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“ESCENAS OLVIDADAS. LA HISTORIA ORAL DE GOLPES BAJOS”

XAVIER VALIÑO

EFE EME (2018)

 

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Xavier Valiño publica «Escenas Olvidadas. La Historia Oral de Golpes Bajos«, prologado por Iván Ferreiro, que a su vez acaba de lanzar al mercado el tributo a la banda viguesa «Cena Recalentada» (Warner, 2018)… “Las canciones de Golpes Bajos eran diferentes, modernas, misteriosas y cargadas de emociones y ritmo, eran canciones provocadoras y cañeras. Letras oscuras que hablaban de miedos, moscas y un mundo cruel para las almas sensibles. Me atraparon al instante y ya nunca fui el mismo” explica Iván en el prólogo.

Golpes Bajos fueron uno de los grupos más originales de su generación. Mientras sus compañeros asimilaban los ritmos anglosajones, principalmente punk y new wave, ellos se centraron en desarrollar un sonido y un imaginario propios, realizando una labor introspectiva importante. Las letras de Germán hablan de forma directa y punzante sobre la frustración, el aislamiento, la soledad, la paranoia, la incomprensión o el ahogo vital y emocional, y lo hacen, sin intentar recrear ningún cliché concreto, con una gran naturalidad y cotidianeidad. Evidentemente, ellos también reconocen influencias postpunk (Joy Division, The Stranglers…), funk, sonido Motown… pero fueron varios pasos más allá.

El libro repasa toda la trayectoria de los de Vigo, desde aquellas aventuras primigenias como Coco y los del 1500 o Trenvigo a su ascenso fulgurante a raíz del mítico miniLP «Golpes Bajos» (Nuevos Medios, 1983). Un relato íntimo y riguroso contado por los cuatro protagonistas principales (la ausencia de Coppini es solventada con un impecable trabajo de investigación de Valiño, rescatando declaraciones suyas de multitud de entrevistas) y sus colaboradores más cercanos.

 

 

Una inmersión total que disecciona al milímetro a la banda más moderna de los 80. Se indaga en sus discos, en las canciones, en la forma de componer; se explican los métodos de trabajo, su posicionamiento ante la industria y la escena, su repercusión comercial… todo ello con una gran cercanía y sinceridad, algo realmente de agradecer a todos los participantes. No queda nada en el tintero: se analizan las idas y venidas, los desplantes y los aciertos, también las polémicas que los salpicaron, siendo una de las más importantes la famosa entrevista de Paloma Chamorro en «La Edad de Oro» (TVE) que deriva en la salida de Coppini de Siniestro Total.

 

 

En las páginas del libro hay también gran cantidad de anécdotas que convierten su lectura en algo ameno y divertido. Hay lanzamientos de objetos al escenario, encerronas, retratos de personajes diversos (y también periodistas de la época)… Un libro desnudo, intenso y sincero que es ante todo el mejor homenaje que podía hacerse a una de las más grandes bandas de los 80.

Una de las muchas satisfacciones que me produjo la elaboración de «50 Anos de Pop, Rock e Malditismo Na Música Galega» (Toxosoutos, 2010) fue poder conversar con Germán Coppini sobre el pasado, presente y futuro de la música y descubrir su amor incondicional hacia ella. En el siguiente texto simplemente transcribo sus impresiones, sin adulteraciones innecesarias, justamente a dos días de enterarnos de su trágico y fulminante fallecimiento.

Un placer, Germán.

Foto de Xulio Correa
Foto de Xulio Correa

La Movida fue ante todo euforia, creatividad; había menos posibilidades que ahora, y muchos menos medios, pero esto lo suplimos con una gran curiosidad. Teníamos muchas ganas de hacer cosas, la falta de medios y de conocimientos musicales en muchos casos se suplió con talento. Fuimos una generación técnicamente inferior a la siguientes pero dejamos grandísimas canciones que perduran y perdurarán a lo largo de la historia. Hoy en día sufrimos una avalancha de nada, vivimos en un mercado saturado en el que no hay tiempo para escuchar música con la tranquilidad necesaria.

En esos primeros 80 éramos una hinchada generalizada, amigos unos de otros y los éxitos de nuestros vecinos los asumíamos como propios. En ese sentido podemos hablar de corporativismo. En la actualidad la música está regida por el anarco-individualismo, falta definir unos objetivos y unas formas. Nosotros vivimos los inicios de todo, tanto los grupos como los medios y las discográficas fueron pioneros en todos los aspectos; era un proceso continuo de acción-reacción, no había miedo a equivocarse: primero se hacían las cosas y si funcionaban se mantenían. Era todo como un constante programa piloto. La curiosidad llevaba al descubrimiento, y no teníamos ningún pudor a la hora de reconocer influencias o apropiaciones ajenas. Esto es importante, las generaciones antiguas deben estar presentes siempre, la música carece de puertas, es un proceso en continua construcción que tiene unos cimientos que deben reflejarse.

En cuanto a mis inicios con Siniestro Total y Golpes Bajos tengo que decir que Vigo era un territorio muy duro en el que la mejor manera de hacer soportable la semana era tener un grupo con otro tres o cuatro descerebrados en el que tocar los fines de semana. Sin proponérnoslo alcanzamos la notoriedad. Creo sinceramente que el hecho de que con el tiempo se generara ese romanticismo acerca de los primeros Siniestro y Golpes Bajos fue su corta vida, no dio tiempo a desgastarse, a convertirse en réplicas absurdas de lo que habían sido.

Luego llegó mi aventura en solitario, de la que tengo que decir que me hizo desmarcarme de un mundo y una industria en la que perdí la fe -aunque la pasión del músico se regenera constantemente, por eso continuo en escena-. Los 90 fueron años terriblemente tristes para mí, perdí a mis padres y a mi hermano y me sentía formando parte de una industria mezquina sin visión para llevar adelante mi carrera. Reconozco que tuve una trayectoria atípica y que pagué los platos rotos por ser un pionero, por ser el primer solista, y es que fui el primer solista, entendiendo por esta definición el primero que salió en solitario a un escenario alejándose del prototipo de cantante romanticón. No se valoró mi papel, Urrutia, Manolo García abrirían el camino posteriormente.

Lo que más me duele hoy en día, es que se reconozca nuestra labor mediante premios y palmadas en la espalda pero al mismo tiempo nos cierren las puertas de la industria y los medios para dar a conocer lo que hacemos actualmente. En otros países el artista lo es hasta que muere, y se le reconoce su trabajo dándole la oportunidad de desarrollarlo durante su vida. Aquí nos reconocen las canciones que hicimos de adolescentes, con apenas veinte años, y ahora que tenemos el doble de edad y el doble de cosas que contar, se nos condena al olvido.

De lo que más orgulloso me siento es de ser siempre fiel a mí mismo y no convertirme en un trabajador de la música que edita un villancico cada Navidad, todo eso a pesar de ser lento y prejuicioso para hacer determinadas cosas y de tener un carácter muy visceral que fue el responsable de algún que otro encontronazo.

Con motivo de la exposición «Esta Canción Me La Encontré Tirada» (Ferrol, Centro Torrente Ballester) que se inagura el viernes 19 de julio a las 20:00, uno de nuestros administradores, Fernando Fernández Rego, analiza la escena independiente gallega actual y sus antecedentes en este artículo que forma parte del proyecto editorial con carácter divulgativo y recopilatorio que presenta, con gran calidad gráfica, una serie de fichas técnicas, letras de canciones, fotografías y todo el trabajo de autoedición y producción compartida que rodea al singular universo creativo de cada grupo. Ahí aportamos nuestra base de datos como material de apoyo principal. La exposición pone de manifiesto la estrecha relación entre la música y las artes gráficas, intentando analizar todo desde la perspectiva de cómo los grupos consiguen su propia imagen trabajando el do it yourself, creando sus propios canales de difusión o colaborando con gente de otros campos creativos como el diseño gráfico o el audiovisual.

Hubo un tiempo en que para encontrar propuestas medianamente interesantes a nivel musical había que viajar a Londres o Nueva York, a Madrid o Barcelona. Desde los años 80, aquellos años de Movida en Vigo y del despegue de la música pop gallega con Siniestro Total y Os Resentidos al frente, los tiempos han ido cambiando, y mucho. Hablar de escenas es complicado, de hecho a veces me da la sensación de que éstas tan sólo existen si se habla de ellas, de que somos los cronistas los que convertimos a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia en el espacio y en el tiempo en una escena. Como ejemplo tenemos aquellos hoy lejanos años 80. A mucha gente le sonará La Movida de Vigo, aunque pocos tengan claro qué es movida y qué no. Unos grupos se suben al carro y otros reniegan, según sus intereses; pero todos asociamos el término a “música hecha en los 80”, a recopilatorios de cuatro CD e innumerables libros sobre el tema. Un término fagocitador que terminó absorbiéndolo prácticamente todo, incluso bandas de zonas geográficamente deslocalizadas del área de influencia viguesa. Con todo, pocos se acuerdan de formaciones como Cuadros Malvendidos (Ferrol), Metro (Carballo), Bar (Vigo), Desertores (Vigo) y muchos otros, quedándose todo en el ramillete Siniestro – Resentidos – Aerolíneas Federales – Semen Up – Golpes Bajos.

Los 90 parecen más claros, supusieron el desarrollo del término independiente o alternativo para referirse a todo lo que presentaba una alternativa a la música mainstream. El problema como suele ocurrir en estos casos es que pronto las multinacionales vieron un filón en las bandas que seguían los jóvenes y entraron en el negocio, tanto las discográficas como las marcas de bebidas, coches y demás. Incluso se generaron todo tipo de grupos prefabricados. A nivel nacional bandas como Australian Blonde, Sexy Sadie o Dover alcanzaron un importante y efímero, salvo en el caso de estos últimos, reconocimiento. De hecho los madrileños llegaron a vender más de 800.000 copias del “Devil Came To Me” (Subterfuge, 1997), cifra astronómica en España para un grupo que, además de pertenecer a una compañía independiente sin demasiados medios, tenía el estigma de cantar en inglés… con nivel de COU. En los 90 Galicia no gozaba de una buena infraestructura ni de una industria como tal que pudiese sacar a delante las propuestas que surgían, diseminadas por toda su geografía. Los inicios fueron duros, en algunos casos, muy duros. La falta de medios dificultaba no sólo la edición física, sino también el desarrollo de las carreras musicales de los grupos. Aunque bandas como Os Resentidos, Los Suaves o Siniestro Total gozaban de una posición privilegiada a nivel nacional, no todos alcanzaron el reconocimiento, y el malditismo estuvo también muy presente. Bandas como La Rosa del incombustible Magín Blanco, Cosecha Roja –hoy en día Burgas Beat– o Los Eskizos y Los Contentos –profetas que trajeron a nuestras tierras el garage más sucio y ayudaron a que muchos descubrieran a los Stooges, a The Cynics, a MC5 y el rock más visceral-, no alcanzaron nunca el reconocimiento que realmente merecen. ¿La razón? En Galicia no teníamos una industria consolidada, faltaba un circuito de salas en la que los grupos pudiesen realizar conciertos en condiciones, faltaban estudios de grabación profesionales, un público que respondiese, festivales, compañías de management, discográficas propias que pudiesen editar a los grupos y un largo etcétera. En otra liga jugaban los que lograban firmar con sellos multinacionales, como es el caso de Los Piratas, quienes rápidamente dieron el salto y se colaron en las radiofórmulas, haciendo que las ventas se disparasen con aquel “Poligamia” (Warner, 1995) y ese himno titulado “Promesas que no valen nada”.

En estos años tiene lugar la eclosión del Rock Bravú, que es la gran aportación gallega a la música de los 90. El bravú fue un movimiento heterogéneo con una serie de pautas comunes: la utilización de la lengua gallega, una acérrima reivindicación de las raíces, un nivel elevado de costumbrismo agrícola y rural, y en unos casos muchas ganas de fiesta. en otros un carácter insurgente y crítico. El movimiento creció gracias al apoyo de la TVG y a un programa en concreto de esa cadena: el Xabarín Club; debido a la realización de múltiples videoclips que se emitían a modo de karaoke y que consiguieron que muchos de nosotros tengamos esas canciones grabadas a fuego en nuestra memoria. Grupos bravú como Os Diplomáticos de Monte-Alto, Heredeiros da Crus o los propios Yellow Pixoliñas lograron un importante calado en los medios y el público gracias a que cada tarde miles de personas cantaban sus temas frente al televisor. Como decíamos, los primeros años 90 fueron los de la eclosión indie. Con grupos como Pavement, Sonic Youth o Nirvana en mente, surgen multitud de bandas que copiando geometrías sonoras anglosajonas y con el inglés por bandera fueron poco a poco tomando posiciones. Los asturianos Australian Blonde dieron el primer gran pelotazo con aquel “Pizza Pop” (Subterfuge, 1992) y aquellas “Chup chup” o “September song”. En Galicia el movimiento independiente también cobra pujanza con bandas como Blood Filloas, Os Maruxa o The Killer Barbies.

Estos últimos irrumpen con gran éxito en la escena nacional. Hablamos de uno de los grupos con una mayor visión para el espectáculo y la diversión, con un impacto internacional realmente importante. Enamorados de la serie B, los ídolos de la cultura basura, el cómic y bandas como los Ramones o Misfits, su irrupción a mediados de los 90 facturando cómic punk o trashy punk trajo consigo un soplo de aire fresco necesario en una escena dominada por el pop y el noise. Tras grabar sus primeros trabajos en su propia discográfica –Toxic Records-, su fichaje por el sello del diablo, Subterfuge, y el pelotazo “Love killer” los catapultan al estrellato: suenan en las radios, en la televisión –gracias a que el tema es utilizado para el spot de Radical Fruit Company- y alcanzan las 10.000 copias vendidas de su primer largo, “Dressed To Kiss” (Subterfuge / Toxic, 1994). Una forma distinta a Los Piratas de alcanzar el éxito, desde la independencia más absoluta. Una de las bandas que más importancia concede a la imagen en estos años es Kozmic Muffin, grupo coruñés de rock progresivo y sinfónico que, como suele pasar en estos casos, tuvo un mayor reconocimiento en el extranjero que en nuestro país. Unos rara avis dentro de la escena gallega que se acercaron al mundo multimedia gracias a los trabajos de su batería, percusionista, letrista y guionista Patxi Valera. Resumiendo, podemos decir que los 90 fueron tiempos de luces y sombras, tiempos en los que se fueron estableciendo las bases para la explosión que se produce en los primeros años de la década del 2000.

Con el auge de Internet y la mayor disponibilidad de los medios tecnológicos se produce una democratización del sector y los grupos y la edición de discos comienzan a crecer de forma exponencial. Hoy podemos decir que algo importante se cuece en Galicia. Podemos hablar de escena underground, independiente… llamadlo como queráis. ¿El mejor momento de la escena de aquí? Pues posiblemente sí. Ahora en Galicia hay muchas bandas de diferentes estilos musicales como el powerpop, garage, electropop, punk, noise, hardcore, etc. Nunca antes en la historia de la escena musical gallega ha habido tantos grupos, de tan diferentes estilos y que derrochen tanta calidad. Esto evidentemente no pasa desapercibido, y los medios especializados tanto a nivel regional como nacional se han dado cuenta de ello y las bandas gallegas realizan con frecuencia giras nacionales. Al mismo tiempo es habitual que los medios realicen artículos cubriendo la escena gallega, preguntándose qué les dan de comer por aquí. En estos últimos tiempos han aparecido estos especiales en revistas como Rockdelux o Mondosonoro y webs como Hipersónica, por poner ejemplos. ¿Cuándo y por qué se ha empezado a gestar esta nueva escena musical? ¿Cómo se ha alcanzado este posiblemente mejor momento en cuanto a creación musical en la historia de la música alternativa gallega?

Podemos hablar de distintos factores, siendo quizá el más importante la revolución digital de nuestros días que supuso ante todo la democratización de la música, de sus medios de producción y distribución. La bajada de precios a la hora de hacerse con un equipo profesional ha facilitado por un lado la proliferación de estudios de grabación por toda la geografía gallega y por otro la de los estudios caseros. Internet es otra de las claves, los grupos además de grabar con facilidad tienen en la red la clave fundamental para su relación con el público y una fuente inagotable de promoción gratuita, utilizando plataformas como Bandcamp o Soundcloud para subir canciones y discos; y portales como Vimeo o Youtube para colgar videoclips y actuaciones. Es decir, no es necesario tener miles de euros para poder producir, ni tener un gran conocimiento técnico musical para poder realizar un disco. Cualquiera puede comprar un ordenador, descargar un programa de edición musical, grabar su propia música y hacer en días lo que antes se hacía en meses. Además, el talento de los artistas tiene más oportunidades de darse a conocer. Todo esto ha liberalizado los medios de producción y promoción. El proceso en muchos casos se cierra con la autoedición, es decir la edición física del disco (cassette, CD, vinilo…), que supone una nueva actitud ante el trabajo creativo. Esta puede hacerse de diversas formas. La más profesional sería recurrir al micromecenazgo o crowdfunding, que consiste en la aportación económica de muchos donantes para la causa a través de Internet; pero también se recurre a ediciones más “artesanales” y menos costosas. Porque lo importante es la música, emocionarse con ella, y eso en la actualidad puede hacerse sin intermediarios ni grandes campañas promocionales. Autoeditarse, además, es la forma de poder controlar todo el proceso de edición de un disco, evitar ese eterno conflicto entre el creador y la industria, decidir sobre el disco antes y después de la grabación, evitar que se convierta en un objeto ajeno en el estante de cualquier tienda.

También ha cambiado la manera en la que el público escucha música a través de Internet, destacando el crecimiento del streaming musical, que ha facilitado por un lado el descubrimiento de propuestas por parte de público y bandas, y por otro lado traspasar Pedrafita vía cable de alta velocidad para dar a conocer a las bandas gallegas por toda la geografía española y más allá. Hoy en día es frecuente que bandas reconocidas como Triángulo de Amor Bizarro triunfen en México –ya han ido a tocar en varias ocasiones al país azteca- y Sudamérica en general, pero otras con menor calado como Mequetrefe suenan por todo el globo y sus discos se reseñan en lugares como Costa Rica o Rusia. Incluso bandas como los ferrolanos Quant consiguieron llamar la atención del sello de Michigan Jam Records y Bang 74 recibieron elogios de uno de sus ídolos musicales, Michael Davies de los MC5, tras descubrirlos por casualidad. Le gustó tanto la canción “Time to make things right” que la puso en el perfil de su MySpace. Evidentemente todo esto sería prácticamente imposible sin Internet. Esta nueva era de transformaciones y democratización global ha sido crucial para dar el empujón que necesitaba la industria musical gallega y sacar a la luz muchos proyectos que de no ser por esta revolución seguramente no podrían haber tenido tantas posibilidades. Pero como casi siempre ocurre, las máquinas necesitaron calor humano para ponerse en marcha.

Pero un factor primordial es atender a los distintos colectivos que agrupan bandas, aunando fuerzas para salir hacia delante y hacer más ruido, tirando de ingenio con el do it yourself (hazlo tú mismo) por bandera. Ahí está la gente del Galician Bizarre (Novedades Carminha, Metralletas Lecheras, Carrero Bianco, Fantasmage…) haciendo piña y realizando recopilaciones en vinilo que se distribuyen a nivel nacional; colectivos como Seara Records (Jay, Vietnam) realizando recopilaciones de vídeos en VHS y lanzamientos en cassette con caja de lija (artesanía pura); Metamovida (Unicornibot, Cró!, Es Un Árbol, Why Go…) aglutinando grupos de Pontevedra y Vigo con lemas como “El verdadero arte está en lo amateur” (R. Crumb) y “Toca desde el puto corazón” (Bill Hicks); o Discos da Máquina (Ataque Escampe, Grampoder, Das Kapital…) en Santiago de Compostela. Todos ellos como amantes de la música, cuidan muchísimo la estética, el diseño… el disco como formato físico, como arma cargada de futuro. A todo ellos contribuyen grandes diseñadores gráficos, todo un lujo tenerlos por estas tierras, como Andrés Magán, Rubén Domínguez, Zé Pequenho o Santiago Paredes. Esto es lo más underground pero también existen discográficas profesionales que siguen cauces establecidos, como Ernie Records (Igloo, Maryland, Holywater, Niño y Pistola…) y Grabaciones de Impacto (The Allnight Workers…), y células de resistencia como El Beasto y Lixo Urbano (Samesugas, Curtinaitis, The Brosas…).

No todo es de color de rosa, y aunque «el momento en que vivimos es tan brillante que hay que usar gafas de sol», parafraseando a los Carrero Bianco, sólo se han puesto las primeras piedras del camino y resulta necesario profesionalizar una industria que, en realidad, vive mucho del hazlo tú mismo, del compañerismo, de la autogestión y de la autoedición, aspectos loables pero que no garantizan de por sí el futuro, una escena y una industria que permita que los gallegos creemos, produzcamos y consumamos nuestras ideas y nuestra música. Para ello sigue faltando infraestructura, discográficas profesionales, medios de comunicación con un importante calado, más promotores, salas que apuesten por la música en directo… y que no se pongan trabas a las que intentan hacerlo bien. Dejando a un lado a Triángulo de Amor Bizarro -lo suyo es para darles de comer aparte ya que no es que sean la punta de lanza de la escena gallega, sino que son una de las bandas más importantes de la escena independiente nacional-, tenemos que hablar de los grandes nombres del panorama actual; y ahí sin duda están Telephones Rouges una banda que ha alcanzado la madurez suficiente para desarrollar una personalidad propia que produce brillos centelleantes, para entregar canciones que convulsionan corazones y nos permiten viajar por la memoria con una sonrisa dibujada en el rostro, entre tintes siniestros e hipnóticos, entre melodías inquietantes, con una profunda carga poética y urbana.

“Recibo no meu buzón as partes dun laberinto de pel escamas a contraluz, fronteiras que amargan partes en ti. Non busco explicacións, debúxoas e agora podo seguir as cordas nas túas mans, sinais que me remiten á fin… sentirte é resucitar, sentirte é resucitar de min”.

También tenemos que hablar de Franc3s, los de Carballo han desarrollado una personalidad dominada por el ruido y el ritmo, por las sombras y la electricidad, por un imaginario propio que crece con cada entrega, por melodías envenenadas que como indica Henrique Mariño «suenan a nanas para el hijo del diablo». Y por supuesto de Disco Las Palmeras! -una verdadera descarga de rock oscuro y ruidoso-, de Novedades Carminha y su punk old schoolcon las miras puestas en la actualidad y con la dosis justa de costumbrismo casero y mucha mala leche. Fluzo, es decir, el MC que es es feliz siendo triste, Hevi, y el hombre tras los aparatos, Javier Álvarez, saltaron directamente al frente, con su rap del futuro. Ellos representan la vertiente más experimental y renovadora del hip hop tanto gallego como nacional, se alejan del rap tradicional y amplían horizontes dejándose llevar por la frescura y la efectividad. Hay un personaje que merece mención aparte y no es otro que Rafa Anido: una de las mentes más inquietas de la escena más subterránea gallega. Nombrar todas las formaciones por la que pasó a lo largo de su vida es una tarea complicada, desde los tiempos del colectivo La Familia Feliz de Santiago en los 90, en el que nos encontramos a Marco Maril –Dar Ful Ful, Apenino-, hasta Travesti Afgano, pasando por Los Iribarnes, Jiménez del Oso, Jiménez Los Santos y los ya citados Metralletas Lecheras. Sin olvidarnos de sus inquietantes y recomendables maquetas en solitario. Esta es la primera línea, pero pisando fuerte vienen formaciones como los antes mencionados Mequetrefe y su post rock aderezarlo con filtros de ruido, electrónica y psicodelia perfectamente canalizados. Los de Santiago acaban de firmar con El Genio Equivocado (Barcelona).

Otras como Unicornibot y Lendrone han demostrado que el rock instrumental y experimental también tiene cabida en estas tierras. Carrero Bianco revisan la nueva ola y el tecnopop, fabricando hits como forma de vida. También destacan el dúo de garage punk Fantasmage -Daniel Nicolás (batería y voz), de los extintos Indómitos y Andrés Magán (guitarra y voz), artista polifacético responsable de gran cantidad de portadas de discos-; las riot grrrl Wild Balbina –fichadas por un sello mítico de la independencia nacional: Elefant (Madrid)-, el noise rock de Tora! Tora! Tora!, la crudeza y visceralidad de Jay –del colectivo Seara han pasado a grabar para Discos Humeantes (Asturias)-, los inclasificables e irreverentes Srasrsra –ellos se autodefinen como “dos pavos de A Coruña que tocan movidas guapas”-, el rock de serie B de Ataque Escampe… y un sinfín de nombres. La riqueza de bandas que vivimos en la actualidad es tan grande que cada vez es más difícil abarcarla. Se trata de una suerte de juego de muñecas rusas, como tirar del hilo de una madeja, cada grupo lleva a otro.

Tras estos dos frentes principales tenemos que hablar de nuevas formaciones como Cró!, Guerrera, Mvnich, Estrambote, Puma Pumku, Lobishome, Curtinaitis, When Nalda Became Punk, Alex Casanova, Lee Van Cleef, Vietnam, Mullet, Terbutalina, Músculo!, Mano de Obra… que garantizan el futuro. Debemos disfrutar del momento y apoyar la escena local. Y esto lo digo con la mano en el corazón. Es importante apoyar las bandas de tu barrio, de tu ciudad, de tu comunidad. Y más en tiempos de crisis. Este llamamiento no alude a razones chauvinistas, ni al tópico de que los tiempos de crisis son tiempos de oportunidades -aunque deberían serlo-, pero antes de pagar 30€ por ir a ver al último hype inglés de turno, se puede obtener más por menos: conciertos por 5€, maquetas, discos autoeditados, splits, 7″… ayudando a la creación de grupos o pequeños sellos discográficos, blogs, vídeos, diseños o más conciertos. Con Internet y los medios digitales el efecto llamada es mucho más grande, se agotan las ediciones en vinilo, CD-r o cassette dejándonos auténticas joyas en muchos casos, totalmente artesanales y próximas a la reliquia que desafiarán al tiempo y al olvido.

Está en tus manos, en nuestras manos, que esto que parece una escena alternativa de verdad no se estropee y continué creciendo. “Support your local scene”. Y, como decía Frank Zappa: “La cultura oficial sale a tu encuentro, pero al underground tienes que ir tú”.

No sé vosotros pero yo estoy bastante cansado de los míticos años 80, en lo musical y todo lo demás. No creo que fueran tan importantes como quieren que pensemos. Nos bombardean continuamente con artistas y grupos de aquella época, con la Constitución, la Democracia y el pretendido cambio que eso trajo en todos los ámbitos, incluido por supuesto el cultural. Claro que hay cosas que valen la pena y discos y canciones que me gustan, pero de ahí a pensar que no hubo un antes y un después hay un trecho.

Pocos artistas o grupos nacidos en ese momento son capaces de mantenerse hasta hoy a un nivel de creatividad decente. Si lo comparamos con el mundo anglosajón, el resultado es pobre. Sonic Youth, Mark E. Smith, Kim Salmon, Ian MacKaye, Robert Smith, Billy Childish o Steve Albini, entre otros muchos, también nacieron alrededor de esos años y nos han dejado un buen puñado de discos incontestables. Mientras en España, como digo, encuentras muy pocos ejemplos: Fernando Alfaro (aunque este ya tira más hacia los 90), Ilegales, Los Enemigos, Sex Museum y Javier Corcobado son ejemplos de carreras relativamente largas y fructíferas.

Después hubo un poco de todo, casos con final precipitado (Parálisis Permanente, Desechables, Eskorbuto), primeros tiempos (Siniestro Total, Duncan Dhu, Gabinete Caligari, Los Ronaldos, Los Coyotes o Aviado Dro) y carreras cortas (Golpes Bajos, Pegamoides, Nikis, Dinarama, Último Resorte, Los Vegetales, Décima Víctima). Pero antes y después, hubo música tanto o más importante que la que se hizo durante los 80.

A finales de los años 70 había entre las altas esferas un temor muy grande a una vuelta a la situación anterior a la Guerra Civil tras la muerte de Franco. Había que nombrar un sucesor, para lo que se eligió al actual Rey y cambiar un poco el sistema político, por lo que se montó la democracia. Era necesario también abrir un poco la mano a todos los niveles ya que la gente en la calle presionaba por un cambio total. Sólo de esta forma se puede explicar que un disco como «Cuando Se Come Aquí» (DRO, 1982) de Siniestro Total llegase a vender la cantidad de copias que vendió o que un grupo como las Vulpess saliese por la tele. Todo esto hoy día es totalmente impensable. En ese momento surgieron muchos grupos que en otra situación nunca hubiesen tenido la repercusión que tuvieron, pasaban del local de ensayo a fichar por una multinacional directamente. Por otro lado, el público también los necesitaba, ya que buscaban algo nuevo y diferente.

He visto demasiados capítulos de la serie «Cuéntame» (TVE) y, como digo, la famila Alcántara no tiene la culpa; no es más que una familia de clase media como otra cualquiera superando las dificultades de la vida. Pero esa voz en off omnipresente es la que realmente me perturba, recordándonos lo cutre que era todo antes de la llegada de la democracia y todo lo que le debemos por lo que vino después. Una broma de mal gusto con la que está cayendo. Es triste pensar que los tiempos que nos ha tocado vivir son peores en cierto sentido que los que les tocó vivir a nuestros padres. No veo que este país haya cambiado tanto, como la propaganda nos vende: Las esperanzas que muchos pusieron en la llamada Transición no se han cumplido.

Buscando información por Internet para escribir esto, me encontré con varias reflexiones de Alejo Alberdi sobre su grupo, Derribos Arias, uno de los pocos protagonistas de esa época que parece conservar algo de cordura. Otros contemporáneos suyos podrán presumir de haber logrado cierto éxito o vivir de rentas, pero están demasiado desnortados para que podamos tener en cuenta sus declaraciones.

El grupo duró seis años, desde 1981 hasta 1987 y, según él, al principio pecaban de autoindulgencia e irregularidad, teniendo que responder a una serie de expectativas creadas. Cuando consiguieron paliar esos defectos era tarde, y el interés de los medios y público se había enfriado. Sin embargo, piensa que en su mejor momento consiguieron evitar algunos de los males del rock nacional: la falta de sentido del humor, la pretenciosidad, el excesivo mimetismo, y una imagen penosa. Se puede decir que no fue una carrera muy larga y su producción es prácticamente de un disco y varios maxis y EP, pero fueron un ejemplo de lo que sí se debe hacer.

Vigo a 80Emilio Alonso Pimentel durante los años 80 realizó programas radiofónicos de éxito en Galicia como «Montaje Curioso» (con Pilar Comesaña y Antón Cancelas) y «A Trincheira», además de ser coordinador de la revista Tintimán y coordinador en Galicia de la Rockdelux. También fue co presentador del concurso musical «Racha Coas Ondas» (TVE-Galicia) y columnista de periódicos como Diario 16 o El Faro de Vigo.

Publicado por Edicións Xerais, «Vigo a 80 Revolucións Por Minuto» (2011) nos hace una crónica de La Movida Viguesa, tomando como referente el 27 de diciembre del 81, día en el que en el cine del colegio Salesianos Siniestro Total ofrecían su primer concierto. Un día marcado en rojo en el calendario como acto fundacional del movimiento musical más importante de la historia musical gallega.

El 23 de noviembre del 2011, tras la presentación del libro en la Casa del Libro de Vigo, en la sala Iguana tuvimos la oportunidad de continuar la velada con música en directo. En primera instancia Nico Pastoriza (Bromea O Qué?) acompañado por Oscar Avendaño (Siniestro Total) tocó simplemente dos cortes, pero no dos cortes cualquiera, su último single extraído de su primer disco en solitario y «La piscina», el primero que escribió a lo largo de su dilatada carrera.

A continuación, Emilio Alonso, emocionado («La piscina» es su canción favorita) presentó a Los Cafres, que se reunían para la ocasión tras veintidós años alejados de los escenarios. Billy King (The Killer Barbies), Lápidas y Antonio Amblés, acompañados por Oscar Avendaño, demostraron estar en plena forma ante un público entregado que cantó con ellos cuatro cortes entre los que destacó su himno «Algún día caeré».

Cerraron la noche Inculpados, una interesante propuesta que comienza su andadura en el 2011 en la que nos encontramos veteranos músicos de la escena viguesa.

Una noche para el recuerdo y la nostalgia, en la que tanto la gente que vivió aquellos años como los que no, salimos con una sonrisa dibujada en el rostro.

En lo que a nosotros nos concierne, estamos muy contentos con nuestra aportación bibliográfica al proyecto. En el libro aparecemos referenciados en una gran cantidad de grupos cuyos perfiles aquí hemos abordado. Así, Aerolíneas Federales, Siniestro Total, Os Resentidos, Callos Louriña o Golpes Bajos.

Os dejamos ya como bonus track un pedacito de la emotiva actuación de Los Cafres y su «Algún día caeré».