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G.A.S. Drummers por Sergio Castañeiro
G.A.S. Drummers por Sergio Castañeiro

Cuando el autor del libro «La Distorsión Inteligente. Post Hardcore; La Reivención del Punk» (Quarentena, 2014) me preguntó si quería escribir algo sobre el post-hardcore nacional acepté sin vacilar el encargo, claro que días después aparecieron todas las dudas posibles el enfoque del tema a tratar. El primer descarte fue sobre qué o qué no es, algo bastante pueril, la verdad, ya que muchas bandas hardcore han traspasado géneros más allá de estancarse teniendo a formaciones como Standstill o Nisei como grandes ejemplos de ello. Cuando se menciona el término post-hardcore es inevitable pensar en bandas tan capitales como los madrileños A Room With a View, Half Foot Outside en Pamplona, los iruneses Lisabö o los catalanes No More Lies. Algunas todavía en lo más alto, otras siempre reivindicables a pesar de los años transcurridos y todos con álbumes que no han perdido la vigencia con el paso del tiempo.

Pero por mi parte prestaré atención a otras bandas que por su localización se encontraron lejos del foco habitual de atención de los medios musicales. Este no será un camino exhaustivo, lo cual daría para todo un libro, sino una selección de bandas que, particularmente, creo que merece la pena recodarlas. A pesar de la mencionada distancia siempre hubo conexión entre todas ellas, bien fuera porque tocaban juntos en diferentes directos o por compartir sello discográfico.

Lo más habitual es que fuera en la conocida BCore, casa madre de muchas de ellas y clave para entender la escena hardcore nacional, pero me detendré en el más ignoto sello malagueño Outlast, que estaba unido al fanzine «Resurrección». Allí grabó el grupo navarro Sheregano, que no es otra cosa más que una banda paralela de algunos de los componentes de Half Foot Outside. Sólo tuvieron una referencia pero los trece cortes de su único LP -que nos hacían recordar a grupos como Quicksand o Refused- siguen manteniendo la energía y contundencia del día que se grabó. Prometían mucho pero debido al traslado de localidad de sus componentes se disolvieron demasiado pronto.

Del mismo sello surgió el quinteto malagueño Shameful Heaven. Nacidos en 1999 de las cenizas de otras formaciones como EmptychildStaydown y Blindness, sólo grabaron un EP llamado como la propia banda. En sus temas mezclaban elementos post-hardcore con toques screamo y sonidos más metaleros. Pero, al igual que, Sheregano se disolvieron poco después de su lanzamiento.

Más vida tuvieron los granadinos Maine, con componentes de diversas formaciones de la ciudad como Skate KlanManneken Pis y Marguila Gorila, que grabaron un par de álbumes en la discográfica barcelonesa Tralla Records. Su debut llegó de la mano del prometedor «Motorhome» (Tralla, 2000). Un LP lleno de tensión y arrebatos sonoros donde destacaban temas como «Au pair in blue» o «A literary room for a view», que les entroncaba con el hardcore melódico californiano. En su segundo trabajo, «A Moment Before» (Tralla, 2003), la banda da un giro a su sonido, rebajando el tempo de las canciones, sonando más intimistas y oscuros. Disueltos ese mismo año el 80% de la formación volvió al cabo de un tiempo bajo la denominación de VaraverdeAñade este contenido.

El último paso por Andalucía nos lleva a Jerez de la Frontera para mencionar a G.A.S. Drummers, todavía en activo y con casi dos décadas juntos no se han prodigado mucho en el estudio pero su discografía demuestra lo inquieta que es la banda y su clara evolución que no les pueden achacar que sean inmovilistas. En sus inicios coquetean con el hardcore melódico, pero es en su segunda referencia, «The True Charm Of Bourgeoisie» (Wild Punk, 2001) cuando G.A.S. Drummers se decantan por el post-hardcore. Arrebatos punk, guitarras enérgicas y unas magníficas letras, donde destacan temas como «The paradigm of a Modern Democracy» o «Babylon is falling», en las que la banda canta sobre el capitalismo y su particular visión de la sociedad con el cambio de siglo. Unas letras que miradas con el tiempo parecen proféticas.

De las Islas Canarias salieron propuestas tan interesantes como This Drama o Daylight In Red, pero yo destacaré a The Mistake y su enérgico segundo disco, el autoeditado «Polaroids» (2003) reeditado en 2012 por el sello El Hombre Bala. En él el grupo tinerfeño suena urgente, con aires melódicos y por momentos nos hace recordar al grupo de Seattle Sunny Day Real Estate. Los canarios, como G.A.S. Drummers, tampoco tienen una discografía muy prolija y actualmente forman parte del catálogo de BCore. En sus últimos trabajos han virado su sonido que les entronca con sus compañeros de sello Nueva Vulcano.

Pero los postulados del post-hardcore siguen teniendo vigencia en el momento de escribir estas palabras. Destacaría a los ovetenses Las Nurses que, tras tres prometedores singles, en 2012 lanzaron su LP de debut en el sello Discos Humeantes. Alternando el castellano y el inglés en sus canciones, los once temas que conforman el mencionado LP suenan urgentes y furiosos, degluten estilos ya bien sea noise-rock, post punk o el mencionado post-hardcore haciéndonos recordar por momentos a grupos estadounidenses como Unwound o These Arms Are Snakes.

Para finalizar mencionaría a los zaragozanos Interlude que lanzan sus álbumes bajo licencia Creative Commons. Entre todos ellos destacaría el mini-LP «Les Miserables» (2008), seis temas difíciles de catalogar debido a la heterogeneidad de la propuesta. El grupo conjuga elementes hardcore, punk, emo y screamo. Ruidosos a la vez que melódicos y dejando a un lado la mayor experimentación que presentaban en su debut.

The Breakfast Club
The Breakfast Club

Si hubiese que hacer una pirámide demográfica con la población que compone la escena musical española, el gráfico nos saldría con forma de ataúd. Y esto no es una metáfora gótica ni una hipérbole siniestra: es que cuando la población envejece a ritmo muy superior al que aparecen nuevas generaciones las barras que representan el crecimiento de demográfico forman una figura con esta fúnebre forma. Que se lo digan a Japón. Los expertos en economía aseguran que en 2050, si siguen la tendencia actual, la población activa del país nipón será tan reducida como el público de un concierto de la Nueva Oreja de Van Gogh.

Dios les libre para entonces de otro Fukushima, porque todos los bomberos van a estar en un geriátrico.

Aunque la SGAE cuenta con datos sobre los músicos que les tributan, no hay un instituto nacional de estadística que se dedique a llevar el censo de músicos españoles (si lo hubiese, el director general sería, con toda seguridad, Kiko Veneno), pero el Milodón se atreve a asegurar sin miedo a equivocarse que el pop español pasa por una fase vegetativa: es decir, está envejecido y envejeciendo.

Aquí nos metemos en terreno peliagudo por dos razones:
a) Continuar con este argumento obliga a una definición previa de los términos «escena musical española» y por supuesto «pop» (antes de seguir leyendo, podéis haceros fans de este grupo de Facebook)

b) Seguir adelante con esta exposición entraña un riesgo: herir la sensibilidad de los músicos implicados. Es fácil quitarle importancia a la anécdota de esos niños que te paran por la calle pare pedirte la hora y te tratan de «usted» y te llaman «señor». Pero cuando hace tiempo que ya no eres aquel tipo esbelto y con abundante flequillo que cabía perfectamente dentro de unos pantalones pitillo y la tonsura natural o la feliz tripa del hombre casado hacen acto de presencia es más difícil defender que te hayan publicado ya cinco discos (y cuatro sean mediocres).

¿Hay alguien ahí, MacFly?
¿Hay alguien ahí, MacFly?

Supongamos que «escena musical española» y «pop» son dos palabra baúl en las que queremos meter cosas que suenan mucho por la radio y que son bastante conocidas por el público general: acudamos entonces a alguna lista tan ramplona y uniformizadora como el propio hecho de hablar genéricamente de «escena musical» y de «pop». Vayamos a ver cuáles son los diez nombres encabezan hoy por hoy la lista Promusicae de los discos españoles más vendidos.

Y dice así:

Pablo Alborán
Sergio Dalma
Estopa
Manolo García
Dúo Dinámico
Amaral
Bunbury
Alejandro Sanz
Amaia Montero
Luz (Casal)

Correcto.

Nombres todos que ya aparecían en aquellas lista de Afyve que tan felices nos hicieron en los tiempos del Rockopop de Beatriz Pecker. Con la sola diferencia de que entonces todos ellos tenían veinte años menos. Y de que en aquel tiempo la venta de discos podía llegar a convertirse en una fuente de ingresos seria para quienes quisieran vivir de la música. Únicamente Pablo Alborán -un chaval de veintitrés que ha conquistado al público nacional con una propuesta flamenca tan fresca como los jerseys de cuello vuelto de Carlos Cano– es la excepción que confirma la regla.

Premio al Artista Revelación

Diréis:

– Pero Milodón, todos sabemos que las listas de ventas oficiales, controladas por majors y cercenadas por mil motivos, en un mundo dominado por las descargas libres, la escuchas en streaming y la autoedición, no representan en absoluto la realidad de lo que está ocurriendo en el panorama musical español (¿»Panorama musical español»? Joder, sal de mí, José Luis Moreno).

Y tenéis razón. Los rankings de Promusicae son tan fiables en la medición del pulso de la escena como un gallo de Portugal en la predicción del tiempo.

Por este motivo, el Milodón ha hecho un somero repaso de las listas de Lo Mejor de 2011 publicadas por revistas especializadas en los ires y venires de la industria independiente (¿es necesario concretar a qué nos referimos con «independiente»? Qué cansancio. Que ese post lo escriba otro) con la esperanza de que estos espacios de probada sensibilidad underground y gran habilidad prospectiva (Rockdelux, Jenesaispop, MondoSonoro), capaces de subdividir la música popular contemporánea en más de cincuenta y seis categorías diferentes, arrojasen algo de luz sobre el asunto.

La esperanza era encontrar bandas de veinteañeros con cuerpos en plenitud física y mentes inquietas en estado de bullición. Erecciones prodigiosas e ideas nuevas. Los Lady Gaga, los XX, los MGMT, los Vaccines españoles. Los Niños de San Ildefonso del predio alternativo. Juventud, divino tesoro.

Veamos un resumen de los nombres más frecuentes en las listas independientes de los mejores trabajos del año que acabamos de despedir (los números no responden a un orden concreto).

1. Nacho Vegas
2. Manos de Topo
3. Antónia Font
4. Parade
5. La Casa Azul
6. Nudozurdo
7. Russian Red
8. La Bien Querida
9. Christina Rosenvinge
10. Pony Bravo
11. Sr. Chinarro
12. Lisabö
13. Bigott
14. The New Raemon, Francisco Nixon y Ricardo Vicente
15. Manel

Interpretación de datos para la ubicación de estas bandas dentro de la pirámide demográfica:

1. La etiqueta yogurín no le encaja, ¿verdad?.
2. Los Artic Monkeys, también fueron jóvenes promesas. Pero ya no.
3. Su gran hit se titula «Calgary 88». Aquí huele a tienda de segunda mano.
4. ¿¡Aún publican!?
5. Guille Milkyway sale en las fotos de la comunión de Tino el de Parchís
6. Como Lori Meyers o Vetusta Morla, FUERON jóvenes
7. Aplíquese el epígrafe anterior.
8. Véase Christina Rosenvinge.
9. Véase La Bien Querida.
10. Hay que haberle dado varias vueltas al tacómetro para hacer esas letras.
11. Grecian 2000, s’il vous plait.
12. Atendiendo a la entrada de la Wikipedia: “Es un grupo de rock del País Vasco fundado en Irún en 1998”.
13. Es un señor mayor con pelo en la cara.
14. Tres señores mayores, dos, con muchísimo pelo en la cara.
15. Voluntariosos, pero no críos.

Diréis:

-Pero Milodón, estas listas no reflejan, ni muchísimo menos, la riqueza de lo que ocurre en pequeñas salas de conciertos, donde grupos que han autoproducido maquetas o publicado con sellos mínimos sus disquitos de 10″, forman parte de una comunidad efervescente. En este hueco es donde están escondidos los talentos insultantemente jóvenes.

Y el Milodón os dice: si esto fuese así (que no lo es) el resultado sería igualmente desolador. O peor. Significaría que la chavalada con ideas y energía renovadas no consiguen hacer llegar su talento a los circuitos comerciales. Y al fin y al cabo se trata de que la cosa rule, ¿no?. ¿O acaso hubiese dejado John Peel que The Smiths se quedasen para siempre tocando en un asqueroso cuchitril de Manchester?

-O sea, Milodón, que tu opinión es que la gente mayor de veinticinco años no tiene derecho a componer, tocar y editar su música.

No. Por su puesto que lo tienen. De hecho, aún esperamos grandes cosas de muchos compositores mayores de cincuenta.

Pero si los mitos de la historia de la música pop (rock o como demonios queráis llamar a cualquier de los cincuenta y cuatro subgéneros que os guste) se suelen morir a los veintisiete años es porque han ofrecido lo mejor de sí mismos mucho antes. Alaska tenía catorce años cuando se subió por primera vez a un escenario. Antonio Vega veintitrés cuando compuso «La chica de ayer». Santiago Auserón veinticinco cuando editó «Música Moderna» (Hispavox, 1980) con Radio FuturaDavid Summers diecinueve cuando salieron sus primeros singles con Hombres G.

¿Se acabó la historia de la música española el día que Jota cumplió cuarenta años y llevamos seis celebrando El Entierro de la Sardina? ¿Deberíamos poner en marcha políticas de natalidad musical en los institutos, de la misma manera que los japoneses subvencionan el segundo hijo? Y sobre todo, ¿de verdad es Pablo Alborán la nueva esperanza del pop patrio?

– Milodón. El cantante de Los Planetas tenía treinta y dos cuando la banda lanzó «Una Semana en el Motor de un Autobús» (RCA, 1998). Cierto, amigos. Y quizá ahí radique parte del problema. Aunque esto y el análisis de las causas profundas de este funeral ya es un tema de debate para otro día.