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El Madrid Popfest, una cita ya habitual en la capital, llega a su fin tras cinco ediciones. Lo que surgió como el sueño de unos amantes de la música, echa el telón, pero ni mucho menos por los malos resultados cosechados o por falta de ilusión, sino como fin de ciclo en la cumbre, un poco al estilo de Sarah Records y la mitomanía y malditismo que tanto atrae a todo apasionado por la música indie pop que se precie.

Entre sus filas, muchas caras conocidas, Óscar, de Discos de Kirlian, Ignacio, de Discos Garibaldi, Marco, de Alborotador Gomasio, Dani, de Aplasta Tus Gafas de Pasta y Puzzles y Dragones, Cris, de Sundae, Jorge y Eva, habituales asistentes de conciertos cámara en ristre… otros miembros cuyas caras también nos suenan a fuerza de verlos edición tras edición, y siempre en el puesto de merchandising los miembros oficiosos María y Hoffa de Calabaza Discos y Celica XX. Y es que el Madrid Popfest no dejaba de ser eso: un punto de reunión de amigos, una cita anual que homenajeaba al indie pop, el DIY y el amateurismo.

Un encuentro que nos ha dejado multitud de buenos detalles, de confraternización, en estos cinco años, y cuya última edición pensamos disfrutar a lo grande, tanto desde nuestro puesto de venta como a pie de escenario. Encima, para colmo, este año pincha nuestro compañero de LaFonoteca BCN… Desde aquí, un agradecimiento a estos abnegados melómanos, a los cuales entrevistamos.

Madrid Popfest
Organización inicial del Madrid Popfest

Entonces se acaba el Popfest en Madrid, ¿por qué?
Sentimos que hemos acabado un ciclo tras estos cinco años. Iniciamos esto con el objetivo de tener un festival en Madrid con esos grupos que era prácticamente imposible ver porque no entraban en los grandes festivales o nadie se arriesgaba a traerlos, que incluyera grupos de aquí que nos emocionan. Y eso llevarlo adelante sin patrocinadores, en una sala con buen sonido, dimensiones medianas, sin ánimo de lucro y partiendo de cero. Tras estos cinco años pensamos que hemos conseguido el festival que soñamos en aquel principio, y sencillamente preferimos dejarlo aquí y en este momento, en el que por parte de la organización aportamos lo mejor de cada uno. Quizá es mejor parar, con la ilusión y las ganas en todo lo alto.

¿Cuál es el balance de estos cinco años?
Cuando empezamos años atrás a través de ideas sueltas en el foro People Like Us, que aportábamos gente que no nos conocíamos de nada, difícilmente pensamos que el Popfest tendría cinco ediciones. Nos ha hecho mucha ilusión ver cómo el festival se convertía en el punto de encuentro musical anual de amigos que no se ven a lo largo del año, las ganas de muchos grupos que nos han enviado sus propuestas queriendo participar, cómo grupos dicen «SÍ, queremos estar ahí», sin importarles el que no podamos llegar al caché al que están acostumbrados con otro tipo de promotores o festivales… Y todo esto aprendiendo mientras íbamos andando el camino, porque desde fuera tienes una idea de cómo puede hacerse, pero hasta que no estás dentro no te das con la realidad. Y claro, también ha habido de eso, ver cómo no se termina de entender el que no tengamos patrocinadores, el que no podamos tener cachés normales, el que no haya acreditaciones, el nombre Popfest… Increíble la sensación de comprobar que si se quiere, se puede, no hacer un festival sino mantenerlo. Y habernos podido dar a conocer y que gente de la ciudad, de otra ciudades, otros países e incluso continentes hayan querido estar. Y haber podido traer grupos que actuaban por primera vez en España, grupos nacionales que nos emocionan, reuniones tras muchos años sin tocar…. Un sueño.

Sabemos que en la organización ha ido entrando y saliendo gente, y que sois un grupo nutrido… ¿Pero qué momentos destacaríais?
Desde el principio hemos sido un grupo numeroso y cada festival implica muchos meses de curro de organización y tareas e infinidad de emails por detrás. Algunas veces miembros de la organización lo han dejado por no poder dedicarle el tiempo suficiente, o porque sencillamente han decidido que era mejor parar por un motivo u otro, quizá algo que todos y todas los que estamos hemos pensado en algún momento. No destacaríamos ningún momento especialmente, quizá los primeros años en que en la organización estábamos cerca de quince personas decidiendo todo a través de debate y votaciones y miles de emails. Actualmente estamos diez. Todas las personas que han estado han aportado un punto de vista diferente y necesario.

¿Habéis tenido algún sinsabor?
Quizá cuando te encuentras a alguien que juzga el festival sin conocerlo y sin conocernos, pero hace ilusión cuando al indagar un poco más o participar en él, la opinión de ese alguien cambia completamente y así nos lo han hecho llegar. También nos da pena no haber podido tener en el cartel a grupos que nos gustan y que nos han mostrado su interés en participar en alguna o varias ediciones, debido al hecho de querer tener todas las propuestas representadas o al número limitado de huecos en cada edición.

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Fanzines Madrid Popfest

¿Cómo encajaríais que otra gente tomara el relevo de la «marca» Popfest en Madrid?
El Popfest no nos pertenece a las personas que estamos ahora en la organización, por supuesto. En nuestros comienzos decidimos hacer aquí lo que ya se estaba haciendo en otros lugares del mundo siguiendo sus principios de total independencia y DIY; y tras estos cinco años los que estamos hemos decidido no hacer más Madrid Popfests en el futuro y dejarlo aquí. Cualquiera que se sienta con ganas e ilusión puede retomarlo con su idea de Madrid Popfest, pero nos gustaría que se respetaran las ideas fundamentales de autonomía, independencia, altruismo y falta de ánimo de lucro que caracterizan a los Popfests. Por supuesto que sería el Madrid Popfest, pero no el conocido hasta ahora. Ni mejor ni peor, sino un Madrid Popfest nuevo y diferente y de acuerdo a las preferencias de las personas que estuvieran detrás.

¿Qué os parece el surgimiento de otros Popfest en Zaragoza y Santiago (de Chile) inspirados en vosotros?
Hace mucha ilusión, porque surgen en base a vivir el nuestro de cerca y de sentir la cercanía entre organizadores, público, grupos, y han decidido querer reproducirlo en otros lugares ya no sólo siguiendo el modelo general Popfest, que también, sino teniendo el nuestro como referente. Realmente muy ilusionante y desearles a todos lo mejor para el futuro.

¿Cómo veis la oferta de conciertos en Madrid? ¿No pensáis que llenabais un hueco necesario?
Es muy destacable y positivo que prácticamente cada día o fin de semana haya múltiples propuestas, que grupos que emergen toquen una y otra vez, y que haya colectivos varios como vosotros, Madrid Radical, Autoplacer, La Resistencia DC, etc que lo hagan posible a pesar de los cada ver mayores impedimentos y dificultades como escasez de salas, IVA cultural, restricción de horarios… Nosotros hemos intentado ser uno más, intentando aglutinar a los grupos que nos emocionan de aquí o de fuera durante tres días; quizá no hay otra propuesta de festival en Madrid con grupos nacionales e internacionales de pequeño formato como el nuestro, eso es verdad. Queda también hueco para propuestas de conciertos internacionales pequeños, hueco que antes llenaba Pacific Street.

A lo largo de estos años el abanico estilístico del Popfest ha ido dando cabida a otras propuestas que, por sonido, inicialmente no cuadraban, sobre todo en el apartado nacional. ¿A qué ha sido debido?
Creemos que es coincidencia, los grupos se eligen tras votación entre quienes estamos en la organización, y quizá grupos que han estado en los últimos años nos hubiera gustado que estuvieran en ediciones previas pero no fue posible. O también ocurre que no tenemos huecos suficientes para todos los que nos gustan y no pueden estar en una edición pero se intenta en la siguiente. O que se dan situaciones especiales que hacen que un grupo que consideramos imposible pueda estar en una edición determinada en el festival. En cada edición hemos intentado que todos los estilos estuvieran representados, esperamos haberlo conseguido.

¿Algún sueño irrealizable en esta andadura?
Respecto a la idea conjunta de festival, lo que hemos conseguido ha sido un sueño que hemos visto convertirse en realidad. No hemos conseguido tener algún grupo que por motivos de fechas en ocasiones o por no poder alcanzar sus condiciones ha sido imposible, muchas veces eran quimeras pero no hemos querido dejar de intentarlo. En los casos en que veíamos que había puerta abierta para años siguientes lo hemos vuelto a intentar. Seguramente ese grupo, nacional o internacional que alguna vez habéis pensado, «jo, ya podían traer a este grupo al Popfest», sea uno de ellos.

Por último, ¿qué os movía a hacer esto y cómo afrontáis esta última edición?
Nos movían y nos mueven las ganas e ilusión desde el minuto uno. Esta edición es muy especial porque es la última y los sentimientos estarán a flor de piel, porque tendremos grupos en el cartel que nos emocionan, incluyendo grupos con enormes ganas de tocar aquí venidos de otros continentes, por todas las amigas y todos los amigos que estarán esta última vez… Desde aquí y hasta que quitemos la banderola del Popfest del escenario de Clamores tras la pinchada del sábado, seguiremos esforzándonos con la misma ilusión para que todo salga lo mejor posible, como intentamos hacer en cada edición y que la gente que compra su abono sea lo más feliz posible de nuevo en estos tres días de música. Queremos aprovechar esta entrevista para dar las gracias una vez más al público del festival por estar ahí apoyando año tras año y en las fiestas preliminares, a los colectivos que nos hacéis un hueco en vuestras plataformas o habéis compartido algo del Madrid Popfest en algún momento, a los grupos y DJ’s participantes de las fiestas de presentación y de estas cinco ediciones, a los grupos que han aportado lo mejor de ellos mismos para que cada año tuviéramos la mejor sintonía, y a todas y todos los que en algún momento habéis sentido el festival como vuestro también: GRACIAS.

Madrid Popfest

Hace ahora casi una década de la edición de aquel recopilatorio «Electro Spain» (Subterfuge, 2004) que englobaba a veintiuna bandas de lo que vino a llamarse electro-pop o electroclash. Intento o no de institucionalizar una escena o un tipo de sonido, el disco ha sobrevivido al paso del tiempo como escaparate válido de todo aquello. Subterfuge se ofreció como catalizador del proyecto pero hubo más sellos que personaron a diferentes bandas a la cita: Austrohúngaro, Elefant, Click New Wave, Mad Düdo…

Oído después de tanto tiempo el CD conserva bastantes momentos interesantes. Es posible escuchar por ejemplo cómo la electrónica puede ser recubrimiento ideal de intimismo y dulzura (La Monja Enana) o campo de experimentación utilizando los instrumentos más insospechados (Superputa). Hay aciertos a la hora de integrar influencias de Aviador Dro (Ciëlo, Lo-Fi, Margaret Astro) o de la elegancia de Carlos Berlanga (Gore Gore BoysAñade este contenido, Lemonfly). Eso sí, también queda de manifiesto el riesgo de no encontrar la voz adecuada con la que combinar teclados y pregrabados o de que la vena «petarda» de McNamara no funcione en cualquier situación.

A pesar de la abundancia de aparente «desparpajo» exhibido en muchas de las canciones algo no termina de resultar en tanto canto al apetito sexual; algo hace que las ofertas de felaciones, estados de ansiedad continuo y desfallecimientos por no «mojar» en la escena indie (gays y tetonas como los mayores enemigos a batir) suenen poco creíbles. Todo demasiado pop, quizá.

El caso de Baby Horror merece un comentario. Provenientes de vertientes mucho más duras, el grupo vive precisamente en Subterfuge su versión más tecno; el punk pop de esta época, que lo acercaría por ejemplo al universo Fangoria no desentona con lo propuesto en el recopilatorio. Eso sí, para participar en el mismo deciden versionar la canción de Larsen «Lucha contra el tekno» de la manera más electrónica posible. ¿Caballo de Troya en el disco, rebeldía ante tanto teclado o esfuerzos por domesticar la fiereza del punk?

De todos los participantes del «Electro Spain», L-Kan y Chico y Chica fueron de los de mayor recorrido. El pasado viernes día 15 de noviembre se vivió una jornada con algo de aire nostálgico de aquella escena en el concierto que dieron los dos grupos en la sala Ocho y Medio de Madrid.

Los primeros, que abrieron el cartel de la noche, tuvieron bastante de responsables precisamente de dicho recopilatorio. Al menos, tal y como reza la información interior del CD, en la producción ejecutiva y dirección artística. En el Ocho y Medio juegan en casa y en ese escenario han hecho de anfitriones de multitud de grupos que visitan la capital. Las dos ocasiones más recientes quedaron emparejados por ejemplo con Aerolíneas Federales y Stereo Total (de los que se declararon fan en la letra de una de sus canciones).

Para la cita del viernes apostaron por sus mejores bazas. Belén, B Kan, su cantante, no entiende una actuación sin vaciarse físicamente, incluso aunque tuviera recomendación expresa de su neumóloga para que vigilara cualquier exceso que agravara el asma que venía sufriendo la semana previa. De nada sirvió la mirada vigilante de Luis, L Kan, ya que esprintó en vacío, deambuló por todo el escenario, fracasaba en su intento de mantener puestos los disfraces que puntualmente le iba pasando su compañero al microfóno Olav, O Kan, para cada canción… Pero todo ello va en la esencia del grupo, de su electro-tonti-pop, de su humor mongolo, y Belén, abanderada de todo ello, tan pronto se lanza sobre el público para que la lleven en volandas como rompe los tímpanos de Maru, M Kan, el bajista y teclista que llevaba los auriculares puestos para controlar monitores.

En el «lo tomas o lo dejas» que han propuesto desde siempre, aquellos que se convencieron con sus canciones, letras y actitud, lo siguen estando irreversible e incondicionalmente. Quien no lo esté tendrá que reconocer de todas maneras los grandes momentos de actuaciones como las del otro día. Tocan naturales, asumen los posibles deslices en escena de forma simpática como parte del show sin grandes dramatismos. Olav, por ejemplo, mucho más racional en la dosificación de sus esfuerzos, se ganaba ingeniosamente al respetable felicitándole por su manera de cantar acompañando al grupo, dudando de si las punzadas que sentía eran pálpitos en el corazón por su comunión con ellos, dolor en el bazo o simplemente que tenía gases.

Garantizaron el recorrido por lo más destacado de su repertorio, que pueden presumir de poder acompañar casi con un vídeo por canción. Incluyeron, claro, «Aburrida de estar tan salida«, el tema con el que participaron en el «Electro Spain», y presentaron su nueva canción «Me gustas más sin el wifi«, para la que tienen ya también videoclip. Gustaron mucho, especialmente cuando imprimieron los tiempos más acelerados, tanto que cuando le tocó el turno a «Todo lo que no«, una pequeña gema a lo Belle & Sebastian, me pareció notar al presentarla incluso cierto deje de disculpa por ralentizar puntualmente el ritmo.

El plato fuerte de la velada se lo habían reservado para Chico y Chica. El universo de sus canciones es el de la grandilocuencia en la toma de decisiones tan fundamentales como la de adquirir un estilo propio, o la de la creación de lazos personales. Con la presencia de Alicia en escena, en la que se desenvuelve desde antes de ninguna aventura musical (como Olav y Belén de L-Kan) hierática, tajante, diva, o parafraseando un momento de su actuación: en actitud fenicia. Tiene algo de diálogo teatral el que mantienen uno y otro, de cabaret, de declamación. Fingió ella estar haciendo una entrevista a un grupo que representaba José Luis, hablaba de «su editorial», en definitiva, actuaban.

Sólido arrope el de la electrónica que brinda él. En los momentos en los que confía todo al piloto automático de lo grabado, se hace con un micro y encara a Alicia. Ya como interlocutores, amigos, confidentes, se confiesan qué le conviene al otro o hablan de las excelencias de la bomba latina, o de las exclusividades de comprar donde traen todo de fuera (con su «Lady Olé» que era precisamente el tema que incluían en «Electro Spain»). Arrebatadores a la hora de imponer sello personal de glamour… Convincentes.

Cuando en petit comité comenté que estaba preparando un artículo sobre escenas musicales, desde LaFonoteca no parecieron muy entusiasmados, la verdad. Aunque hubo algún resoplo, se me insistió en que podía hablar de lo que quisiera y bueno, pues al final de eso mismo es de lo que he querido hablar. Cierto es que el asunto está un poco manido, pero no es menos cierto que algo hay en él que siempre provoca prurito y, si el objetivo es generar debate, hay que decir que el debate sobre las escenas no está apagado. Bueno, tampoco encendido, la verdad. Más bien echa algún hilillo de humo de vez en cuando. Se ha convertido en algo así como un fuego fatuo, un asunto fantasmagórico.

Hace poco, un twittero con el original nombre de «indiegnado» (los sagaces juegos de palabra con el «indie» están apunto de superar al “funk” en cantidad y calidad) clamaba ante sus ¡cuatro followers! contra “la absurda microescena madrileña pop de Solletico, Rusos Blancos, Hazte Lapón y Cosmen Adelaida. No puedo evitar ver en esto algo entrañable. Yo soy de la idea de que en España es imposible alcanzar el éxito sin que haya un grueso de gente que te deteste. La pena es que sólo hubiera cuatro testigos ante tal arremetida. Pero me ha vuelto a surgir la duda, ¿hoy día, hay escena o no la hay? Y más importante aún, ¿a alguien le importa lo más mínimo? Porque al fin y al cabo, ¿cuantas escenas han existido en España? Voy a intentar hacer un repaso rápido y a ver si sacamos algo en claro. Prometo ser lo menos riguroso posible, a ver si así, al menos, le damos chicha a un tema fofo.

Respecto a las escenas pasadas, seguramente la única que todo el mundo tenga clara es La Movida madrileña, aunque posiblemente, nadie sepa ya muy bien qué fue movida y qué no. Todos los grupos parecen haber adoptado el término o renegado de él según conveniencia, y con tanto intento de rentabilizar el concepto, este ha acabado funcionando prácticamente como sinónimo de “música española hecha en los 80”. Los recopilatorios de cuatro cedés de lo mejor de la década han acabado por mezclar la velocidad con el tocino, y aunque aún haya quien se acuerde de las viejas polémicas entre babosos y hornadas irritantes, al final Mamá y Glutamato Ye-Yé han acabado condenados a aparecer de la mano hasta el fin de los días. Protagonistas directos como la ubicua Alaska, que igual posa desnuda para una foto antitaurina, sale en portada de la revista Psychologies o hace de tertuliana en la COPE, siempre ha dicho que entonces eran cuatro gatos que salían apedreados de los conciertos patronales y a palos con las fuerzas del orden. No me extraña que no añore aquella época, cuando, con el tiempo, ha sido la que se ha llevado la parte más grande del pastel (al menos, una parte tan grande con la de Almodóvar).

Pero entonces, si los grupos no estaban unidos y el público no era tan abundante, ¿dónde estaba la escena? Sí que parece cierto que más allá de rivalidades coyunturales y dificultades de un país recién llegado a la democracia, hubo un continuo intercambio de ideas entre artistas, no sólo de la música, también del cine o las artes plásticas. E independientemente de que en lo primeros años la mayoría de los españoles permanecieran aún ajenos a aquella efervescencia, Madrid era un hervidero.

Más que el estilo musical, sometido a continuo cambio, incluso dentro de una misma banda en un corto espacio de tiempo, lo que los unió fue ese fluir de ideas. Luego las rivalidades no eran para tanto, por ejemplo Javier Urquijo, de Tosv, germen de Los Secretos, llegó a ser miembro de los Pegamoides durante un tiempo. Víctor Coyote, de Los Coyotes, daba al respecto una visión interesante: En esa época no había suficientes rockabillies, suficientes punks, suficientes siniestroso suficientes modscomo para abrir un bar para cada estilo, y entonces todos coincidían en la misma sala o en el mismo pub, y el intercambio de opiniones surgía de forma natural. Cuando aquella música minoritaria fue creciendo, las tribus se separaron, las ideas dejaron de mezclarse y ese fue el principio del fin.

Sí puede decirse que La Movida tuvo lugares comunes: fanzines como La Liviandad del Imperdible dieron un pueril pero potente componente ideológico, concursos como el Villa de Madrid abrieron paso a la joven cantera, Ordovás dio salida a las nuevas bandas en su programa de radio, y, de forma natural, nacieron nuevos sellos para sacar los primeros singles de estos grupos. Se abrieron salas, como Rock-Ola, que además de a Ramoncín, abrieron sus escenarios a bandas imberbes, que podían recibir los oportunos gargajos tan de moda en aquellos tiempos, pero también compartir cartel con Echo & The Bunnymen o Spandau Ballet. Más adelante, un interés político por destacar todo aquello como un paso de España hacia la modernidad dio como resultado un programa en la televisión estatal, «La Edad de Oro» (TVE), que además de dar difusión masiva (con sólo dos canales y sin mando a distancia no había guerra de shares) ha quedado como el mejor testimonio de la época. Pocos grupos de aquellos tuvieron carreras largas, y como herencia han quedado algunos discos disfrutables pero también mucha tontería, mirada con muy buenos ojos, y sin embargo, las crónicas ayudaron a darle el lustre que todo mito necesita.

Los 90 parece que están más claros. Indie(antes “música alternativa”) es aquello que salía en el «Generation Next Music» (1998) de Pepsi, ¿no? Bueno, aquel recopilatorio fue el primer contacto con aquella música que tuvimos muchos adolescentes, pero no hay que ser tramposos. Alternativo era lo que presentaba una alternativa a la música mainstream, aunque luego las marcas comerciales, siempre astutas, enturbiaran el espíritu inicial. Este fenómeno, más descentralizado que el anterior, tuvo epicentros esparcidos por la península. Sabemos que hubo un Xixon Sound, un Donosti Sound, que había escenas más o menos nutridas en Granada o Sevilla. Y también estaban Dover, que eran alternativos al principio, pero luego no, porque tuvieron éxito a partir de un anuncio de la tele, ¿no es así? Aunque eso también les sucediera a Australian Blonde, que eran un icono de aquella eclosión asturiana, junto a grupos como Penelope Trip, Los Locos de Paco Loco o Eliminator Jr. ¿Entonces, en que consistía la escena?

Fran Fernández, que lo vivió todo de primera mano, siempre dudó de que hubiera habido una escena real. Más bien eran unos pocos chavales interesados por nuevas bandas ruidosas, anglosajonas y americanas, como Ride, My Bloody Valentine, Dinosaur Jr. o Sonic Youth, referentes musicales que no compartían con la mayoría de la gente de su alrededor, lo que los animó a intentar hacerla ellos mismos. Esto posiblemente hubiera sido muy minoritario si no hubieran sido arrastrados por el fenómeno Nirvana, que al desbancar en las listas a Michael Jackson demostró las inmensas posibilidades comerciales de la música underground. Antes de eso, eran tan pocos que en Oviedo, uno de los dueños del bar Movie, que resistía desde del inicio de los 90 (recientemente cerró) me contaba que en esos años se acercaba a hablar con cualquiera que llevara una camiseta de The Pastels. El público era tan escaso que a veces sólo se iban a ver los unos a los otros; pero los propios grupos, a través de radios locales de escaso alcance, podían pinchar los discos que se traían de sus viajes a Inglaterra o directamente intercambiar en mano las cintas de cassette que grababan.

Así lo hicieron Tito Pintado o Ibón Errazkin, introduciendo nuevos sonidos, igual que hiciera Olvido Gara a finales de los 70. Estos fenómenos locales difícilmente se hubieran unificado si no hubieran existido fanzines como Malsonando, nuevos sellos, como Elefant o Acuarela, o concursos de maquetas como los de la revista Rockdelux, donde destacaron grupos como Los Planetas o Australian Blonde, aunque luego fueran premiados proyectos ignotos, como el grupo de hip hop Eat Meat. En aquellos primeros años, la prensa tuvo mucho importancia a la hora de apoyar a los nuevos músicos, valorando la novedad y el riesgo por encima de aspectos más discutibles. Una mirada crítica generosa dejó crecer a la bandas, haciendo la vista gorda ante plagios obvios, voces desafinadas, grabaciones apresuradas y letras muchas veces pobres.

Luego vino el tontipop. Eso también parece que fue una escena, ¿no? Y lo que les une está bastante claro, porque el nombre es delator: pop de tontos ¿o para tontos? Con la llegada de Meteosat cantando “Mi novio es bakala”, una horda de niños pijos dieron carpetazo al existencialismo abrasivo y la decadencia loser de los 90 saludando al nuevo milenio con ganas de diversión. Los recopilatorios de lo mejor del año, sin embargo, se llenaron sobre todo de canciones de herencia sixties y electropop de letras más costumbristas que bobas, influidas por Family y Los Fresones Rebeldes.

Aparecen grupos como Portonovo, Ellos, La Monja Enana, Me Enveneno de Azules, Mirafiori o La Casa Azul, muchos de los cuales tendrán una trayectoria breve, que a veces ni siquiera culmina en un disco. Pero radio y prensa, ansiosos de una nueva cosa de la que hablar, prestan atención a este “huracán de sensaciones pop, algo nuevo, diferente y muy moderno”, aunque no siempre los tratan con tanta amabilidad como a sus predecesores.

Hoy resulta curioso que por tontipop pasara, por ejemplo, un grupo como Astrud, que hablaba de “proyecciones mitopoyéticas” y hacían juegos de palabra con “lounge” y “Lynch” y que, con su pinta de empollones, más bien parecían los listos de la clase. Todo vuelve a ser confuso, pero lo que está claro es que, una vez más, parece que es una imprecisa etiqueta de la prensa la que actúa de aglutinante. La escena es fugaz y muere al poco de nacer, pero eso no es necesariamente un impedimento. Si uno lo piensa, más o menos eso duró el punk británico.

¿Qué pasó después? Pasa el tiempo sin que surja nada nuevo hasta que de repente, un polémico artículo de Rockdelux sobre las nuevas escenas de Madrid y Barcelona, (ignorando al resto de ciudades, por cierto) marcan un nuevo maridaje generacional. Los Punsetes en Madrid y Tarántula en Barcelona, con los sellos Gramaciones Grabofónicas y Producciones Doradas detrás, capitanean un nuevo relevo generacional.

Empieza a hablarse de Cohete y de Garzón, de Juanita y los Feos y de Decapante, de Za! y de Manos de Topo, de El Guincho y de Le Pianc. Pero, ¿puede haber escena entre grupos tan dispares? Si lo pensamos, el punk americano agrupó a Suicide y a Blondie, a Talking Heads y a Television, a Devo y a Patti Smith. Entonces, el nexo común fue una sala de conciertos, el CBGB. ¿Y aquí?

Pues no está claro, aunque hay salas en estas ciudades que se convierten en señeras, como es el caso de la madrileña Nasti, quizá la clave para entender comuniones tan eclécticas sea la influencia de Internet. Las canciones ahora se pueden oír de forma inmediata, sin necesidad de que exista formato físico, y los numerosos blogs musicales se encargan de pregonar las buenas nuevas y convertir algunas maquetas en vox populi. Puede parecer algo muy desmembrado, pero si hacemos un análisis más a fondo, si que puede decirse que hubo muchos nexos entre los grupos: conversaciones, colaboraciones, splits, conciertos compartidos, miembros que saltan de un grupo a otro. Las relaciones entre ellos son fáciles de rastrear, a través de los amigos que se exhibían en el entonces rutilante MySpace. Otra vez, aunque el germen real existe, es un artículo periodístico el que hace de cemento para que los oyente asocien algunos nombres.

Mi conclusión es que ese es el principal punto común en toda esta historia, las escenas existen si se hablan de ellas como tal. Son los cronistas los que convierten a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia espacio-temporal en una escena. Entonces, volviendo al principio e intentando responder a “indiegnado”, ¿existe aún esa absurda microescena en Madrid a día de hoy? ¿La hubo en algún momento? ¿La va a haber en el futuro? Supongo que eso dependerá de que alguien quiera contarlo así. Muchas de las personas de generaciones anteriores puede que frunzan el ceño, es ley de vida. También George Harrison dijo que iba a dejar la música cuando surgió el punk.

Si establecemos similitudes con otras escenas, haberlas, haylas. Hay un concurso de grupos revelación del festival Contempopránea donde aparecen en puestos destacados grupos como Rusos Blancos, Cosmen Adelaida, Los Ingenieros Alemanes, Alborotador Gomasio o Ed Wood Lovers, hay un bonito disco llamado “No Te Apures Mamá, Es Sólo Música Pop” (LaFonoteca, 2011) donde muchos de esos nombres se repiten, añadiéndose otros como Solletico, Los Autócratas, Raúl Querido o Betacam y un concierto de presentación de este disco, con un lleno absoluto de la sala Siroco y un centenar de personas que se quedan a las puerta. Hay un blog (y radio) como Aplasta Tus Gafas de Pasta, en cuyos recopilatorios y fiestas pueden rastrearse las primeras grabaciones y actuaciones de algunos de estos grupos, así como los primeros debates sobre la presencia o no de una nueva escena. Hay continuas colaboraciones y nexos, hay nuevas publicaciones, como Jenesaispop, que han dado cuenta, aunque tímidamente, de estas primeras andanzas. También es cierto que hay una repercusión de público aún pequeña.

Posiblemente, hay tantos argumentos para estar a favor como en contra. Al fin y al cabo, la mayoría ni siquiera hemos publicado aún un disco largo, a pesar de que casi todos nos acercamos o superamos la treintena. Esto, al fin y al cabo, también puede ser el espíritu de los tiempos. La repercusión a la larga está aún por ver. ¿Alguien se acordará de todo esto? ¿Alguien se encargará de alimentar el mito? Vete tú a saber. Hagan sus apuestas.

1 – Los Sencillos, el grupo del ilustre Miqui Puig, se llamó antes Aullidos en el Garaje.

2 – Rafa Gutiérrez, guitarra de Hombres G (y también de Plástico) es hermano de Felipe Gutiérrez, integrante de Tequila (además son igualitos).

3 – El hoy reconocidísimo cocinero Sergi Arola, perteneció al grupo Los Canguros, y de vez en cuando ejerce como DJ en eventos y fiestas de guardar.

4 – Los gallegos Aerolíneas Federales (uno de los grupos favoritos de Los Nikis por aquella época) editaron una canción que se llamaba “Soy una punk”, en la que la letra narraba: “(…) Asusto a las viejas, y me pinto de azul, yo, yo, yo hago lo que quiero porque soy una punk…”. Los Nikis, desde Algete, replicaron en “Mi chica se ha ido a Katmandú”: «Ella era una chica muy punk con el pelo teñido de azul, pero ahora se ha ido Katmandú. Con unos hippis se fué al Himalaya hace ya un mes, no la he vuelto a ver. Desde entonces mi cabeza me falla, yo no sé, yo no sé que me vá a suceder. Porque mi chica se ha ido a Katmandú, uh. Mi chica se ha ido a Katmandú. Me parece que no volveré a verla más». Y, José Luis Moro, o lo que es lo mismo Un Pingüino En Mi Ascensor, ideó algo después el fin de esta historia en su fabulosa tonadilla «Moda y meditación»: «Después de cuatro años por fin Emilio está contento, su chica volvió de Katmandú y le pidió perdón…» (Supuestamente, se refiere a Emilio Sancho, voz de Los Nikis).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5 – De la misma forma, las -generalmente sobreenaltecidas- Vainica Doble, tenían una canción muy bonita, que se llamaba “Cartas de amor”. En ella contaban cómo alguien enviaba cartas de amor imaginarias, sin destino… Años después, el injustamente defenestrado grupo La Monja Enana escribió la canción del destinatario de esas cartas; una tonadilla que decía: “Cartas de amor en mi buzón, cartas de amor sin dirección, nunca sabré quién las mandó, debe tratarse de un error…”. Una historia de amor imposible e intergeneracional.

 

 

 

 

 

 

 

 

6 -Pedro San Martín, Javi Sánchez, Raúl Sebastián y Mikel Aguirre, se interesaron por Irantzu Valencia, en un principio por ser la hermana de Nacho Valencia (uno de los dos Nachos de La Dama Se Esconde). Enseguida conectaron en lo musical y nació La Buena Vida, con una voz más que característica y áspera: la de la propia Irantzu.