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Los Suspensos
A finales de los 80 hubo un momento en que los grupos madrileños que hacían pop en castellano lo tuvieron bastante difícil. La Movida había ya pasado y las multinacionales habían exprimido el fenómeno todo lo posible, la alegría con que grupos, mejores y peores, sacaban discos había cesado. Habían cambiado las modas y la proliferación de sellos independientes tal y como la conocemos estaba aún por estallar… Multitud de grupos que facturaban un pop sin pretensiones, directo y heredero de los denominados “grupos babosos” de los primeros 80, esto es: Mamá, Melodrama, Tótem, Nacha Pop o Los Modelos, pasaban las de Caín para mover sus propuestas.

Pero los amantes del pop siguieron fieles a su estilo, reivindicando estas propuestas desde sus canales habituales, siendo las radios piratas (o alegales, pues no había regulación al respecto) el gran vehículo de expresión. En Madrid, Pedro Otero a través de su programa radiofónico «El Kastillo de las Lágrimas» de ámbito autonómico daba la tabarra todo lo que podía, así como el ínclito Juan de Pablos con su «Flor de Pasión» fijaba sus oídos en estas propuestas, prácticamente ignoradas en su momento.

Este podría ser el resumen de Los Suspensos, grupo que podríamos denominar de culto por sus excelentes maquetas, que dieron mucho que hablar y que siguieron siendo recordados mucho tiempo después, sobre todo cuando a principios del 2000 los sellos independientes y los grupos vuelven a mirar sin complejos hacia el pop español, tiempos en que surgen recopilatorios como “Otras Formas de Vida” (Federación de Universos Pop, 2000) o fanzines como Le Touriste a cargo del colectivo Discos de Paseo. Tiempos en que se abraza el pop en castellano sin ambages y surge una escena, de nuevo discutida, denominada de manera despectiva como «tonti pop» que, como poco, dejó algunas grandes joyas en forma de canciones.

Tras varios meses de digitalización y remasterización, Los Suspensos, veinticinco años después, ven materializadas sus ilusiones mediante la publicación en vinilo de parte de sus maquetas perdidas, sus grabaciones en Radio Nacional de España y un par de canciones correspondientes a una breve reunificación posterior. La hoja interior incluye fotografías de la época, flyers y entradas de conciertos, así como un interesante texto sobre el grupo a cargo del propio Pedro Otero (ex Furalita). El proceso técnico ha corrido a cargo de Raúl Querido y todo el arte ha sido realizado por Manuel Moreno.

Charlamos con el núcleo más estable -Cristina Pérez-Serrabona (voz), Miguel Riesgo (guitarra y voz), Tito Lorenzo (bajo y voz) y Quique Berenguer (batería)- para que nos cuenten todo de primera mano, cómo surge el grupo asociado al fenómeno de las emisoras independientes, por dónde se movían y tocaban, por qué no lograron suscitar el interés de ningún sello a pesar de contar con un nutrido grupo de seguidores…

¿De dónde salen Los Suspensos?
Cristina: Salen de la radio. Al menos su mayoría. Yo salí de mi habitación, donde andaba refugiada haciendo canciones. Uno de mis mejores amigos iba al colegio con Tito y le dio una cinta mía llena de canciones parece ser que para que encima le grabara canciones de pop español, que era lo que tanto Miguel como él pinchaban exclusivamente. Por casualidad Tito escuchó la cinta y le preguntó que quién era esa chica…

Tito: El hacer un programa de radio fue fundamental. Camilo, el batería, vino de veranear conmigo en Baiona.

Miguel: El programa se llamaba “Mi Perdido Amor” en homenaje a la canción de Mamá y a mi verdadero perdido amor. Poníamos siempre canciones de la que era nuestra trilogía sagrada: Mamá, Secretos y Nacha Pop. Al poco de empezar, en 1986, nos llamó un oyente para intercambiar discos. Era Tito, enseguida congeniamos y empezamos a ir juntos a conciertos… Tito empezó su propio programa: “Ráfagas de Pop”. El segundo año del programa invitó a Cristina a su programa. Por entonces Tito y yo ya teníamos un embrión de grupo llamado James Dean y cuando se unió Cristina, junto con Quique Melero y Camilo, ya cambiamos el nombre.

¿Dónde ensayábais? ¿Cuál era el proceso de composición de las canciones?
Tito: Empezamos a ensayar en un local de una iglesia en casa de Miguel, luego fuimos a unos locales de ensayo recién abiertos cerca de Conde Casal que se llamaban La Nave, en la última época en los locales de General Perón. Otro lugar habitual fue el garaje de la casa de Cristina en Torrelodones.

Miguel: En La Nave es donde realmente el grupo se consolidó, pasamos allí muchos días metidos. Yo acababa con los ojos rojos del humo del tabaco del resto.

Cristina: Mis canciones salían de casa. Las traía grabadas en cintas y las escuchaban ellos en sus casas. Les daba varias a la vez y elegían cual sería la siguiente que grabaríamos o ensayaríamos.

Tito: Tratábamos de musicar entre todos las canciones de Cristina en los ensayos, el resto eran de Miguel.

Miguel: Poco a poco me fui también animando a llevar algunos temas. Una de las etapas más bonitas, para mí, fue cuando empezamos a componer Cristina y yo juntos en su casa de la sierra.

¿Cómo grabábais? ¿Cómo intentábais mover las canciones?
Tito: Las grabaciones de las maquetas las realizaban amigos de otros grupos más veteranos –Móviles, Stock de Coque, Proyecto, etc.- que disponían de porta estudios, muy de moda en esa época, pero que sin embargo estaban muy limitados y a la hora de incluir la batería no era factible, por lo que incluíamos cajas de ritmos copiadas de las baterías de Camilo; también grabamos en un estudio de Quevedo y en los estudios de Prado del Rey, que nos lo consiguió una hermana de Cristina que trabajaba allí. Las canciones las movíamos en todo tipo de concursos, las enviábamos o llevábamos en mano a los principales sellos…

Cristina: Tito cree que fue mi hermana porque trabajaba allí pero yo creo recordar que fue Scotty, íntimo amigo de Pedro Otero, tenía su propio programa de radio, «Tiempos Perdidos», en Radio Mercurio. Tito era el que movía todo. Yo nunca hice nada de esa parte, porque realmente siempre tenía como una contradicción. Hacía canciones y cantaba pero nunca quería salir a tocar ni que nos conociera más gente. Me daba bastante vergüenza. Para ellos los directos eran salir a reírse, a pasárselo bien… Para mí eran una agonía.

Entrada Bwana Los Suspensos

¿Qué influencias teníais? ¿Cuáles era vuestros grupos amigos y/o admirados? ¿Y vuestras pasiones?
Cristina: A mí me gustaba muchísimo el pop español, como a todos. Era lo que hacía que quisiéramos lo mismo musicalmente hablando. Me encantaba Tótem y tuve la suerte de hacerme amiga de ellos en un concierto al que fui a verles. También me gustaba mucho Un Pingüino En Mi Ascensor, a los que también conocíamos. Los Secretos, por supuesto, Enrique Urquijo era para mí el más grande… Ah, y el pop francés, sobre todo Françoise Hardy, gracias a Juan de Pablos. Viví mi infancia y juventud entre la música, la fotografía y mis perros… A todos nos encantaban y nos siguen encantando los animales.

Tito: Mis influencias eran básicamente pop español y sobre todo pop hecho en Madrid, bien en los primeros 80 o en los últimos, grupos amigos como Stock de Coque, Proyecto, Los Móviles, Los Adorables Sobrinos, Tótem… Nuestra pasión era vivir Madrid a tope con nuestra música, nos encantaba Madrid y a la vez queríamos huir de ella.

Miguel: Tito y yo éramos casi monotemáticos de pop español. Además de la música cada uno tenía su vida. No éramos muy de tribu musical.

¿En qué locales tocábais? ¿Qué tipo de público llevábais?
Tito: Tocábamos en cualquier sitio, fiestas de pueblos, de fin de año, salas, pubs, colegios, facultades…

Cristina: Los locales eran pequeños , casi siempre por Madrid, pero alguna vez también recuerdo un sitio muy grande para algo de Los 40 Principales… Y en Oh Madrid, creo que también. A mí no me gustaba contar a la gente que tenía un grupo. Muchos grandes amigos jamás vinieron a verme, no lo solía decir. No sé bien por qué lo hacía. Quizá me daba vergüenza, no lo sé. Ahora me sorprende que haya gente a quien jamás le dije que tocábamos. Sí, tenía miedo de hacer el ridículo y prefería separar las cosas… Era mucho más tímida en mi vida musical que en mi vida real. Venía mucha gente gracias al programa de radio de Otero, «El Kastillo de las Lágrimas».

Miguel: Había un pequeño grupo de fans que nos seguía donde tocásemos.

Los Suspensos Duduá1988 y 1989 son años en los que grabáis muchos temas distribuidos en dos cassettes, ¿por qué no llegaron a despertar el interés de ningún sello?
Tito: Dicen que José Miguel Nieto (Slogan) estaba interesado para su sello Menú pero nunca nos dijo nada…

Cristina: La Movida había terminado, llegábamos tarde. Las discográficas no arriesgaban ya por nadie y nosotros tampoco queríamos triunfar, la verdad. También es verdad que nadie nos ofreció nada. O varias veces sí, pero no sé qué pasó . Creo que se interesaron Zafiro y Ariola… No me hagas mucho caso…

Quique Berenguer: Sí, después de salir en el programa de Antonio Torres, Discos Zafiro escucharon las canciones de RNE, pero las desecharon porque no encajaban en el estilo en el que ellos estaban interesados.

Miguel: Era un pop fresco y posiblemente en ese momento se buscaban cosas más complicadas y con sonidos mucho más producidos…

¿Fue por la desilusión de no ver plasmadas las canciones que tras las grabaciones de 1990 sufrís un parón creativo?
Cristina: Puede ser. También hubo problemas… Yo quería sonar mejor, ensayar más, hacer las cosas disfrutándolas. Ya no quería tocar dos veces seguidas en un mismo día, en horario de 7 y de 11, ni darme las palizas tremendas para nada… Creo que necesitaba un cambio, necesitaba que el grupo madurara también. Miguel se fue de voluntario con Veterinarios Sin Fronteras a África. Le echábamos mucho de menos, ya no era igual…

Tito: No hubo parón creativo, teníamos similar número de canciones que ensayábamos y nunca grabamos… Pensamos en grabarlas pero no nos decidíamos y al final tocamos un concierto en 1993 y lo dejamos.

Miguel: En esos años empezamos a componer Cristina y yo juntos y fueron años bonitos de ensayos en Tablada y en la casa de Cristina en Torre pero no grabábamos maquetas ni dábamos conciertos, aunque seguíamos con ganas de mantener vivo el grupo. Fueron muchas cosas. Yo creo que más bien el hecho de que la música y el grupo fuesen una actividad secundaria, más o menos, para todos nosotros, influyó. Estábamos acabando la carrera, empezando a trabajar y era más difícil seguir con el mismo ritmo.

Hubo muchos cambios de formación, muchas idas y venidas. ¿Esa inestabilidad jugó en contra?
Tito: Sin duda, después de irse nuestro primer guitarra estuvimos mucho tiempo con Miguel solo a la guitarra y necesitábamos alguien que le apoyara en las melodías. No teníamos nivel para tener un sólo guitarra, pues apenas llevábamos un par de años tocando, y eso se notó en las grabaciones de Quevedo, faltaba algo. Agus de Stock de Coque tocó con nosotros alguna vez, luego llegó Jimmy que era un musicazo y se notó mucho en “Tu soledad” y en “Estás tan lejos”. Luego Camilo se fue y entró Quique Berenguer, a quien conocimos por un fan del grupo. En las grabaciones de RNE 3 estaba José María Corona, que es uno de los culpables de la belleza de “La chica de la gabardina”. Resumiendo, el variar la formación nos quitó estabilidad pero nos aportó ideas nuevas.

Miguel: El núcleo del grupo hasta el 94 fue muy constante: Tito, Cristina y yo, después Quique en la batería y Willy en los teclados también durante bastante tiempo… En cualquier caso no tengo la sensación de que el tener mucha gente entrando y saliendo jugase en contra, sino que supuso una riqueza para el grupo.

¿Qué papel jugaron Pedro Otero y Juan de Pablos en la historia del grupo?
Cristina: Pedro Otero para mí fue mucho más que alguien que nos apoyaba a través de sus programas de radio. Me sentía con él cómoda, me cuidaba. Le pedía a veces que viniera a los conciertos a vernos y hablábamos mucho rato antes de que me tocara subir al escenario. Él confiaba en mí mucho más que yo misma… Le recuerdo más como un amigo que como alguien que nos ayudara muchísimo en el tema musical. Juan de Pablos no es que fuera alquien especial para nosotros, es que es alguien especial para cualquier persona que le conozca. Yo oía sus programas desde que tenía doce años. La forma de regalarte las canciones por la radio, su sensibilidad, hizo que me enganchara a él… Entonces no existía Internet y conseguir canciones antiguas de pop francés solo era posible a través de la radio. La radio se convirtió para mí en una forma de ver el mundo exterior. Dormía con ella encendida la noche entera y siempre tenia un cassette preparado para darle al REC no fueran a poner una canción de las que me encantaban y me la perdiera. Recuerdo ir al colegio muerta de sueño por dormir a medias y siempre estar pendiente de escuchar unos acordes bonitos y grabarlos.

Tito: Otero creó una escena y estuvo radiándonos en «El Kastillo» de forma regular… Juan de Pablos, lo mismo, sin conocernos de nada estuvo años radiando un grupo muerto sólo porque le gustaba.

Miguel: Le encantaba “La chica de la gabardina”

¿Por qué pensáis que tras su disolución el grupo conservó un aura de malditismo y estatus de grupo de culto?
Cristina: No tuvimos la oportunidad, pero eso no significa que no hubiera mucha gente a quienes les gustáramos. Era difícil encontrarnos, no teníamos discos, era el boca a boca… Y eso hizo que nos convirtiéramos en algo maldito.

Tito: El malditismo se crea por Juan de Pablos, por Félix Alzola también, que nos menciona en un disco de Los Modelos… este fan había conseguido canciones inéditas en directo y había hecho este disco artesanalmente, que luego sería editado de forma legal por César Prieto de Discos de Paseo, nos cita en el interior. Decía que sólo un grupo le había hecho sentir algo parecido a Los Modelos y que ese grupo habíamos sido nosotros. Discos de Paseo acabaría sacando canciones nuestras en un CD casero que regalaban con el fanzine Le Touriste.

Miguel: Siempre me ha sorprendido escuchar comentarios de gente veinte años después hablando de nosotros y diciendo que tal canción le emociona… Es una pasada. Las canciones de Cristina tenían algo, me imagino que esa es la clave.

En 2002 hay una breve reunificación, ¿por qué vino motivada y por qué no cuajó del todo?
Miguel: Yo ya no participé en ese proyecto, pero lo viví un poco tangencialmente, Cristina seguía teniendo un montón de canciones maravillosas en el cajón.

Cristina: Si no recuerdo mal fue por Juan de Pablos. Volvimos a intentarlo pero yo quería hacer algo mejor, que sonara mejor. Me había hartado de directos a golpe de desafines. No quería seguir por ahí. Me gustaba la frescura pero la edad hacía que quisiera hacer las cosas mejor…

Tito: Para mí la vuelta fue un error, estábamos muy ilusionados con el reconocimiento de la escena pop hacia nosotros, sentíamos que Los Suspensos habían merecido algo más y queríamos volver al pasado, grabamos dos canciones, pero teníamos diferentes intenciones, para mí faltaba Miguel y yo me había quedado atrás, apenas tocaba desde hacía diez años… Quique y Cris habían seguido tocando juntos, habían evolucionado, no nos entendíamos… Tocamos en la fiesta de despedida de «El Kastillo» y ese mismo día nos dejamos de ver, Quique y Cris formaron Naif.

Quique: Cada uno venía de una experiencia vital diferente y tenía necesidades de expresión distintas. Quizá debimos ver lo que nos unía antes que lo que nos separaba…

Cubierta front peqCuando os contactamos con la intención de publicar en vinilo estas canciones, ¿qué pensásteis?
Tito: Flipamos, fue una ilusión gigante, por fin Los Suspensos, ese sueño, ese proyecto al que dedicamos tantas horas, tantos días, éramos reconocidos por otra generación que nos brindaba nuestro disco de vinilo que tanto quisimos.

Cristina: ¡Estáis locos! Yo lo veo como un milagro, que alguien se interese por lo que hicimos hace tantos años. Es precioso resumir todo aquello en un vinilo hecho con tanto amor, además. Sigo pensando en quién lo comprara…

Miguel: Es una suerte, al final mereció la pena el esfuerzo.

Quique: Siempre había soñado con grabar un disco de vinilo. Nunca es tarde para cumplir con los sueños. Me gustaría que pudiéramos disfrutarlo todos juntos con nuestros amigos que siempre nos acompañaron en los conciertos.

¿Qué otros grupos rescataríais del ostracismo?
Tito: Rescataría las primeras grabaciones de Stock de Coque, Los Adorables Sobrinos o Fraude Nacional. O el segundo LP de Los Móviles, que nunca vio la luz…

Cristina: Yo rescataría a Los Adorables Sobrinos. Creo que no tuvieron ninguna publicidad y era increíbles. No se nada de ellos hace muchísimo años pero no entiendo cómo no arrasaron.

Quique: Proyecto y Adorables Sobrinos eran geniales.

¿Qué pensáis que os hacía diferentes al resto?
Cristina: Éramos como éramos. Ni unos chulitos, ni unos arrogantes. Siempre humildes, con razón, porque los directos eran tremendos, pero había mucha chulería después de una Movida en la que todo el mundo tenía un disco. Todos éramos muy sensibles y tocábamos con el corazón. No había nada de marketing. Las letras eran directas, sin complicaciones. cualquiera se podía sentir identificado.

Miguel: No había necesidad de ser diferente.

¿Cómo se formaron Alaska y los Pegamoides, Paraíso o Radio Futura? ¿Dónde ensayaban y cómo fueron sus primeras actuaciones? ¿Cómo respondieron la España y el público de la época a este despertar musical?

«Música Moderna», escrito por Fernando Márquez, El Zurdo y publicado por primera vez en 1981 por La Banda de Moebius, habla de la creación de grupos como Zombies, Kaka de Luxe, Radio Futura, Las Chinas, Tequila o Los Elegantes, así como del contexto en el que se desarrolló esta nueva ola desde el punto de vista de uno de sus protagonistas; lo que hace de este libro una instantánea del panorama musical de la España de principios de los 80 y un documento fundamental para entender la postura del undergroundnacional en la actualidad.

Tras caer en la cuenta de que el libro estaba hoy por hoy descatalogado y era objeto de coleccionistas, Libros Walden y LaFonoteca decidimos reeditarlo, no con la intención de recuperar o recordar tiempos pasados, sino con la motivación de demostrar el vínculo ineludible que une a la escena musical actual con la que describe Fernando Márquez en su libro como el comienzo de la «música moderna» en España.

Tal y como comenta José Manuel Costa en el prólogo a la reedición, «‘Música Moderna’ es la visión de un músico, de un protagonista principal y eso le sitúa en un nivel de conversación al que ningún crítico o radiofonista, por muy cercano que estuviera, podía acceder. Esa mirada del artista como cronista no existe en ninguna parte y menos describiendo una fase tan temprana en la evolución del sujeto: la Nueva Ola. El Zurdo describía desde el absoluto presente un breve pasado que tendría un futuro igualmente efímero».

La reedición de Música Moderna incluye nuevo material, como el ya citado nuevo prólogo a cargo del periodista cultural José Manuel Costa y un libreto interior de fotografías de dos grandes cronistas visuales de la época: Miguel Trillo y Javier Senovilla, que ceden varias de sus instantáneas, algunas inéditas, para reflejar en imágenes la efervescencia que describe Fernando Márquez en las páginas del libro.

 

 

 

 

La reedición se presentará al público en La Fábrica el 19 de diciembre, y con concierto de La Ruleta China al día siguiente en la sala Siroco.

Cuando en petit comité comenté que estaba preparando un artículo sobre escenas musicales, desde LaFonoteca no parecieron muy entusiasmados, la verdad. Aunque hubo algún resoplo, se me insistió en que podía hablar de lo que quisiera y bueno, pues al final de eso mismo es de lo que he querido hablar. Cierto es que el asunto está un poco manido, pero no es menos cierto que algo hay en él que siempre provoca prurito y, si el objetivo es generar debate, hay que decir que el debate sobre las escenas no está apagado. Bueno, tampoco encendido, la verdad. Más bien echa algún hilillo de humo de vez en cuando. Se ha convertido en algo así como un fuego fatuo, un asunto fantasmagórico.

Hace poco, un twittero con el original nombre de «indiegnado» (los sagaces juegos de palabra con el «indie» están apunto de superar al “funk” en cantidad y calidad) clamaba ante sus ¡cuatro followers! contra “la absurda microescena madrileña pop de Solletico, Rusos Blancos, Hazte Lapón y Cosmen Adelaida. No puedo evitar ver en esto algo entrañable. Yo soy de la idea de que en España es imposible alcanzar el éxito sin que haya un grueso de gente que te deteste. La pena es que sólo hubiera cuatro testigos ante tal arremetida. Pero me ha vuelto a surgir la duda, ¿hoy día, hay escena o no la hay? Y más importante aún, ¿a alguien le importa lo más mínimo? Porque al fin y al cabo, ¿cuantas escenas han existido en España? Voy a intentar hacer un repaso rápido y a ver si sacamos algo en claro. Prometo ser lo menos riguroso posible, a ver si así, al menos, le damos chicha a un tema fofo.

Respecto a las escenas pasadas, seguramente la única que todo el mundo tenga clara es La Movida madrileña, aunque posiblemente, nadie sepa ya muy bien qué fue movida y qué no. Todos los grupos parecen haber adoptado el término o renegado de él según conveniencia, y con tanto intento de rentabilizar el concepto, este ha acabado funcionando prácticamente como sinónimo de “música española hecha en los 80”. Los recopilatorios de cuatro cedés de lo mejor de la década han acabado por mezclar la velocidad con el tocino, y aunque aún haya quien se acuerde de las viejas polémicas entre babosos y hornadas irritantes, al final Mamá y Glutamato Ye-Yé han acabado condenados a aparecer de la mano hasta el fin de los días. Protagonistas directos como la ubicua Alaska, que igual posa desnuda para una foto antitaurina, sale en portada de la revista Psychologies o hace de tertuliana en la COPE, siempre ha dicho que entonces eran cuatro gatos que salían apedreados de los conciertos patronales y a palos con las fuerzas del orden. No me extraña que no añore aquella época, cuando, con el tiempo, ha sido la que se ha llevado la parte más grande del pastel (al menos, una parte tan grande con la de Almodóvar).

Pero entonces, si los grupos no estaban unidos y el público no era tan abundante, ¿dónde estaba la escena? Sí que parece cierto que más allá de rivalidades coyunturales y dificultades de un país recién llegado a la democracia, hubo un continuo intercambio de ideas entre artistas, no sólo de la música, también del cine o las artes plásticas. E independientemente de que en lo primeros años la mayoría de los españoles permanecieran aún ajenos a aquella efervescencia, Madrid era un hervidero.

Más que el estilo musical, sometido a continuo cambio, incluso dentro de una misma banda en un corto espacio de tiempo, lo que los unió fue ese fluir de ideas. Luego las rivalidades no eran para tanto, por ejemplo Javier Urquijo, de Tosv, germen de Los Secretos, llegó a ser miembro de los Pegamoides durante un tiempo. Víctor Coyote, de Los Coyotes, daba al respecto una visión interesante: En esa época no había suficientes rockabillies, suficientes punks, suficientes siniestroso suficientes modscomo para abrir un bar para cada estilo, y entonces todos coincidían en la misma sala o en el mismo pub, y el intercambio de opiniones surgía de forma natural. Cuando aquella música minoritaria fue creciendo, las tribus se separaron, las ideas dejaron de mezclarse y ese fue el principio del fin.

Sí puede decirse que La Movida tuvo lugares comunes: fanzines como La Liviandad del Imperdible dieron un pueril pero potente componente ideológico, concursos como el Villa de Madrid abrieron paso a la joven cantera, Ordovás dio salida a las nuevas bandas en su programa de radio, y, de forma natural, nacieron nuevos sellos para sacar los primeros singles de estos grupos. Se abrieron salas, como Rock-Ola, que además de a Ramoncín, abrieron sus escenarios a bandas imberbes, que podían recibir los oportunos gargajos tan de moda en aquellos tiempos, pero también compartir cartel con Echo & The Bunnymen o Spandau Ballet. Más adelante, un interés político por destacar todo aquello como un paso de España hacia la modernidad dio como resultado un programa en la televisión estatal, «La Edad de Oro» (TVE), que además de dar difusión masiva (con sólo dos canales y sin mando a distancia no había guerra de shares) ha quedado como el mejor testimonio de la época. Pocos grupos de aquellos tuvieron carreras largas, y como herencia han quedado algunos discos disfrutables pero también mucha tontería, mirada con muy buenos ojos, y sin embargo, las crónicas ayudaron a darle el lustre que todo mito necesita.

Los 90 parece que están más claros. Indie(antes “música alternativa”) es aquello que salía en el «Generation Next Music» (1998) de Pepsi, ¿no? Bueno, aquel recopilatorio fue el primer contacto con aquella música que tuvimos muchos adolescentes, pero no hay que ser tramposos. Alternativo era lo que presentaba una alternativa a la música mainstream, aunque luego las marcas comerciales, siempre astutas, enturbiaran el espíritu inicial. Este fenómeno, más descentralizado que el anterior, tuvo epicentros esparcidos por la península. Sabemos que hubo un Xixon Sound, un Donosti Sound, que había escenas más o menos nutridas en Granada o Sevilla. Y también estaban Dover, que eran alternativos al principio, pero luego no, porque tuvieron éxito a partir de un anuncio de la tele, ¿no es así? Aunque eso también les sucediera a Australian Blonde, que eran un icono de aquella eclosión asturiana, junto a grupos como Penelope Trip, Los Locos de Paco Loco o Eliminator Jr. ¿Entonces, en que consistía la escena?

Fran Fernández, que lo vivió todo de primera mano, siempre dudó de que hubiera habido una escena real. Más bien eran unos pocos chavales interesados por nuevas bandas ruidosas, anglosajonas y americanas, como Ride, My Bloody Valentine, Dinosaur Jr. o Sonic Youth, referentes musicales que no compartían con la mayoría de la gente de su alrededor, lo que los animó a intentar hacerla ellos mismos. Esto posiblemente hubiera sido muy minoritario si no hubieran sido arrastrados por el fenómeno Nirvana, que al desbancar en las listas a Michael Jackson demostró las inmensas posibilidades comerciales de la música underground. Antes de eso, eran tan pocos que en Oviedo, uno de los dueños del bar Movie, que resistía desde del inicio de los 90 (recientemente cerró) me contaba que en esos años se acercaba a hablar con cualquiera que llevara una camiseta de The Pastels. El público era tan escaso que a veces sólo se iban a ver los unos a los otros; pero los propios grupos, a través de radios locales de escaso alcance, podían pinchar los discos que se traían de sus viajes a Inglaterra o directamente intercambiar en mano las cintas de cassette que grababan.

Así lo hicieron Tito Pintado o Ibón Errazkin, introduciendo nuevos sonidos, igual que hiciera Olvido Gara a finales de los 70. Estos fenómenos locales difícilmente se hubieran unificado si no hubieran existido fanzines como Malsonando, nuevos sellos, como Elefant o Acuarela, o concursos de maquetas como los de la revista Rockdelux, donde destacaron grupos como Los Planetas o Australian Blonde, aunque luego fueran premiados proyectos ignotos, como el grupo de hip hop Eat Meat. En aquellos primeros años, la prensa tuvo mucho importancia a la hora de apoyar a los nuevos músicos, valorando la novedad y el riesgo por encima de aspectos más discutibles. Una mirada crítica generosa dejó crecer a la bandas, haciendo la vista gorda ante plagios obvios, voces desafinadas, grabaciones apresuradas y letras muchas veces pobres.

Luego vino el tontipop. Eso también parece que fue una escena, ¿no? Y lo que les une está bastante claro, porque el nombre es delator: pop de tontos ¿o para tontos? Con la llegada de Meteosat cantando “Mi novio es bakala”, una horda de niños pijos dieron carpetazo al existencialismo abrasivo y la decadencia loser de los 90 saludando al nuevo milenio con ganas de diversión. Los recopilatorios de lo mejor del año, sin embargo, se llenaron sobre todo de canciones de herencia sixties y electropop de letras más costumbristas que bobas, influidas por Family y Los Fresones Rebeldes.

Aparecen grupos como Portonovo, Ellos, La Monja Enana, Me Enveneno de Azules, Mirafiori o La Casa Azul, muchos de los cuales tendrán una trayectoria breve, que a veces ni siquiera culmina en un disco. Pero radio y prensa, ansiosos de una nueva cosa de la que hablar, prestan atención a este “huracán de sensaciones pop, algo nuevo, diferente y muy moderno”, aunque no siempre los tratan con tanta amabilidad como a sus predecesores.

Hoy resulta curioso que por tontipop pasara, por ejemplo, un grupo como Astrud, que hablaba de “proyecciones mitopoyéticas” y hacían juegos de palabra con “lounge” y “Lynch” y que, con su pinta de empollones, más bien parecían los listos de la clase. Todo vuelve a ser confuso, pero lo que está claro es que, una vez más, parece que es una imprecisa etiqueta de la prensa la que actúa de aglutinante. La escena es fugaz y muere al poco de nacer, pero eso no es necesariamente un impedimento. Si uno lo piensa, más o menos eso duró el punk británico.

¿Qué pasó después? Pasa el tiempo sin que surja nada nuevo hasta que de repente, un polémico artículo de Rockdelux sobre las nuevas escenas de Madrid y Barcelona, (ignorando al resto de ciudades, por cierto) marcan un nuevo maridaje generacional. Los Punsetes en Madrid y Tarántula en Barcelona, con los sellos Gramaciones Grabofónicas y Producciones Doradas detrás, capitanean un nuevo relevo generacional.

Empieza a hablarse de Cohete y de Garzón, de Juanita y los Feos y de Decapante, de Za! y de Manos de Topo, de El Guincho y de Le Pianc. Pero, ¿puede haber escena entre grupos tan dispares? Si lo pensamos, el punk americano agrupó a Suicide y a Blondie, a Talking Heads y a Television, a Devo y a Patti Smith. Entonces, el nexo común fue una sala de conciertos, el CBGB. ¿Y aquí?

Pues no está claro, aunque hay salas en estas ciudades que se convierten en señeras, como es el caso de la madrileña Nasti, quizá la clave para entender comuniones tan eclécticas sea la influencia de Internet. Las canciones ahora se pueden oír de forma inmediata, sin necesidad de que exista formato físico, y los numerosos blogs musicales se encargan de pregonar las buenas nuevas y convertir algunas maquetas en vox populi. Puede parecer algo muy desmembrado, pero si hacemos un análisis más a fondo, si que puede decirse que hubo muchos nexos entre los grupos: conversaciones, colaboraciones, splits, conciertos compartidos, miembros que saltan de un grupo a otro. Las relaciones entre ellos son fáciles de rastrear, a través de los amigos que se exhibían en el entonces rutilante MySpace. Otra vez, aunque el germen real existe, es un artículo periodístico el que hace de cemento para que los oyente asocien algunos nombres.

Mi conclusión es que ese es el principal punto común en toda esta historia, las escenas existen si se hablan de ellas como tal. Son los cronistas los que convierten a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia espacio-temporal en una escena. Entonces, volviendo al principio e intentando responder a “indiegnado”, ¿existe aún esa absurda microescena en Madrid a día de hoy? ¿La hubo en algún momento? ¿La va a haber en el futuro? Supongo que eso dependerá de que alguien quiera contarlo así. Muchas de las personas de generaciones anteriores puede que frunzan el ceño, es ley de vida. También George Harrison dijo que iba a dejar la música cuando surgió el punk.

Si establecemos similitudes con otras escenas, haberlas, haylas. Hay un concurso de grupos revelación del festival Contempopránea donde aparecen en puestos destacados grupos como Rusos Blancos, Cosmen Adelaida, Los Ingenieros Alemanes, Alborotador Gomasio o Ed Wood Lovers, hay un bonito disco llamado “No Te Apures Mamá, Es Sólo Música Pop” (LaFonoteca, 2011) donde muchos de esos nombres se repiten, añadiéndose otros como Solletico, Los Autócratas, Raúl Querido o Betacam y un concierto de presentación de este disco, con un lleno absoluto de la sala Siroco y un centenar de personas que se quedan a las puerta. Hay un blog (y radio) como Aplasta Tus Gafas de Pasta, en cuyos recopilatorios y fiestas pueden rastrearse las primeras grabaciones y actuaciones de algunos de estos grupos, así como los primeros debates sobre la presencia o no de una nueva escena. Hay continuas colaboraciones y nexos, hay nuevas publicaciones, como Jenesaispop, que han dado cuenta, aunque tímidamente, de estas primeras andanzas. También es cierto que hay una repercusión de público aún pequeña.

Posiblemente, hay tantos argumentos para estar a favor como en contra. Al fin y al cabo, la mayoría ni siquiera hemos publicado aún un disco largo, a pesar de que casi todos nos acercamos o superamos la treintena. Esto, al fin y al cabo, también puede ser el espíritu de los tiempos. La repercusión a la larga está aún por ver. ¿Alguien se acordará de todo esto? ¿Alguien se encargará de alimentar el mito? Vete tú a saber. Hagan sus apuestas.

No. No se preocupen ustedes. No vamos a hacer un nuevo panegírico de La Movida ni de los años 80. No es esto, pero déjennos que refresquemos la historia. En la Nochevieja de 1979 fallece José Antonio Cano -batería del grupo Tos– en accidente de tráfico; aparcado en la cuneta cerca de La Navata y fuera del coche, recibe el impacto de otro vehículo. La Escuela de Ingenieros de Caminos y el propio grupo decidieron hacerle un homenaje y programaron un concierto para el 9 de febrero de 1980. Pasaron por él grupos sin disco y con ganas: Alaska y los Pegamoides, los propios Tos reconvertidos en Los Secretos, los actualmente rejuvenecidos Mamá, Nacha Pop, Paraíso, los Trastos -pese al veto de su compañía CBS- y Los Bólidos. MermeladaAñade este contenido y Mario Tenia y los Solitarios también actuaron, un poco como hermanos mayores.

El resumen del concierto aparece en el programa de televisión «Popgrama» (TVE, 1977-1981) de Diego Manrique y Carlos Tena. Apenas había pasado un mes; fue el 27 de febrero de ese mismo año. Pues bien, traspasemos décadas y pongámonos en el momento actual ¿Sería posible eso hoy? La respuesta es, tajantemente, no. La presencia de grupos sin disco o aún sin prestancia en la televisión actual sería vista con tal extrañeza que pasaría directamente a la categoría de lo absurdo.

Imaginemos, por poner casos al azar, que un programa de televisión recogiera un concierto de Espanto, Primogénito López, Los Ginkas, Doble Pletina y, por poner alguno de mayor prez, Manos de Topo. Marea pensar en lo impensable. Y sin embargo esto existió. Hubo una época, con dos canales y sin horarios apenas, finales de los 70 y los 80 en pleno, que fueron un hervidero. No solamente el «Popgrama», sino también el «FM2» (1988) que Manrique hizo con Christina Rosenvinge, el «Auambabulubabalambambu», el «Musical Express», el «Caja de Ritmos», el «Pista Libre», hasta un concurso de temática musical -el «Popqué»-. Incluso los programas convencionales como «Aplauso» o «Tocata», acogían actuaciones de grupos nuevos. Pongo un ejemplo, uno sólo: los Zombies en este último programa; inenarrable. Hoy todo esto se ha perdido irremediablemente, la labor pedagógica de la televisión en el campo musical -no digamos ya el resto de artes- es nula, cero, vacío.

Bien es verdad que hoy Internet acude a todo, abarca todo, fagocita todo. Pero no es lo mismo, disculpen. Internet es el medio ideal, puedes acudir a cualquier cantante, de cualquier grupo. Bien, pero hay un problema, ¿a cuáles? Internet representa muchas cosas buenas pero representa también un menosprecio increíblemente radical por la labor del periodismo musical, por el filtro, por la selección de alguien con criterio. No negamos que los miles de blogs que corren por ahí tengan increíbles propuestas, razonados criterios; no negamos incluso que el mercado funcione aquí, que los mejores han de ser los más buscados. Pero hay algo que no cuadra, los grupos nuevos no llegan a las masas -siempre hay, claro, Vetusta Morla, Love Of Lesbian– y la tele viene a ser un escaparate para viejunos y latinos, algo lógico, pero pobre si no quedan espacio para otras propuestas.