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La Polla Records anunciaba el mes de marzo pasado a bombo y platillo, convocando a los medios en el Wizink Center de Madrid, que volvía a la carga. Se celebraban los 40 años transcurridos desde que empezaran a funcionar en su pueblo, Agurain – Salvatierra (Álava), pero como confesaban abiertamente, el tratar de tener controlados los derechos digitales de su repertorio es lo que, finalmente, desembocó en que terminaran subiendo a los escenarios. Fueron, sin lugar a dudas, uno de los nombres destacados de lo que vino a denominarse Rock Radikal Vasco, cantando en sus letras las verdades como puños que atraparon a toda una generación y que les convirtieron en embajadores de excepción de lo que se cocía en el norte. La vuelta del grupo vasco coincide además con la activa promoción del libro que su cantante, Evaristo Páramos, ha escrito recogiendo anécdotas a lo largo de su trayectoria con la banda: «Qué Dura es la Vida del Artista» (Desacorde, 2018).

Con motivo de todo el despliegue informativo suscitado, tuvimos la ocasión de acudir tanto a la rueda de prensa como de entrevistarlo cara a cara en la cafetería de un hotel situado en la zona de Callao de Madrid. Le preguntamos acerca de su trayectoria con La Polla Records, por muchos de sus discos, los comienzos… El resultado de aquel encuentro quedó reflejado en el número del mes de junio de 2019 de la revista Ruta 66, y en nuestra sección de Punk, ¿Qué Punk? la incluimos en su totalidad, sin los inevitables recortes que impone la edición impresa.

Evaristo llega saludando amable a los que le esperábamos. Venía, nos cuenta, de Radio Marca donde ha estado con unos “mariachis” deportivos llevando su bufanda del Celta de Vigo. La conversación comienza pues con la conexión con el equipo de futbol gallego: “Mostovoi dijo cuando habían salido rumores de que el Madrid lo quería dijo que él por venir al Real Madrid era capaz de venir de Vigo a Madrid caminando”.

¿Eso os dolió a los celestes?

A los celestes no sé pero a mí sí. Yo desde que la tele era en blanco y negro me di cuenta que para el Madrid siempre hacían trampas. Eso es algo que a mi nadie me va a quitar de la cabeza porque lo vi yo, que era un niño inocente y me traumatizó.

Háblanos por favor de los comienzos, ¿Qué supuso la edición de «Salve» (Soñua, 1984) ?

Recuerdo empezar a ir a tocar a un montón de sitios. Que venían a llamarnos al local para tocar, que no teníamos que ir nosotros a ver si había algún hueco para tocar. Todo empezó ahí. No había entonces internet, pero ya entonces entre los colegas y conocidos nos decían que nos habíamos vendido. Éramos Los Polla Ricos y Los Peseteros.

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Evaristo durante la entrevista que mantuvimos con él (Foto de Alba G. Nogales)

El Salve nos abrió las puertas para 30 ó 40 festivales. Ahí empezamos a tocar y no volvimos a parar nunca.

En su libro «Flores en la Basura» (Hilargi, 2004), Roberto Moso, el cantante de Zarama hablaba de la rivalidada (sana) que tenían con Hertzainak. De igual manera, se podía entender entre líneas, que siempre se veían obligados a demostrar que no eran una banda blanda en comparación con vosotros. ¿Notabais este tipo de competición?

No lo veo yo como para tanto. ¿Por tener que defenderse que eran más moñas quieres decir? Ellos se vieron metidos en los grupos llamados punk, y eso no es más que un nombre ¿no? En los primeros tiempos había una variedad inmensa. Estos que había que no sé cómo se pronuncian, los Undertones, que el tipo tenía una voz que parecía una chica de la voz tan fina que tenía (hace una especia de falsete con la voz) y luego le veías y era un mandíbula, quiero decir que no era guapo el chaval, y el grupo era muy bueno, a mi me parecían super punk. Incluso mogollón de punkies que yo he conocido estábamos con esa guitarra blanda desde los Ilegales (imita el sonido de la guitarra). Todos estábamos meneando allí el pie en los bares a las 4 de la mañana con los Ilegales, que no eran punkies ¿vale? Así que todo eso es una tontería. Para mi el concepto de punk es muy amplio. Había un grupo Wire que tenía un disco «Pink Flag» (Harvest, 1977) que tenía canciones muy largas, muy pesadas, otras de más de un minuto que estaban muy bien

Bueno R.I.P. hicieron precisamente una versión de ellos; el «Txapelgorri» era en realidad su «1 2 X U»

Pues claro, a ver qué te piensas, nosotros éramos de pueblos del Norte pero no éramos tampoco giles; que nosotros oíamos las cosas. Éramos grupos que íbamos a conciertos o festis y siempre estábamos hablando con todo el mundo, veíamos a los demás grupos y luego tocábamos nosotros… Entonces sí teníamos fuerza para eso y para más, igual ya no. Y hablabas de todo y te decían ¿Y cómo siendo punkie no conoces a estos? Pues yo qué sé, lo de punkie no sé y lo de no conocerles, pues tampoco. No les conozco ¿qué problema hay? A mi me gustaban los Pretenders e Iggy Pop.

Con los que sí tuvisteis alguna movida fue con Eskorbuto.

No tuvimos movida. Tengo en mi libro un capítulo en el que no lo hago explícito pero sí que dejo claro que no quiero más preguntas sobre el tema. ¿Por qué? Pues porque las canciones de Eskorbuto me merecen mucho respeto, la mayoría, y de los tres de Eskorbuto dos están muertos y uno viajaba aparte. No quiero más polémicas ni discusiones de internet ni decirte que «El Albardao» no está dedicado a ellos (Nota: Evaristo se refiere a «El avestruz» contenido en «Donde se Habla» (Ohiuka, 1988)). «El Albardao» es una versión de los Boys que nosotros escuchábamos mucho en nuestro bar de Agurain. Teníamos un colega en el bar, el Malcon, el Mariano, al que le decíamos en el bar: “Pon la de los Boys”, y nosotros nos poníamos a cantar “Albardao” (lo canta) y entonces él de tantas veces de ponerla nos decía “Teneis que ponerle letra”. La letra de esa canción la puse para mi mismo, porque yo no salía de casa porque me ponía como un Cristo, y estaba todo emparanoiado con las persianas bajadas y había mucha luz en la calle y no me atrevía a salir. Que luego la mítica y toda esta mierda que digan que yo le saqué esa canción a Eskorbuto…¡Es una bobada! Y que te lo diga parece que suena a que me estoy justificando. Si pones esto pon también por favor que: “¡Mierda para todos!”

¿Dedicabas uno de los capítulos de tu último libro a Josu o Juanma?

Era una conversación que tenía pendiente. Un día voy a sacar un libro entero con mi padre, que con ése tengo más. Se me ocurrió para poder hablar con él. Nada más. Paso de insistir más. Porque una cosa insospechada que me ha ocurrido en la vida es que tengo casi 59 años, una cosa que yo no me esperaba para nada. No esperaba llegar, yo me tenía que haber muerto mucho antes, técnicamente y según todas las estadísticas, me tenía que haber muerto hace bastante. Pero bueno como no me he muerto me estoy dando varios gustos y quitarme varios pesos de encima. Más que pensar en el futuro, no sea que no te mueras y tengas alguna cosa que hacer. Y yo tengo cosas para hacer hasta los 120 años seguro, ojalá llegue pero con la mente en condiciones. Me da igual lo del follar y eso, son pequeñeces, eso al final se acaba.

La verdad es que, al final, la etiqueta de Rock Radikal Vasco no estaba tan mal traída.

Sí sobre todo el chaval que lo escribió, convenció al Egin para que sacara cosas de rock. Ahora ya no ocurre pero en sus momentos había unas diferencias técnicas muy gordas entre la juventud drogada y la juventud revolucionaria.

¿Notasteis vosotros ese cambio de actitud de la izquierda abertzale?

Nosotros menos. A ver, gente para los que no éramos santos de su devoción nos llamaba para que tocáramos en sus conciertos porque iban a vernos 1200. Lo tenemos clarísimo, yo y todos los demás: “Mira nos llaman por esto”. Pero no sólo ellos, los del gaztetxe, los de por la insumisión… A ver, que eso no invalida las causas, todo lo que estaba haciendo esa gente, era super válido. Pero nos llamaban para eso, no querían abrazarnos, ni conocernos, ni nada hijos de puta (Simula llorar) ¿vale? En realidad, nosotros les importábamos una mierda.

¿A vosotros os vino bien el ser de pueblo?

Sí, sí nos salvó la vida. Primero nos juntamos los que nos juntamos porque no había más en el pueblo, y si hubiéramos sido por ejemplo de Gasteiz ya no nos hubiéramos juntado los cinco mismos. Probablemente se hubieran juntado el Abel y el Fernandito que eran primos y los otros tres hubiéramos estado cada uno en otro grupo. Hubiera habido cuatro grupos de cinco tíos, caso que los demás hubieran querido hacer un grupo. Yo lo tenía clarísimo.

Hay gente a que le ha pasado, que ha intentado hacerse un grupo y no ha encontrado con la gente adecuada, el momento no era, lo que cantaban tal, se les ocurrió otra movida y les salió para allá.. Lo que fue ocurrió porque ocurrió, no era una estrategia planeada, una cosa que dices pues pasó., yo me alegro enormemente de que me pasara a mi.

¿Entonces Jamaica no era puro ska? ¿No os gustaba el reggae y al ska?

Hombre aquella del “Perro salvaje” con lo de “corre la sangre...”.

Hombre pero eso no era precisamente ska ¿no? “Perro salvaje” era una canción impresionante de las que te pone los pelos de punta..

Perro salvaje” era yo mismo con esa juventud que tenía.

Foto de Alba G. Nogales

¿Entonces no compusisteis el tema en contra de todo aquello que se vino a llamar el Euskadi Tropical?

Nunca le dimos mucha importancia a aquello. Bien estudiado tampoco me suena que haya habido oficialmente una dictadura oficial en Jamaica. No, no tiene nada que ver con la Euskadi tropical. Hubo un momento eso sí que se puso tan de moda el reggae que nos tocaba las narices. Pero en serio ahora todo eso lo veo como errores. Teníamos la de “Muy punk”, muy bien, pero luego teníamos una, “Gilimetal”, que luego se cambió de letra (Nota: es muy probable que la canción derivase en “Confusión”), la de “Stupidjaus”, y al final parece que eres un telediario. Veo tonto que estuviéramos haciendo esas tontadas. ¿Cosas de las que me arrepiento? Pues no porque era yo, pero son cosas que no están bien, una tontería, perder energías en chorradas.

«Donde se habla» (Oihuka, 1988) me parece un disco espectacular. Todas las canciones girando en torno a animales, una canción compuesta con historias de William Burroughs sacadas de «El Exterminador» (1973) …

Sí claro, ¿cómo se llama eso? Un disco conceptual. Me estaba leyendo «El Nombre de la Rosa» (1980). Sí lo de Burroughs, ¿quieres creerme lo alucinante que fue leyéndome eso a la primera vez que quedó como si estuviera preparado?

Pero entonces ¿no estabas leyendo el libro? ¿Cómo se decide meter aquello, que por cierto no se dice en ningún lado en la información que dais en el disco?

Eso se me ocurre a mí. Sí sí claro que lo había leído. Ese libro todavía lo tengo en casa, se me salen todas las hojas. Lo tengo debajo de otros libros para que no se me salgan. Se nos olvidaría decir que era sacado de allí porque, mira en la de los Boys que hablábamos antes, siempre hemos intentado hacer lo correcto porque nunca hemos sido manguis.

Fue que se me metió a mi en la cabeza y no le dije a nadie nada. Era un capítulo en el que hablaba del máximo control, el mínimo esfuerzo etc si no lo piensas, va directo. El otro, sí, “El advenimiento del héroe púrpura”, es un rollo que mira ahora Donald Trump. Burroughs, ése sí que era un visionario y luego sabía de drogas la ostia.

Luego hablais de lesbianas, del ama de casa que se siente ninguneada, de homosexuales…, algo no muy habitual en su momento

Los amigos del hórreo me querían matar. ¿Pero cómo dices eso? Pues no haberlo hecho. El tema era que yo me tenía pensados los temas antes de que tuviéramos las canciones. Después adjudiqué un tema a una canción y luego me tiré 36 horas de anfetaminas de la buena. ¿Tú sabes lo que es tener estas orejas salidas y ponerte unos cascos de la época durante 36 horas y quitártelos sólo para mear? De ir y venir al baño sale la de “Confusión”, que no es ningún animal. Era yo un poco adornado, porque en realidad no es que hubiera gente o que no supiera dónde estaba. Sabía que estaba en mi casa y que no había ni Dios en casa.

Es un disco con mucho de atmósfera, no te voy a decir lisérgica, pero sí de drogas, hospital, medicamentos..

Claro imagínate, 36 horas sin dormir. Quería sacar el sueño, la locura..

Si lo piensas, «Salve» (Soñua, 1984) fue un poco la explosión, «Revolución» (Soñua, 1985) es como querer llegar más allá, vivía por entonces en Gasteiz y me tocó toda la movida de Hala Bedi

Evaristo
(Foto de Alba G. Nogales)

¿Es el más político?

Sí, querer llegar más allá. El «No Somos Nada» (Txata, 1987) fue un poco por “Vosotros sois anarquistas, vosotros sois comunistas” uff frena. Era un intento de eso, que también decir, no somos nada, me puedes responder ¿qué mierda me cuentas? Yo mismo respondería eso, ¿y a mi qué coño me impora? como Ella Baila Sola ¿y qué? ¿Qué me quieres decir? Y con «Donde se Habla» era demostrar que nos salíamos por todos los lados. Al final se ha demostrado que no en realidad el escorpión no se pica a sí mismo cuando se ve rodeado de fuego, pero bueno.

¿Tienes un disco preferido de La Polla?

Pues ése es uno y «Toda la Puta Vida Igual» (GOR, 1999) es otro.

¿Y del Negro -«La Polla Records» (Oihuka, 1992)– renegais?

No, no renegamos pero es que quisimos hacer como un grupo de rock consolidado, con canciones de mayor minutaje un rollo así. Por eso el Negro no se titula así, sino Corporation Consolidated, como las empresas americanas.

Pero canciones como «Europa«, «Capitalismo«… son impresionantes.

Tiene unas cuantas sí.

EntrevistaEvaristo
Un momento de la entrevista (Foto de Alga G. Nogales)

 

Algunas letras de ese disco, como “Es cojonudo que uno pueda decidir, dentro de un círculo y sin poder salir” son también de las mejores de vuestro repertorio

Sí o la de “La culpa la tiene esto de aquí” que está basada en hechos reales.

No no es que renegemos sino que nos jodió un poco la casa de discos, que nos abarató la portada. Justo Metallica acababa de sacar un disco en negro y nosotros lo preferíamos un poco más tirando a plateado. Lo sacaron un poco tirando a naranja porque el plateado les costaba una perrilla más. Eran patrones pobres.

Hablando de discográficas ¿por qué habéis tenido tantos problemas la práctica totalidad de los grupos?

Porque eran unos manguis.

¿Tuvisteis que firmar cláusulas leoninas?

No, no que va. Los contratos no valían de nada más que para ellos. Tú podías reclamar cualquier contrato y no podías saber nada. Ellos podían joderte sí querían. Llegó un momento en el que nosotros con Elkar sacábamos los discos sin contrato. Vosotros sacar lo que os salga de los cojones pero yo no te firmo nada, porque total ¿para qué? Ellos sabían que nosotros teníamos algo más de decencia que ellos y que no nos íbamos a ir a ninguna parte.

¿Os pasó con todas las discográficas?

El tipo de Basati que le sacó los discos a R.I.P. fue el único que me parecía decente pero yo no he tratado con él. Las que he tratado yo, Suicidas, GOR, Soñua… toda esta peña no era más que manguis, y si no lo eran se convirtieron en cuanto vieron un poco de color. No es más que eso. Tengo respuestas mandadas a la editorial por el libro en las que me ponen.. Les jodía que les pidiera tabaco, he sacado esa conclusión. Dame otro cigarrillo, que les contara mis problemas personales, igual que ellos me contaban sus mentiras. Sí sí les ha jodido, “Pavoneate en tu palomar” me dicen. Yo no veo a ningún pavo en ningun palomar, pues si caen.. pesan mucho. En otra carta me ponen: “Hasta nunca”, espero que sea verdad.

Se están reeditando ahora discos de muchos grupos de entonces sin que los componentes sepan nada.

Es todo absolutamente ilegal.

¿Cómo habéis hecho vosotros para recuperar el control de vuestras canciones?

Muchos de nuestros amigos de entonces se han hecho abogados, han cambiado de vida, algunos llevaban los derechos del Barcelona F. C., de la Liga Inglesa … Y nos asesoraron. A algunos sellos les dijimos “Buuuh” y se asustaron. A otros les dijimos que les íbamos a meter una demanda que se iban a cagar, pero te metías en discusiones de cinco años y yo no tenía ganas de perder tanto tiempo de mi vida en esas mierdas. Igual no a tener cinco años más de vida. Esa es la historia.

La cosa ha sido así, de aquella simple pregunta que nos hicieron los amigos de «¿Cómo llevais los derechos digitales?» ahora estamos tú y yo aquí hablando en esta entrevista. Y así con un poco de suerte llegaremos a tocar en octubre y el año que viene, y después con un poco más de suerte La Polla habrá hecho su final o quedarse latente o lo que sea y yo me volveré a mi submundo, con Gatillazo.

¿Vas a volver a Gatillazo?

Estoy con ellos ahora, en agosto tenemos 9 festis.

Por cierto, ¿en qué se diferencia Gatillazo de La Polla?

En realidad en nada, que los chavales ya venían sabidos de tocar. No han tenido que aprender, ya sabían, y en lo demás nada. Viajar con ellos es un amor, son increíbles. Es lo que tiene juntarte con gente más joven te rejuvenece.

(Foto de Alba G. Nogales)

¿Cómo conociste a Carlos Azagra?

Ahora mismo no recuerdo exactamente dónde le conocí

Participó de manera decisiva en el disco de «Los Jubilados» (Oihuka, 1990) ¿Cómo surgió aquello?

Yo quería hacer un panfleto comunista, que es lo que es realmente, pero un panfleto en el que las letras las pudieran oir las viejas en el supermercado. Azagra era el dibujante perfecto.

Él reconocía que os fastidió el título ¿no? Que vosotros queríais Los Jubilaos pero él os hizo el dibujo con Los Jubilados.

Ya bueno, pero aparte de eso también le pusieron La Polla Records, pero nosotros queríamos poner Los Jubilaos como si fuera otro grupo y sacarlo por sorpresa, pero a ver, ¿cuánto tiempo hubiera tardado la gente en darse cuenta que efectivamente éramos los de La Polla? Se hubieran enterado igual pero los disqueros lo querían de la otra manera en la propaganda y por eso queda así: La Polla Records “Los Jubilados”.

¿Y The Meas y The Kagas?

Fue simplemente un atáque aéreo. Yo quería hacer lo de The Kagas y que la gente dijera “Ah, ya se han juntado en un macrogrupo, los R.I.P. y el Evaristo”. Luego la continuación se decidió estando tumbados en un sofá después de un festi y dijimos “Vamos a juntarnos los jueves”

¿No te sientes incómodo con toda esta promoción que habeis tenido con esta vuelta a los escenarios?

Propaganda la llamo yo y no, no lo estoy porque he sido yo el que ha decidido hacerla así. Se trata de rodearte de amigos y de gente que haga las cosas bien.

Han pasado los años y los hijos de los que nos criamos con las letras de vuestras canciones ahora escuchan las de las canciones de Los Chikos del MaizAñade este contenido.

Eso suelo decir yo mucho, a la gente que he criado sin haberles comprado comida. Las peñas de otras generaciones ya sacan ellos sus propias conclusiones. A mi con 13 años me decías que no era un hombre, que no lo era, y te buscabas un problema, te iba a hacer putadas y muy gordas. A esta gente joven no hay que tratarlos con condescendía. No vengamos con historias de adolescencias y pre-adolescencias…

¿Qué es lo que más te ha dolido en todos estos años de trayectoria de La Polla Records?

Pues principalmente los ataques que han llegado de los que pensabas que eran tus amigos.

«QUÉ DURA ES LA VIDA DEL ARTISTA»

EVARISTO PÁRAMOS PÉREZ

DESACORDE (2018)

QueDuraeslavidadelArtista

Con varios libros ya a sus espaldas en los que ha dado rienda suelta a pensamientos, ensoñaciones, poesías, reflexiones y cuestiones varias, Evaristo Páramos, cantante de La Polla Records, The Kagas, The Meas y Gatillazo, ha decidido centrarse en su andanzas en el que, sin duda, ha sido el proyecto musical más relevante de los varios en los que ha participado. No se trata de una crónica o historia de la trayectoria de La Polla Records, como a muchos hubiera gustado, sino que se limita a relatar una gran cantidad, eso sí, de anécdotas que le tocó vivir en lo que el grupo estuvo en activo. Lo hace, dice, movido por el objetivo de adelantarse a que lo haga otro cualquiera antes: «Mejor lo cuento yo que cualquier hijo de puta» son sus palabras literales.

Así, en una secuencia en la que no se adivina un especial cuidado en conservar orden cronológico estricto de los hechos relatados sino siguiendo más bien el borbotón natural que parece surgir una vez puestos a la faena de recordar, se rememoran conciertos, viajes, ensayos, historias de carretera y furgoneta… Se detalla asimismo mucha de la interacción con el mundo exterior con el que se relacionó La Polla Records durante su existencia, esto es, bandas de la época, promotores de conciertos, managers, sellos discográficos y público en general. Utiliza para ello ese estilo directo, de ribera alavesa, del que ha presumido siempre el autor cuando ha tenido que dirigirse, ya no por escrito, sino de viva voz a público, periodistas y demás interlocutores. Giros, expresiones, muletillas varias y una retranca imparable con la que mordazmente narra y enjuicia de manera totalmente consecuente a como le hemos oido cantar las letras de sus canciones.

El libro tiene mucho de ejercicio de expiación de demonios varios que parece se habían quedado enquistados en la memoria del cantante, y que han podido salir a la superficie al escribir sobre ellos en el papel. Saca así Evaristo a la luz engaños sufridos por parte de quienes les llevaba de gira en alguna de las visitas por Latinoamérica, desencuentros varios con sellos discográficos y resuelve cuentas pendientes tanto con antiguos miembros del equipo técnico que les rodeaba como algún que otro componente que se fue añadiendo al pasar los años. Lo hace implacable indicando además la razón para tomarse la venganza, encontrando en las páginas de su libro el foro en el que contestar cuando no pudo en el pasado. «Y ahora, aunque estés muerto y no puedas contestarme, yo tengo que contarlo, que esta mierda ya me tiene hasta las pelotas, y tú ya dijiste todo lo que te dio la puta gana cuando estabas vivo» dice contundente en uno de los apartados, en la que parece alusión a los desencuentros que tuvo el grupo con los componentes de Eskorbuto. Conscientes los editores de la carga que contienen las páginas de este «Qué Dura la Vida del Artista», añaden un prólogo extra (el primero lo dedican a un dudoso juego de palabras con el término «polla») donde, a modo de teléfono de aludidos, dan una dirección de correo electrónico al que dirigirse en caso de que así lo considere el lector con preguntas de cualquier tipo.

El anecdotario incluye cantidad de situaciones referentes a La Polla Records. Aunque de algunas ya se sabía, como de la participación de Evaristo en una película de Uribe, «Adios Pequeña» (1986), haciendo un cameo con Ana Belén, o del famoso concierto con final agitado en fiestas de San Isidro en Madrid, o de aquella vez en Asturias en una Casa del Pueblo en el que les interrumpieron unos cabezas rapadas… hay multitud de información que se airea aquí por primera vez.

El cantante se desnuda de alguna manera en estas páginas. Desde fuera se adivinan las ganas por aclarar cosas, dialogarlas o al menos no rehuir la confrontación (dialéctica) hasta donde se pueda, sintiendo cómo en numerosas ocasiones no sirva de nada. Reconoce por otro lado no haber tenido ocasión de plantearse llegar a más si las palabras no funcionan, más que nada porque no ha tenido nunca el físico en que apoyarse para ello.

La reacción del gran público a este primer acercamiento escrito a La Polla Records ha sido enorme. Nunca antes se había visto a Evaristo tantas veces en entrevistas, en sitios de lo más diverso además. El revuelo que ha generado el libro ha removido de verdad, y al poco de su edición, los tres componentes originales del grupo supervivientes han comunicado ya la vuelta a los escenarios.

La selección literaria de hoy se centra en el Rock Radikal Vasco, con obras escritas por periodistas y protagonistas directos de la música que se hizo en Euskadi en los 80.

HRV-600x842HISTORIA DEL ROCK VASCO
Edozein herriko jaixetain
Elena López Aguirre
Ediciones Aianai, 2011

Tengo la sensación de que un proyecto de las dimensiones que se ha impuesto Elena López Aguirre, periodista y antigua guitarrista de Potato representa una empresa de alto riesgo. Como bien indica en la sección final de esta revisión de la crónica del rock vasco, condensar en unas pocas frases la trayectoria, muchas veces de años de duración, de todos aquellos grupos, sellos, salas, promotores, revistas, etc. es, cuando menos, complicado. Se expone de entrada al lamento del que no encuentre algún nombre en concreto o del que se decepcione de la brevedad con la que se mencione o trate a otro. Pero además, supongo que se ha de ser extremadamente cuidadoso en no apabullar al lector con una riada de datos e información. Y, sin embargo, sale bien airosa de la empresa. Poco amigo como soy de las guías de cualquier cosa creo que el libro trasciende la condición de mero listado de nombres y fechas. La suma de las pequeñas contribuciones individuales de los protagonistas citados termina conformando una gran historia, que no es sino la de la música, esa marea que subyace por debajo, de forma soterrada a veces, en el devenir de pueblos, ciudades y comunidades. Empapa el día a día, venciendo en su avance a la represión de reyes, la censura de dictadores, la cortedad de miras de militancias intransigentes o la mezquindad comercial de compañías discográficas. Imparable pues, elemento consustancial a la cultura de cualquier colectivo, entra en las casas por los aparatos de radio, por las verbenas de los pueblos, en salas de fiesta o night clubs, aprovecha determinaciones de concilios vaticanos para acercarse a salones parroquiales, se toca en frontones, polideportivos o en gaztetxes. Es de ese eje vertebrador del que realmente se habla.

Iniciada la crónica en la labor recopiladora y archivística de monjes y clérigos pasa rápido al ámbito de txistularis y bertsolaris, al de las orquestas de pueblo, al de los cantautores de una época de nubarrones en el cielo, de barbas pobladas y de faldas largas en repuesta a la frivolidad de las ye-yé. Recuperación de una lengua para forjar con bonitas melodías letras que cantaban de las excelencias de Mao Tse Tung.

Quedan reflejados los momentos de cambios y revolución, el paso del txistu, férreamente instaurado como símbolo nacional («Herria lantzen txistua jotzen» / «El pueblo trabajador toca el txistu«) a la electrificación, de las arcadias etéreas de una Euskadi pastoril a las ratas de Vizcaya y demás centros industriales que trajeron el punk. Se habla por supuesto de la irrupción del Rock Radikal Vasco, que arrasó todo en lo que la izquierda aberztale filosofeaba sobre si el rock podía o no ser considerado revolucionario. De las encrucijadas que los nuevos aires traían («Las rutinas del anti franquismo cobraban vigencia día a día y las canciones contra la policía, los maderos, txakurras, txibatos, txotas, cipayos, pitufos y pikoletos triunfaban mientras en la cara B, el antimilitarismo vitoreaba a la lucha armada«) se pasa al ska y al Euskadi tropical.

Entra todo, los que quedaron al margen en aquellos 80, el Donosti Sound, mods y rockers, la escena jazz vasca, el pop, la aparición del metal, el folk, Oskorri, Errobi, la Orquesta Mondragón, los mestizajes propuestos desde Negu Gorriak

No es necesariamente cronológico el hilo argumental que sigue Elena López, y así, no duda en romper toda rigidez que eso hubiera podido imponer, retrocediendo en el tiempo lo que haga falta al empezar un capítulo con respecto al final del anterior si es necesario; o incluso abrir un apartado nuevo dedicado a temas específicos: bandas de mujeres, la escena en Iparralde (el País Vasco francés), la visión desde el mundo académico (sociología, antropología, museos…), la industria en sí, con cachés, promotores e instituciones.

En resumen, completísimo ejercicio periodístico con una exposición más que agradable. Libro de consulta, libro para la reflexión.

 

HERTZAINAK. LA COhertzNFESIÓN RADICAL
Pedro Espinosa & Elena López
Ediciones Aianai, 1993

También es Elena López Aguirre responsable, a medias esta vez, de la biografía, a estas alturas ya antológica, de Hertzainak. Se trata de su primer libro y según tuve la suerte en su momento de constatar de primera mano, lo considera por tanto como «el más natural y el más querido«. Escribe en esta ocasión, o quizás fuera mejor decir, transcribe, en compañía de Pedro Espinosa, su compañero en proyectos vitales, Potato entre ellos. Y digo transcribe porque la historia está montada a través de las voces de sus protagonistas, allegados y testigos de las numerosas etapas por las que pasó la banda vitoriana. Únicamente falta Xabier Montoia -Gamma-, el cantante de la formación original y cuya salida del grupo supuso todo un pequeño seismo, que residía en Estados Unidos en el momento en que se escribió el libro.

Hertzainak nació en un caldo de cultivo de txistularis y bertsolaris, células políticas contestatarias y unas ganas enormes de romper con un montón de cosas y hacerlo cantando en euskera. Alrededor suyo muchos nombres, grupos y colectivos: Karra Elejalde, La Banda Municipal de Ska, el AEK (Coordinadora de Alfabetización y Euskaldunización). Fueron pioneros a la hora de iniciar y desarrollar muchas vertientes que luego seguirían otros (Cicatriz y Potato por poner dos ejemplos de bandas de su misma ciudad que participan en el relato) pero empeñados en que no se les pudiera encasillar en etiqueta alguna se dedicaron a ir quemando etapas diferentes a toda prisa, hasta terminar convirtiéndose en uno de los nombres más grandes del rock vasco, con giro incluido a una orquestalidad e intimismo -el de la confesión «Aitormena» (Oihuka, 1989)– que les acercó a un público mucho más amplio que el que conformaba sus audiencias originales. No todo lo amplio que ellos hubieran querido, ya que, como les ocurriera a Zarama, su apuesta idiomática a ultranza les cerraría el mercado en el resto de la Península.

El libro está plagado de interesantísimas anécdotas contadas de primera mano, de actuaciones interrumpidas por la irrupción de tanquetas de la policía y botes de humo, de viajes a Cuba…  Pero asimismo los autores no olvidan conceder hueco para poder escuchar a aquellos que trabajaron con Hertzainak, los que discutieron con ellos (que no fueron pocos), los que disfrutaron a su lado y los que finalmente despidieron a la banda alavesa. Letras de canciones, discografía, una sucinta cronología y un prólogo de otro imprescindible, Pablo Cabeza, terminan por rematar la presentación de un texto histórico.

 

FLORES EN LA BASURA
Los Días del Rock Radikal
Roberto Moso
Hilargi Ediciones, 2003

Roberto Moso es el cantante de Zarama, la banda que puede acreditar el haber editado el primer disco sencillo de punk cantado en euskera, el «Nahiko» (Discos Suicidas, 1982). Pero además es licenciado en Ciencias de la Información, habiendo ejercido de periodista en radio y prensa escrita desde muy pronto. De hecho fue uno de artífices de Muskaria, aquella primera revista-fanzine que se encargó de documentar los cambios vividos en la escena musical del País Vasco desde finales de los 70. Su doble condición de protagonista y cronista de aquella escena le ha hecho uno de los candidatos ideales para participar y dirigir algunas de las revisiones documentales del Rock Radikal Vasco. Este «Flores en la Basura», de título a caballo entre una de las estrofas del «God save the Queen» de los Sex Pistols y el significado del nombre de la banda, es un ejemplo, delicioso además, de sus capacidades para dejar por escrito la crónica de aquellos días.

Elige Roberto Moso una línea argumental personal, basada principalmente en su experiencia propia, lo que posibilita a mi juicio, casi desde el principio, un acercamiento inmediato entre lector y narrador. Sabremos pues de sus partidos de fútbol de juventud o del engorro que el servicio militar le supone a su incipiente carrera en Zarama. Pero igualmente, directamente implicados en lo que se cuenta en las líneas del libro, aparecerán Iosu Eskorbuto, que tocaría además con ellos en los primeros conciertos del grupo, La Polla Records, Zipper, una banda de rockeros-moteros a la que vencieron Zarama en uno de los primerísimos certámenes-concursos en los que participaron, RIP o Hertzainak, banda en la que terminaría tocando Gari, cantante primero de Zipper, precisamente.

Y es que, quizá escudado en esa cercanía con el receptor labrada con el buen talante deplegado, no tiene empacho en reconocer abierta y entrañablemente los problemas o pequeñas competiciones con estos compañeros de escena. Tiene uno la sensación de que Zarama vivió en una continua necesidad de demostrar al resto su condición de grupo lo suficientemente duro como para ser reconocidos con todo merecimiento en aquel devenir radical que se cocía en los 80 en Euskadi. Cuenta Roberto Moso en el libro cómo tuvieron por ejemplo que dejarse literalmente la piel para convencer o impactar a una audiencia que esperaba en realidad el momento de poder ver a La Polla Records. De todas maneras, no rezuma hiel de afilado ajuste de cuentas tardío todo ello, y no falta ni un solo reconocimiento a los méritos (discos, directos, etc.) de las demás bandas, detalle que sin lugar a dudas se agradece y que creo engrandece la crónica.

El libro se hace extremadamente corto, se lee prácticamente de un tirón y resulta rico en anécdotas referentes a conciertos, festivales, grabaciones, grupos y demás detalles que agradará sin duda al seguidor, no sólo de Zarama sino de esta música. Un auténtico lujo de crónica de aquellos años de alguien que los vivió y además sabe contarlo de forma entretenida y completa.

Vómito, la banda iruñesa que se estrenó en aquel ya mítico vinilo “Skalherria Punk” (Discos Suicidas, 1986), fue de las que experimentó una de las evoluciones más interesantes con el paso de los años de toda aquella escena vasca y radical. De la rabia propia del momento, sus discos pasaron a verse impregnados del oscuro de los tebeos que tanto gustaban a Claus, Víctor -el cantante de la formación-, o a Fermín Muguruza (Kortatu), compañero y paisano suyo. La trayectoria de Vómito se vio golpeada por la muerte de Víctor, que termina desencadenando el parón de toda su actividad.

Tuvieron que pasar años hasta que Claus reuniera de nuevo a la banda alrededor suyo. Acorazados en guitarras quizás más duras que antes, volvieron con “Regreso a la Escena del Crimen” (Potencial Hardcore, 2009)Añade este contenido, antesala de un par de discos más que ponían de manifiesto las ganas de este retorno. En medio de toda la actividad de Vómito, de gira de nuevo, le hemos pedido a Claus que compartiera con nosotros algunas de las experiencias vividas.

¿Dónde se situaba Vómito musicalmente dentro de todo aquel grupo de bandas que explotaron en el Euskadi de los 80?
Empezamos siendo un grupo de punk básico, crudo, de manual como suelo decir a veces, por no tener ni puta idea de tocar y tener la osadía de montar una banda. Había mucha energía, rabia y también ganas de juerga y desmadre. Pero a la vez intentando hacer las cosas bien, componer canciones, tocar cada vez mejor…

¿Tuvisteis alguna relación especial con alguna banda? ¿Kortatu quizá por proximidad geográfica?
Claro, Víctor y Fermín habían ido juntos al colegio, además de amistad siempre sintieron mutua admiración. Tocamos muchas veces con ellos. También con AntirrégimenAñade este contenido, con los que compartimos local de ensayo una buena temporada. Baldín Bada también eran del pueblo y colegas, Katu nos grabó las dos primeras maquetas. Con Basura y Odio también coincidimos mucho, eran de al lado, de Rentería. Recuerdo buenos conciertos y juergas a mediados de los 80 en La Pizzería, todo un antro increíble en Irún.

Sospecho que con el paso del tiempo se tiende a mitificar todo lo que ocurrió entonces. ¿Has tenido que oír alguna exageración o historia sin fundamento de aquellos años? ¿Qué es lo primero que te viene a la memoria de toda aquella etapa cuando echas la vista atrás?
Cualquier tiempo pasado fue mejor… supongo que te refieres a eso. Fue el momento de la explosión, un montón de grupos surgiendo donde antes no los había, las primeras okupaciones, conciertos a saco en polideportivos, fiestas, gaztetxes… teníamos ilusión, furia, creatividad, muchas ganas de expresarnos… era algo nuevo aquí y era nuestro; todos formábamos parte de ello como una piña. Eso es quizá lo que me viene a la cabeza, esa sensación de estar viviendo juntos algo especial, de concierto en concierto, de juerga en juerga y también a veces de pelea en pelea. Exageraciones o historias sin fundamento no, la verdad, no las he oído.

Por la misma época también se vivió el punk de forma especialmente intensa en Barcelona y Cataluña en general. ¿Tuvisteis contacto con los grupos de allí? ¿Podrías indicar alguna diferencia entre la escena allí y la que se desarrollaba en Euskadi?
La verdad es que no. Sí que es cierto que Vómito empezamos a tocar mucho por Cataluña pero en aquella época no tuvimos demasiado contacto con grupos de por ahí, en la mayoría de los conciertos casi todos los grupos éramos vascos. Recuerdo haber compartido escenario en tierras catalanas con Tijuana, La Polla, MCD, Eskorbuto, Hertzainak, Kojón Prieto, Belladona, Platero… Por lo que sé tampoco es que hubiera muchas diferencias en lo que a la escena punk se refiere, ni con catalanes, ni con madrileños, ni con gente de otros lugares, supongo que básicamente compartíamos la misma rebeldía, la misma música, las mismas sustancias con las que colocarnos…

De la música del Madrid de La Movida se criticó la frivolidad, lo insustancial frente a la contundencia y rabia que venía del País Vasco. ¿Es ésa la imagen que teníais?
Tampoco te creas. Joder, La Movida madrileña fue otro saco donde se metía casi todo lo que se cocía en Madrid en aquellos años y no sólo musicalmente hablando. Pero había muchos grupos y muy diferentes, del pop más ñoño al punk. Y músicos de todos lados. ¿Qué tenían que ver entre sí Derribos Arias, Parálisis Permanente, Objetivo Birmania o Radio Futura? Muy poco, sólo estar haciendo música ahí y en aquel momento. Algunos nos gustaban mucho, aunque no hicieran punk, como Radio Futura, otros nos dejaban indiferentes y otros nos parecían horribles… pero como la música en general, venga de donde venga. Sí es cierto que la eclosión musical vasca tuvo mayor contenido ideológico debido al contexto sociopolítico, y los grupos se decantaban por estilos más duros, pero no por ello criticábamos todo lo que se hacía en Madrid.

Vomito¿Qué recuerdas haber apreciado de los grupos que venían de Madrid?
Como ya te he dicho había grupos que nos gustaban además de los que hacían punk… Radio Futura, Derribos Arias, La Frontera… y qué decir de Parálisis Permanente. Creo que al ser estilos más abiertos y variados apreciaba las letras, sus temáticas, con recursos expresivos diferentes.

¿Tuvisteis algún contacto con el punk que se hacía allí en Madrid? En alguna ocasión te has pronunciado en plan crítico con respecto al apoyo institucional o posterior reconocimiento que se concedió a La Movida madrileña, ¿crees que es válida una crítica similar con respecto a la relación entre la izquierda aberztale y muchos de los grupos vascos de entonces?
A lo primero la verdad es que no. Habíamos escuchado a Espasmódicos, La UVI, Larsen, poco más… A Manolo le conocí cuando vinieron a tocar a fiestas de Irún Commando 9mm allá por el 86. A lo que te refieres de La Movida creo que lo dije en el documental sobre los RIP y si mal no recuerdo no es que yo criticara o cuestionara La Movida en sí misma, sino el poco reconocimiento que se le había dado a la eclosión musical aquí en Euskadi, con la importancia que también tuvo, con todos los grupos que surgieron y todos los discos que se grabaron. Pero claro, aquí éramos mucho más incómodos… para los de fuera y para los de dentro, que aquí siempre ha habido mucho meapilas. Tierno Galván apoyó La Movida en Madrid, aquí los del PNV, los de «Jaungoikoa eta lege zaharra» (Dios y leyes viejas) no estaban muy por la labor. El punk nunca les gustó, como debe de ser. Tampoco a algunos del entorno de la izquierda abertzale. Luego se dio la paradoja de que gente que hacía un par de años nos miraba mal por nuestras pintas o fumarnos un porro, acabó en la organización de conciertos para la causa. Y sí, es verdad que HB en un momento dado supo canalizar toda esa energía y esa rabia hacia sus postulados. Pero ellos no eran el sistema, así que tampoco creo que se pueda establecer un paralelismo entre eso y cualquier otra movida bendecida por el poder. Y luego la dichosa etiqueta de «Rock Radical Vasco», donde también se metió de todo. Hubo grupos que se subieron al carro encantados, pero si te pones a pensarlo pocos fuimos los grupos de punk que, salvo esporádicamente, participamos en sus fiestas, mítines, campañas…

Desde vuestra experiencia, ¿qué había de cierto en la presunta politización de la escena musical? ¿Era posible mantenerse al margen de ella si así lo querías?
Está claro que el contexto sociopolítico en Euskadi propició esa politización. Pero yo siempre he dicho que Vómito éramos y somos un grupo musical, no político, con nuestras ideologías individuales. Todos críticos con el poder, con el sistema, eso sí. El punksiempre ha tenido un rabioso componente ideológico pero eso no supone que te tengas que casar con ningún partido político aunque ideológicamente puedas tener cosas en común. Más bien al contrario. «Yo me cago en la política» cantaban los RIP, y muchos lo suscribíamos y lo suscribimos. El problema es que aquí, en el saco del Rock Radical, se ha mezclado de todo y las etiquetas siempre son reduccionistas. Y sí, si no te querías casar no te casabas, mira el caso de Eskorbuto, que desde el principio renegaron abiertamente de la izquierda abertzale.

¿Cuál es a tu juicio el aspecto más negativo de todo lo que vivisteis en los 80? ¿Droga, represión policial, incomprensión, rivalidades entre grupos/escenas?
El SIDA sin ninguna duda. No creo que nunca una generación pagara tan cara su rebeldía. Ha sido terrible todos los que se han quedado en el camino, muchos sin haber llegado a estar nunca enganchados. Y la mayoría lo habían pillado ya a primeros de los 80, antes de que se oyera hablar de la enfermedad. Toda esa energía consumida de esa manera… mucho, mucho dolor.

Revisando la historia de muchas bandas de la época encuentras que es frecuente ver una decepcionante relación con sellos o compañías discográficas. ¿A qué crees tú que fue debido? ¿No era posible una autogestión en lo que a la edición de los discos se refiere?
Las discográficas hacían su negocio, y quizá hubo una época en la que, un tanto ingenuamente, pensábamos que las «independientes» podían ser distintas. Pero no, la pela es la pela. Luego en los negocios, como en todo, se puede ser elegante o ser ruin. Nuestra experiencia con Discos Suicidas siempre he dicho que no fue mala. Nos fueron ofreciendo condiciones de grabación cada vez mejores, movían bien nuestros discos, se curraban la promoción y sobre todo siempre nos trataron con respeto, aunque a veces les costara soltar la pasta. Y claro que harían negocio, pero para eso también habían apostado e invertido un dinero, que nosotros en esos momentos no nos hubiéramos podido permitir, e hicieron su trabajo. En aquella época yo estaba estudiando en Bilbo, tenía bastante contacto con ellos y te puedo asegurar que forrados no estaban. Luego he oído historias y parece que no con todo el mundo fue igual, no sé, yo sólo cuento nuestra experiencia. Hay que tener en cuenta que en aquella época un estudio costaba una pasta, porque montarlo también era una inversión enorme. La grabación de «A Un Paso de la Locura» (Discos Suicidas, 1990), en dos semanas, costó 400.000 pelas, 2400€ de ahora, ¡en 1990! Y en Tsunami, que no era un estudio especialmente caro. Con eso hoy te montas tu propio estudio domestico de puta madre. Luego estaba el tema del vinilo, su fabricación era mucho más costosa que la de los CD, y la distribución. No había Internet, parece que se nos ha olvidado, si tus discos no se movían por las tiendas era difícil que llegaras mucho más allá de tu círculo más cercano. Así que no, no era fácil la autogestión, a no ser que tú también tuvieras mucho dinero y pudieras montar además la infraestructura necesaria… y ese no era el caso de la mayoría de nosotros.

¿Cómo entiendes y has entendido el punk? ¿Música? ¿Forma de lucha, protesta? ¿Qué destacarías de este estilo frente a otras músicas?
Siempre he dicho que para mi el punk es una actitud. Tiene que ver con la rabia, con la energía, con cuestionate las cosas y ser crítico, incluso contigo mismo. Es buscar tu propio camino, el que necesitas, no el que te marcan. Y muy, muy importante, vivir y dejar vivir… Como etiqueta se acuñó a mediados de los 70, como espíritu ha existido siempre y no sólo en el contexto musical. Puedes tocar mejor o peor, hacer más ruido o ser más melódico, más acelerado o más pausado… pero siempre que lo hagas fiel a ti mismo, con ganas de dejarte la piel para expresarte, estará bien le pongan la etiqueta que le pongan. Y por cierto, a mí siempre me la ha sudado bastante eso de ser punk o no ser punk. Los que se creen más punks al final son los más dogmáticios, pontificando más que los curas, con sus santos y sus mártires, diciéndote cual es el camino que tienes que seguir… hostia, si te apartas ya no eres punk, ya no eres Vómito, ¡¡¡excomulgado!!! Joder, en todos lados te encuentras con idiotas y gente de mente estrecha. Yo hago lo que me apetece y me gusta en cada momento… y no obligo a nadie a escuchar mis canciones.

¿Cuál sería tu balance pasados los años de todo aquel enfrentamiento y lucha? ¿Te llevas muchas cicatrices?
Bueno, creo que éramos más gamberros y golfos que guerrilleros. Rockeros y crápulas más que revolucionarios… y eso puede ser más subversivo que nada, más que ponerse galones en la chupa. Y seguir siéndolo todavía, seguir teniendo esa mala baba, podría considerarse toda una victoria en el mundo del «no futuro».

¿Encuentras muchas cosas de las que hicisteis entonces a lo largo de la trayectoria de la banda que cambiarias de tener ocasión de ello?
Creo que no, creo que las cosas han estado bien como han sido. Hemos conseguido llegar hasta aquí de la nada, llamándonos Vómito, el nombre más comercial y atractivo que puede haber para un grupo, jajaja. Quizá a veces tomé decisiones anteponiendo motivos emocionales y sentimentales, que no siempre eran las mejores para el funcionamiento de la banda, pero no me arrepiento. Puede que hubiera sido mejor para el grupo, podía haberme juntado con mejores músicos, no haber tenido temporadas de poca actividad… pero prefiero poderme considerar mejor persona por esas decisiones.

Encuentro en Vómito una capacidad de evolución en su música desde vuestros comienzos que no es la tónica general entre las bandas que empezaron con vosotros. Oscuridad, guitarras poderosas en la última etapa… ¿Cómo lo ves tú, aprecias esta evolución? De hecho reconozco haber tardado en apreciar «A Un Paso de la Locura» como se merece, quizá por encontrar que os alejabais de la denuncia rabiosa de vuestro primer disco. Y, sin embargo, con el paso del tiempo he comprobado que probablemente contenga algunas de las canciones que más me gustan de vuestro repertorio. ¿Qué respuesta encontrasteis en vuestros seguidores cuando cambiabais vuestro sonido?
Vómito siempre hemos sido un grupo en constante evolución, nunca hemos hecho un disco igual al anterior, por mucho que les joda a todos esos que, como ya te he dicho, van tan de punkis y luego resultan los más inmovilistas y reaccionarios. Al principio haces las canciones que te salen, con los pocos recursos que tienes, pero a medida que vas aprendiendo y tienes mayor control, les empiezas a dar forma de otra manera, eres tú el que busca las canciones y empiezan a resultar más personales, intuyes qué música quieres para esa letra o qué letra para esa música. Nuestra primera época fue del 84 al 87, con Joseba a la guitarra y Dani a la batería, fue la época del primer aprendizaje. Joseba y yo nos encargábamos de la música y Víctor y yo de las letras. Con el cambio de formación, en el 88, y la entrada de Bingen y Pato, fui yo el que empezó a encargarse de la composición, terminando de dar forma a los temas en el local entre todos. Además, siempre he sido bastante abierto estilísticamente, y Víctor y el resto también, en absoluto escuchábamos únicamente punk, y creo que eso se nota. Y luego hubo un momento en el que muchos grupos parecía que estábamos hablando de lo mismo, y lo que es peor, de la misma manera, a veces cayendo en el panfleto. Y en ese momento no fue algo consciente, pero nosotros empezamos a desarrollar un estilo diferenciado, empapándonos también de nuestros gustos literarios, cinematográficos… Como tú dices nuestro primer disco podía parecer más rabioso, pero también era más burdo y básico. En «A Un Paso de la Locura» y en los siguientes también sigue habiendo denuncia, seguimos cuestionándonos el estado de muchas cosas, pero lo envolvemos en una poética más personal. Aparte de tratar otros temas que tienen que ver con nuestros sentimientos y experiencias. Prefiero escribir canciones sugerentes antes que explicitas, que estén abiertas a la interpretación y apelen a las emociones… Y la verdad es que aunque al principio pudo haber a quién le costara asimilar esa evolución, al final creo que el tiempo nos ha dado la razón. Ahora la mayoría de la gente se queda con «A Un Paso de la Locura» o «La Circulación en el Laberinto» (Discos Suicidas, 1995).

¿Cómo se hace para superar a nivel personal y para el grupo algo como la pérdida de Víctor? ¿Cómo se recompone una banda después de un mazazo así? ¿En vuestro caso, cuál fue la clave para seguir adelante?
Tiempo, hace falta tiempo, para que el dolor se vaya diluyendo y al final queden los buenos recuerdos y el cariño que sentiste por esa persona. Como grupo, no sé, Víctor no sólo era el cantante de Vómito, era mi mejor amigo, si no hubiera sido así las cosas hubieran sido de otra manera. En el 93, después de grabar «El Ejercicio del Crimen» (Discos Suicidas, 1993) me planteó dejar el grupo, ya que no se podía comprometer a seguir haciendo conciertos ni a venir a ensayar regularmente, no se encontraba con ánimo. Me dijo que nos buscáramos a otro. Tomé una de esas decisiones de las que te he hablado antes, antepuse nuestra amistad al funcionamiento de la banda, y asumí que aunque no pudiéramos hacer más que algún concierto esporádico, Víctor seguiría con nosotros. Además ya teníamos bastante avanzadas las canciones para «La Circulación en el Laberinto». Del verano del 93 hasta su muerte sólo hicimos dos o tres conciertos y en la mayoría de los ensayos yo me hacía cargo de la voz. No me arrepiento en absoluto, creo que la perspectiva de grabar el disco le hizo seguir adelante un poco más. Y recuerdo cuando llegó el disco, muy poco antes de morir, y cómo se le iluminó la cara. Y luego, aunque estuvimos hasta el 98 dando bolos conmigo también a la voz, tampoco me sentía con ánimos para seguir haciendo canciones de Vómito sin él. Hice «Radio Terror» con El Gordo y grabamos el disco «Canciones Sin Piedad», pero lo dejé por discrepancias creativas y personales. Tuvieron que pasar diez años para que me animara a seguir con Vómito. Además de tocar tenía ganas de seguir haciendo cosas nuevas, si no no nos hubiéramos vuelto a juntar. Y ya me sentía cómodo como cantante.

¿Podrías marcar alguna canción, o incluso alguno de vuestros discos, del que te sientas especialmente satisfecho?
Ufff, pregunta jodida. No sé, es difícil contestar. Quizá como disco te diría que «A Un Paso de la Locura», no ya porque me pueda parecer mejor que otros, sino por lo que supuso estilísticamente, por encontrar nuestra propia personalidad como grupo. Y como canción «Radio Terror«, creo que es una canción que tiene todo lo que nos define. Y mucha gente, muchos de ellos músicos, me han dicho que les parece una canción perfecta.

¿Qué es lo más gratificante de una carrera como la tuya dedicada a la música?
Componer, el momento de la creación, cuando coges una idea, le vas dando forma, la desarrollas y al final todo encaja, música, letra, arreglos… y aparece la canción. El otro día lo hablaba precisamente con Guanche, el batería de Lobo Eléctrico, para mí está incluso por encima de tocar en directo, que es lo segundo más gratificante. Ahora, además, con nuestro propio estudio, es aún más acojonante… grabas una línea de bajo, programas una batería, empiezas a probar con las guitarras, grabas una pista, otra, pruebas cosas… luego las voces, los coros… Tienes muchísimas más posibilidades que cuando hacías los arreglos tocando en el local todos juntos. Tocar en directo puede ser más intenso y salvaje, tiene mucho de ritual atávico, cuando fluye la energía entre la banda y el público… pero no deja de ser un momento fugaz. Las canciones quedan.

Es conocida tu inquietud para hacer muchas cosas, para dedicarte a facetas diferentes con cierta facilidad. Háblanos de tus proyectos pasados fuera de Vómito y fuera de la música.
Estoy licenciado en Bellas Artes con dos especialidades, audiovisuales y pintura. Desde que tengo uso de razón me he dedicado a dibujar y pintar y he sido un apasionado del cine. Seguramente seré de los últimos que descubrieron la imagen en movimiento en una sala oscura antes que en la televisión, porque el diabólico aparato no entró en mi casa hasta bien entrados los 70. Se lo debo a mi abuelo, que era amigo del taquillero del antiguo cine Uranzu de Irún. Así que al final he terminado dirigiendo tres cortos en cine, además también escritos y producidos por mí, «Dientes de Leche» (2004), «Algo Para Descongelar» (2005) y «Alimañas» (2007). Los tres se estrenaron en el Festival de Cine de San Sebastián y han sido seleccionados en muchos festivales tanto nacionales como internacionales. «Alimañas» en algunos tan importantes como el de Palm Springs, en Los Ángeles, o el Festival Internacional de Cine Iberoamericano de Nueva York. Creo que se pueden ver como una prolongación cinematográfica de muchas de las paranoias que vuelco también en las canciones de Vómito. Son bastante crudos, duros y secos, pero no exentos de cierto humor macabro y a la vez poéticos. Y atención a la canción «Dientes de leche» de los créditos finales del corto, que compuse con Mikel Irazoki (M-ak). También me propusieron después de «Dientes de Leche» que escribiera una obra de teatro, «Bichitos (La Vida en el Tiesto)». Fue flipante, porque era una producción importante y bastante ambiciosa, sobre todo para ser una comedia musical infantil. Incluí muchas alegorías sociales y políticas y Fermín Muguruza se encargó de las canciones, que terminó publicando en CD. Para colmo me nominaron a los premios MAX. Fue una experiencia acojonante, pudiendo seguir el montaje de la obra desde la primera lectura con los actores, hasta los ensayos finales con los decorados, vestuarios, coreografías… Y luego nunca he dejado de dibujar y pintar. Cuando volví a juntar a Vómito en el 2009, tenía muy avanzada una serie de cuadros y dibujos… la retomaré cuando la música no me tenga tan absorbido.

¿Notas haber dejado de hacer algo que hubieras proyectado?
Bueno, tengo escrito otro corto «Little Hero», incluso ya lo hablé con los actores y parte del equipo técnico. Ahora mismo, con el resto de cosas que me traigo entre manos es complicado que me pueda embarcar en algo así. Lo escribí pensando en mi hijo pequeño Daniel como protagonista, y la pena es que si no lo hago ahora, más adelante estará ya demasiado crecido para poder hacerlo. También tengo escritos dos guiones para largometrajes, «La Alegría del Abuelo» y «Muere Joven». El primero es una comedia sentimental, fue finalista en el certamen Julio Alejandro y lo presenté en el Festival de Cine de Valladolid. «Muere Joven» es el retrato de un grupo de punk-rock ficticio, desde sus comienzos a principios de los 80, hasta la muerte de su cantante a mediados de los 90… y también el reflejo de una juventud, de una época. Pero esto ya son palabras mayores, estamos hablando de largometrajes y de mucho dinero. Para sacar adelante proyectos así tienes que dedicarle mucha energía a las relaciones públicas, buscar subvenciones, productores, financiación… me da muchísima pereza.

¿Qué es lo que te traes entre manos ahora mismo? ¿Hay Vómito para rato? ¿Proyectas alguna otra cosa además de Vómito?
Pues la verdad es que estoy embarcado a tope en un nuevo proyecto, INOX. Están conmigo Iban Martínez, el actual batería de Vómito, aquí a la guitarra rítmica, y Josu Alecha, a la solista. Los dos han tocado en Bisai, ahora en Thanks To Losers. También ha colaborado al saxo en varias canciones Plum Latirili, de Tóxicas y Rockaína. Para la batería hay algún que otro candidato pero sin prisas, de momento a la hora de componer se está encargando Iban. Nuestra intención es terminar nuestro primer disco de aquí a final de año, para que salga la primavera del 2013, pero ya empezar a dar algunos conciertos este otoño. Se pueden descargar varias demos de canciones en el perfil de Facebook. Estilísticamente es mucho más abierto que Vómito, no quiero encorsetarme en nada, pero siempre enérgico y visceral. Nuestra primera canción en soporte físico es «Hiéreme», en El Notes, la revista con CD que acaba de editar la Coordi de Montcada en Barna, donde también participo con una ilustración. Como Vómito seguimos en la carretera… ¿hasta cuando? Supongo que mientras haya un puñado de gente que quiera que le maltratemos los oídos.

Bajo el nombre de una de las recopilaciones míticas del punk ibérico de los 80, hemos decidido abrir una sección en el blog en la que dar cabida precisamente a este tipo de música. Para ello, pretendemos ir citando a los protagonistas de aquellos días para que en nuestro suplemento compartan con todos nosotros su visión retrospectiva, sus valoraciones y recuerdos. La idea es convocar, en la medida de lo posible, a representantes de las diferentes escenas tanto geográficas como estilísticas que se desarrollaron entonces. Si bien en algunos casos ya estuvieron en contacto con nosotros para asesorarnos y garantizar así la rigurosidad de las reseñas de las bandas que ya están en nuestro archivo, ahora buscamos el lado estrictamente personal de quienes participaron de forma activa y directa en aquella explosión que sacudió todo el país tras el arranque del punk al final de los 70 en el Reino Unido.

Comenzamos esta galería de entrevistas con una visita muy especial, la de Miguel Alférez, batería de una de las bandas más emblemáticas de aquella época: Decibelios. El grupo de Barcelona hizo de auténtica punta de lanza en géneros como el oi!, ska y punk-hardcore en general. Desde su debut con el sencillo “Paletas Putrefactos” (DRO, 1982) hasta su disco LP “Con el Tiempo y Una Caña” (1989, Twins), dejaron buena muestra de su rabia en discos que constituyen auténticos clásicos del género. Situados en el ojo del huracán por lo extremo de su propuesto no pudieron sustraerse de polémicas sobre su posible orientación política y cambios de estilo. De todo ello nos habla Miguel en la entrevista que os presentamos a continuación.

¿Piensas que Decibelios fue una banda pionera en la música oi! y de una forma de entender el ska de este país?
Bueno, no se si decir pionera, pero sí que fuimos los que de alguna manera dimos a conocer tanto la música oi! como el ska. En el 82 no había muchas bandas haciendo ska; recuerdo que en alguno de nuestros primeros conciertos por Madrid, cuando tocábamos el tema “Oi! Oi! Oi!”, mucha gente no sabía de que iba y nos preguntaban qué era eso del oi!

¿Qué recuerdas del ambiente, de la escena musical de Barcelona cuando empezasteis?
Lo que recuerdo es que había muchas bandas con muchas ganas de hacer cosas, pero muy pocos medios, apenas salas donde tocar y nadie te hacía mucho caso, veáse radios, revistas especializadas, prensa y no hablemos de las televisiones. Se tuvo que empezar de cero, a base de mucha voluntad y mucho esfuerzo por parte de mucha gente. Ahí empezaron a salir las radios libres, los fanzines, locales pequeños que programaban actuaciones, pero sin cobrar. Normalmente el caché de los grupos era barra libre y nada más, tenías que poner la furgoneta, desplazarte y después del concierto, recogerlo todo, cargar y para el local a descargar. Era la tónica habitual.

¿Fue con DRO que entablasteis contacto con la escena o los grupos de Madrid? ¿Qué impresión os causó lo que se hacía en Madrid cuando ibais de visita? ¿Con qué grupos de punk de la capital tocasteis o tuvisteis relación? ¿Había diferencias con Barcelona?
Nosotros hicimos algún bolo por Madrid y veíamos que los grupos estaban mejor organizados. Era frecuente que hubiera conciertos en cualquier Instituto o colegio con grupos como Alaska, Gabinete, Loquillo, Parálisis Permanente y aquí no era posible organizar este tipo de actos por falta de apoyo. Allí conocimos a un montón de bandas ya que cuando había concierto en el Rockola se podía ver la flor y nata de La Movida Madrileña, era como otro mundo. Recuerdo estar en un bar al lado de Rockola y coincidir con Antonio Flores, Eduardo Benavente o los Siniestro Total que también andaban mucho por Madrid. Si querías conseguir algo, tenia que ser vía Madrid. Por lo tanto las diferencias eran notorias.

Cuéntanos igualmente de vuestra relación e impresiones por lo que se hacía en el País Vasco por entonces. ¿Qué bandas os sorprendieron o gustaban más de lo que había por allí? ¿Notaste la politización del punk vasco de la que se ha hablado tanto?
Nosotros realizamos bastantes conciertos por el País Vasco y también nos sorprendió su propia autogestión. Casi cada fin de semana había algún concierto que solían organizar el algún frontón o en alguna sala. Lo de la politización no era muy notable en aquella época, creo que también los grupos se buscaban la vida como podían, allí coincidimos con gente como Eskorbuto, La Polla Records, RIP, MCD, Vulpess o Kortatu y teníamos muy buena relación con todos ellos. Pienso que comos todos los grupos de cualquier punto de España, perseguían lo mismo, tocar en directo y poder editar tus canciones en algún sello independiente que en aquella época tenía más valor que fichar por cualquier multinacional.

¿En qué momento notáis que Decibelios se está convirtiendo en una banda importante?
No sé si Decibelios llegó a convertirse en una banda importante, al menos en aquella época, porque desde dentro del grupo, vivíamos el día a día normal, seguíamos con nuestros trabajos y ensayábamos cada día. Sí que es cierto que a partir de la edición del segundo disco “Oi!” (DRO, 1985) y posteriormente el “Vacaciones en el Prat” (DRO, 1986) cogimos más nombre, teníamos más conciertos, aparecíamos más en televisión, pero el grupo seguía siendo el mismo que cuando empezó, cuatro tíos unidos por la música y por una gran amistad. Con el paso de los años quizás Decibelios ha llegado a formar parte de la historia musical de este país y muchos grupos jóvenes tienen a Decibelios como una referencia y eso es un orgullo para nosotros.

Me imagino que resulta inevitable mencionar a Decibelios y no pensar en toda la polémica en la que se vio envuelta la banda respecto a sus posibles tendencias políticas ¿Piensas que se os maltrató injustificadamente en su momento?
Quizás sí, pero sobre todo fue debido a la desinformación y manipulación que hubo por parte de mucha gente. Tampoco nos preocupaba mucho por aquel entonces, pues teníamos muy claro lo que éramos y cuales eran nuestros objetivos, pero no siempre lo controlas todo y hubo muchas cosas que se nos fueron de las manos. Con los años se ha llegado a decir muchas cosas, pero en su gran mayoría son falsas, pues nadie ha sacado información directa del grupo, sino que hablan de lo que han oído, o de lo que les han contado, vamos como el cuento de la portera.

¿Qué es lo primero que te viene a la memoria cuando echas la vista atrás pensando en toda aquella época? ¿Nostalgia, algún tipo de ganas de cambiar algo de lo que hicierais?
Cuando miro atrás lo que veo son diez años compartidos con otras tres personas que fueron una parte importante de mi vida. No siento nostalgia, porque el tiempo pasa y en esta vida vas cubriendo etapas y Decibelios fue una etapa en mi vida. En cuanto a lo de cambiar algo, pues no sé, quizás, beberme más cervezas de las que me bebí.

¿El peor momento del que te acuerdes durante la trayectoria de la banda?
Quizás el palo del “Vacaciones en el Prat». Fue un disco que hicimos con mucho esfuerzo y mucha ilusión; tener que destruir cinco mil copias fue bastante duro. Pero como se suele decir, nos caemos para aprender a levantarnos.

¿Resultó tan decepcionante todo lo que ocurrió en el concierto en el que grabasteis «Vivo’s 88»?
Con el tiempo sí, en su momento no, porque no fuimos conscientes de lo que pasó en la sala. Lo he dicho ya un millón de veces, desde el escenario no ves si unos tíos están con el brazo en alto o el portero se está tirando a la guardarropa. Como el “Vacaciones” el “Vivo’s” (DRO, 1988) fue un disco que hicimos con mucha ilusión, hacia tiempo que no tocábamos en Barcelona y nos apetecía hacer un buen concierto delante de nuestra gente y grabarlo en directo. Fue una gran inversión por parte de DRO a los que también les apetecía mucho y mucho trabajo por la nuestra. De hecho, creo que el disco quedó muy bien, pero ciertos medios de comunicación magnificaron en demasía lo que ocurrió y eso no ayudó mucho.

¿Fuisteis conscientes en algún momento de toda la repercusión que llegaríais luego a tener?
La verdad es que no, porque cuando empiezas una historia como es montar una banda de rock, siempre tienes ilusión en que funcione, pero todos éramos conscientes de lo difícil que era en aquella época y más con el estilo putrefacto, punk, oi!, ska que nosotros hacíamos, así que nunca imaginas que treinta años después, tengas tantos seguidores como tiene Decibelios. Como he dicho, es un orgullo.

¿Cómo fue la relación de la banda con sus seguidores? Tengo entendido que había quienes os pedían una respuesta más enérgica contra el sector más politizado del público o quienes no aceptaban de buen grado cambios de estilo con respecto a vuestros primeros trabajos. ¿Cómo se conjuga el hacer lo que realmente os apetece y soportar la presión de vuestros seguidores?
Siempre tuvimos seguidores fieles y los que estaban cerca de nosotros nos conocían muy bien. En cuanto a las presiones, para nosotros no existían, sólo los medios de comunicación presionaban sobre el tema tras el concierto del “Vivo’s”, pero como siempre Decibelios seguía el camino que creía más conveniente al margen de los rumores.

¿Queda algo por decir que no hubierais dicho entonces? En vuestra música, en las respuestas a las críticas…
Jamás nos cortamos un pelo al momento de poner las cosas claras, de hecho creo que éramos el único grupo que decía las cosas tal como eran sin ningún tapujo. ¿Algo pendiente? No creo que nos quedara nada, hicimos y dijimos lo que había que decir, pero te vuelvo a repetir: la manipulación periodística es una lacra. Me recuerda mucho al periodismo deportivo, lo mismo te encumbran como te hunden en la miseria, se llama el poder de la pluma.

Siento curiosidad por saber cómo empezáis a trabajar con Rosendo y cómo resultó la experiencia.
Nuestra relación con Rosendo fue increíble, él vino a Barcelona para escuchar los temas que íbamos a grabar y enseguida surgió una buena amistad, estuvimos casi un mes en Madrid grabando y Rosendo parecía nuestra niñera, se preocupaba de que todo estuviera a punto, nos venia a buscar al hotel con su coche, nos traía cerveza al estudio de grabación, como te digo increíble, aparte de que es un profesional como la copa de un pino.

Tengo especial predilección por alguno de los temas de vuestro repertorio: «Matar o morir», «Ningún nombre de mujer»… ¿hay alguna canción de la que te sientas especialmente contento? ¿Algún disco en especial?
Los discos, suelen decir los músicos que son como hijos y que es muy difícil decantarte por uno u otro. A mi me pasa algo parecido, me gustan todos los discos, pues todos ellos fueron compuestos con la misma pasión y entrega, aunque si tuviera que elegir uno, quizás me quedaría con el “Oi!”. Creo que es el disco que mejor define la rabia de Decibelios, en cuanto a composiciones, letras, diseño, etc.

¿Qué ha sido lo más gratificante a nivel personal de tu pertenencia a una banda como Decibelios?
Sin duda la gran amistad que se forjó entre los cuatro. Diez años son muchos, sobre todo si los vives intensamente como los vivimos nosotros. Creo que conocer a Fray y Manel, aparte de que Manolo es mi hermano, fue lo más gratificante que te queda con los años.

¿Cuáles son a tu juicio las razones para haberos convertido en una banda de referencia del género?
Pueden haber varias, pero creo que la mas importante fue que la gente vio en nosotros a una banda diferente, auténtica y que hablaba de problemas reales, problemas que de hecho siguen vigentes, esa forma directa de denunciar las injusticias, unido a la música y los shows que montábamos en directo nos hizo un grupo diferente.

¿Sientes después de todo el tiempo que ha pasado el reconocimiento al grupo?
Han pasado más de veinte años desde la disolución de Decibelios y mucha gente sigue escribiéndonos y escuchando nuestra música, otros grupos que empiezan hacen versiones nuestras… No necesitamos ningún reconocimiento para satisfacer ningún ego personal, el reconocimiento está ahí y es un orgullo ver que la gente no te olvida.

En breve celebráis aniversario del nacimiento de la banda, ¿qué estáis planeando para la ocasión? ¿Qué habéis hecho en aniversarios anteriores?
Bueno cuando estábamos en activo montábamos auténticas bacanales, con fiesta, cerveza y algún directo. Ahora se cumple el 32 aniversario del grupo y en principio hemos quedado los cuatro para reencontrarnos y repasar todos estos años que no nos hemos visto, al menos no como nos veíamos antes y celebrarlo a nivel privado. Lo que venga después ya se verá.

Me imagino que uno no se embarca en una banda como Decibelios simplemente por cuestiones musicales. ¿Sentíais ganas de cambiar o criticar aquello que no os gustaba de entonces? ¿Cuál es el balance de ese posible enfrentamiento con lo que criticabais? ¿Te llevas alguna cicatriz de todo aquello?
Todas las batallas dejan cicatrices. Cuando nació Decibelios, teníamos muy claro que iba a ser diferente; no sé, es una cosa que sientes enseguida. Indudablemente queríamos cambiar cosas, denunciar injusticias, apoyar causas perdidas, pero el sistema es indestructible y por más que luches es difícil lograr algo positivo. Pero nos queda la satisfacción de que al menos durante diez años fuimos un grano en el culo del sistema.