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1 – Los Sencillos, el grupo del ilustre Miqui Puig, se llamó antes Aullidos en el Garaje.

2 – Rafa Gutiérrez, guitarra de Hombres G (y también de Plástico) es hermano de Felipe Gutiérrez, integrante de Tequila (además son igualitos).

3 – El hoy reconocidísimo cocinero Sergi Arola, perteneció al grupo Los Canguros, y de vez en cuando ejerce como DJ en eventos y fiestas de guardar.

4 – Los gallegos Aerolíneas Federales (uno de los grupos favoritos de Los Nikis por aquella época) editaron una canción que se llamaba “Soy una punk”, en la que la letra narraba: “(…) Asusto a las viejas, y me pinto de azul, yo, yo, yo hago lo que quiero porque soy una punk…”. Los Nikis, desde Algete, replicaron en “Mi chica se ha ido a Katmandú”: «Ella era una chica muy punk con el pelo teñido de azul, pero ahora se ha ido Katmandú. Con unos hippis se fué al Himalaya hace ya un mes, no la he vuelto a ver. Desde entonces mi cabeza me falla, yo no sé, yo no sé que me vá a suceder. Porque mi chica se ha ido a Katmandú, uh. Mi chica se ha ido a Katmandú. Me parece que no volveré a verla más». Y, José Luis Moro, o lo que es lo mismo Un Pingüino En Mi Ascensor, ideó algo después el fin de esta historia en su fabulosa tonadilla «Moda y meditación»: «Después de cuatro años por fin Emilio está contento, su chica volvió de Katmandú y le pidió perdón…» (Supuestamente, se refiere a Emilio Sancho, voz de Los Nikis).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5 – De la misma forma, las -generalmente sobreenaltecidas- Vainica Doble, tenían una canción muy bonita, que se llamaba “Cartas de amor”. En ella contaban cómo alguien enviaba cartas de amor imaginarias, sin destino… Años después, el injustamente defenestrado grupo La Monja Enana escribió la canción del destinatario de esas cartas; una tonadilla que decía: “Cartas de amor en mi buzón, cartas de amor sin dirección, nunca sabré quién las mandó, debe tratarse de un error…”. Una historia de amor imposible e intergeneracional.

 

 

 

 

 

 

 

 

6 -Pedro San Martín, Javi Sánchez, Raúl Sebastián y Mikel Aguirre, se interesaron por Irantzu Valencia, en un principio por ser la hermana de Nacho Valencia (uno de los dos Nachos de La Dama Se Esconde). Enseguida conectaron en lo musical y nació La Buena Vida, con una voz más que característica y áspera: la de la propia Irantzu.

Es un poco extraño explicar por qué me interesa un género como la bossa nova (“nuevo ritmo”). Digamos que hace ya casi trece años que lo tengo metido en la piel. Empezó una tarde soleada, en el cuarto de un compañero de residencia, con las persianas medio bajadas, fumando y charlando. Y cuando oí a Maria Creuza cantar los clásicos de Jobim y Vinicius de Moraes, me pareció la música más bonita que había escuchado en mi vida. Y lo bueno de escribir sobre el pop español y la bossa nova, ha sido darme cuenta de que, evidentemente, no he sido el único que ha caído en la maravillosa cadencia de esta música, en realidad, hija bastarda del jazz y la samba.

Marisol fue, no sé si la primera, pero por lo menos sí la primera que recuerdo. En plena explosión de la bossa, “Rumbo a Río” (1963) de Fernando Palacios propone una fusión entre las canciones de Marisol y la bossa nova de entonces, con arreglos que imitaban a los que el usurpador Stan Getz estaba haciendo durante esa época junto a Jobim para Joao Gilberto. El resultado es, como era de esperar, más un producto de publicidad para la joven Marisol que una seria fusión con el género brasileño. La voz de Marisol, tan emotiva, distaba mucho de la de Astrud Gilberto, Nara Lo o Elis Regina. Y evidentemente “Bossa Nova junto a tí” era una canción que estaba lejos de ser un estándar de bossa, aunque sí un acercamiento a una música que, sin ser anglosajona, tuvo sus primeros ecos en España.

Por supuesto, la bossa se fue popularizando en España con actuaciones de Sergio Mendes, Toquinho entre otros, aunque ya en los 70, para un tiempo en el cual la música brasileña había evolucionado enormemente.

El otro ojito derecho de los españoles, pero no del franquismo precisamente, Ana Belén, también tuvo sus incursiones en la bossa nova con su disco “Ana En Río” (Sony, 1992), en el cual hace una versión en castellano a dúo de “Noite dos mascarados” con el genial Chico Buarque, entre otras versiones. La producción de la época hace que esta incursión diste mucho de las cadencias tan hermosas de la bossa clásica.
Ana Belén es precisamente quien canta con Carlos Berlanga (el POP español) una versión calcada de “Aguas de Março” de Jobim. Es más, el ex-Pegamoides, se basa en “Wave” (A&M, 1967) del maestro Jobim para su portada de “Indicios” (Compadres, 1996).

Para entonces, un admirador de Berlanga, lleva a su terreno la bossa de la forma más interesante que he oído en España. Ibon Errazkin, que con Le Mans, llegan a titular un disco “Saudade” (Elefant, 1996) y en el que sí queda patente la influencia de esta música brasileña. La frialdad/dulzura en la forma de cantar de Teresa Iturrioz, los acordes y esos arreglos que parecen sacados de los que Jobim hacía a Joao Gilberto, o los que llevaban algunas de Buarque e incluso de Caetano Veloso.

Una canción que me parece un mundo aparte en lo que a fusión entre bossa nova, jazz, pop y hasta toques de samba es “Canción de todo va mal”, la que abre “Aquí Vivía Yo” (Elefant, 1998). En ella, Errazkin crea un universo donde el Donosti Sound se sitúa a un punto equidistante entre San Sebastián y Río de Janeiro. Todas las canciones se nutren de los elementos más importantes de la bossa: la cadencia, la voz, los acordes, y la saudade. Tiñe la bossa nova con lluvia que cae en la playa de la Concha.

Como no podría ser de otra forma, también otro referente del Donosti Sound, la voz de Irantzu Valencia de La Buena Vida, está cerca de la de Astrud Gilberto o Nara Leao en lo que a carácter se refiere. Sin embargo, La Buena Vida está más enfocado al pop, y su inspiración en la bossa no pasa de los arreglos y la voz de su cantante.

Pequeños toques se ven en Fernando Alfaro, con Surfin’ Bichos en “Abrazo en un terremoto” y luego más adelante con Chucho en varias canciones (“Un agujero excéntrico”, “El ruido de la calle”…). Siempre para crear esa especie de dualidad entre una música luminosa como la bossa y letras más oscuras. Pero siempre utilizando esos “aires” (en ningún momento bossa pura) como un recurso más del pop.

Fuera de lo musical -depende de cómo se mire-, dos fanáticos de la bossa nova son Victoria Abril y Pedro Almodóvar. La primera publicó un disco “Putcheros Do Brasil” (Sony, 2005) en el cual hace versiones de Gilberto, Jobim, Menescal, Mendes y… ¡no lo hace nada mal! Eso sí, cantadas en portugués. Almodóvar, fan de Caetano Veloso, en “Hable Con Ella” (2002) mete con calzador al bahiano para que cante “Cucurrucucú paloma”.

*Nota final: Me he puesto a investigar más y sólo me salen versiones (horribles) de Sole Giménez de Presuntos Implicados, de “Aguas de março” de Jobim y “Eu sei que vou te amar” de Vinicius de Moraes. Así que mejor o vuelvo a los clásicos o me pongo a Le Mans.