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6a014e6089cbd5970c01bb0938a9e6970d-800wiLuis Boullosa entregaba hace unos años «El Puño y la Letra: Creación Literaria y Rock & Roll Underground » (66 rpm, 2013), un análisis certero de la relación entre música, literatura y creación artística. Luis estudiaba todo el proceso compositivo: desde la inspiración y el hecho creativo mismo hasta el proceso de exploración interior que culmina con el nacimiento de las canciones. En aquella ocasión se centraba en músicos y bandas extranjeras: The Drones, Strange Boys, Kill Devil Hills, los Swans de Michael Gira o los Enablers de Pete Simonelli.

En «Santos y Francotiradores: Supervivencia, Literatura y Rock & Roll» (66 rpm, 2016) continúa la senda iniciada con su anterior entrega, pero centrándose en artistas nacionales como Rafael Berrio, Josele Santiago (Los Enemigos), Fernando Alfaro (Surfin’ Bichos, Chucho), Javier Colis, Alberto Acinas o Niño de Elche.

Luis afirma que en “El Puño y la Letra” fue el turno “para esos ganadores extranjeros, y poco tuve que contar de sus entornos y sus cuitas domésticas”. Aquí se centra también en la supervivencia, tanto personal como artística de los músicos, a los que nunca podremos llamar perdedores. Porque el arte en la mayoría de los casos es una apuesta arriesgada, pero no podemos recurrir al tópico de vencedores y perdedores. Como dice Boullosa, “atendiendo a la realidad económico/social de los artistas que circulan por este volumen, bastantes de ellos deberían considerarse estoicos supervivientes. Sus victorias existen pero tienden a ser pírricas. Y, exceptuando a casos concretos, sacrifican muchas cosas para poder seguir produciendo un tipo de arte que considero imprescindible”.

Personajes que consagraron su vida al arte que, como diría Burroughs, pelearon a la contra para mantenerse a flote. Nos encontramos con importantes reflexiones acerca del arte en general y de sus obras y de su manera de escribir y componer en particular. También hay tiempo para intimidades y para conocer sus impulsos y razones para dejarlo todo atrás y casarse con la música. Para ello se necesita una fe ciega… “Lo puedes llamar inconsciencia o irresponsabilidad y también lo puedes llamar fe. Es lo mismo, es tirarse de cabeza. Nosotros lo hicimos. Yo tenía un trabajo, y estuve cargando pianos y repartiéndolos por Madrid, porque me saqué el carnet de conducir muy pronto, y… en un momento dado lo dejé porque salían bolos y era mucho más divertido”, se sincera Josele Santiago. Pero el éxito en muchas ocasiones es efímero y luego llega la cruda realidad del día a día… y a veces el éxito vuelve, en una montaña rusa constante… “Antes de juntarnos de nuevo Los Enemigos yo estaba yendo con mi guitarra acústica y mi coche a plantarme donde fuera”. Una apuesta constante por crear, soñar y sobrevivir.

Luis analiza también el concepto de malditismo y todas sus vertientes. Lo hace analizando la figura de Fernando Alfaro, quien reflexiona sobre una palabra con la que se le ha vinculado a lo largo de toda su carrera… “Yo ahora no puedo ir de bendito. Porque mis canciones eran muy oscuras, cosas terminales todo el rato, y yo era muy de extremos, que es un poco lo que me ha gustado siempre”. Como en su anterior libro, Luis dedica un espacio a analizar la inspiración, ese momento difuso situado entre el trabajo y la iluminación; asociándola con la teoría del inconsciente colectivo de Carl Gustav Jung, “la inspiración puede ser considerada como un momento de acceso a ese inconsciente y de canalización de éste hacia formas expresivas”. Ello sirve para analizar todo el imaginario propio de Alfaro: los perros, los aspectos bíblicos y religiosos, la carne, la muerte…

Hay momentos de especial lucidez, como el certero “Indie, Espejismos y Supervivencia”, capítulo en el que se realiza un análisis generacional de lo indie, cuestionándose su base, y de lo hipster –con referencias a la inteligente maniobra comercial de Lenore, el hype: “Indies, Hipsters y Gafapastas (Crónica de Una Dominación Cultural)” (Capitán Swing, 2014)-. También se habla de la supervivencia de los músicos que no se ganan su sustento con sus creaciones… “Para poder vivir de la música tienes que hacer una música que le guste a un número determinado de personas. Así funciona la industria”, afirma Juan Fernández Navazas (Cuchillo de Fuego). Esteban Hernández por su parte, tiene claro que el aspecto económico es la clave del asunto, y que “sin tiempo, sin dinero y sin recursos no logras poner en juego todo tu potencial… Muy pocas carreras pueden desarrollarse cuando casi todo tu tiempo debe dedicarse a otras tareas y el dedicado a la creación son unas horas robadas al sueño”.

Un aspecto importante es que Luis, como ya hiciera en su anterior entrega, reivindica las letras. En todo momento, sus argumentaciones son sostenidas por la inclusión de versos de las canciones que son analizados con minuciosidad. Ello trae consigo un efecto secundario claro: va a hacer que escuches con más atención y de una forma más intensa canciones ya conocidas en unas casos, y en otros te va a descubrir artistas y canciones desconocidas. Particularmente, que un libro invite al descubrimiento de canciones, discos y, en este caso, también libros, es una bendición.

Luis dedica un capítulo a los mesías del nuevo punk: Cuchillo de Fuego y Fabuloso Combo Espectro. Y lo hace desde una interesante perspectiva política. Analizando pasado y presente para hacernos entender la rabia y la necesidad de rebelarse que transmite su música ante una realidad social alienante y sumisa por un lado, y de des manteamiento de la cultura y las clases medias por otro… “Concretamente en Galicia creo que muchos de entre la gran cantidad de retornados que fuimos explotados más cerca o más lejos, de parados con licenciaturas o sin ellas y demás decepcionados, le hemos dado un giro positivo a nuestras vidas y, en vez de hundirnos en la mierda, hemos decidido ponernos en serio con esto de llevar a cabo proyectos a priori imposibles”, comenta Xosé Lois García de Cuchillo de Fuego.

Además del nuevo punk, se analiza también el nuevo folk vía Alberto Acinas, Mursego, Orthodox (doom, metal) y PylarAñade este contenido; y la vanguardia de raíces con el Niño de Elche.

En el tramo final se reflexiona sobre la escena subterránea, las propuestas más arriesgadas y el papel del periodismo a la hora de dar visibilidad a estas propuestas… “Los héroes y sus hazañas los tenemos todos los días, de eso no falta. Lo que falta es el bardo que narre esas hazañas para que no se pierdan el olvido. Y en la escena española la crítica y el periodismo musical no acompañan. Funcionan a base de excepciones”, comenta Xavier Castroviejo. En el aspecto periodístico, sus luces y sombras, sus miserias e intelectualizaciones vacías, se ahonda en profundidad.

Un libro disfrutable, que invita a la reflexión y al descubrimiento, al que seguro que se recurre periódicamente para consultar o para releer algún pasaje. Es cierto que en algunos momentos Luis hace demasiado hincapié en sus obsesiones y en sus experiencias vitales, pero esto también ayuda a darle calor y cercanía a la narrativa.

Vida InteligenteLos Enemigos están de vuelta con un nuevo trabajo discográfico: «Vida Inteligente» (Alkilo Discos, 2014), publicado a través del sello del propio grupo y distribuido por Altafonte. Hacía la friolera de quince años que el cuarteto no publicaba material nuevo, pero lo cierto es que la banda da la sensación de haber estado siempre ahí, de no haberse separado nunca: El público continúa a su lado. Presentan catorce canciones grabadas en los estudios madrileños CATA y VM Broadcast. La producción lleva la firma de Carlos Martos, un profesional de toda confianza para la banda, que ha trabajado con él de forma prácticamente ininterrumpida desde los tiempos del legendario «La Vida Mata» (GASA, 1990).

Preguntamos a la banda por el disco, la grabación y sus intenciones de futuro.

Han pasado diez años desde la separación, y quince después de vuestros últimos discos de estudio volvéis a grabar. ¿Por qué?
Cuando nos reunimos en 2012 en lo que se llamó «La Revuelta Enemiga», lo hicimos con motivo de un par de conciertos puntuales. No sabíamos muy bien lo que nos íbamos a encontrar y, aunque esperábamos una buena respuesta, lo que el público, los fans, nos dieron fue tan grande, había tanta energía, que nos incitó a seguir. Por supuesto esa energía estaba ya en nosotros, de lo contrario no habríamos ni empezado, pero el público nos la devolvía en los conciertos, y eso es un subidón. Con el paso de los meses y viendo que el público también lo reclamaba, Josele se vió inspirado y trajo al local cuatro temas y propuso grabar de nuevo. Todos estuvimos de acuerdo de inmediato. Se ve que lo estábamos deseando.

Realmente da la sensación de que todo fue un descanso, más que una separación. Es decir, parece que nunca os habéis ido… En este tiempo ha habido reuniones puntuales, se han lanzando discos recopilatorios…
El hecho de tener cada uno nuestro proyecto ha impedido que nos viéramos más. Eso y la lejanía. Josele se fue a Barcelona. Pero si no los cuatro juntos, sí es verdad que hemos coincidido de vez en cuando algunos de nosotros. Cuando lo dejamos no nos pusimos plazos ni decidimos que la separación fuera para siempre o que nos juntaríamos en una fecha determinada. El presente de Los Enemigos se debe a que los acontecimientos nos están llevando por estos derroteros. Y no está nada mal.

De hecho el público sigue tan fiel como siempre. ¿Qué sensaciones dejó «La Revuelta Enemiga»? ¿Fue el espaldarazo definitivo para decidirse a grabar nuevo material?
Desde luego el público ha influido mucho en decidirnos a grabar «Vida Inteligente», pero estaba en nosotros ver si la energía interna del grupo era la adecuada. Y así fue. «La Revuelta» avivó esa energía que traíamos. Nos encontramos con los fans de siempre y además con nuevos acólitos. Gente muy joven a la que no le gusta ser manipulada por la corriente y que decide buscar y encontrar música alternativa a la «música de rápida consumición». Eso alegra doblemente.

¿Carlos Martos es ya un enemigo más? Al menos sí, un fijo en la producción.
Carlos Martos, además de un gran amigo, se podría decir que es el que mejor entiende el concepto «enemigo». Han sido muchos discos grabados con él y muchas charlas sobre el sonido que queríamos y la forma de conseguirlo. Ya ha llegado un punto en el que apenas hay que decir nada para llegar al mismo resultado.

¿La idea es sacar un disco y ver qué pasa u os planteáis algo a largo plazo?
Desde que empezó «La Revuelta» nos hemos tomado las cosas con calma y no nos planteamos nada a largo plazo. Lo que nos dé este disco será bien recibido, y lo que vaya surgiendo se hará. Ni nos planteamos estar juntos para los restos ni hacer una gira de un año y se acabó.

Letra sobre preferentes, desesperanzas, también esperanzas… ¿Influyó mucho en las letras la situación socioeconómica actual del país? Lo pregunto porque ya de por sí, el imaginario «enemigo» siempre tuvo presente ese lado canalla y truculento de la vida.
A la hora de escribir, desde luego las cosas que te rodean, hechos del momento actual, son importantes. Pero no para pensar ex profeso en ello, sino dejando que las ideas salgan de forma natural y luego sí, dándoles forma.

¿Es ahora la prioridad Los Enemigos o los proyectos personales de los miembros de la banda?
Ahora la prioridad es Los Enemigos. Por suerte tenemos tiempo para compaginar nuestros proyectos por separado con el grupo.

El año que viene cumplís treinta años. ¿Está prevista alguna celebración?
En principio no, pero se admiten ideas.

Fotografía de Óscar Carriquí
Fotografía de Óscar Carriquí
Gabrielle «Coco» Chanel: veo todo en blanco y negro

 
Decía Coco Chanel: «Para ser irremplazable uno debe ser diferente». La indumentaria es una vía rápida hacia la diferencia. Y la diferencia es, no ya un derecho, sino un deber de cualquier banda que se precie. Desde Josephine Baker hasta Lana del Rey música y moda siempre han sido amiguitas.

¿Qué hubiese sido de los Jam sin sus parkas? ¿De las bandas de jazz sin sus zoot suits? ¿De Loquillo sin sus Perfectos? ¿De los Specials sin sus pork pie hats? ¿De Kiss sin sus pantalones pitillo y su maquillaje? ¿De los bakalas sin sus chandals? Las pintas siempre han sido complemento de los acordes; la militancia en bandas y los postulados estéticos fueron indisolublemente unidos a lo largo del siglo XX.

¿Os acordáis del siglo XX? Era cuando en el primer mundo los obreros que salían grasientos de sus fábricas necesitaban escuchar soul para purgar sus armas.

En el siglo XXI ya no fabricamos casi nada en el primer mundo: nos regodeamos en el sector servicios y la sociedad del ocio. Y nos hemos especializado en dos cosas: el diseño de cosas bonitas y la producción de espectáculos entretenidos.

En el primer grupo, la moda. En el segundo, la música. Muchas veces, ambas disciplinas colaboran. Y así es como los modistos convierten a las grandes divas de la canción en sus musas.

· A Madonna le hace la ropa Jean Paul Gaultier.
· A Beyoncé le diseña el vestuario Thierry Mugler.
· Y Nichola Formichetti se pone las botas con Lady Gaga.

Así es también como Rayban, Levi’s, Vans o Converse esponsorizan los grandes festivales «independientes». O como Anna Calvi, Florence Welch y Annie Lennox actúan en directo en los desfiles de Karl Lagerfeld, Gucci o Dolce & Gabbana.

La moda ha invadido la música y el rumbo de la economía en el primer mundo ha desplazado vocaciones: los niños ya no quieren ser guitarristas, sino estilistas.
Ahora, eso sí: los guitarristas que quedan defendiendo el poblado pop en plan Asterix nunca habían contado con tantas herramientas para ponerse guapos. Y, sin embargo, el vestuario de las bandas nunca había sido tan aburrido y previsible como lo es en la actualidad. Y si hablamos del terreno nacional, más.

Hedi Slimane le diseñó el vestuario a Franz Ferdinand

Decía Coco Chanel: «Para ser irremplazable uno debe ser diferente». ¿Cuándo, dónde y cómo lo dijo? ¿En qué contexto y por qué pronunció estas palabras? ¿De verdad Mademoiselle se dedicaba a lanzar aforismos entre truja y truja? ¿Alguien ha escuchado el archivo .mp3 que prueba que de los labios de la inventora del bronceado, el traje de chaqueta y la bisutería salió semejante obviedad? Nops. Ni falta que hace.

Chanel no sigue vendiendo doce millones de gafas con su logotipo al año gracias a la transparencia informativa. Los Ramones no han puesto su emblema sobre las tetas de media humanidad confesando que en realidad llevaban pelucas. La maquinaria de la industria de la moda y la de la música pop se engrasa con el mismo aceite: la mitomanía. Y los mitos no se construyen sobre el rigor documental, sino sobre las anécdotas cargadas de bombo y las frases grandilocuentes.

Seguramente Chanel nunca dijo que para ser irremplazable, diferenciarse es esencial. Aunque el caso es que esa idea básica fue la que empujó un buena día a la novia del Beatle muerto, Stuart Sutcliffe, a cortarle a los cuatro fabulosos el pelo a la taza y a sugerirles que se vistiesen con trajes Chesterfield.

Ahora, los trajes Chesterfield pueden convertirse en una tendencia global que llene las calles de todo el mundo en un abrir y cerrar de ojos por obra y gracia de Amancio Ortega. Y también es posible encontrar merchandising de los Misfits en las boutiques de Inditex o en H&M. Mitomanía a granel, vamos. Pero tenemos malas noticias amigos: lucir en el pecho y con orgullo la portada del «Marquee Moon» (Elektra, 1975) no nos convierte automáticamente en Tom Verlaine. Ni ponerse «Hate» en la espalda nos da los superpoderes de Ian Curtis. Muchos músicos españoles hoy parecen pensar que ponerse una camiseta de algodón de su banda favorita con vaqueros es todo un fashion statement. Que hacer una referencia al mito les mitifica/mistifica. Que la imitación es una forma de creatividad. Pois non.

Aunque lo pueda parecer, el Milodón no ha venido hoy a deciros que la mayoría de los grupos españoles EN ACTIVO (este matiz es importante) son un poco vagos (estilísticamente) y que abrazan la estética ardilla (camisa de cuadros y denim) con una desfachatez que acatarra. El Milodón ha venido hoy a hablaros de las honrosas excepciones. De los que no se han conformado con ser remedos pulcros de Josele Santiago o clones castizos de Kurt Wagner o lolitas maduras con vestidos de lunares o imitadores de Justice. Esta gente quizá no pretenda ser imprescindible, como decía la Chanelona, pero que desde luego intenta la diferencia. Y el Milodón los trae hoy aquí por su sentido de deber para con el armario, y en consecuencia, para con el público: se nota que cuando vieron a Parchís de pequeños entendieron que lo de los cuatro colores era una parte importante de la puesta en escena.

Así que, ahí van:

Ariadna de Los Punsetes

Su rollo: Princesa gótica de Alexander McQueen
Su logro: Se cambia más de outfit que Anne Igartiburu en una gala de Nochevieja

La Bien Querida

Su rollo: Martirio de la nueva era: faldas de faralaes y chaquetas ejecutivas
Su logro: Aunque a veces tiene una pinta bien bizarra, hay que reconocer que se sale de la media. No así su partenaire, DaBeef

Lorena Álvarez y su Banda Municipal

Su rollo: Unos hipsters de Brooklyn van al descenso del Sella y de paso plantan unos puerros
Su logro: En el caso de Lorena Álvarez, hacer unas fundas de guitarra que pondrían los dientes largos a un monje budista.

Regiones Devastadas

Su rollo: Símbolos nacional-católicos y geometrías futuristas
Su logro: Darle vida al niño nazi de Mark Ryden con sus uniforme de boy scouts

Linda Mirada

Su rollo: Diosa de la selección vintage
Su logro: Ser antónimo (en todos los sentidos) de Russian Red

Pony Bravo

Su rollo: Nick Cave & The Bad Seeds meets Chiquito de la Calzada
Su logro: Devolverle a la camisa estampada la dignidad que le corresponde

Y no se nos ocurren más, así que se admiten muchas y muy enriquecedoras sugerencias.

Moraleja:
Queridos pobladores del reducto pop, amantísimos Asterix del rock: hay un mundo de posibilidades estéticas ahí fuera. Salid a descubrirlo. Sabemos que os gusta más el lavado a la piedra que un pedal de reverb. Pero no abuséis de los vestiditos naïf, de las camisetas y del denim, que es un verdadero coñazo. Aunque el mito Yves Saint Laurent dijese: «De lo que más me arrepiento es de no haber inventado los vaqueros».