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Si ya es difícil plasmar en unas cuantas líneas todo lo acaecido en un año, mucho más lo es en una lista. Quizá por ello no me gusten nada. Me parecen añejas, feas, insensibles e innecesarias en los tiempos que corren, y no deja de suscitarme auténtico estupor el hecho de que alguien sea capaz de hacer un repaso mental tan exhaustivo, o acaso lleve preparándose todo el año para tan señalado día. Si la memoria me falla lo suficiente como para hacer impensable lo primero, el acto premeditado que supone lo segundo nubla por completo uno de los principales parámetros que deberían emplearse a la hora de valorar un disco, que es el poso que este ha dejado en nosotros. Claro que el poso es algo pausado, reñido del todo con el ritmo frenético de Internet. Pero seamos serios: es absolutamente imposible que en un año nos hayan marcado cincuenta discos. Y si lo han hecho -hay quien es muy impresionable-, ¿acaso hay alguna diferencia entre el puesto 19 y el 32? La gente como yo, que lo descubre todo tarde, no puede hacer listas. Tendría que rehacerlas continuamente. Por no hablar de los discos que se mueven en la barrera que separa el año en curso del siguiente, o aquellos que copan los puestos altos incluso antes de haber sido publicados. El disparate llega ya cuando encima y pese a toda la sobreinformación a la que estamos sometidos, van y éstas son ABSOLUTAMENTE IGUALES.

Desde el punto de vista musical, y si de descubrir cosas se refiere, veo mucho más útil echar la vista atrás y preguntarse qué discos hemos escuchado más, qué escenas nos han cautivado, qué lugares hemos frecuentado con mayor asiduidad, cuáles directos nos han sorprendido. Las listas tienden a aislar y por tanto sepultar el contexto, haciendo en realidad flaco favor a la música, que ya de por sí se consume de una manera demasiado voraz. ¿Para quién están hechas? La listas deberían ofender tanto al que crea como al que promociona, y al melómano no le aportan nada. Las listas de fin de año, tal y como están ahora mismo concebidas, deberían desaparecer.

Comenzando como no podía ser de otro modo con aquello que atañe a nuestra propia actividad, está claro que uno de los motivos de más orgullo para nosotros llegaría el 8 de septiembre, con la presentación en Siroco de la que es nuestra tercera referencia, «Madrid Está Helado» (2012). De nuevo y tal y como sucedió con el anterior recopilatorio de bandas emergentes de Madrid que publicamos -el «No Te Apures Mamá» (2011)– la sala quedó abarrotada para ver un puñado de grandes grupos pequeños, demostrando que en ocasiones es verdad eso de que la unión hace la fuerza. Si pasado ya un tiempo más que razonable desde el lanzamiento del primero se puede advertir una clara progresión: la consagración de Los Claveles o Cosmen Adelaida, la expectación por los trabajos en ciernes de Alborotador Gomasio y Hazte Lapón. En menos de un año del segundo percibimos que muchas de las bandas incluidas en él han dado ya un gran paso adelante, bien publicando sus primeros trabajos en largo (caso de Tigres Leones o Cómo Vivir en el Campo), o sencillamente insertándose en el circuito independiente de conciertos de la capital. Nos referimos a grupos que, como Esquimales o Alberto Azul han pasado de dar sus primeros conciertos a hospedar a bandas más asentadas como Franc3s o Blacanova en sus visitas a la capital, además de las numerosas listas en las que se insta a seguir a muchos de ellos, mención especial para Trajano! y Computadora.

En esta línea, es bonito observar los lazos casuales que se crean en directo entre grupos de sobra conocidos, como Juanita y los Feos, con otros más noveles, como Hielo en Varsovia. Como también lo es el entusiasmo con que gente que ha sido un referente en la independencia madrileña están acogiendo las proposiciones de los que llevamos menos tiempo en esto. Me refiero al entorno Gssh! Gssh!, Afeite al Perro, Isa Charades (ahora Aries y con discazo bajo el brazo), Chingaste la Confianza, etc.

Creo que este año no ha habido ningún disco que me haya obsesionado, pero el nivel medio ha sido muy elevado y a cambio he podido disfrutar de grandes directos, hasta el punto que se puede decir en voz alta y sin temor que los grupos españoles han derribado ya por fin del todo el tópico de que suenan mal. Sí, como espectador he podido disfrutar (y como organizador, padecer) un más que bullicioso estado de salud de la independencia en Madrid. Al buen hacer de sellos ya casi veteranos como Gramaciones Grabofónicas o Gran Derby, ejemplos de colectividad, se ha sumado la estruendosa y feliz irrupción de los ya omnipresentes Sonido Muchacho. Y de su fino olfato han venido algunas de las novedades más sorprendentes en este pasado 2012, desde Diego García a Tucán, pasando por Juventud Juché o Terrier. Sin duda, uno de los sellos que más alegrías nos depararán en este 2013, al menos yo espero con inusitada expectación cada uno de sus próximos e imprevisibles lanzamientos. Relevante es al hilo de esta colectividad mencionada el surgimiento de Nueva Monarquía, sello basado en la financiación por crowdfunding, signo de los nuevos tiempos, veremos si modelo válido e imperecedero también.

Mucho sello pequeño, diréis. Sinceramente, poco me interesan las propuestas de los «grandes», salvo contadas excepciones. Sus apuestas son tan conservadoras que tan sólo Limbo Starr me suscita cierto interés periódico. Así, Ornamento y Delito, Franc3s o Cuchillo han sacado muy buenos discos a su abrigo. Plausible es también el paso dado por Acuarela para engancharse de nuevo a la actualidad abanderando un proyecto tan joven como El Faro. O que Jabalina mime cada lanzamiento de ese grupazo que es Klaus & Kinski. Pero no oculto que mis miras cada día se vuelcan más hacia lo minoritario, con el universo Atomizador, Extinción de los Insectos, Prisma en Llamas, Grosgoroth. Con el do-it-yourself heroico en estos tiempos de crisis, con Madrid Radical retomando la senda iniciada por Aplasta Tus Gafas de Pasta, con Palo Alto. Y, sobre todo, con la resistencia de los sellos unipersonales enarbolados por los románticos empedernidos, siendo Manu Bang! (Autoplacer Sindicalistas, Discos Walden y su Club del Single), Hoffa (Discos Calabaza) e Ignacio (Discos Garibaldi, Madrid Popfest) mi troika favorita. Y La Faena II el nuevo lugar de evasión. A decir verdad, uno tan sólo echa en falta un festival en condiciones en la capital. Todo se andará.

Pero esta es mi «no-escena», que si vais y preguntáis a mi compi fonoteco TGL, con lo que más se va a emocionar es con todo lo que sucede alrededor del Rock Palace y grupos como Vigilante Gitano, Obediencia o Sudor. Es cuestión de gustos y mentideros, y a este último respecto no me gustaría pasar por este repaso a la actualidad musical de Madrid sin hacer referencia al Nuevo Anochecer, proyecto que desarrollo junto a Manu Bang! y Láynez Coca (Regiones Devastadas, Futuro), y fruto del cual una vez al mes el Tempo II se entrega al baile, a los sintetizadores, el post-punk, el italo raro y la new wave, y donde aprovecho siempre que puedo para colar ritmos de grupos que encajen en esta fête triste, llámese Futuro, Linda Mirada, Granit, Violeta Vil (uno de los directos del año), Villarroel (lo mismo) o Espanto (a los que deseo que hagan algún otro este mismo año).

Alguno dirá que encuentra demasiados nombres de grupos que hemos programado. Obvio. Si no los encontráramos interesantes no lo haríamos. Y algún otro que hay muchos amigos citados. Lógico también. Cuando uno se pone a hacer balance es normal que tire de lo que tiene más a mano. Al fin y al cabo es lo que hace la Rockdelux sin rubor alguno y muchos aún se rasgan las vestiduras por ello. Pero cambiemos de coordenadas, que no todo sucede -afortunadamente- en Madrid.

Galicia. Desde aquí miramos con expectación lo que sucede en torno al consabido Galician Bizarre, otro exponente de cómo de una manera colaborativa se puede trascender. No todo lo que se engloba bajo esta etiqueta heredera del Zeitgeist encarnado por el buque insigne del undergroundnacional, Triángulo de Amor Bizarro, me resulta igual de interesante, pero no cabe duda que ya son dos años consecutivos generando una cantera más que envidiable, y así lo han demostrado Telephones Rouges, Fantasmage y Tora! Tora! Tora! en este 2012 que ya se esfumó.

Tampoco quitamos ojo a Barcelona, con más admiración que recelo de lo que se nos presupone. Dos conquistas, el llenazo de Doble Pletina dentro de nuestro ciclo de conciertos en El Juglar en colaboración con Grabaciones Azul Alcachofa, con un público absolutamente rendido, y lo mágico de Pegasvs musicando “El Gabinete del Dr. Caligari” (Robert Wiene, 1920) en el Festival SyFy. En general seguimos con mucho detenimiento cada uno de los pasos de Canadá, así como los geniales proyectos efímeros a los que nos tiene acostumbrados la modernidad de la Ciudad Condal, me vienen irremediablemente a la cabeza los ya mencionados Granit.

Preguntando en nuestro foro, Roberto Macho nos señala la confirmación de dos bandas del sello Sones, como son Mujeres y Fred i Son, cuyos segundos largos han cumplido las expectativas depositadas en ellos. Nos apunta que los recientes trabajos de Mishima y Antonia Font los siguen conservando como los dos grandes grupos de la escena local. Y nos señala a Isaac Ulam del sello Bankrobber. «Folk mediterráneo optimista y luminoso que seguramente no aparecerá en casi ninguna lista pero que merece toda nuestra atención». Dicho queda.

En esta senda más desconocida, algo más outsider, Miguel Atienza nos destaca al Colectivo Detakón. Y un humilde servidor se decanta por HAO! y la Cofradía de la Pirueta, cuyos movimientos sigo con atención, especialmente a lo que suceda con Corte Moderno, el enésimo proyecto de El Ortiga (Anticonceptivas, Thelematicos, Pelea!, Cotolengo). Por supuesto es digna de mención la gran labor de El Genio Equivocado, que está ofreciendo la posibilidad de que grupos noveles crezcan bajo su auspicio: los ya citados Cosmen y Blacanova, Odio París, Las Ruinas o Grushenka, así como la incombustibilidad del universo Austrohúngaro, este año a la carga con Hidrogenesse, Espanto y Lidia Damunt. ¡Qué rara avis es Foehn también!

Por último, y desde la distancia, me gustaría señalar la percepción de hervidero de buenos grupos que supone Pamplona en la escena nacional (Tremenda Trementina, Violeta Vil, Kokoshca, Los Ginkas, Reina Republicana), y la gran personalidad de las bandas que nos llegan desde Sevilla (Tannhauser, Blacanova, Pony Bravo, Las Buenas Noches, Fiera, Marina Gallardo); la irreverencia valenciana (Tucán, Rajoy Division) y el movimiento alicantino (recién empezado el año estoy flipando y mucho con el sello Musagre y todito todo lo que está sacando en cassette); el terremoto asturiano que es Discos Humeantes y más que curiosa la actividad en el Baix Llobregat: Gúdar, Primogénito López. Pero todas estas cosas dan para un capítulo aparte, y si no tienen cabida en una entrada así de larga, imaginaos en una lista.

Gabrielle «Coco» Chanel: veo todo en blanco y negro

 
Decía Coco Chanel: «Para ser irremplazable uno debe ser diferente». La indumentaria es una vía rápida hacia la diferencia. Y la diferencia es, no ya un derecho, sino un deber de cualquier banda que se precie. Desde Josephine Baker hasta Lana del Rey música y moda siempre han sido amiguitas.

¿Qué hubiese sido de los Jam sin sus parkas? ¿De las bandas de jazz sin sus zoot suits? ¿De Loquillo sin sus Perfectos? ¿De los Specials sin sus pork pie hats? ¿De Kiss sin sus pantalones pitillo y su maquillaje? ¿De los bakalas sin sus chandals? Las pintas siempre han sido complemento de los acordes; la militancia en bandas y los postulados estéticos fueron indisolublemente unidos a lo largo del siglo XX.

¿Os acordáis del siglo XX? Era cuando en el primer mundo los obreros que salían grasientos de sus fábricas necesitaban escuchar soul para purgar sus armas.

En el siglo XXI ya no fabricamos casi nada en el primer mundo: nos regodeamos en el sector servicios y la sociedad del ocio. Y nos hemos especializado en dos cosas: el diseño de cosas bonitas y la producción de espectáculos entretenidos.

En el primer grupo, la moda. En el segundo, la música. Muchas veces, ambas disciplinas colaboran. Y así es como los modistos convierten a las grandes divas de la canción en sus musas.

· A Madonna le hace la ropa Jean Paul Gaultier.
· A Beyoncé le diseña el vestuario Thierry Mugler.
· Y Nichola Formichetti se pone las botas con Lady Gaga.

Así es también como Rayban, Levi’s, Vans o Converse esponsorizan los grandes festivales «independientes». O como Anna Calvi, Florence Welch y Annie Lennox actúan en directo en los desfiles de Karl Lagerfeld, Gucci o Dolce & Gabbana.

La moda ha invadido la música y el rumbo de la economía en el primer mundo ha desplazado vocaciones: los niños ya no quieren ser guitarristas, sino estilistas.
Ahora, eso sí: los guitarristas que quedan defendiendo el poblado pop en plan Asterix nunca habían contado con tantas herramientas para ponerse guapos. Y, sin embargo, el vestuario de las bandas nunca había sido tan aburrido y previsible como lo es en la actualidad. Y si hablamos del terreno nacional, más.

Hedi Slimane le diseñó el vestuario a Franz Ferdinand

Decía Coco Chanel: «Para ser irremplazable uno debe ser diferente». ¿Cuándo, dónde y cómo lo dijo? ¿En qué contexto y por qué pronunció estas palabras? ¿De verdad Mademoiselle se dedicaba a lanzar aforismos entre truja y truja? ¿Alguien ha escuchado el archivo .mp3 que prueba que de los labios de la inventora del bronceado, el traje de chaqueta y la bisutería salió semejante obviedad? Nops. Ni falta que hace.

Chanel no sigue vendiendo doce millones de gafas con su logotipo al año gracias a la transparencia informativa. Los Ramones no han puesto su emblema sobre las tetas de media humanidad confesando que en realidad llevaban pelucas. La maquinaria de la industria de la moda y la de la música pop se engrasa con el mismo aceite: la mitomanía. Y los mitos no se construyen sobre el rigor documental, sino sobre las anécdotas cargadas de bombo y las frases grandilocuentes.

Seguramente Chanel nunca dijo que para ser irremplazable, diferenciarse es esencial. Aunque el caso es que esa idea básica fue la que empujó un buena día a la novia del Beatle muerto, Stuart Sutcliffe, a cortarle a los cuatro fabulosos el pelo a la taza y a sugerirles que se vistiesen con trajes Chesterfield.

Ahora, los trajes Chesterfield pueden convertirse en una tendencia global que llene las calles de todo el mundo en un abrir y cerrar de ojos por obra y gracia de Amancio Ortega. Y también es posible encontrar merchandising de los Misfits en las boutiques de Inditex o en H&M. Mitomanía a granel, vamos. Pero tenemos malas noticias amigos: lucir en el pecho y con orgullo la portada del «Marquee Moon» (Elektra, 1975) no nos convierte automáticamente en Tom Verlaine. Ni ponerse «Hate» en la espalda nos da los superpoderes de Ian Curtis. Muchos músicos españoles hoy parecen pensar que ponerse una camiseta de algodón de su banda favorita con vaqueros es todo un fashion statement. Que hacer una referencia al mito les mitifica/mistifica. Que la imitación es una forma de creatividad. Pois non.

Aunque lo pueda parecer, el Milodón no ha venido hoy a deciros que la mayoría de los grupos españoles EN ACTIVO (este matiz es importante) son un poco vagos (estilísticamente) y que abrazan la estética ardilla (camisa de cuadros y denim) con una desfachatez que acatarra. El Milodón ha venido hoy a hablaros de las honrosas excepciones. De los que no se han conformado con ser remedos pulcros de Josele Santiago o clones castizos de Kurt Wagner o lolitas maduras con vestidos de lunares o imitadores de Justice. Esta gente quizá no pretenda ser imprescindible, como decía la Chanelona, pero que desde luego intenta la diferencia. Y el Milodón los trae hoy aquí por su sentido de deber para con el armario, y en consecuencia, para con el público: se nota que cuando vieron a Parchís de pequeños entendieron que lo de los cuatro colores era una parte importante de la puesta en escena.

Así que, ahí van:

Ariadna de Los Punsetes

Su rollo: Princesa gótica de Alexander McQueen
Su logro: Se cambia más de outfit que Anne Igartiburu en una gala de Nochevieja

La Bien Querida

Su rollo: Martirio de la nueva era: faldas de faralaes y chaquetas ejecutivas
Su logro: Aunque a veces tiene una pinta bien bizarra, hay que reconocer que se sale de la media. No así su partenaire, DaBeef

Lorena Álvarez y su Banda Municipal

Su rollo: Unos hipsters de Brooklyn van al descenso del Sella y de paso plantan unos puerros
Su logro: En el caso de Lorena Álvarez, hacer unas fundas de guitarra que pondrían los dientes largos a un monje budista.

Regiones Devastadas

Su rollo: Símbolos nacional-católicos y geometrías futuristas
Su logro: Darle vida al niño nazi de Mark Ryden con sus uniforme de boy scouts

Linda Mirada

Su rollo: Diosa de la selección vintage
Su logro: Ser antónimo (en todos los sentidos) de Russian Red

Pony Bravo

Su rollo: Nick Cave & The Bad Seeds meets Chiquito de la Calzada
Su logro: Devolverle a la camisa estampada la dignidad que le corresponde

Y no se nos ocurren más, así que se admiten muchas y muy enriquecedoras sugerencias.

Moraleja:
Queridos pobladores del reducto pop, amantísimos Asterix del rock: hay un mundo de posibilidades estéticas ahí fuera. Salid a descubrirlo. Sabemos que os gusta más el lavado a la piedra que un pedal de reverb. Pero no abuséis de los vestiditos naïf, de las camisetas y del denim, que es un verdadero coñazo. Aunque el mito Yves Saint Laurent dijese: «De lo que más me arrepiento es de no haber inventado los vaqueros».