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“COQUE MALLA. SUEÑOS, GIGANTES Y ASTRONAUTAS” (EFE EME, 2019).

ARANCHA MORENO

 

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En 2017 Arancha Moreno publicaba «Iván Ferreiro. 30 Canciones Para el Tiempo y la Distancia» (Efe Eme, 2017), un completo repaso por la figura de Iván Ferreiro a través de 30 canciones de sus canciones. En esta ocasión Arancha aborda a otro de los grandes letristas del pop español: Coque Malla (Los Ronaldos). Enrique Bunbury firma el epílogo.

Arancha mantiene los esquemas y los ingredientes de su anterior entrega, y vuelve a revisar la trayectoria artística y vital del músico a través de 30 de sus canciones. Una manera muy fresca de revisar la biografía de un músico, ya que cada canción nos remite a una época, un lugar y una situación vital y personal distinta, lo que nos permite combinar vida y obra y sentir como cercano cada verso. Un viaje por canciones como “Adiós papá”, “Guárdalo”, “No puedo vivir sin ti”, “Berlín” o “Este es el momento”, canción de la banda sonora de «Campeones»  (Javier Fesser, 2018) que le valió un Goya.

Por las páginas del libro pasan sus compañeros en Los Ronaldos, así como otros artistas y amigos como Iván Ferreiro, Dani Martín, Christina Rosenvinge, Jorge Drexler, Anni B Sweet o Leiva.

Coque Malla, como dice Bunbury en el epílogo, pertenece «al eslabón perdido entre La Movida y la primera generación del indie. Somos unos desclasados y desubicados, con un pie a finales de los ochenta y el cuerpo entero en los noventa«. Un talento que despuntó a finales de los 80 con Los Ronaldos gracias a canciones como «Adiós papá«.

 

Un artista que supo reinventarse e iniciar nuevos caminos cuando lo ha creído necesario, manteniendo siempre una gran coherencia y sinceridad.

La edición, muy cuidada como siempre, incluye un apartado fotográfico en color y en papel satinado, que es el complemento perfecto para esta amena lectura.

 

Arancha Moreno (Madrid, 1981) se licenció en Periodismo y comenzó a especializarse en el ámbito musical en 2004. Desde entonces se dedica a la prensa escrita, tarea que compaginó durante ocho años con la radio, en emisoras como Radio Sol XXI, City FM o CVB Radio. Fue subdirectora del portal musical Popes80 y responsable de Cultura en Gaceta.es. Dirige el diario digital Efe Eme desde 2015 y en la actualidad es coordinadora de Cuadernos Efe Eme y colaboradora de El País. Es autora del libro Iván Ferreiro. 30 canciones para el tiempo y la distancia (Efe Eme, 2017) y ha editado varios relatos de ficción en Historias del estómago y el corazón (Edición Personal, 2011) y Entre sus fotos: Trece relatos a la sombra de grandes escritores (Opera Prima, 2017).

No sé vosotros pero yo estoy bastante cansado de los míticos años 80, en lo musical y todo lo demás. No creo que fueran tan importantes como quieren que pensemos. Nos bombardean continuamente con artistas y grupos de aquella época, con la Constitución, la Democracia y el pretendido cambio que eso trajo en todos los ámbitos, incluido por supuesto el cultural. Claro que hay cosas que valen la pena y discos y canciones que me gustan, pero de ahí a pensar que no hubo un antes y un después hay un trecho.

Pocos artistas o grupos nacidos en ese momento son capaces de mantenerse hasta hoy a un nivel de creatividad decente. Si lo comparamos con el mundo anglosajón, el resultado es pobre. Sonic Youth, Mark E. Smith, Kim Salmon, Ian MacKaye, Robert Smith, Billy Childish o Steve Albini, entre otros muchos, también nacieron alrededor de esos años y nos han dejado un buen puñado de discos incontestables. Mientras en España, como digo, encuentras muy pocos ejemplos: Fernando Alfaro (aunque este ya tira más hacia los 90), Ilegales, Los Enemigos, Sex Museum y Javier Corcobado son ejemplos de carreras relativamente largas y fructíferas.

Después hubo un poco de todo, casos con final precipitado (Parálisis Permanente, Desechables, Eskorbuto), primeros tiempos (Siniestro Total, Duncan Dhu, Gabinete Caligari, Los Ronaldos, Los Coyotes o Aviado Dro) y carreras cortas (Golpes Bajos, Pegamoides, Nikis, Dinarama, Último Resorte, Los Vegetales, Décima Víctima). Pero antes y después, hubo música tanto o más importante que la que se hizo durante los 80.

A finales de los años 70 había entre las altas esferas un temor muy grande a una vuelta a la situación anterior a la Guerra Civil tras la muerte de Franco. Había que nombrar un sucesor, para lo que se eligió al actual Rey y cambiar un poco el sistema político, por lo que se montó la democracia. Era necesario también abrir un poco la mano a todos los niveles ya que la gente en la calle presionaba por un cambio total. Sólo de esta forma se puede explicar que un disco como «Cuando Se Come Aquí» (DRO, 1982) de Siniestro Total llegase a vender la cantidad de copias que vendió o que un grupo como las Vulpess saliese por la tele. Todo esto hoy día es totalmente impensable. En ese momento surgieron muchos grupos que en otra situación nunca hubiesen tenido la repercusión que tuvieron, pasaban del local de ensayo a fichar por una multinacional directamente. Por otro lado, el público también los necesitaba, ya que buscaban algo nuevo y diferente.

He visto demasiados capítulos de la serie «Cuéntame» (TVE) y, como digo, la famila Alcántara no tiene la culpa; no es más que una familia de clase media como otra cualquiera superando las dificultades de la vida. Pero esa voz en off omnipresente es la que realmente me perturba, recordándonos lo cutre que era todo antes de la llegada de la democracia y todo lo que le debemos por lo que vino después. Una broma de mal gusto con la que está cayendo. Es triste pensar que los tiempos que nos ha tocado vivir son peores en cierto sentido que los que les tocó vivir a nuestros padres. No veo que este país haya cambiado tanto, como la propaganda nos vende: Las esperanzas que muchos pusieron en la llamada Transición no se han cumplido.

Buscando información por Internet para escribir esto, me encontré con varias reflexiones de Alejo Alberdi sobre su grupo, Derribos Arias, uno de los pocos protagonistas de esa época que parece conservar algo de cordura. Otros contemporáneos suyos podrán presumir de haber logrado cierto éxito o vivir de rentas, pero están demasiado desnortados para que podamos tener en cuenta sus declaraciones.

El grupo duró seis años, desde 1981 hasta 1987 y, según él, al principio pecaban de autoindulgencia e irregularidad, teniendo que responder a una serie de expectativas creadas. Cuando consiguieron paliar esos defectos era tarde, y el interés de los medios y público se había enfriado. Sin embargo, piensa que en su mejor momento consiguieron evitar algunos de los males del rock nacional: la falta de sentido del humor, la pretenciosidad, el excesivo mimetismo, y una imagen penosa. Se puede decir que no fue una carrera muy larga y su producción es prácticamente de un disco y varios maxis y EP, pero fueron un ejemplo de lo que sí se debe hacer.