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Calabaza Discos 300x300¡Joder! Ya ha pasado un año desde que escuché las seis canciones que conformaban «La Cámara Subjetiva» de la banda madrileña Sector de Agitadas. Una banda que había descubierto en uno de los recopilatorios de Aplasta Tus Gafas de Pasta. Cuando aún sonaba «Crash», la tercera canción, llamé corriendo a uno de los miembros de Sector para conocer qué tenían pensado hacer con esas seis perlas de genialidad. Me dijeron que tenían la ilusión de publicar un vinilo de 10″. Colgué el teléfono, cogí aire y terminé de escuchar las seis canciones. Discos Calabaza había nacido.

Nos reunimos una semana después para hablar de cómo podía participar la Calabaza en este futuro lanzamiento. Allí me encontré con The Soap Club que junto a la propia banda co-editarían el vinilo conmigo. Resultó que tras The Soap Club, otro mini-sello unipersonal, se escondía un viejo conocido de la Malasaña noventera. Todo esta locura empezaba a tener muy buena pinta.

Para que el sello tuviera una coherencia estética acoté sus gustos, ya que los míos personales son excesivamente amplios y muy variados, creando un manifiesto: «La Calabaza surge del pop oscuro, la psicodelia, el noise pop y el shoegazer. Se alimenta de reverb, acople y feedback». Daba así pie a los grupos de teclados oscuros y envolventes, guitarras potentes desde el surf o el garage hasta el noise o el shoegaze. Muchas bandas que sonaban o empezaban a surgir hace un año entraban dentro de este entorno, aparte de Sector de Agitadas, en Madrid sonaban Tigres Leones, Los Ingenieros Alemanes, Cómo Vivir En El Campo, Dolores, Alborotador Gomasio, etc. En Galicia, Fantasmage, Disco las Palmeras! o Sundae y Blacanova en Sevilla.

Durante estos doce meses otros muchas bandas han aparecido, sólo hay que escuchar los recopilatorios «Madrid Está Helado» (2012) de LaFonoteca o el «Galician Bizarre vol. II» (2012), con bandas como Gatopersa, Hielo en Varsovia o Esquimales. Unos grupos que hemos podido ir escuchando en los directos que hemos ido preparando gracias a nuestra colaboración con Triangle Club.

Otros sellos ya existentes o recién nacidos han publicado discos de estas bandas que hicieron que La Calabaza tomara forma. Sellos como Sonido Muchacho o Discos Humeantes.
Pasaron largos meses desde aquella primera reunión con Sector de Agitadas y The Soap Club hasta que el vinilo estuvo realmente en la calle. Desde entonces, la banda lo ha ido presentando en diversas ciudades españolas. La verdad es que, tanto por su personalidad, al estilo de las de indie pop inglesas de sellos como Sarah o K-Records, y por el estilo de sus canciones, lo que habían creado Sector de Agitadas en su cámara subjetiva resulta muy atemporal, es un disco que va a tener vigencia más allá de un tiempo concreto, seguramente sobrevivirá a Discos Calabaza y a la propia banda. Prueba de esta atemporalidad es el hecho de que, por ejemplo, en MondoSonoro (octubre de 2012) dicen «que un trabajo como ‘La cámara subjetiva’ no haya tenido mayor repercusión no deja de ser una más de las anomalías que dominan nuestra escena» o que la crítica del disco haya salido casi nueve meses después en la Rockdelux.

En febrero de 2012 y tras un arduo trabajo de masterización junto a la banda en el estudio de Ramón Moreira se pudo terminar «Efecto Campo» (Discos Calabaza, 2012), el segundo EP del grupo indie/shoegaze Los Ingenieros Alemanes, unas canciones que llevaban un año en un cajón tras la separación de la banda.

Los componentes, ahora miembros de Alborotador Gomasio y de Celica XX, decidieron publicarlo en formato digital y con la idea de que lo publicaríamos en CD en un futuro que nunca llegó. «(por el) Teorema de Gauss», tercer tema del EP, apareció en el vinilo recopilatorio «Madrid Está Helado» de LaFonoteca. Aparece así en el sello como la primera referencia digital.

En junio anunciamos la salida de «CVEEC» el esperadísimo primer disco de Cómo Vivir En El Campo. A diferencia de Sector de agitadas, en este caso no se trataba de un flechazo, sino de algo que venía de atrás, un amor de larga duración que abarcaba sus tres primeros EP autoeditados, conciertos y entrevistas a Pedro Arranz para Aplasta TV. Él ha sido la mente creadora de todo lo que rodea al disco, tanto la portada, como el videoclip de «Amor y Pedagogía». El LP, segunda referencia del sello, es una autentica obra de arte, no se trata de las diez típicas canciones grabadas a toda prisa en una semana en un estudio, sino que ha sido grabado, mezclado y mimado por todos los miembros que durante estos años han formado parte de la banda. Está lleno de detalles y pequeños arreglos que hacen de cada una de las canciones una pequeña joya.

Y ahora, doce meses después, consciente de que no somos muchos los que escuchamos este tipo de sonidos en vinilo, sigo intentando hacer llegar al máximo número posible de personas la obra de estas tres grandísimas bandas que forman parte de una espectacular generación de grupos.

 

 

Madrid está helado. Y no es que esta sea nuestra particular descripción de un verano en muchos aspectos calentito como este, sino que es el título de nuestra tercera referencia discográfica y una frase que creemos que sintetiza el sonido afilado, cristalino y algo melancólico pero vitalista que nos hemos ido encontrando entre las nuevas propuestas madrileñas que más nos han gustado a lo largo de este año; quizá marcadas por los tiempos difíciles que nos ha tocado vivir, pero también reflejo de ese erial de hielo que puede llegar a ser Madrid en una primera instancia para cualquier recién llegado.

«Madrid Está Helado» (LaFonoteca, 2012) toma el pulso a la independencia musical de la capital en una edición limitada a 300 copias en vinilo transparente con diseño de Ricardo Cavolo y masterización de Javier Ferrás.

Catorce nuevos grupos se reúnen en un disco que de algún modo pretende dejar testimonio y ser reflejo de una parte de lo que se está haciendo en este momento en la ciudad. «Madrid Está Helado» son, por orden de aparición: Espiritusanto, Cómo Vivir en el Campo, Sector de Agitadas, Computadora, Walden Dos, Alberto Azul, Los Ingenieros Alemanes, Coraje, Tigres Leones, Trajano!, Gatopersa, Esquimales, Hielo en Varsovia y Compartir Es Vivir.

 

 

 

«Veíase desde allá arriba el campo amarillento, cada vez más sombrío con la proximidad de la noche, y las chimeneas y las casas, perfiladas con dureza en el horizonte. El cielo azul y verde se inyectaba de rojo a ras de tierra, se obscurecía y tomaba colores siniestros, rojos cobrizos, rojos de púrpura. Asomaban por encima de las tapias las torrecitas del cementerio de San Isidro; una cúpula redonda se destacaba recortada en el aire; en su remate se erguía un angelote, con las alas desplegadas, como presto para levantar el vuelo sobre el fondo incendiado y sangriento de la tarde. Por encima de las nubes estratificadas del crepúsculo brillaba una pálida estrella en una gran franja verde, y en el vago horizonte, animado por la última palpitación del día, se divisaban, inciertos, montes lejanos.» – «La Busca» (1904), Pío Baroja.

Proceso creativo de Ricardo Cavolo:

Cuando en petit comité comenté que estaba preparando un artículo sobre escenas musicales, desde LaFonoteca no parecieron muy entusiasmados, la verdad. Aunque hubo algún resoplo, se me insistió en que podía hablar de lo que quisiera y bueno, pues al final de eso mismo es de lo que he querido hablar. Cierto es que el asunto está un poco manido, pero no es menos cierto que algo hay en él que siempre provoca prurito y, si el objetivo es generar debate, hay que decir que el debate sobre las escenas no está apagado. Bueno, tampoco encendido, la verdad. Más bien echa algún hilillo de humo de vez en cuando. Se ha convertido en algo así como un fuego fatuo, un asunto fantasmagórico.

Hace poco, un twittero con el original nombre de «indiegnado» (los sagaces juegos de palabra con el «indie» están apunto de superar al “funk” en cantidad y calidad) clamaba ante sus ¡cuatro followers! contra “la absurda microescena madrileña pop de Solletico, Rusos Blancos, Hazte Lapón y Cosmen Adelaida. No puedo evitar ver en esto algo entrañable. Yo soy de la idea de que en España es imposible alcanzar el éxito sin que haya un grueso de gente que te deteste. La pena es que sólo hubiera cuatro testigos ante tal arremetida. Pero me ha vuelto a surgir la duda, ¿hoy día, hay escena o no la hay? Y más importante aún, ¿a alguien le importa lo más mínimo? Porque al fin y al cabo, ¿cuantas escenas han existido en España? Voy a intentar hacer un repaso rápido y a ver si sacamos algo en claro. Prometo ser lo menos riguroso posible, a ver si así, al menos, le damos chicha a un tema fofo.

Respecto a las escenas pasadas, seguramente la única que todo el mundo tenga clara es La Movida madrileña, aunque posiblemente, nadie sepa ya muy bien qué fue movida y qué no. Todos los grupos parecen haber adoptado el término o renegado de él según conveniencia, y con tanto intento de rentabilizar el concepto, este ha acabado funcionando prácticamente como sinónimo de “música española hecha en los 80”. Los recopilatorios de cuatro cedés de lo mejor de la década han acabado por mezclar la velocidad con el tocino, y aunque aún haya quien se acuerde de las viejas polémicas entre babosos y hornadas irritantes, al final Mamá y Glutamato Ye-Yé han acabado condenados a aparecer de la mano hasta el fin de los días. Protagonistas directos como la ubicua Alaska, que igual posa desnuda para una foto antitaurina, sale en portada de la revista Psychologies o hace de tertuliana en la COPE, siempre ha dicho que entonces eran cuatro gatos que salían apedreados de los conciertos patronales y a palos con las fuerzas del orden. No me extraña que no añore aquella época, cuando, con el tiempo, ha sido la que se ha llevado la parte más grande del pastel (al menos, una parte tan grande con la de Almodóvar).

Pero entonces, si los grupos no estaban unidos y el público no era tan abundante, ¿dónde estaba la escena? Sí que parece cierto que más allá de rivalidades coyunturales y dificultades de un país recién llegado a la democracia, hubo un continuo intercambio de ideas entre artistas, no sólo de la música, también del cine o las artes plásticas. E independientemente de que en lo primeros años la mayoría de los españoles permanecieran aún ajenos a aquella efervescencia, Madrid era un hervidero.

Más que el estilo musical, sometido a continuo cambio, incluso dentro de una misma banda en un corto espacio de tiempo, lo que los unió fue ese fluir de ideas. Luego las rivalidades no eran para tanto, por ejemplo Javier Urquijo, de Tosv, germen de Los Secretos, llegó a ser miembro de los Pegamoides durante un tiempo. Víctor Coyote, de Los Coyotes, daba al respecto una visión interesante: En esa época no había suficientes rockabillies, suficientes punks, suficientes siniestroso suficientes modscomo para abrir un bar para cada estilo, y entonces todos coincidían en la misma sala o en el mismo pub, y el intercambio de opiniones surgía de forma natural. Cuando aquella música minoritaria fue creciendo, las tribus se separaron, las ideas dejaron de mezclarse y ese fue el principio del fin.

Sí puede decirse que La Movida tuvo lugares comunes: fanzines como La Liviandad del Imperdible dieron un pueril pero potente componente ideológico, concursos como el Villa de Madrid abrieron paso a la joven cantera, Ordovás dio salida a las nuevas bandas en su programa de radio, y, de forma natural, nacieron nuevos sellos para sacar los primeros singles de estos grupos. Se abrieron salas, como Rock-Ola, que además de a Ramoncín, abrieron sus escenarios a bandas imberbes, que podían recibir los oportunos gargajos tan de moda en aquellos tiempos, pero también compartir cartel con Echo & The Bunnymen o Spandau Ballet. Más adelante, un interés político por destacar todo aquello como un paso de España hacia la modernidad dio como resultado un programa en la televisión estatal, «La Edad de Oro» (TVE), que además de dar difusión masiva (con sólo dos canales y sin mando a distancia no había guerra de shares) ha quedado como el mejor testimonio de la época. Pocos grupos de aquellos tuvieron carreras largas, y como herencia han quedado algunos discos disfrutables pero también mucha tontería, mirada con muy buenos ojos, y sin embargo, las crónicas ayudaron a darle el lustre que todo mito necesita.

Los 90 parece que están más claros. Indie(antes “música alternativa”) es aquello que salía en el «Generation Next Music» (1998) de Pepsi, ¿no? Bueno, aquel recopilatorio fue el primer contacto con aquella música que tuvimos muchos adolescentes, pero no hay que ser tramposos. Alternativo era lo que presentaba una alternativa a la música mainstream, aunque luego las marcas comerciales, siempre astutas, enturbiaran el espíritu inicial. Este fenómeno, más descentralizado que el anterior, tuvo epicentros esparcidos por la península. Sabemos que hubo un Xixon Sound, un Donosti Sound, que había escenas más o menos nutridas en Granada o Sevilla. Y también estaban Dover, que eran alternativos al principio, pero luego no, porque tuvieron éxito a partir de un anuncio de la tele, ¿no es así? Aunque eso también les sucediera a Australian Blonde, que eran un icono de aquella eclosión asturiana, junto a grupos como Penelope Trip, Los Locos de Paco Loco o Eliminator Jr. ¿Entonces, en que consistía la escena?

Fran Fernández, que lo vivió todo de primera mano, siempre dudó de que hubiera habido una escena real. Más bien eran unos pocos chavales interesados por nuevas bandas ruidosas, anglosajonas y americanas, como Ride, My Bloody Valentine, Dinosaur Jr. o Sonic Youth, referentes musicales que no compartían con la mayoría de la gente de su alrededor, lo que los animó a intentar hacerla ellos mismos. Esto posiblemente hubiera sido muy minoritario si no hubieran sido arrastrados por el fenómeno Nirvana, que al desbancar en las listas a Michael Jackson demostró las inmensas posibilidades comerciales de la música underground. Antes de eso, eran tan pocos que en Oviedo, uno de los dueños del bar Movie, que resistía desde del inicio de los 90 (recientemente cerró) me contaba que en esos años se acercaba a hablar con cualquiera que llevara una camiseta de The Pastels. El público era tan escaso que a veces sólo se iban a ver los unos a los otros; pero los propios grupos, a través de radios locales de escaso alcance, podían pinchar los discos que se traían de sus viajes a Inglaterra o directamente intercambiar en mano las cintas de cassette que grababan.

Así lo hicieron Tito Pintado o Ibón Errazkin, introduciendo nuevos sonidos, igual que hiciera Olvido Gara a finales de los 70. Estos fenómenos locales difícilmente se hubieran unificado si no hubieran existido fanzines como Malsonando, nuevos sellos, como Elefant o Acuarela, o concursos de maquetas como los de la revista Rockdelux, donde destacaron grupos como Los Planetas o Australian Blonde, aunque luego fueran premiados proyectos ignotos, como el grupo de hip hop Eat Meat. En aquellos primeros años, la prensa tuvo mucho importancia a la hora de apoyar a los nuevos músicos, valorando la novedad y el riesgo por encima de aspectos más discutibles. Una mirada crítica generosa dejó crecer a la bandas, haciendo la vista gorda ante plagios obvios, voces desafinadas, grabaciones apresuradas y letras muchas veces pobres.

Luego vino el tontipop. Eso también parece que fue una escena, ¿no? Y lo que les une está bastante claro, porque el nombre es delator: pop de tontos ¿o para tontos? Con la llegada de Meteosat cantando “Mi novio es bakala”, una horda de niños pijos dieron carpetazo al existencialismo abrasivo y la decadencia loser de los 90 saludando al nuevo milenio con ganas de diversión. Los recopilatorios de lo mejor del año, sin embargo, se llenaron sobre todo de canciones de herencia sixties y electropop de letras más costumbristas que bobas, influidas por Family y Los Fresones Rebeldes.

Aparecen grupos como Portonovo, Ellos, La Monja Enana, Me Enveneno de Azules, Mirafiori o La Casa Azul, muchos de los cuales tendrán una trayectoria breve, que a veces ni siquiera culmina en un disco. Pero radio y prensa, ansiosos de una nueva cosa de la que hablar, prestan atención a este “huracán de sensaciones pop, algo nuevo, diferente y muy moderno”, aunque no siempre los tratan con tanta amabilidad como a sus predecesores.

Hoy resulta curioso que por tontipop pasara, por ejemplo, un grupo como Astrud, que hablaba de “proyecciones mitopoyéticas” y hacían juegos de palabra con “lounge” y “Lynch” y que, con su pinta de empollones, más bien parecían los listos de la clase. Todo vuelve a ser confuso, pero lo que está claro es que, una vez más, parece que es una imprecisa etiqueta de la prensa la que actúa de aglutinante. La escena es fugaz y muere al poco de nacer, pero eso no es necesariamente un impedimento. Si uno lo piensa, más o menos eso duró el punk británico.

¿Qué pasó después? Pasa el tiempo sin que surja nada nuevo hasta que de repente, un polémico artículo de Rockdelux sobre las nuevas escenas de Madrid y Barcelona, (ignorando al resto de ciudades, por cierto) marcan un nuevo maridaje generacional. Los Punsetes en Madrid y Tarántula en Barcelona, con los sellos Gramaciones Grabofónicas y Producciones Doradas detrás, capitanean un nuevo relevo generacional.

Empieza a hablarse de Cohete y de Garzón, de Juanita y los Feos y de Decapante, de Za! y de Manos de Topo, de El Guincho y de Le Pianc. Pero, ¿puede haber escena entre grupos tan dispares? Si lo pensamos, el punk americano agrupó a Suicide y a Blondie, a Talking Heads y a Television, a Devo y a Patti Smith. Entonces, el nexo común fue una sala de conciertos, el CBGB. ¿Y aquí?

Pues no está claro, aunque hay salas en estas ciudades que se convierten en señeras, como es el caso de la madrileña Nasti, quizá la clave para entender comuniones tan eclécticas sea la influencia de Internet. Las canciones ahora se pueden oír de forma inmediata, sin necesidad de que exista formato físico, y los numerosos blogs musicales se encargan de pregonar las buenas nuevas y convertir algunas maquetas en vox populi. Puede parecer algo muy desmembrado, pero si hacemos un análisis más a fondo, si que puede decirse que hubo muchos nexos entre los grupos: conversaciones, colaboraciones, splits, conciertos compartidos, miembros que saltan de un grupo a otro. Las relaciones entre ellos son fáciles de rastrear, a través de los amigos que se exhibían en el entonces rutilante MySpace. Otra vez, aunque el germen real existe, es un artículo periodístico el que hace de cemento para que los oyente asocien algunos nombres.

Mi conclusión es que ese es el principal punto común en toda esta historia, las escenas existen si se hablan de ellas como tal. Son los cronistas los que convierten a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia espacio-temporal en una escena. Entonces, volviendo al principio e intentando responder a “indiegnado”, ¿existe aún esa absurda microescena en Madrid a día de hoy? ¿La hubo en algún momento? ¿La va a haber en el futuro? Supongo que eso dependerá de que alguien quiera contarlo así. Muchas de las personas de generaciones anteriores puede que frunzan el ceño, es ley de vida. También George Harrison dijo que iba a dejar la música cuando surgió el punk.

Si establecemos similitudes con otras escenas, haberlas, haylas. Hay un concurso de grupos revelación del festival Contempopránea donde aparecen en puestos destacados grupos como Rusos Blancos, Cosmen Adelaida, Los Ingenieros Alemanes, Alborotador Gomasio o Ed Wood Lovers, hay un bonito disco llamado “No Te Apures Mamá, Es Sólo Música Pop” (LaFonoteca, 2011) donde muchos de esos nombres se repiten, añadiéndose otros como Solletico, Los Autócratas, Raúl Querido o Betacam y un concierto de presentación de este disco, con un lleno absoluto de la sala Siroco y un centenar de personas que se quedan a las puerta. Hay un blog (y radio) como Aplasta Tus Gafas de Pasta, en cuyos recopilatorios y fiestas pueden rastrearse las primeras grabaciones y actuaciones de algunos de estos grupos, así como los primeros debates sobre la presencia o no de una nueva escena. Hay continuas colaboraciones y nexos, hay nuevas publicaciones, como Jenesaispop, que han dado cuenta, aunque tímidamente, de estas primeras andanzas. También es cierto que hay una repercusión de público aún pequeña.

Posiblemente, hay tantos argumentos para estar a favor como en contra. Al fin y al cabo, la mayoría ni siquiera hemos publicado aún un disco largo, a pesar de que casi todos nos acercamos o superamos la treintena. Esto, al fin y al cabo, también puede ser el espíritu de los tiempos. La repercusión a la larga está aún por ver. ¿Alguien se acordará de todo esto? ¿Alguien se encargará de alimentar el mito? Vete tú a saber. Hagan sus apuestas.

Sonido Muchacho es un colectivo que aparte de por su extrema juventud, destaca por su vitalidad (puede sonar a perogrullada, pero no siempre van necesariamente ligados), que se traduce en una hiperactividad casi ilimitada. En esta casa sentimos un gran afecto por ellos, no sólo por haber sido testigos de su nacimiento, sino también porque pronto comenzamos una colaboración fruto de la cual hemos estrechado lazos e incluso trazado algún que otro proyecto común.

El 2 de febrero fue un día grande para ellos. Aparte de en el sector audiovisual, Sonido Muchacho quieren abrir brecha en el sector musical, como sello discográfico: su primera referencia la constituye un 7″ de Tigres Leones, banda amiga a quien por cierto montamos su primer concierto tiempo ha junto a los fenecidos Ingenieros Alemanes, y este de la sala El Juglar era el primer concierto que organizaban. Si algo tienen son ganas de hacer las cosas bien, pero con la filosofía de ir aprendiendo por el camino, en lugar de abrir el libro en el punto de partida, filosofía que compartimos al 100%. Ahí se les veía tan nerviosos como ilusionados con los singles en su puestecito. Conmovedor.

Para iniciar esta andadura han escogido a los mejores compañeros de viaje; porque los Tigres Leones han demostrado que quieren cuidar cada paso que dan, y ello se ha reflejado en todo lo que acompaña a este su debut: portada -excelente, como de costumbre- de la mano de Ricardo Cavolo, y videoclip a cargo de Miguel Esteban, adelanto alabado no precisamente sin motivos por multitud de medios; un videoclip animado, animalista e hipnótico que se adapta a la melodía como un guante y que está inspirado en una famosa escena de Bill -Bojangles- Robinson bailando junto a Shirley Temple en «The Little Colonel» (1935) de David Butler.

Tigres Leones mostraron de nuevo sus fauces, y nos brindaron el que hasta ahora es su mejor concierto, encontrando Javi el punto de reverb deseado en la voz, y abandonando esos vericuetos ruidistas descontrolados por los que a veces se pierden. Con un inicio impactante, una línea de bajo altísima (muy ochentera), unas guitarras desbocadas (muy noventeras) y una batería -la fotógrafa Rosa Ponce- precisa como un reloj suizo; mostraron algunas de sus nuevas canciones que, como las del single, significan un nuevo paso hacia adelante en su corta pero intensa trayectoria. Por poner una pega, han de medir muy bien la longitud de sus conciertos, puesto que tanta gravedad e incluso un poco de mesianismo pueden acabar saturando.

Abriendo la velada estaban Coraje, grupo del ex Claveles Jordi en el cual milita Luis, de Sonido Muchacho, quedando todo en casa. A Coraje le costó entrar en juego más que en su excelso debut, pero era previsible dadas las circunstancias. Aún así, el grupo, que recoge la herencia rockera de los Clash, con sus inclinaciones reggae incluídas, y que tiene un puntito oscuro y chulesco a lo Gabinete Caligari, acabaron por ofrecer su mejor cara, dejándonos con ganas del siguiente concierto. Lo más grande de Coraje es que van a su bola, siendo aplicable en ellos la manida frase de ir por libre, ajenos a modas y tendencias, pues es verdad.

El debut de Sonido Muchacho en su vertiente discográfica fue todo un éxito. Os aseguro que no fui el único que llevaba en la cartera sus dos primeras referencias.

Alborotador Gomasio llevan un par de años como grupo, Koldo y Marco ya se conocían de mucho tiempo antes, de proyectos musicales anteriores y del programa de radio independiente «Aplasta Tus Gafas de Pasta». Aúnan influencias del pop rock y el grunge de los 90, con el clasicismo pop de bandas españolas como Los Secretos o Nacha Pop. Completan el plantel Guille (Los Ingenieros Alemanes), Alberto (Mata A Tus Ídolos) y Miguel (Los Ingenieros Alemanes).

Admiten advertir un resurgir de Madrid, sobre todo a raíz de haber organizado un concierto con Autócratas y Hazte Lapón y haber congregado en él a una inesperada cantidad de seguidores. Admiten una mayor unidad entre grupos de diferentes estilos y una querencia generalizada por las letras en castellano, sin embargo, reniegan de esto que se ha dado en llamar escena, aunque valoran positivamente el punto de atención creado.

Aquí los tienes en el local de ensayo, repasando los momentos de la fiesta de presentación de «No Te Apures Mamá».

Hazte Lapón, aparte de ser «un desastre organizativo», es un grupo malagueño afincado en Madrid que intenta alejarse de los tics más manidos del indie nacional y abrazar el eclecticismo, lo cual no exime para que hayan publicado un par de EP con cierta coherencia estilística.

A la pregunta de si hay o no escena, ellos responden con pragmatismo diciendo que lo que desde luego hay es una reunión de grupos que ha generado cierta repercusión. En concreto, a ellos les ha beneficiado para liberarse de tareas organizativas en cuanto a conciertos se refiere, y pegar un pequeño salto hacia citas de mayor renombre, como el Monkey Week o El Día de la Música.

Desde luego, lo que sí que destacan es el trasvase de miembros. Y es que tras varios cambios en la formación, Hazte Lapón se completan actualmente con Koldo (Alborotador Gomasio, Los Ingenieros Alemanes), la fotógrafa Rosa Ponce (Tigres Leones), Jesús y el director de cine Omar Razzak.

Aquí los tienes en su local de ensayo:

Diseño por Erealuv
Diseño por Erealuv

 

LaFonoteca LDN está de celebración. Hemos superado la barrera de los dos años, desde que en mayo de 2009 Triángulo de Amor Bizarro permitieran dar salida a esta idea que se gestó casi de manera casual, y desde entonces ya son ¡21! bandas las que han tocado de nuestra mano en Londres en algo más de dos años. Bandas consagradas, bandas emergentes, apuestas personales… Siempre con una enorme disposición por parte de los grupos y sus sellos, siempre pasándolo en grande, y siempre con ganas de repetir un siguiente concierto, a pesar de los apuros, los agobios, los nervios y la carestía de medios que hacen que siempre estemos tirando de ingenio en este proyecto amateur y movido a arreones de ilusión.

Por ello, y para conmemorar este feliz no-cumpleaños, editamos un CD-R (nuestra segunda referencia en este formato tras el split de Raúl Querido y Ok La Ho Ma) que se repartirá a los 50 primeros asistentes a nuestro próximo concierto en Londres este domingo 7 de agosto.

01. – Triángulo de Amor Bizarro – «La malicia de las especies protegidas» [10.05.2009@The Legion]
02. – Joe Crepúsculo – «Fiesta Mayor» [05.07.2009@The Legion]
03. – Hidrogenesse – «Schloss» [13.09.2009@The Legion]
04. – Little Toys – «El Día de la Independencia» [13.09.2009@The Legion]
05. – Guatafán – «Cucurucho» [13.09.2009@The Legion]
06. – Delorean – «Endless Sunset» [12.11.2009@The Legion]
07. – La Prohibida – «Yo en Saturno, tú en Aranjuez» [11.12.2009@Bar&Co]
08. – Wild Honey – «Field of little heads» [11.02.2010@The Queen of Hoxton]
09. – Bla – «La mejor enfermedad» [11.03.2010@The Queen of Hoxton]
10. – Francisco Nixon – «Nadia» [14.03.2010@Camino]
11. – Remate – «Elvis Luv» [11.04.2010@Camino]
12. – Cuchillo – «Estricta libertad» [22.05.2010@The Camden Eye]
13. – Mujeres – «Amusement» [22.05.2010@The Camden Eye]
14. – Pauline en la Playa – «Quién lo iba a decir» [10.09.2010@Camino]
15. – Javier Rubio – «Linde» [18.09.2010@The Gallery Soho]
16. – Charades – «Aguaceros» [23.10.2010@The Slaughtered Lamb]
17. – Hazte Lapón – «Romance en la oficina» [23.10.2010@The Slaughtered Lamb]
18. – Klaus & Kinski – «Crucifixión, la solución» [12.11.2010@Cargo]
19. – Los Ingenieros Alemanes – «Saber y ganar» [12.11.2010@Cargo]
20. – Betacam – «Miedo a volar» [21.05.2011@The Slaughtered Lamb]
21. – Gepe – «Por la ventana» [05.06.2011@The Finsbury]