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Si bien a los de Nueva York se les ha perdonado desde siempre su despreocupación total por nihilismos y veleidades político-sociales que se le supone al género, los Ramones madrileños, los de Algete, tuvieron en contra a gran parte de la comunidad más ortodoxa para con estas cuestiones. Víctimas directas del enfrentamiento entre escenas musicales, a Los Nikis, al igual que a Siniestro Total, por ejemplo, su aparente frivolidad y su estética les granjearon cierta antipatías desde otras geografías peninsulares en las que se estaba haciendo punk. A pesar de ello quedaron incluidos en recopilatorios míticos de la época, como aquel «Punk Ibérico» que circulaba en cinta de cassette por los mercadillos, reconociéndoles así su papel en esto de las guitarras poderosas. Siempre tuvieron claro que la música era una cuestión secundaria, que estudios al principio y trabajo posteriormente iban primero, por lo que, sobre todo, se propusieron pasarlo bien. Y bien que lo hicieron, además de transmitir algo especial que atrapó a legiones de fans que aún hoy en día, años después de su disolución, siguen venerándolos, como lo demuestra la reacción en su reaparición sorpresa en octubre de 2011 en un concierto de Airbag.

Los Nikis sirvieron igualmente de inspiración a multitud de bandas que hicieron del punk-pop su único credo. Joaquín, que tras la disolución del grupo se embarcaría en labores de producción con Javier Pelayo (ddt, Vigilante Gitano) y en un nuevo proyecto musical, Los Acusicas, responde a nuestras preguntas en un capítulo más de nuestra particular revisión de aquellos años.

¿Cómo descubrís a los Ramones? ¿Es el único grupo punk que os influencia?
Rafa tenía algún disco y ya era fan. El primer disco que me compré en mi vida fue el «Leave Home» (Sirex, 1977) de los Ramones de oferta por 200 pts. en Pan de Azúcar Jumbo. Reconozco que lo compré por la oferta. ¿El único? No. Supongo que nos influyeron todos los de la época.

¿Estarían Los Nikis en el mismo capítulo de la historia de la música que bandas como La Polla Records, Kortatu o Decibelios? ¿Qué os distingue o qué tenéis en común?
No te puedo contestar, porque nunca los he oído. No sé si me gustan o no. Tampoco sé si tenemos algo en común. Sólo podía escuchar lo que sonaba en las radios que yo escuchaba o los discos que me regalaban en DRO. Antes no era tan fácil como ahora escuchar la música de otro grupo y ponerme a escucharlos ahora me da pereza. Realmente todo lo de los 80 suena tan mal que me da mucha pereza escucharlo, empezando por Los Nikis.

¿Tuvisteis algún tipo de relación con bandas del punk que se hacía en el País Vasco o en Cataluña en aquella época?
No. Tuvimos relación con los gallegos y los de Madrid. ¿Loquillo es punk? Con él si tuvimos relación.

¿Qué repercusión llegasteis a alcanzar fuera de Madrid? ¿Gustaban Los Nikis en los primeros conciertos que disteis en otras ciudades? ¿Cómo era la acogida fuera de la capital?
Salimos muy tarde a tocar fuera de Madrid. Sobre el 84, creo. Llevábamos ya cuatro años tocando. La acogida fue buena después del «Marines a Pleno Sol» (DRO / Tres Cipreses, 1984) porque al menos les sonaba el nombre del grupo.

¿Fue fundamental para el punk despreocupado de Los Nikis el haber crecido en el Madrid de La Movida? ¿Hubierais llegado igual de lejos en otros ámbitos?
Realmente nosotros estábamos a 30 km. de La Movida, que entonces no se llamaba Movida ni nada. Y no teníamos coche. Tampoco salíamos por los sitios de moda, porque el último autobús salía a las 22.30h. Vamos, que sólo crecimos en «el Madrid de La Movida» a ratos cortos por las tardes.

¿Qué contactos tuvisteis con el punk dela capital de La UVI, Commando 9mm, Espasmódicos, OX Pow…? ¿Y de la vertiente más oscura, como Parálisis Permanente?
Con Parálisis bastante. Compartíamos a Johnny de batería. Con los demás cero. Yo creo que por lo del autobús que te he contado antes.

¿Por qué crees que se ataca desde posiciones punk ortodoxas a la música que hicisteis vosotros o Siniestro Total? ¿Es posible el punk sin hacer crítica social o política?
Nosotros no hacíamos punk ortodoxo. Era más bien cristiano porque todos habíamos hecho la Comunión. Y, siendo pijos, sería poco consecuente hacer crítica social, ¿no?

Hubo quien vio en vuestras pintas de niños bien, en las referencias a Ultras-Sur y retornos al imperio de la tortilla de patata razones para recelar, mientras que otros para saludar brazo en alto vuestras canciones. ¿Finalmente se politizó vuestra música desde fuera? ¿Como vivisteis toda esta polémica? 
Todo eso fue post-mortem, en los 90. En la época que estuvimos en activo la gente era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que nuestras letras sólo hablaban de chorradas como la tortilla de patatas, Brutus, el perro de Rafa o Charlton Heston en «El Planeta de los Simios» (Franklin J. Schaffner, 1968). En fin, cualquier tema chorras para evitar hacer canciones de amor.

¿Mereció la pena haber participado de todo lo vivido en aquellos años de La Movida? ¿Fueron tiempos creativos?
Tocar en un grupo es muy divertido en cualquier época. Yo creo que todas las épocas son creativas, lo que pasa es que nosotros somos subjetivos y nos gusta más la nuestra, pero para gustos, los colores.

¿Se han dicho muchas exageraciones o inexactitudes de aquella época pasado el tiempo?
Está todo muy mitificado. El otro día vi un documental en la tele sobre los 80 y mi conclusión fue: Qué gris y qué cutre. De verdad.

¿Por qué terminan Los Nikis? ¿Cansancio?
Bueno, llevábamos ya diez años tocando y yo no me veía con fuerzas para hacer otras doce canciones para un disco. Además, Emilio y Arturo se fueron a vivir a USA.

¿Cual es el secreto de la repercusión de Los Nikis?
Pues reconozco que a esa pregunta le he dado muchas vueltas. Han hecho diez nikifiestas en nuestro honor con gente que viene de toda España. Yo flipo. ¿El secreto? Yo creo que las letras y Emilio, que es insustituible.

Con Los Acusicas se recuperan a mi juicio los mejores momentos de tus letras, ¿En qué te sueles inspirar para escribirlas? ¿Qué diferencia el nuevo grupo con respecto a Los Nikis?
Te agradezco mucho el piropo. Me sienta mal cuando la gente idolatra las letras de Los Nikis y ni se fija en las de Los Acusicas, que son más de lo mismo, pero hechas con mas empeño porque la música no era mía sino de Mauro Canut y me sentía con más responsabilidad. Me ponía a mi mismo un listón muy alto para cada frase. Intento hacerlas de temas originales y que no haya hecho nadie antes. Por ejemplo, una canción de relleno contando su vida en primera persona. El grupo es parecido. Chunta-chun, dos minutos y fuera.

¿Cuándo comienzas a dedicarte a todas las cuestiones técnicas de la producción? ¿Resulta más gratificante que tocar tu propia música?
Empecé en los 90 con el «Mas de lo Mismo» (Hormigonera, 1998). Grabar a otros grupos, si me caen bien, es muy gratificante.

¿Tienes planes de seguir con Acusicas o algún otro proyecto?
Pues no, la verdad.

¿Cual es el balance que te sale después de todos estos años dedicados a la música? ¿Has tenido momentos especialmente malos?
Balance totalmente positivo. Como esto nunca ha sido un trabajo, sólo he hecho exactamente lo que me apetecía hacer en cada momento.

¿Cómo se os ocurrió la reaparición sorpresa en Madrid recientemente? ¿Qué sensaciones tuvisteis en el concierto? ¿Qué tal reaccionó el publico?
Fue idea mía. Yo quería que saliéramos a tocar sólo una canción y por sorpresa total. El que estuviera meando se lo perdía. Luego Johnny y Emilio se empeñaron en hacer seis canciones. Debo ser muy mal negociante porque al final tocamos seis. Yo he ido a casi todos los conciertos que ha dado Airbag en Madrid y sabía lo que iba a pasar conociendo al público de Airbag. A los demás les pilló por sorpresa y alucinaron. Nos aprovechamos de la mitificación de la que hablaba antes. La gente pensó que estaba ante un momento histórico y no se dieron cuenta de la realidad: Cuatro abuelos tocando seis canciones viejas. Punto pelota.

Ana Curra El Acto cartel

Y por fin llegó el 9 de marzo; por fin llegó la presentación de Ana Curra de «El Acto» (DRO, 1982), y de la relectura de la práctica totalidad del repertorio de Parálisis Permanente. Se cerraba un período de preparación de la banda y de encendido debate en las autopistas de silicio de foros y blogs acerca de la empresa de la artista madrileña. A ella nos acercamos hace unos meses, visitándola en el local de ensayo y haciéndole una de las primeras entrevistas que concedió.

Mucha era la expectativa creada y el llenazo registrado en la sala Kapital de la calle Atocha hablaba bien a las claras del interés que había despertado la iniciativa. Tanto que tocó verlo desde el segundo piso de un local que hasta entonces era, ignorante de mi, lugar del chunda-chunda de legiones de jovenzuelos. En este tipo de citas los detalles cuentan, dan idea del tono, las ganas y las intenciones. Por eso resultó ilustrativo comprobar en el arranque del concierto la flexibilidad (literal) en escena y el puñetazo que dio sobre las teclas. Arrebatado golpe de efecto de la que otrora pasara por una teclista excesivamente ortodoxa a la que todos pedían que cambiara el solfeo por pasión.

Salió la banda contenida asegurándose de no descarrilar llevados por una explosión de ganas por demostrar qué es lo que traían preparado. Se mostraban solemnes, sobre todo en los primeros temas, en evidente contraste con Ana, quien con diferencia fue la que más kilómetros recorrió sobre el escenario. Dejó claro el buen estado de forma física por el que atraviesa, aunque yo hubiera apostado por los modos de liturgia del resto. El mensaje que quería transmitir la diva era otro muy distinto: anoche se trataba de un requiem festivo para el que además pidió de inmediato la adhesión total e incondicional. Anoche toda la Kapital era de los de Ana, que son muchos y todos convencidos.

No era manifiesto gratuito, ya que a pesar de la ya larga experiencia de toda la formación en estos menesteres no se pudo evitar que la semana última antes del concierto fuera una sucesión de consignas, ánimos y arengas para la movilización, como si de crear la atmósfera previa a una final de campeonato mundial o de vísperas de examen de reválida u oposición. Además, con todas las dentelladas sufridas en las jornadas previas, cualquier alianza era bienvenida, especialmente si venían del lado de históricos de la banda como Rafa Balmaseda. El bajista subió a las tablas durante un par de temas («Quiero ser santa» y «Esa extraña sonrisa«) en los que Ana se vio arropada por doblete tanto en guitarra como en el bajo.

Si bien el sosiego inicial le vino de perlas a los temas de atmósferas más densas, pronto se vio que si algo caracteriza a la nueva interpretación que propone Ana Curra para los temas de Parálisis Permanente pasa por resaltar lo que tienen de punk rock de combate. Las bestias pardas con las que se ha pertrechado no hacían sino esperar, cuchillo en boca, una señal de su líder para soltar una descarga propia de división acorazada. Ni las baquetas de Rafa Le Doc, ni el bajo de Manolo UVI, ni la guitarra de José Battaglio han ganado su reconocimiento tejiendo oscuridades de atmósferas góticas precisamente. Daba gusto verlos bramar los coros de los temas más combativos.

Tampoco fue César Scappa un mero subalterno. Siendo de los más cercanos a Ana y el propio Eduardo, se reservó la voz principal de «Esto no es«, algo que me consta no estaba decidido desde los primeros ensayos. Lo hizo además con un recuerdo previo para Toni Vázquez y Enrique Sierra, recientes pérdidas de la promoción de los 80.

Para el ausente más presente en el corazón de muchos, Eduardo, Ana Curra decidió interpretar un solo de teclado en un lapso de separación tras uno de los breves pasos por camerino que la banda hizo en la recta final. Ejecutado con la imagen del ya icono de aquellos días en la pantalla tras el escenario, coincidió con la que pasaría por la jugada tonta del concierto. Meditaba yo movido por los acordes del teclado de Ana sobre el pudor del momento, cuando se escuchó a una de las chicas de detrás, para nada adolescentes por otro lado, explicando que la imagen correspondía al novio de la cantante «que murió en un accidente». ¿Es ésta la falta de preparación de la que se quejan los profesores de Historia?

Cuidada escenografía por otro lado, con un escenario a medida, un entorno de teatro, con plateas a las que dedicar saludos o gestos y una pantalla enorme posterior que informaba al público de cuando salía la banda del estricto marco de «El Acto». Únicamente me pareció apreciar error en este sentido con «Adictos a la lujuria«, que el grupo ejecutó sin el logo del consabido disco como adorno.

Las quinielas eran para adivinar los temas reservados para el bis, sobre todo cuando el grupo parecía no parar en gastos al principio, derrochando candidatas claras para ello. Al final resultaron «Un día en Texas» y «Autosuficiencia». Yo creo que fueron las que más intensas me parecieron. Junto a «Unidos», una de mis favoritas, eso sí. Puestos a contribuir a herejías, ¿a nadie más le parece «Jugando a las cartas» con un punto excesivamente jovial para las siniestralidades de «El Acto»?

Habrá quienes hayan extrañado la voz de Eduardo, las atmósferas góticas de hace veinte años… Pero es que esto no es Paralisis Permanente, sino la deuda de Ana Curra y cuatro amigos para con todo aquello. A mi me alegra el haberlo visto y me quedo con la sensación de que gustaron incluso a muchos que iban convencidos de que no iba a ser así.

En una nueva entrega de nuestra sección «Punk ¿Qué Punk?» hoy invitamos a Niko Vázquez, bajista de M.C.D., a que rememore con nosotros experiencias de aquellos años 80. Ejercicio de nostalgia que dirán algunos, pero es que M.C.D., grupo nacido del barrenkale o casco viejo de Bilbao allá por el 1985, dejó discos que muchos tenemos como banda sonora indispensable del punk facturado en aquella década.

El grupo participó de forma activa en la explosión de bandas, sellos, gaztetxes, fanzines y emisoras de radio que se vivió en Euskadi en ese momento. Su debut se produjo con los tres temas que incluyeron en el recopilatorio ya mítico para los amantes del género: “Condenados a Luchar” (Discos Suicidas, 1986), pero fue con una grabación en directo, la realizada en el gaztetxe de Bilbao, “Bilboko Gaztetxean” (Discos Suicidas, 1987), con la que se presentaron con un álbum sólo para ellos.

Autores además de una larga lista de discos y varios sencillos, fue con “Imbecil.com” (Imbecil, 2001), que Niko dejó el grupo. Diferencias internas con respecto a la gestión del entonces manager de la banda precipitan el final de la misma tal y como había funcionado hasta entonces.

Mientras Niko monta con su hermano el germen de un nuevo proyecto, Motorsex, el resto sigue funcionando por un tiempo como Macarrada. Tampoco entraría el bajista en la formación con la que M.C.D. iniciaría una gira de reaparición el año pasado. De todo ello le preguntamos en la entrevista que te presentamos a continuación.

¿Dónde situarías a MCD dentro de la efervescencia de los 80 que se vivió en Euskadi?
En una banda de segunda fila que sólo nos preocupábamos de expresar nuestras cosas pasándolo bien pero a ser posible tocando las narices de la autoridad vigente; de paso sin importarnos las consecuencias.

¿Ves conexiones con alguna otra banda en particular?
Pues a nivel musical nos gustaban muchas bandas pero creo que realmente cada una éramos un mundo aparte. Unos más punkies, otros más rockeros y otros más poperos. A todas las bandas nos unían las ganas de gritar nuestro inconformismo sin pretensiones.

¿Qué recuerdas principalmente de aquella época?
Que teníamos malditos granos de pus en la cara

¿Sientes algún tipo de nostalgia?
No, en absoluto. Sería terrible repetir la era de la marmota.

¿Qué aspectos crees que ha magnificado el paso del tiempo? ¿Te has encontrado alguna exageración o inexactitud que te haya llamado la atención especialmente?
Que el tiempo lo exagera todo, criba lo positivo sobre lo negativo, muchas veces magnificando erróneamente lo que unos chavales de veinte años hacíamos para divertirnos. Los chavales de hoy hacen otras cosas pero con el mismo objetivo. Vivir sin futuro.

¿Destacarías algo de la escena o del ambiente entre bandas de Bilbao respecto al de poblaciones vecinas?
Las bandas de poblaciones industriales teníamos mucha mala baba a la hora de expresarnos. Vivíamos en barrios periféricos obreros -sin que sirva de excusa- con toda clase de carencias y nosotros berreábamos nuestras experiencias del día a día, no las del imbécil de la canción del verano. Como todo bicho considerado raro, nos movíamos en manada en torno por y para la música, a los pocos sitios que se atrevían a programar rock, así que había una especie de ambiente de gran familia transgresora que ahora evidentemente, y al no incidir socialmente casi nada, se ha perdido.

En tu caso, fuisteis varios los hermanos implicados en grupos y cuestiones musicales ¿crees que se debió a algo concreto? ¿Cómo se llevaba en casa esta hiperactividad?
A que nuestros padres eran, en el aspecto cultural y político, muy libertarios y a que un hermano mayor ya tocó en diferentes grupos en los 60. Los padres nos dejaban hacer y les dimos más de un disgusto que supieron disimular bien. El tocadiscos era el objeto de deseo más preciado y disputado a diario.

¿De qué cosas te arrepientes, o no volverías a hacer en la misma situación?
De habernos dejado manejar por un manager cuando éramos un grupo de amigos con ganas de pasarlo bien. Y que no deberíamos haber tirado un bote de humo en la sala El Garaje, porque podíamos haber matado a alguien del público durante la evacuación.

¿Fue el punk un canal de lucha, un estilo musical?
Un modo de vida.

¿Qué piensas que caracterizó aquellos años, la razón de toda la repercusión que tuvo luego?
El importarnos una mierda lo que iba a pasar al día siguiente. Vivíamos absolutamente al día sin esperar nada a cambio. Fue la mejor válvula de escape que pudimos tener.

Inevitable establecer comparaciones entre lo que se hacía en Euskadi frente a Madrid y Barcelona. Háblame de tu contacto personal con una y otra escena. ¿Qué bandas que destacarías de una y otra ciudad de aquel momento?
Tuvimos mucha relación con Decibelios de Barcelona y La UVI de Madrid, sobre todo a través de Vulpess que eran nuestras hermanas y amigas. Éramos grupos que compartíamos el punto macarra-musical que pensamos debe tener una banda de rock and roll.

¿Piensas que hubo una excesiva politización de todo lo que se denominó Rock Radikal Vasco? ¿Hubiera tenido todo el empuje que tuvo sin ella?
Política es todo. El que dice que es apolítico pienso que miente o es marciano, y de éstos, todavía no conozco ninguno. Marino Goñi puso la etiqueta del RRV desde Iruñea a un movimiento cultural destroyer totalmente anárquico con el objetivo común de pasarlo bien. La campaña «Martxa Eta Borroka» de HB sirvió para que bandas de maketos excepto la nuestra -que estábamos al margen del rollo abertzale- no fuésemos mirados como «enemigos» y aceptada nuestra forma de vivir y expresarnos de los 80. El movimiento abertzale movilizó a través del rock a una impresionante generación de jóvenes que de otro modo no hubieran movido un dedo.


Justo después de grabar «Jódete» (Basati, 1988) tuviste que irte a Londres. ¿Aprovechaste la ocasión para vivir el ambiente musical de por allí? ¿Qué te encontraste?

Una ciudad fantástica para vivir con mucha energía … ¡¡y motos clásicas!! Era la época en la que Sonic Youth o The Cure arrasaban musicalmente. Además estudié, sin saberlo, en el College donde los Sex Pistols dieron su primer concierto, Ravensbourne. Un lugar de «artistas» y gente de todo pelaje.

Y a tu vuelta, ¿notaste alguna evolución en el grupo?
Mucho más rockandrollero y más experiencia tocando. Pero cierto cansancio. En esa época me dediqué además de hacer de roadie de M.C.D. a tocar con Cancer Moon.

¿En qué época empezaste a interesarte en cuestiones de grafismo y diseño, tu otra actividad al margen de la música, no es cierto?
Creo que desde enano cuando pintaba las paredes de casa. Empecé a trabajar muy joven con diecisiete tacos en una imprenta y aunque fui por Ciencias en COU me matriculé en Bellas Artes. La comunicación visual en todo su amplio significado, me apasiona.

El grupo vivió alguna turbulencia en su etapa última ¿serían estas cuestiones lo único que lamentarías de tu experiencia en MCD?
Sí, lo he contestado más arriba. Habernos dejado manejar por un manager cabrón cuando sólo éramos un grupo de amigos… Fue nuestro más grave error y creo que a todos nos ha pasado factura.

¿Notas muestras de reconocimiento o recuerdo hacia la banda en la actualidad?
Sí y no tiene porqué. No creo que hayamos hecho nada relevante salvo tocar un poco las pelotas al clero y a las autoridades.

Cuéntanos acerca de tu otro proyecto, Motorsex, ¿le pides cosas distintas a las ya vividas con MCD?
El objetivo de Motorsex es idéntico: la música es parte inseparable de nuestra vida, así que intentamos pasárnoslo bien rockanrolleando pero esta vez con el bagaje de todo lo aprendido, y buscando sonidos nuevos que nos satisfagan, o al menos intentarlo. «Sin vivir de las rentas, pero sin renegar de nuestro pasado, seguimos sin futuro».

Con Motorsex, y al final de tu paso por MCD, hiciste una clara apuesta por el estilo autogestionado de Creative Commons. ¿Por qué? ¿Funciona?
Porque el negocio musical con intermediarios garrapatas es, ha sido y será una pesadilla para todo el mundo. Las licencias CC nos abrieron una puerta a la autogestión de tu actividad. Así que nos da igual estar fuera, dentro o a un lado de la industria. Lo llevamos todo al día. Si mañana se acaba, ya intentaremos hacer otra cosa nueva. Sin lamentarnos. Funciona en base a tu listón. Nuestras necesidades son primarias, así que estamos a gusto.

Precisamente eso me lleva a pensar que mucho de los problemas de las bandas de los 80 fue su relación con las discográficas, ¿por qué crees que fue todo aquello? ¿No había posibilidad de autogestión en ese sentido entonces?
Cuando montas una banda de rock and roll lo que menos te preocupa es el negocio. Porque tú piensas ingenuamente que lo que haces en tu local de ensayo es un pasatiempo que además, llena tu vida. Pues sí, lo es. Pero el primer día que un intermediario te llame para tocar en un concierto, pagándote por ello, cosa que ya no se estila, aprenderás que la música también es un negocio y se rige por las mismas pautas que un tomate del supermercado. Así que una de dos, o lo cultivas y lo vendes tú mismo o lo negocias a la baja con Eroski. En nuestra época, como nadie teníamos ni puta idea de qué iba todo esto y primaba tanto en el público como en las bandas el modo de vida por encima del negocio especulador, nos dimos de morros. Incluso discográficas nobles y honradas. Pura ignorancia y atrevimiento de la dichosa juventud. Tardamos casi diez años en grabar nuestro primer disco en solitario, así que imagínate lo que nos importaba a nosotros, todo eso del negocio musical.

¿Qué planes futuros tenéis en la banda? Hay al menos un disco pendiente, ¿no? ¿Cómo lo lleváis?
Estamos con dos cosas: primero que el genio de Carlos Creator terminé de una vez de mezclar once canciones que salieron de dos jam sessions con muchas sorpresas. Y por otro lado, a nuestra edad nos estamos empollando el «Never Mind The Bollocks» (Virgin, 1977) porque tenemos que hacer unos conciertos «mixtos» dentro del ciclo Izar & Star organizados por Jerry (amigo periodista musical de Bilbao) versionando a Sex Pistols con un cantante impresentable de la Real Sociedad llamado Anartz. A medio plazo, sacar otro single para que siga la fiesta.

El próximo día 9 de marzo de 2012 Ana Curra inicia su proyecto de presentación de “El Acto” (DRO – Tres Cipreses, 1982), el álbum que publicara en los 80 Parálisis Permanente, en la madrileña sala Kapital. Antes de las Navidades tuvimos la oportunidad de presenciar un ensayo en el local en el que preparan los temas que tocarán. Una vez terminado el mismo, ya con unas cervezas de por medio en un bar de la zona, charlamos con ella y con el grupo que le acompañará sobre el escenario.

En su momento os dejamos aquí en el blog las impresiones que nos causó la visita, quedando tan sólo pendiente el que incluyésemos además la entrevista que hicimos en el encuentro. Quienes la ayudan a organizar su reaparición ante el gran público pidieron un poco más de tiempo antes de que fuesen apareciendo las conversaciones de la musa de los 80 con los diferentes medios. Tienes ahora la ocasión de leer lo que nos respondió entonces.

Empezamos preguntándole por la posible continuidad de la experiencia, una vez terminado el concierto en la sala Kapital. Nos responde estar centrada, antes de nada, en esa actuación. “Luego no sé nada, lo marcarán otros factores que no dependen de nosotros”, nos completa.

El grupo que la arropa está formada por gente de su total confianza: César Scappa (guitarra), José Battaglio (guitarra), Manolo UVI (bajo) y Rafa Le Doc (batería). Y lo sabemos porque le preguntamos por los criterios que siguió para elegirlos a ellos: “Los porqués de esta formación son varios, pero en primer lugar dejar claro que no se trata de reunir a la banda de Parálisis porque eso es imposible faltando Eduardo. A todos ellos los conozco desde hace mucho tiempo; he tocado con ellos en formaciones mías anteriores (excepto con Rafa que sí lo hice en la fiesta del Ágapo). Ellos conocieron a Eduardo e incluso César es quien le enseñó los primeros acordes a la guitarra cuando tocaban juntos en Escaparates”. Nos sigue contando Ana: “Con todos ellos me siento cómoda, son mis amigos, no necesitamos hablar para entendernos aunque lo hacemos y mucho para divertirnos. Y lo más importante, no lo hacen nada mal”.

La historia de colaboración entre ellos es larga: “César Scappa hizo un grupo llamado Escaparates en el que estaban El Ángel y Eduardo Benavente, en la misma época que Alaska y los Pegamoides. Compartíamos con ellos local de ensayo en Tablada. Con José Battaglio compartí mi época de Seres Vacíos (aunque en Seres Vacíos tuve dos formaciones distintas, José pertenece a la segunda). Manolo UVI entró conmigo en la formación de Ana Curra. Con ellos hice también el disco de Los Vengadores en recuerdo a Toti y la famosa actuación de Revólver. Y más recientemente, también con ellos hice la actuación del Ágapo”.

Además de todo este curriculum de los miembros de la banda con la propia Ana, a muy pocos se les escapa la condición de protagonistas directos de aquellos años 80 en la efervescente escena madrileña. Así, por ejemplo, Manolo, tras La UVI, participaría en bandas como Commando 9mm, y mucho después Punk Guerrilla. José por su parte fue miembro de la primera etapa de La Frontera, siendo partícipe de los dos primeros LP del grupo.

Son sin duda muchos los grupos que la hubieran acompañado en esta experiencia. A nosotros nos constan las simpatías manifestadas al respecto por ejemplo por Vómito, quienes acaban además de editar un trabajo con trece versiones del repertorio de Parálisis Permanente: “Paralizando 13” (Potencial Hardcore, 2011). Interrogamos a Ana sobre ello: “Lo de Vómito me parece un honor, pero hay un montón de grupos que reivindican sus influencias haciendo canciones de Parálisis o Seres Vacíos. Eso es siempre un halago. Creo que los músicos siempre dejamos constancia de nuestras referencias a través de versiones, aunque tengamos repertorio propio. Yo también lo hago”.

¿Ejercicio de nostalgia, homenaje, recuerdo, adaptación de aquellos temas a estos tiempos…? No nos resistimos a retrasar más nuestra pregunta acerca de las razones para lanzarse a este proyecto. “Lo que me mueve a hacer esta revisión en directo del repertorio de aquel momento mío es mas que nada una causa pendiente para mí y hacia la figura de Eduardo. En cuanto tuve el accidente nunca mas volví a tocar el repertorio entero, no podía, emocionalmente era demasiado duro y tampoco quería hacerlo. Me dediqué a hacer canciones nuevas con Seres Vacíos. En estos años siempre era recurrente para mí, yo me decía…tengo que hacer justicia a toda esa época tan increíble… Por otro lado, hay muy poca gente que pudo escucharlo en directo (creo que solo nos dio tiempo a ir a cuatro ciudades incluida Madrid). Los seguidores me lo han pedido siempre y por fin lo veo y lo siento que he de hacerlo”, nos responde.

Es precisamente al hilo de la respuesta que nos da Ana, que querríamos saber exactamente cuáles son sus expectativas con respecto a las posibles reacciones del público. Es de esperar que existan muchos que no vean con buenos ojos la revisión de una banda mítica como Parálisis Permanente sin la presencia de Eduardo. Ana Curra se muestra sin embargo mucho más pendiente de los aspectos personales de lo que ella entiende como una deuda para con Eduardo y aquellos tiempos que tuvo la fortuna de vivir. Evalúa para nosotros cuál es, en su opinión, la validez de su propuesta: “Para los que lo conocieron en su día es apetecible porque les retrotrae a un momento fascinante de sus vidas. La música es un asociador de ideas, imágenes y recuerdos muy potente y para los que no lo vivieron en su momento también puesto que Parálisis se ha escuchado en todos los bares de música, clubs y salas de culto de cada pueblo y ciudad de España”.

El grupo trabaja la práctica totalidad de repertorio de Parálisis Permanente, con el LP y los correspondientes sencillos incluidos. En una experiencia con tanta carga emotiva para nuestra protagonista, pudiera ser que, de entre todas las canciones, hubiese alguna con la que Ana se mostrase especialmente sensible. “Las mías con Eduardo son lógicamente las más intensas para mí. Con las de Nacho Canut y Eduardo me siento una fan y me lo paso genial cantándolas. Es como hacer versiones de tu grupo favorito”.

También nos preguntamos si el grupo busca la mayor fidelidad posible para con los originales o si trabajan en modificaciones o variaciones en las canciones. Ana es clara al respecto: “Las canciones son perfectas tal como son, pero hay variaciones, empezando por mi voz. Eduardo si las tocara hoy día sonaría diferente, sin duda. No me planteo ser fiel o dejar de serlo. Yo estaba allí y ahora estoy aquí, ¿soy la misma? Ningún día somos iguales al día siguiente. Sería tremendo y trágico quedarse anclado”.

Para acabar nuestra charla preguntamos por las razones, en opinión de Ana, por la repercusión e influencia de Parálisis Permanente después de tanto tiempo. “Yo creo que la vigencia de Parálisis Permanente se debe a una serie de factores. En primer lugar a las canciones que conectan totalmente con la edad de 20 años, inteligentes, audaces y sexuales con las hormonas en revolución. Hay muchos himnos dentro de este repertorio”.

Expectación pues por ver cómo salda su deuda Ana, por comprobar cómo suenan unos temas míticos tocados años después en manos de la que fue protagonista destacada de todo aquello.