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“LA BESTIA COLMENA”

PABLO UND DESTRUKTION

HURTADO Y ORTEGA (2018)

 

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«La lucha contra el Maligno es inaplazable, el fin de los tiempos se acerca. Un animal infernal, la Bestia Colmena, está encerrando a la Humanidad en su interior mientras los hombres parecen ignorar las celdas virtuales que los aprisionan. Nuestro héroe, Pablo Under Construction, sabedor de dónde está la miel e iluminado por las apariciones de la Divina Providencia y la Santina de Covadonga, emprende la titánica misión de desencajar las bestiales fauces y restaurar la libertad. Un cometido de dimensiones épicas para el que reúne a un particular grupo de acción; una suerte de orden de caballería asardinada, armada con lanzamuelles y tutelada por un cuervo parlante, que se dedicará a exorcizar a los epígonos del mal moderno: parlanchines, traperos, botarates y asustaviejas. Con todos y cada uno se librarán pseudobatallas campales, salpicadas de sangre y sidra, para dirimir quién quedará en pie para tomar el último cafetín, el de antes de ir a dormir. Un espectáculo dantesco del que depende el futuro de la Humanidad, o como diría Julio Iglesias: Parapapá».

Así se presenta la primera novela de Pablo Und Destruktion. Una novela-profecía que tiene mucho de mesiánica, aunque se barnice de humor en muchos momentos para rebajar la tensión y la grandilocuencia. Pablo juega con aspectos autobiográficos para elaborar esta profecía de los tiempos nuevos, tiempos salvajes, que nos traerá el futuro cercano. Analiza esa sociedad-colmena tecnológica e hiperconectada de la actualidad, llevándola al extremo. La Bestia Colmena conjuga todo el vicio y perversión de la humanidad, todos sus miedos, taras y defectos. Los Estados-nación, las redes sociales y los transhumanistas 2.0 la vertebran; pero llega un momento que hay que combatirla, reuniendo para ello la flor y nata del lumpen proletario.

Hay algo del «Sin Noticias de Gurp» (1991) de Eduardo Mendoza en el libro, fundamentalmente en el personaje central, pero también en esa visión cómica que a veces quiere transmitir Pablo. Hay sátira pero también realismo profético, también esa épica de lo cutre tan fascinante. Se presenta una nueva Reconquista con Asturias como telón de fondo, con la Santina revelando las misiones que se deben acometer y Manolín El Gitano y Tomasín formando parte de la infantería.

En los últimos tiempos fuiste subiendo pequeños relatos a modo de diario alucinado en redes sociales, que hacían presagiar el desembarco en forma de novela… ¿Cuándo comienzas a sentir esa inquietud de dar el paso a la literatura?

Hace unos tres años que comencé a hacer borradores de lo que ha acabado siendo este libro. Primero le di forma de obra de teatro porque, al ser algo escénico, me quedaba más cerca del concierto como pieza literaria. Tras representarla en privado me di cuenta de que había ciertas cosas que no podía decir yo mismo y otras que no podían tener lenguaje oral. Tampoco podía seguir haciendo canciones de dos páginas de texto sin parar. No cuajaban, necesitaba escribir una novela y creo que cayó por su propio peso. Esos pequeños relatos me sirvieron para catalizar la escritura y para decir, de distintas maneras, “vade retro” a un fenómeno sociológico que ya estaba alcanzando cotas delirantes y que me inspiró para definir a esa Bestia Colmena que se combate en el libro.

¿Cómo defines esta primera incursión con «La Bestia Colmena»?

Para mí ha sido profunda pero también divertida. Ojalá lo sea para los lectores.

Decides dotar a la novela de un objetivo grandilocuente: «El propósito de esta obra consiste en explicar, con pruebas abundantes, el origen del actual universo para que sean conscientes de ello las generaciones venideras. A mí no me gusta presumir, bien lo sabe Diosle, pero el actual cosmos existe tal y como es ahora gracias a mi lealtad —y a la de mis queridas huestes— a los designios de la Divina Providencia», para barnizarlo todo con humor, sátira y cierta crudeza… Pero al mismo tiempo juegas con los aspectos biográficos de manera permanente… ¿Es todo maquillaje, una máscara para contar sin pelos en la lengua muchas inquietudes vitales y también, personales?

La novela tiene claras inquietudes exorcistas. Para mí y para todos mis compañeros. Cuando comencé a escribir me di cuenta de que me estaba quedando algo grandilocuente. Solo podía retirarme o avanzar. Y decidí duplicar la grandilocuencia y así apareció toda una dimensión de humor que no existía antes y que me permitía colocar al protagonista en un estado de pobre diablo con complejo mesiánico que da muchísima libertad. La conclusión fue que para hablar de ciertos misterios, es imprescindible reírse.

Consigues dejar tu sello personal en las páginas del libro, jugando con aspectos como la mística, el misterio y cierta psicodelia… ¿Qué influencias directas o indirectas crees que marcaron este viaje?

Di muchísimas vueltas a mi fuero interno. Muchas. Y también di vueltas a libros de todo tipo. Desde Eliphas Levi, Collin Wilson o C.G Jung y sus libros sobre magia o religión hasta Wenedict Erofeiev con “Moscú-Petushkí” o Limonov con “Memorias de un Punk Ruso”. También esta presente Don Quijote, “Los Hermosos Vencidos” de Leonard Cohen y creo que un poco de Eduardo Mendoza también puede haber.

¿Habrá nuevas incursiones en la novela?

Es posible, pero dentro de bastante tiempo.

“Wendy y la Bañera de los Agujeros Negros” (Aristas Martínez, 2017)

 

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Julio de la Rosa tiene una amplía trayectoria como músico, con El Hombre Burbuja, Fantasma #3, en solitario, o componiendo bandas sonoras como la de «La Isla Mínima» (Alberto Rodríguez, 2014), ganando el Goya a la mejor música original. Como escritor este no es su primer trabajo, anteriormente había entregado la novela «Peaje» (Tropo, 2013) y los libros de relatos «Tanto Rojo Bajos los Párpados» y «Diez Años Foca en un Circo», editados por Chorrito de Plata.

En 2017 llega su segunda novela: «Wendy y la Bañera de los Agujeros Negros» (Aristas Martínez, 2017). En «Peaje» contaba la historia de un cobrador en la cabina del peaje de una autopista, que ante la cantidad de tiempo que tenía a su disposición se dedicaba acostarse con su supervisora y a inventarse las vidas de los conductores. En este nuevo trabajo se repiten varios de los ingredientes que encontramos en su primera novela, como son la mezcla entre realidad y ficción hasta que resulta complicado separarlas, el análisis de las relaciones humanas y su complejidad, y las reflexiones vitales cargadas de profundidad.

Julio de la Rosa presentaba el 13 de septiembre la novela de la siguiente manera: «He escrito una nueva novela. Se llama Wendy y la bañera de los agujeros negros. Va de un chico que se va de viaje con una chica y les pasan cosas. Les pasan cosas para que yo tenga una excusa que me permita hablar de otras. Esta es la cubierta. La bellísima ilustración es de Alice Wellinger. Estoy muy contento también con lo que hay dentro; lo que se esconde tras esas ramas y esos ojos. Es una novela frondosa. Frondosa y divertida. También trágica. Apocalíptica, incluso. Es romántica. Es política. Es muchas cosas. Pero también solo una. Es Wendy. Wendy y la bañera de los agujeros negros«.

«Llevaba puesta esa camisa mía, blanca y gigante, con la que se paseaba por casa. Se había recogido el pelo y sujetaba en la mano un palito que movía de aquí para allá. Trataba de ejemplificar, una vez más, su teoría definitiva sobre el universo. Pero la cuestión es que había muerto hacía más de diez años. Ella insistía en que no era un fantasma. Yo le decía que explicara eso y entonces cogía el palito y empezaba a remover el agua sucia de una bañera abandonada, inexplicablemente, junto a la orilla». Este es el prólogo, que Julio se encarga de musicar en el single de adelanto de su nuevo disco, «El desvarío de un superviviente» –«Hoy Se Celebra Todo» (Ernie, 2017)Añade este contenido-.

 

Todo comienza con sencillez, Jose viaja con su pareja, Wendy, a Lisboa con la idea de celebrar su cuadragésimo aniversario. Con un ritmo inicial lento, se produce la presentación de los personajes. Wendy se presenta irascible y un con un carácter desesperante, generándose entre ellos constantes discusiones. En ellas Jose termina desconectando,confundiendo realidad y ficción, viendo su yo adolescente en jóvenes que se le acercan… planteándose la duda de si es un espectro o una invención de su cerebro. Los fenómenos imposibles de explicar se suceden, la celebración del cumpleaños resulta agridulce, y la solución pasa por poner rumbo a la playa de Poo (Llanes, Asturias) y posteriormente a Las Hurdes (Cáceres, Extremadura). Es aquí cuando la novela despega y el ritmo se vuelve ágil.

Agujeros negros, las estrellas, la NASA, mensajes encriptados obtenidos por escritura automática, revelaciones casi místicas… La realidad se mezcla perfectamente con la ficción, lo paranormal con lo cotidiano, las ganas de sobrevivir y el amor terminan imponiéndose a la crudeza del día a día. Porque todo está en nuestra mente, el tiempo es relativo y lo que realmente importa es sobrevivir…  y el amor de Wendy.