recopilatorios míticos de la época, como aquel «Punk Ibérico» que circulaba en cinta de cassette por los mercadillos, reconociéndoles así su papel en esto de las guitarras poderosas. Siempre tuvieron claro que la música era una cuestión secundaria, que estudios al principio y trabajo posteriormente iban primero, por lo que, sobre todo, se propusieron pasarlo bien. Y bien que lo hicieron, además de transmitir algo especial que atrapó a legiones de fans que aún hoy en día, años después de su disolución, siguen venerándolos, como lo demuestra la reacción en su reaparición sorpresa en octubre de 2011 en un concierto de Airbag.

Los Nikis sirvieron igualmente de inspiración a multitud de bandas que hicieron del punk-pop su único credo. Joaquín, que tras la disolución del grupo se embarcaría en labores de producción con Javier Pelayo (ddt, Vigilante Gitano) y en un nuevo proyecto musical, Los Acusicas, responde a nuestras preguntas en un capítulo más de nuestra particular revisión de aquellos años.

¿Cómo descubrís a los Ramones? ¿Es el único grupo punk que os influencia?
Rafa tenía algún disco y ya era fan. El primer disco que me compré en mi vida fue el «Leave Home» (Sirex, 1977) de los Ramones de oferta por 200 pts. en Pan de Azúcar Jumbo. Reconozco que lo compré por la oferta. ¿El único? No. Supongo que nos influyeron todos los de la época.

¿Estarían Los Nikis en el mismo capítulo de la historia de la música que bandas como La Polla Records, Kortatu o Decibelios? ¿Qué os distingue o qué tenéis en común?
No te puedo contestar, porque nunca los he oído. No sé si me gustan o no. Tampoco sé si tenemos algo en común. Sólo podía escuchar lo que sonaba en las radios que yo escuchaba o los discos que me regalaban en DRO. Antes no era tan fácil como ahora escuchar la música de otro grupo y ponerme a escucharlos ahora me da pereza. Realmente todo lo de los 80 suena tan mal que me da mucha pereza escucharlo, empezando por Los Nikis.

¿Tuvisteis algún tipo de relación con bandas del punk que se hacía en el País Vasco o en Cataluña en aquella época?
No. Tuvimos relación con los gallegos y los de Madrid. ¿Loquillo es punk? Con él si tuvimos relación.

¿Qué repercusión llegasteis a alcanzar fuera de Madrid? ¿Gustaban Los Nikis en los primeros conciertos que disteis en otras ciudades? ¿Cómo era la acogida fuera de la capital?
Salimos muy tarde a tocar fuera de Madrid. Sobre el 84, creo. Llevábamos ya cuatro años tocando. La acogida fue buena después del «Marines a Pleno Sol» (DRO / Tres Cipreses, 1984) porque al menos les sonaba el nombre del grupo.

¿Fue fundamental para el punk despreocupado de Los Nikis el haber crecido en el Madrid de La Movida? ¿Hubierais llegado igual de lejos en otros ámbitos?
Realmente nosotros estábamos a 30 km. de La Movida, que entonces no se llamaba Movida ni nada. Y no teníamos coche. Tampoco salíamos por los sitios de moda, porque el último autobús salía a las 22.30h. Vamos, que sólo crecimos en «el Madrid de La Movida» a ratos cortos por las tardes.

¿Qué contactos tuvisteis con el punk dela capital de La UVI, Commando 9mm, Espasmódicos, OX Pow…? ¿Y de la vertiente más oscura, como Parálisis Permanente?
Con Parálisis bastante. Compartíamos a Johnny de batería. Con los demás cero. Yo creo que por lo del autobús que te he contado antes.

¿Por qué crees que se ataca desde posiciones punk ortodoxas a la música que hicisteis vosotros o Siniestro Total? ¿Es posible el punk sin hacer crítica social o política?
Nosotros no hacíamos punk ortodoxo. Era más bien cristiano porque todos habíamos hecho la Comunión. Y, siendo pijos, sería poco consecuente hacer crítica social, ¿no?

Hubo quien vio en vuestras pintas de niños bien, en las referencias a Ultras-Sur y retornos al imperio de la tortilla de patata razones para recelar, mientras que otros para saludar brazo en alto vuestras canciones. ¿Finalmente se politizó vuestra música desde fuera? ¿Como vivisteis toda esta polémica? 
Todo eso fue post-mortem, en los 90. En la época que estuvimos en activo la gente era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que nuestras letras sólo hablaban de chorradas como la tortilla de patatas, Brutus, el perro de Rafa o Charlton Heston en «El Planeta de los Simios» (Franklin J. Schaffner, 1968). En fin, cualquier tema chorras para evitar hacer canciones de amor.

¿Mereció la pena haber participado de todo lo vivido en aquellos años de La Movida? ¿Fueron tiempos creativos?
Tocar en un grupo es muy divertido en cualquier época. Yo creo que todas las épocas son creativas, lo que pasa es que nosotros somos subjetivos y nos gusta más la nuestra, pero para gustos, los colores.

¿Se han dicho muchas exageraciones o inexactitudes de aquella época pasado el tiempo?
Está todo muy mitificado. El otro día vi un documental en la tele sobre los 80 y mi conclusión fue: Qué gris y qué cutre. De verdad.

¿Por qué terminan Los Nikis? ¿Cansancio?
Bueno, llevábamos ya diez años tocando y yo no me veía con fuerzas para hacer otras doce canciones para un disco. Además, Emilio y Arturo se fueron a vivir a USA.

¿Cual es el secreto de la repercusión de Los Nikis?
Pues reconozco que a esa pregunta le he dado muchas vueltas. Han hecho diez nikifiestas en nuestro honor con gente que viene de toda España. Yo flipo. ¿El secreto? Yo creo que las letras y Emilio, que es insustituible.

Con Los Acusicas se recuperan a mi juicio los mejores momentos de tus letras, ¿En qué te sueles inspirar para escribirlas? ¿Qué diferencia el nuevo grupo con respecto a Los Nikis?
Te agradezco mucho el piropo. Me sienta mal cuando la gente idolatra las letras de Los Nikis y ni se fija en las de Los Acusicas, que son más de lo mismo, pero hechas con mas empeño porque la música no era mía sino de Mauro Canut y me sentía con más responsabilidad. Me ponía a mi mismo un listón muy alto para cada frase. Intento hacerlas de temas originales y que no haya hecho nadie antes. Por ejemplo, una canción de relleno contando su vida en primera persona. El grupo es parecido. Chunta-chun, dos minutos y fuera.

¿Cuándo comienzas a dedicarte a todas las cuestiones técnicas de la producción? ¿Resulta más gratificante que tocar tu propia música?
Empecé en los 90 con el «Mas de lo Mismo» (Hormigonera, 1998). Grabar a otros grupos, si me caen bien, es muy gratificante.

¿Tienes planes de seguir con Acusicas o algún otro proyecto?
Pues no, la verdad.

¿Cual es el balance que te sale después de todos estos años dedicados a la música? ¿Has tenido momentos especialmente malos?
Balance totalmente positivo. Como esto nunca ha sido un trabajo, sólo he hecho exactamente lo que me apetecía hacer en cada momento.

¿Cómo se os ocurrió la reaparición sorpresa en Madrid recientemente? ¿Qué sensaciones tuvisteis en el concierto? ¿Qué tal reaccionó el publico?
Fue idea mía. Yo quería que saliéramos a tocar sólo una canción y por sorpresa total. El que estuviera meando se lo perdía. Luego Johnny y Emilio se empeñaron en hacer seis canciones. Debo ser muy mal negociante porque al final tocamos seis. Yo he ido a casi todos los conciertos que ha dado Airbag en Madrid y sabía lo que iba a pasar conociendo al público de Airbag. A los demás les pilló por sorpresa y alucinaron. Nos aprovechamos de la mitificación de la que hablaba antes. La gente pensó que estaba ante un momento histórico y no se dieron cuenta de la realidad: Cuatro abuelos tocando seis canciones viejas. Punto pelota.

ParalítikosHalloween no existe, es una patraña. La celebración a base de disfraces de zombies, entrañas a flor de piel llamando a la provocación facilona y demás no es sino un invento de highschool estadounidense. Aun así, el metro de Madrid hervía con multitud de jóvenes (y no tan jóvenes) que acudían ataviados de esa guisa a las mil y una fiestas convocadas en la ciudad. Esa misma noche en el Wurlitzer Ballroom Paralítikos ofrecían su celebración particular. Pero ellos no necesitan fechas señaladas en el calendario para acercarse al lado oscuro, para cantarle a la parca: «El enterrador tenia razón / donde esté la motosierra que se quite lo demás«. Este es el tipo de visitas al camposanto que proponen los cántabros, no para depositar flores en la tumba de los familiares precisamente.

Repetía además el Wurli programación en tonos oscuros. Si hace un tiempo emparejó a Gruppo Paralelo con Kante Pinrelico, la pasada Noche de Difuntos fueron Espermatozombies los que oficiaron de anfitriones en el foro abriendo cartel para Paralitikos.

La última vez que había visto a los madrileños fue cuando presentaron su sencillo «Rumble Hits» (Rumble, 2011) en la sala Fax. Ha llovido bastante desde entonces; el grupo ha cambiado la formación, quedándose Nieto como único guitarrista. A mi juicio han consolidado su sonido, con un firme paso hacia registros siniestros, sin llegar a cruzar hacia las profundidades abisales de sus compañeros de cartel. Juegan quizá un poco al borde de este tipo de palos, como hacen por ejemplo los ya mencionados Gruppo Paralelo, banda que es por otro lado prima hermana de Espermatozombies. Pero sobre todo han madurado, y mucho, en su puesta en escena. Rut se mueve felina entre la contundencia física de Arturo y Nieto, mientras, desde atrás, Cecilia, sin concesión alguna en la aparente uniformidad en la presencia estética de la banda, se erige a las baquetas como uno de los valores seguros del sonido del grupo.

Espermatozombies se extendieron en una actuación generosa, que poco o nada tuvo que ver con el que hubiera dado un convidado de circunstancias con poco margen para mostrar sus capacidades. Sufrieron alguno de los problemas de sonido que luego se repetirían después con Paralitikos, pero evidenciaron que están en franca progresión. Gusta escuchar el nuevo material que tienen combinado con los que se están convirtiendo en pequeños clásicos. Me consta que muchos que no los habían escuchado antes disfrutaron de verdad con momentos como «La gente es gilipollas«.

Paralitikos cuenta en su formación con Rafa Balmaseda (Parálisis Permanente, Seres Vacíos, Vidas Ejemplares) desde que el 9 de junio pasado se subiera con ellos al escenario en Leioa a improvisar algún tema de Parálisis Permanente. Es un fichaje de autentico lujo, claro; especialmente para una banda que proclama abiertamente la deuda para con la mítica banda del malogrado Eduardo Benavente. Pero Paralitikos no es un mero grupo tributo, ni mucho menos. Finalizaron, eso sí, en lo que parece también una concesión para con el recién llegado, con versiones de «Adictos a la lujuria«, «Jugando a las cartas» y «Nacidos para dominar«, y durante el concierto no dejaron de tocar la canción que le han dedicado a Ana Curra en su último trabajo, «Diva perdida«. Ésa era además su parte de trato con la gran dama del punk oscuro nacional, ausente esa noche por su presentación de «El Acto» (DRO, 1982) en Murcia, pero que había prometido un viaje astral para acompañar a los Paralitikos.

Lastrados un tanto por los defectos del sonido que aquejaban esa noche a la Wurli (por lo visto se habían estropeado los monitores de la mesa del técnico), se atrincheraron los cántabros en la reverberación para el micro de Rikarditiko y en tratar de lidiar con los momentos en los que mayor divorcio parecía existir entre su guitarra y la línea que trazaban bajo y teclado por otro lado. A pesar de todas las dificultades lograron traspasar las mil y unas tormentas que trae su nuevo disco, «La Senda de los Antihéroes» (Artimaña, 2012), a los asistentes.

Es de largo, a mi juicio, su mejor disco, plagado de temas rotundos que ponen los pelos de punta. «¿Cómo pudieron olvidar la herencia de Nietzsche? ¿Por qué dejaron de creer en causas malditas? ¿Dónde ocultaron la grandeza de los antiheroes?«, cantan en la canción que da título al álbum. A lo largo de su trayectoria han pasado por más de una turbulencia. El disco es la mejor respuesta de madurez posible a todo ello, un zarpazo definitivo en su paranoica cruzada para con el medio hostil al que se enfrentan.

Su presentación en directo conmocionó la otra noche en el Wurli. Al menos a mi; me gusta mucha el afterpunk tal cual lo plantean y practican Paralítikos. No se detienen en exceso en tejer atmósferas planeadoras (salvo en la línea nueva que propone Elizia en los temas que canta ella, todo un acierto como quedó de manifiesto oyendo en directo «Songs of the darkness«), y basan todo en una puesta en escena sobria, fiel a unos parámetros propios de un género que sigue una liturgia y ritual oscuro prescindiendo de cualquier malabarismo o pirueta. Apuestan por contra en la agresividad propia del punk, en el desgarro y coros siniestros.

No olvidaron reservar un hueco para grandes perlas de su patrimonio: «Se murió por el camino«, «La motosierra«, «La ninfómana«… hasta el himno «Paralítikos«, incluido en su «Alas de Cuervo» (Horror Business, 2005).

Paralítikos no admiten medias tintas, no perdonan a un rebaño que se deja dirigir por mediocres, por los ciegos. Ellos cantan a los antihéroes, a los desheredados que creen en Nietzsche, a los que no tienen claro dónde reposarán sus huesos al morir. Ellos confían en los apóstatas, en los suicidas, en los herejes… Esa es la Noche de Difuntos tal y como la entienden Paralítikos.

Ana Curra El Acto cartel

Y por fin llegó el 9 de marzo; por fin llegó la presentación de Ana Curra de «El Acto» (DRO, 1982), y de la relectura de la práctica totalidad del repertorio de Parálisis Permanente. Se cerraba un período de preparación de la banda y de encendido debate en las autopistas de silicio de foros y blogs acerca de la empresa de la artista madrileña. A ella nos acercamos hace unos meses, visitándola en el local de ensayo y haciéndole una de las primeras entrevistas que concedió.

Mucha era la expectativa creada y el llenazo registrado en la sala Kapital de la calle Atocha hablaba bien a las claras del interés que había despertado la iniciativa. Tanto que tocó verlo desde el segundo piso de un local que hasta entonces era, ignorante de mi, lugar del chunda-chunda de legiones de jovenzuelos. En este tipo de citas los detalles cuentan, dan idea del tono, las ganas y las intenciones. Por eso resultó ilustrativo comprobar en el arranque del concierto la flexibilidad (literal) en escena y el puñetazo que dio sobre las teclas. Arrebatado golpe de efecto de la que otrora pasara por una teclista excesivamente ortodoxa a la que todos pedían que cambiara el solfeo por pasión.

Salió la banda contenida asegurándose de no descarrilar llevados por una explosión de ganas por demostrar qué es lo que traían preparado. Se mostraban solemnes, sobre todo en los primeros temas, en evidente contraste con Ana, quien con diferencia fue la que más kilómetros recorrió sobre el escenario. Dejó claro el buen estado de forma física por el que atraviesa, aunque yo hubiera apostado por los modos de liturgia del resto. El mensaje que quería transmitir la diva era otro muy distinto: anoche se trataba de un requiem festivo para el que además pidió de inmediato la adhesión total e incondicional. Anoche toda la Kapital era de los de Ana, que son muchos y todos convencidos.

No era manifiesto gratuito, ya que a pesar de la ya larga experiencia de toda la formación en estos menesteres no se pudo evitar que la semana última antes del concierto fuera una sucesión de consignas, ánimos y arengas para la movilización, como si de crear la atmósfera previa a una final de campeonato mundial o de vísperas de examen de reválida u oposición. Además, con todas las dentelladas sufridas en las jornadas previas, cualquier alianza era bienvenida, especialmente si venían del lado de históricos de la banda como Rafa Balmaseda. El bajista subió a las tablas durante un par de temas («Quiero ser santa» y «Esa extraña sonrisa«) en los que Ana se vio arropada por doblete tanto en guitarra como en el bajo.

Si bien el sosiego inicial le vino de perlas a los temas de atmósferas más densas, pronto se vio que si algo caracteriza a la nueva interpretación que propone Ana Curra para los temas de Parálisis Permanente pasa por resaltar lo que tienen de punk rock de combate. Las bestias pardas con las que se ha pertrechado no hacían sino esperar, cuchillo en boca, una señal de su líder para soltar una descarga propia de división acorazada. Ni las baquetas de Rafa Le Doc, ni el bajo de Manolo UVI, ni la guitarra de José Battaglio han ganado su reconocimiento tejiendo oscuridades de atmósferas góticas precisamente. Daba gusto verlos bramar los coros de los temas más combativos.

Tampoco fue César Scappa un mero subalterno. Siendo de los más cercanos a Ana y el propio Eduardo, se reservó la voz principal de «Esto no es«, algo que me consta no estaba decidido desde los primeros ensayos. Lo hizo además con un recuerdo previo para Toni Vázquez y Enrique Sierra, recientes pérdidas de la promoción de los 80.

Para el ausente más presente en el corazón de muchos, Eduardo, Ana Curra decidió interpretar un solo de teclado en un lapso de separación tras uno de los breves pasos por camerino que la banda hizo en la recta final. Ejecutado con la imagen del ya icono de aquellos días en la pantalla tras el escenario, coincidió con la que pasaría por la jugada tonta del concierto. Meditaba yo movido por los acordes del teclado de Ana sobre el pudor del momento, cuando se escuchó a una de las chicas de detrás, para nada adolescentes por otro lado, explicando que la imagen correspondía al novio de la cantante «que murió en un accidente». ¿Es ésta la falta de preparación de la que se quejan los profesores de Historia?

Cuidada escenografía por otro lado, con un escenario a medida, un entorno de teatro, con plateas a las que dedicar saludos o gestos y una pantalla enorme posterior que informaba al público de cuando salía la banda del estricto marco de «El Acto». Únicamente me pareció apreciar error en este sentido con «Adictos a la lujuria«, que el grupo ejecutó sin el logo del consabido disco como adorno.

Las quinielas eran para adivinar los temas reservados para el bis, sobre todo cuando el grupo parecía no parar en gastos al principio, derrochando candidatas claras para ello. Al final resultaron «Un día en Texas» y «Autosuficiencia». Yo creo que fueron las que más intensas me parecieron. Junto a «Unidos», una de mis favoritas, eso sí. Puestos a contribuir a herejías, ¿a nadie más le parece «Jugando a las cartas» con un punto excesivamente jovial para las siniestralidades de «El Acto»?

Habrá quienes hayan extrañado la voz de Eduardo, las atmósferas góticas de hace veinte años… Pero es que esto no es Paralisis Permanente, sino la deuda de Ana Curra y cuatro amigos para con todo aquello. A mi me alegra el haberlo visto y me quedo con la sensación de que gustaron incluso a muchos que iban convencidos de que no iba a ser así.

No sé vosotros pero yo estoy bastante cansado de los míticos años 80, en lo musical y todo lo demás. No creo que fueran tan importantes como quieren que pensemos. Nos bombardean continuamente con artistas y grupos de aquella época, con la Constitución, la Democracia y el pretendido cambio que eso trajo en todos los ámbitos, incluido por supuesto el cultural. Claro que hay cosas que valen la pena y discos y canciones que me gustan, pero de ahí a pensar que no hubo un antes y un después hay un trecho.

Pocos artistas o grupos nacidos en ese momento son capaces de mantenerse hasta hoy a un nivel de creatividad decente. Si lo comparamos con el mundo anglosajón, el resultado es pobre. Sonic Youth, Mark E. Smith, Kim Salmon, Ian MacKaye, Robert Smith, Billy Childish o Steve Albini, entre otros muchos, también nacieron alrededor de esos años y nos han dejado un buen puñado de discos incontestables. Mientras en España, como digo, encuentras muy pocos ejemplos: Fernando Alfaro (aunque este ya tira más hacia los 90), Ilegales, Los Enemigos, Sex Museum y Javier Corcobado son ejemplos de carreras relativamente largas y fructíferas.

Después hubo un poco de todo, casos con final precipitado (Parálisis Permanente, Desechables, Eskorbuto), primeros tiempos (Siniestro Total, Duncan Dhu, Gabinete Caligari, Los Ronaldos, Los Coyotes o Aviado Dro) y carreras cortas (Golpes Bajos, Pegamoides, Nikis, Dinarama, Último Resorte, Los Vegetales, Décima Víctima). Pero antes y después, hubo música tanto o más importante que la que se hizo durante los 80.

A finales de los años 70 había entre las altas esferas un temor muy grande a una vuelta a la situación anterior a la Guerra Civil tras la muerte de Franco. Había que nombrar un sucesor, para lo que se eligió al actual Rey y cambiar un poco el sistema político, por lo que se montó la democracia. Era necesario también abrir un poco la mano a todos los niveles ya que la gente en la calle presionaba por un cambio total. Sólo de esta forma se puede explicar que un disco como «Cuando Se Come Aquí» (DRO, 1982) de Siniestro Total llegase a vender la cantidad de copias que vendió o que un grupo como las Vulpess saliese por la tele. Todo esto hoy día es totalmente impensable. En ese momento surgieron muchos grupos que en otra situación nunca hubiesen tenido la repercusión que tuvieron, pasaban del local de ensayo a fichar por una multinacional directamente. Por otro lado, el público también los necesitaba, ya que buscaban algo nuevo y diferente.

He visto demasiados capítulos de la serie «Cuéntame» (TVE) y, como digo, la famila Alcántara no tiene la culpa; no es más que una familia de clase media como otra cualquiera superando las dificultades de la vida. Pero esa voz en off omnipresente es la que realmente me perturba, recordándonos lo cutre que era todo antes de la llegada de la democracia y todo lo que le debemos por lo que vino después. Una broma de mal gusto con la que está cayendo. Es triste pensar que los tiempos que nos ha tocado vivir son peores en cierto sentido que los que les tocó vivir a nuestros padres. No veo que este país haya cambiado tanto, como la propaganda nos vende: Las esperanzas que muchos pusieron en la llamada Transición no se han cumplido.

Buscando información por Internet para escribir esto, me encontré con varias reflexiones de Alejo Alberdi sobre su grupo, Derribos Arias, uno de los pocos protagonistas de esa época que parece conservar algo de cordura. Otros contemporáneos suyos podrán presumir de haber logrado cierto éxito o vivir de rentas, pero están demasiado desnortados para que podamos tener en cuenta sus declaraciones.

El grupo duró seis años, desde 1981 hasta 1987 y, según él, al principio pecaban de autoindulgencia e irregularidad, teniendo que responder a una serie de expectativas creadas. Cuando consiguieron paliar esos defectos era tarde, y el interés de los medios y público se había enfriado. Sin embargo, piensa que en su mejor momento consiguieron evitar algunos de los males del rock nacional: la falta de sentido del humor, la pretenciosidad, el excesivo mimetismo, y una imagen penosa. Se puede decir que no fue una carrera muy larga y su producción es prácticamente de un disco y varios maxis y EP, pero fueron un ejemplo de lo que sí se debe hacer.

Bajo el nombre de una de las recopilaciones míticas del punk ibérico de los 80, hemos decidido abrir una sección en el blog en la que dar cabida precisamente a este tipo de música. Para ello, pretendemos ir citando a los protagonistas de aquellos días para que en nuestro suplemento compartan con todos nosotros su visión retrospectiva, sus valoraciones y recuerdos. La idea es convocar, en la medida de lo posible, a representantes de las diferentes escenas tanto geográficas como estilísticas que se desarrollaron entonces. Si bien en algunos casos ya estuvieron en contacto con nosotros para asesorarnos y garantizar así la rigurosidad de las reseñas de las bandas que ya están en nuestro archivo, ahora buscamos el lado estrictamente personal de quienes participaron de forma activa y directa en aquella explosión que sacudió todo el país tras el arranque del punk al final de los 70 en el Reino Unido.

Comenzamos esta galería de entrevistas con una visita muy especial, la de Miguel Alférez, batería de una de las bandas más emblemáticas de aquella época: Decibelios. El grupo de Barcelona hizo de auténtica punta de lanza en géneros como el oi!, ska y punk-hardcore en general. Desde su debut con el sencillo “Paletas Putrefactos” (DRO, 1982) hasta su disco LP “Con el Tiempo y Una Caña” (1989, Twins), dejaron buena muestra de su rabia en discos que constituyen auténticos clásicos del género. Situados en el ojo del huracán por lo extremo de su propuesto no pudieron sustraerse de polémicas sobre su posible orientación política y cambios de estilo. De todo ello nos habla Miguel en la entrevista que os presentamos a continuación.

¿Piensas que Decibelios fue una banda pionera en la música oi! y de una forma de entender el ska de este país?
Bueno, no se si decir pionera, pero sí que fuimos los que de alguna manera dimos a conocer tanto la música oi! como el ska. En el 82 no había muchas bandas haciendo ska; recuerdo que en alguno de nuestros primeros conciertos por Madrid, cuando tocábamos el tema “Oi! Oi! Oi!”, mucha gente no sabía de que iba y nos preguntaban qué era eso del oi!

¿Qué recuerdas del ambiente, de la escena musical de Barcelona cuando empezasteis?
Lo que recuerdo es que había muchas bandas con muchas ganas de hacer cosas, pero muy pocos medios, apenas salas donde tocar y nadie te hacía mucho caso, veáse radios, revistas especializadas, prensa y no hablemos de las televisiones. Se tuvo que empezar de cero, a base de mucha voluntad y mucho esfuerzo por parte de mucha gente. Ahí empezaron a salir las radios libres, los fanzines, locales pequeños que programaban actuaciones, pero sin cobrar. Normalmente el caché de los grupos era barra libre y nada más, tenías que poner la furgoneta, desplazarte y después del concierto, recogerlo todo, cargar y para el local a descargar. Era la tónica habitual.

¿Fue con DRO que entablasteis contacto con la escena o los grupos de Madrid? ¿Qué impresión os causó lo que se hacía en Madrid cuando ibais de visita? ¿Con qué grupos de punk de la capital tocasteis o tuvisteis relación? ¿Había diferencias con Barcelona?
Nosotros hicimos algún bolo por Madrid y veíamos que los grupos estaban mejor organizados. Era frecuente que hubiera conciertos en cualquier Instituto o colegio con grupos como Alaska, Gabinete, Loquillo, Parálisis Permanente y aquí no era posible organizar este tipo de actos por falta de apoyo. Allí conocimos a un montón de bandas ya que cuando había concierto en el Rockola se podía ver la flor y nata de La Movida Madrileña, era como otro mundo. Recuerdo estar en un bar al lado de Rockola y coincidir con Antonio Flores, Eduardo Benavente o los Siniestro Total que también andaban mucho por Madrid. Si querías conseguir algo, tenia que ser vía Madrid. Por lo tanto las diferencias eran notorias.

Cuéntanos igualmente de vuestra relación e impresiones por lo que se hacía en el País Vasco por entonces. ¿Qué bandas os sorprendieron o gustaban más de lo que había por allí? ¿Notaste la politización del punk vasco de la que se ha hablado tanto?
Nosotros realizamos bastantes conciertos por el País Vasco y también nos sorprendió su propia autogestión. Casi cada fin de semana había algún concierto que solían organizar el algún frontón o en alguna sala. Lo de la politización no era muy notable en aquella época, creo que también los grupos se buscaban la vida como podían, allí coincidimos con gente como Eskorbuto, La Polla Records, RIP, MCD, Vulpess o Kortatu y teníamos muy buena relación con todos ellos. Pienso que comos todos los grupos de cualquier punto de España, perseguían lo mismo, tocar en directo y poder editar tus canciones en algún sello independiente que en aquella época tenía más valor que fichar por cualquier multinacional.

¿En qué momento notáis que Decibelios se está convirtiendo en una banda importante?
No sé si Decibelios llegó a convertirse en una banda importante, al menos en aquella época, porque desde dentro del grupo, vivíamos el día a día normal, seguíamos con nuestros trabajos y ensayábamos cada día. Sí que es cierto que a partir de la edición del segundo disco “Oi!” (DRO, 1985) y posteriormente el “Vacaciones en el Prat” (DRO, 1986) cogimos más nombre, teníamos más conciertos, aparecíamos más en televisión, pero el grupo seguía siendo el mismo que cuando empezó, cuatro tíos unidos por la música y por una gran amistad. Con el paso de los años quizás Decibelios ha llegado a formar parte de la historia musical de este país y muchos grupos jóvenes tienen a Decibelios como una referencia y eso es un orgullo para nosotros.

Me imagino que resulta inevitable mencionar a Decibelios y no pensar en toda la polémica en la que se vio envuelta la banda respecto a sus posibles tendencias políticas ¿Piensas que se os maltrató injustificadamente en su momento?
Quizás sí, pero sobre todo fue debido a la desinformación y manipulación que hubo por parte de mucha gente. Tampoco nos preocupaba mucho por aquel entonces, pues teníamos muy claro lo que éramos y cuales eran nuestros objetivos, pero no siempre lo controlas todo y hubo muchas cosas que se nos fueron de las manos. Con los años se ha llegado a decir muchas cosas, pero en su gran mayoría son falsas, pues nadie ha sacado información directa del grupo, sino que hablan de lo que han oído, o de lo que les han contado, vamos como el cuento de la portera.

¿Qué es lo primero que te viene a la memoria cuando echas la vista atrás pensando en toda aquella época? ¿Nostalgia, algún tipo de ganas de cambiar algo de lo que hicierais?
Cuando miro atrás lo que veo son diez años compartidos con otras tres personas que fueron una parte importante de mi vida. No siento nostalgia, porque el tiempo pasa y en esta vida vas cubriendo etapas y Decibelios fue una etapa en mi vida. En cuanto a lo de cambiar algo, pues no sé, quizás, beberme más cervezas de las que me bebí.

¿El peor momento del que te acuerdes durante la trayectoria de la banda?
Quizás el palo del “Vacaciones en el Prat». Fue un disco que hicimos con mucho esfuerzo y mucha ilusión; tener que destruir cinco mil copias fue bastante duro. Pero como se suele decir, nos caemos para aprender a levantarnos.

¿Resultó tan decepcionante todo lo que ocurrió en el concierto en el que grabasteis «Vivo’s 88»?
Con el tiempo sí, en su momento no, porque no fuimos conscientes de lo que pasó en la sala. Lo he dicho ya un millón de veces, desde el escenario no ves si unos tíos están con el brazo en alto o el portero se está tirando a la guardarropa. Como el “Vacaciones” el “Vivo’s” (DRO, 1988) fue un disco que hicimos con mucha ilusión, hacia tiempo que no tocábamos en Barcelona y nos apetecía hacer un buen concierto delante de nuestra gente y grabarlo en directo. Fue una gran inversión por parte de DRO a los que también les apetecía mucho y mucho trabajo por la nuestra. De hecho, creo que el disco quedó muy bien, pero ciertos medios de comunicación magnificaron en demasía lo que ocurrió y eso no ayudó mucho.

¿Fuisteis conscientes en algún momento de toda la repercusión que llegaríais luego a tener?
La verdad es que no, porque cuando empiezas una historia como es montar una banda de rock, siempre tienes ilusión en que funcione, pero todos éramos conscientes de lo difícil que era en aquella época y más con el estilo putrefacto, punk, oi!, ska que nosotros hacíamos, así que nunca imaginas que treinta años después, tengas tantos seguidores como tiene Decibelios. Como he dicho, es un orgullo.

¿Cómo fue la relación de la banda con sus seguidores? Tengo entendido que había quienes os pedían una respuesta más enérgica contra el sector más politizado del público o quienes no aceptaban de buen grado cambios de estilo con respecto a vuestros primeros trabajos. ¿Cómo se conjuga el hacer lo que realmente os apetece y soportar la presión de vuestros seguidores?
Siempre tuvimos seguidores fieles y los que estaban cerca de nosotros nos conocían muy bien. En cuanto a las presiones, para nosotros no existían, sólo los medios de comunicación presionaban sobre el tema tras el concierto del “Vivo’s”, pero como siempre Decibelios seguía el camino que creía más conveniente al margen de los rumores.

¿Queda algo por decir que no hubierais dicho entonces? En vuestra música, en las respuestas a las críticas…
Jamás nos cortamos un pelo al momento de poner las cosas claras, de hecho creo que éramos el único grupo que decía las cosas tal como eran sin ningún tapujo. ¿Algo pendiente? No creo que nos quedara nada, hicimos y dijimos lo que había que decir, pero te vuelvo a repetir: la manipulación periodística es una lacra. Me recuerda mucho al periodismo deportivo, lo mismo te encumbran como te hunden en la miseria, se llama el poder de la pluma.

Siento curiosidad por saber cómo empezáis a trabajar con Rosendo y cómo resultó la experiencia.
Nuestra relación con Rosendo fue increíble, él vino a Barcelona para escuchar los temas que íbamos a grabar y enseguida surgió una buena amistad, estuvimos casi un mes en Madrid grabando y Rosendo parecía nuestra niñera, se preocupaba de que todo estuviera a punto, nos venia a buscar al hotel con su coche, nos traía cerveza al estudio de grabación, como te digo increíble, aparte de que es un profesional como la copa de un pino.

Tengo especial predilección por alguno de los temas de vuestro repertorio: «Matar o morir», «Ningún nombre de mujer»… ¿hay alguna canción de la que te sientas especialmente contento? ¿Algún disco en especial?
Los discos, suelen decir los músicos que son como hijos y que es muy difícil decantarte por uno u otro. A mi me pasa algo parecido, me gustan todos los discos, pues todos ellos fueron compuestos con la misma pasión y entrega, aunque si tuviera que elegir uno, quizás me quedaría con el “Oi!”. Creo que es el disco que mejor define la rabia de Decibelios, en cuanto a composiciones, letras, diseño, etc.

¿Qué ha sido lo más gratificante a nivel personal de tu pertenencia a una banda como Decibelios?
Sin duda la gran amistad que se forjó entre los cuatro. Diez años son muchos, sobre todo si los vives intensamente como los vivimos nosotros. Creo que conocer a Fray y Manel, aparte de que Manolo es mi hermano, fue lo más gratificante que te queda con los años.

¿Cuáles son a tu juicio las razones para haberos convertido en una banda de referencia del género?
Pueden haber varias, pero creo que la mas importante fue que la gente vio en nosotros a una banda diferente, auténtica y que hablaba de problemas reales, problemas que de hecho siguen vigentes, esa forma directa de denunciar las injusticias, unido a la música y los shows que montábamos en directo nos hizo un grupo diferente.

¿Sientes después de todo el tiempo que ha pasado el reconocimiento al grupo?
Han pasado más de veinte años desde la disolución de Decibelios y mucha gente sigue escribiéndonos y escuchando nuestra música, otros grupos que empiezan hacen versiones nuestras… No necesitamos ningún reconocimiento para satisfacer ningún ego personal, el reconocimiento está ahí y es un orgullo ver que la gente no te olvida.

En breve celebráis aniversario del nacimiento de la banda, ¿qué estáis planeando para la ocasión? ¿Qué habéis hecho en aniversarios anteriores?
Bueno cuando estábamos en activo montábamos auténticas bacanales, con fiesta, cerveza y algún directo. Ahora se cumple el 32 aniversario del grupo y en principio hemos quedado los cuatro para reencontrarnos y repasar todos estos años que no nos hemos visto, al menos no como nos veíamos antes y celebrarlo a nivel privado. Lo que venga después ya se verá.

Me imagino que uno no se embarca en una banda como Decibelios simplemente por cuestiones musicales. ¿Sentíais ganas de cambiar o criticar aquello que no os gustaba de entonces? ¿Cuál es el balance de ese posible enfrentamiento con lo que criticabais? ¿Te llevas alguna cicatriz de todo aquello?
Todas las batallas dejan cicatrices. Cuando nació Decibelios, teníamos muy claro que iba a ser diferente; no sé, es una cosa que sientes enseguida. Indudablemente queríamos cambiar cosas, denunciar injusticias, apoyar causas perdidas, pero el sistema es indestructible y por más que luches es difícil lograr algo positivo. Pero nos queda la satisfacción de que al menos durante diez años fuimos un grano en el culo del sistema.

El próximo día 9 de marzo de 2012 Ana Curra inicia su proyecto de presentación de “El Acto” (DRO – Tres Cipreses, 1982), el álbum que publicara en los 80 Parálisis Permanente, en la madrileña sala Kapital. Antes de las Navidades tuvimos la oportunidad de presenciar un ensayo en el local en el que preparan los temas que tocarán. Una vez terminado el mismo, ya con unas cervezas de por medio en un bar de la zona, charlamos con ella y con el grupo que le acompañará sobre el escenario.

En su momento os dejamos aquí en el blog las impresiones que nos causó la visita, quedando tan sólo pendiente el que incluyésemos además la entrevista que hicimos en el encuentro. Quienes la ayudan a organizar su reaparición ante el gran público pidieron un poco más de tiempo antes de que fuesen apareciendo las conversaciones de la musa de los 80 con los diferentes medios. Tienes ahora la ocasión de leer lo que nos respondió entonces.

Empezamos preguntándole por la posible continuidad de la experiencia, una vez terminado el concierto en la sala Kapital. Nos responde estar centrada, antes de nada, en esa actuación. “Luego no sé nada, lo marcarán otros factores que no dependen de nosotros”, nos completa.

El grupo que la arropa está formada por gente de su total confianza: César Scappa (guitarra), José Battaglio (guitarra), Manolo UVI (bajo) y Rafa Le Doc (batería). Y lo sabemos porque le preguntamos por los criterios que siguió para elegirlos a ellos: “Los porqués de esta formación son varios, pero en primer lugar dejar claro que no se trata de reunir a la banda de Parálisis porque eso es imposible faltando Eduardo. A todos ellos los conozco desde hace mucho tiempo; he tocado con ellos en formaciones mías anteriores (excepto con Rafa que sí lo hice en la fiesta del Ágapo). Ellos conocieron a Eduardo e incluso César es quien le enseñó los primeros acordes a la guitarra cuando tocaban juntos en Escaparates”. Nos sigue contando Ana: “Con todos ellos me siento cómoda, son mis amigos, no necesitamos hablar para entendernos aunque lo hacemos y mucho para divertirnos. Y lo más importante, no lo hacen nada mal”.

La historia de colaboración entre ellos es larga: “César Scappa hizo un grupo llamado Escaparates en el que estaban El Ángel y Eduardo Benavente, en la misma época que Alaska y los Pegamoides. Compartíamos con ellos local de ensayo en Tablada. Con José Battaglio compartí mi época de Seres Vacíos (aunque en Seres Vacíos tuve dos formaciones distintas, José pertenece a la segunda). Manolo UVI entró conmigo en la formación de Ana Curra. Con ellos hice también el disco de Los Vengadores en recuerdo a Toti y la famosa actuación de Revólver. Y más recientemente, también con ellos hice la actuación del Ágapo”.

Además de todo este curriculum de los miembros de la banda con la propia Ana, a muy pocos se les escapa la condición de protagonistas directos de aquellos años 80 en la efervescente escena madrileña. Así, por ejemplo, Manolo, tras La UVI, participaría en bandas como Commando 9mm, y mucho después Punk Guerrilla. José por su parte fue miembro de la primera etapa de La Frontera, siendo partícipe de los dos primeros LP del grupo.

Son sin duda muchos los grupos que la hubieran acompañado en esta experiencia. A nosotros nos constan las simpatías manifestadas al respecto por ejemplo por Vómito, quienes acaban además de editar un trabajo con trece versiones del repertorio de Parálisis Permanente: “Paralizando 13” (Potencial Hardcore, 2011). Interrogamos a Ana sobre ello: “Lo de Vómito me parece un honor, pero hay un montón de grupos que reivindican sus influencias haciendo canciones de Parálisis o Seres Vacíos. Eso es siempre un halago. Creo que los músicos siempre dejamos constancia de nuestras referencias a través de versiones, aunque tengamos repertorio propio. Yo también lo hago”.

¿Ejercicio de nostalgia, homenaje, recuerdo, adaptación de aquellos temas a estos tiempos…? No nos resistimos a retrasar más nuestra pregunta acerca de las razones para lanzarse a este proyecto. “Lo que me mueve a hacer esta revisión en directo del repertorio de aquel momento mío es mas que nada una causa pendiente para mí y hacia la figura de Eduardo. En cuanto tuve el accidente nunca mas volví a tocar el repertorio entero, no podía, emocionalmente era demasiado duro y tampoco quería hacerlo. Me dediqué a hacer canciones nuevas con Seres Vacíos. En estos años siempre era recurrente para mí, yo me decía…tengo que hacer justicia a toda esa época tan increíble… Por otro lado, hay muy poca gente que pudo escucharlo en directo (creo que solo nos dio tiempo a ir a cuatro ciudades incluida Madrid). Los seguidores me lo han pedido siempre y por fin lo veo y lo siento que he de hacerlo”, nos responde.

Es precisamente al hilo de la respuesta que nos da Ana, que querríamos saber exactamente cuáles son sus expectativas con respecto a las posibles reacciones del público. Es de esperar que existan muchos que no vean con buenos ojos la revisión de una banda mítica como Parálisis Permanente sin la presencia de Eduardo. Ana Curra se muestra sin embargo mucho más pendiente de los aspectos personales de lo que ella entiende como una deuda para con Eduardo y aquellos tiempos que tuvo la fortuna de vivir. Evalúa para nosotros cuál es, en su opinión, la validez de su propuesta: “Para los que lo conocieron en su día es apetecible porque les retrotrae a un momento fascinante de sus vidas. La música es un asociador de ideas, imágenes y recuerdos muy potente y para los que no lo vivieron en su momento también puesto que Parálisis se ha escuchado en todos los bares de música, clubs y salas de culto de cada pueblo y ciudad de España”.

El grupo trabaja la práctica totalidad de repertorio de Parálisis Permanente, con el LP y los correspondientes sencillos incluidos. En una experiencia con tanta carga emotiva para nuestra protagonista, pudiera ser que, de entre todas las canciones, hubiese alguna con la que Ana se mostrase especialmente sensible. “Las mías con Eduardo son lógicamente las más intensas para mí. Con las de Nacho Canut y Eduardo me siento una fan y me lo paso genial cantándolas. Es como hacer versiones de tu grupo favorito”.

También nos preguntamos si el grupo busca la mayor fidelidad posible para con los originales o si trabajan en modificaciones o variaciones en las canciones. Ana es clara al respecto: “Las canciones son perfectas tal como son, pero hay variaciones, empezando por mi voz. Eduardo si las tocara hoy día sonaría diferente, sin duda. No me planteo ser fiel o dejar de serlo. Yo estaba allí y ahora estoy aquí, ¿soy la misma? Ningún día somos iguales al día siguiente. Sería tremendo y trágico quedarse anclado”.

Para acabar nuestra charla preguntamos por las razones, en opinión de Ana, por la repercusión e influencia de Parálisis Permanente después de tanto tiempo. “Yo creo que la vigencia de Parálisis Permanente se debe a una serie de factores. En primer lugar a las canciones que conectan totalmente con la edad de 20 años, inteligentes, audaces y sexuales con las hormonas en revolución. Hay muchos himnos dentro de este repertorio”.

Expectación pues por ver cómo salda su deuda Ana, por comprobar cómo suenan unos temas míticos tocados años después en manos de la que fue protagonista destacada de todo aquello.

Ana Curra presenta El ActoEn LaFonoteca hemos tenido ocasión de realizar una visita muy especial a partir de la cual queremos compartir con vosotros las impresiones y sensaciones que nos ha generado. Y es que Ana Curra nos ha abierto las puertas del local de ensayo en el que junto a una banda formada por amigos ponen a punto las canciones del repertorio de Parálisis Permanente que van a presentar en unos meses.

Desde que el pasado 21 de diciembre anunciase su intención de acometer el proyecto que ha bautizado “Ana Curra Presenta El Acto”, los medios musicales se han lanzado a hablar de la resurrección de la mítica banda. Ella, por su parte, presentaba la cuestión desde su página de Facebook como una causa pendiente personal que por fin se hará realidad. ¿Posibles claves para explicar el ejercicio de exorcismo de fantasmas interiores? ¿Es el recuerdo de unos años en su vida que nunca más van a volver lo que le ha movido a embarcarse en la empresa? Sea como fuese la realidad es que una vez cerrada su etapa a los teclados de Alaska y los Pegamoides, Parálisis Permanente, Seres Vacíos, Negros S.A., o su proyecto homónimo, a Ana Curra sólo se la había visto bajo los grandes focos en colaboraciones puntuales, siempre rodeada de músicos amigos. Su aparición más reciente había sido junto a Digital 21 en el Universimad 2010, pero probablemente pocos eran los que anticipaban el paso que estaba dispuesta a dar.

Pocos días antes de que todo se hiciera público, se nos presentó la oportunidad de visitar al grupo en el local de ensayo del madrileño barrio de Carabanchel donde ponen a punto las canciones. El caso es que cuando subíamos los escalones en penumbra hasta la tercera planta en la que nos esperaban, uno no podía evitar pensar en la solemnidad del momento, en lo que de histórico tiene esta vuelta especial de Ana a los escenarios. Con el paso que ha decidido dar la artista, inevitablemente se coloca bajo el escrutinio interrogante de quienes no acepten ejercicio alguno de revisionismo para con la histórica formación. Habrá sin duda quien celoso de preservar toda la mística que rodea a un grupo como Parálisis Permanente, no vea con buenos ojos la iniciativa de rescatar así su memoria. De todo ello tienen que ser conscientes, no sólo la propia Ana, que es quien más estará poniendo en juego emocionalmente, sino la banda de fieles que la acompañan. Y es que para la ocasión, los que la arropan son gente de su total confianza: César Scappa (guitarra), José Battaglio (guitarra), Manolo UVI (bajo) y Rafa -Le Doc- (batería). Cercanos a ella en algunos de sus proyectos y bandas anteriores, y reconocidos en otras míticas empresas personales de aquellos maravillosos 80.

En esta visita guiada a los interiores de los preparativos de uno de los eventos con mayúsculas del año que viene, Ana sólo nos ruega prescindir de la cámara de fotos y de nuestro bolígrafo y libreta. Son muchos los detalles que se están perfilando todavía, y nos manifiesta preferir respetar los tiempos y plazos proyectados con quienes la están ayudando. Ocasión habrá de completar con su voz la crónica que aquí os presentamos. En cualquier caso es un precio que pagamos gustosos por poder compartir con ellos, por breve que sea, interioridades, temores y emociones de estos primeros momentos.

En el pequeño habitáculo plagado de posters, carteles y fotografías, en el que nos reciben, les sorprendemos, en nuestro primer día de visita, cavilando y decidiendo sobre el sitio más adecuado de Madrid en el que arrancar el proyecto. Días después harían público que la cita será el 9 de marzo en la sala Kapital. En nuestra segunda entrada, tras las presentaciones con José, ausente el día anterior, inundaron la estancia con los acordes e intensidad de “Héroes”, que de siempre me pareció de mucho más vigor y pegada en la lectura que hiciera Parálisis Permanente que en el original de Bowie. A partir de allí, una sucesión de ensueño a través de unas canciones míticas, implacables, redondas. El orden de ejecución, los arreglos que están trabajando, los coros que están perfilando, el sonido de los teclados de la Ana del siglo XXI… son material a descubrir en marzo, cuando suban al escenario.

Con ellos nos dejaron compartir los sudores de las cuatro paredes entre las que nos confinamos por un espacio de casi dos horas. Espacio de tiempo que se llenó con las latas de cerveza de un pequeño frigorífico arrinconado en una esquina, con el humo de los cigarrillos en el extremo del mástil del bajo de Manolo y la guitarra de César, de la pericia de Rafa para hacerse con una baqueta cuando la otra salta de su mano sin interrumpir el tema que están tocando y de las conversaciones para mejorar los coros con polvos de estricnina de “Esto no es”

Luego, ya en el bar al que nos fuimos para hablar, la conversación iba y venía entre el pasado y el futuro más inmediato. De los ejercicios de memoria de una grabación corta pero que dio lugar a uno de los discos emblemáticos de los 80, «El Acto» (DRO, 1982); de unas sesiones fotográficas en las que las posiciones del cuerpo casi desnudo de Ana respondían a dictados y tensiones muy concretas para con otros, se saltaba a los criterios seguidos para elegir o descartar las canciones de Parálisis Permanente, a los técnicos de sonido que oficiarán de guardianes en la Kapital, a las preferencias de cada uno de los cinco con las canciones que tocarán…

En Ana nos pareció encontrar la mezcla de seguridad e ilusión suficiente con la que ahogar inevitables nervios y angustias; entre los compañeros de aventura, algo más liberados de presiones adicionales a las de cualquier músico que prepara un concierto, reinan las ganas por respetar un repertorio que no dudan en calificar de histórico y por ser protagonistas directos de algo para recordar con cariño.

Ana Curra ha dado un paso adelante y ofrece, para aquellos fans de Parálisis Permanente que así lo quieran, un viaje de retorno con el que saldar la cuenta pendiente que tiene con lo vivido entonces. Ella, protagonista de todo aquello, tiene sin embargo clara la necesidad de subir al escenario. En marzo sabremos por qué.

Poco antes de acudir a nuestra cita con Ana Curra, bromeaba con un amigo sobre estos tiempos de redes sociales, blogsy demás soportes de comunicación que te obligan a poder contar con una foto o un vídeo con el que dar certificado de realidad a una experiencia vivida. La mañana después de nuestra charla con el grupo, no contaba con ninguno de estos salvoconductos que me demostrasen que no había sido víctima de ensoñación alguna. El pitido en mis oídos tras la descarga sufrida en aquel local de ensayo y las muestras de afecto firmadas en las portadas de los vinilos que llevé conmigo para la ocasión me hicieron recuperar inmediatamente la sonrisa.