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Vainica Doble, la caricia popVainica Doble. La Caricia Pop
De madres de La Movida al Donosti Sound
Marcos Gendre
Editorial Milenio, 2014

Tras esta «sorprendente» portada, que poco o nada tiene que ver con el exquisito gusto gráfico que destilaron las Vainica a lo largo de su trayectoria, se esconde un completo estudio de Marcos Gendre en torno al mítico dúo, obra que surge con vocación completista de aquel libro de Fernando Márquez editado por Ediciones Júcar en 1983. La cuidada edición a cargo de Milenio incluye un libreto con fotografías, pinturas y cartelería de películas a las que compusieron sus bandas sonoras, procedentes del archivo familiar (sobre todo, de Elena Santonja) así como instantáneas de algunos de los grupos que según el autor continuaron su estela o se vieron influenciados.

Son ya varios los libros leídos y reseñados a Marcos Gendre, en los cuales hemos tenido la oportunidad de contribuir humildemente, y quizá sea en éste en el que el autor más se desmelene, posiblemente fruto de la gran admiración que parece profesar por las susodichas. Esta pasión le lleva en ocasiones a ser vehemente de más, como si el mito de las Vainica necesitara de revancha, tono que pienso podrá en ocasiones desconcertar al lector, que ya por encontrarse con el libro en cuestión entre manos no puede sino tratarse o bien de un fan irredento o bien de un curioso diletante sin necesidad alguna de acicate.

En este afán revanchista se intentan buscar finales felices a historias que no pueden tener mejor final que el ya evidente, que no es otro que Vainica Doble está escrito con letras de oro en las líneas de la historia del pop español. Así, por mucho que se desee, el disco de Elefant es emotivo y tierno, pero lejos queda de sus grandes obras, de ninguna manera equiparable a «Heliótropo» (Ariola, 1973) o «Taquicardia» (Nuevos Medios, 1984), dicho esto con perdón.

Otro punto en el que difiero con el autor es en el de intentar mostrar a las Vainica como víctimas de lo que no fueron más que sus propias decisiones artísticas, sin obviar que muchas de ellas -por no decir la mayoría- fueron acertadas y si la comercialidad les dio la espalda, antes se la dieron ellas de manera deliberada con sus actos, hecho éste en el que radica gran parte de su mito, por otro lado. Tan sólo cuando pretendieron acercarse a ella, ya de manera tardía y por motivos meridianamente económicos, es cuando fracasaron estrepitosamente en el intento; pero de que supieron aprovechar su momento no cabe la menor duda al contemplar el elenco de personalidades del que se rodearon y el interesante espectro de trabajos desarrollados en torno a la música: encargos para Tickets, Nuevos Horizontes o La Romántica Banda Local, canciones para programas y series de televisión tales como «Fábulas» (Jaime de Armiñán, 1968-1970) -desperdigadas en su discografía y recopilatorios posteriores-, portadas a cargo de ilustradores tan reputados como Eguillor o Iván Zulueta, musicazos y arreglistas como Pepe Nieto, Manuel Gálvez, Hilario Camacho o Gualberto en sus discos, actrices como Chus Lampreave o Amparo Baró entre sus amistades, viajes exóticos a enclaves recónditos e inusitados como Pakistán, relación con cineastas como Jaime de Armiñán, Jaime Chávarri, Borau o el clan Berlanga… Todo esto y más se cuenta con todo lujo de detalles en el libro en lo que supone un gran acierto.

Igualmente interesante es que se ahonde en su inclinación pictórica y su faceta cinematográfica, aspectos ambos más bien desconocidos, algo que es muy de agradecer por lo curioso y relevante del asunto, amén de por la calidad de las obras enumeradas.

A diferencia del libro de Fernando Márquez, se pierde inevitablemente la frescura de la primera persona en las propias entrevistadas, pero se gana en perspectiva y recorrido histórico. Es cierto que a veces se otorga demasiado protagonismo a las impresiones en forma de citas de diferentes personajes del ámbito musical, entre los cuales me incluyo. Tan cierto como que uno de los pasajes más interesantes es precisamente el que recoge íntegramente una entrevista de Jesús Ordovás a Carmen en 1976 con motivo del lanzamiento de «Contracorriente» (Movieplay-Gong, 1976), el testimonio de Paco Clavel, uno de los principales valedores y amigo del dúo en su última etapa, y una entrevista reciente a Elena Santonja, hermana de Carmen.

Si lo más intrascendente es el tedioso recorrido discográfico canción a canción, plagado de detalles técnicos inapreciables salvo escucha simultánea de la composición en cuestión, lo más jugoso llega con las conexiones musicales posteriores. El testigo que tomó Carlos Berlanga y su férrea reivindicación de las Vainica durante La Movida y una vez pasada ésta en su carrera en solitario, entroncó con el llamado Donosti Sound y una serie de bandas que dotaron de cierta idiosincrasia al pop español en castellano, a sus letras, evitando emular las fórmulas anglosajonas, enriqueciéndose de ellas pero ahondando en las raíces populares de aquí: la copla, el villancico, la música sacra… Se describe, como se ha dicho, la evolución lógica de los herederos de Berlanga en forma de agrupación denominada por la prensa como Donosti Sound y que englobaría a bandas con un componente común en su sonido tales como Aventuras de Kirlian, El Joven Bryan, La InsidiaAñade este contenido, Family, Le MansLa Buena Vida y, postreramente y como colofón a todo ello, Single.

Entre los grupos sucesores, más muertos que vivos, todo sea dicho de paso, una muestra un tanto personal por parte del autor: Parade, Refree, El Hijo, Kikí d’Akí, Pauline en la Playa, SerpentinaAñade este contenido, Grupo de Expertos Solynieve, Klaus & Kinski, Nosoträsh, Prin’ La LáAñade este contenido. Un listado válido para tener presente la constelación de grupos actuales influenciados de alguna manera por el universo vainiquero, la mayoría con un toque evidente, otros de cariz más subjetivo.

Más disparatado es el apartado denominado «telaraña en expansión», extenso name dropping en el que se fuerza a la práctica totalidad del indie patrio de calidad a verse infectado por un supuesto virus Vainica en expansión, con autores como Josele Santiago o Nacho Vegas incluidos, y que de alguna manera no hace sino identificar cualquier feliz anomalía para situarla en la misma órbita. Sinceramente, dudo que muchos de estos grupos citados conozcan a Vainica Doble más que de una manera superficial, aunque sí las profesen respeto como se lo podrán profesar a, qué se yo, otros imprescindibles como Triana.

Pero estas discrepancias que entran en el terreno de la subjetividad no pueden empañar un libro minucioso y preñado de detalles, a todas luces necesario, natural y digna continuación del de 1983 incluso para el propio Fernando, tal y como ha manifestado en su Facebook personal recientemente.

Parálisis Permanente - Adictos a la lujuria
El incombustible Marcos Gendre ha vuelto recientemente a la carga con otro capítulo de la historia musical de nuestro país, esta vez, la correspondiente al mítico grupo Parálisis Permanente a través de Quarentena Ediciones; un libro que viene a plasmar toda la leyenda que envuelve a la formación y en concreto a su líder indiscutible, Eduardo Benavente; pero que también efectúa un importante repaso a los prolegómenos y a lo que aconteció tras aquel fatal accidente de tráfico que le hizo perder la vida con tan sólo veinte años. En este punto, bastante tabú, se otorga la palabra a quien posiblemente más sufrió con todo ello: Ana Isabel Fernández, Ana Curra, pareja sentimental y creativa, quien responde sin tapujos y sin eludir las cuestiones más polémicas. Aquellas referentes a las drogas, a la ausencia de royalties procedentes del grupo por no figurar como miembro oficial al tener en la época contrato exclusivo con Hispavox e incluso las motivaciones que le hicieron presentar hace ya dos años y con otros miembros, «El Acto» (DRO, 1982). Interesante en este punto conocer las impresiones de Rafa Balmaseda, bajista, y la naturalidad y sencillez con que se explica su ausencia en esta gira, suprimiendo cualquier tipo de suspicacia: viviendo en otra ciudad y con una vida organizada en torno a otras prioridades se hacía imposible su presencia, sin más.

Se plantea el libro como una recopilación exhaustiva de testimonios y pareceres, recortes y entrevistas de la época y del momento actual. Por ahí pasan desde Patricia Godes, asumiendo un papel protagonista al ser responsable de uno de los prólogos, hasta el recientemente fallecido Javier Benavente, hermano de Eduardo y presente en la formación inicial, Jesús Ordovás, cronista de excepción de la época, de quien se reproduce a modo de epílogo una interesantísima entrevista inédita a Ana y Eduardo que desempolvara para su libro «La Revolución Pop» (Calamar, 2003) tras la extinción de Alaska y los Pegamoides… Así hasta completar el recorrido completo de la banda, llegando hasta la actualidad.

Y esta es, fundamentalmente, la virtud del libro: erigirse como aglutinador de un universo un tanto disperso. Adolece, quizá por las mismas, de un poquito de ritmo, al tratar de hilvanarse tantísimas citas, episodio en el cual participamos humildemente mi compañero TGL y un servidor. De este se reproduce íntegramente la crónica del ensayo al que pudo de manera privilegiada asistir cuando Ana Curra y sus nuevos secuaces estaban preparando la consabida presentación de «El Acto». Se echa en falta la pluma del escritor que, cuando se lanza, demuestra tenerla bien afilada, y en ocasiones la lectura se hace un tanto tediosa por lo ya comentado y por una homogeneización ortotipográfica algo descuidada.

Se habla del antes: desde los inicios de Eduardo en Plástico, el ingreso de Ana y Eduardo en los Pegamoides, su alianza musical y vital, sus viajes a Londres, la deriva hacia la oscuridad y la gestación de dos proyectos paralelos: el propio Parálisis Permanente, junto a Nacho y Johnny Canut, y Seres Vacíos, creado inicialmente para dar salida a las canciones de Ana que no tenían gran aceptación en Pegamoides -recordar en este punto que la mítica «Quiero ser Santa» de Parálisis Permanente fue compuesta por Ana Curra y la propia Olvido-… En definitiva, todo el meollo de grupos y subgrupos, ajenos y propios, que pululaban en la misma órbita hasta el momento clave de 1982 en que ven la luz dos discos capitales del pop español, el «Grandes Éxitos» (Hispavox, 1982) de los Pegamoides y «El Acto», tras un single compartido ese mismo año con Gabinete Caligari (Jaime Urrutia incluso llegó a formar parte de la formación inicial de Parálisis).

Quizá lo más curioso para los que ya estábamos al tanto de estas asociaciones sea el acopio de testimonios desperdigados en diferentes medios a lo largo de los años, lo cual nos permite conocer un poco más de las diferentes personalidades entrevistadas, además de un ingente cuadernillo con fotos y memorabilia cedidos por el entorno y allegados. Uno encuentra especialmente interesante los relacionados con Servando Carballar y todo lo que rodea a DRO y, en general, al surgimiento de la nada de una industria musical independiente. Pero cada uno puede encontrar su porción de interés en este libro, sea fanático o sea profano. A mí, entre medias de ambos, me ha descubierto entre otras cosas esta actuación televisiva más bestia si cabe que el ínclito piloto de «La Edad de Oro» de Paloma Chamorro. Y en realidad, es por detalles como este que el libro ya vale la pena.

G.A.S. Drummers por Sergio Castañeiro
G.A.S. Drummers por Sergio Castañeiro

Cuando el autor del libro «La Distorsión Inteligente. Post Hardcore; La Reivención del Punk» (Quarentena, 2014) me preguntó si quería escribir algo sobre el post-hardcore nacional acepté sin vacilar el encargo, claro que días después aparecieron todas las dudas posibles el enfoque del tema a tratar. El primer descarte fue sobre qué o qué no es, algo bastante pueril, la verdad, ya que muchas bandas hardcore han traspasado géneros más allá de estancarse teniendo a formaciones como Standstill o Nisei como grandes ejemplos de ello. Cuando se menciona el término post-hardcore es inevitable pensar en bandas tan capitales como los madrileños A Room With a View, Half Foot Outside en Pamplona, los iruneses Lisabö o los catalanes No More Lies. Algunas todavía en lo más alto, otras siempre reivindicables a pesar de los años transcurridos y todos con álbumes que no han perdido la vigencia con el paso del tiempo.

Pero por mi parte prestaré atención a otras bandas que por su localización se encontraron lejos del foco habitual de atención de los medios musicales. Este no será un camino exhaustivo, lo cual daría para todo un libro, sino una selección de bandas que, particularmente, creo que merece la pena recodarlas. A pesar de la mencionada distancia siempre hubo conexión entre todas ellas, bien fuera porque tocaban juntos en diferentes directos o por compartir sello discográfico.

Lo más habitual es que fuera en la conocida BCore, casa madre de muchas de ellas y clave para entender la escena hardcore nacional, pero me detendré en el más ignoto sello malagueño Outlast, que estaba unido al fanzine «Resurrección». Allí grabó el grupo navarro Sheregano, que no es otra cosa más que una banda paralela de algunos de los componentes de Half Foot Outside. Sólo tuvieron una referencia pero los trece cortes de su único LP -que nos hacían recordar a grupos como Quicksand o Refused- siguen manteniendo la energía y contundencia del día que se grabó. Prometían mucho pero debido al traslado de localidad de sus componentes se disolvieron demasiado pronto.

Del mismo sello surgió el quinteto malagueño Shameful Heaven. Nacidos en 1999 de las cenizas de otras formaciones como EmptychildStaydown y Blindness, sólo grabaron un EP llamado como la propia banda. En sus temas mezclaban elementos post-hardcore con toques screamo y sonidos más metaleros. Pero, al igual que, Sheregano se disolvieron poco después de su lanzamiento.

Más vida tuvieron los granadinos Maine, con componentes de diversas formaciones de la ciudad como Skate KlanManneken Pis y Marguila Gorila, que grabaron un par de álbumes en la discográfica barcelonesa Tralla Records. Su debut llegó de la mano del prometedor «Motorhome» (Tralla, 2000). Un LP lleno de tensión y arrebatos sonoros donde destacaban temas como «Au pair in blue» o «A literary room for a view», que les entroncaba con el hardcore melódico californiano. En su segundo trabajo, «A Moment Before» (Tralla, 2003), la banda da un giro a su sonido, rebajando el tempo de las canciones, sonando más intimistas y oscuros. Disueltos ese mismo año el 80% de la formación volvió al cabo de un tiempo bajo la denominación de VaraverdeAñade este contenido.

El último paso por Andalucía nos lleva a Jerez de la Frontera para mencionar a G.A.S. Drummers, todavía en activo y con casi dos décadas juntos no se han prodigado mucho en el estudio pero su discografía demuestra lo inquieta que es la banda y su clara evolución que no les pueden achacar que sean inmovilistas. En sus inicios coquetean con el hardcore melódico, pero es en su segunda referencia, «The True Charm Of Bourgeoisie» (Wild Punk, 2001) cuando G.A.S. Drummers se decantan por el post-hardcore. Arrebatos punk, guitarras enérgicas y unas magníficas letras, donde destacan temas como «The paradigm of a Modern Democracy» o «Babylon is falling», en las que la banda canta sobre el capitalismo y su particular visión de la sociedad con el cambio de siglo. Unas letras que miradas con el tiempo parecen proféticas.

De las Islas Canarias salieron propuestas tan interesantes como This Drama o Daylight In Red, pero yo destacaré a The Mistake y su enérgico segundo disco, el autoeditado «Polaroids» (2003) reeditado en 2012 por el sello El Hombre Bala. En él el grupo tinerfeño suena urgente, con aires melódicos y por momentos nos hace recordar al grupo de Seattle Sunny Day Real Estate. Los canarios, como G.A.S. Drummers, tampoco tienen una discografía muy prolija y actualmente forman parte del catálogo de BCore. En sus últimos trabajos han virado su sonido que les entronca con sus compañeros de sello Nueva Vulcano.

Pero los postulados del post-hardcore siguen teniendo vigencia en el momento de escribir estas palabras. Destacaría a los ovetenses Las Nurses que, tras tres prometedores singles, en 2012 lanzaron su LP de debut en el sello Discos Humeantes. Alternando el castellano y el inglés en sus canciones, los once temas que conforman el mencionado LP suenan urgentes y furiosos, degluten estilos ya bien sea noise-rock, post punk o el mencionado post-hardcore haciéndonos recordar por momentos a grupos estadounidenses como Unwound o These Arms Are Snakes.

Para finalizar mencionaría a los zaragozanos Interlude que lanzan sus álbumes bajo licencia Creative Commons. Entre todos ellos destacaría el mini-LP «Les Miserables» (2008), seis temas difíciles de catalogar debido a la heterogeneidad de la propuesta. El grupo conjuga elementes hardcore, punk, emo y screamo. Ruidosos a la vez que melódicos y dejando a un lado la mayor experimentación que presentaban en su debut.