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Diseño de Teresa Ferreiro
Diseño de Teresa Ferreiro

Por estas cosas buenas que tiene Internet entablé amistad virtual hace ya un par de años con Daniel Lovelle, bajista de un grupo pontevedrés llamado Tora! Tora! Tora!. En aquel entonces el grupo estaba en plena actividad, acababan de grabar un buen disco con el ínclito Roberto Mallo (técnico en el momento de Triángulo de Amor Bizarro) y empezaban a asomar la cabeza en el efervescente panorama independiente gallego, llegando a codearse en el festival Sereas e Piratas del 2012 junto a grupos de la talla de Joe Crepúsculo, Pony Bravo o Fantasmage. Su frenética actividad, sin embargo, se vería repentinamente truncada por la marcha de Daniel a Manchester por motivos laborales -ya saben ustedes de sobra cómo andaba y anda el panorama por estos lares. Creo que fue precisamente a partir de ese momento que nuestra amistad virtual se estrechó, pues en cierto modo me sentí identificado al haber residido, aunque en circunstancias totalmente opuestas, tres años en Londres. Lo típico: le di mil consejos inútiles y muchas palabras de ánimo tratando de empatizar con él y la situación…

El caso es que para el verano siguiente recibí una invitación para asistir a algo llamado «Casa Yager». Por lo que pude deducir no era más que dar continuidad a la despedida de Lovelle del año anterior en la finca de otro de los integrantes de Tora! -Santiago, Yago- ubicada en la parroquia de Lérez, y en la que además del propio grupo había tocado Lobishome. Para ese año no sólo iban a volver a tocar los Tora! (por aquello de la morriña de juntarse) sino que habían invitado a Los Televisores, Jay y Puma Pumku. Todo ello aderezado con tortillas, empanadas y churrasco. Sonaba genial y allí que decidí marchar sin dubitación, aunque he de reconocer que ciertas dudas sí que acecharon cuando el propio Santi me recogió en el aeropuerto de Vigo en un Mercedes biplaza rojo… Galicia, los tópicos, yo qué sé. En realidad tampoco arriesgaba demasiado, pues por allí iban a estar el fonoteco Fer y Paula de Despotismo Ilustrado junto a Adri y Fer, de Esquimales, grupos presentes en recopilatorios de la casa.

En resumidas cuentas y como no podía ser de otra manera, la experiencia fue inolvidable, pude pinchar en el Pequeño Karma, hacerme socio de esa maravilla que es el Liceo Mutante, disfrutar con los paisajes de Cabo Home y Cabo Udra e incluso gozar con el dudoso honor de vencer a Marta a licor café. Pero, sobre todo, tener la oportunidad de conocer, ya sí de verdad, a unas personas desprendidas y excepcionales como los Tora y su entorno.

Por eso cuando este año se corroboró la intención de afianzar esta tradición, no pude estar más feliz y eché un cable en todo lo que estaba en mi mano, que tampoco era demasiado. Para allá que marché un año más a reencontrarme con mis amigos, a volver a rebuscar en Disco Precio, a comer pulpo, a disfrutar del entorno en que discurre el Yager, del ambiente y de los paisajes, esta vez con la mejor de las compañías. Además, para esta edición no se escatimaron esfuerzos, comenzando por la parcela técnica, en la cual se volvía a contar con Roberto Mallo, el equipo, con potencia algo superior a ediciones pasadas, las invitaciones, aumentadas razonablemente, y el plantel, simplemente impresionante. Ya sólo quedaba que el clima acompañase… Y así milagrosamente fue.

Comenzaron la sesión Cedezaoito, proyecto nuevo de los ex Tora Santi y Alex, combo ruidista de guitarra y batería desbocados, aún en fase embrionaria y en búsqueda de sonido propio. Fue su segundo concierto, y apuntaron cosas interesantes, aunque todavía es pronto para saber por qué derroteros irán finalmente, si por la vertiente más noise o la más dura con tintes algo metaleros. Fueron un buen aperitivo para abrir boca.

Siguieron Mano de Obra con su post-punk ochentero y visceral. Los coruñeses tienen grandes temas pero también algunos algo más plomizos y, pese a dar un buen concierto, quizá por la hora y el entorno en que se desenvolvía, encajaron mejor sus canciones más amables y melódicas. El grupo selecciona muy bien sus apariciones en público y desde luego no erraron en escoger el Yager como una de ellas.

A El Pardo, a diferencia de al resto de grupos, ya les había visto en numerosísimas ocasiones, de hecho el grupo aparece en el último recopilatorio de grupos emergentes de Madrid que elaboramos el año pasado. Dieron un buen concierto, sin sorpresas, evidentemente algo más comedido que en otras ocasiones, pero con un sonido apabullante e intenso. Gustaron mucho tanto al técnico como a los organizadores, y en general hicieron las delicias del público, menos habituado a su puesta en escena, al paroxismo de su líder y lo contagioso de la propuesta.

Para un servidor lo mejor de la jornada quedaba para el final con Disco las Palmeras!, un grupo al que tenía muchas ganas de hincarle el diente, y que ni mucho menos defraudó. Disco las Palmeras tienen un sonido trabajadísimo y preciso, suenan exacta y milimétricamente como quieren sonar, sin caer por ello en el tedio o el aburrimiento. La ausencia de bajo la suple Diego Castro con una configuración especial de su guitarra, mientras que Julián Goicoa (también en Jay) despliega un mantra hipnótico tanto visual como sensorial con la suya. Dieron un auténtico conciertazo.

Y así concluyó la jornada Yager, ¿hasta cuándo y hasta dónde? ¿Abierto o accesible como hasta ahora tan sólo por invitación? Las dudas se irán disipando en ediciones venideras que, esperemos, sean muchas. Os dejamos con un buen reflejo visual a cargo de Saida Balsells de lo que aconteció en tierra de famosos carteristas, como bien nos apuntó el bueno de Luismi Lobishome, cuyo perro, Mark E. Smith, fue la auténtica sensación del festival. Por algo cumplía su primer año.

Con motivo de la exposición «Esta Canción Me La Encontré Tirada» (Ferrol, Centro Torrente Ballester) que se inagura el viernes 19 de julio a las 20:00, uno de nuestros administradores, Fernando Fernández Rego, analiza la escena independiente gallega actual y sus antecedentes en este artículo que forma parte del proyecto editorial con carácter divulgativo y recopilatorio que presenta, con gran calidad gráfica, una serie de fichas técnicas, letras de canciones, fotografías y todo el trabajo de autoedición y producción compartida que rodea al singular universo creativo de cada grupo. Ahí aportamos nuestra base de datos como material de apoyo principal. La exposición pone de manifiesto la estrecha relación entre la música y las artes gráficas, intentando analizar todo desde la perspectiva de cómo los grupos consiguen su propia imagen trabajando el do it yourself, creando sus propios canales de difusión o colaborando con gente de otros campos creativos como el diseño gráfico o el audiovisual.

Hubo un tiempo en que para encontrar propuestas medianamente interesantes a nivel musical había que viajar a Londres o Nueva York, a Madrid o Barcelona. Desde los años 80, aquellos años de Movida en Vigo y del despegue de la música pop gallega con Siniestro Total y Os Resentidos al frente, los tiempos han ido cambiando, y mucho. Hablar de escenas es complicado, de hecho a veces me da la sensación de que éstas tan sólo existen si se habla de ellas, de que somos los cronistas los que convertimos a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia en el espacio y en el tiempo en una escena. Como ejemplo tenemos aquellos hoy lejanos años 80. A mucha gente le sonará La Movida de Vigo, aunque pocos tengan claro qué es movida y qué no. Unos grupos se suben al carro y otros reniegan, según sus intereses; pero todos asociamos el término a “música hecha en los 80”, a recopilatorios de cuatro CD e innumerables libros sobre el tema. Un término fagocitador que terminó absorbiéndolo prácticamente todo, incluso bandas de zonas geográficamente deslocalizadas del área de influencia viguesa. Con todo, pocos se acuerdan de formaciones como Cuadros Malvendidos (Ferrol), Metro (Carballo), Bar (Vigo), Desertores (Vigo) y muchos otros, quedándose todo en el ramillete Siniestro – Resentidos – Aerolíneas Federales – Semen Up – Golpes Bajos.

Los 90 parecen más claros, supusieron el desarrollo del término independiente o alternativo para referirse a todo lo que presentaba una alternativa a la música mainstream. El problema como suele ocurrir en estos casos es que pronto las multinacionales vieron un filón en las bandas que seguían los jóvenes y entraron en el negocio, tanto las discográficas como las marcas de bebidas, coches y demás. Incluso se generaron todo tipo de grupos prefabricados. A nivel nacional bandas como Australian Blonde, Sexy Sadie o Dover alcanzaron un importante y efímero, salvo en el caso de estos últimos, reconocimiento. De hecho los madrileños llegaron a vender más de 800.000 copias del “Devil Came To Me” (Subterfuge, 1997), cifra astronómica en España para un grupo que, además de pertenecer a una compañía independiente sin demasiados medios, tenía el estigma de cantar en inglés… con nivel de COU. En los 90 Galicia no gozaba de una buena infraestructura ni de una industria como tal que pudiese sacar a delante las propuestas que surgían, diseminadas por toda su geografía. Los inicios fueron duros, en algunos casos, muy duros. La falta de medios dificultaba no sólo la edición física, sino también el desarrollo de las carreras musicales de los grupos. Aunque bandas como Os Resentidos, Los Suaves o Siniestro Total gozaban de una posición privilegiada a nivel nacional, no todos alcanzaron el reconocimiento, y el malditismo estuvo también muy presente. Bandas como La Rosa del incombustible Magín Blanco, Cosecha Roja –hoy en día Burgas Beat– o Los Eskizos y Los Contentos –profetas que trajeron a nuestras tierras el garage más sucio y ayudaron a que muchos descubrieran a los Stooges, a The Cynics, a MC5 y el rock más visceral-, no alcanzaron nunca el reconocimiento que realmente merecen. ¿La razón? En Galicia no teníamos una industria consolidada, faltaba un circuito de salas en la que los grupos pudiesen realizar conciertos en condiciones, faltaban estudios de grabación profesionales, un público que respondiese, festivales, compañías de management, discográficas propias que pudiesen editar a los grupos y un largo etcétera. En otra liga jugaban los que lograban firmar con sellos multinacionales, como es el caso de Los Piratas, quienes rápidamente dieron el salto y se colaron en las radiofórmulas, haciendo que las ventas se disparasen con aquel “Poligamia” (Warner, 1995) y ese himno titulado “Promesas que no valen nada”.

En estos años tiene lugar la eclosión del Rock Bravú, que es la gran aportación gallega a la música de los 90. El bravú fue un movimiento heterogéneo con una serie de pautas comunes: la utilización de la lengua gallega, una acérrima reivindicación de las raíces, un nivel elevado de costumbrismo agrícola y rural, y en unos casos muchas ganas de fiesta. en otros un carácter insurgente y crítico. El movimiento creció gracias al apoyo de la TVG y a un programa en concreto de esa cadena: el Xabarín Club; debido a la realización de múltiples videoclips que se emitían a modo de karaoke y que consiguieron que muchos de nosotros tengamos esas canciones grabadas a fuego en nuestra memoria. Grupos bravú como Os Diplomáticos de Monte-Alto, Heredeiros da Crus o los propios Yellow Pixoliñas lograron un importante calado en los medios y el público gracias a que cada tarde miles de personas cantaban sus temas frente al televisor. Como decíamos, los primeros años 90 fueron los de la eclosión indie. Con grupos como Pavement, Sonic Youth o Nirvana en mente, surgen multitud de bandas que copiando geometrías sonoras anglosajonas y con el inglés por bandera fueron poco a poco tomando posiciones. Los asturianos Australian Blonde dieron el primer gran pelotazo con aquel “Pizza Pop” (Subterfuge, 1992) y aquellas “Chup chup” o “September song”. En Galicia el movimiento independiente también cobra pujanza con bandas como Blood Filloas, Os Maruxa o The Killer Barbies.

Estos últimos irrumpen con gran éxito en la escena nacional. Hablamos de uno de los grupos con una mayor visión para el espectáculo y la diversión, con un impacto internacional realmente importante. Enamorados de la serie B, los ídolos de la cultura basura, el cómic y bandas como los Ramones o Misfits, su irrupción a mediados de los 90 facturando cómic punk o trashy punk trajo consigo un soplo de aire fresco necesario en una escena dominada por el pop y el noise. Tras grabar sus primeros trabajos en su propia discográfica –Toxic Records-, su fichaje por el sello del diablo, Subterfuge, y el pelotazo “Love killer” los catapultan al estrellato: suenan en las radios, en la televisión –gracias a que el tema es utilizado para el spot de Radical Fruit Company- y alcanzan las 10.000 copias vendidas de su primer largo, “Dressed To Kiss” (Subterfuge / Toxic, 1994). Una forma distinta a Los Piratas de alcanzar el éxito, desde la independencia más absoluta. Una de las bandas que más importancia concede a la imagen en estos años es Kozmic Muffin, grupo coruñés de rock progresivo y sinfónico que, como suele pasar en estos casos, tuvo un mayor reconocimiento en el extranjero que en nuestro país. Unos rara avis dentro de la escena gallega que se acercaron al mundo multimedia gracias a los trabajos de su batería, percusionista, letrista y guionista Patxi Valera. Resumiendo, podemos decir que los 90 fueron tiempos de luces y sombras, tiempos en los que se fueron estableciendo las bases para la explosión que se produce en los primeros años de la década del 2000.

Con el auge de Internet y la mayor disponibilidad de los medios tecnológicos se produce una democratización del sector y los grupos y la edición de discos comienzan a crecer de forma exponencial. Hoy podemos decir que algo importante se cuece en Galicia. Podemos hablar de escena underground, independiente… llamadlo como queráis. ¿El mejor momento de la escena de aquí? Pues posiblemente sí. Ahora en Galicia hay muchas bandas de diferentes estilos musicales como el powerpop, garage, electropop, punk, noise, hardcore, etc. Nunca antes en la historia de la escena musical gallega ha habido tantos grupos, de tan diferentes estilos y que derrochen tanta calidad. Esto evidentemente no pasa desapercibido, y los medios especializados tanto a nivel regional como nacional se han dado cuenta de ello y las bandas gallegas realizan con frecuencia giras nacionales. Al mismo tiempo es habitual que los medios realicen artículos cubriendo la escena gallega, preguntándose qué les dan de comer por aquí. En estos últimos tiempos han aparecido estos especiales en revistas como Rockdelux o Mondosonoro y webs como Hipersónica, por poner ejemplos. ¿Cuándo y por qué se ha empezado a gestar esta nueva escena musical? ¿Cómo se ha alcanzado este posiblemente mejor momento en cuanto a creación musical en la historia de la música alternativa gallega?

Podemos hablar de distintos factores, siendo quizá el más importante la revolución digital de nuestros días que supuso ante todo la democratización de la música, de sus medios de producción y distribución. La bajada de precios a la hora de hacerse con un equipo profesional ha facilitado por un lado la proliferación de estudios de grabación por toda la geografía gallega y por otro la de los estudios caseros. Internet es otra de las claves, los grupos además de grabar con facilidad tienen en la red la clave fundamental para su relación con el público y una fuente inagotable de promoción gratuita, utilizando plataformas como Bandcamp o Soundcloud para subir canciones y discos; y portales como Vimeo o Youtube para colgar videoclips y actuaciones. Es decir, no es necesario tener miles de euros para poder producir, ni tener un gran conocimiento técnico musical para poder realizar un disco. Cualquiera puede comprar un ordenador, descargar un programa de edición musical, grabar su propia música y hacer en días lo que antes se hacía en meses. Además, el talento de los artistas tiene más oportunidades de darse a conocer. Todo esto ha liberalizado los medios de producción y promoción. El proceso en muchos casos se cierra con la autoedición, es decir la edición física del disco (cassette, CD, vinilo…), que supone una nueva actitud ante el trabajo creativo. Esta puede hacerse de diversas formas. La más profesional sería recurrir al micromecenazgo o crowdfunding, que consiste en la aportación económica de muchos donantes para la causa a través de Internet; pero también se recurre a ediciones más “artesanales” y menos costosas. Porque lo importante es la música, emocionarse con ella, y eso en la actualidad puede hacerse sin intermediarios ni grandes campañas promocionales. Autoeditarse, además, es la forma de poder controlar todo el proceso de edición de un disco, evitar ese eterno conflicto entre el creador y la industria, decidir sobre el disco antes y después de la grabación, evitar que se convierta en un objeto ajeno en el estante de cualquier tienda.

También ha cambiado la manera en la que el público escucha música a través de Internet, destacando el crecimiento del streaming musical, que ha facilitado por un lado el descubrimiento de propuestas por parte de público y bandas, y por otro lado traspasar Pedrafita vía cable de alta velocidad para dar a conocer a las bandas gallegas por toda la geografía española y más allá. Hoy en día es frecuente que bandas reconocidas como Triángulo de Amor Bizarro triunfen en México –ya han ido a tocar en varias ocasiones al país azteca- y Sudamérica en general, pero otras con menor calado como Mequetrefe suenan por todo el globo y sus discos se reseñan en lugares como Costa Rica o Rusia. Incluso bandas como los ferrolanos Quant consiguieron llamar la atención del sello de Michigan Jam Records y Bang 74 recibieron elogios de uno de sus ídolos musicales, Michael Davies de los MC5, tras descubrirlos por casualidad. Le gustó tanto la canción “Time to make things right” que la puso en el perfil de su MySpace. Evidentemente todo esto sería prácticamente imposible sin Internet. Esta nueva era de transformaciones y democratización global ha sido crucial para dar el empujón que necesitaba la industria musical gallega y sacar a la luz muchos proyectos que de no ser por esta revolución seguramente no podrían haber tenido tantas posibilidades. Pero como casi siempre ocurre, las máquinas necesitaron calor humano para ponerse en marcha.

Pero un factor primordial es atender a los distintos colectivos que agrupan bandas, aunando fuerzas para salir hacia delante y hacer más ruido, tirando de ingenio con el do it yourself (hazlo tú mismo) por bandera. Ahí está la gente del Galician Bizarre (Novedades Carminha, Metralletas Lecheras, Carrero Bianco, Fantasmage…) haciendo piña y realizando recopilaciones en vinilo que se distribuyen a nivel nacional; colectivos como Seara Records (Jay, Vietnam) realizando recopilaciones de vídeos en VHS y lanzamientos en cassette con caja de lija (artesanía pura); Metamovida (Unicornibot, Cró!, Es Un Árbol, Why Go…) aglutinando grupos de Pontevedra y Vigo con lemas como “El verdadero arte está en lo amateur” (R. Crumb) y “Toca desde el puto corazón” (Bill Hicks); o Discos da Máquina (Ataque Escampe, Grampoder, Das Kapital…) en Santiago de Compostela. Todos ellos como amantes de la música, cuidan muchísimo la estética, el diseño… el disco como formato físico, como arma cargada de futuro. A todo ellos contribuyen grandes diseñadores gráficos, todo un lujo tenerlos por estas tierras, como Andrés Magán, Rubén Domínguez, Zé Pequenho o Santiago Paredes. Esto es lo más underground pero también existen discográficas profesionales que siguen cauces establecidos, como Ernie Records (Igloo, Maryland, Holywater, Niño y Pistola…) y Grabaciones de Impacto (The Allnight Workers…), y células de resistencia como El Beasto y Lixo Urbano (Samesugas, Curtinaitis, The Brosas…).

No todo es de color de rosa, y aunque «el momento en que vivimos es tan brillante que hay que usar gafas de sol», parafraseando a los Carrero Bianco, sólo se han puesto las primeras piedras del camino y resulta necesario profesionalizar una industria que, en realidad, vive mucho del hazlo tú mismo, del compañerismo, de la autogestión y de la autoedición, aspectos loables pero que no garantizan de por sí el futuro, una escena y una industria que permita que los gallegos creemos, produzcamos y consumamos nuestras ideas y nuestra música. Para ello sigue faltando infraestructura, discográficas profesionales, medios de comunicación con un importante calado, más promotores, salas que apuesten por la música en directo… y que no se pongan trabas a las que intentan hacerlo bien. Dejando a un lado a Triángulo de Amor Bizarro -lo suyo es para darles de comer aparte ya que no es que sean la punta de lanza de la escena gallega, sino que son una de las bandas más importantes de la escena independiente nacional-, tenemos que hablar de los grandes nombres del panorama actual; y ahí sin duda están Telephones Rouges una banda que ha alcanzado la madurez suficiente para desarrollar una personalidad propia que produce brillos centelleantes, para entregar canciones que convulsionan corazones y nos permiten viajar por la memoria con una sonrisa dibujada en el rostro, entre tintes siniestros e hipnóticos, entre melodías inquietantes, con una profunda carga poética y urbana.

“Recibo no meu buzón as partes dun laberinto de pel escamas a contraluz, fronteiras que amargan partes en ti. Non busco explicacións, debúxoas e agora podo seguir as cordas nas túas mans, sinais que me remiten á fin… sentirte é resucitar, sentirte é resucitar de min”.

También tenemos que hablar de Franc3s, los de Carballo han desarrollado una personalidad dominada por el ruido y el ritmo, por las sombras y la electricidad, por un imaginario propio que crece con cada entrega, por melodías envenenadas que como indica Henrique Mariño «suenan a nanas para el hijo del diablo». Y por supuesto de Disco Las Palmeras! -una verdadera descarga de rock oscuro y ruidoso-, de Novedades Carminha y su punk old schoolcon las miras puestas en la actualidad y con la dosis justa de costumbrismo casero y mucha mala leche. Fluzo, es decir, el MC que es es feliz siendo triste, Hevi, y el hombre tras los aparatos, Javier Álvarez, saltaron directamente al frente, con su rap del futuro. Ellos representan la vertiente más experimental y renovadora del hip hop tanto gallego como nacional, se alejan del rap tradicional y amplían horizontes dejándose llevar por la frescura y la efectividad. Hay un personaje que merece mención aparte y no es otro que Rafa Anido: una de las mentes más inquietas de la escena más subterránea gallega. Nombrar todas las formaciones por la que pasó a lo largo de su vida es una tarea complicada, desde los tiempos del colectivo La Familia Feliz de Santiago en los 90, en el que nos encontramos a Marco Maril –Dar Ful Ful, Apenino-, hasta Travesti Afgano, pasando por Los Iribarnes, Jiménez del Oso, Jiménez Los Santos y los ya citados Metralletas Lecheras. Sin olvidarnos de sus inquietantes y recomendables maquetas en solitario. Esta es la primera línea, pero pisando fuerte vienen formaciones como los antes mencionados Mequetrefe y su post rock aderezarlo con filtros de ruido, electrónica y psicodelia perfectamente canalizados. Los de Santiago acaban de firmar con El Genio Equivocado (Barcelona).

Otras como Unicornibot y Lendrone han demostrado que el rock instrumental y experimental también tiene cabida en estas tierras. Carrero Bianco revisan la nueva ola y el tecnopop, fabricando hits como forma de vida. También destacan el dúo de garage punk Fantasmage -Daniel Nicolás (batería y voz), de los extintos Indómitos y Andrés Magán (guitarra y voz), artista polifacético responsable de gran cantidad de portadas de discos-; las riot grrrl Wild Balbina –fichadas por un sello mítico de la independencia nacional: Elefant (Madrid)-, el noise rock de Tora! Tora! Tora!, la crudeza y visceralidad de Jay –del colectivo Seara han pasado a grabar para Discos Humeantes (Asturias)-, los inclasificables e irreverentes Srasrsra –ellos se autodefinen como “dos pavos de A Coruña que tocan movidas guapas”-, el rock de serie B de Ataque Escampe… y un sinfín de nombres. La riqueza de bandas que vivimos en la actualidad es tan grande que cada vez es más difícil abarcarla. Se trata de una suerte de juego de muñecas rusas, como tirar del hilo de una madeja, cada grupo lleva a otro.

Tras estos dos frentes principales tenemos que hablar de nuevas formaciones como Cró!, Guerrera, Mvnich, Estrambote, Puma Pumku, Lobishome, Curtinaitis, When Nalda Became Punk, Alex Casanova, Lee Van Cleef, Vietnam, Mullet, Terbutalina, Músculo!, Mano de Obra… que garantizan el futuro. Debemos disfrutar del momento y apoyar la escena local. Y esto lo digo con la mano en el corazón. Es importante apoyar las bandas de tu barrio, de tu ciudad, de tu comunidad. Y más en tiempos de crisis. Este llamamiento no alude a razones chauvinistas, ni al tópico de que los tiempos de crisis son tiempos de oportunidades -aunque deberían serlo-, pero antes de pagar 30€ por ir a ver al último hype inglés de turno, se puede obtener más por menos: conciertos por 5€, maquetas, discos autoeditados, splits, 7″… ayudando a la creación de grupos o pequeños sellos discográficos, blogs, vídeos, diseños o más conciertos. Con Internet y los medios digitales el efecto llamada es mucho más grande, se agotan las ediciones en vinilo, CD-r o cassette dejándonos auténticas joyas en muchos casos, totalmente artesanales y próximas a la reliquia que desafiarán al tiempo y al olvido.

Está en tus manos, en nuestras manos, que esto que parece una escena alternativa de verdad no se estropee y continué creciendo. “Support your local scene”. Y, como decía Frank Zappa: “La cultura oficial sale a tu encuentro, pero al underground tienes que ir tú”.

El mes pasado tuve el honor de pertenecer al jurado del II Concurso de Maquetas Autoplacer, un certamen que contó con la participación de setenta y pico grupos de distinto pelaje y procedencia. De entre todos los participantes los organizadores nos pasaron un filtro de quince finalistas, de entre los cuales se erigieron como ganadores por su regularidad en votos obtenidos los coruñeses Mano de Obra. Tecno-pop desabrido e incómodo deudor de grupos como Esplendor Geométrico, Aviador DroAñade este contenido y coetáneos a sus vecinos Fasenuova.

Mano de Obra eran, para un servidor, dignos candidatos al título. Sin embargo, tres fueron las propuestas que me arrebataron. Aunque he de reconocer que no eran del todo desconocidas para mí, sí que me sorprendieron gratamente y sin duda darán que hablar de manera inminente, si es que no lo están haciendo ya.

 

Hielo en Varsovia son Ki (un tipo extraído de La Movida a lo Rafa Balmaseda), Buddy (un tipo sacado de un mundo más feliz con drones y sitares) y Bea (una tipa sacada de un garage de Seattle); o lo que es lo mismo, una amalgama sonora ante la cual es verdaderamente difícil permanecer impasible. Tuvimos la oportunidad de organizarles un concierto (junto a Franc3s y Trajano!) y desde hace tiempo les seguimos la pista como una de las bandas emergentes madrileñas que mayores sorpresas nos pueden deparar. Por ahora tienen una maqueta que es un post todo, trece cortes intensos y desquiciados que harán las delicias de los buscadores de nuevas experiencias.


 
 

 
Futuro son Cólin y Laynez, a quien ya conocerán por su descacharrante grupo Regiones Devastadas. Amantes de los 80, del italo raro y del synth pop -de hecho el segundo es uno de los cabecillas del Nuevo Anochecer, una noche en Madrid con querencia hacia estos sonidos en la cual también me hallo involucrado (ejem). Futuro pone el punto de mira en el pasado para vislumbrar un futuro distópico mientras nos incitan al baile y el hedonismo.

Aún no han debutado en directo, pero raro sería que en unos meses los mentideros indiesno nos bombardeasen con ello y entonces no nos quedará más remedio que decir aquello tan manido de «ya se lo avisamos».

 

 
Por último, Calma en los Mercados, el enésimo proyecto del inquieto Raúl Querido, concebido como un colectivo abierto de corte contestatario cuya intención es la crítica social y económica a golpe de sinte. Destaca sobre anteriores proyectos la cabida de inquietantes pasajes sonoros instrumentales en los que dar pie al spoken word o simplemente a la reflexión entre cortes de mayor calado político. Un genuino banco de pruebas al que se irán sumando poco a poco otros inconformistas de la escena. Una revisión de la canción protesta y los colectivos de los 70 adaptada a tiempos modernos necesitados de un mismo mensaje.