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En una entrevista reciente aparecida en El País, Pete Seeger decía: «Mi audiencia ideal siguen siendo los niños. Son divertidos y te hacen sentir optimista incluso cuando te invade el pesimismo«. Sea pues bien porque se trata de un público especial, bien por haberse percatado los organizadores de conciertos de que así, facilitando las cosas a los padres, amantes de la música en directo, se aseguran audiencia, o porque existe un interés de acercar rock y pop a los más pequeños, el caso es que lo de organizar eventos musicales dirigidos a los más pequeños es ya práctica extendida.

Hace tiempo que festivales como el Sónar de Barcelona, por ejemplo, incluyen en sus programaciones actuaciones en franja horaria y propuesta dirigida a los críos. La Casa Encendida de Madrid lleva igualmente unas cuantas temporadas en las que ha contado con grupos como Litoral, Mañana, Maga o Lori Meyers, entre otros, para sus conciertos para niños. La galería Ink And Movement (iam) de Madrid también ha sido escenario de las actuaciones de grupos como The Pains Of Being Pure at Heart (EEUU), Dolores, Natalia Lafourcade (México), Doble Pletina o Javiera Mena (Chile). Los madrileños L-Kan, en un pase que completaron hace unas fechas con ese proyecto que llevan en paralelo Belén su cantante y Luis llamado Bla, se hicieron hueco en dicho recinto de exposiciones en junio y la llenaron de globos y pianos de juguete. De esa guisa, y distribuyendo raquetas de tenis y baquetas para improvisados violines, dieron rienda suelta a la desinhibición hormonal de alguna de sus letras. En el Día de la Música, recientemente celebrado en el Matadero de Madrid, una programación especial incluía actuaciones entre otros de The New Raemon, The Cabriolets, Ginferno o Christina Rosenvinge, que había preparado unos «cuentos enchufados» para los más pequeños.

Con cierta solera ya tras varias ediciones, el Menudo Fest también lleva preparando pases de sábado y domingo en el Rock Palace de Madrid presentando sobre las tablas a bandas como Espasmódicos, Los Caballos de Dusseldorf, Fast Food, Sugus, Reverbduo… El estreno tuvo lugar con los conciertos de Juana Chicharro y Vigilante Gitano, metamorfoseados para la ocasión en Cobras Púrpuras. El éxito de los conciertos lo evidencian los llenos absolutos que se registran en cada uno de ellos, congregándose más público a veces que para ver a la banda en cuestión en un bolo normal.

Proxe, cantante de estos últimos, comprobó cómo se tuvo que quedar gente fuera de la sala en el día de su concierto, porque el Rock Palace no daba abasto. Desde entonces los organizadores, con objeto de evitar estas situaciones tan incómodas, ponen a la venta el número exacto de localidades del aforo máximo. Cuando le preguntamos por la experiencia se refiere precisamente a este overbooking: «¿A quién le puede parecer negativo? Si acaso pagamos el pato de ser la prueba… Había demasiada gente y fue un poco de agobio«. Le preguntamos por la razón del cambio de nombre de la banda para actuar delante de los críos, y nos responde que se debió a que probablemente la broma que lleva implícita Vigilante Gitano pudiera no entenderse «entre el público infantil«, cosa que les trae sin cuidado cuando se trata de audiencias de adultos. Eliminaron de sus letras también cualquier alusión a las drogas. Interesados en saber las razones que le llevan a él a llevar a sus hijos a estos conciertos, nos dice que intenta compartir con ellos las «cosas que nos gustan a todos«.

Hemos querido cerrar esta reseña con una entrevista con Dani y Marta, los organizadores del Menudo Fest y a los que ya conocemos de aventuras musicales conjuntas como Webelos y Grupo Sub-1.

¿Como se os ocurre la idea de organizar los conciertos para niños?
Marta: Ser madre ha sido el punto de inicio. Entrar en un nuevo mundo de necesidades infinitas, una oferta cultural muy ñoña y las ganas locas de seguir viendo rock and roll. Ahora por las noches me cuesta más: me levanto temprano para estar con mi hija, y no importa a qué hora me haya ido a la cama el día anterior. Poder hacer y compartir el rock and roll en horario diurno es estupendo, para las dos.

Dani: Siempre que hemos tocado para un público infantil y/o menor de edad ha sido muy divertido y nos lo hemos pasado muy bien tanto nosotros como el público. La idea de lanzarnos a esta aventura es de Marta, y cuando lo propuso acepté con los ojos cerrados.

¿Cuál es la idea principal, llevar los niños al rock, el rock a los niños? ¿Que vaya toda la familia junta?
D: La idea es que vaya toda la familia junta, por supuesto. Y no solo la familia, también grupos de amigos. Los grupos que programamos en Menudo Fest son los mismos grupos que por la noche tocan en el mismo sitio para adultos, son por tanto grupos que gustan a los adultos; no son los típicos grupos para niños diseñados en un laboratorio de marketing. Los conciertos están adaptados para los niños lógicamente (se toca a menos volumen y a veces se cambian las letras, pero poco más), pero son conciertos de r ‘n’ r que gustan a los adultos. Así que los adultos pueden disfrutar de estos conciertos tanto o más que los niños. No es el típico espectáculo en el que el adulto se aburre y solo disfruta el niño. No es para nada ese tipo de evento ñoño e infantiloide. La idea es que los niños puedan ver a un grupo de r ‘n’ r de verdad, no una versión excesivamente edulcorada y poco realista. Y que disfruten tanto padres como hijos. Es un evento para todos los públicos, no un “concierto para niños”.

M: la idea es compartir. Porque adaptamos los conciertos para agradar a grandes y pequeños. Hacemos actividades entre grupo y grupo para acercarnos más a los instrumentos, conocer distintos ritmos musicales y hacer de estrella del rock en el escenario. A los padres nos encanta que nuestros hijos vean a los grupos que nos gustan a nosotros y a ellos les encanta, sobre todo, tocar la batería.

¿Os planteáis llevar los conciertos a colegios o centros infantiles?
M: Es complicado llevar las necesidades técnicas de un concierto en directo a un colegio, se disparan los presupuestos. No es imposible, pero estando como están las cosas, por ahora cuando se ha planteado se ha tenido que desechar. El Menudo Fest necesita estar en un sitio preparado para el rock and roll.

¿Tenéis algún tipo de criterio estilístico a la hora de seleccionar los grupos?
M: Estamos en fase beta, probando qué es lo que mejor funciona. Y creemos que los grupos de punk rock, rock and roll, garage, surf, rockabilly, tienen un largo recorrido. Son muy asequibles para todos y sobre todo muy divertidos. Nuestro criterio se basa más en pensar en que los grupos tengan un poco de coherencia melódica y que encuentren un punto de comunicación con los más pequeños.

D: Por ahora el criterio es que sean grupos divertidos y que puedan gustar a los niños. Grupos de r ‘n’ r, principalmente. Hemos tenido grupos de power pop, de punk, de surf, de garage… y tenemos previsto tocar otros estilos. Como dice Marta, estamos probando…

¿Alguna anécdota que recordéis en especial con algún grupo?
D: Pues anécdotas hay muchas, a pesar de nuestra corta andadura. Cuando los niños se convierten en los protagonistas e “invaden” el escenario ya te puedes imaginar lo que pasa… Además cada grupo que toca llega con sus ideas y todos aportan cosas nuevas y suceden cosas como que ves a todos los niños bailando el limbo o tocando el pito… por no hablar de las “estrellas” que se suben a cantar karaoke. Una de las cosas que más llama la atención es cuando los músicos traen a tocar a sus propios hijos. Gran parte de los grupos que traemos tienen hijos y a algunos ya les pica el gusanillos de la música. El hijo del bajista de New Demolators se subió a tocar un tema al bajo, el hijo pequeño de Reverbduo se preparó una canción con cuatro amiguetes suyos del colegio y subieron a cantarla, la hija del batería de Sugus demostró que toca la guitarra mucho mejor que los dos guitarristas del grupo y que hace unos punteos de flipar…

M: Sí, nos encanta cuando los grupos llevan a sus críos a tocar y se preparan una canción. Fue impresionante ver a la hija de Luis de Sugus tocando la guitarra. Y ver a los chavales dando brincos maquillados como el gato de Kiss…

Dani y Marta al despedirse nos confiesan que el festival tiene cuerda para rato. El curso pasado acabaron con la actuación que dieron el día 7 y 8 de julio Lukas y Mallory Knox. La nueva etapa comienza con el concierto que darán TurboEsqueletos, grupo formado a la sazón para este evento y que presentan disco, junto a Teacher Teacher. Eso sí, esta vez en 40 Café el mediodía del 7 de octubre. Hagan cola que vuelve la diversión.

THEESatisfaction por Juan Carlos Quindós

Tengo una edad. Y lo digo sin autolamentarme. Nunca he entendido bien los que mienten sobre su edad. Si aparentas menos de los que marca tu DNI, decir tus verdaderos años sólo te conllevará halagos y miradas de admiración y/o envidia. Y si aparentas los que tienes, pues mejor decirlo que si no vas a quedar fatal… Tengo una edad, como ya digo, y los festivales, así en general, me estresan. Me provoca un cansancio infinito el simple hecho de ver esas listas eternas de bandas dispuestas a tocar en tres días. Superpuestas y apiñadas. Me causa un estrés insoportable tener que decidir constantemente entre una y otra cosa. Me cortocircuita asimilar más de un par de conciertos realmente intensos seguidos. Y todo esto, de acuerdo, tiene poco que ver con la edad. Mi limitada capacidad de elección y mis ritmos lentos (de digestión y de movimientos) han sido así desde casi siempre. Debo confesar que he ido a pocos festivales por gusto, a alguno más porque yo formaba parte del demencial cartel. Nunca he ido, por ejemplo, al FIB, igual que no he visto «Pretty Woman», «Titanic» o «Forrest Gump». Nunca fue una opción consciente, es más bien de esas cosas que no te pasan. Pero, amiguitos, hace un par de meses, descubrí un festival hecho a mi medida. El Electrónica en Abril de La Casa Encendida. Por unos cuantos motivos que me apresto a enumerar:

1. Proximidad al hogar: de acuerdo, es una razón bien circunstancial y absolutamente personal, pero es una cosa de mucho gusto subir un momento a casa porque tienes frío y necesitas una chaqueta.

2. Horarios de inicio y de final europeos: la cosa empieza a las ocho y acaba a eso de las once y pico. Y los horarios, oh sí, se cumplen a rajatabla. Nada de pausas eternas e infinitas en las que lo único que puedes hacer es amarrarte a la barra.

3. Número manejable de conciertos diarios: tres es una cifra ampliamente satisfactoria para un festival. Y añadiría más -aunque esto no sea mérito exclusivo de este festival-, conciertos de una duración perfecta: una hora escasa.

4. Nada de superposiciones: los conciertos se suceden uno tras otro, sin tener ni que correr de un escenario a otro, ni que ponerse en la espinosa e incómoda disyuntiva de tener que decidir entre el grupo que marcó tu adolescencia o aquel otro que quizá marcará tu senectud.

5. Mundo butaca: sí, queridos lectores, algunos de los conciertos eran SENTADOS, en un auditorio fetén, confortablemente aculado. Y no es cuestión de vagancia, es más bien que hay determinadas músicas que hay que escuchar sentadico. Por aquello de dejarse penetrar. Cuando uno está de pie, hay una parte de cerebro que está ocupada en mantener la verticalidad. Y esa parte del cerebro no se deja llevar plenamente por las sensaciones auditivas y/o visuales. Es como ver una película. El cuerpo en reposo permite que la cabeza se active y se abra a lo que le venga.

Motivos suficientes me parecen todos estos para que este festival se haya convertido en probablemente casi el único que, a partir de ahora, frecuente anualmente. Por no hablar de esa sensación gozosa de descubrimiento que tiene eventos ‘experimentales’ de este tipo. Lo de Roly Porter, Hype Williams y THEESatisfaction fue cosa fina…

Así de bonita quedó mi cinta

2012 parece ser un año de reconocimientos infinitos para la siempre genuina figura de Daniel Johnston. Descorcharon la botella los chicos de Ondas del Espacio editando desde Granada un cassette pinta-y-colorea (del cual no quedarán muchos ejemplares, si es que aún quedan) en el que un montón de grupos españoles y latinoamericanos versionaban distintas canciones del artista californiano. El lanzamiento, cuya gestación se remontaba a un par de años atrás, no podía llegar en mejor momento: el 51 cumpleaños de Daniel y el 50 aniversario del primer modelo de cinta compacta editado por Philips.

Así, inspirados por el proyecto internacional «Discovered Covered – The Great Late Daniel Johnston» que contó con el apoyo de grupos como Eels o Teenage Fanclub, una importante representación de nuestra escena independiente, desde Odio París (que no se pierden una versión, y mejor que no lo hagan porque son fantásticas) a La Estrella de David, hacen lo propio configurando un artefacto con disparidad de aciertos pero sobresaliente en intenciones.

Alguno de estos grupos, caso de Los Punsetes o los argentinos Valentín y los Volcanes ya contaban con estas versiones de Daniel grabadas con anterioridad. Lamentablemente, los precursores de esta idea no pudieron hacerse con una muestra en condiciones del «Speeding motorcycle» que Penelope Trip representaba en la cinta de un concierto que su amigo Paco de Subterránea Comics – Discos conserva. Hubiera sido un puntazo.

Ya al mes siguiente, y con la rumorología hirviendo con la posibilidad de la visita de Daniel Johnston a la capital, pudimos ver -comprar, todavía no- una pequeña muestra de su obra pictórica en ARCO. Un aperitivo para lo que nos podremos encontrar desde el 20 de este mes en La Casa Encendida, dentro de la exposición «Visiones Simbólicas – Una Mirada al Universo de Daniel Johnston» capitaneada por Íñigo Munster y Estela Aparisi a partir de la colección privada del ex manager de Daniel Jeff Tartakov, quien parece conservar más obras de Daniel que el propio Daniel.

Pero antes de que ello suceda, en concreto hoy mismo, el gran día. El día en el que por fin Daniel Johnston dará un concierto en Madrid. A mí todo esto me recuerda a la escena que Jardiel Poncela evoca en la «La Tourneé de Dios» (1932) del pueblo de Madrid completamente extasiado ante la inminente visita divina, no tanto por el aforo del recinto sino por la premura con que se agotaron las entradas a la venta; algo así como media hora. Y yo, que sin ser ningún fanático tuve la fortuna de ver a Daniel en Londres en el 2009, me debato ante una duda existencial: ¿Debería ir poniendo en riesgo el espectáculo singular e hipnótico que de él conservo en mi retina? Esperemos que todo esto no termine como en la citada novela.