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ParalítikosHalloween no existe, es una patraña. La celebración a base de disfraces de zombies, entrañas a flor de piel llamando a la provocación facilona y demás no es sino un invento de highschool estadounidense. Aun así, el metro de Madrid hervía con multitud de jóvenes (y no tan jóvenes) que acudían ataviados de esa guisa a las mil y una fiestas convocadas en la ciudad. Esa misma noche en el Wurlitzer Ballroom Paralítikos ofrecían su celebración particular. Pero ellos no necesitan fechas señaladas en el calendario para acercarse al lado oscuro, para cantarle a la parca: «El enterrador tenia razón / donde esté la motosierra que se quite lo demás«. Este es el tipo de visitas al camposanto que proponen los cántabros, no para depositar flores en la tumba de los familiares precisamente.

Repetía además el Wurli programación en tonos oscuros. Si hace un tiempo emparejó a Gruppo Paralelo con Kante Pinrelico, la pasada Noche de Difuntos fueron Espermatozombies los que oficiaron de anfitriones en el foro abriendo cartel para Paralitikos.

La última vez que había visto a los madrileños fue cuando presentaron su sencillo «Rumble Hits» (Rumble, 2011) en la sala Fax. Ha llovido bastante desde entonces; el grupo ha cambiado la formación, quedándose Nieto como único guitarrista. A mi juicio han consolidado su sonido, con un firme paso hacia registros siniestros, sin llegar a cruzar hacia las profundidades abisales de sus compañeros de cartel. Juegan quizá un poco al borde de este tipo de palos, como hacen por ejemplo los ya mencionados Gruppo Paralelo, banda que es por otro lado prima hermana de Espermatozombies. Pero sobre todo han madurado, y mucho, en su puesta en escena. Rut se mueve felina entre la contundencia física de Arturo y Nieto, mientras, desde atrás, Cecilia, sin concesión alguna en la aparente uniformidad en la presencia estética de la banda, se erige a las baquetas como uno de los valores seguros del sonido del grupo.

Espermatozombies se extendieron en una actuación generosa, que poco o nada tuvo que ver con el que hubiera dado un convidado de circunstancias con poco margen para mostrar sus capacidades. Sufrieron alguno de los problemas de sonido que luego se repetirían después con Paralitikos, pero evidenciaron que están en franca progresión. Gusta escuchar el nuevo material que tienen combinado con los que se están convirtiendo en pequeños clásicos. Me consta que muchos que no los habían escuchado antes disfrutaron de verdad con momentos como «La gente es gilipollas«.

Paralitikos cuenta en su formación con Rafa Balmaseda (Parálisis Permanente, Seres Vacíos, Vidas Ejemplares) desde que el 9 de junio pasado se subiera con ellos al escenario en Leioa a improvisar algún tema de Parálisis Permanente. Es un fichaje de autentico lujo, claro; especialmente para una banda que proclama abiertamente la deuda para con la mítica banda del malogrado Eduardo Benavente. Pero Paralitikos no es un mero grupo tributo, ni mucho menos. Finalizaron, eso sí, en lo que parece también una concesión para con el recién llegado, con versiones de «Adictos a la lujuria«, «Jugando a las cartas» y «Nacidos para dominar«, y durante el concierto no dejaron de tocar la canción que le han dedicado a Ana Curra en su último trabajo, «Diva perdida«. Ésa era además su parte de trato con la gran dama del punk oscuro nacional, ausente esa noche por su presentación de «El Acto» (DRO, 1982) en Murcia, pero que había prometido un viaje astral para acompañar a los Paralitikos.

Lastrados un tanto por los defectos del sonido que aquejaban esa noche a la Wurli (por lo visto se habían estropeado los monitores de la mesa del técnico), se atrincheraron los cántabros en la reverberación para el micro de Rikarditiko y en tratar de lidiar con los momentos en los que mayor divorcio parecía existir entre su guitarra y la línea que trazaban bajo y teclado por otro lado. A pesar de todas las dificultades lograron traspasar las mil y unas tormentas que trae su nuevo disco, «La Senda de los Antihéroes» (Artimaña, 2012), a los asistentes.

Es de largo, a mi juicio, su mejor disco, plagado de temas rotundos que ponen los pelos de punta. «¿Cómo pudieron olvidar la herencia de Nietzsche? ¿Por qué dejaron de creer en causas malditas? ¿Dónde ocultaron la grandeza de los antiheroes?«, cantan en la canción que da título al álbum. A lo largo de su trayectoria han pasado por más de una turbulencia. El disco es la mejor respuesta de madurez posible a todo ello, un zarpazo definitivo en su paranoica cruzada para con el medio hostil al que se enfrentan.

Su presentación en directo conmocionó la otra noche en el Wurli. Al menos a mi; me gusta mucha el afterpunk tal cual lo plantean y practican Paralítikos. No se detienen en exceso en tejer atmósferas planeadoras (salvo en la línea nueva que propone Elizia en los temas que canta ella, todo un acierto como quedó de manifiesto oyendo en directo «Songs of the darkness«), y basan todo en una puesta en escena sobria, fiel a unos parámetros propios de un género que sigue una liturgia y ritual oscuro prescindiendo de cualquier malabarismo o pirueta. Apuestan por contra en la agresividad propia del punk, en el desgarro y coros siniestros.

No olvidaron reservar un hueco para grandes perlas de su patrimonio: «Se murió por el camino«, «La motosierra«, «La ninfómana«… hasta el himno «Paralítikos«, incluido en su «Alas de Cuervo» (Horror Business, 2005).

Paralítikos no admiten medias tintas, no perdonan a un rebaño que se deja dirigir por mediocres, por los ciegos. Ellos cantan a los antihéroes, a los desheredados que creen en Nietzsche, a los que no tienen claro dónde reposarán sus huesos al morir. Ellos confían en los apóstatas, en los suicidas, en los herejes… Esa es la Noche de Difuntos tal y como la entienden Paralítikos.