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En una nueva entrega de nuestra sección «Punk ¿Qué Punk?» hoy invitamos a Niko Vázquez, bajista de M.C.D., a que rememore con nosotros experiencias de aquellos años 80. Ejercicio de nostalgia que dirán algunos, pero es que M.C.D., grupo nacido del barrenkale o casco viejo de Bilbao allá por el 1985, dejó discos que muchos tenemos como banda sonora indispensable del punk facturado en aquella década.

El grupo participó de forma activa en la explosión de bandas, sellos, gaztetxes, fanzines y emisoras de radio que se vivió en Euskadi en ese momento. Su debut se produjo con los tres temas que incluyeron en el recopilatorio ya mítico para los amantes del género: “Condenados a Luchar” (Discos Suicidas, 1986), pero fue con una grabación en directo, la realizada en el gaztetxe de Bilbao, “Bilboko Gaztetxean” (Discos Suicidas, 1987), con la que se presentaron con un álbum sólo para ellos.

Autores además de una larga lista de discos y varios sencillos, fue con “Imbecil.com” (Imbecil, 2001), que Niko dejó el grupo. Diferencias internas con respecto a la gestión del entonces manager de la banda precipitan el final de la misma tal y como había funcionado hasta entonces.

Mientras Niko monta con su hermano el germen de un nuevo proyecto, Motorsex, el resto sigue funcionando por un tiempo como Macarrada. Tampoco entraría el bajista en la formación con la que M.C.D. iniciaría una gira de reaparición el año pasado. De todo ello le preguntamos en la entrevista que te presentamos a continuación.

¿Dónde situarías a MCD dentro de la efervescencia de los 80 que se vivió en Euskadi?
En una banda de segunda fila que sólo nos preocupábamos de expresar nuestras cosas pasándolo bien pero a ser posible tocando las narices de la autoridad vigente; de paso sin importarnos las consecuencias.

¿Ves conexiones con alguna otra banda en particular?
Pues a nivel musical nos gustaban muchas bandas pero creo que realmente cada una éramos un mundo aparte. Unos más punkies, otros más rockeros y otros más poperos. A todas las bandas nos unían las ganas de gritar nuestro inconformismo sin pretensiones.

¿Qué recuerdas principalmente de aquella época?
Que teníamos malditos granos de pus en la cara

¿Sientes algún tipo de nostalgia?
No, en absoluto. Sería terrible repetir la era de la marmota.

¿Qué aspectos crees que ha magnificado el paso del tiempo? ¿Te has encontrado alguna exageración o inexactitud que te haya llamado la atención especialmente?
Que el tiempo lo exagera todo, criba lo positivo sobre lo negativo, muchas veces magnificando erróneamente lo que unos chavales de veinte años hacíamos para divertirnos. Los chavales de hoy hacen otras cosas pero con el mismo objetivo. Vivir sin futuro.

¿Destacarías algo de la escena o del ambiente entre bandas de Bilbao respecto al de poblaciones vecinas?
Las bandas de poblaciones industriales teníamos mucha mala baba a la hora de expresarnos. Vivíamos en barrios periféricos obreros -sin que sirva de excusa- con toda clase de carencias y nosotros berreábamos nuestras experiencias del día a día, no las del imbécil de la canción del verano. Como todo bicho considerado raro, nos movíamos en manada en torno por y para la música, a los pocos sitios que se atrevían a programar rock, así que había una especie de ambiente de gran familia transgresora que ahora evidentemente, y al no incidir socialmente casi nada, se ha perdido.

En tu caso, fuisteis varios los hermanos implicados en grupos y cuestiones musicales ¿crees que se debió a algo concreto? ¿Cómo se llevaba en casa esta hiperactividad?
A que nuestros padres eran, en el aspecto cultural y político, muy libertarios y a que un hermano mayor ya tocó en diferentes grupos en los 60. Los padres nos dejaban hacer y les dimos más de un disgusto que supieron disimular bien. El tocadiscos era el objeto de deseo más preciado y disputado a diario.

¿De qué cosas te arrepientes, o no volverías a hacer en la misma situación?
De habernos dejado manejar por un manager cuando éramos un grupo de amigos con ganas de pasarlo bien. Y que no deberíamos haber tirado un bote de humo en la sala El Garaje, porque podíamos haber matado a alguien del público durante la evacuación.

¿Fue el punk un canal de lucha, un estilo musical?
Un modo de vida.

¿Qué piensas que caracterizó aquellos años, la razón de toda la repercusión que tuvo luego?
El importarnos una mierda lo que iba a pasar al día siguiente. Vivíamos absolutamente al día sin esperar nada a cambio. Fue la mejor válvula de escape que pudimos tener.

Inevitable establecer comparaciones entre lo que se hacía en Euskadi frente a Madrid y Barcelona. Háblame de tu contacto personal con una y otra escena. ¿Qué bandas que destacarías de una y otra ciudad de aquel momento?
Tuvimos mucha relación con Decibelios de Barcelona y La UVI de Madrid, sobre todo a través de Vulpess que eran nuestras hermanas y amigas. Éramos grupos que compartíamos el punto macarra-musical que pensamos debe tener una banda de rock and roll.

¿Piensas que hubo una excesiva politización de todo lo que se denominó Rock Radikal Vasco? ¿Hubiera tenido todo el empuje que tuvo sin ella?
Política es todo. El que dice que es apolítico pienso que miente o es marciano, y de éstos, todavía no conozco ninguno. Marino Goñi puso la etiqueta del RRV desde Iruñea a un movimiento cultural destroyer totalmente anárquico con el objetivo común de pasarlo bien. La campaña «Martxa Eta Borroka» de HB sirvió para que bandas de maketos excepto la nuestra -que estábamos al margen del rollo abertzale- no fuésemos mirados como «enemigos» y aceptada nuestra forma de vivir y expresarnos de los 80. El movimiento abertzale movilizó a través del rock a una impresionante generación de jóvenes que de otro modo no hubieran movido un dedo.


Justo después de grabar «Jódete» (Basati, 1988) tuviste que irte a Londres. ¿Aprovechaste la ocasión para vivir el ambiente musical de por allí? ¿Qué te encontraste?

Una ciudad fantástica para vivir con mucha energía … ¡¡y motos clásicas!! Era la época en la que Sonic Youth o The Cure arrasaban musicalmente. Además estudié, sin saberlo, en el College donde los Sex Pistols dieron su primer concierto, Ravensbourne. Un lugar de «artistas» y gente de todo pelaje.

Y a tu vuelta, ¿notaste alguna evolución en el grupo?
Mucho más rockandrollero y más experiencia tocando. Pero cierto cansancio. En esa época me dediqué además de hacer de roadie de M.C.D. a tocar con Cancer Moon.

¿En qué época empezaste a interesarte en cuestiones de grafismo y diseño, tu otra actividad al margen de la música, no es cierto?
Creo que desde enano cuando pintaba las paredes de casa. Empecé a trabajar muy joven con diecisiete tacos en una imprenta y aunque fui por Ciencias en COU me matriculé en Bellas Artes. La comunicación visual en todo su amplio significado, me apasiona.

El grupo vivió alguna turbulencia en su etapa última ¿serían estas cuestiones lo único que lamentarías de tu experiencia en MCD?
Sí, lo he contestado más arriba. Habernos dejado manejar por un manager cabrón cuando sólo éramos un grupo de amigos… Fue nuestro más grave error y creo que a todos nos ha pasado factura.

¿Notas muestras de reconocimiento o recuerdo hacia la banda en la actualidad?
Sí y no tiene porqué. No creo que hayamos hecho nada relevante salvo tocar un poco las pelotas al clero y a las autoridades.

Cuéntanos acerca de tu otro proyecto, Motorsex, ¿le pides cosas distintas a las ya vividas con MCD?
El objetivo de Motorsex es idéntico: la música es parte inseparable de nuestra vida, así que intentamos pasárnoslo bien rockanrolleando pero esta vez con el bagaje de todo lo aprendido, y buscando sonidos nuevos que nos satisfagan, o al menos intentarlo. «Sin vivir de las rentas, pero sin renegar de nuestro pasado, seguimos sin futuro».

Con Motorsex, y al final de tu paso por MCD, hiciste una clara apuesta por el estilo autogestionado de Creative Commons. ¿Por qué? ¿Funciona?
Porque el negocio musical con intermediarios garrapatas es, ha sido y será una pesadilla para todo el mundo. Las licencias CC nos abrieron una puerta a la autogestión de tu actividad. Así que nos da igual estar fuera, dentro o a un lado de la industria. Lo llevamos todo al día. Si mañana se acaba, ya intentaremos hacer otra cosa nueva. Sin lamentarnos. Funciona en base a tu listón. Nuestras necesidades son primarias, así que estamos a gusto.

Precisamente eso me lleva a pensar que mucho de los problemas de las bandas de los 80 fue su relación con las discográficas, ¿por qué crees que fue todo aquello? ¿No había posibilidad de autogestión en ese sentido entonces?
Cuando montas una banda de rock and roll lo que menos te preocupa es el negocio. Porque tú piensas ingenuamente que lo que haces en tu local de ensayo es un pasatiempo que además, llena tu vida. Pues sí, lo es. Pero el primer día que un intermediario te llame para tocar en un concierto, pagándote por ello, cosa que ya no se estila, aprenderás que la música también es un negocio y se rige por las mismas pautas que un tomate del supermercado. Así que una de dos, o lo cultivas y lo vendes tú mismo o lo negocias a la baja con Eroski. En nuestra época, como nadie teníamos ni puta idea de qué iba todo esto y primaba tanto en el público como en las bandas el modo de vida por encima del negocio especulador, nos dimos de morros. Incluso discográficas nobles y honradas. Pura ignorancia y atrevimiento de la dichosa juventud. Tardamos casi diez años en grabar nuestro primer disco en solitario, así que imagínate lo que nos importaba a nosotros, todo eso del negocio musical.

¿Qué planes futuros tenéis en la banda? Hay al menos un disco pendiente, ¿no? ¿Cómo lo lleváis?
Estamos con dos cosas: primero que el genio de Carlos Creator terminé de una vez de mezclar once canciones que salieron de dos jam sessions con muchas sorpresas. Y por otro lado, a nuestra edad nos estamos empollando el «Never Mind The Bollocks» (Virgin, 1977) porque tenemos que hacer unos conciertos «mixtos» dentro del ciclo Izar & Star organizados por Jerry (amigo periodista musical de Bilbao) versionando a Sex Pistols con un cantante impresentable de la Real Sociedad llamado Anartz. A medio plazo, sacar otro single para que siga la fiesta.